Archive for the ‘El Blog de El Escobillón’ Category

Claudia Cardinale, en septiembre en Tenerife

Martes, Enero 29th, 2008

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La protagonista de El gatopardo, Los profesionales, Hasta que llegó su hora y Fitzcarraldo, entre otras películas, Claudia Cardinale es más que probable que visite estas tierras alejadas de la mano de Dios como son las Canarias para presentar su último espectáculo teatral.

Es casi seguro que La Cardinale, porque es una actriz que merece llevar por delante el artículo, actúe en el teatro Guimerá para asombro de casi todos. Y en ese casi todos me incluyo, ya que considero a esta meridiana actriz una de las grandes estrellas del cine italiano y europeo de todos los tiempos. Y todo el mundo sabe (o al menos debe saber) que para ser estrella no hace falta ser un buen actor o actriz. Sólo llenar pantalla, seducir con la mirada, levantar pasiones desde la sábana blanca a la que la luz del proyector hiere con imágenes caprichosas. Y La Cardinales, de origen tunecino, es de esas mujeres.

Los cuatro títulos con los que inicio este comentario son cuatro grandes películas que permanecen además en un lugar de honor en mi cada día más grande memoria ciéfila. Así que poder verla en vivo y en directo, y en carne y hueso, hace que se me erice la piel porque en pocas ocasiones los pigmeos que habitamos este rincón de África tenemos escaso contacto con los grandes dioses del celuloide.

Además, La Cardinale (Claude Josephine Rose Cardin es su verdadero nombre) viene a trabajar y no como jurado. Y lo dice alguien que también siente tonta devoción por ese monstruo conocido como Sophia Loren, otra estrella del cine europeo que merece ser llamada La Sophia. La Sophia Loren que al parecer viene a Tenerife para juzgar (pobrecita porque no sabe lo que espera) la calidad de los barroquísimos trajes de candidatas a reina del Carnaval chicharrero. 

‘Óscar. Una pasión surrealista’

Sábado, Enero 26th, 2008

Obviando polémicas y la presunta campaña de acoso y derribo que ha rodeado a Óscar. Una pasión surrealista, de Lucas Fernández,  antes de su estreno (el 22 de febrero, me entero por mi vecino de blog, Emilio Ramal) ahora que por fin la he visto puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que es una película fallida. Y lo que es peor, en ocasiones algo tediosa.

Poco o nada que objetar a su factura técnica, pero sí a la construcción de la historia. Lo que los especialistas llaman guión. El primer error es haber construido dos películas en una. Por un lado el biopic oficial del torturado pintor surrealista tinerfeño y por otro la que transcurre en los tiempos actuales que protagoniza una, sorprendentemente contenida, Victoria Abril, quien interpreta a una mujer con apenas tres meses de vida. Estas dos vidas paralelas, emulando a Plutarco, no tienen nexo en común, salvo un cuadro desaparecido y por lo tanto misterioso de Domínguez (dejémonos de la cretinada OD, como he leído en alguna triste ocasión). Es una pena, pensé mientras veía el filme, que los guionistas no buscaran otro hilo para unir ambas historias. Barajo algunas propuestas, claro que a toro pasado.

El largo metraje. Porque además de un largometraje se hace a veces largo metraje, recupera algo de destello con los momentos rodados de la vida de Óscar Domínguez pero también detecto un error de bulto, y no insignificante. Si el espectador no tiene suficiente información sobre la complicada vida del pintor no se va a enterar de nada. Me dio a mí la sensación de que a la vida de Óscar Domínguez cinematográfico le faltaba como media hora más. Pedía a gritos que se explicaran cosas… ¿cómo conoció al amor de su vida, Roma?, ¿por qué la matan los nazis?, ¿era judía?… ¿cómo fue la vida del pintor tinerfeño en el París ocupado?, ¿cómo entra Domínguez en el movimiento surrealista? y ¿por qué se hace pintor, por ver a su padre pintando bodegones?

Estas son sólo algunas de las muchas preguntas que me planteo ahora que, en frío, escribo estas líneas. Respecto a la película (porque es otra película) de la mujer madura que agoniza… La verdad, yo hubiera prescindido de ella. Algo me hace sospechar, no obstante, que esta decisión, la de contar dos historias cuando la que interesa es una, tuvo que deberse a una cuestión presupuestaria. La vida de Domínguez transcurre en un periodo histórico que había que reconstruir, y lo que se ha reconstruido está hecho con pies y cabeza. Las cosas como son.

El problema de la película es que son dos. Y la que interesa, insisto, es una: la del pintor. Hay momentos, además, que provocaron que mi aletargada úlcera protestara. Y es la rebelión de los locos o el desenlace con Victoria Abril. Me parece reseñable, no obstante, que en la historia de la Abril el único personaje honesto (Jorge Perugorría) sea un tipo que se ha entregado a los vicios de lo que llaman sustancias estupefacientes…

Los actores lo hacen bien. En ocasiones muy bien. Joaquim de Almeida compone un Óscar Domínguez creíble, lástima que no haya monopolizado la historia (doble, recuerden). Victoria Abril es ella, Victoria Abril. Resalta Paola Bontempi, aunque no tiene tiempo para desarrollar su personaje que es Roma. Vital en la vida del pintor.

Otra molestia, la banda sonora de Diego Navarro. Se notan demasiado los subrayados musicales. Y Ennio Morricone solo hay uno. Y ya no está entre nosotros.

Salí de la sala el día del preestreno al que tan generosamente se me ha invitado con un sabor agridulce en la boca. Oscar. Una pasión surrealista tiene momentos. Pero son eso, momentos porque carece de unidad. No es una sola película, son dos mediometrajes un poquitín artificiales y artificiosos. Claro que podemos alegar que se trata de la primera película de Lucas Fernández, quien adicto a la dualidad contrató los servicios de Eddy Cardellach para la realización técnica y de montaje…

Ahora falta la decisión implacable e impecable del público. Yo me mojo, y digo que no es una obra redonda porque al traje se le notan las costuras, y emocionar, emociona muy poco. Quizá contando la historia de Domínguez hubiera resultado otra cosa. Claro que eso no lo vamos a saber nunca, por lo que yo, si ustedes me lo permiten, prefiero seguir cazando lagartos.

Las aventuras y desventuras de Lloyd Hopkins, una temporada en el infierno

Viernes, Enero 25th, 2008

ellroy20james2020philipdl1.jpg Casi todo el mundo con letras y también los que son poco propensos a perder el tiempo leyendo, conoce las novelas que el escritor norteamericano James Ellory (en la fotografía) ha dedicado a la ciudad de Los Ángeles, L.A., durante la década de los años 40 y 50. Hace años, una eficaz adaptación cinematográfica sobre uno de estos títulos, L.A. Confidencial, hizo muy popular al escritor de oscuro pasado delictivo que es Ellroy, popularidad que casi da al traste Brian de Palma con la adaptación de otro de sus monumentales libros, La dalia negra, títulos que junto a El gran desierto y Jazz blanco conforman una peculiar tetralogía a través de la cual el escritor quiso rendir tributo a la ciudad y de paso convertirse en algo así como el espejo deformante (cóncavo o convexo, lo mismo da) del gran Raymond Chandler.

De todas formas, no quiero hablarles hoy en el post de los cuatro libros que Ellory ha escrito sobre aquellos años, sino de otro personaje salido de su enfermiza imaginación que responde al nombre de Lloyd Hopkins, personaje protagonista de tres grandes novelas, una de las cuales también cuenta con una sólida adaptación cinematográfica, Sangre en la luna, donde Hopkins adoptaba el rostro inquietante de James Woods.

Ambientada a finales de los años 60 en L.A., la trilogía de Hopkins revela todas las claves que caracterizan la obra de este singular escritor de novela policíaca, como son la corrupción, nadie es inocente hasta que se demuestre lo contrario, racismo, sexo, drogas y violencia. El sargento de Homicidios, Lloyd Hopkins, encarna pues todas estas contradicciones, lo que lo hace desagradable y antipático al lector con algo de justicia en su corazón, pero también fascinante por vivir casi al margen de la ley cuando, supuestamente, trabaja para ella.

Sustancias psicotrópicas aparte y personajes al borde del abismo que es ese momento de la vida donde contemplas el rostro del monstruo que no es otro que el de uno mismo, y una obsesiva tendencia por regenerarse a base de tiros y puñetazos de la fea realidad que envuelve a cada uno de los protagonistas de sus obras, sólo hay una posibilidad de redención en las novelas de Ellory: el amor. Pero no el amor al uso, sino una relación tejida a base de hachazos y traiciones.

El lector interesado puede encontrar la trilogía de Hopkins (Sangre en la luna, A causa de la noche y La colina de los suicidas) en ediciones de bolsillo y en traducciones digamos que más o menos dignas. Merece la pena, sobre todo para iniciados en el turbulento mundo del escritor a quien un asesino le destrozó la infancia cuando al regresar del colegio se encontró a la policía investigando la muerte de su madre. Este golpe profundo ha dado origen también a otro libro de no ficción del narrador de la mugre, Mis rincones oscuros, aunque su atractivo es sólo para fanáticos de su universo enrarecido, poblado de hombres con miedo que sólo saben hacerle frente con un revólver entre las manos.

La trilogía Hopkins y las dos primeras novelas de su teatrología de L. A., L.A. Confidencial y La dalia negra son sus mejores obras hasta la fecha. Sus últimos libros, en especial los dos primeros que han aparecido de lo que parece ser una trilogía americana sobre los años 60 –América y Seis de los grandes– no es, lo que se dice, de lo mejor del escritor, quien ha simplificado su estilo hasta límites irritantes, casi como si de una película se tratara. Frases cortas, sin apenas comas y con demasiados personajes, mezclando ficticios con reales, como el presidente Kennedy, a quien detesta cordialmente Ellroy al menos en estas novelas, y el nefasto jefazo del FBI, Edgar Hoover, entre otros siniestros.

Una cosa está clara si uno se deja arrastrar por el mundo de pesadilla de Ellroy, planeta donde la palabra ley y orden es casi sinónimo de corrupción y caos. La lección que aprendes es que nada es lo que parece porque los que mueven los hilos son un puñado de cobardes, por eso la siniestra estrategia del miedo y del despiste. No interesa que la masa (nosotros) lo sepamos.

Al final van a tener razón los de El club de la lucha. Dios, el Gran Arquitecto del Univero o Cthulhu nos coja confesados.

‘Flash Gordon’, señor del re(uni)verso escandaloso

Jueves, Enero 24th, 2008

flash_gordon1.jpg En la memoria visual y sonora de cada uno de nosotros existen una serie de títulos y canciones que siendo rematadamente malos han sabido hacerse un hueco en nuestro maltrecho y generalmente herido corazón. Una de estas películas de desguace es la versión que Mike Hodges firmó en 1980 del popular personaje de los colorines, tebeos, historieta o cómic conocido en todo el universo de papel (y ahora fílmico también) como Flash Gordon, aunque su autoría cinematográfica le corresponde más bien a su excéntrico productor, Dino De Laurentis.

Machacada con toda justicia por los aficionados a las tiras de Alex Raymond (aunque en historieta siempre me gustaron más las aventuras que sobre el mismo personaje plasmó Dan Barry a finales de los 60 y 70), el Flash Gordon hecho cine es un homenaje declarado y descarado a la mixtura, a la mezcla gozosa de los géneros más pueriles de nuestra infancia con una banda sonora que todavía rompe los dientes firmada por un grupo de rock –Queen– que supo romper dientes mientras aún estaba entre nosotros su radical vocalista con sueños de diva llamado Freddy Mercury.

En Flash Gordon, además, parece que conspiraron los demonios para rendir tributo no ya al héroe rubio, alto y con ojos azules que encarna Gordon, sino también caprichosos espíritus bromistas en lo que tiene gran parte de culpa el autor de su guión: Lorenzo Semple Jr. Lo que da pie a un chiste fácil, Flash Gordon la escribió un tipo con apellido simple. Lo que es así, pero tampoco.

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La película, con apoyo reitero musical y machacón de Queen, es bastante fiel en sus inicios al tebeo original de Raymond. Flash, un jugador de rugby que interpreta con festiva poca profesionalidad Sam J. Jones, conoce en una avioneta a quien será su novia de papel, Dale Arden (encantadora y hoy olvidada Melody Anderson), en una avioneta, mientras La Tierra está siendo sacudida por extrañas anomalías meteorológicas. Del cielo no caen granizos, ahora lo que caen son piedras de fuego… La avioneta es alcanzada por una de estas rocas incendiarias y mal aterriza en la propiedad del doctor Zarkov, que (dice) interpreta Topol, quien los secuestra para viajar juntos al planeta Mongo. Imperio de opereta que dirige Ming, que ahora tiene la cara de Max Von Sydow.

Una vez en Mongo (Porno, que se llamaba en la versión soft, titulada Flesh Gordon), el atractivo jugador de rugby pasa por mil peripecias, logra unir a los desunidos reinos y principados del planeta bajo la bota del peligro amarillo con apellido de noble sueco y entre batallas aéreas, sexo para todos los públicos (sigue estando divina Ornella Muti como la princesa Aura, hija del malvado Ming), y Queen dando la barra, es imposible que este filme rabiosamente iconoclasta y gamberro no le haya roto el corazón a más espectadores, y no sólo a este que les escribe.

La película divierte, entretiene y te deja esa rara sensación de que te ha tomado el pelo a sabiendas. Es como un niño a punto de convertirse en adolescente. Irritantemente libre, aunque atisbe que ya va siendo hora de que pierda su inocencia… Yo la considero un clásico del cine de estar por casa. Un peliculón de esos que no te cansas de ver y con los que te partes la mandíbula de la risa. Lo único que estropea su perfecta y estúpida redondez es que no aparezcan más razas estrambóticas de las que creó Raymond, salvo los hombres del bosque, con Barin a la cabeza y los hombres halcones, cuyos líderes tienen la cara de Timothy Dalton y Brian Blessed. No puedo ni debo olvidarme tampoco de la estupenda Mariangela Melato, que parece que es la única que se toma en serio está parodia interpretando a una espartana amazona de la policía secreta del pérfido Ming. Será esto ¿el fin?  
   

Brasil es una ‘Aquarela’

Miércoles, Enero 23rd, 2008

toquinho2.jpg Cantante y compositor de una de las mejores canciones de la música Latina (con L mayúscula) de todos los tiempos, Aquarela, sirvan estas líneas para recordar a los despistados que el próximo domingo actúa en el Auditorio de Tenerife Antonio Pecci, Toquinho, uno de los grandes de la música brasileña.

Sé que va a resultar exagerado, pero si usted ha sido uno de esos afortunados que conoce el país de Pan de Azúcar, Brasil respira en cada una de las canciones de este legendario intérprete. Porque Brasil, como su bandera, es de un verde que ciega los ojos, pero también de un amarillo que invita a tumbarte en la arena de cualquiera de sus playas para que te olvides del universo.

Las notas de prensa anuncian que el cantante va a celebrar en Tenerife sus 40 años dedicados a la canción, pero no hagan caso. En todo caso, viene a estas islas zarandeadas por la mano de Dios con la esperanza de inocularnos algo de la sangre que corre por las venas de su también castigado país. Y ese dulce veneno en forma de canción que también es Brasil puede traducirse por una dulzura casi tan contagiosa como la del azúcar y por una belleza que nace desde la pureza. O lo que es lo mismo, desde la mezcla salvaje de las razas.

Si Toquinho es droga dura, no les digo nada de la experiencia casi religiosa que es vivir una temporada a tu aire en cualquier ciudad o pueblo remoto de Brasil. Un país que, pese a las adversidades, no ha perdido el gusto por la generosidad. De tender la mano sin esperar nada a cambio.

Por eso, y tras cofensar que soy de los que entiende el brasileiro pero se confunde con el portugués, creo que si hay paraíso en la Tierra lo más parecido a él es ese gigantesco e indiferente país latinoamericano.

Muito obrigado, Toquinho.

Muito obrigado, Brasil.

El Parlamento de Canarias acoge mañana la presentación del libro ‘Proceso a la CNT: 19 fusilados el 23 de enero de 1937′

Martes, Enero 22nd, 2008

La sala de cabildos del Parlamento de Canarias acoge mañana, miércoles, la presentación del libro Proceso a la CNT. 19 fusilados el 23 de enero de 1937,  del investigador Ricardo García Luis. Está previsto que al acto acudan familiares de los cenetistas ejecutados, y que el volumen sea presentado por el historiador Ramiro Rivas, así como su autor, a partir de las 19 horas.
Proceso a la CNT ha escogido este escenario porque fue en este mismo recinto, el salón de plenos de la Cámara regional, donde se celebró el Consejo de Guerra que condenó a muerte a los 19 anarquistas, y que en aquel entonces era sede de la mancomunidad de cabildos.
El libro pormenoriza cómo discurrió este Consejo de Guerra, e incluso ofrece una reproducción facsímil de la sentencia. La obra de Ricardo García Luis cuestiona además la acción de la “justicia de los rebeldes” y rastrea biográficamente a cada uno de los 19 ejecutados, tanto en fuentes escritas como orales. El libro cuenta con fotografías, certificaciones y recortes de prensa, entre otro material documental.
Ricardo García Luis es coautor de El Telémaco y Vallehermoso, el Fogueo, y también de La justicia de los rebeldes (los fusilados en Santa Cruz de Tenerife 1936-1940) y  Estrella Polar. Un viaje clandestino Canarias-Venezuela 1948,  entre otros.