Paul Newman, la leyenda del indomable
Sábado, Septiembre 27th, 2008Me entero por un lector de una tristísima noticia: Ha muerto Paul Newman. Y a la mente se me viene de golpe los grandes papeles que interpretó en películas que me han marcado como espectador y como persona: El buscavidas, Dos hombres y un destino, Marcado por el odio, El golpe, La leyenda del indomable, Éxodo… es como si me haya dejado uno de los míos, un actor (y también director) que siempre fue una referencia con sus poderosísimos ojos azules. Hace poco tiempo anunció que se retiraba de la escena víctima de un cáncer de pulmón, que es ese cáncer maligno que nos amenaza a todos los que fumamos como chimeneas, y noqueado, más triste de lo que estoy todavía, escribo estas líneas para rendirle mi modesto homenaje.
Era uno de los grandes, de los últimos gigantes que le quedan a un Hollywood que hoy está devorado por el plástico. Un pedazo de actor que llenaba pantalla y derramaba talento. Un tipo que lo tuvo difícil porque era demasiado guapo, pero que supo moldearse para hacer creíbles a los esteparios con corazón roto. En El buscavidas (y en su excelente continuación, El color del dinero de Martin Scorssese) interpreta a un Eddie Felson en estado de gracia. Felson es un perdedor pero también un luchador, uno de esos tipos a los que por mucho que les machaque la vida se siguen levantando para recibir más golpes. La última escena de esa obra maestra de Robert Rossen es un monumento épico a los que nos tumban todos los días. Newman estaba ahí para recordarnos que a pesar de los golpes, tienes que levantarte antes que decirle basta a los idiotas, a los que piensan que están por encima de ti porque les sobra dinero o porque creen que de ellos es el reino de este mundo. Repitió el mismo esquema de tipo al que sacuden por todos los lados en Marcado por el odio, cruda autobiografía del boxeador Rocky Marciano, y todos, seámos hombres o mujeres, nos enamoramos de su cínico encanto en Dos hombres y un destino y El golpe, donde compartió protagonismo con otro guapo aunque estirado, Robert Redford. Pienso ahora que no lo debe de estar pasando muy bien el señor Redfor. Ha muerto Paul Newman. Un mito viviente del cine americano. Un actor que hace que callen las voces de todos aquellos imbéciles que desprecian lo que hizo grande Hollywood.
¿Cuándo fue la úlima vez que vi una película suya en el cine? ¿Fue Camino a la perdición? No lo recuerdo bien, pero sí que en esa extraña y fascinante historia de gángster, un viejo y sobrio Newman se comía a pedazos a Tom Hanks. Cuando estaban juntos en pantalla no podías apartar la mirada del viejo. Sus ojos, un ligero y elegante movimiento de su cuerpo. Daba escalofríos…
Newman cuenta con un puñado de películas cuyas imágenes han dejado huellas al rojo vivo en mi memoria cinéfila: ¿Quién no se acuerda de cómo devoraba huevos en La leyenda del indomable?, ¿o de cómo la daba al taco en El Buscavidas?, ¿o cuándo junto a Redford se tiraban del acantatilado al río para escapar de sus perseguidores? No fue Dios, pero casi. Con él desaparece uno de los más grandes actores del cine norteamericano de todos los tiempos. Era una leyenda, y como tal leyenda continuará viva, aunque me saben a tópico tontorrón este pensamiento. Newman ha muerto, me quedan sus películas pero el hombre de los bonitos ojos azules ya no está entre nosotros.
Casado con la excelente actriz Joanne Woodward, me siguen llegando más títulos del actor a la cabeza, Cortina rasgada, La gata sobre el tejado de zinc, El coloso en llamas, que interpretó con otro grande, Steve McQueen; Hud, Dulce pájaro de juventud…. Tantos y tantos encuentros con un actor que esta mañana y en silencio se ha apagado.
No sé a todos ustedes, pero hoy me siento además de triste un poco más solo.




