Hasta siempre, maestro Azcona

Martes, Marzo 25th, 2008

azcona.jpg La muerte de Rafael Azcona supone otro duro golpe para mis ya de por sí dispersas neuronas. Afortunadamente tuve la suerte hace ahora mucho, mucho tiempo, de agradecerle personalmente los buenos momentos que me hizo pasar con sus guiones cinematográficos, llevados a la pantalla grande con mano maestra por cineastas como Luis García Berlanga y Marco Ferreri. De hecho, creo que algunas de las mejores películas del cine español están rubricadas por el también maestro Azcona, un hombre que supo describir con irónico sentido del humor negro lo más bajo de esta España nuestra. Películas como El verdugo, Plácido, El pisito o El cochecito son cine ESPAÑOL con mayúsculas y un retrato implacable de la celtiberia profunda narrado bajo la mirada distorsionadora del espejo deformante (cóncavo y convexo del mítico y madrileño callejón del Gato) del esperpento que creara Valle Inclán.  Todavía me pregunto cómo diablos pudieron todas estas películas pasar a la odiosa censura.

Azcona además de ser un sobresaliente guionista también fue un notable novelista de… humor. El humor es un género que en España siempre ha sido visto por demasiado sector de la crítica como menor, pero si uno tiene la suerte de leer no sólo las novelas que dejó escritas este señor de provincias (Azcona nació en La Rioja) sino también las de Edgar Neville o Wenceslao Fernández Flores, sólo puede pensar cuán equivocados están  los que se creen por encima del bien y del mal. Háganme caso, e intenten encontrar en cualquier librería o biblioteca su excelente El repelente niño Vicente o El pisito. Me lo agardecerán con lágrimas en los ojos. Las lágrimas, afortunadamente, no serán de tristeza como las que empañan ahora mis ojos mientras escribo este óbito de urgencia, sino de tremenda alegría. De risa desbaratada, de carcajada auténtica y lo que es mejor, con sabor cien por cien español.

Porque Azcona, señores y señora, fue un pata negra. Y en unos momentos donde hace falta tanto reírnos sanamente de las cosas porque es la única manera de tomárnosla en serio, no se imagina uno todavía cómo lo  vamos a echar de menos.

Escritor y guionista que hasta hace relativamente poco permanecía en un insólito anonimato, un buen día se lió la manta a la cabeza y se dio a conocer entre todos los que lo  admirábamos. Recuerdo así a Azcona como un hombre serio cuyo trabajo era el de hacernos reír con inteligencia. Es decir, dándote puñetazos con historias que entre carcajada y carcajada te obligaban a poner en funcionamiento la cabeza. También me llamó la atención su humildad, y que aparentemente le resultara tan indiferente el trabajo que realizaba. Parecía de hecho sorprendido que varios periodistas de provincias y en el meridiano de la treintena le rindiéramos tan “inmerecida” pleitesía.

Contestó con educación exquisita a todas nuestras preguntas, algunas inoportunas. Y se río recordando su experiencia al lado de otros grandes como Berlanga y Ferreri. Para mí Azcona tocó el cielo con estos dos cineastas y estos dos cineastas tocaron el cielo trabajando con Azcona. Allí están las películas anteriormente citadas. Lo que hizo luego, no me interesa tanto. Sí, colaboró en el libreto de El año de las luces y Belle Epoque… Fue también responsable de la trilogía La escopeta nacional de su amigo Berlanga, pero no es lo mismo. No era lo mismo. No sé, quizá sea cosa del color. Pero para mi Azcona fue el hombre que estuvo detrás de las emociones en blanco y negro de El pisito, El cochecito, El verdugo y Plácido. Cuatro obras maestras. Redondas y sinceras que supieron reflejar con conmovedora y descarnada mirada las miserias de esta España nuestra. 

  

Arthur C. Clarke ya pisa ‘Las arenas de Marte’

Miércoles, Marzo 19th, 2008

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En aquellos ya lejanos tiempos en los que me inicié en las lecturas bizarras había tres grandes nombres en el universo de la ciencia ficción: Ray Bradbury, Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. De estos tres mosqueteros que nos ayudaron a muchos a descubrir universos que no estaban en éste, sólo queda uno, mi admirado Ray Bradbury, un escritor que curiosamente es poco reivindicado por los aficionados al género aunque sí por esa amalgama de lectores que prefieren más la ficción que la ciencia.

Arthur C. Clarke, que dejó de estar entre nosotros a la venerable edad de 90 años, residía desde los años 60 en Sri Lanka, donde mantenía contacto con el resto del planeta gracias a ese invento milagroso que es Internet. Entre las grandes novelas que nos lega se encuentra 2001, odisea del espacio, que como todo el mundo sabe Stanley Kubrick transformó en una película que hoy es referencial para la ciencia ficción, a la que le puso pantalones largos en pantalla grande; así como Cita con Rama, entre otras grandes obras.

No fue sin embargo Clarke un escritor fácil para los que aprendimos a entender lo que nos rodea leyendo sus novelas, pero sí fue adquiriendo grandeza a medida que crecíamos y éramos capaces de asimilarlas, sobre todo porque la ciencia primaba a la ficción.

Confieso que soy de los lectores erráticos del género que prefiere más la ficción que la ciencia pero eso no me ciega la razón a la hora de valorar el trabajo imaginario de Clarke, un narrador de universos posibles y de civilizaciones alienígenas a las que trató en muchas ocasiones como extraños dioses del espacio exterior.

El autor de El centinela, el relato que dio origen a 2001, una odisea del espacio, residía en Sri Lanka según la prensa sensacionalista británica por su  pederastía, que Clarke siempre negó aunque lo convirtió en un escritor incómodo para el mundo occidental pese a que aquí se le seguía consumiendo con devoción, aficionados ansiosos por imbuirse del mensaje progresista que caracteriza cada uno de sus títulos.

En 2007 y con motivo de su 90 cumpleaños, a Clarke se le preguntó por sus tres deseos: “Me gustaría tener más pruebas de vida extraterrestre. Me gustaría dar una patada a nuestra actual adicción al petróleo y que adoptásemos fuentes limpias de energía. No podemos permitir que el carbón y el petróleo cuezan lentamente nuestro planeta. Y me gustaría que en Sri Lanka arraigue una paz duradera tan pronto como sea posible”.

Otras obras del autor son El fin de la infancia, La ciudad y las estrellas, Fuentes del paraíso, Factor detonante, Las arenas de Marte y la excelente colección de relatos Cuentos de la taberna del Ciervo Blanco, por citar algunos de los más conocidos.

Qué siga el espectáculo

Lunes, Febrero 11th, 2008

jaws1.jpg  Ha muerto Roy Scheider. Casi todos los despachos de agencia destacan que fue el co- protagonista (el otro fue el gran escualo) de Tiburón. La primera y segunda, aunque todos recordemos la primera que sigue siendo una obra maestra de su director, Steven Spielberg.

            Scheider, que tenía rostro de boxeador y de tío duro pero con corazón, también protagonizó 2010: una odisea 2, que es una segunda parte irregular de una gran e incomprendida película de ciencia ficción, 2001, una odisea espacial, así como cantó y marcó pasos de baile en All that Jazz, donde se transformaba en una especie de alter ego de Bob Fosse, su gran director.  También intervenido en Trueno azul, de John Badham, todo un taquillazo en los años ochenta y un filme más que recomendable para los amantes de los helicópteros de última generación,aunque hoy resulte el Azul de segunda y tercera.

            La última vez que vi a Scheider fue en la fallida serie seaQuest, producida por Spielberg, pretensiosa recuperación de Viaje al fondo del mar con Star Trek pero sin la gracia de la primera y mucho menos de la segunda. Roy Scheider fue, de todas formas, uno de esos actores que se dejaban querer, y una estrella pálida del Hollywood dorado algo devaluada en los últimos tiempos. No era, de todas formas, lo que se dice un actor gigantesco pero sí que fue un actor meridiano, una de esas muchas caras que tiene el cine norteamericano con las que te identificas.

            Es verdad, de todas formas, que el papel por el que le recordamos esa amplía mayoría silenciosa que somos los espectadores será por su papel del capitán Brody en Tiburón, de Spielberg, donde el por aquel entonces enfant terrible del cine americano reiventó el género de terror y de paso logró que muchos, y en particular el que les escribe, no deje de estar inquieto mientras se baña en el mar. Aunque sea en Las Teresitas.

‘Vampira’ es inmortal

Lunes, Enero 21st, 2008

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Comienzo  la semana con una reseña dolorosa que, una vez más, pasa desapercibida para la cada día menos aguda prensa local: la noticia del deceso de Maila Nurmi, más conocida entre todos los aficionados de bien del cine fantástico y de terror de todos los tiempos como Vampira.
Convertida en un Icono de género e imitada hasta la saciedad por numerosas aspirantes a ocupar su lugar, entre ellas la olvidable Elvira, creo que muchos no le vamos a perdonar que nos hiciera creer que era inmortal cuando nos dejó solteros y sin novia a la edad de 86 años.
Su personaje, Vampira, con el que presentó un programa de cine de terror en la televisión norteamericana de los años 50, está claramente inspirado en las tiras cómicas de La familia Addams, que dieron con posterioridad origen a una de las mejores series de televisión de todos los tiempos, La familia Addams, protagonizada, entre otros, por la encantadora Carolyn Jones y el gran John Astin. Sin embargo, cosas de la vida, si Vampira es hoy recordada por legión y legión de aficionados es por su aparición, apenas unos cinco minutos, en Plan 9 from outer space (1959) de Ed Wood, estrafalario cineasta que hoy ocupa el dudoso honor de encabezar la lista del peor director de la historia del cine.
Tim Burton le rindió justo tributo a Wood en una película inspirada en su excéntrica vida, donde repasa, entre otras cintas, el rodaje de Plan 9 del espacio exterior. La película original, que he tenido la suerte de ver la semana pasada, no deja de ser una simpática payasada de extraterrestres que resucitan a los muertos para conquistar la Tierra, con platillos volantes de fabricación casera sobrevolando Hollywood. Los diálogos son deliciosamente estúpidos, apenas cambia de escenario y recurre a imágenes de archivo, entre otras, las de un cadavérico Bela Lugosi que murió días antes de que comenzara este monumento cinematográfico a la improvisación.
No creo que Vampira le hiciera mucha gracia trascender este mundo siendo recordada por su breve, pero descacharrantemente intensísima intervención en esta película, pero pese a todo, merece de nuestro reconocimiento como fanes fatales. Su larga cabellera negra (aunque al parecer era rubia natural) y su cintura de avispa no deja de despertar extrañas lecturas en mi cerebro y en otras partes de mi anatomía a pesar del tiempo pasado. Claro que quizá se deba a que si bien los caballeros las prefieren rubias al final se casan con las morenas. Eso al menos decía mi por otra parte también admirada Anita Loos.

Descansa en paz, Maila Nurmi, pero vive entre nosotros Vampira.  

¡Llorad, malditos, la muerte de George McDonald Fraser!

Sábado, Enero 12th, 2008

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La lectura del periódico agria el carácter. Que me lo digan a mí… Hago responsable de que  la sombra de la tristeza haya vuelto a revolotear por mi cabeza a J. J. Armas Marcelo y su adictiva colaboración (A la intemperie) que publica el ABC de las artes y las letras, donde leo sorpendido que George McDonald Fraser, el genial novelista británico y padre del héroe cobarde más delicioso de la literatura moderna, Harry Flashman, ha muerto. Ha muerto.

Tardo un tiempo en reaccionar. ¿George McDonald Fraser ha muerto? No me lo creo. No puede ser cierto… Y busco en la red, esperando que J.J. Armas Marcelo se haya equivocado, que todo se debe a un lamentable error… pero no, mi admirado George McDonald Fraser ha muerto. Así de sencillo. Dejó este mundo tan podrido y por lo tanto necesitado de las aventuras de Harry Flashman el pasado 2 de enero. Y en España ni una puta línea, ni un artículo reconociendo la labor de este singular escritor que como todo gran escritor cuenta con una biografía igual de literaria. Los numerosos aficionados a su serie Harry Flashman estamos de luto y encanallados. Es decir, que nos sentimos un poco traicionados por Fraser. Yo esperaba.. yo esperaba que sus novelas sobre Harry iban a continuar apareciendo y que por fin, un día de estos, quizá el próximo año, caería en mis manos el volumen de sus aventuras en plena Guerra de Secesión Norteamericana. Pero no va a ser así, y por eso me siento estafado, noqueado… aunque miro las estanterías de mi biblioteca y observo en un lugar destacado todas las novelas que publicó Edasha sobre ese militar seductor y cobarde que consiguió con mentiras y arribismo impresentable las más altas condecoraciones del imperio británico…

Escritor y guionista, Fraser firma el libreto de Octupssy, uno de los Bond más divertidos de cuantos protagonizó Roger Moore, aunque si por algo es conocido entre los lectores es por la serie que le dedicó a Harry Flashman, las supuestas memorias de un cínico y cobarde militar británico que estuvo en casi todas las grandes campañas militares de su gloriosa nación a partir de la segund mitad del siglo XIX.

Afganistán, Sudáfrica, Abisinia, la península de Crimea… fueron sólo algunos de los escenarios donde este impresentable de uniforme fue adquiriendo fama y notoriedad, al tiempo que de su mano Fraser nos mostraba la otra cara de la gloriosa Unión Jack.

Novelas de aventuras, George McDonald desmitificó para siempre las batallas del imperio y transformó sus libros es una especie de espejo deformante de las épicas cantadas por gigantes anglosajones como Kipling o P. C. Wren. Su mirada casi siempre fue de absoluto desprecio hacia los generales y de honesto aprecio por todos aquellos que fueron enviados al matadero en nombre de la Gran Bretaña.

Se habló de convertir sus aventuras en serie de televisión, pero el proyecto nunca llegó a puerto pienso ahora que por demasiado brutal con las glorias pasadas de su país. Malcom McDowell sí que lo encarnó en una cinta desigual dirigida por Richard Lester, El cobarde heroico (que refundía en uno los dos primeros libros de la colección, Harry Flashman y Royal Flash);  así que los aficionados todavía estamos a la espera de que un cineasta valiente lleve otra de sus historias al cine sin escatimar medios ni la crudeza de sus descripciones… Ay, algo me dice sin embargo que no… aunque nos quedan sus novelas, sus fantásticos relatos de capa y espada en los que Harry, huyendo del peligro siempre encontraba la paz bajo las faldas femeninas…

En fin, que se nos ha ido otro de los buenos. De los mejores, para que me entiendan. Va por usted George McDonald Fraser. También por tí, Harry Flashman.

Para saber más del escritor y su personaje recomiendo la consulta de está página:  www.harryflashman.org.

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Tributo modesto a Oscar Peterson

Miércoles, Diciembre 26th, 2007

peterson.JPG Suelo ser un animal de costumbres, y por estas fechas un poquito más. La tarde del lunes pasado, antes de salir de casa para cenar con la familia en la tradicional fiesta de Navidad, me la pasé en casa escuchando algunos de los temas que han marcado la banda sonora de mi vida mientras recreaba todos esos momentos más o menos importantes que han permitido y permiten que siga adelante y frenan mi necesidad (también necedad) de tirar la toalla.

En esa orgía musical sonó un poco de todo. Lo que refleja mi variado universo cultural que, imagino, queda bien representado en este blog. Es decir, que mi cerebro volvió a vibrar con el encantador Dean Martin, The Allman Brothers y The Doors, así como con uno de los mejores discos en la trayectoria musical del legendario Oscar Peterson, Tristeza.  Hoy descubro, entre la sorpresa y la conmoción que me produce saber que todo lo que amas también se muere, que Peterson falleció el domingo pasado a causa de una insuficiencia renal en su casa de Mississauga (Ontario) y me pregunto si realmente existen las casualidades… Disfruté mucho dejándome arrastrar por las notas del piano elegante de quien, casi con toda probabilidad, fue uno de los pianistas más elegantes de la historia del jazz y, probablemente por ello, despreciado por otros iniciados en una música que no sólo vive de la improvisación.

Entre su abundantísima producción discográfica cuenta con un puñado de trabajos que al menos para este que les escribe son pequeñas obras maestras del género. Con sus altos y bajos, pero discos deliciosos muy recomendables para escuchar en compañía. Peterson era, es, un músico al que le gustaba impregnar de belleza todas sus interpretaciones, y nunca rechazó explotar las posibilidad románticas del piano, estilo que marcó su trayectoria como músico.

Inquietamente sorprendido por la casulidad de que su muerte se produjera horas antes de que disfrutara en casa de su Tristeza, le agradezco los buenos (qué digo buenos, buenísimos) momentos que me hizo pasar este pianista de origen canadiense que, me asegura un amigo, tocó su piano y encandiló a quienes lo vieron, en una de las primeras ediciones del Festival de Jazz de La Laguna… Festival que, como todo el mundo sabe, ya no se celebra en La Laguna.

Gracias señor Peterson. Y lo lamento mucho, La Laguna.