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Benito Pérez Galdós, en Tenerife

Sábado, Enero 4th, 2020

Hoy no es un día de celebración aunque dé inicio oficial a los actos que comienzan el centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920). De momento y sin muchas algaradas, unos y otros, unas y otras, festejan la producción literaria del escritor al que la leyenda acusa, malévola leyenda, de haberse limpiado el polvo de los zapatos cuando arribó a tierras penínsulares. Como todo el mundo sabe o debería saber, Galdós se convirtió en el gran escritor de Madrid de finales del siglo XIX y dio un empujón a la novela histórica que se escribía y se escribe en este país a través de los Episodios Nacionales cuya primera serie fue la primera lectura que recibí de un hombre al que le dolió España mucho antes que aparecieran los del 98.

Benito Pérez Galdós supo sacer lo mejor y lo peor de este país en estas diez novelitas que retratan los años de la ocupación napoleónica y saca a relucir el carácter de unas gentes que combatieron contra un enemigo ilustrado, entre comillas, en favor de un rey que más tarde salió felón.

Lo que es probable que no sepan muchos de ustedes es que Benito Pérez Galdós dejó unas cuantas cuartillas escritas de una estadia que pasó en Santa Cruz de Tenerife, Son letras apresuradas que escribe un escritor aún en ciernes pero en las que refleja de manera vivída una capital en ebullición constante. Dicen ahora unos y unas que estas notas son falsas, que no corresponden al genio de Galdós pero ninguna de estas voces ofrece argumentos sólidos que expliquen esta negación… En fin, aquí les dejo un fragmento de este documento que publicó en su día el Servicio de Publicaciones de la Caja de Ahorros de Canarias (1986) antes de que fuera devorada por la Caixa con el nombre de 9 horas en Santa Cruz de Tenerife:

“El puerto de Santa Cruz no es otra cosa que una rada abierta a todos los vientos menos al norte y oeste, de los cuales aquel es el reinante en semejantes latitudes. La Punta de Anaga, elevada sierra de rocas volcánicas, se extiende naciendo de la isla en dirección nordeste, deteniendo las nubes en su encrespada cima, siendo esta la causa que hace que el cielo esté casi constantemente despejado, diáfana la atmósfera, y radiante el sol en los calmosos meses del estío.

Aquellas rocas salvajes, donde apenas crecen algunas plantas silvestres de raquítica vegetación, descienden precipitadamente en el mar hasta producir un fondeadero bastante respetable por su profundidad, y donde los buques necesitan no pocas brazas para llegar a asegurar sus anclas sin peligro. Esto, y al mismo tiempo la oblicuidad de las capas de lava que en muchas partes visiblemente muestran las rocas de Anaga, han hecho concebir la idea de que el puerto de Santa Cruz no es otra cosa que el cráter de un volcán, cuya antigüedad se pierde en la noche de los siglos. Opinión que tiene en su abono la multitud de cráteres que a cada paso se encuentran en las islas Canarias, y cuyos vestigios aparecen en las superficies y en las profundidades de todos los terrenos, con más o menos visos de antigüedad.

Al sur de esta cordillera y a la misma lengua del agua se levanta la población rodeada de algunas huertas, donde crecen como por lujoso artificio, en un terreno de naturaleza calcárea, algunos pobres árboles que quieren esforzarse inútilmente por dar las gracias a su cuidadoso dueño, prestándole la escasa sombra de sus mustias hojas.

Un muelle que se prolonga a pesar del fondo, convida al cansado viajero a echar pie a tierra e introducirse en la población que está pronta a recibirlo con aquella franqueza que caracteriza a los hijos de las Canarias.

En medio de los abrazos de nuestros amigos saltamos nosotros, más deseosos de descanso que de simpáticas demostraciones. Así que nuestro primer cuidado fue atravesar el muelle y la espaciosa plaza de la Constitución, sin parar mientes en el triunfo que se levanta al naciente, trofeo de blanco mármol que recuerda la rendición de la isla de Tenerife y sus cuatro Menceyes al valor de las armas españolas.

Nos dirigimos a la Fonda del Inglés, en la calle San Francisco nº 11, y mientras nos preparaban el almuerzo, los siete amigos charlábamos amistosamente recordando los últimos instantes de nuestra partida de Gran Canaria y proyectando motivos de distracción para alejar la monotonía que siempre lleva consigo un viaje por mar, aún cuando sea breve. Cuando nos llamaron a almorzar, ya lo deseábamos, nuestros pobres estómagos estaban tan escuálidos del viaje que, apenas el sirviente se retiró, nos dirigimos atropelladamente al comedor. Nos levantamos satisfechos del menú que nos sirvieron: un plato de huevos, pescado, carne, fruta, todo regado con un buen vino de la tierra y un buen café.

Apenas habíamos concluido de almorzar le pregunté a mis compañeros que adónde íbamos a ir, pues ustedes no pensarán pasar mano sobre mano estas cuantas horas que nos quedan para embarcar. No, no, contestaron unánimemente, yo voy a comprar baratijas, yo a hacer dos visitas, y yo a ver a los amigos. Pues señores, los que no tengan nada que hacer que me acompañen al Casino; así es que, mis tres amigos y yo, atravesamos la plaza, doblamos la esquina de la Marina, y entramos en la ilustre Sociedad tinerfeña”.

Saludos, gente, desde este lado del ordenador

Un año de literatura en Canarias

Martes, Diciembre 31st, 2019

Ha pasado ya un año y parece que fue ayer. Literariamente esa es la impresión ya que pese a la crisis se ha seguido publicando en las islas, se celebran festivales asociados a la literatura y las escritoras y escritores nacidos o residentes en Canarias siguen escribiendo y dando su obra a conocer.

Este año ha sido también un año triste. Nada más empezar, falleció el artista y escritor Alfonso Delgado, más tarde el también escritor Antonio Lozano y la directora de la Sociedad Científica del Museo Canario, Angélica Castellano Suárez.

El escultor Martín Chirino nos dijo adiós y el escritor y poeta José Carlos Cataño, quien había publicado este mismo año y en Pre-Textos su Obra poética (1975-2007).

Nos dejaron también los artistas Juan Pedro Ayala y Enrique Cichosz Heuschkel.

Año de elecciones y cambios de gobierno, Juan Márquez estrenó responsabilidad como viceconsejero de Cultura y del Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias así como Rubén Pérez Castellano y María Antonia Perera Betancor estrenaron cargos como directores generales de Cultura y Patrimonio Cultural, respectivamente.

En 2019 se conmemoró el centenario del nacimiento del artista lanzaroteño César Manrique y el 100 aniversario de la muerte del escritor Agustín Espinosa, quien también fue protagonista del Día de las Letras Canarias.

Para rescatar su legado, se publicaron sus obras completas en la editorial Insoladas en una edición a cargo del profesor José Miguel Pérez Corrales. Del mismo autor, Siruela publicó Crimen con un estudio introductorio de Alexis Ravelo e Itineraria Lancelot 28º-7º. Guía Integral de una isla atlántica, con prólogo de Roberto García de Mesa y Pepe Betancort.

Roberto García de Mesa fue el responsable, además, de una edición crítica de Facción española surrealista de Tenerife (Ediciones Idea), de Domingo Pérez Minik y Azulia rescató el discurso que impartió Domingo Pérez Minik en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Laguna en 1968 con el título de La condición humana del insular, un librito de necesaria lectura no solo para los habitantes de las ínsulas sino también de los continentales, esos que no saben lo que es vivir (a)isla(dos) de verdad.

En recuerdo al mismo grupo en el que formó parte Agustín Espinosa y Pérez Minik, Santa Cruz de Tenerife inauguró una plaza con el nombre del poeta Domingo López Torres en Los Gladiolos gracias a una iniciativa de la concejal de Sí se puede, Yaiza Afonso. La Academia Canaria de la Lengua celebró, por otra parte, su veinte aniversario. Entre otros actos, publicó Palabras nuestras, en el que varios especialistas reflexionan en torno a una palabra canaria y la Dirección General de Patrimonio publicó en cinco tomos las obras canarias del historiador Elías i Serra Rafols.

En cuanto a festivales literarios se celebraron unos cuantos. La Feria del Libro, la segunda edición del Festival Hispanoamericano de Escritores en Los Llanos de Aridane; Periplo, Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras, en Puerto de la Cruz y Tenerife Noir en la capital tinerfeña.

Entre los poetas y escritores que recibieron premios literarios este año que termina estuvieron, entre otros, Juan Jesús Hernández López, que resultó ganador del premio de poesía Pedro García Cabrera por Un taxidermista entre jirafas; Coriolano González Montañez, premio Julio Tovar por Mapa de la nieve y mención especial Juan José Alcolea Jiménez por Y el cielo sabe a cal.

Pedro Flores recibió el Flor de Jara de poesía, premio convocado por la Diputación Provincial de Cáceres e Iván Cabrera Cartaya el premio de relato corto Isaac de Vega por Vigilia en Velora. Cabrera Cartaya reunió también en un solo volumen Westhaven Bay & La montaña amarilla (Ediciones La Palma) y Alicia Ramos obtuvo el premio de novela Benito Pérez Armas por El último vándalo (que yo sepa). Otro de los premiados fue el escritor y poeta Benito Romero, ganador del II Premio de Aforismos Isla de Siltolá por Desajustes mientras que Alejandro Coello con la obra de teatro ¿Y qué esperabas? y Daniel Bernal con el poemario Meditaciones del pez austral fueron los ganadores del concurso Nuevas Escrituras Canarias 2019.

Una noticia feliz fue que Ediciones La Palma celebró su 30 aniversario pero triste el anuncio del cierre de la librería La isla y de Canary Books en la calle de Porlier, en la capital tinerfeña. Pero no todo fueron cierres porque en la capital tinerfeña abrió la librería Islátika y en La Laguna Solican.

En cuanto a noticias dramáticas, este año fue el año en el que el Ateneo perdió el techo a causa de un incendio. Incendio que se produjo con Claudio Marrero como presidente de la institución y fue el año de la publicación de un libro fundamental El triángulo de las artes. Barcelona-Madrid-Tenerife, de la investigadora Pilar Carreño.

El profesor, poeta, traductor y ensayista Andrés Sánchez Robayna publicó El gran mar (Galaxia Gutenberg) y una reedición en la editorial Sexto piso de El libro, tras la duna.

Mario Domínguez Parra tradujo El horror de una parodia. Tres discursos sobre Amanecer Dorado (La Moderna), escrito por Savas Mijaí. Por otro lado, Ediciones La Palma publicó 20 escritoras canarias del siglo XX, una antología al cuidado de Yasmina Romero Morales y Alba Sabina Pérez y la escritora y poetisa tinerfeña Elena Villamandos publicó Egipto (Escritura entre las nubes) y Pedro Javier Castañeda García el poemario Ebria luz insepulta (Círculo rojo).

Otras publicaciones fueron Canarias y la atlanticidad, un libro de Juan-Manuel García Ramos publicado por Félix Hormiga el año pasado en el servicio de publicaciones del Cabildo de Lanzarote y en el que se recoge la última versión de este enunciado conceptual: Canarias y la atlanticidad junto a dos textos críticos que firman el catedrático de Lengua Española de la Universidad de La Laguna, Ramón Trujillo Carreño y el que fuera profesor titular de Literatura Española en el mismo centro universitario, Juan José Delgado.

Editado por Los 80 pasan factura, el escritor camuflado en el pseudónimo Cuarto Gato presentó Nuestros 80. Cuando las bandas urbanas morábamos las calles de Santa Cruz mientras que María José Alemán Bastarrica dio a conocer un nuevo poemario Nada de lo que puedo ofrecer me pertenece.

José L. González-Ruano publicó este año un singular libro de viajes: El archipiélago nómada. Un viaje libre y salvaje por las islas Canarias y en el género policíaco con acento canario aparecieron Secuestro en Hong Kong (La oveja negra), de Dulce Xerach Pérez; El desfile de los malditos (Alrevés), la última novela del escritor Antonio Lozano, fallecido este mismo año, y que protagoniza su detective privado José García Gago; La ceguera del cangrejo (Siruela), de Alexis Ravelo, autor del que Alrevés reeditó este año también Solo los muertos y Los tipos duros no leen poesía, correspondientes a la saga de Eladio Monroy mientras que José Correa publicaba en Alba una nueva entrega de la serie que protagoniza Ricardo Blanco, La noche en que se odiaron dos colores y Escena de terraza con suicida en Ediciones La Palma, aunque esta última no tiene nada que ver con lo negro y criminal.

Mariano Gambín reunió una vez más al equipo de sus novelas anteriores en Las cenizas del cielo (Oristán y Gociano) y Javier Hernández Velázquez presentó en M.A.R. Editor Baraka, por la que obtuvo el Premio de Novela Histórica Alejandro Dumas.

Ángel Marrero Delgado volvió a explorar el submundo lovecraftiano en Kaxalum. El secreto de la ciudad maldita (Círculo rojo); Víctor Conde se adentró en Lívidos (Dolmen) en una aventura de terror y Gregorio Duque propuso una aguda reflexión sobre la capital tinerfeña y vivir en islas en Todo bien, publicada en Círculo rojo.

Se presentó El ángulo de la bruma (Diputación A Coruña), por la que Fátima Martín se hizo ex-aqueo con el Premio de Novela Torrente Ballester 2017 y Yauci Fernández apostó por la reflexión irónica en Crónicas de un escritor mindundi (Ediciones Singularidad). Jonathan Allen, en Idea, fue el autor de la novela A los que leen.

Por otro lado, Ignacio Reyes García fue el autor de Canarias en el ideario comunista (1931-1936) (Le Canarien, 2019); Enrique Carrasco de 1519: Profesiones y oficios en tiempos de Magallanes (SoloCanarias) y en el territorio de los cuentos destacó la publicación de Diecisiete relatos sobre la decepción y otros tantos sencillamente decepcionantes (Baile de Sol) de Naira Marco. En la misma editorial aparecieron las novelas La vida en silencio, de Ana García-Ramos del Castillo, La prestamista, de María del Mar Rodríguez y Un verano en Atémpora, de Víctor Marrero.

María Candelaria Pérez Galván presentó en Idea/Aguere Felisa en su mudanza Entre la revolución y la utopía. Los anarquistas españoles ante Cuba y Venezuela (1958-1961).

David Suárez firmó un libro de divulgación, Rosacruces, historia y personajes (Almuzara) y el periodista José Naranjo El río que desafía al desierto (Almuzara). La periodista Irma Cervino recopiló algunas de sus columnas periodísticas en El edificio de la esquina (Idea).

Este año fue un buen año en cuanto a producción literaria para Nicolás Melini ya que además de publicar el ensayo Transcripción. ¿Qué está pasando con el feminismo? Dilema entre el feminismo dogmático y el feminismo predogmático (y otras cuestiones culturales), en la editorial digital ATTK Editores; presentó en Ediciones La Palma Aunque no sea el blanco mi color favorito y en la Editorial Nazarí El estupor de los atlantes.

Otros libros fueron Pedro García Cabrera. Suma crítica de Miguel Martinón y Fulgor romántico y Yermo destello, de José Rivero Vivas. Víctor Álamo regresó con una novela El Pacto de las viudas (Siete islas) y se reeditó del mismo autor Terramores (Idea). Santiago Gil nos contó El Gran amor de Galdós (Ediciones La Palma) y Jorge Fonte presentó la colección de relatos Un día con Milena Velba y más relatos solo para adultos.

En poesía Francisco León publicó Tiempo entero (Poesía reunida) (Idea) y el libro de cuentos Reptil con piel de jade (Ediciones Franz) y Rafael-José Díaz Umbrales donde apenas llega la luz (antología poética, 1991-2018) (El Taller Blanco Ediciones) y el libro de ensayos Al borde del abismo y más allá. Gustave Roud, Anne Perrier, Philippe Jaccottet (Editorial Mercurio).

El oro de Serendip (Editorial La vocal de Lis) fue un volumen de relatos de Teresa Iturriaga Osa y el periodista Benjamín Reyes escribió sobre el Camposanto de San Juan (1814-1983). Historia de la ciudad de La Laguna a través de su primer cementerio. Ediciones Idea/Aguere presentó el Diccionario Vietnamita-Español de Thuy Huong Mguyen Plam y Juan Carlos de Sancho Elogio de lo invisible (Mercurio Editorial, 2019) y Andrés M. de Souza Iglesias Los Nava-Grimón. Referentes de la Ilustración en Canarias. Origen y descendencia (Cultania Libros).

Otras novelas que se publicaron fueron El finlandés errante, de Carmen del Puerto; El águila de San Juan (Ediciones Idea/Aguere), de Francisco Estupiñán; Hijos del tremor (Ediciones Oblicuas), de Tomás Felipe y Kronos (Idea) de Félix Díaz González, estas dos últimas de marcado acento fantástico y de ciencia ficción.

Se presentaron el tomo 4º y 5º de Amaro Pargo. Documentos de una vida con los títulos de El hijo cubano y San Amaro bendito (Idea), que incluye estudios de Daniel García Pulido, Cristina Genovés Obón y Manuel de Paz Sánchez y publicado por el Gobierno de Canarias La casa del tesoro. Documentos sobre Amaro Rodríguez Felipe (1678-1747).

Del cielo al infierno. Miguel Cabral de Noroña. Vida y obra de un eclesiástico filomasón (Idea) fue un libro del historiador Manuel Hernández, quien también publicó Al margen de la Corona. La emigración del clero regular canario a América en la Edad Moderna (Ediciones Idea).

Y publicados entre noviembre y diciembre de 2019 Historia de Mr. Sabas, domador de leones (Pre-Textos), Anelio Rodríguez Concepción y Non corris peorum est, de Jaime Centurión.

El periodista y escritor Juan Cruz presentó En la huerta de pulsera (Diego Pun Ediciones), un libro que incluye ilustraciones de Tamara de Laval y Oliver Arenas Cruz así como el relato César de arena y sal (Le Canarien Ediciones) que está basado en las conversaciones que mantuvo con César Manrique acerca de su niñez y que el artista le “contó a su manera”. Por último, Alberto Vázquez Figueroa regresó con Los bisontes de Altamira y Años de fuego, las dos publicadas en la editorial Colima.

Somos conscientes que se dejan títulos y autores en el tintero pero este repaso quiere pese a todo ilustrar que, literariamente, las cosas van relativamente bien en este archipiélago atlántico.

¿POR QUÉ ESTOS TÍTULOS?

Terramores (Idea), Víctor Álamo de la Rosa.- Porque pese a que este año publicó una novedad, El pacto de las viudas, Terramores sigue siendo una notable novela para conocer las fortalezas y debilidades de la isla de El Hierro tras el estallido de la Guerra Civil.

El águila de San Juan (Ediciones Idea/Aguere), Francisco Estupiñán.- Porque es una entretenida novela de espías que se desarrolla entre Tenerife y Gran Canaria durante la Guerra Civil y la postguerra insistiendo en la importancia estratégica del archipiélago durante la II Guerra Mundial.

La ceguera del cangrejo (Siruela), Alexis Ravelo.- Porque además de oportuna, este año se celebra el centenario del nacimiento de César Manrique, mezcla muy bien una trama detectivesca con la vida y obra del artista lanzaroteño.

Bajo el sol de los muertos (Pre-Textos), Roberto A. Cabrera.- Porque es una novela compleja, asusta su generoso número de páginas, que convence gracias a una absorbente capacidad descriptiva para mostrar el paisaje interior y exterior que rodea al personaje.

Escena de terraza con suicida (Ediciones La Palma), José Luis Correa.- Porque es una novela que sale del ciclo Ricardo Blanco, protagonista de La noche en que se odiaron dos colores, y pone de manifiesto la capacidad de observación del escritor.

El gran amor de Galdós (Ediciones La Palma), Santiago Gil.- Porque el escritor asume el riesgo de contar un episodio poco conocido en la vida de Galdós, su adolescencia en la capital de grancanaria y el encuentro con la prima Sisita.

Felisa en su mudanza (Ediciones Aguere/Idea), María Candelaria Pérez Galván.- Porque se trata de una novela realista en la que sus dos protagonistas se trasladan a Santa Cruz de Tenerife en busca de una vida mejor.

La vida en silencio (Baile del sol), Ana García-Ramos del Castillo.- Porque la autora se mueve muy bien en la novela de época, recuperando la memoria familiar para hacer literatura con ella.

Historia de Mr. Sabas, domador de leones y admirable familia del circo Toti (Pre-Textos), Anelio Rodríguez Concepción.- porque se trata de un libro intenso y conmovedor en el que el autor propone una novelada no ficción sobre un hecho que dejó huella en La Palma de 1935 y que deja huella también en el lector.

Baraka (M.A.R. Editor), Javier Hernández.- Porque es una novela con riesgo, una apuesta que se aparta del sendero literario del autor. Ambientada en la guerra de Marruecos, se trata del título más místico en la producción de este escritor tinerfeño.

El estupor de los atlantes (Editorial Nazarí), Nicolás Melini.- Porque se trata de una novela compleja, que necesita de varias relecturas para exprimir todo el jugo posible a un libro que apenas llega al centenar de páginas.

Las cenizas del cielo (Oristán y Gociano), Mariano Gambín.- Porque el escritor no engaña y propone en esta novela misterios aderezados con algún momento fantástico, entretiene.



Nuestros 80’s. Cuando las bandas urbanas morábamos las calles de Santa Cruz
(Los ochenta pasan factura), El cuarto gato.- Porque se trata de un libro que recoge varias historias, casi novelas cortas, sobre una capital de provincias que también tuvo su movida y tribus urbanas. Muy interesante, sobre todo para los que vivieron aquellos años.



Todo bien
(Círculo rojo), Gregorio Duque.- Porque se trata de un ácido y feroz retrato de Santa Cruz de Tenerife- Humor del que quema y hace pensar.

El desfile de los malditos (Alrevés), Antonio Lozano.- Porque recupera a un personaje, José García Gago, que ah hecho historia en la novela negra española.

Diecisiete relatos sobre la decepción (Baile del sol), Naira Marco.- Porque se trata de una arrolladora recopilación de historias que no deja indiferente.

El archipiélago nómada. Un viaje libre y salvaje por las islas Canarias (Azulia), José L. González-Ruano.- Porque revela una Canarias que muchos desconocen pero que conserva su exótica belleza.

Saludos, hermanas y hermanos, desde este lado del ordenador

Pedro Javier Castañeda presenta Ebria luz insepulta

Jueves, Diciembre 26th, 2019

Ebria luz insepulta es un libro publicado por Círculo Rojo en el que el Pedro Javier Castañeda García rúne 56 poemas con la luz como eje metafórico central y sus diversas manifestaciones. Esa luz que cambia, se transforma, pero no desaparece nunca por su
naturaleza resiliente. El poemario se abre y se cierra con dos invocaciones a las deidades clásicas del día y de la noche: Helios como dios del sol y Selene, de la luna.

El libro está estrucurado en tres partes, Litoral cuántico, Tierras prólogo y Orillas cadena y aborda entre otros temas la edad y el paso del tiempo (Festina lente, Bisagras sin piedad).

Las bellas artes es uno de los campos donde la luz juega un papel central, con varios poemas aquí dedicados a distintos pintores y arquitectos como Artemisia Gentileschi, Edvard Munch, Antoni Gaudí.

También al escultor Jean-Baptiste Carpeaux, y al legendario Nuno Gonçalves que pintó los paneles de Sâo Vicente de Fora, donde retrató juntos en “frutero comunal” a una sociedad tan estamentaria como la de aquel momento. El libro cuenta tambiém con dedicatorias a ciudades como Gijón, Oporto y Madrid con su Paseo del Prado. Temática que el autor ya trató monográficamente en su libro CardioRazones urbanas (2013).

También el mundo espiritual aparece reflejado en dos hitos de la cultura universal de Galicia, la masificada plaza del Obradoiro, y una personalidad valiente que dejó su huella indeleble, desde la provincia de Ourense: Rudesindus de Celanova o San Rosendo.

Algo de aventura espiritual y valentía de auto-superación tiene otro de los homenajeados con el poema Agua en flor, el explorador y científico noruego Thor Heyerdhal que en el siglo pasado cruzó en una balsa el Océano Pacífico y después el Atlántico, para demostrar que el mar también puede unir a los pueblos.

Ebria luz insepulta (2019) es el sexto libro de poemas que publica Pedro Javier Castañeda García (El Paso, Canarias, 1960), tras Las orillas del verbo (Baile del Sol, 2001); En cardinal (Huerga & Fierro, 2005); CardioRazones urbanas (La Página, 2013); Suturas en alba fénix (La Página, 2016) y Zaguán con cielo. Antología poética (Vitruvio, 2018).

Saludos, comienza la cuenta atrás, desde este lado del ordenador

Juan Carlos Chirinos: “La literatura funciona como un espejo de la realidad”

Martes, Diciembre 24th, 2019

A uno se le va el tiempo conversando con Juan Carlos Chirinos (Valera, Trujillo, 1967), un escritor venezolano que presenta estos días Los cielos de curumo (La Huerta Grande, 2019), una novela protagonizada por cinco mujeres que se mueven en la Caracas de hoy día.

Juan Carlos Chirinos ha tanteado casi todos los géneros literarios aunque ha fijado residencia en la narrativa, donde presta atención a la palabra porque “es mi herramienta de trabajo”. La presente conversación tuvo lugar en Los Llanos de Aridane en uno de los raros momentos de descanso del Festival Hispanoamericano de Escritores, un encuentro que tras dos ediciones ya calienta motores para una tercera que se desarrollará en septiembre de 2020.

Juan Carlos Chirinos es autor, entre otros libros, del ensayo Venezuela, biografía de un suicidio y Alejandro Magno, el vivo anhelo de conocer y Miranda, el nómada sentimental.

- Los cielos de curumo, ¿qué es curumo?

“Curumo es una palabra indígena caribe para designar lo que en Venezuela es zamuro y en Colombia y Perú gallinazo. La novela ocurre en Caracas y como es tan frondosa –se encuentra en la falda del valle de Cerro El Ávila– hay muchos de ellos volando porque en tierra siempre localizan animales muertos. Sueles verlos en Caracas y ahora, me cuentan, hay muchos más por la situación que atraviesa el país”.

- ¿Curumo es una metáfora?

“La metáfora de una ciudad. Uno de los temas que me gusta tratar en las novelas es el mal en las ciudades y cómo lo reflejan o perciben primero los animales. Utilizo mucho en las novelas la figura del animal. Hay perros, gatos, leones y ahora curumo para representar el mal que anida en las ciudades y el que se va gestando. Por eso la metáfora del zamuro que sobrevuela una ciudad que está en descomposición”.

- ¿Es una novela coral?

“Desde el punto de la voz no, porque es una voz en primera persona. Está protagonizada por cinco mujeres que se mueven por Caracas y convergen en un apartamento. Se cuenta la vida de cada una de ellas y la situación de Venezuela. Es un libro en el que estuve trabajando veinte años y a medida que iban sucediendo cosas en el país, las introducía. No es una novela histórica ni realista sino una novela metafórica, voy a aceptar la palabra metafórica”.

- ¿Y por qué cinco mujeres?

“Mi intención, el reto, era escribir desde la voz de una mujer. Y son cinco en esta novela. Durante todos estos años una de las investigaciones para escribir el libro fue preguntarle a todas las mujeres que me rodeaban cosas con el fin de observar si la voz de mis personajes coincidía con la de una mujer aunque mi idea no era escribir como una mujer sino que los personajes resultaran verosímiles”.

- ¿Cree que la mujer tiene una percepción distinta de la realidad?

“No, no lo creo. Hay dos opciones o percibimos igual o percibimos a nuestra manera. No son opciones grupales. Si me decanto por alguna opción es porque creo que el ser humano tiene su propia percepción. Como decía Ortega: yo soy yo y mis circunstancias”.

- Pero ¿hubo algo que le sorprendió de la mujer en sus investigaciones para escribir la novela?

“Me sorprendió que no sabía, pero no de las mujeres sino de los seres humanos. Me di cuenta o tuve la impresión que los sentidos son muy fundamentales pero no nos damos cuenta. La percepción táctil, olfativa, visual… son las formas que tenemos para hacernos una idea del mundo. En la novela hay un personaje, Paula, que es una especie de chamana, de persona que ve el futuro, que sueña que es una neardental y se da cuenta que los cinco sentidos de un neardental son distintos a los nuestros, a los de los seres humanos”.

-Comentaba que lleva trabajando veinte años en esta novela.

“La primera versión tuvo unas quinientas páginas pero hasta que se publicó en 2019 estuve trabajando en ella, depurándola hasta quedarse en unas 180 páginas”.

- Es autor también del ensayo Venezuela, Biografía de un suicidio (La Huerta Grande, 2017)

“El libro es lo contrario pero lo mismo que la novela. En 2016 la editorial me pidió que escribiera un ensayo sobre Venezuela en el que explicara al lector qué es Venezuela y por qué está como está. Pensé que no podía escribirlo pero planteé un proyecto que le gustó mucho a la editorial. Llevo veinte años viviendo en España pero también llevo veinte años escribiendo sobre Venezuela. Un ensayo que publiqué en la Revista de occidente sobre la muerte de Hugo Chávez y el caudillismo eterno expandió el libro y me di cuenta que, antes de explicarle a alguien qué es Venezuela, necesitaba hacerlo para mi mismo. Y opté por la vía de Montaigne, de reflexión sobre mi propia realidad y como no soy historiador ni político me limité a la literatura y recurrí a la literatura venezolana para explicar cosas que ocurren en el país porque, obviamente, la literatura venezolana es un reflejo como toda la literatura es un espejo de la realidad. Pese al título no se trata de un ensayo pesimista y pretende ser lo más objetivo posible. Tenemos que reconocer que en 1998 usamos las urnas electorales como una guillotina al entregarle el poder a un loco, a un psicópata megalómano y mediocre que destruyó Venezuela”.

-¿Y Maduro?

“Maduro es el epígono de Hugo Chávez aunque la gente diga lo contrario. Maduro es Chávez solo que sin dinero. A Maduro le han tocado las vacas flacas pero es igual de mediocre que Chávez”.

-Lleva veinte años viviendo fuera de Venezuela, ¿se refleja en su literatura?

“Sobre todo desde el punto de vista lingüístico. En la antología Pasaje de ida se pidió a quince escritores que escribieran sobre su experiencia como emigrantes y yo escribí un texto, Irse, volver y regresar, en el que cuento cómo al venir a España desde Venezuela el primer choque cultural fue lingüístico porque aquí todas las cosas se llamaban de otra manera”.

-¿Y cómo se ve Venezuela desde la distancia?

“Obviamente los que vivimos fuera tenemos una visión mediatizada por la vida que llevamos. No percibimos el grado de necesidad y drama que hay en Venezuela. Un país donde ahora mismo una bolsa de papel usada es un tesoro. Hasta ese punto han llegado las cosas. Son muchos inconvenientes que sumados se convierten en una desgracia. Hablo con amigos y la familia, unos optimistas y otros pesimistas, pero todos están hartos de estar como están. En Venezuela pueden ocurrir varias cosas, o estar sesenta años como Cuba, en la miseria absoluta con una élite que domina y vive como si estuviera en el primer mundo y el resto en la miseria o entra un ejército que pone fin a la situación para seguir con lo mismo o lo que sea. Pienso que participar en una marcha contra el gobierno de Maduro es un acto ciudadano que tiene sentido en una democracia donde los políticos responden a la tensión de una huelga pero en Venezuela salir en una marcha es arriesgar la vida. A que te peguen un tiro. No valen los escudos de cartón, es un gesto bonito y heroico pero no resuelve el problema. El gobierno no se va acabar y las marchas ciudadanas se olvidarán”.

- Es autor de la biografía Francisco de Miranda, el nómada sentimental. Tengo la sensación que es un personaje que no ha trascendido como debiera.

“Francisco de Miranda ha pasado a la Historia con la altura que merece, lo que ocurre es que la gente ha dejado de estudiar Historia. Miranda se vio ensombrecido por Simón Bolívar, el Bolívar mediático no el histórico, ya que en este caso están a la par. Desde el punto de vista de la difusión Miranda no es conocido como tantos otros aunque en Venezuela es un personaje capital como lo fueron en mi infancia Bolívar, Andrés Bello… La historiografía posterior a Miranda se ha empeñado en construir una dicotomía entre él y Bolívar, lo que es una mentira porque primero, cuando Bolívar nace Miranda tiene ya 33 años, le lleva tres décadas de diferencia, por lo que pertenece a otra generación. Miranda creó además una obra ideológica muy importante como es la idea de la Gran Colombia que más tarde toma Bolívar pero no porque se la robe sino porque le pareció buena. Desde el punto de vista militar, Miranda no tuvo mucho éxito aunque participó en tres revoluciones: norteamericana, francesa y venezolana. Es el único hispanoamericano cuyo nombre aparece en el Arco del Triunfo, en París, y que se salvó dos veces de morir en la guillotina durante el Terror. Y en una de ellas se defendió solo. Conoció a Catalina la grande, a Pitt, a Napoleón… Su capacidad de “mentir” lo hizo una persona muy brillante”.

-¿Bolívar lo traicionó?

“La noche en que los mantuanos, la clase social a la que pertenecía Bolívar, lo traiciona, el realista Monteverde les había prometido que no les expropiaría sus haciendas ni los ejecutaría a cambio de entregar a Francisco de Miranda. En el momento de su detención Miranda dice este país es puro bochinche. Miranda llevaba 45 años fuera de Venezuela y cuando regresó nadie lo entendió. Se cuenta que cuando cae la primera república y él exclama Venezuela está herida en el corazón lo dice en francés. Bolívar era más cercano a los soldados”.

- ¿Y cómo se toma usted la escritura?

“Soy escritor, un obrero que responde cuándo le plantean que tumbe una pared. Mi trabajo es escribir, aunque no escribo poesía porque le tengo mucho respeto. Por otro lado, tampoco le hago asco a los géneros porque me gusta la novela policial, y he escrito una, Gemelas; y me gusta la novela gótica, y he escrito una, Nochebosque, pero como soy venezolano esperan que escriba sobre dictadores cuando tengo el derecho de escoger los temas sobre los que quiero escribir”.

-¿Por eso se hizo escritor?

“Parece pretencioso pero doy fe que ocurrió: a la edad de siete años supe que quería ser escritor. Me pasé un mes en cama enfermo de hepatitis. Mi madre me llevó un libro para que me entretuviera y el libro era Platero y yo, que leíamos en clase. Tardé mucho en leerlo, con aquella edad, pero cuando lo terminé fui a la habitación de mis padres para decirles cuando sea mayor voy a ser literato. Recuerdo la carcajada de mi padre. La vida siguió y ahora me doy cuenta que tenía una conciencia inconsciente que iba a ser escritor”.

– ¿Ha vuelto a leer Platero y yo?

“Platero y yo es una novela de referencia pero no la he vuelto a leer y no creo que lo haga hasta que tenga 80 años”.

- ¿Por qué?

“Porque si la leo ahora me va a parecer muy ñoña. Son libros que están escritos para leerlos o muy joven o muy viejo. Entran en el territorio de la sabiduría no del conocimiento”.

- ¿Y que otros libros lo marcaron?

“Hay dos textos que leía mucho cuando era niño. Uno es un relato de Ana María Matute que se llama Caballito loco y el otro es una nouvelle infantil satírica de William Thackeray, La rosa y el anillo. Otros libros que me impactaron fueron Cien años de soledad, que me cambió la vida; Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, y los cuentos de Guillermo Meneses. Cuando escribía poesía mi referente era José Luis Perales y lo sigue siendo. Soy un devoto de José Luis Perales… Otro narrador es el venezolano Julio Garmendia, uno de los fundadores de lo fantástico en América pero mi maestro, maestro al que conocí en la Universidad, es José Balza. Balza es mi padre literario y el autor de una novela que me marcó mucho, Percusiones, que está escrita para el futuro.
Una de las penúltimas cosas que me han marcado es La montaña mágica y La marcha Radetzky, de Thomas Mann y Josep Roth. La cincuenta últimas páginas de La montaña mágica son como el final de una sinfonía de Beethoven”.

- ¿La poesía no le ha marcado?

“La poesía me ha marcado mucho también”.

- ¿A que da prioridad en su literatura?

“A la palabra ya que lo más importante para un escritor es cómo lo va a decir. Y es necesario leer mucha poesía para afinar el oído, oído musical, rítmico que solo lo da la poesía. Hay narradores con mucha imaginación pero tienen un zapato en el oído. Los grandes poetas son los que te dan el ritmo y en ese sentido la prosa de Gallegos es como una canción”.

-¿Y la de Borges?

“Borges es el latinoamericano puro. Un latinoamericano se caracteriza por su enciclopedismo. Emile Cioran dijo que entendía a Borges porque todos los que vivimos en la periferia nos morimos por saber cosas. Si hay algo que nos hermana es esa avidez por lo cosmopolita. Por eso Borges es más latinoamericano que Arguedas, porque quiere ser inglés, y eso es lo típico del lationomericano, que quiere ser de otro sitio”.

- ¿No de España?

“No, eso no se le puede endilgar a Borges porque tiene un conocimiento de los hispánico enorme”.

-Pero parece que ese rechazo a España se extiende por América.

“No en mi experiencia. El discurso de Chávez fue muy oportunista e ignoro cómo perciben este asunto los mejicanos, que hay que recordar que llaman a los españoles gachupines y los argentinos, gallegos. Por el contrario, cuando uno en Venezuela llama a alguien gallego es porque es gallego, o vasco, asturiano o canario. Las realidades son distintas según cada país y una de las características de Venezuela es la puerilidad, recibieron durante cincuenta años inmigrantes y a todos se les aceptó igual”.

MADRID, INICIOS DEL SIGLO XX

Juan Carlos Chirinos se encuentra trabajando en una novela histórica que transcurre a inicios del siglo XX. Los protagonistas son dos venezolanos que existieron realmente. Uno de ellos es Rufino Blanco Fombona, y se desarrolla en la época en la que residió en Madrid con lo que hace un guiño “a lo mismo que me ha pasado a mi, vivir en Madrid como venezolano”. En cuanto al otro personaje… Hay una canción muy famosa en Venezuela que es Alma llanera y su autor Rafael Bolívar Coronado, que muere de gripe en Barcelona a los 40 años. “Blanco Fombona lo conoció y tras fundar la editorial América, una de las más importantes del Madrid de su tiempo, le encargó a Bolívar que fuera a la Biblioteca Nacional en busca de manuscritos de Indias pero Bolívar Coronado en vez de ir a la Biblioteca se puso a escribir él mismo las crónicas que son de su invención y que publicó Fombona sin saberlo.

ESCRITORES VENEZOLANOS

La pregunta es un reto porque se olvidan unos por otros pero Juan Carlos Chirinos recoge el guante y participa en lo que solo pretende ser un juego citando a varios escritores y poetas, algunos de su generación cuándo se le pregunta escritores venezolanos para iniciarse en sus literaturas. Juan Carlos Méndez Guédez, “mi hermano”, subraya; y Rasgos comunes, una antología de poesía venezolana que publicó Pre-Textos este año. Entre los narradores cita a José Balza, “mi maestro, mi padre literario”, Ednodio Quintero y de su generación a Slvko Zzupcic, “¡qué nombre tan venezolano!”, y Lena Yau. Finaliza insistiendo en recomendar Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, un libro que “hay que leer todos los días”, recomienda Juan Carlos Chirinos.


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Juancho García

Saludos, esta noche es noche…, desde este lado del ordenadorLo

Un verano en Atémpora, una novela de Víctor Marrero

Lunes, Diciembre 23rd, 2019

Estaría mal, muy mal, encasillar Un verano en Atémpora en la categoría de novela juvenil porque si bien es cierto que se trata de una novela que puede evocar este tipo de literatura, destinada al parecer solo a un determinado tipo de lectores, lo que narra sorprenderá tanto a jóvenes como a adultos. Lo que cuenta tiene interés para todo tipo de lectores que, con independencia de la edad, están ansiosos por descubrir nuevas apuestas literarias.

No es fácil lo que consigue Víctor Marrero, autor de esta novela. No es fácil meterse en el bolsillo a lectores de todas las edades pero la fórmula que emplea funciona y lo que escribe resulta adictivo. Un verano en Atémpora es una buena novela para abstraerse de la realidad que nos rodea porque invita a viajar por territorio en los que lo improbable puede ser posible.

Su desbordante fantasía es uno de los grandes hallazgos de este libro que bebe de varias fuentes. Para un paladar iniciado hay rastros, huellas indelebles de La princesa prometida, la formidable novela de William Goldman llevada al cine por Bob Reiner, en especial porque la estructura narrativa que escoge para contar la historia: un relato dentro de otro relato. El libro remite también a Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, entre otras novelas dirigidas solo y presuntamente a los más jóvenes y se escribe presuntamente porque estas literaturas cuando están bien escritas no tienen edad.

Un verano en Atémpora comienza con un niño, Leandro, que prefiere que lo llamen Leni. Tiene 12 años y se encuentra con un anciano que le cuenta una historia que abre –literariamente– la caja de Pandora de su imaginación y la del relato.

La obra está escrita con un lenguaje sencillo, directo, que va al grano. Prima la acción y los sentimientos que motivan a su amplia galería de personajes además del niño y el anciano.

La novela transporta al lector a otros universos, a ese tiempo y espacio en el que acontecen otras cosas que no acontecen en la vida tal y como la conocemos. La vida real. O supuestamente real en la que vivimos.

En el libro ese territorio suspendido en tierra de nada y de nadie, el tiempo fluye de otra manera por lo que, además de ofrecer entretenimiento, es un divertimento que eleva un edificio literario en el que se mueve cabeza y corazón a partes iguales.

Esto hace confiar en que los próximos trabajos literarios del escritor –Un viaje a Atémpora es su primer libro publicado– continúen un camino que, de una u otra manera, deja abiertos con esta novela. Una novela donde crea otro universo, universo que funciona con sus propias reglas, reglas que marcan unas fronteras invisibles que, gracias a su destreza narrativa, hace creíbles aunque sean increíbles.

Como en todo buen relato fantástico lo real y lo establecido desaparecen para dar paso a un mundo donde lo improbable es probable y la realidad más que un sueño una realidad que mejor dejarla fuera o a la vuelta de la esquina.

En este aspecto, se agradece que una novela que, se reitera, no está dirigido a un lector específico, invite a cruzar el umbral para penetrar en una fantasía al modo en el que también lo hizo en su día C.S. Lewis con Las crónicas de Narnia. Cabe destacar así que C.S. Lewis fue otro de esos escritores adultos que escribió libros para lectores de todas las edades.

La historia de Un verano en Atémpora se toma muy en serio aunque también permea en el libro un agradecido sentido del humor que suma más que resta en un relato llamado a tener mayor recorrido. Mayor recorrido por lo que significa de apuesta narrativa, de riesgo. Ofrece lo que promete, un generoso caudal imaginativo que hace que valga la pena sumergirse en sus páginas, en disfrutar de una obra que no tiene otra pretensión que dar lo que promete: evasión, agradable entretenimiento.

Saludos, aquí permanecemos, desde este lado del ordenador

Memorias de un pornógrafo tímido, una novela de Kenneth Patchen

Jueves, Diciembre 19th, 2019

Fue un poeta y escritor que influyó para que asaltaran las carreteras de Norteamérica los que formaron la generación beat pero sigue siendo un desconocido para la mayoría de los aficionados a leer sobre aquel movimiento que escribió y jugó con las drogas y el alcohol a ritmo de be-bop.

Si algún problema tiene Kenneth Patchen es que no pertenece a ningún grupo ni a ninguna tribu. Es un escritor y poeta que se mueve solo, que anda un poco solo dando tumbos en el patio trasero de la literatura norteamericana. Ha llegado, además, en dosis muy controladas al español, idioma en el que afortunadamente se tradujo hace ya casi un millón de años, 1981, la novela Memorias de un pornógrafo timido.

La edición que está en mis manos la publicò Star Books, y la traducción es de Antonio Promteo Moya. Star Books para quienes no lo sepan fue una colección de libros que la revista contracultural Star comenzó a editar en España tras la muerte de Francisco Franco, y en sus páginas se recogía otra forma de decir las cosas fuera como artículo o cómics. Gracias a Star se me rebeló en la noche de los tiempos el talento de un gigante llamado Robert Crumb, entre otros grandes de la literatura gráfica norteamericana underground.

Memorias de un pornógrafo tímido es una novela que hace reír y en ocasiones soltar la carcajada. Se trata de una sátira con su grano de perversidad y es un retrato demoledor de un país victorioso tras la II Guerra Mundial, ya que se publicó en el año de gracia de 1945.

La novela está poblada de personajes que son grotescos y hace sospechar que tuvo que ser escrita bajo el efecto de estímulos varios. Si no fuera así, bendita la portentosa y sobria imaginación de un escritor que arremete contra todo en un libro que hace elogio del absurdo como forma de aceptarse..

El caso es que si uno se sumerge sin prejuicios flotando en su cabeza en esta obra que contiene su poso de ponzoña, se dará cuenta que fue determinante también para John Kennedy Toole y su La conjura de los necios, solo que Patchen fue reconocido más o menos en vida, sobre todo por su poesía, y no necesitó despedirse trágicamente del mundo porque, quién sabe, igual confió en su literatura. Y si no confió, al menos pudo escribir y sacar algo para continuar tirando, salir adelante.

Memorias de un pornógrafo tímido, ya se dijo, es una sátira teñida de sobresaliente sentido del humor. Un humor que a veces resulta delirante y corrosivo, sobre todo cuando describe el ambiente literario de su momento. Un ambiente, curiosamente, bastante parecido al que se genera en otras latitude en la actualidad. La descripción es la de un mundillo de mindunguis, artesanos bastante topres de la palabra que dedican gran parte de su tiempo a criticar al vecino que a trabajar en lo que tienen que trabajar: su literatura.

Personajes variopintos, pasiones desatadas y crudas con el sexo y una ciudad de rascacielos donde parece que nunca se pone el sol son otros de los elementos que dan cuerpo a un libro que se adelantó a su tiempo y que por esa razón explica que no alcanzara el éxito que se merecía aunque ha terminado por convertirse en una obra de culto, en una de esas novelas que paulatinamente llegan a ocupar un espacio en el universo de trabajos que fueron ignorados en su día por desconocimiento o castigo.

A la espera de que algún iluminado editor publique de nuevo esta gema extraña, rugosa por dentro y por fuera, quizá va siendo hora de sumarse a los hermanos y hermanas que derraman revitalizante entusiasmo libertario.

Anoten el libro y el nombre de su autor:

Memorias de un pornógrafo tímido, Kennet Pactchen.

Saludos, ancho es el mar de los Sargazos, desde este lado del ordenador