Archive for the ‘El Blog de El Escobillón’ Category

Prestreno de ‘No-Do’, de Elio Quiroga

Lunes, Junio 8th, 2009

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* El próximo jueves (un día antes en los multicines Monopol de la capital grancanaria) se prestrena en los Renoir de Santa Cruz de Tenerife No-Do, la nueva película de corte fantástico del director Elio Quiroga. El filme, oficialmente, se estrena al día siguiente en toda España. No-Do fue seleccionada este año para la sección oficial de la XXV edición del Festival de Cine Fantástico de Amsterdam, o Imagine Film Festival, y obtuvo la nominación al Premio Melies de Plata del certamen cinematográfico de Bruselas, que se celebró el mes pasado en la capital belga.

El filme de Quiroga se inspira en los populares Noticiarios Documentales (No-Do) de la España franquista, cintas que acompañaban la proyección de cualquier largometraje de estreno, para desespero de muchos de aquellos españolitos que habían venido al mundo.

La película está protagonizada por Ana Torrent. Quiroga es director de la irregular Fotos (1996) y La hora fría (2007).

* La Filmoteca Canaria se ha comprometido a digitalizar los archivos de cine y vídeo cedidos por la familia del fotógrafo y periodista grancanario Paco Rivero. Unas setenta piezas audiovisuales componen esta nueva incorporación a los fondos audiovisuales de la institución, que contiene reportajes en formatos videográficos, filmadas en diferentes soportes, de fiestas populares como el Carnaval, La Rama y romerías.

Las películas están en 8mm y Súper 8 mm y los reportajes en VHS. De ellas, las que presenten algún deterioro, junto con los filmes en 16 y 35 mm, se enviarán a un laboratorio de Madrid, informa la Filmoteca Canaria en una nota.

Esta es la segunda cesión de material que fuera propiedad de Paco Rivero, a través de la Fundación Néstor Álamo, para su digitalización por parte de Filmoteca Canaria. En 2006, los familiares del fotógrafo, fallecido en 2003, depositaron en la Filmoteca trece películas de distintos formatos filmadas entre 1950 y 1982, que incluían imágenes de Santa María de Guía, festejos, actos culturales del municipio y visita de estudiantes a Londres.

Saludos con sabor a celuloide a este lado del ordenador.

Microrelatos y cuentos, de Ezequiel Pérez Plasencia

Domingo, Junio 7th, 2009

El escritor y periodista Ezequiel Pérez Plasencia publicará en breve un libro de microrelatos y cuentos. He tenido la satisfacción de leerlos antes de que el volumen dé a la luz, y sólo puedo escribir que son textos poderosos, de esos que te sacuden y logran colarse hasta lo más hondo. En estas historias, Ezequiel, además de desnudarse y desnudarnos el alma, reflexiona, entre otras cosas, sobre la isla. Reproduzco a continuación, de hecho, el relato Magua. Da que pensar.

Magua
      
Islote humano, agua por todas partes, melancolía y refugio de artistas, ilusiones de parejas y amantes deseosos de traspasarla, la magua es una isla dentro de la isla: culichichi, canchanchán, gofio en desayuno y cena, mojo picón, qué le pasa al nota, el conejo me riscó la perra, golifión, jediondo, pejeverde, mi niño, hasta lueguito, la guindilla, guagua, guachinche, tonique, no me jodas la pavana, atardeceres del malecón, cadáveres de niños africanos en las orillas y otras dolencias espirituales que buscan una fuga sin fin. Es el cuento de la novela del ensayo del poema de la tesis, el amor a la vida que se extingue a fuego lento, la anhelante subida de escaleras se convierte casi en precursora de una felicidad ilusoria. La magua es la tranquilidad obtenida cual fruto del árbol del silencio.

Saludos literarios a este lado del ordenador 

Preferiría recordarlo… pero no me acuerdo

Domingo, Junio 7th, 2009

Me pregunto por qué tengo tan fresco en mi memoria (mordida ya por el paso inevitable del tiempo) el primer libro “serio” que leí y no la primera película que vi en el cine. Tampoco el primer disco que puse en el tocadisco de la casa de mis padres, ni la primera cinta de vhs que inauguró el vídeo que por aquel entonces nos hizo tan felices a todos y a todas.

Me pregunto, yo, que tanto le debo como espectador al cine, por qué no recuerdo la primera película que fundió mis ojos. Quizá sea, intento razonar, porque después vinieron tropecientas mil y, probablemente, la primera no significó una luz cegadora en mi espíritu como sí tuve la suerte que significarara la primera novela  que devoré cuando apenas tenía catorce años. Porque fue con catorce años cuando me entragaron esa novela, ¿verdad?

El tópico obliga a que nos acordemos del primer beso, lo que no dice es que también conservamos como hierro al rojo las primeras desgracias que marcan el carácter que te construirá como persona. Los libros y las películas y la música y el arte en general te deja huella igualmente porque, pese a los negacionistas, aprenden a vivir dentro de tí si los dejas entrar en el santuario de tu alma. Pero no iba por ahí el objeto de este comentario. No, no iba por ahí. 

El fin de este comentario es explicarme por qué recuerdo mi primer libro, con todas las sensaciones que me produjo cuando descubrí que con la imaginación era capaz de reconstruir lo que me describía aquel escritor del que ya hablé, y no la primera película a la que asistí como espectador en uno de los muchos cines que por aquel entonces había en esta pequeña ciudad de provincias que es Santa Cruz de Tenerife.

Recuerdo, como recordarán otros, aquellas salas señoriales. Con su parte de arriba y su parte de abajo. Con los molestos intermedios a mitad de la película. Las bolsas de pipas que llevabas para hacerte más cómodo el visionado (lo de las cotufas vino mucho tiempo después), los chascarrillos que soltaba el público y como todos ovacionábamos al séptimo de caballería cuando aparecía casi al final de la película, en ese momento donde todo parecía perdido para los protagonistas; y a una turbadora Ingrid Bergman a la que llevaban en una barquita a una inhóspita isla volcánica llamada Stromboli porque, pese a todos los méritos cinematográficos de la cinta, me enseñó a sentir algo diferente por una mujer. 

Recuerdo como si fuera ayer el primer tebeo que cayó en mis manos y que me hizo feliz. Astérix y los normandos. Y la de risas que solté con su entrañable compañero, Obélix. Pero, sin embargo, no está grabada en letras rojas en mi cerebro la primera película que ví. Y si bien eso no me quita el sueño, me hace preguntar por qué.

¿Será por qué después vinieron más películas?, ¿será por qué tengo muy frescas en las ideas las cintas de Maciste que veía y reveía en las inolvidables sesiones de las cuatro de la tarde?

Demonios que no lo sé. Y no saberlo me inquieta.

No se rían. En estos días de asueto, de descanso forzado, cosas así son las que me hacen más llevadera la existencia.

¿Cuál fue la primera película que viste en la tele, aquella tele en blanco y negro y un solo canal?

Tampoco me acuerdo.

Saludos crípticos a este lado del ordenador.  

Gracias, señor Mann, de verdad que muchas gracias

Sábado, Junio 6th, 2009

Estas palabras están escritas como modesto agradecimiento. De hecho, el bien que me está haciendo repescar los western de Anthony Mann me indica, una vez más, que el cine es algo más que fotogramas en movimiento. No sé, me pierdo en estas películas, casi todas ellas protagonizadas por ese gran actor que fue James Stewart, y me identifico con sus personajes, normalmente un pistolero, un fuera de la ley, un desperado que espera una segunda oportunidad allí donde va.

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Si tienen ocasión y ningún tonto prejuicio por este cine que va más allá del séptimo de caballería y de los indios agazapados en las colinas, entenderán que todas estas películas (El hombre de Laramie, Winchster 73, Horizontes lejanos, Tierras lejanas) hablan de un mundo que forjaron hombres y mujeres con sus manos desnudas. Capaces de vencer a las adversidades para construir un hogar. Desafiando las inclemencias de los nuevos territorios con una fe a prueba de desgracias.

Veo y reveo todas estas películas y me digo qué grande es el cine. Hipnotizado por esos grandes planos generales que nos muestran caravanas atravesando riachuelos o grandes superficies nevadas o secas. Sintiendo con ellos el miedo a lo desconocido, pero también la emoción por enfrentarme a lo desconocido. Haciendo civilización, con todo lo hermoso y terrible que esconde esta palabreja. Y como si de un baño de agua caliente se tratara, me sumerjo en estas películas formando parte de su aventura. Como si yo también buscara desesperadamente el caminio hacia Ítaca.

No sé, en fin, que gracias a Mann he logrado mantener la cordura en estos tiempos de rabia. De esclavitudes disfrazadas.

Eso era todo. Ya ven.

Saludos cinéfilamente hablando a este lado del ordenador. 

Dos de cine

Viernes, Junio 5th, 2009

* Parece que por fin habrá tercera edición del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife (Fimucité). Aunque este año no se celebrará en junio como en sus dos anteriores ediciones, sino del 20 a 26 de julio en Santa Cruz de Tenerife. Al parecer, este año se le rendirá merecido homenaje al maestro de las bandas sonoras Jerry Goldsmith (El planeta de los simios, Alien, Papillón) y, según  leo, las audiciones también llegarán al teatro Leal de La Laguna. Si pinchan este enlace podrán ver el divertido e inquietante enlace que han diseñado para que a todos los aficionados nos crezcan los colmillos.

* ¿Para cuando el estreno de la película Hierro, de Gabe Ibáñez?, un thriller rodado en la isla del Meridiano. La película, que se proyectó en la Semana de la Crítica de la última edición del Festival de Cannes apadrinada por el tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo y Juan Antonio Bayona, cuenta la historia de María (Elena Anaya), quien pierde a su hijo durante un trayecto en ferry hacia El Hierro, adonde regresa seis meses después de la desaparición por una llamada en la que se le informa de la recuperación del cuerpo de un niño al que tiene que identificar.

Saludos cinéfilos a este lado del ordenador

Ha muerto Bill

Jueves, Junio 4th, 2009

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Ha muerto Bill. O el Pequeño Saltamontes de la mítica serie de televisión Kung Fu (¡cuánto influyó en mi generación las deventuras de ese joven monje shaolin en el oeste americano!). O el hijo mayor del gran actor John Carradine. En fin, que ha muerto David Carradine. La estrella del cine de bajo presupuesto. El Cole Younger de Forajidos de Leyenda o el piloto Frankenstein de La carrera de la muerte del año 2000.

Ha muerto, en definitiva, Bill. El personaje que dio título a la hasta ahora mejor película de Quentin Tarantino (Kill Bill). La veo esta noche seguro. A modo de homenaje. Las dos entregas, aunque no salga en la primera.

Me quedó más solo todavía cinematográficamente hablando. Porque con la desaparición de David Carradine se nos va uno de los mejores protagonistas del cine que tanto me gusta. El de acción pura y dura, sin tonterías intelectuales: espectáculo con sabor a novela barata clásica. Con personajes cortados de una pieza. Aunque también tonteó con cineastas tan serios como Ingmar Bergman en El huevo y la serpiente o Hal Ashby en Esta es mi tierra. Que un tipo de su clase y de su porte era capaz de aguantar cualquier cosa. Aunque los aficionados lo prefiriéramos cuando hacía de las suyas en Cannoball o El desafío del Cóndor.

Se me fue. Se nos fue otro de los grandes.

Saludos rigurosamente de luto a este lado del ordenador.