Archive for the ‘Libros’ Category

El hombre vacío, una novela de Dan Simmons

Viernes, Julio 26th, 2019

Se ha escrito mucha ficción sobre la telepatía, tanto, que casi se ha convertido en un subgénero de la ciencia ficción con títulos tan notables como El hombre demolido y Mutante, de Alfred Bester y Henry Kuttner, respectivamente.

Lo interesante de El hombre vacío, una novela de Dan Simmons, es que intenta normalizar lo que se supone es una anomalía y al mismo tiempo presentar un don aparentemente extraordinario como una carga que enloquece y desgasta a quienes lo poseen. Y es que no debe ser cómodo que le asalte a uno todos los pensamientos por dispersos que fueran de las personas que se cruzan en la calle, un caos de ideas, reflexiones a los que no se puede bajar el volumen.

El protagonista de esta historia, Jeremy Bremen, es un telépata, también profesor de matemáticas que intenta dar un razonamiento a su facultad. Facultad que también tiene su esposa, víctima de un cáncer.

Dan Simmons, su autor, cuenta con una nutrida obra en sus espaldas. Ha incursionado en la novela de terror metafísico con notables resultados (Los vampiros de la mente), la de aventuras y expediciones polares con tintes tenebristas (El terror) y el policíaco (Fría revancha) con un estilo que es muy Simmons, un escritor que además de contar buenas historias es un hombre culto, leído, muchas de estas lecturas aparecen en bastantes de sus libros y en ocasiones incluso le ha servido para dedicarles bonitos homenajes como pasa con el autor de Oliver Twist en La soledad de Charles Dickens aunque si hay una serie por la que lo elogian sus seguidores, la literatura de género tiene estas cosas, seguir con lealtad el trabajo de un escritor favorito, es Hyperion, una especie de Los Cuentos de Canterbury construido como una space opera, e Ilión, en la que reinterpreta en clave de anticipación La Iliada.

El hombre vacío pertenece a una etapa intermedia de su carrera literaria, y es una novela sobresaliente porque en contra de algunos de los títulos anteriores, esta contiene las páginas suficientes (pocas, si se compara con el resto) para hacerse una idea de lo que quiere contar.

No habla solo El hombre vacío de la telepatía y de lo difícil que es tener un facultad como ésta, sino de las relaciones familiares, el amor, la ausencia, la soledad y el dolor. También de seguir adelante pese a todas las adversidades que se te pongan por delante.

Planteada como una novela de carretera, el protagonista es un hombre desubicado que en su huida por Norteamérica aprende a reconciliarse consigo mismo, narra también el proceso de concienciación que inicia para asumir sus fuerzas y debilidades con el fin de convertirse en un hombre nuevo, una persona capaz de llenar el vacío que lleva dentro.

El libro oscila con inteligente equilibrio entre lo policíaco y lo fantástico. El protagonista recorre medio país escapando de un asesino de la mafia que quiere liquidarlo porque ha sido testigo de uno de sus crímenes; en su recorrido trabaja a las órdenes de una mujer en una granja perdida en el campo. La situación que se produce en este bucólico rincón del mundo es tan tremendamente fantástico que no vale la pena revelarlo con la esperanza de que como lectores lo descubran de motu propio, pero hay más momentos cómo éste diseminados en un relato que captura y evade con trabajada imaginación.

No soy, lo admito, un aficionado a las novelas de Simmons, de hecho, había leído solo un libro suyo, Los vampiros de la mente, pero recuerdo que me había gustado más como novela corta publicada en una de aquellas antologías que invadieron el mercado en los años 80, que como novela larguísima que no termina de ubicarse.

Debo de reconocer, no obstante, que la lectura de El hombre vacío ha despertado mi interés por acercarme más a la literatura de un hombre que muchos amigos adoran con respetable fanatismo. Una novela de este calibre explica esa explosión de fe, sobre todo porque detrás de las páginas se nota que hay un escritor con alma. Uno de esos que escribe historias en función de sus personajes y nunca al contrario.

El hombre vacío es el conmovedor retrato de un hombre condenado a deambular solo pero también de un sueño que está dentro de otro sueño y de plantear con una sencilla reflexión matemática la posibilidad de que la telepatía sea real, el resultado de combinaciones de hologramas que como las olas del mar se acerca y se alejan a nosotros en función de las mareas.

Saludos, más sol, desde este lado del ordenador

Pérez Galdós planeaba iniciar la primera serie de los Episodios Nacionales con la derrota de Nelson en Santa Cruz de Tenerife el 25 de julio de 1797

Jueves, Julio 25th, 2019

Las obras de un bloque de viviendas en el madrileño barrio de Lavapiés han revelado un legajo de papeles que, todo parece indicar, pertenecieron a Benito Pérez Galdós. Se desconoce, todavía, los motivos de porqué estaban escodidos en una de las paredes del edificio, pero la noticia del hallazgo ha conmocionado a la comunidad galdiosiana y a los aficionados a la literatura.

Poco se sabe aún de qué van estos papeles, escritos con el puño y letra del autor de Fortunata y Jacinta, pero sí se ha podido saber que se tratan de apuntes de argumentos y diseño de personajes de una futura novela con la que el escritor ensayó comenzar la primera serie de sus Episodios Nacionales que como todo el mundo sabe, o debería saber, se inicia con Trafalgar.

Al parecer y en el diseño de personajes destaca, entre otros, un tal Enrique de Araceli (no el Gabriel de Araceli de la primera serie) y la acción se desarrolla en la batalla que las tropas y milicias españolas al mando del general Antonio Gutiérrez libraron contras las fuerzas británicas a las órdenes de Horacio Nelson por la plaza de Santa Cruz de Tenerife en julio de 1797.

El descubrimiento ha provocado gran expectación entre los expertos de Galdós y suscita varias preguntas entre los aficionados a la obra del escritor:¿por qué se escondieron?, ¿quién o quiénes fueron los responsables que hicieron desaparecer estos legajos?

A la espera de que se ordene y se trancriba estos nuevos papeles de Galdós, sería interesante conocer qué argumentos planeaba el escritor desarrollar con el telón de fondo de los hechos ocurridos a finales de julio de 1797.

Si Benito Pérez Galdós hubiera finalizado esta novela –se desconoce si abandonó el proyecto o sencillamente perdió o le robaron estos bosquejos– sería la primera que el autor nacido en la capital grancanaria ambientaría en Canarias, aunque los hechos que relata no sucedieran en su isla natal sino en la de Tenerife.

Poco más podemos avanzar de este sorprendente hallazgo que ha vuelto a poner a Galdòs de actualidad, más cuando se celebra entre 2019 y 2020 el bienio galdosiano que de momento pasa con más pena que gloria aunque, afortundamente, sí que existe una novela que se preocupa por revela el germen del talento del escritor, así como por mostrar su lado más humano en El gran amor de Galdós, de Santiago Gil.

Saludos, casi rodo lo escrito es mentira, desde este lado del ordenador

Francisco Estupiñán presenta en la Económica la novela El águila de San Juan

Miércoles, Julio 24th, 2019

La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife (RSEAPT) acoge el jueves, 25 de julio, la presentación del libro El águila de San Juan, de Francisco Estupiñán. Será a partir de las 19 horas en la sede de la Económica y la entrada es libre.

El protagonista del libro es el marino y masón Gerardo Martel, cuya aventura comienza el 18 de julio de 1936, día del alzamiento militar, cuando, encontrándose en Las Palmas de Gran Canaria, ayuda, por casualidad, a poner a salvo y fuera del territorio español a Carmen Polo y su hija. A partir de ahí, se suceden una serie de acontecimientos que desembocan en su rol como hombre de confianza del ministro Blas Pérez durante la posguerra, posición que aprovechó para colaborar con la masonería inglesa, contribuyendo a que los británicos conociesen detalles del encuentro entre Franco y Hitler en Hendaya.

Saludos, no se lo pierdan, desde este lado del ordenador

El águila de San Juan, una novela de Francisco Estupiñán

Martes, Julio 23rd, 2019

Se conoce poco de los planes de ataque e invasión a Canarias de Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial en respuesta a una eventual ocupación de las tropas de la Alemania nazi al peñón de Gibraltar. Sobre este oscuro asunto trata la nueva novela del escritor y periodista Francisco Estupiñán Bethencourt, El águila de San Juan (ediciones Aguere/Idea), obra en la que también se narra con notable pulso el inicio de la Guerra Civil en Gran Canaria, la postguerra y la persecución de los masones en España en tiempos tan aciagos.

Para tratar estos acontecimientos que cambiaron la faz de Europa el escritor presenta a su personaje protagonista, Gerardo Martel, quien además de masón es marino, y a través de él explicar las contradicciones de un país a punto de desangrarse en una cruel contienda entre hermanos. Finalizada la guerra, Martel asiste en España a otra guerra, esta vez medianamente fría. Se trata de las luchas intestinas entre los partidarios del gobierno de Franco a la Alemania nazi frente a los que estaban del lado de los aliados.

La masonería es también un elemento fundamental en esta crónica de unos años que conmovieron al mundo y se destaca el papel que jugó España en aquel enloquecido escenario internacional.

Al margen, la novela puede leerse también como un entretenido relato de espías que en algunos momentos adquiere cierto alcance a lo Eric Ambler más que como una novela histórica aunque los hechos que en ella se desarrollan están inspirados en la realidad.

Llama la atención el trabajo de documentación que ha realizado el autor y se agradece la distancia con la que observa el protagonista los momentos históricos que le tocan vivir. Huye de maniqueísmos, no hay buenos ni malos en esta novela salvo la mirada cada vez más alucinada de un hombre de orden ante los acontecimientos que le han tocado vivir desde primera fila.

Se puede decir sin temor a equivocación que Gerardo Martel forma parte de esa España que en los años treinta no estuvo ni con un lado ni con el otro, contradicciones que alimentan el carácter de su protagonista quien además de servir en la marina franquista y más tarde como traductor a las órdenes de la España nacional, sus ideas siguen siendo las de un humanista, un hombre libre y con buenas costumbres que busca su acomodo en un país que cada vez le gusta menos.

Entre los grandes momentos de la Historia que recoge la novela se encuentra el traslado de Carmen Polo y su hija cuando el general Franco abandona Canarias rumbo a Marruecos a bordo del Dragon Rapide; la entrevista que sostuvo Franco con el actor Leslie Howard en Madrid los primeros años de la II Guerra Mundial con el objetivo de que Gran Bretaña tuviera una idea de cuál podría ser la posición de España en la II Guerra Mundial, así como las relaciones que el protagonista tiene con personajes reales de aquellos días como el entorno canario que rodeó a Franco y entre los que destacaron Blas Pérez, de quien Martel se convierte en uno de sus hombres de confianza; Rafael Díaz Llanos y José Aguiar, entre otros.

Novela política más que histórica, como subraya el escritor, El águila de San Juan se lee de un tirón por varias razones. La primera es la originalidad del tema que trata, la hazaña de desempolvar un pedazo de la biografía de Canarias utilizando para ello las herramientas de la novela, canalizando el curso de la Historia a través de la mirada de su protagonista. Un hombre que pertenece a eso que ya se conoce como la tercera España, es decir, la que no estaba ni con la II República (no es eso, no es eso, diría José Ortega y Gasset) ni con el nacional. Gerardo Martel es un marino que está del lado, en todo caso, de los hombres y mujeres que son víctimas de un enfrentamiento que degenerará en un conflicto que le costó a España casi un millón de muertos y del que todavía –ochenta años después– no se ha recuperado. Es como si el país arrastrara como un lastre esas secuelas, muchas de ellas con forma de heridas que aún permanecen abiertas.

En la novela el lector podrá sentir el miedo que siente Martel a que descubran su pasado masón, más cuando trabaja para el bando nacional en Burgos, donde realiza tareas desde un despacho mientras España entera desaparece entre las llamas de la guerra. El hecho que sea masón explica, por otro lado, la dignidad que apuntala al personaje a medida que se desarrolla el relato.

Un relato que está construido como una novela iniciática en la que su protagonista vive primero con miedo que alguien revele su condición de masón en un Régimen que los persigue con independencia de su criterio ideológico.

Escrita sin artificios, El águila de San Juan narra muchas de las cosas que han labrado esa piedra imperfecta que es España y por extensión Canarias, aunque el escritor no pierde de vista en ese fresco que es la Historia las aventuras y desventuras que vive su protagonista, acosado y con miedo, aunque a medida que avanzan las páginas aprende a desprenderse de estas adversidades.
Francisco Estupiñán cuenta de momento con tres novelas en las que Canarias adquiere especial protagonismo. Explicó el siglo XVI en El corsario de Lanzarote y Negro Juan. Con El águila de San Juan da el salto al siglo XX y refuerza su personal mirada narrativa.

Saludos, sol, desde este lado del ordenador

José Ovejero: “No me considero un escritor disciplinado, soy un escritor obsesivo”

Lunes, Julio 22nd, 2019

Autor de novelas como Las vidas ajenas, La comedia salvaje y La invención del amor, entre otras; varios libros de poemas y recopilatorios de relatos, viajes, teatro y ensayo, José Ovejero (Madrid, 1958) estuvo a principios de julio en Tenerife para impartir un taller en la sede de la Escuela Literaria en La Laguna, donde transmitió a los alumnos algunas de las herramientas (desarrollo de personajes, diálogos, creación de atmósferas) que forman parte de su trabajo como escritor.

- ¿El escritor nace o se hace?

“Es una pregunta difícil de contestar porque España no cuenta con una tradición de talleres literarios por los que se miran con cierta distancia al mantenerse la idea de que el talento es natural. En otros países no, en Norteamérica hay grados universitarios de escritura creativa así que lo de ser mejor escritor haya estado en un taller o no, no tiene respuesta. En mi caso, entiendo el taller literario como un vehículo que llama la atención a los que participan de una serie de herramientas para que escriban mejor”.

– ¿José Ovejero fue alumno de un taller literario?

“No existían cuando empecé a escribir pero creo que mis primeros trabajos literarios habrían resultado mejores si hubiera estado en un taller”.

- ¿Cómo ha planteado el curso que dirige en Tenerife?

“Se hace primero una introducción general, ¿para qué sirve la literatura?, para qué sirve si sirve de algo, después hablamos de la creación de personajes y de qué hacer cuándo tenemos problemas para crearlos o cuando resultan planos y no evolucionan. Explico también la importancia de los diálogos, cómo deben fluir y que resulten verosímiles, que haya tensión en ellos y termino con una novela mía, La seducción, que analizamos para detectar el uso de esas herramientas y los posibles aciertos y defectos de la obra”.

- ¿A qué presta más atención en sus libros?

“Para mi los personajes son muy importantes porque normalmente escribo a partir de una escena. Me imagino algo y ese algo está relacionado con una situación de tensión. Una cosa que me interesa mucho, mucho más que las tramas, es la creación de atmósferas, muy importante para un cuento, no tanto para una novela. Construir atmósferas para que el lector se meta en el relato. Y si funciona lo demás encaja con más facilidad”.

- ¿Le gusta la literatura de género?

“La buena literatura de género es tan buena como la que no lo es. El problema de la de género es su fuerte poder de atracción hacia el cliché: el detective alcohólico, la mujer fatal, el banquero malvado si se trata de la policíaca. La literatura de género no es mala, lo que es malo es el uso que se hace de sus clichés”.

-¿Cree que el escritor necesita disciplina para escribir?

“Creo que depende de cada uno. Raymond Chandler decía que sin estar inspirado no era posible escribir buena literatura. En mi caso, no me considero un escritor disciplinado sino más bien obsesivo. Necesito escribir”.

- ¿Qué temas cree que son constantes en su literatura?

“He ido cambiando en mi literatura aunque probablemente tenga una serie de constantes. Al inicio el tema del viaje era muy frecuente, me pasé 35 años de mi vida fuera de España, pero ahora ha desaparecido. Lo que queda es una preocupación por las relaciones personales pero siempre mezcladas con las sociales ya que no puedo ver a mis personajes fuera de la sociedad. También mantengo una preocupación por la violencia, la violencia en las relaciones personales, sociales y políticas que no tiene que ver con la de una guerra convencional sino con la cotidiana, la de todos los días”.

- ¿España es violenta?

“No más que otros países. Cuando escribí La ética de la crueldad me planteé si España era uno de los países más crueles del mundo por los toros, las fiestas en las que tiran a un animal desde lo alto de un campanario… pero luego pensé que todos los países tienen su violencia aunque lo que diferencia a España del resto es el uso de la crueldad en el arte. La crueldad pertenece al eje central de nuestro arte, no es algo marginal. Ahí están Goya, Buñuel, El Lazarillo, El Quijote”.

- Algunos dicen que solo son crueles los débiles.
“No estoy seguro de eso. En todos nosotros hay una forma de debilidad que lidia todos los días con una crueldad que emana y que ejercen distintos tipos de poder”.

- ¿Es un escritor que improvisa?

“Me dejo llevar por la improvisación porque hace mucho tiempo me di cuenta que la improvisación incluye una parte de conocimiento no consciente que está ahí. Empiezo las novelas y los cuentos casi siempre sin tener la menor idea de lo que va a suceder. Hay una escena que me llama la atención y trabajo sobre esa escena que me sugiere otra y otra, lo que me permite aprovechar al máximo la capacidad de libre asociación. Luego hay un momento en el que me detengo y empiezo a estructurar cómo podría ser el final y lo impongo a todo eso que ha surgido”.

– ¿No tiene bloqueos?

“A veces el bloqueo no es culpa del material sino del autor. He dejado novelas porque me di cuenta que habían dejado de interesarme y hay otras con las que me atasqué pero siguieron interesándome. Esas las dejo a un lado y vuelvo a ellas tiempo después. Me pasó con Las vidas ajenas, no sabía cómo escribirla pero pasaron dos años y al regresar a ella encontré el error, me parecía demasiado a una novela histórica, así que traje todo al presente”.

- ¿Y la ambientaba?

“Comenzaba en el presente pero narraba la histórica explotación de recursos naturales que hubo en el Congo, una historia que ya estaba escrita y mucho mejor de lo que pudiera hacerlo yo. La deseché pero busqué otras ideas y cuando aparecieron aquello comenzó a tomar otra forma y a funcionar”.

- Dicen que en España cada vez hay menos lectores.

“Ese es un prejuicio que no es verdad porque en España hay cada vez más lectores”.

- Pero cierran las librerías.

“Cierran librerías porque España tiene una densidad de librerías superior a la de Alemania y Francia. Y luego está Amazon. Por mucho que crezcan lectores, Amazon se apropiará de ellos. Uno de los consejos que doy en uno de mis artículos para apoyar a los libreros es que dejen de comprar en Amazon”.

– Es feroz con la literatura basura. ¿Qué es literatura basura para usted?

“Es difícil de defender lo que entiendo por buena literatura porque parece elitista. Tengo, no obstante, un criterio relativamente sencillo con su zona gris. Para mi la buena literatura es la que muestra la complejidad del mundo mientras que la mala es la que lo simplifica todo. No niego que la mala literatura pueda entretener pero no aporta demasiado a los lectores. La que se preocupa por contar la complejidad del mundo esa es para mi la buena literatura”.

- ¿Qué libros recomienda en el taller?

“El gran cuaderno, de Agota Kristof ; El niño que robó el caballo de Atila, de Iván Repila y La perra, de Pilar Quintana. Se tratan de libros complejos, que hacen pensar y al mismo tiempo proporcionan placer. Un placer estético, de imágenes que plasman atmósferas,de interés por la trama ¿para qué sirve la literatura? Sirve para esto”.

- ¿Los españoles son buenos lectores?

“Por desgracia hay demasiados lectores en España que se conforman con la mala literatura que decía antes. Esa literatura que no exige nada, que no te aporta gran cosa. Y muchos son los lectores que se conforman demasiado deprisa, no han descubierto el placer de una novela con cierta complejidad”.

- Es autor del ensayo Escritores delincuentes.

“Al principio iba a ser un artículo sobre escritores que habían estado en la cárcel por delitos comunes pero a medida que fui investigando me di cuenta que casi todos ellos hablaban en sus libros de la culpa, la justicia, la procedencia de una zona de la sociedad desfavorecida; la violencia. Y me puse a buscar y leer y descubrí que todos esos escritores tenían rasgos comunes. Todos los escritores violentos tuvieron una infancia violenta. Me interesaba mucho descubrir cómo habían plasmado en su literatura esas vidas difíciles”.

- ¿Es España un país que trate mal a sus escritores?

“En Hispanoamérica, donde voy mucho, el escritor tiene un prestigio que ya no tiene en Europa. Como intelectual se confía más en él o en ella. Hay otro interés, otra curiosidad. Cuando estoy allí parece más importante lo que hago que aquí”.

- Vida y ficción es un documental que dirige con Edurne Portela.

“Nace a raíz de una impresión, la impresión de que en España la cultura y la literatura cuentan cada vez menos. Si contamos el espacio asignado a Cultura en los periódicos de hoy con el que se le dedicaba en el pasado el número de páginas se ha reducido drásticamente. Hay periódicos que mantienen Cultura como Espectáculos, muchas revistas literarias han cerrado. Estamos en un mundo donde la Cultura vale cada vez menos pero ahí seguimos, escribiendo. Hay jóvenes que escriben y veteranos que no publican pero escriben, lo que nos lleva a preguntar ¿por qué seguimos escribiendo? ¿Y leyendo? El documental sale de esas premisas, decidimos hacerlo así y no como libro porque queríamos entrevistar a los escritores sin avisarles y en un escenario particular para conversar sobre su literatura. Por ejemplo, a Antonio Orejudo se la hicimos en el desierto de Tabernas y a Marta Sanz en su casa”.

- ¿Cómo encuentra el actual nivel literario español?
“Me parece que está bien, mucho mejor que hace quince años. Ahora han surgido cosas nuevas, voces muy interesantes que están haciendo una literatura más atrevida. Hace quince años me preguntan lo mismo y hubiera respondido que el nivel medio estaba bien pero sin entusiasmarme, lo que no me pasa ahora”.

- ¿ Y que libro de José Ovejero recomendaría José Ovejero?

“Ahora estoy entusiasmado con Insurrección, novela que publica Galaxia Gutenberg en septiembre. En cuanto a libro de relatos, Mundo extraño”.

PIE DE FOTOs:

1.-
Imagen tomada de Zendalibros.

2.-
El escritor madrileño José Ovejero impartió del 1 a 5 de julio en la sede de La Escuela Literaria un taller de novela en el que enseñó algunas de las herramientas que utiliza cuando escribe. En la imagen, y al fondo con camisa oscura, el escritor rodeado por los alumnos y la directora de la Escuela Literaria, Antonia Molinero. José Ovejero es autor de novelas como Las vidas ajenas y ha escrito varios libros de poemas y recopilatorios de relatos, viajes, teatro y ensayo. Durante 25 años vivió en varios países de Europa aunque hoy reside en Madrid. FIRMA FOTO: Miguel Ángel Roldán

Saludos, otras miradas, desde este lado del ordenador

Novelas sobre la Guerra (in)Civil en Canarias

Jueves, Julio 18th, 2019

NOTA: Este artículo actualiza el que titulamos en su día (6-VIII-2016) Novela y memoria sobre la Guerra (in)Civil en Canarias, ya que desde ese entonces se han publicado otras novelas y antologías de cuentos relacionados con este asunto. En este aspecto y salvo las aportaciones que hacemos, el texto se mantiene prácticamente igual al original.

Canarias cuenta con una interesante producción literaria sobre la Guerra Civil en la que se mezcla ficción y memoria a partes iguales. Estas líneas solo pretenden orientar al lector sobre algunos títulos que considero, a mi juicio, recomendables para hacerse una idea de lo que podríamos llamar “nuestra peculiar literatura sobre aquel conflicto”, siendo conscientes que nos dejamos muchas obras en el tintero.

Se trata pues de un artículo que no nace con vocación investigadora ni de análisis, sino como guía de una serie de volúmenes que merecen ser recuperados por todos aquellos que estén interesados en conocer cómo desde los territorios de la imaginación y también del testimonio se nos ha contado con mejor o peor fortuna el drama de la Guerra Civil a este lado del Atlántico.

Para quien les escribe si hay tres títulos claves sobre este oscuro periodo de nuestra historia son El barranco, La prisión de Fyffes y Luchar por algo digno, de Nivaria Tejera, José Antonio Rial y Pedro Víctor Debrigode, respectivamente. No puedo olvidar Sima Jinámar del periodista y escritor José Luis Morales, entre otros.

El barranco de Nivaria Tejera es un emotivo y desolador relato a medio camino entre la ficción y la memoria. La acción se desarrolla en La Laguna a principios del alzamiento y está contada a través de los ojos de una niña que asiste a la detención de su padre por ser afín a la II República, lo que supone una fractura para su infancia así como para la familia.

El barranco es para el especialista Claude Couffon la primera novela en español sobre la Guerra Civil, una reflexión muy discutible ya que se publicó antes en francés (Lettres Nouvelles, 1958) que en castellano.

El exilio interior es una de las grandes constantes en la producción literaria de su autora. Mujer que tras abandonar las islas con su familia recaló en Cuba, donde abrazó en su juventud los principios de la revolución cubana liderada por Fidel Castro hasta que ésta se escoró –ya sin máscaras– hacia el socialismo.

En una entrevista que mantuvo con el autor de este artículo (1) Nivaria Tejera reveló que una de las causas que la motivaron a escribir El barranco fue “la necesidad de despejar ese mundo interior que está tan intrincado en mi personalidad. Sentía, además, la poesía que podía extraer de todo aquello. Mi intelecto ya estaba establecido y me pareció que era un elemento de trabajo intenso para que comenzara a escribir.”

Y añadía: “Afortunadamente nunca perdemos la infancia. Lo que sí me costó fue llevarla a una posible lectura, a una escritura, a un estilo porque ya entonces quería crear un estilo agarrándome a esa terrible memoria infantil.”

La prisión de Fyffes de José Antonio Rial narra el encarcelamiento del autor en la improvisada cárcel que antaño había sido empaquetadora de plátanos y que se encontraba en aquel entonces a las afueras de la capital tinerfeña.

Novela testimonio y de ambiente carcelario, Rial escribe que mientras estuvo preso en Fyffes fue como “vivir en una cloaca” ya que los presos republicanos estaban hacinados y sobre todos ellos pendía la sombra de la muerte. En esta improvisada cárcel, el poeta Domingo López Torres escribiría el poemario Lo imprevisto, que fue sacado clandestinamente días antes de que hicieran desaparecer al poeta.

José Antonio Rial (San Fernando, Cádiz, 1911-Caracas, Venezuela, 2009) se exilió a Venezuela donde continuó escribiendo y colaborando en distintos medios de comunicación de ese país. Algunos de sus libros son Venezuela Imán, Reverón, Jezabel, Segundo naufragio, Tiempo de espera y Las nereidas del faro.

Admirado por numerosos lectores aficionados a la novela de capa y espada de a peseta, Pedro Víctor Debrigode emplea también la ficción y la memoria en su antológica Luchar por algo digno. Obra que consta de dos partes, el primer volumen se desarrolla prácticamente en Tenerife donde el estallido de la Guerra Civil coge al protagonista mientras cumple servicio militar.

Las descripciones más estremecedoras del libro son las que se desarrollan en los barcos prisión anclados en el puerto de Santa Cruz de Tenerife y en los que el protagonista cumple con la ordenanzas militares mientras contempla como día sí, día no, muchos de los cautivos salen en pequeñas embarcaciones a alta mar para no regresar jamás.

Escrita sin florituras estilísticas, Luchar por algo digno (la segunda parte se titula El espía inocente) se trata a mi juicio de la mejor novela escrita hasta la fecha sobre la Guerra Civil en Canarias. Quizá porque se trata de la historia de un hombre que sin ideologías solo quiso vivir y que lo dejaran en paz.

Otro de los títulos más conocidos sobre aquella contienda fratricida escritos en y desde Canarias es Sima Jinámar, de José Luis Morales.

Según explicó el autor en una entrevista publicada en el diario El País, la novela la comenzó a escribir en la cárcel por dos razones: “la primera, que allí tenía tiempo. Y luego, que en aquella ocasión la novela actuaba como salida y reflexión en un momento de crisis ideológica que yo sufría, era 1969, con toda la universidad española. Intentaba, por un lado, hablar de esa realidad que para mí era tan cercana, la de las islas, y por otro, dar a todo esto universalidad, romper el localismo. Porque, al final, los problemas no son exactamente locales, ¿no? Entonces ensayé con el lenguaje canario, rural y con sus ritmos. Te llamará la atención que hay mucha redundancia, que para mí es dialéctica. Y para romper el realismo elemental aparecían algunos personajes atemporales, míticos, que rompen el tiempo y universalizan la ficción.”

La novela, reeditada en 2015 por Turpin Editores, recopila una serie de atrocidades de las que se habla aún en susurros en Gran Canaria.

Según Domingo Martín en su interesante blog Noticias de Agüimes, Sima Jinámar es el relato de un hombre al que “el sistema va engullendo. Y, aunque una de las habilidades de Morales es la de inventar topónimos (Anuwania, las Siete Mil Islas o Banicado son algunos nombres), a esta Sima le respetó el nombre original para que no quedara duda. Los setenta metros de profundidad de este tubo volcánico sirvieron de tumba para disidentes durante la dictadura julita, en la que transcurre la trama de la novela. Con tanto cadáver gritando historias, ‘intentaron dinamitarla después de la guerra, pero entonces la abrieron más’, recuerda José Luis Morales. ‘Es imposible dinamitar algo que es como una catedral de grande’”.

La Guerra Civil también ha producido otras novelas como La infinita guerra, de Luis León Barreto, y ha servido de inspiración para moldear el carácter de algunos de los protagonistas de sus historias en distintos escritores de la que ya se conoce como Generación 21 como son Víctor Álamo de la Rosa (El año se la seca, Campiro que y Terramores); Al sueño polar de golondrinas, de Álvaro Marcos Arvelo y Los días de Mercurio. La iniquinidad II y Los milagros prohibidos de Alexis Ravelo.

Álamo de la Rosa se basó en un conocido político herreño, Manuel Hernández Quintero, para su Manuel el huido de Terramores. El año de la seca se ambienta en el periodo de postguerra en el territorio mítico de Isla Menor (El Hierro) mientra que en Campiro que da noticias de todas aquellas personas que al estallar la guerra buscaron refugio en cuevas y tubos volcánicos para no convertirse en víctimas de la represión militar.

Álvaro Marcos Arvelo parte de la fuga que emprendió el poeta gomero Pedro García Cabrera junto a otros presos políticos desde el campo de prisioneros de Villa Cisneros a Dakar, Senegal, en 1937, en Al sueño polar de golondrinas, una novela que discurre en dos tiempos, los años 30 y los actuales cuando llega un barco chatarra a Puerto Santo, universo imaginario del escritor y cuyo reflejo podría ser Tenerife y en cuyas oscuras bodegas viajan 152 inmigrantes subsaharianos.

En el otro extremo de la balanza se sitúa Alexis Ravelo, quien se despoja de la influencia de su investigador, el marino retirado Eladio Monroy para narrar en clave muy negra una historia de venganza en la mejor tradición del género en Los días de Mercurio. La iniquinidad II, en la que su protagonista, un hombre del bando de los derrotados descubre un secreto bien guardado por parte de uno del bando vencedor. Ravelo insistiría en la Guerra Civil en Los milagros prohibidos, novela en la que narra la que se conoció como Semana Roja en La Palma, única isla que permaneció leal a la II República esos das hasta la entrada de las tropas rebeldes y la huida de los “rojos”, los enemigos del nuevo régimen, al monte y a la costa. Javier Hernández Velázquez retoma el pasado cainita que supuso el conflicto en El fondo de los charcos e insiste en el mismo, aunque en sus páginas finales, en Baraka.

La Guerra Civil y la represión en Canarias mueve, por otro lado, la acción de La lista, de Juan Bosco, quien no se arruga en señalar con el dedo quienes fueron los asesinos y sus víctimas en La Orotava durante aquellos años. Juan Ignacio Royo Iranzo propone algo parecido, aunque en Santa Cruz de Tenerife en su interesante El fulgor del barranco. La capital tinerfeña en aquel tórrido verano de 1936 también es la protagonista de La maleta y el obelisco, de Andrés Servando Llopis

Otras obras a destacar son Mientras maduran las naranjas, de Cecilia Domínguez Luis, novela que recupera la memoria de la Guerra Civil en las islas a través de los recuerdos de Sara, una adolescente que vive el golpe de estado cuando tiene solo diez años y novela que cuenta con una primera parte, Y tú serás el río; La fiesta de los infiernos, de Juan José Delgado, que ofrece una visión sobre aquellos años escrita desde el esperpento y, de manera tangencial, El árbol del bien y del mal de Juan José Armas Marcelo, novela que junto a Las naves quemadas le sirvió para fundar su imaginario universo de Salbago.

Luis León Barreto recurrirá también a la isla-símbolo, en su caso Tamarán, para La infinita guerra, en la que profundiza en las imbricadas raíces que tejió el poder para justificar la represión a la que sometieron a la población de las Islas nada más declararse la Guerra Civil mientras que el periodista y escritor grancanario Alfonso O’Shanahan es autor de Solsticio de verano, una novela de espías ambientada en la segunda mitad de los años treinta en Canarias que ha sabido envejecer con el paso del tiempo. 

A caballo entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria se desarrolla en las postrimerías de la Guerra Civil Inmerso en la duda, de Agustín Quevedo Martín; Francisco Estupiñán aborda también aquel conflicto y la posición de la España franquista durante la II Guerra Mundial en El águila de San Juan mientras Eugenio Suárez Galván narra en Balada de la guerra hermosa la historia de dos canarios enrolados como soldados del ejército nacional en los campos de batalla que destrozan las tierras de la España peninsular.

Por otro lado, Agustín Carlos Barruz se preocupa en reflejar la represión y sus secuelas en Memoria de una isla sin memoria, que trascurre en Sacura, anagrama de Arucas, Gran Canaria mientras que la escritora Elia Barceló desarrolla la primera parte de El color del silencio en julio de 1936 en Canarias y Alberto Vázquez Figueroa retrata la feroz represión de los rebeldes en las islas en su novela Bajamar.

También son de destacar El faro y la noche, de Selena Millares, en la que se cuenta el hallazgo las memorias de un oscuro poeta y profesor represaliado tras la guerra civil española

Otros títulos que pueden sumarse a esta relación son Episodios de la Guerra Civil y otros relatos, de Francisco Rodríguez Medina, autor también de El paseo de la muerte; Pedro Padilla Quintana y su En el azul y muy tangencialmente Jonathan Allen en la iniciática El conocimiento.

Novelas sobre los primeros años de la postguerra son Los amores perdidos, de Miguel de León y Guad, de Alfonso García-Ramos, sin olvidar La isla y los demonios, de Carmen Laforet y que transcurre en la capital grancanaria en los años 40.

En cuanto a recuerdos, destacaría Añoranzas prisioneras, del anarquista Antonio Rodríguez Bethencourt, libro en el que narra las aventuras de su compañero de presidio Antonio Tejera Afonso Antoñé; Memorias de un hijo del siglo, del socialista Juan Rodríguez Doreste; Once cárceles y un destierro, de Diógenes Díaz Cabrera; …Empieza a amanecer, de Constantino Aznar de Aceved; Tránsito, de Elba García, memorias sobre el escultor y empresario Bernardino García; Sin rencor. Memorias de un republicano, de Mauro Martín Peña; Semilla de memoria, de Francisco González Tejera; Cecilio Segura, alcalde y maestro replesaliado en la Guerra Civil, de Francisco Suárez Moreno y La luz infinita, de Amílcar Morera Bravo, título en el que este escritor y médico natural de La Palma incluye varios relatos sobre su experiencia como sanitario del ejército nacional en diferentes frentes de la península.

También de un palmero es Con los parias de la tierra, memorias de quien fuera fundador de las Juventudes Comunistas de La Palma y destacado dirigente político durante la II República, Florisel Mendoza.

(1) El Perseguidor (Diario de Avisos), número 23. Entrevista con Nivaria Tejera, “Ya no me siento exiliada en ninguna parte“.

FOTOS

1) Francisco Franco desfila junto al alcalde republicano José Carlos Schwartz y el gobernador civil Manuel Vázquez Moro

2) Almuerzo de los militares golpistas en La Esperanza (Tenerife), dìas antes del golpe de Estado

3) Presos republicanos hacinados en el Lazareto de Gando

Saludos, sí, tal dìa como hoy…, desde este lado del ordenador