Esto es sólo la punta del iceberg de lo que hay
Miércoles, Junio 3rd, 2009No hay lleno pero sí público suficiente. El lugar, la sala 2 de los multicines Renoir en la capital tinerfeña. El motivo, la proyección de los seis cortometrajes digitales premiados en el concurso para el proceso de kinescopado, convocado por el Gobierno de Canarias a través de la empresa pública Canarias Cultura en Red.
Los tres primeros clasificados son Cuanto más ligero (inspirado en un relato de Margaret Atwood, simpático pero previsible), de Carlos de León; La despedida (prometedor pero decepcionante al final), de Ayoze O’Shanahan; y Yo te prefiero (para este que les escribe, el mejor de los trabajos presentados), de José Cabrera.
Los otros tres cortos fueron La tumbá (un falso documental que no deja de ser un irregulr chiste con saborcito canario), de David Pantaleón; Aniversario de nada (el corto más serio e inquietante, razones por la que creo que arrancó los aplausos más pobres entre los asistentes), de David Delgado; y Brain Storm (un simpático homenaje al cine realizado con dos euros, aunque exagero cuando calculo su presupuesto), de Rishi Daswani y Vasni Ramos.
Salgo de la sala con una idea clara: hay que seguir apostando por el cortometraje. Pero también con otra idea igual de clara: hacen falta muchos más cortometrajes. Y sobre todo riesgo.
Intuyo futuro en algunos de los cineastas cuyas obras se proyectaron esta noche. Y eso, supongo, es bueno para el futuro del cine en las islas.
No creo, sin embargo, que lo que fallen sean las historias, como apunta Andrés Koppel, que antes de la exhibición recuerda a los espectadores que la matrícula del LEAC continúa abierta hsta el 15 de junio. Lo que hace falta son criterios más abiertos, y capacidad para detectar a posibles equipos que pueden decir mucho en esto del cine. En Canarias y fuera de su territorio. De hecho, la mayor parte de los cortos que vimos son trabajos de guerrilla. Independientes, de tíos y tías que se lían la manta a la cabeza para sacar a la luz sus propuestas. No sé si fueron de lo mejor que vi esta noche, pero al menos sudaban entusiasmo y una fe en la causa que en estos días extraños en los que me encuentro, me sirven como lección de supervivencia.
Independientemente de que saliera de los Renoir con el corazón medio vacío, soy consciente que el corto es una herramienta fundamental para descubrir a nuevos talentos en esto de contar historias con imágenes.
No salgo con sensación de hastío, no llego hasta mi casa con el pensamiento de que he perdido el tiempo. No, no es eso. En todo caso, sí que me ronda la cabeza que quiénes se dedican a promocionar y estimular esto del cine desde las instituciones oficiales o no se lo toman en serio o no se creen lo que hacen, por eso su manía por controlar un sector que no debe ser controlado. Eso sí que sería un flaco favor para todos. Cineastas y espectadores.
No obstante, en estos días sin fe, comienzo a tener fe en lo que hacen películas en Canarias. Sobre todo los cortometrajistas, quizá podamos aprender de todos ellos a ser independientes.
Saludos raros, raros, raros a este lado del ordenador.
