Mayor Tom, llamando a la Tierra
Sábado, Mayo 30th, 2009Hace tiempo que no sale y ha tomado una decisión trascendental, lo que en el imaginario de nuestro protagonista es como unir el hambre con las ganas de comer. Está flotando, porque ha dejado de lado un miedo que ya duraba demasiados años, pese a que su estado financiero se resienta por el golpe de sus acciones y sus hechos.
Así que lo vemos en el concierto que Youssou N’Dour ofrece la plaza del Auditorio. Y se encuentra a un montón de gente que ya creía muerta. Y de fondo la banda sonora de ese extravagante grupo africano. Y mira al mar y mira el escenario y mira a viejos y viejas amigos y amigas y se da cuenta que todo ha cambiado. No sabe si para peor o para mejor.
De repente Youssou N’ Dor habla desde el escenario, y espera casi un discurso político donde mencione África y Canarias que también es África, geográficamente hablando como se cansan de recordarnos, pero esquiva el asunto. O lo más probable, no tenía la pretensión de reclamar la africanidad de la islas y todas esas cosas. Y piensa, este tipo que estaba confuso, que del viejo continente venimos todos los monos y monas que dicen llamarse hombres. Y que esta especie endemoniada es capaz de fabricar relojes suizos como la de darle al mundo a Miguel Ángel tras siglos y siglos de sangre, sudor y lágrimas (forma parte de un diálogo crudo e irónico de El tercer hombre, una de esas películas que se llevaría a una isla desierta aunque no tuviera dvd ni televisor) y sonríe con el ruido de los tambores de fondo.
Al día siguiente, cuando abre los ojos, recibe otros regalos que le llegan al alma. José, un amigo de la isla que tiene justo delante, le llama para anunciarle que el próximo lunes inicia una vuelta al mundo que espera dure un año. Otro, Ezequiel Pérez Plasencia, le envía un pequeño texto donde rinde homenaje a Juan Carlos Onetti (Infierno paradisíaco.- “Cuando entonces, hace hoy un quindenio, había un infierno tan temido o más que el de Dante, el viento nos hablaba bien claro y los adioses estaban libres de adjetivos. Pronto llegó la gusanera para recordarnos nuestro destino y reposo final. Fue cuando se percibió que desde su gran arte y su cama usted disparaba con munición engendrada en el fracaso y el desamparo. Odio, infamia y voluntad de hacer sufrir han sucumbido a esta inexpugnable reserva de amor que son sus páginas, un outsider, uno de esos escritores que escribían historias de plomo en el corazón con una sencillez aplastante“).
Y mira a un lado y al otro, y piensa que Sartre tenía toda la razón del mundo: el hombre está condenado a ser libre. Lo que no dijo el autor de La náusea es que esas cadenas no pesan sino que flotan.
En fin, saludos hoy un poco trascendentales a este lado del ordenador.