Hablamos de cine, ese arte y me desmayo…

Jueves, Julio 30th, 2009

La Federación de Cines de España (FECE) dice que no pero los datos del Ministerio de Cultura dicen que sí. En esta batalla dialéctica pero tan poco bizantina como es la de sumar o restar espectadores a la salas de cine de este país que se nos pierde por si no se ha perdido todavía, algo me dice que son malos tiempos no para el cine (afortunadamente) pero sí para las salas de cine. De hecho, para elaborar la encuesta que ha provocado la declaración de guerra entre empresarios y gobierno basta que nos pongamos como ejemplo. Veamos, usted mismo: ¿cuántas veces va al cine?, ¿y realmente le vale la pena ir al cine?

En unas islas como las nuestras yo diría que no. La oferta es casi la misma, y para colmo de males aquellas salas que antaño se llamaban rimbombantemente de autor o arte y ensayo con que todavía contamos (loado, loado sea el Señor) ahora proyectan las películas difíciles, raras, aquellas que tanto le gustaban a nuestro defenestrado Ángel Llanos, en versión rigurosamente doblada al castellano. O español, para no herir sensibilidades nacionalistas.

No, ir al cine ya no es como antes. Internet, el dvd, salas alternativas donde pagas por ver una película por mucho menos dinero que en las salas profesionales, han hecho un daño terrible a un sector que se dejó dormir en los laureles. Vale, se llenan las salas cuando la película es uno de esos taquillazos que tanto gustan a los públicos devoradores de cotufas (o rositas, o palomitas de maíz según sea usted de donde sea) y refresco de cola o naranja en el posa vaso, pero confieso que quien les escribe, reconocido cinéfilo y cinéfago a este lado del Atlántico, hoy le tiembla la mano cuando asiste a uno de estos explosivos estrenos y paga su entrada. Entrada que ya no es la misma del espectáculo de masas que fue toda su puta vida. De hecho, piensa cada vez que abona en taquilla que mucho más barato es  esperar a que salga la película en dvd o bajarla (aunque no baja porque sus conocimientos en la ciencia informática son de parvulario) para disfrutarla con toda comodidad en su casa. Solo o en compañía de otros.

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Para atraer público al cine, incrementando sus precios en estos tiempos de crisis y agujeros cada día más grande en nuestro bolsillos, profesionales y empresarios están recurriendo a métodos que me retrotraen a tiempos pretéritos. Sólo que con la diferencia de que cuando surgieron todos estos, el mundo que se decía libre vivía una época de bonanza capaz de lidiar con toda clase de excentricidades. Me refiero al cine en tres dimensiones, esas películas que tienes que ver con unas gafas de feria. No sé cual será el éxito de la nueva tridimensionalidad que nos venden como panacea para sacarte de la casi siempre tranquilidad de tu hogar, pero tengo al menos la vaga esperanza de que me enseñe otra manera de ver una pantalla. Lo de contar una historia es lo de menos. Me temo.

El cine se ha convertido en un artículo de lujo, y cuando uno paga un artículo de lujo (al menos quien les escribe) le exige una serie de garantías que no encuentra en las grandes películas de nuestro tiempo, esas que se ruedan con efectos especiales casi perfectos, pero que no te conmueven porque no cuentan nada y carecen de vida. De hecho, si me pongo a pensar, últimamente voy al cine por el viejo hábito de ir al cine (aunque cada vez menos, esa es la aplastante verdad). Pienso, luego existo, que es inútil gastarme el dineral que me gasto para que me tomen el poco pelo que me queda.

Voy a una sala con la idea de que voy a salir igual de como entré, aunque las dos o tres horas y media que dure la película (¿no se han dado cuenta, además, del largo, larguísimo metraje de las películas que llegan hoy a la gran pantalla?) sea como la de montarte en una montaña rusa. Con sus subidas y bajadas. Sus alegrías y tristezas mecánicas…

Bueno, bueno, me podrá comentar alguno, no todas son tan de feria pese a su envoltorio tipo Channel número 5. Y sí, admito, pero en todo lo que llevamos de año (y refiriéndome a películas gordas, casi todas ellas norteamericanas) ¿con cuántas te quedas? ¿esas de las que has salido con la sensación de haber visto además de un buen espectáculo algo que huela a cine? Yo las cuento con los dedos de una sola mano. Y no llegan a tres. Por ser generosos.

Pese a todo, y quizá porque soy uno de esos tipos que se crió en las inolvidables y mitificadas sesiones de aquellos domingos a las cuatro de la tarde (claro que nos ponían a la pibada la de los hermanos Marx o El hidalgo de los mares no sé cuántas benditas veces) seguiré yendo al cine. A los de cotufas y refrescos de cola, y a los de arte y ensayo en versión doblada.

Todo sea por el cine.

Y por el arte y me desmayo.

(Ojo, panda de incultos, que el de la foto es el gigantesco actor Lionel Atwill)

Saludos a lo ¡cómo me gusta pasar calor! desde este lado del ordenador.    

El espía que surgió del ¿frío?

Sábado, Julio 25th, 2009

Quien les escribe se siente Harry Palmer. Claro que es muy fácil sentirse Harry Palmer en Santa Cruz de Tenerife. Una ciudad, pienso, de espías. De hecho, hoy me he dado cuenta que el telón de acero o la cortina de bananas existe en esta capital de provincias. ¡Los imbéciles se están haciendo con el control de algunos barrios y plazas!!!

Harry Palmer, o quien les escribe, así lo siente. Se trata de un agante secreto sin el encanto de James Bonbd, pero sí más cool que 007. Eso dice.

Así que quien les escribe en su nombre es alguien que hoy pensó que era Palmer. Un Palmer al servicio del mejor postor en el Santa Cruz que se nos muere y en el Santa Cruz que agoniza tras el telón de acero. Porque, ¿no se han dado cuenta? Hay un Santa Cruz que fallece como un pez recién pescado (dando bocanadas como si creyera que todavía respira en su mundo de agua), y me refiero a la Rambla, cada día más muerta y desarmada.

No obstante, el amplio paseo aún respira ese encanto decadente. O el de saber que vas a estar en un bar, devorando tu hamburguesa y tu cerveza de espuela, mientras esperas ya sin inquietud a verles llegar. Me refiero a los policías municipales, quienes conminan en la voz de sus valientes agentes al cierre del bar. Y los bares.

Para ello hay que estar presto para escuchar la razón del guindilla, lo que incluye  patéticas amenazas veladas al dueño del garito. Ese vietnamita que todos conocemos y cuyo único pecado conocido es el de brindar un bocado caliente antes de irnos a la cama solo o en compañía de otros…

 ”Mi Santa Cruz”, pienso resignadamente, aunque lamento preguntarme por qué los guindillas no hacen lo mismo en esa especie de Las Vegas con fecha de caducidad que es la zona de La Noria. Pienso, luego existo, que en mi territorio o en esa especie de zona “vigilada” que es la Rambla la orden judeomasónica es la de no dejar hacer… Pese a todo (¡¡¡no pasarán!!!) aún hay bares y pubs que todavía tienen ganas de guerrilla.

No obstante, se acata la orden. Soy un amargo consciente.

Por eso, creánme, asisto como si de una pesadilla delirante se tratara a cómo el munipa de turno le sugiere al vietnamita de turno a que cierre su garito de turno. Lo que me hace reflexionar  otra vez (con el dolor de cabeza que produce) en qué sitio me encuentro con la pesada digestión de la hamburguesa dando protestas en mis estómago.

Para remachar la noche, y quizá para que sea consciente que la ironía forma parte del destino, cuando enfilo a casa un coche se detiene y una chica me pregunta si conozco algún bar cercano donde se pueda comer algo.

“Hey”, le contesto, “estás es una capital de provincias. Todo está cerrado”.

Sigo caminando. El coche arranca.

Harry Palmer se quita las gafas y se dirige a su santuario. Donde ya no tiene  frío ni la molesta necesidad de salir a ver gente…

En fin, que tú, tú y tú ya saben…

Saludos con ligero aroma a derrota  desde este lado del ordenador. 

Confesiones de un idiota

Miércoles, Julio 15th, 2009

El idiota que les escribe está contento porque sabe que es un idiota y no un imbécil. El idiota ha estado rodeado casi toda su vida de imbéciles pero de muy pocos idiotas, y en esta Semana Negra cree haber encontrado a otros animales de su misma especie. Por eso, el idiota, creánme, está feliz. Y ese estado tan raro que es la felicidad es muy raro para un idiota porque casi siempre se siente infeliz. La felicidad, piensa el idiota mientras digiere uno de estos sagrados chuletones del norte, es para el imbécil. El imbécil es quien te hace la vida imposible, y quien se empeña en convencerte que tú eres igual de imbécil, el problema es que perteneces a otra especie. Es decir, que un imbécil es de sangre fría (un reptil de esos) y el idiota uno de sangre caliente (un mamífero, probablemente los seres más idiotas de la creación, incapaces de adaptarse a un entorno hostil si no lo cambian al gusto).

Creánme, sé de lo que hablo. Aquí, mientras escribo esto desde la distancia, pienso que mi Canarias bandera tricolor es una región de imbéciles y no de idiotas. Y que por eso así nos va. Estiradillos, ombliguistas, muertos vivientes como… iba a poner un ejemplo pero la idiotez me dicta que no sea imbécil. Ya ven.

Dos escritores idiotas para que sepan de lo que hablo: Maupassant y Chejov. Eran tan idiotas que han pasado a la historia por sus cuentos. Qué idiotas. Gracias.

Pienso en esta y otras cosas mientras hago la digestión. Pesada, los jugos gástricos haciendo música en el estómago, y me entra el temblor de los idiotas. El temblor de los idiotas es saber que, tarde o temprano, tengo que regresar a esas islas de imbéciles. No deseo que nadie se dé por aludido, recuerden que soy un idiota y suelto lo primero que se me viene a la cabeza, pero tenga esa extraña sensación de que regreso si no al infierno sí que al purgatorio. Mi Canarias ya no es mi Canarias, han triunfado los imbéciles.

Mientras hablaba con otros idiotas en Gijón, solté como un idiota que en mi tierra colonia se habían intentado apuestas (más humildes, por los dioses) como ésta. Recuerdo no más (qué viva México) aquel primer encuentro de poesía celebrado en La Laguna. ¿No lo recuerdan? Los poetas pesados leían sus obras en pubs en la vieja ciudad universitaria. Se salía de un bar a otro para escuchar a otro poeta. Viví la primera experiencia como un sueño. Ahora me doy cuenta que fue un sueño. Volvió a celebrarse, pero como estaba en manos de los imbéciles dejaron de lado a los idiotas. Y los idiotas, les duela a esa panda de alacranes, son los poetas.

En fin.

Disculpen este post tan extraño. No sé si quiera porque lo vuelco. Quizá sea con el ánimo de despertar el espíritu de los idiotas que llevamos dentro. Cuidado con el imbécil (suele ser tu jefe, o el concejal o consejero de esa cábala que son las administraciones canarias) pero sigamos siendo idiotas. Es la mejor manera de parecer que no eres inteligente ante todos ellos. Ya les cuento. Si sabré de esto.

Saludos cabalísticos desde este lado del ordenador. 

El funeral

Miércoles, Julio 8th, 2009

Les cuento, acabo de venir de un funeral. Maldita la gracia que tiene escribir sobre un funeral pero este tiene su gracia. Escribo esto después de salir del velatorio del brindis de despedida de la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, que ha sido algo así como un entierro lúdico entre los amigos que condenan este cierre anunciado y en el que sus responsables, ironías de la vida, tienen parte de culpa.

No me voy a poner moralista porque no creo en los moralistas. Pero las cosas han terminado así porque colaboraron TODOS (con insufrible mayúsculas) para que terminara así.

Esquivando responsabilidades, nena o nene, fue un funeral divertido. Gente conocida, bebida, ese estado de embriaguez que te lleva a ver todo de color rosa aunque sea rojo oscuro… Jejejejeje, risas.

Deambulo por el fiestorro de despedida (unos dicen que destierro ¡ay, qué miedo le tengo a esta palabra: des-tierro!) y no me abandona la tristeza, esa sensación de que hemos claudicado ante fuerzas más poderosas y obviamente hostiles.

No dejan de decirme en el Funeral que me he vuelto más radical. Nunca con la ridícula k. Y pienso que puede ser cierto. Como también pienso que no. Veo al gentío, amigos, conocidos, desconocidos y siento pena. Esa pena que no se arranca del alma. La sensación de que quienes han jugado el set tiraron la raqueta antes de tiempo…

En fin, qué le vamos a hacer.

Me voy del funeral fiestorro como una sombra. Es lo que soy. Somos todos. Y camino triste, solitario y no sé si final por las calles de Santa Cruz de Tenerife rumbo a mi santuario que es mi casa.

Me tropiezo con los trabajadores de la limpieza limpiando las calles de esta ciudad. Ríos de basura recicable o no rumbo a las alcantarillas o a los dientes de esos monstruos que son los camiones de basura.

El aroma de naranjas y plátanos en estado de putrefacción forma parte de esa extraña sinfonía de olores que acompaña mi pensamiento de derrotado universal. Como si fuera la banda sonora de otro fracaso de mi ciudad a la que sin embargo tanto quiero.

En definitiva, que vengo de otro funeral sin tener las putas ideas claras.

Otro muerto en mi calendario.

¡Descanse en paz!

Saludos fúnebres desde este lado del ordenador.

Cosas de otros

Martes, Julio 7th, 2009

* En estos tiempos donde lo que vale es esconder la cabeza bajo tierra como los avestruces cuando la vienen venir, les invito a que lean este magnífico artículo de Alfonso González Jerez que publica hoy Diario de Avisos sobre la renuncia reciente del hasta ahora director del Festival de Música de Canarias, Juan Mendonza, a seis meses del inicio de su vigésima edición. Mejor imposible.

* Les invito a combatir estos tiempos de crisis y de desidia cultural, de renuncias anunciadas, recortes presupuestarias y Pepe Benavante cantando que quiere ser como Pepe Benavente a que rescaten la obra de un cineasta imprescindible: Jean Renoir, y de una película igual de imprescindible en su filmografía imprescindible: Las reglas del juego. Fue rodada en 1939, así que ha pasado toneladas de tiempo, pero continúa igual de fresca que entonces. Y lo que es mejor, perfecta para ilustrar a modo de metáfora la profunda mediocridad que caracteriza a nuestros días.

* Les dejo el enlace de la Semana Negra de Gijón. La idea es que se hagan una idea de cómo deben de hacerse las cosas, también para que los aficionados de la novela policiaca del mundo uníos se animen a visitar uno de los encuentros lúdicos culturales más interesantes del planeta. Este que les escribe cuenta los días para estar donde ya debería de estar.

Saludos con ligero dolor de cabeza a este lado del ordenador.

Dime por dónde vas y es probable que no te diga quién eres

Domingo, Julio 5th, 2009

Lo confieso, señor juez, hablar de Óscar Domínguez me produce pálpito y hasta me salen ronchas. Cuando pienso en como han pisoteado su nombre los que ahora se arrogan el derecho de reivindicarlo me genera, además, tristeza mayúscula. El problema de Domínguez, como es el problema de mucha gente nacida en esta tierra, es que tuvo la mala suerte, precisamente, de nacer en Canarias.

¿No me cree, señor juez?, indague un poco, que los dedos de sus manos se ensucien buscando pruebas en los papeles, donde queda registrado la broma pesada pero también millonaria a la que continuamente se asocia el nombre del pintor surrealista. Lo que sí está claro. O meridianamente claro, es que al final nadie sabe exactamente el valor de Domínguez en las artes plásticas de su tiempo. Convertido en un machango por unos y otros, pienso que al menos el fatal destino no le hizo la mala pasada de que lo enterraran en las islas.

Señor juez, en los papeles se dice que Óscar Domínguez está de moda una vez más a propósito de un cuadro que no tiene TEA y sí está en manos de un propietario privado que no quiere revelar su nombre pese a que casi todos sabemos quién es. El cuadro vale no sé cuánto, se crítica al Cabildo que no lo comprara en su momento, cuando precisamente por esa manía que tenemos en esta tierra de hablar antes de tiempo los Domínguez se revalorizaron en el mercado insólitamente antes de que se hiciera realidad el TEA que, como supongo yo que casi todo el mundo sabe, antes se llamaba IODACC. Faltó olfato negociante, digo yo, señor juez, porque de repetente todo lo que llevara la firma del artista subió precio como la espuma, aunque sólo hubiera un único comprador en el mercado interesado en adquirir hasta el papel higiénico que utilizaba en París. Digo, tal y como están las cosas.

Con la polémica de que TEA pudo tenerlo y no lo tuvo porque lo consideró demasiado caro, Óscar Domínguez ha dejado de ser persona, torturada, para transformarse en un cheque en blanco.

Señor juez, me frustra este debate. 

Y no sólo por el pobre pintor al que han usado como un paño sucio sino por todos nosotros, los canarios que vienen al mundo ajenos a una polémica que sólo apesta a cientos de miles de euros.

En fin, espero con relativa tranquilidad su sentencia.

Aunque se lo advierto: Óscar Domínguez debe vivir. No deje que lo sigan moliendo a palos.

Saludos (de alguien que todavía cree en la Justicia) desde este lado del ordenador.