Archive for the ‘Literatura’ Category

Adiós al rey, una novela de Pierre Schoendoerffer

Miércoles, Agosto 7th, 2019

Continúa siendo un gran desconocido en España y mucho me temo que sea un escritor olvidado en Francia, país que ha dado notables narradores de aventuras más allá de escuelas y movimientos literarios.

Se llamó Pierre Schoendoerffer y simultaneó a lo largo de su carrera profesional la vida como aventurero, militar y corresponsal de guerra. Veterano paracaidista de la guerra de Indochina y preso tras la derrota de Dien Bien Phu en las cárceles vietnamitas, regresó a la ex colonia francesa para narrar en tercera persona, periodísticamente, cómo los Estados Unidos de Norteamérica se estallaban contra aquel muro de resistencia contra el que años antes se habían aplastado los franceses.

Schoendoerffer se especializó en la literatura bélica con un puñado de trabajos entre los que destaca la novela Adiós al rey, en la que narra el encuentro de un comando británico en la isla de Borneo durante la II Guerra Mundial con un marino estadounidense que se ha convertido en el dueño y señor de las tribus de la zona y al que los británicos invitan a que se una para combatir a lo japoneses. Lo insólito de este encuentro es que finalizada la contienda, el rey se alía con los japoneses que encuentra en sus territorio y que resisten como los últimos de Filipinas contra el ahora invasor ejército británico lo que genera un interesante retrato entre los tres grandes protagonistas de esta historia: el marino que fue rey, el jefe del comando británico con el que combate hombro con hombro para después combatirlo como enemigo, y el oficial nipón que tras ser enemigo, ahora es la mano derecha del señor de esa parte remota de la selva, territorio que pretende que continúe igual de olvidado que antaño con el fin de que sus gentes no pierdan ni su cultura ni sus señas de identidad. Una interesante reinterpretación del Corazón de las tinieblas, también un notable retrato del ocaso colonial a finales de la primera mitad del siglo XX.

Esta novela dio como resultado una película igual de atractiva que la novela, probablemente sea una de las mejores de su director, John Milius y uno de los trabajos más notables de su actor protagonista, Nick Nolte, quien interpreta al monarca de esta historia de héroes reales, de seres humanos en la que se mezclan sentimientos que no son tan contradictorios como el amor a los suyos y al honor en unos tiempos y en una guerra en la que esos ideales ya no funcionan, han quedado caducos.

Si por algo se caracteriza Adiós al rey, la novela y la película de Milius, es que por encima de las naciones, por encima de los países, el protagonista es el soldado que se enfrenta todos los días a la muerte en el campo de batalla. Soldado que se debe a sus camaradas. Una actitud que hoy hace chirriar e incluso tomarse a la broma, pero que marca el carácter de los personajes de este relato que más allá de las escaramuzas bélicas contra japoneses y británicos en las selvas de Borneo, es un canto a la amistad, al respeto de tus compañeros y de los camaradas de armas que luchan al otro lado de la trinchera. Un código de honor que si se traiciona despojará al hombre de todas las cualidades que lo hacen hombre.

Esta y no otra es la principal característica que diferencia la producción literaria de Schoendoerffer de otro gran escritor francés de novelas bélicas post II Guerra Mundial, Jean Lartéguy, este último más radical en sus obras y por supuesto más belicista que el autor de Adiós al rey, quien se preocupa por sus compañeros de armas, por el miedo que se siente al vacío y la soledad de la muerte.

Ya mencioné que el argumento de Adiós al rey recuerda en líneas generales a Joseph Conrad, aunque el escritor francés no conduce a los personajes a su personal corazón de las tinieblas sino que más bien utiliza la hostilidad de la selva y la fiereza primitiva de su guerra para redimir a los protagonistas de un libro que no pierde influencia con el paso de los años, y en el que más que el discurso que propone Schoendoerffer transmite con brillante pulso periodístico los combates contra hombres y contra la misma naturaleza que representa la jungla de Borneo.

Pierre Schoendoerffer, que perdió a su abuelo y su padre en la I y II Guerra Mundial, respectivamente, se convirtió en escritor gracias a las lecturas de las novelas de Joseph Kessel, otro de esos escritores olvidados que cuenta con una prolija producción de novelas de aventuras y viajes, muchas de ellas inspiradas en sus experiencias como enfermero y soldado en la I y II Guerra Mundial, y más tarde como corresponsal de guerra que viajó por medio mundo.

Joseph Kessel fue quien animó a Schoendoerffer a continuar con su carrera, y que formara parte del equipo de filmación en Afganistán de El paso del diablo, película que finalmente dirigió y que dio comienzo a una nueva trayectoria no ya como escritor sino cineasta y en la que cuenta con títulos como Dien Bien Phu, la gran derrota del ejército francés en Indochina, y La sección Anderson, película que recibió el Oscar al mejor documental en 1967, y en la que narra el día a día de un pelotón del ejército norteamericano de exploración por la selva durante la guerra del Vietnam.

La edición que tengo de Adiós al rey está publicado en la legendaria editorial venezolana Monte Ávila en 1970. Se trata de una versión, se anuncia así, de Susana Palermo. El libro se reeditaría años más tarde, a finales de los ochenta, en Versal, con traducción de Juan Gabriel López Guix. Me temo así que hoy resulte muy difícil de encontrar un ejemplar aunque si tienen ocasión de descubrirlo en rastros o alguna librería de viejo y de ocasión, les animaría a que se hiciesen con él porque Schoendoerffer es uno de los últimos grandes escritores de novela de aventuras en el sentido clásico de la palabra.

Después de él, el género no ha vuelto a levantar cabeza, quizá con Paul Theroux y solo a veces, ya que ha terminado siendo absorbido por la literatura de viaje o el reportaje de guerra periodístico.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

Una pesadilla con olor a algas y salitre

Miércoles, Junio 26th, 2019

Muchos lectores de H.P. Lovecraft ignoran que uno de los escritores que más influyó en su obra fue William H. Hodgson, un escritor de vida extraña que observa el mar con otra mirada. Una mirada metafísica que transforma en pesadilla con olor a algas y salitre.

Algunas fuentes aseguran que Locecraft tomó de él su idea de un cosmos terrorífico, también el de las monstruosas criaturas marinas que aparecen en algunas de sus novelas. Novelas que leídas mucho tiempo después y con otras preocupaciones resultan igual de entretenidas que entonces. Igual o más, porque ahora descubre cosas nuevas, claves que en su momento pasaron desapercibidas. Señales que todavía funcionan sin que haya que hacer un ejercicio notable de concentración.

Los botes del Glen Carrig
fue su primera novela, se publicó en 1907 y en ella ya aparecen las obsesiones de un escritor que continuaría explotándolas en sus siguientes libros.

La principal y más llamativa es el mar. Otro mar en las novelas de Hodgson.

La novela cuenta la historia de los supervivientes del Glen Carrig, quienes en dos embarcaciones llegan tras pasar un manto de niebla a un mar cubierto de algas y una isla extraña, de suelo movedizo, setas gigantes y un inmenso agujero excavado en el centro.

Por la noche, se verán atacados por cangrejos gigantes y unas criaturas que describe con rasgos humanos y de calamar. Esas criaturas salen del mar pero también del inmenso agujero que hay en tierra, lo que desencadena batallas demenciales entre humanos y monstruos. El protagonista de la obra,y cuya historia narra en primera persona, es un pasajero del navío naufragado pero las circunstancias, medirse con el resto de sus compañeros al terror todos los días lo va cambiando, se hace un miembro más de la comunidad en la que se encuentra.

La aparición de un barco varado en el mar de algas y próximo a la isla, y en el que se encuentran otros supervivientes, es otro elemento atractivo de una novela en la que el escritor enfrenta a los protagonistas no solo con las criaturas sino con su capacidad de resistencia para comunicarse con los supervivientes del barco varado y juntos resolver cómo escapar del extraño mundo en el que están anclados.

Escrita con un estilo sencillo, lo interesante de un escritor como Hodgson es su capacidad para inventar extraños territorios y hacerlos creíbles en sus novelas. No se detiene ante el artificio, rechaza cliches y se deja desbordar por su inventiva. Una inventiva trágica, pero en la que sus protagonistas se enfrentan al peligro y no rehuyen ante él.

Es una pena que su obra haya sido tan corta, aunque afortunadamente está traducida al español. Tras Los botes del Glen Carrig, William H. Hodgson escribió La casa en el confín de la tierra, uno de los títulos que determinó el imaginario de H. P. Lovecraft u otra terrorífica fantasía marina, Los piratas fantasmas.

El mar está presente también en la mayoría de sus cuentos.

La última novela del escritor fue El reino de la noche, publicada en 1912, quizá su obra más chiflada y varios relatos protagonizados por Thomas Carnacki, un detective de lo oculto que tienen su gracia.

William H. Hodgson, que se había reenganchado a la edad de 40 años en el ejército británico para combatir por su país en la I Guerra Mundial, murió en el frente en abril de 1918, la muerte que es así de irónica se lo llevó a él y a otro millón de muertos más seis meses antes de que los cañones dejaran de rugir en Europa.

Saludos, loado sean, desde este lado del ordenador

Viajes con Charley, John Steinbeck recorre Norteamérica a lomos de Rocinante

Miércoles, Junio 12th, 2019

Uno de los libros más hermosos de viaje está escrito por un premio Nobel. Un Nobel norteamericano que perteneció, creo yo que más que por entusiasmo de estudiosos que por él mismo, a la generación perdida. Una generación ésta que reunió a los más grandes escritores norteamericanos (y es probable que alguna mujer no vaya a ser que…) de su tiempo, que se dedicaron en sus libros a radiografiar el cuerpo y el alma de un gran país. Se escribe lo de gran porque es grande en extensión y también porque es grande en su espíritu pese al retroceso que parece que vive. Pero este fenómeno involucionista no es solo norteamericano sino también mundial. Es una enfermedad contagiosa que invade no solo a las naciones más pobres de la tierra sino también a las más ricas.

Decíamos pues que uno de los libros más hermosos de viaje está escrito por un Nobel norteamericano. Un escritor por el que particularmente siento cariño y aprecio y que no deja de sorprenderme con sus monumentales obras, muchas de las cuales fueron llevadas al cine con mano maestra; así como por sus crónicas y reportajes, porque también hizo de periodista acompañando a los soldados de su país cuando desembarcaron en Europa para aplastar a la Alemania nazi.

Este escritor, al que todavía no hemos descubierto porque diseminanos pistas no tan vagas como alguno pudiera suponer, es John Steinbeck, y el libro al que me refiero no es Las uvas de la ira ni La perla ni Al este del Edén, novelas que darían para varios artículos escritos más con el corazón que con la cabeza, sino Viajes con Charley, relato en el que el escritor narra su periplo por Norteamérica en una caravana acompañado por su perro, el Charley del título, un viejo caniche francés de pelo azulado que va cogiendo protagonismo en estas páginas a medida que se avanza en la lectura y a medida que el escritor va consumiendo kilómetros y estancias en ciudades y pueblos de ese país del que tan mal se sigue hablando en España. De España habla y bien el escritor en este libro. La caravana que conduce lleva el nombre de Rocinante, el caballo de don Quijote, y recuerda su estancia en Madrid, donde visitó el Museo del Prado.

Viaje con Charley reúne todos los elementos que debe tener un libro de viaje. O al menos tiene todos los elementos que le reclamo a un libro de viaje ya que voy a viajar con el autor y su pequeño Sancho Panza (Charley) por tierras americanas. La obra cuenta así las pequeñas miserias y alegrías del día a día, los encuentros fortuitos que mantiene con algunos de sus paisanos a lo largo de este gigantesco recorrido y sobre todo las observaciones e interpretaciones que hace de los habitantes con los que se va cruzando en su deambular. El libro revela así la diversidad de una nación en continua construcción así como muchas de sus contradicciones, la mayoría de las cuales estaban ahí presentes cuando el escritor emprende este apasionante itinerario a finales de los años cincuenta y principio de los sesenta. No obstante, sí que describe algunos de los cambios que se están produciendo entre aquellas gentes, pero no carga las tintas con el reverso tenebroso del pueblo americano porque en general estamos ante un libro amable. Como amable son todos los libros de viaje que se precien.

Además de los escenarios que retrata y de las gentes con las que mantiene conversación, Viajes con Charley refleja el proceso de transformación que vive el escritor a medida que avanza con Rocinante por las interminables carreteras y autopistas del Norte. En este recorrido, John Steinbeck como si de un don Quijote moderno se tratara se plantea preguntas, muchas preguntas. Estas preguntas cuentan a veces con respuestas y en otras se quedan solo como preguntas. Es interesante la reflexión que propone sobre el viaje, al margen de otras cuestiones, ya que entiende que hay personas que están dispuestas a partir y a vivir en otra parte, a buscar la fortuna, a tener aventuras, y otras que no. El escritor recuerda, en este aspecto, que su país se formó gracias a la enorme emigración que a mediados del siglo XIX se lanzó al Oeste para tener una nueva vida y prosperar, dejando atrás, en el Este, sus casas y sus familias. La búsqueda de todos estos emigrantes, gentes de todas nacionalidades y procedencia social, era la felicidad aunque para conseguirla tuvieron que trabajar duro y seguir adelante sin girar nunca la cabeza para mirar atrás, lo que se dejó.

Dicho esto, volvemos al principio de este texto: Viajes con Charley es uno de los mejores libros de viaje que se hayan escrito nunca. Y no solo por los paisajes naturales y humanos que describe el escritor que hizo camino al andar, sino por cómo narra el lento proceso de transformación que vive a medida que avanza por la carretera y deja pueblos y ciudades atrás. Pueblos y ciudades en donde conoce una amplia galería de personas que componen un fantástico lienzo humano de los Estados Unidos de Norteamérica, territorios tan diferenciados pero que sin embargo permanecen unidos al contar con una tradición común.

Libro de obligada lectura para los que puedan recorrer aquel y otro país, Viajes con Charley es una de esas sorpresas que animan a ser leídas. Se trata de un libro sin demasiadas ambiciones que contiene muchas sorpresas, Casi parece que uno se encuentra al lado del escritor cuando emprende este fascinante pero también cruel viaje que es la vida. Y lo reconcilia, quizá sea lo más importante en mi relectura de este clásico de la literatura, con mi existencia. Por muy sedentaria y alejada de preocupaciones que resulte.

Saludos, viajen con nosotros, desde este lado del ordenador

Emilio Salgari, recuerdos de un suicida

Lunes, Junio 10th, 2019

En mi adolescencia me dio por leer novelas de aventuras, un género al que recurro de tanto en tanto porque me permite viajar a otros territorios si levantarme de la cama o del maltrecho sofá del salón. Este tipo de literatura, tan prejuiciada por lectores que huyen como de la peste ante la sola mención de la palabra entretenimiento ignoran que los libros de aventuras ofrecen a quien se refugia en ellos caminar por el sendero de la experiencia tras la búsqueda de tesoros, forjar amistades y enamorarse en los puertos donde el barco en el que navega por los siete mares hace escala.

En aquellos días no sé si más felices era habitual ver en la mesa de noche novelas de Verne, Conan Doyle, Dumas y más tarde H.P. Lovecraft y compañía, que también escribió novela de aventuras aunque en clave fantástica, pero si había tres autores en los que invertí más tiempo y dinero –un hecho que probablemente puede explicar el estado de mi salud mental– estaban R.L. Stevenson, siempre vivo y presente en mis lecturas; H. Rider Haggarth, autor de dos grandes novelas de aventuras como son Las minas del rey Salomón y Ella, y Emilio Salgari, el creador de Sandokán y el único novelista europeo de aquel entonces y también ahora profundamente anticolonialista, tanto, que señaló a los ingleses como los villanos de sus historias.

Salgari fue uno de los escritores más vendidos de su tiempo pero murió en la indigencia mientras sus editores se enriquecían a costa de su trabajo.

Escrito en los últimos años de su vida, Mis memorias (Parsifal Ediciones, 1989) es uno de los libros más tristes y amargos que he leído recientemente. Se trata, a primera vista, de una autobiografía breve que no llega a las doscientas páginas y que el escritor entregó con el fin de que su editor le diera una “compensación a los beneficios que le he dado a ganar” para pagar su funeral. “Le saluda –se despide Salgari nada más comenzar el texto– destrozando la pluma”.

Enviado el manuscrfito, parece ser que unos días más tarde Emilio Salgari se rebanaría el cuello y el vientre con su navaja de afeitar. Un harakiri que puso final a su vida.

Como libro Mis memorias es una apasionante novela de aventuras en las que el escritor más que mentir, imagina su vida. Su vida en estas páginas se transforma en el relato imaginado de un hombre henchido de coraje, ese mismo coraje que tan bien transmitió en sus novelas, y relata sin que se le caiga la cara de vergüenza sus viajes, imaginados aunque en el texto asegura que fueron así, por los siente mares. En uno de estos viajes, cuenta cómo conoció al pirata Sandokán , que más tarde sería el protagonista de muchas de sus novelas, y cómo cuajó en él su desprecio a todo lo anglosajón por culpa de un primer amor. Una inglesita que le fue arrebatada por una civilización que lo miraba como a un ciudadano de tercera. Casi a la misma altura que a Sandokán, solo que el rey de los piratas los combatía con toda la fiereza del mundo en sus novelas.

Tal fue el desprecio que tuvo Emilio Salgari por todo lo que fuera anglosajón que en una de sus novelas, La capitana del Yucatán, que se desarrolla en Cuba a finales del siglo XIX, se pone del lado de los españoles que hacen la guerra de guerrillas al ejército norteamericano que había desembarcado en la playa de Daikiri, en el oriente de la isla.

Estas memorias escritas con premura y la sensación para nada vaga que sería lo último que registraría, domina prácticamente las páginas de un libro en el que el escritor hace el notable esfuerzo por contar otra vida, más pegada a sus apasionadas historias que a su existencia real, bastante grisácea a tenor de lo que narran los biógrafos oficiales de Salgari

No obstante, estas páginas repletas de viajes por mar, amores frustrados, piratas malayos y combates descritos con una celeridad que quita el hipo, se tornan oscuras y siniestras cuando se llega a su final, ya que revela la verdadera faz del escritor, quien como si ante un espejo se observara, explica la deplorable situación económica en la que se encuentra y su desesperación por no alcanzar de dar de comer a los suyos.

Tras varias tentativas de suicidio, el epílogo que añade el autor de El león de Damasco es uno de los textos más estremecedores de la literatura de principios del siglo XX y en el que bajo el título de Los últimos años de mi existencia, no es otra cosa que el grito de alguien que ha llegado al límite de las fuerzas. Físicas y espirituales.

“Me siento próximo al derrumbamiento: ¡¡La ceguera llama a mis puertas!!”, escribe Salgari, siempre tan económico en el lenguaje, estilo que subraya el anuncio de que a continuación pondrá fin a su vida. Estas páginas que en contra de las otras que forman sus memorias parecen que forman parte de un diario personal saben a batacazo para quien se atreva a acercarse a ellas. Mis memorias se transforma así en una obra rara en la producción de Emilio Salgari pero quizá sea la más auténtica pese a las licencias literarias que se permite para dar color a una existencia que entregó demasiado joven a la literatura.

Mis memorias, como ya se apuntó, es un libro amargo, casi me atrevería a decir que recomendable no solo para los iniciados en la fantástica literatura del escritor sino también para los que una vez lo dejaron de lado a conciencia. En este libro encontrarán a un periodista y escritor con todas sus letras que supo transmitir al lector no solo el lado amable del autor que producía y producía relatos de aventuras para sus explotadores sino el hombre, el padre de familia que, pese a vender y vende,r apenas tenía dinero para mantener a los suyos.

Mis memorias despiertan así una piedad absoluta ante un escritor de talento que lo dio todo y al que le arrebataron casi todo. Un autor de éxito que murió en la indigencia mientras el mundo entero, Inglaterra incluida, devoraba las hazañas de sus tigres del Mompracem, el Corsario Negro y el Capitán Tormenta.

Saludos, leed, hijos mìos, desde este lado del ordenador

Una cuestión de honor: Alonso de Contreras

Viernes, Mayo 17th, 2019

“Llegamos aquel día a Alcalá de Henares, y habiendo ido a una iglesia donde le tenían gran fiesta al Príncipe Cardenal, había un turronero entre otros muchos, con unos naipes en la mano. Yo, como aficionadillo, desaté de la falda de la camisa mis cuatro reales y comencé a jugar a las quínolas. Ganómelos, y tras ellos la camisa nueva, y luego los zapatos nuevos, que los llevaba en la pretina. Díjele si quería jugar la mala capilla. En breve tiempo dio con ella al traste, con que quedé en cuerpo, primicias de que había de ser soldado. No faltó allí quien me lo llamó y aún rogó al turronero me diese un real, el cual me lo dio, y un poco de turrón de alegría, con que me pareció que yo era el ganancioso. Aquella noche me fui a palacio, o a su cocina, por gozar de la lumbre, que ya refriaba. Pasé entre otros pícaros, y a la mañana tocaron las trompetas para ir a Guadalajara, con que fue menester seguir aquellas cuatro leguas mortales”.

(Alonso de Contreras: Vida del capitán Alonso de Contreras, Alianza Editorial, 1967)

Hay un libro por ahí escondido, del que rara vez se habla y apenas se menciona que se titula Alonso de Contrera: Vida, nacimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras, obra en la que se narra la extravagante –según la mirada de un residente del siglo XXI– historia de un soldado del XVII con el aplomo de un hombre hecho a sí mismo.

Hecho así mismo en unos tiempos donde había que tenerlos muy grandes para salir adelante. El escenario en el que se desarrolla la acción, porque todo en ella es acción, se trata de una jungla en la que se mueven toda clase de personajes vistos a través de los ojos de un hombre que ha hecho de las armas su oficio y por lo tanto viajero por el convulso mundo de su tiempo.

Cuentan que fue Lope de Vega quien animó a Contreras a que contase el relato de su vida, “una narración sobremanera inverosímil, a la cual acontece la gracia de ser la pura verdad”, apunta José Ortega y Gasset en el prólogo de la edición que dispongo, un libro cuajado de arrugas y al que recurro de tanto en tanto para perderme en otra época arrullado por un español intermitente, nada seguido, que obliga a una lectura con pausas.

Alonso de Contreras escribe que nació en el 6 de enero de 1582 en Madrid, que sus padres eran muy pobres y que a los quince años entra en el ejército como mozo de cocina de un batallón con el que más tarde y ya como soldado combate en Italia y Malta. En los puertos de las islas griegas, de Libia y de la costa tunecina.

Todo esto, el gran fresco de su vida, contado en un tono que desarma por lo franco y directo que resulta y que da una idea del carácter del personaje, un aventurero que como tal se busca la vida como puede, y de cómo hablaba y pensaba la tropa, el hombre de a pie, el que hoy tiene algo en los bolsillo aunque mañana vuelvan a estar vacíos…

Resulta cuanto menos extraño la capacidad que tiene este libro para absorber al lector si entra en él y acepta con entusiasmo que don Alonso le relate lo que recuerda de esos viajes y de esas batallas que lo hicieron conocido y no sé si temido en su tiempo.

Impulsivo pero también tremendamente imaginativo, Alonso de Contreras resume el prototipo de soldado español del XVII, ese que reivindica Arturo Pérez Reverte en la serie Alatriste, solo que contado por un hombre de verdad, alguien que sí vivió aquellos años turbulentos y violentos.

El libro es además un valioso testimonio de un peón que participa en la gran partida de ajedrez que los dos grandes imperios de aquel momento, el español y el turco, juegan por el Mediterráneo oriental y si bien la calidad del texto parece “escasa y poco original” como aseguran unos, la azarosa vida del capitán Alonso Contreras merece la pena leerla. O repasarla para disfrutar de las viñetas que arman este singular tesoro de la literatura española.

Logra en el lector la evasión y que viaje a otro tiempo en un castellano pasado que no caduco, época en la que el honor era una palabra sagrada. Uno aprende además a conocer mejor que es eso de ser hidalgo y a luchar y defenderse con las herramientas que mejor conoce, en el caso del bravo capitán con la espada y las letras. A abrirse camino sin pensar demasiado en el fin ese que justifica los medios porque se es partidario de la acción por la acción y no de meditar con calma las convulsiones y las frenéticas transformaciones que lo rodea.

Puestas así las cosas, y sea verdad o mentira lo que cuenta el capitán, sus agitadas vivencias bien merecen un acercamiento y disfrutar y amargarse con el soldado que tras lanzarse a las Indias, regresó a España para descansar de una existencia plagada de vaivenes.

Tiene un enorme pozo de amargura el Alonso Contreras que escribe unas memorias en las que intenta justificar unos hechos, y sobretodo un hecho, que lo hiere por dentro y por fuera. Se trata de un hombre acostumbrado a pelear y a resolver con violencia cuestiones de honor.

Todo esto y más en un libro pequeño que hace que la Historia sea real ya que reproduce con las claves de entonces sucesos de aquel entonces. Un viaje, ya se dijo, de la mano de un hombre de acción, que actúa antes de pensar.

El cine español, tan ciego al enorme filón de su literatura, no ha mostrado demasiado interés en este personaje aunque existe una película que poco o nada tiene que ver con el caballero. Se titulada La otra vida del capitán Contreras y cuenta en clave cómica qué pensaría el legendario soldado si un día abre los ojos y se encuentra en el Madrid de los años 50 del pasado siglo XX. La idea es notable y se refleja en poderoso blanco y negro. Alonso de Contreras está interpretado por un Fernando Fernán Gómez que casi siempre estuvo en estado de gracia cuando había que interpretar, dar la cara en teatro, cine y televisión.

Una cuestión de honor como las idas y vueltas de nuestro valeroso y buen capitán.

Saludos, ¡¡¡hermanos!!!, desde este lado del ordenador

Felicidades, don Benito

Viernes, Mayo 10th, 2019

Si viviéramos en un pueblo en el que se honra a sus artistas e intelectuales hoy sería lo que se dice un Día Grande. Sin embargo, como no vivimos en un pueblo en el que se honra a sus artistas e intelectuales tal dìa como hoy será como ayer y probablemente mañana. No obstante, desde este lado del ordenador nos resistimos al silencio de una sociedad que parece que solo se activa cuando hay carnaval y romeria, fiestaaa en definitiva aunque no se han dado cuenta quienes tienen que darse cuenta que honrar a sus artistas e intelectuales tambièn puede ser una fiesta, así, rotundo y sin aes que sobren. Nosotros, desde este lado del ordenador, llevamos ya unos años celebrando que tal día como hoy vino al mundo don Benito Pérez Galdós, ese escritor imprescindible para conocer las alegrías y miserias de aquel Madrid de finales del XIX y sin lugar a dudas el mejor escritor de novela histórica que haya parido este país que ahora se nos fragmenta. Lean, lean sus Episodios Nacionales y griten con nosotros sin vergüenza alguna ¡¡¡viva, viva, viva Gabriel de Araceli!!!.

Saludos, libemos, libermos, libemos, desde este lado del ordenador