El temblor…

Viernes, Febrero 5th, 2010

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Que situación tan extraña. Me encuentro en casa leyendo el periódico cuando siento que el sillón se mueve. Pero que se mueve de una forma fantasmal, como si una mano enviada del más allá lo agitara silenciosamente mientras tengo la sensación, momentánea porque dura apenas unos segundos, que floto en el aire.

A todas estas escucho como se cae un libro de la estantería y recuperando la calma pese a que me pregunte qué diablos habré tomado esta mañana para sentir tan extraño movimiento, me levanto y recojo el libro tirado en el suelo: Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell.

Lo cojo entre las manos y lo ojeo. Y me dejo arrastrar por la narración del escritor quien me transporta a la lejana Corfú, lo que consigue que se me borre del imaginario la extraña y desagradable sensación que viví momentos antes. Esa especie de baile diabólico. O de danza superior a tus fuerzas, un déjate llevar porque no tienes más remedio.

El agradable relato familiar de Durrell me tranquiliza e incluso hace que sonría. Así que me llevo el libro a la cama y empiezo a leerlo porque se trata de uno de esos libros que adquirí hace mucho tiempo pero que no había leído por esa voz que a veces te recomienda que no lo hagas porque “todavía no le ha llegado su momento”. Y esperas. O mejor, te espera hasta que muchos años después lo recuperas por caprichos tan surrealistas como el que me sucedió esta mañana: un ligero temblor y cae, de entre otros los libros que tengo en mis desordenadas estanterías, precisamente Mi familia y otros animales.

Hablo con una amiga por teléfono y me cuenta si no me he enterado.

- ¿Enterado de qué?.- le respondo ya que no sé a lo que se refiere.

- Del terremoto.

- ¿Terremoto?, ¿dónde?.- contesto pensando en el desgraciado Haití.

- Aquí, en Santa Cruz de Tenerife.

Y me quedo de piedra mientras ella describe donde le pilló ese ligero estremecer de la tierra y yo hago lo mismo aunque, la verdad y no sé muy bien por qué, no le cuento lo del libro caído transformado ahora en una de mis nuevas lecturas junto a Almas muertas de Gógol; Canciones de sangre de Arnott y Todo modo del maestro Sciascia.

Con el libro todavía en las manos me llama un amigo para contarme lo mismo: lo del terremoto. Y repetimos, me temo, la historia como si tuviéramos la necesidad de olvidarnos de ella a base de tanto contarla. Tras cinco conversaciones telefónicas me parece que el relato que nos cruzamos ha perdido la inocencia original al estar ya gastado pese a que apenas hayan pasado unas horas del hecho.

De todas formas, este ligerísimo temblor me ha traído un regalo inesperado: un libro caído que me anunció en silencio que había llegado el momento de sumergirme en sus páginas.

Por eso, y por otras cosas también, no me explico todavía cómo puede haber imbéciles que pongan en duda que los libros están vivos.

Y que ésa, y no otra, es la revelación.

Saludos, sumido en un placentero estado de éxtasis, desde este lado del ordenador.

Nuevas historias de Ellroy y Arnott y una reflexión sobre la novela zombi

Lunes, Febrero 1st, 2010

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BUENAS NOTICIAS

Mientras espero que un amigo me devuelva de una vez El poder del perro de Don Winslow, escritor que por cierto participa esta misma semana en un chat con los lectores de El País, aprovecho esta mañana de lunes casposamente tormentosa para anunciarles que el 10 de febrero sale a la venta la nueva novela de James Ellroy en castellano. Se titula Sangre vagabunda (Ediciones B), título con el que cierra su particular y demoledor retrato de los años sesenta y que inició con las durísimas América y continuó con Seis de los grandes. Ellroy denomina estos tres volúmenes como su Trilogía Americana.

La acción de la novela transcurre durante el verano de 1968, donde “el destino ha colocado a tres hombres en el vórtice de la Historia. Dwight Holly es el matón preferido de J. Edgar Hoover, el que pone en práctica sus planes racistas. Wayne Tedrow, ex policía y traficante de heroína, está construyendo una meca del juego para la mafia en República Dominicana. Y Don Crutchfield, un joven detective privado de ética dudosa. Sus vidas chocan al tratar de dar caza a la Diosa Roja Joan.

Una buena noticia tras despertarme esta mañana de un mal sueño. Sueño en el que me encontraba como perdido en un paisaje nevado. No había sonido, sólo sepulcral silencio. Les cuento tan extraña pesadilla con la sana intención de psicoanalizarme.

Pero les contaba, la noticia agradable es que es uno de esos rutinarios paseos que me doy por las librerías de la capital, hoy más solitarias que nunca, mis ojos nerviosos tropiezan con Canciones de sangre, del escritor británico Jake Arnott. El año pasado descubrí a Arnott gracias a su inclasificable Delitos a lo largo plazo, donde dibuja unos años sesenta londinenses(¡también los sesenta!) muy feroces. En esta novela, compuesta por varias narraciones donde se nos cuenta la misma historia pero vista a través de distintos protagonistas, el escritor crea a uno de los personajes más fascinantes y crueles de la novela policiaca de los últimos años: Harry Stark, hampón de tendencias homosexuales que siente devoción por Judy Garland, y que está inspirado no tan vagamente en el verdadero y siniestro Ronnie Kray, uno de los tristemente célebres hermanos Kray.

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LA NOVELA ZOMBI ESTÁ DE MODA

Y ahora una reflexión sobre una moda literaria que sacude a España. Uno me dice que es signo de los tiempos: la literatura sobre zombis.

Basta con darse un paseo por las librerías de la capitá. La avalancha de títulos es impresionante. Pero lo más impresionante es que tras las incursiones escritas por narradores estadounidenses, entre ellos Max Brooks, hijo de Mel Brooks y Anne Bancroft, ahora los relatos que inundan el mercado nacional están firmados por escritores españoles como Manuel Loureiro y su Apocalipsis zombie, cuya segunda entrega transcurre en una Canarias sumida en una estrafalaria guerra civil entre blaquiazules y amarillos; Naturaleza muerta, de Víctor Conde, escritor canario que se esconde tras este pseudónimo; Los caminantes, de Carlos Sisi y Apocalipsis Island, de Vicente García, entre otros muchos.

Esta pequeña lista sólo quiere poner de manifiesto que los muertos vivientes están hoy más vivos que nunca literariamente hablando. Y sus razones tendrán. Añado a esta peculiar ristra de nombres y títulos la nueva tendencia por zombificar literariamente hablando grandes clásicos de la literatura y obtendremos (de momento) obras como Orgullo y prejuicio y zombis, de Seth Grahame-Smith y la española Lazarillo. Matar zombis nunca fue pan comido de un tal Lázaro-González Pérez de Tormes, y editada directamente en bolsillo.

Por lo que me pregunto: ¿Para cuándo una Mararía zombie?

Mientras tanto el nuevo revival sobre tan extrañas criaturas continúa aún dando estertores en la pantalla grande y en los tebeos, lo que significa que lo zombi ha pasado de ser un subgénero Fanta-terrorífico a transformarse en todo un género. Género que ya admite incluso parodias.

Objetivamente, pienso que esta puesta al día de los zombis es reflejo de la situación de desespero rayana casi ya en el nihilismo que reina en nuestros días. Así, no se me caen los anillos al comparar esta legión de muertos vivientes como la cada día más amplia legión de desempleados que buscan desesperadamente un puesto de trabajo. Los zombis, al fin y al cabo, casi siempre han intentado encontrar su lugar en el mundo, al igual que los parados que vagan por las calles mirando con creciente rencor a los que trabajan.

Y al igual que pasa en las novelas, películas e historietas, las filas de muertos vivientes como la de gente sin trabajo aumenta cada día mientras se reduce de manera alarmante la de los vivos y la de todos aquellos que gracias a su puesto laboral tienen dinero para gastarlo.

Les aseguro que esta comparación no es baladí. Si es usted un iniciado en estas cosas de los zombis habrá observado que en las películas que George C. Romero ha dedicado a sus criaturas, los muertos vivientes acuden casi siempre a los espacios donde perdían el tiempo cuando estaban vivos: las galerías comerciales…

Saludos, uno de esos días que tanto detesto como son los lluviosos, desde este lado del ordenador.

I don´t like sunday

Domingo, Enero 31st, 2010

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LA SILUETA OMINOSA

El revival al que estos últimos días estamos asistiendo en torno a la obra del escritor y poeta tinerfeño Félix Francisco Casanova tiene como todo revival que se precie un ligero sabor amargo. Está bien, no obstante, que en la primera y pesadillesca década del siglo XXI, la voz del poeta cobre nuevos vuelos y que incluso, como publica hoy La Opinión de Tenerife, haya gente interesada en llevar a la pantalla grande la novela El don de Vorace, proyecto cinematográfico sin embargo que “aún está verde”, explica en el mismo artículo el editor de Demipage, David Villanueva.

Todo este revuelo me hace pensar sin embargo en lo caprichosa que es la fama. También en lo sospechoso que resulta que sólo hablen bien de ti cuando hayas muerto.

Creo, aunque sólo a veces, que los que juzgan y califican sólo son benevolentes con los ausentes. Y esta idea no deja de inquietarme porque soy consciente que nos quedan aún con vida errante muchos escritores a los que ahora no se les hace ni puñetero caso precisamente porque están vivos. Así que habrá que esperar a que estén muertos. Y si cierran los ojos para la eternidad a edades tan ingratas como los 19 años, es más que probable que su cuota de fama efímera se agrande y de alguna manera se asegure si lo que dejaron escrito merece la pena.

¿SIEG HEIL?

Coincide el revival (con olor a flores muertas) de Félix Francisco Casanova con la publicación la próxima semana de una novela inédita pero primeriza de Roberto Bolaño. Se titula El Tercer Reich, pero que nadie busque paralelismos con su estupenda pero también estrafalaria La literatura nazi en América.

Confieso, oh pecador, que le cogí cierta aprensión a Bolaño cuando descubrí que era el escritor que todo postmoderno tenía que leer. Muchos amigos míos, que son postmodernos sin que lo sepan, no se cansaban en recomendarme sus novelas más famosas: Los detectives salvajes y 2666, pero fue precisamente su insistencia postmoderna lo que me obligó a dar un paso atrás y no atreverme a sumergirme en el universo de un escritor al que conozco sólo por uno de sus libros.

Bolaño, como saben ustedes, ya no está tampoco entre nosotros. Como tampoco está el sueco Stig Larsson, cuya trilogía sobre hombres que odian a las mujeres también me ha sido recomendada por muchas amigas para nada postmodernas y muy pocos amigos postmodernos.

A día de hoy sigo sin haberlas leído, aunque vi la película con la esperanza de que me animara hacerme con ellas aunque, previsible que soy, de la cinta sólo me estimuló su actriz protagonista.

FRUSTRACIONES DE UN HOMBRE LOBO ADOLESCENTE

Esto me hace reflexionar sobre las adaptaciones cinematográficas de novelas. No recuerdo ninguna que me calara pero sí algunas que me hicieron recordar lo leído mientras las contemplaba. Un escritor inteligente siempre dirá que una película inspirada en su obra no tiene nada que ver con su obra porque es otra cosa diferente.

Relaciono todo esto con uno de los momentos más frustrantes de mi infancia. En una etapa de mi vida fui un lector voraz de las aventuras de Mortadelo y Filemón, y muchas veces, mientras leías aventuras como El sulfato atómico o Magín el mago, me preguntaba cómo diablos no habían sido llevadas al cine. Todo esto se me pasaba por la cabeza antes de que  interpretaran a los personajes en carne y hueso en la gran pantalla, pero lo que yo quería en aquella época era ver en el cine a Mortadelo y Filemón en dibujos animados.

Fue en el cine Rex –probablemente uno de las salas más hermosas de la capital tinerfeña reconvertida hoy en sala de fiesta in pero out…– donde exhibieron algunos cortos animados de esta chiflada pareja de agentes de la TIA.

Las películas me resultaron horrorosas. Pero lo más horroso que masticó mi cabeza no fue la decepción que sentí al contemplar aquella animación rutinaria y choricera, sino las voces que doblaban a sus protagonistas.

Así no hablaban en mis sueños ni Mortadelo ni Filemón. Más tarde me pasó con Astérix y posteriormente con Tintín.

Ustedes perdonen, pero es que detesto las tardes y noches de los domingos. Son días que me saben a final. Y lo que me sabe a final me hace delirar.

UN POBRE CHICO ENAMORADO…

Lamento, oh pecador, haber dejado pasar Katyn, la última de Andrej Wajda, en TEA. Pero tengo mis razones. Razones que son prejuicios ya que me cuesta un riñón ir al TEA porque todavía siento que le estoy poniendo los cuernos a una novia maravillosa pero muerta recientemente como fue el cine Víctor.

Esperaré a que saquen el dvd. O a que alguien me la baje de Internet si encuentro a un valiente que no le tenga miedo a nuestro cada día más inquisitorial Ministerio de Cultura.

…QUE RECUPERA SU FE EN LAS CAUSAS PERDIDAS

Recupero en casa Confesiones verdaderas, de Ulu Grosbard. Una de esas películas que no me canso de ver y que crecen con el tiempo. Se trata de un policíaco extraño, con dos hermanos (un policía cínico pero honesto que interpreta Robert Duvall y un sacerdote con vocación empresarial que asume Robert De Niro) que vuelven a unirse cuando aparece el cadáver de una prostituta troceado en un descampado en Los Ángeles (ecos de la Dalia Negra).

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto volviendo a ver una película. Y eso que este fin de semana cayó también A quemarropa de John Boorman. Claro que basada en el material literario (otra vez las adaptaciones) que la inspira no hay color.

No.

No hay color.

Saludos, a lo I don’t like sunday, desde este lado del ordenador.

La de cosas que piensa un enfermizo lector compulsivo…

Sábado, Enero 30th, 2010

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¿QUÉ PASÓ ENTONCES?

Ha sido una extraña sorpresa. Devoro en cuestión de días un libro y cuando voy a colocarlo en la librería me doy cuenta estupefacto que ya lo había leído porque me encuentro en la estantería con el mismo libro pero publicado en otra editorial.

No sé si alguna vez les habrá pasado, pero el shock que me produjo hará historia en mis gastadísimas neuronas. Fue como una extraña mezcla de alegría y desánimo placentero.

Alegría porque había disfrutado como un político con dinero ajeno en las manos. Desánimo porque me pregunté como un idiota cómo diablos no recordaba que lo había leído. Intenté justificar la sorpresa diciéndome a mi mismo que su lectura anterior la hice no sé cuánto tiempo atrás, pero ni con esas. Vaya, que no.

¿Qué pasó entonces?

Pues entonces pasó que cuando leí por primera vez ese libro fue como quien lee una receta. No te enteras de nada.

Eso me hizo pensar en la cantidad de cosas que habré leído en mi vida sin enterarme de lo que me estaban contando. Lectura compulsiva y enfermiza, para que me entiendan.

¿RECUERDAS?

Es una cantinela tan antigua como el oficio más antiguo del mundo que no tengo muy claro cuál debe de ser pese a que la mayoría diga lo contrario. Pero he tenido etapas en mi ya agitada vida de marinero lector en la que he devorado libros sin que me quedara muy claro de que iba la cosa.

Vamos… que me preguntan ¿has leído noséqué? y si bien sé que lo he leído no tengo pajolera idea de que iba.

Me imagino entonces que esta falta de memoria nos acompaña a todos los que tenemos la manía de pasar el tiempo leyendo mientras la vida pasa ante nuestras narices sin que nos demos cuenta, pero así son las cosas. Al menos en mi caso.

MÁS ALLÁ DEL VALLE DE LAS MUÑECAS

Esto me lleva a otra divertida reflexión cuando me encuentro con colegas lectores.

Siempre brota el tonto juego de citar nombres de escritores a la espera de sorprender al contrario. Es casi como una partida de ajedrez pero inocente y cansina. Cansina porque ya estoy acostumbrado a que cuándo pregunto: ¿has leido Humillados y ofendidos de Dostoyevski?” y me responden que sí, sé si ese sí es de verdad o de mentira. Eso sí, ni sé me ocurre preguntarles de que iba. O el nombre de los protagonistas (y mucho menos sin son de novelas rusas, salvo quizá el Raskólnikov de Crimen y castigo) porque si bien me la leí hace un porrón de años y apenas recuerdo algo de ella, sí que tengo presente que me tocó el corazón pese a que apenas pueda ahora contarles en líneas muy generales su argumento.

Les cuento todo esto porque me parto la cabeza intentando entender porque cuando hablo con otros colegas lectores me mienten diciéndome que han leído tal o cual libro cuándo no es verdad.

ZOOQUETES

Soy del caso que cuando no he leído un libro y ni siquiera conozco al escritor lo suelto como si de un escupitajo se trarata. Pero eso no funciona, porque enseguida te responden los que forman parte de esa fauna enjaulada: “¿pero cómo, no has leído a quién ustedes quieran?”

Me molesta, igualmente, los que van a todos sitios con su libro debajo del brazo como quien lleva al perro a pasear. Mi sexto sentido me dice que esa especie (mayoritariamente de machus estupidus) no se ha leído ese libro que parece que lleva para que tome el fresco.

¡Allá ellos! Porque no suelen hacer daño aunque considere que lo que hacen es una aberración. Y destaco lo de aberración porque un libro se lee o no se lee. Y si se pasea es para leerlo en los tiempos muertos que salpican tu existencia diaria en la calle. No con el fin de que la gente te vea con él.

Agradezco no obstante a uno de estos especímenes que gracias a esa anomalía me descubriera recientemente a Sándor Márai. De hecho, creo que fue el fantasma de Márai quien me gritó mientras ojeaba el ejemplar que me pasó ese mismo tipo que lo sacó a la calle a pasear lo de “¡¡¡estoy vivo!!!”

Y tan vivo que estaba. Fue leer la primera frase de sus Confesiones de un burgués y caer bajo su hipnótico hechizo.

Eso sí, le devolví el perrito, digo el libro a la bestia que lo paseaba y corrí a hacerme con un ejemplar como quién corre detrás del secreto de la vida…

Demonios, ¿por qué cuento todo esto?

Y ahora, sólo ahora al hacerme esta pregunta, comienzo a entender los ¿por qué? volví a leer ese libro de cuentos que ya tenía en mi biblioteca.

Saludos, oh hermanos de la costa, desde este lado del ordenador.

Uno de mis tres grandes cuentistas…

Lunes, Enero 25th, 2010

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La decisión se hace difícil cuando pregunto que libros de ficción te han impactado más: ¿novelas o cuentos? Y digo difícil porque en mi peculiar catálogo de escritores a los que amo porque casi nunca me han decepcionado por la frescura de sus narraciones se encuentran tres ilustres cuentistas: Chéjov, el maestro del relato corto; Maupassant, a quien descubrí en plena y gozosa adolescencia, y quizá el más desconocido pero no por ello menos importante en mi fatigada galería de ilustres: el norteamericano O’Henry. Bueno, lo de O’Henry es un pseudónimo tras el que se escondía William Sydney Porter.

Les cuento lo de O’Henry porque pese a ser un autor relativamente bien publicado y traducido en España siempre ha sido contemplado como un microbio frente a otros grandes narradores de piezas maestras breves. Y si bien es cierto que como escritor nunca se caracterizó por eso que llaman “aguda penetración psicológica en el carácter de sus personajes”, los más de seiscientos relatos que legó para la caprichosa posterioridad son la mayoría de ellos piezas de una delicadeza extraordinaria además de un acerado y más que irónico, cínico sentido del humor que desarma.

El domingo pasado, en una de mis ya tradicionales excursiones al Rastro de la capitá tinerfeña, logré hacerme con un nuevo volumen de cuentos del maestro norteamericano. Libro que como es natural devoré la tarde del domingo plomizo y enfermo. O’Henry, una vez más, logró lo que casi siempre logra O’Henry en quien les escribe, que esa tarde plomiza y aburrida no lo fuera tanto.

Soy un firme defensor de lo que algunos llaman literatura de humor. Género que tiene notables narradores en sus filas. Y entre sus filas se encuentra este sorprendente escritor estadounidense que suele asombrar siempre a sus lectores con sus destacables finales.

Las historias de O’Henry están protagonizadas la mayor parte de las veces por pícaros y vagabundos, personajes a la deriva que en la pluma del escritor son retratados con entrañable nobleza de arrabal. A mi me recuerdan la mayoría de sus protagonistas en el filo del abismo a esos doctores y periodistas pendencieros y borrachos que tanto abundan en las películas de John Ford. De hecho, volviendo a leer sus historias, confieso que los personajes independientemente de la edad que tuvieran en el cuento, adoptaban en mi imaginación los rostros de Thomas Mitchell y Edmond O’Brien, distinguidos secundarios del cine americano.

Como soy de los que sospecho que los autores que han sabido penetrar en mi oxidada armadura están por ahí vivos en alguna parte, se da la extraña casualidad de que en junio de este mismo año se conmemorará el centenario de la muerte del escritor. Un escritor, O’Henry, que supo sacarle el lado humano a la canalla quizá porque antes de que se dedicara a la escritura él mismo fue un redomado canalla. De hecho, pasó una buena temporada en la cárcel por desfalco y se autoexilio de su país natal para pasar una larga temporada en Honduras. También buscó oro y cuidó ovejas en el salvaje oeste, paisaje que retratró magistralmente en algunos de sus más celebrados relatos.

Su muerte, como son casi todas las muertes de escritores con la cabeza desarreglada aunque quizá por eso con voz tan auténtica e independiente, lo cogió sumido en la ruina y con el hígado lo que se dice una pasa.

Un hombre grande, vamos.

Por eso, señor O’Henry, permítame que eleve el vaso de bourbon y me lo tome en salud a su memoria.

Saludos, muy reivindicativos, desde este lado del ordenador.

Cinco reflexiones ‘hitchcorianas’ sobre cositas culturetas Can-Arias. Y de regalo, ¡¡¡un extra!!!

Domingo, Enero 24th, 2010

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EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO

Desde que tengo uso de razón si hay un escritor canario que se encuentra más allá del bien y del mal es Félix Francisco Casanova. Y ello pese a que nos dejó una obra breve pero intensa. Tan intensa que algunos iluminados la califican ya como la de un Rimbaud canario. Que a mi me parece casi lo mismo que decir eso del lagarto gigante: especie autóctona de sangre fría a la que le gusta calentarse al sol.

Dejando antipáticas etiquetas a un lado, sí que es una buena noticia saber que la editorial Demipage reedita ahora la novela El don de Vorace y su Diario, lo que pongo en conocimiento de todos aquellos que todavía ignoraban esta noticia.

Transcurrido mucho, mucho tiempo después de su muerte –a los 19 años y en “extrañas” circunstancias como nos recuerdan las crónicas que se han ido publicando porque se reeditan estos dos textos esenciales del malogrado escritor– creo que la gran suerte pero también la gran desgracia de Félix Francisco Casanova fue la de saber demasiado en unos tiempos (como también son los actuales) donde se premia casi todo menos, precisamente, saber demasiado.

Entre los mejores textos que he leído sobre el nuevo revival Casanova (¿le dedicará el Ejecutivo regional el Día de las Letras Canarias en el año 3.000?) se encuentra este formidable artículo que firma el escritor Juan José Armas Marcelo en el suplemento cultural ABCD de las artes y de las letras publicado el sábado pasado, 23 de enero…

YO CONFIESO

Les confieso que no he seguido con mucha atención la que se está liando por no concederle la subvención “prometida” al Centro de la Cultura Popular Canaria. Pero es que a mí esto de los repartos de subvenciones siempre me ha puesto los pelos de punta. Y más, como dicen, si la misma era “prometida”. ¿Prometida?

No creo que a estas alturas nadie ponga en duda la labor desarrollada por el Centro desde que comenzó su andadura en la noche de los tiempos pero permítanme al menos observar que dentro de esas reivindicaciones que están lanzando numerosos notables culturales de esta tierra canaria, así como políticos de todo signo y de toda condición para que nada cambie y todo siga igual, que se repita y repita que la política de publicaciones del CCPC siempre ha sido exquista e impecable… qué baje la santísima Virgen de Candelaria y lo vea…

CON LA MUERTE EN LOS TALONES

Leo con ancha sonrisa en la edición de pasado jueves de Diario de Avisos que el escritor gallego Manuel Loureiro acaba de publicar la segunda entrega de su historia de zombis Apocalipsis Z (Plaza&Janés), titulada Los días oscuros. Y si bien admito que hasta aquí nada nuevo bajo el sol, el chiste profético me asalta cuando me entero que en esta segunda entrega los cuatro supervivientes del primer volumen recalan en Lanzarote donde son rescatados por un grupo de personas que procede de Tenerife, quienes les informan del apocalipsis zombi mundial. ¡Sólo Tenerife y Gran Canaria han logrado escapar de los no muertos! Aunque…. En ambas islas se ha declarado la guerra civil.

Y yo pienso, llevándome las manos a la cabeza, que tiene que ser uno de esos godos a los que tanto quiere el concejal del Ayuntamiento de la capital tinerfeña Hilario Rodríguez quien nos revele en clave de ficción uno de los posibles futuros alternativos del dichoso y ya cansino pleito insular…

LA SOMBRA DE UNA DUDA

Me tranquiliza un lector del blog al suponer que el anunciado the end de Mueca está aún en el aire. Y que sus festivaleros organizadores se han adelantado a la jugada sospechando la reacción a la contra del nuevo alcalde del Puerto de la Cruz, a quien conocemos por esta bitácora cariñosamente como Copito de Nieve.

Si eso es así, espero que Copito recule, se dé cuenta de lo que hace y dé luz verde a un certamen que no es que enriquezca al Puerto de la Cruz ni a Tenerife, es que enriquece a Canarias toda.

Quizá si la muchachada de Mueca convence al primer edil de que este Festival, además de traer a comediantes que hacen el ganso por las calles de la ciudad turística, también reparte dinero, pasta o parné en ese Puerto de mi Cruz igual se lo piensa antes de condenarlo a la nada….

FALSO CULPABLE

Me alegro lo que se dice un montón que Enrique Carrasco esté en estos momentos grabando el documental Gonsalvus, un canario en la kunstkammer. Me consta que se trata de un proyecto largamente acariciado por el periodista y cineasta tinerfeño.

Persona, además, que fue de las primeras que descubrió al tal Petrus Gonsalvus, un tinerfeño con exceso de vello que causó asombro en las cortes europeas del siglo XVI…

EXTRA: CORTINA RASGADA

Cuando era pequeñito y no entendía una palabra solía ir al maestro o a la mestra (porque en ese tiempo eran maestros y maestras y no profesores y profesoras) y le preguntaba qué quería decir (pongamos un ejemplo): ”corrupción”. El maestro o la maestra me respondían entonces casi siempre lo mismo: “búscalo en el Diccionario”. Les cuento esto porque el titulito hitchcoriano de este comentario es para “iniciados” y no me apatece contarles que Cortina Rasgada es una ironía de lo que se llamaba Mundo Libre cuando se lograba “pasar” a Occidente a alguien del otro lado del Telón de Acero y… ¡vaya, cojones, si casi se lo he dicho todo!

Les contaba esto porque ayer, sábado, quien les escribe se encontraba en uno de esos centros comerciales más perdido que uno de los protagonistas de la serie que hace tanto furor cuando de repente sus ojos se tropiezan con el único dvd que les quedaba de la miniserie ¡¡¡The Company!!! a precio de risa maríaluisa.

Como sabrán, cabestros, no hace mucho devoré las casi 1.300 páginas de la novela que la inspira, de Robert Littel, un escritor que para quien les escribe está a la misma altura –o más– de John Le Carré. De hecho, he tenido tiempo para masticar otras historias del autor como El Rizo y Leyendas, y es tanta mi obsesión que continuo a la captura de más novelas de este señor en el Rastro de la capitá con el mismo entusiasmo de un caballero de la Mesa Redonda tras el Santo Grial.

Cabe añadir, no obstante, que sin poca fortuna.

Pero ¿y qué?

Les contaba que me hago con la miniserie The Company. Y que me pego las cuatro horas bien entrada la noche.

¿Conclusión?

No la recomendaría si no han leído la novela.

Verdad de verdades…

Saludos, a lo “no preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por tu país”, desde este lado del ordenador.