Septenio o al arte de marear la perdiz

Martes, Junio 22nd, 2010

Sigo con bastante interés la guerra de tartas que se ha organizado en torno al programa cultural Septenio. En rueda de prensa, el viceconsejero de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias (no moja pero empapa) Alberto Delgado, anunció hoy en la capital tinerfeña que esta iniciativa ha respaldado 75 proyectos de diversas disciplinas, con más de 300 convocatorias culturales tanto en las islas como en el exterior, con la contratación directa e indirecta de 1.560 personas y la participación de 455 empresas desde su inicio.

No aclaró no moja pero empapa, o al menos no he leído que lo aclarase en las crónicas que se hacen eco del relumbrante acto informativo, del impacto que han tenido estos actos por esos mundos de Dios ni de las supuestas opacidades denunciadas por algunos artistas canarios cuyos nombres no se encuentran escritos en el paseo de la fama septenional.

Reiterando que, pese a mis críticas, todavía entiendo este programa como una plataforma eficaz para articular y dar a conocer lo que se hace aquí en tierras de allá, lamento una vez más la actitud inmovilista y fuera de todo sentido de un Viceconsejero al que le entra el mal de San Vito cuando desde fuera (¡y desde dentro!) se le reclama que cambie aspectos de un modelo que hoy continúa sin convencer a una amplía mayoría.

Imagino –y es un suponer– que la pretensión de la más conferencia que rueda de prensa organizada hoy por la Viceconsejería de la cosa cultural era la de emitir una cortina de humo en torno a un programa que despierta sospechas porque su máximo responsable no contribuye a despejarlas. ¡Y qué mejor filtro para despistar a la opinión pública que recitar una retahíla de cifras donde se barajan cantidades millonarias como si se aspirase con ello, con los números, a ahuyentar la sombra de la duda que se cierne sobre este programa!

No se ha dado cuenta no moja pero empapa que, precisamente por eso, alimenta más preguntas y dudas al ser incapaz de rebatir con argumentos las denuncias que le han llovido por Septenio desde que éste comenzó a dar sus primeros e inestables pasos. No me vale así que reduzca esta cuestión al comodín: “los artistas que protestan son todos aquellos cuyos proyectos fueron rechazados”. 

Detecto por ello que el espectáculo montado hoy por el Viceconsejero suena más a marear la perdiz que a otra cosa. Y en esa línea –como la de repartir presuntas regalías y amenazar veladamente a quien se manifieste en contra, como parece que esta pasando en las áreas de tan sacrificado departamento del Gobierno autónomo (muy castigado en sus presupuestos por la dichosa crisis)– no se deben hacer las cosas.

No señor, no se debe.

Concluyo: señor Delgado: el que respeta, aprecia y el que tolera, desprecia.

Y usted, me parece a mí, poco de lo uno y mucho de lo otro.

MIENTRAS TANTO, EN EL PARLAMENTO DE CANARIAS…

Coincidiendo “casualmente” con la conferencia de prensa del programa Septenio, en esa casa de vagos en la que ha terminado por convertirse el Parlamento de Canarias el diputado socialista Domingo Fuentes Curbelo exigió que se destinen los 20 millones de euros previstos para los próximos cinco años en el programa Septenio a la cultura en el archipiélago.

La consejera de Educación, Milagros Luis Brito (conocida en su círculo como la requeté), le respondió que el programa nació, precisamente, para impulsar la actividad creativa cultural y trasladarla fuera de las islas. Añadió, además, y como si tuviera a su lado el fantasma de no moja pero empapa, que Septenio está superando sus objetivos con la financiación de más de 80 proyectos entre 2008 y 2009.

Nada nuevo bajo el sol.

El socialista contestó (metáfora de la tarta) que el programa “es un fracaso, un derroche, un despilfarro y un descontrol”. Y la requeté –a lo suyo– que “el objetivo estratégico –cómo le gusta a esta gente esta palabra, estrategia, estratégico, estratergoris y todas aquellas declinaciones que ustedes quieran– es dedicar recursos a la cultura de aquí, es impulsar actividad creativa cultural y trasladarla fuera del archipiélago”.

En esta batallita de tartazos también flotó en el aire el Espacio Canarias. Creación y Cultura instalado en pleno centro de Madrid, una iniciativa estimable pero que mucho me temo ha terminado por convertirse en una especie de club social canario en la capital de España; y otras historietas de ayer y hoy bien aderezadas de números, cifras, estadísticas, matemática pura y dura con el fin, obvio, de no coger al toro por los cuernos: Septenio, como todas las áreas del departamento de esta actual Viceconsejería de Cultura del Gobierno canario, necesita de una urgente y radical ITV si no quiere entrar en la UVI.

En cuanto al área que dirige no moja pero empapa se espera que se atreva a despejar de una vez el autista dirigismo que está caracterizando su manera de administrar la cultura, y que asuma de una vez por todas que aún se está a tiempo de corregir el camino y no de meter más la pata.

Con desprecio marrullero no se va a ningún sitio y sí a destruir lo poco bueno que aún nos queda.

Pero esto, tal y como se están llevando las cosas, no lo va a arreglar ni Achamán por tanto guayota metido ahí dentro. Y mucho menos esa especie de talismán al que recurre nuestra Viceconsejería de Cultura como as en la manga cuando se queda sin números, sin cifras que publicitar porque carece de argumentos convincentes, y que denomina como Plan Estratégico de la Cultura en Canarias.

Según la requeté se presentará antes de fin de año.

¿Otra incógnita?

Saludos, a lo apaga y vámonos, desde este lado del ordenador.

Historia de una momia guanche (en cinco partes)

Sábado, Mayo 22nd, 2010

CAPÍTULO I. EL VIAJE

La azafata le preguntó a la momia guanche que regresaba a Tenerife si quería tomar algo. El funcionario del Gobierno canario que iba sentado a su lado le ordenó que un café.

- Está muy cansada.- le dijo a modo de excusa a la azafata.

La azafata le contestó con una amplia y ensayada sonrisa y se alejó por el pasillo del avión fletado por Binter meneando las caderas. El funcionario miró a la momia y le cogió su arrugada mano de momia.

- Será un largo viaje…

La azafata dejó una taza de plástico con humeante café en la mesita de la momia.

- Ahora pondremos un corto canario para que el viaje se les haga menos cansado.- les informó con la misma sonrisa.

- ¿Qué película?.- preguntó el funcionario.

- Un corto canario.

- ¿Un corto para un viaje de más de dos horas?

- Sí. Pero no se preocupen: “garantizamos que se quedarán dormidos nada más comience”.

- ¿Se puede saber de que va?

- Pues no.

- ¿Por qué no?

- Pues porque cuando lo veo siempre me quedo dormida.

- Ahhh. ¿Y cómo se llama?

- Algo así como Benlaglos.

- ¿Y eso que es?

- Un corto.

- ¿Un corto?

- Un corto canario.

- Ahhh.

La momia estaba tomando su café con desagrado.

- ¿Le gusta?, ¿quiere más azúcar?

La momia negó con la cabeza. El funcionario se preguntó en qué demonios estaría pensando la momia si pensaba algo.

- Ahora ponen el corto.- les avisó la azafata.

La momia que no sabía lo que era una película asintió en silencio. Su cabeza la tenía puesta en Madrid. Demasiado tiempo en Madrid, descansando en esa cómoda urna de cristal…

Empezó la película.

El arqueólogo llamó a la azafata.

- Esta película no hay quien la entienda…

- Relájase.- le dijo la azafata con otra sonrisa.

- Ya, si estoy relajado pero es que… zzzzzzzz.

La momia también se quedó dormida.

CAPÍTULO II. LLEGAN A ¿CASA?

La voz del comandante sonando por la megafonía despertó a la momia y al funcionario.

- Dentro de media hora aterrizaremos en el aeropuerto de Los Rodeos. El tiempo es bueno.- decía la voz metálica del comandante. A la momia le hizo gracia cómo pronunciaba las z. Sonaban a s. Llevaba mucho tiempo en Madrid.

El avión tomó tierra, recorrió la pista y se detuvo. El funcionario se quitó el cinto cuando las luces le indicaron que podía hacerlo y animó a la momia a que hiciera lo mismo.

- Se hace así…- Le indicó.

A la momia le gustó el clic.

Abrieron la puerta del avión y el funcionario condujo del brazo a la momia que apenas podía caminar.

CAPÍTULO III. ¿EN CASA?

La luz del sol deslumbró los ojos vacíos de la momia que instintivamente se llevó la mano para protegerlos de aquella insólita luminosidad.

- ¡Bievenido a su tierra!.- exclamó un señor que, le informó el funcionario se trataba del presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero. Esa cosa se acercó a ellos con los brazos abierto cuando descendían las escaleras. Una nube de fotógrafos iba detrás del presidente, disparando sus cámaras. La momia olió el aire, pero sólo le llegó el inquietante aroma de la gasolina.

El tal Rivero la estrujaba ahora sin dejar de mirar a las cámaras con una ancha sonrisa. Estaba soltando un discurso: “hemos recuperado otra momia guanche. Vuelve a casa para quedarse definitivamente en casa…”

“… Casa”, pensó la momia en su agujereado cerebro de momia.

Tras los discursos y estrechar manos a gente que no conocía, la momia notó en falta la tranquilidad de su urna madrileña. El funcionario hablaba con la consejera de Educación, una tal Milagros Luis, una chica pizpireta que daba saltitos sobre la pista y se llevaba las manos al corazón.

La momia se sentía mareada y terriblemente cansada. Vio entonces como un hombrecito gordo a quien llamaban Domingo Berriel se acercaba velozmente al presidente y le susurraba algo al oído. La expresión de falsa satisfacción de Paulino Rivero se truncó en una sincera mueca de fastidio. Cogió por el cogote al funcionario y le transmitió algo pegando sus labios a su oreja. El funcionario se puso firme y tan pálido –pensó la momia– como ese celador del Museo de Madrid donde hasta ayer mismo descansaba plácidamente.

Dejó de mirar cuando un hombrecito gordo y jovial le estrechó su manita de momia.

- Es un honor conocerla.- le decía aquel hombrecito. Detrás de él y en una larguísima fila india se encontraba el presidente del Cabildo de Tenerife, con su calva ardiendo bajo los rayos del sol; el consejero de Turismo del Cabildo de Tenerife, un enanito; y también un tipo con gafitas que no paraba de moverse en la fila y que decía llamarse Cristóbal de la Rosa…

- Soy Cristóbal de la Rooosaaa.- gritaba.

- My name is Alberto Delgado, viceconsejero de Cultura. Si necesita algo no dude en llamarme. Igual podemos encontrarle algo en el programa Septenio. Usted me entiende ¿verdad? Tome, tome mi tarjeta…

La momia cogió la tarjeta y se la llevó a la boca. El viceconsejero de Cultura puso los ojos en blanco. La momia la masticó con los pocos dientes que le quedaban. Intentó sonreírle en señal de agradecimiento.

CAPÍTULO IV. PERO ¿QUÉ PASA?

Poco a poco se fueron haciendo paso entre el gentío seis agentes de la policía autonómica. A un gesto de uno con cara de Drácula y que llamaban José Miguel Ruano, se dirigieron a la momia sacándola del gentío.

Mientras la arrastraban por el aeropuerto oyó que el presidente del Gobierno canario exclamaba compungido: “Queridos amigos, creo que hubo un lamentable error…”

CAPÍTULO V. ARDE, MOMIA, ARDE

La momia vio como uno de los policías abría la puerta del horno. Contempló las llamas con cierta sorpresa. Siempre le había fascinado el fuego aunque hacía tanto tiempo que no sentía su poder…

El que se llamaba Berriel se acercó a su lado con una forzada sonrisa dibujada en los labios.

- Mucho me temo que tendrá que meterse dentro.- le informó bajando la cabeza y señalándole el horno.

La momia intentó encogerse de hombros.

-Yo, bueno, ya sabe… no está dentro del dichoso catálogo….- le dijo Berriel con ganas de que acabara la cosa.

La momia ensayaba tirarse de cabeza dentro de las llamas.

- Y es que hay que hacerlo todo dentro de nuestro orden. O se está no se está dentro de nuestro orden. Digo, dentro de un orden. Y usted… usted…- seguía hablando Berriel.

La momia se sumergió en el fuego.

No entendía nada pero para lo que había visto… Mejor era dejarse consumir entre las llamas. No obstante, se preguntó mientras se deshacía en cenizas sí todo aquello sería verdad u otro de aquellos extraños sueños que tenía últimamente en Madrid.

Nunca lo supo y nosotros, lamento decirlo, tampoco.

Saludos, reclamando fe, desde este lado del ordenador.