Archive for the ‘El Blog de El Escobillón’ Category

‘Vampira’ es inmortal

Lunes, Enero 21st, 2008

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Comienzo  la semana con una reseña dolorosa que, una vez más, pasa desapercibida para la cada día menos aguda prensa local: la noticia del deceso de Maila Nurmi, más conocida entre todos los aficionados de bien del cine fantástico y de terror de todos los tiempos como Vampira.
Convertida en un Icono de género e imitada hasta la saciedad por numerosas aspirantes a ocupar su lugar, entre ellas la olvidable Elvira, creo que muchos no le vamos a perdonar que nos hiciera creer que era inmortal cuando nos dejó solteros y sin novia a la edad de 86 años.
Su personaje, Vampira, con el que presentó un programa de cine de terror en la televisión norteamericana de los años 50, está claramente inspirado en las tiras cómicas de La familia Addams, que dieron con posterioridad origen a una de las mejores series de televisión de todos los tiempos, La familia Addams, protagonizada, entre otros, por la encantadora Carolyn Jones y el gran John Astin. Sin embargo, cosas de la vida, si Vampira es hoy recordada por legión y legión de aficionados es por su aparición, apenas unos cinco minutos, en Plan 9 from outer space (1959) de Ed Wood, estrafalario cineasta que hoy ocupa el dudoso honor de encabezar la lista del peor director de la historia del cine.
Tim Burton le rindió justo tributo a Wood en una película inspirada en su excéntrica vida, donde repasa, entre otras cintas, el rodaje de Plan 9 del espacio exterior. La película original, que he tenido la suerte de ver la semana pasada, no deja de ser una simpática payasada de extraterrestres que resucitan a los muertos para conquistar la Tierra, con platillos volantes de fabricación casera sobrevolando Hollywood. Los diálogos son deliciosamente estúpidos, apenas cambia de escenario y recurre a imágenes de archivo, entre otras, las de un cadavérico Bela Lugosi que murió días antes de que comenzara este monumento cinematográfico a la improvisación.
No creo que Vampira le hiciera mucha gracia trascender este mundo siendo recordada por su breve, pero descacharrantemente intensísima intervención en esta película, pero pese a todo, merece de nuestro reconocimiento como fanes fatales. Su larga cabellera negra (aunque al parecer era rubia natural) y su cintura de avispa no deja de despertar extrañas lecturas en mi cerebro y en otras partes de mi anatomía a pesar del tiempo pasado. Claro que quizá se deba a que si bien los caballeros las prefieren rubias al final se casan con las morenas. Eso al menos decía mi por otra parte también admirada Anita Loos.

Descansa en paz, Maila Nurmi, pero vive entre nosotros Vampira.  

Más cine de barrio: ‘El jorobado de la morgue’

Viernes, Enero 18th, 2008

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Cuando cae la tarde y empieza la noche, este que les escribe siente la quemazón de la soledad, que es un estado de ánimo bastante deprimente porque además de hacerte pensar en cosas feas llegas a la conclusión de que la vida es un chiste demasiado corto. Pues bien, así estaba yo un día de esta semana que termina cuando llegó a mis manos una de esas películas de barrio que le levantan la moral a cualquiera. En especial a los hundidos, o esos niños mayores que no han terminado de percatarse todavía que los sueños, sueños son.
La visión de esta película, que ya había visto en el pasado y de la que guardaba gratísima memoria, me hizo feliz un buen raro y me obligó a reflexionar en todas aquellas tonterías que impide que piense sobre mí mismo. Lo que agradezco y justifica la devoción de adicto que tengo por el cine como vehículo de tonto entretenimiento. La película, El jorobado de la morgue, no es una obra maestra del cine fantástico español, pero sí una delirante película de terror hecha en casa que provoca sanas carcajadas.
Protagonizada por Jacinto Molina/Paul Naschy, El jorobado de la morgue nos cuenta pues la delirante historia de un jorobado que trabaja como encargado de un depósito de cadáveres. El pobre vive marginado por todos, excepto por Frieda, una joven que es su única amiga y de quien Gotho (el jorobado)  está enamorado. Pero un día ella muere, y Gotho roba el cadáver para llevárselo a unos científicos que estudian la forma de devolver la vida a los muertos y, claro está, pasa lo que pasa… Una locura. Es una pena que historias así ya no se hagan, porque un espectador sin prejuicios en la cabeza y con ganas de pasárselo bien se lo va a pasar requetebién con este largometraje que copia sin arrugarse el traje elementos de todas partes. Incluso de mi admirado (en aquella tierna adolescencia que ya se fue) H. P. Lovecraft en la que probablemente sea una de las escenas más excéntricas de la historia del cine. Con uno de los médicos invocando a deidades prohibidas mientras al jorobado le tiran ratas como gatos que, al parecer, los de producción pillaron en las alcantarillas y tuvieron varios días sin comer. Angelitos.
Dirigida con psicotrónico estilo de barriada por Javier Aguirre, El jorobado de la morgue es una de esas malísimas buenas películas que los nortemericanos hubieran rescatado del baúl de los recuerdos para declararla obra maestra del mal gusto. El problema es que es española, y en este país somos más dados a marginar y aislar a todos aquellos que nadan a la contra lo que a mí, personalmente,  me produce escalofríos.
A modo de advertencia, esta cinta se la recomiendo a ese público al que le gusta el vacilón y echarse unas risas con el miedo, una fórmula que al menos para este escriba le sirve para liberar tensiones y por lo tanto de perfecto relajante muscular. Además, está protagonizada por Paul Naschy, un actor que sin caerme demasiado bien siempre he respetado por su fidelidad al género de la fantasía en general.
En definitiva, que les recomiendo más que una película un buen antídoto contra los demonios de la depresión. Aunque mejor no me hagan caso. Claro que entonces se la perderán…  

El hombre es un mono que un día comió un hongo alucinógeno

Jueves, Enero 17th, 2008

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Por mucho que hayamos avanzado todavía quedan temas que levantan ampollas en nuestras conciencias, independientemente del signo ideológico con el que cada uno ha encarrilado su vida. Por ello, hablar de sustancias psicotrópicas o drogas como comúnmente se las conoce, resulta incómodo. En especial porque esta sociedad tan limpia y sana en la que queremos vivir las considera tabú o instrumento del mismo diablo. Lo que está claro es que casi nadie quiere hablar con honestidad y rigor del asunto, por lo que en el debate sobre las drogas hablan los mismos inquisidores de siempre y algunas víctimas escogidas por el sistema. Sistema que, supongo que a nadie se le escapa, ha devenido en una especie de fascismo dulce donde tanto las izquierdas como las derechas coinciden en sus deplorables y pseudos moralistas argumentos.
Afortunadamente todavía quedan en España voces valientes e ilustradas que encaran el problema de las drogas como debe ser. Esto es raciocinio y profundo conocimiento de causa y efecto. Entre todas las voces que han intentado marginalizar los sumos pontífices del orden destaca, qué duda le cabe a nadie, Antonio Escohotado, que sentó precedente con su ya imprescindible Historia General de las Drogas para que el interesado conociera de cerca los pros y los contras de estas sustancias. En contra de lo que opinan algunos cafres, este libro no es una apología de las drogas ni de su consumo, sino un sesudo tratado que propone precisamente eso: una historia general de las drogas y su empleo entre las distintas culturas humanas. Escohotado continúa dando la vara en la actualidad en su página web www.escohotado.org, que casi se ha convertido en una especie de Grial para todos aquellos que buscan espacios abiertos al disenso y el debate.
Pero no era de Escohotado de quien quería hablarles hoy, sino de Javier Esteban, director de la revista Generación XXI y conocido agitador cultural que pretende romper ideas y suscitar polémicas incendiarias con su último libro: El derecho a la ebriedad. Manifiesto libertario contra la prohibición (colección Soma, editorial Amargod)
Las páginas del libro pues, son una unidad en la que se defiende la libertad absoluta del consumo de cualquier sustancia a partir de la mayoría de edad, con el único límite de la libertad de terceras personas y si bien no supone una apología de las drogas, sí que lo es de la ebriedad, que su autor considera un derecho fundamental que forma parte de la libertad de conciencia que todavía no ha sido reconocido “en nuestras sociedades ni legislaciones”.
Como asegura Javier Esteban, su manifiesto es un reto a la autoridad, pero también a los peatones, y un canto “al dolor de millones de víctimas del llamado prohibicionismo: inocentes cautivos del estado del miedo, ceguera moral e ignorancia que destilan los legisladores. No puedo olvidar a los millones de seres humanos que han perdido su libertad o su vida por causa de unas leyes injustas y mezquinas. Cada humano que se pudre en una cárcel por las leyes de la estupidez es un insulto a la especie, un fracaso del mundo”.
El primer ejemplar del libro, obra que recoge la conferencia El derecho a la ebriedad que su autor no pudo exponer al ser saboteada por las “interferencias continuas de dos personas vinculadas a las fuerzas del orden” en la Facultad de Ciencias Políticas de Madrid en abril del año pasado, fue enviado al presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, acompañado de un secante con 120 microgramos de LSD, asegura su autor, quien inicia su particular y rupturista manifiesto con un prólogo de Antonin Artaud, de 1916, que todavía conmueve por su radicalidad intelectual.
Se esté o no de acuerdo con el derecho a la ebriedad, el libro de Javier Esteban se suma a la todavía pequeña pero cada día más sustanciosa bibliografía de textos heréticos en defensa de los paraísos artificiales, quizá porque cada vez son más los que piensan que el hombre es un mono que un buen día se comió un hongo alucinógeno.

‘Óscar. Una pasión surrealista’

Miércoles, Enero 16th, 2008

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Intentar comprender la psicología de los que habitamos estas siete islas abandonadas de la mano de Dios invita a que uno se rompa la cabeza. Probablemente sea una tarea compleja por nuestra obstinada manía de mirarnos al ombligo y la de creer que el mundo gira alrededor del suelo que pisamos. El resto de lo que acontece en el planeta no nos importa. O lo que es lo mismo, nos importa un pimiento. He llegado a la conclusión de que el habitante de las Canarias (sea isleño o no, porque todo se contagia) se cree que es inmortal hasta que alguien le demuestre lo contrario.

Cansado de ser víctima de esta visión tan reduccionista del universo, intento analizar ahora el cambio de opinión en torno a la ópera prima de Lucas Fernández, retitulada para el mercado de habla hispana con el acertado título de Óscar. Una pasión surrealista, filme que mucho antes de su estreno ha sido atacado desde todos los ángulos con torpedos cargados de veneno sin que casi nadie haya visto el resultado final, que es la película, o contemplar el largometraje para ponerlo razonablemente a parir, castigarlo con la indiferencia o loarlo como se merece si se trata de un filme que además de rendir justicia a su protagonista, el torturado pintor tinerfeño, logra conmover el espíritu del espectador.

Entiendan no obstante los que leen estas líneas que cuando escribo lo de criticar no me refiero sólo a los comentarios que puedan verter sobre ella los canarios y otros habitantes del pseudoparaíso, ya que sospecho que tras el cambio de pareceres leído en los últimos días en torno al filme, seguramente será bien recibido en estas ínsulas tan necesitadas de guasa y vacilón.

Lo que no termino de entender es la campaña orquestada en torno al trabajo de Lucas (he oído y leído de todo, y no bueno precisamente) y ahora el cambio de tercio. Los babosos siguen siendo los mismos de siempre, eso está claro, pero los que mostraron sus puñales se los han guardado recatadamente y aquí no ha pasado nada. No entiendo nada, en fin.

En todo caso, pienso que todo obedece a una estrategia muy inteligente de su director, Lucas Fernández, para dar la vuelta a la tortilla. Los que han visto la cinta me han hablado muy bien de ella, soltando esa frase fatal para el cine nacional como es la de “fíjate si es buena que no parece española”. Y asiento en silencio, mientras cuento los días para ver la película dirigida por un canario que se estrena este año en Canarias. Sólo con eso, bravo. Ya opinaremos cuando tengamos oportunidad lo que nos parece el trabajo de su director. Aunque para serles sinceros sólo espero ver una buena película. O por lo menos una correcta película.

También le deseo éxito no en estos siete peñascos alborotados sino en los mercados internacionales, y que Lucas Fernández inicie una carrera tras la cámara que lo obligue a emigrar de las miserias y tibias venganzas de su tierra.

Yo mientras tanto fumando espero. 

La película se estrena el 29 de febrero y no a finales de marzo como anuncié en este mismo blog. La primera semana de ese mismo mes se exhibe en la sección no competitiva de la Berlinale. En nota de prensa se me informa, además, que “esta ambiciosa producción ha contado con un presupuesto superior a los seis millones de euros financiado por la productora de Los Ángeles (EEUU) Media-Turner Productions, por la francesa Destiny Films, por Televisión Española (TVE) y por Report Line Producciones (Canarias)”.También que la película recibió una subvención de la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias por importe de 300.000 euros, cifra que supone un 4  por ciento del presupuesto total del largometraje… lo que entiendo como un aviso a los navegantes. Como casi todo el mundo sabe, se añade que la cinta está protagonizada por Joaquim de Almeida como Óscar Domínguez, Victoria Abril, Emma Suárez, Jorge Perugorría y Jack Taylor, a quien tuve el honor de entrevistar…

Y pienso, reitero, que Lucas Fernández es un tipo muy inteligente. Las voces venenosas han trocado en voces elogiosas. Ahora todo el mundo habla bien de Oscar. Una pasión surrealista. O habla y comenta el filme con cierta distancia…

Da para que uno se rompa la cabeza. Pueblo chico, infierno grande. O que baje Freud y lo vea. O por lo menos se atreva a psicoanalizarlo. De todas formas, intuyo que lo que Lucas ha querido hacer no es mostrarnos el color del destino sino la pasión surrealista no de Óscar Domínguez sino de estas Canarias en las que vivimos. Vista así las cosas, la película incluso puede aspirar a convertirse en una obra maestra. Aunque yo, como Breton, prefiera seguir cazando lagartos.
He dicho.

‘Luchar por algo digno’

Martes, Enero 15th, 2008

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Pedro Víctor Debrigode (Barcelona, 1914-Santa Cruz de Tenerife, 1982) está considerado el maestro de la novela popular española (que es algo así como las novelitas pulp estadounidenses) por una legión de aficionados que no paran de citar y, lo que es mejor, loar su nombre en diferentes foros de Internet. Creador de personajes aventureros como El Pirata Negro, Lord King, Diego Montes, El Halcón o El Capitán Pantera, entre otros, y prolífico escritor a sueldo de novelas policíacas y de misterio firmadas con su nombre original o pseudónimo (Peter Debry o P. V. Debrigaw, por citar sólo algunos). Está claro que si Debrigode hubiera dado con sus huesos en otro país que no fuera España sería reconocido como se merece.
Lo curioso de Debrigode es que a lo largo de su rocambolesca vida tuvo incluso tiempo para escribir cosas digamos que serias como su autobiografía Luchar por algo digno, memorias cuyo primer tomo publicó Ediciones Idea hace unos años con el subtítulo de El barco borracho, y cuya segunda entrega está al caer bajo la subdenominación de El espía inocente.
¿De qué trata Luchar por algo digno? El libro recoge sus experiencias como militar durante la Guerra Civil española, contienda que le cogió por casualidad en Canarias, por lo que combatió del lado de los nacionales, experiencia que narra con fluidez en El barco borracho, donde nos muestra a través de su aguda mirada de escritor cómo se vivió el conflicto en la isla de Tenerife. Uno de los mejores capítulos de este libro es la escalofriante descripción que ofrece de los tristemente célebres barcos prisión atracados en el muelle de la capital tinerfeña y en cuyas bodegas se hacinaban centenares de no afectos a los militares rebeldes, así como emociona y provoca risas nerviosas el comportamiento de sargentos, capitanes y coroneles chusqueros con aquellos pobres diablos a quienes tenían prisioneros. Entre ellos mi abuelo, preso por masón.
En el segundo volumen, que en breve podrá adquirirse en las librerías de las islas, Debrigode nos cuenta el calvario que sufrió en el verano de 1937 cuando tras recorrer buena parte de aquella España en llamas fue condenado a prisión bajo la acusación de abandono de destino (es delicioso el capítulo que describe de su estancia en Cádiz, donde logró disfrutar de unos momentos de paz) así como de malversación de fondos y espionaje. Entre otras cárceles famosas, Debrigode fue un preso más en el penal de Santa María, una especie de antesala al infierno en la que, sin embargo, encontró rasgos de humanidad.
Escritas con rigor no exento de un extraño sentido del humor para soportar tanta tragedia, Luchar por algo digno es una de esas autobiografías que uno no se cansa de recomendar no ya a los interesados en los asuntos de la Guerra Civil, sino también a los que aún se emocionan con una apasionante novela de aventuras. Porque este libro es eso, una apasionante novela de aventuras donde un simpático golfo catalán termina por transformarse en un hombre al que ni los golpes ni el hambre logró domesticar. Se trata del testimonio, en definitiva, de un señor que llegó a definirse en cierta ocasión como ni rojo ni azul, “soy un cachondo y la política me tiene sin cuidado”.
Un gran libro, en definitiva. O una de esas autobiografías noveladas que piden a gritos convertirse en película o serie de televisión para que su mensaje llegue a todos esos (que hoy son multitud) a los que les cuesta un riñón disfrutar del placer de la lectura.

Ellos y ellas se lo pierden.  

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¡Llorad, malditos, la muerte de George McDonald Fraser!

Sábado, Enero 12th, 2008

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La lectura del periódico agria el carácter. Que me lo digan a mí… Hago responsable de que  la sombra de la tristeza haya vuelto a revolotear por mi cabeza a J. J. Armas Marcelo y su adictiva colaboración (A la intemperie) que publica el ABC de las artes y las letras, donde leo sorpendido que George McDonald Fraser, el genial novelista británico y padre del héroe cobarde más delicioso de la literatura moderna, Harry Flashman, ha muerto. Ha muerto.

Tardo un tiempo en reaccionar. ¿George McDonald Fraser ha muerto? No me lo creo. No puede ser cierto… Y busco en la red, esperando que J.J. Armas Marcelo se haya equivocado, que todo se debe a un lamentable error… pero no, mi admirado George McDonald Fraser ha muerto. Así de sencillo. Dejó este mundo tan podrido y por lo tanto necesitado de las aventuras de Harry Flashman el pasado 2 de enero. Y en España ni una puta línea, ni un artículo reconociendo la labor de este singular escritor que como todo gran escritor cuenta con una biografía igual de literaria. Los numerosos aficionados a su serie Harry Flashman estamos de luto y encanallados. Es decir, que nos sentimos un poco traicionados por Fraser. Yo esperaba.. yo esperaba que sus novelas sobre Harry iban a continuar apareciendo y que por fin, un día de estos, quizá el próximo año, caería en mis manos el volumen de sus aventuras en plena Guerra de Secesión Norteamericana. Pero no va a ser así, y por eso me siento estafado, noqueado… aunque miro las estanterías de mi biblioteca y observo en un lugar destacado todas las novelas que publicó Edasha sobre ese militar seductor y cobarde que consiguió con mentiras y arribismo impresentable las más altas condecoraciones del imperio británico…

Escritor y guionista, Fraser firma el libreto de Octupssy, uno de los Bond más divertidos de cuantos protagonizó Roger Moore, aunque si por algo es conocido entre los lectores es por la serie que le dedicó a Harry Flashman, las supuestas memorias de un cínico y cobarde militar británico que estuvo en casi todas las grandes campañas militares de su gloriosa nación a partir de la segund mitad del siglo XIX.

Afganistán, Sudáfrica, Abisinia, la península de Crimea… fueron sólo algunos de los escenarios donde este impresentable de uniforme fue adquiriendo fama y notoriedad, al tiempo que de su mano Fraser nos mostraba la otra cara de la gloriosa Unión Jack.

Novelas de aventuras, George McDonald desmitificó para siempre las batallas del imperio y transformó sus libros es una especie de espejo deformante de las épicas cantadas por gigantes anglosajones como Kipling o P. C. Wren. Su mirada casi siempre fue de absoluto desprecio hacia los generales y de honesto aprecio por todos aquellos que fueron enviados al matadero en nombre de la Gran Bretaña.

Se habló de convertir sus aventuras en serie de televisión, pero el proyecto nunca llegó a puerto pienso ahora que por demasiado brutal con las glorias pasadas de su país. Malcom McDowell sí que lo encarnó en una cinta desigual dirigida por Richard Lester, El cobarde heroico (que refundía en uno los dos primeros libros de la colección, Harry Flashman y Royal Flash);  así que los aficionados todavía estamos a la espera de que un cineasta valiente lleve otra de sus historias al cine sin escatimar medios ni la crudeza de sus descripciones… Ay, algo me dice sin embargo que no… aunque nos quedan sus novelas, sus fantásticos relatos de capa y espada en los que Harry, huyendo del peligro siempre encontraba la paz bajo las faldas femeninas…

En fin, que se nos ha ido otro de los buenos. De los mejores, para que me entiendan. Va por usted George McDonald Fraser. También por tí, Harry Flashman.

Para saber más del escritor y su personaje recomiendo la consulta de está página:  www.harryflashman.org.

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