Recuperan los cuentos del escritor y periodista Alfonso García-Ramos

Jueves, Junio 10th, 2021

El Salón de Grados de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna acoge este jueves, 10 de junio, la presentación de Teneyda y otros relatos, de Alfonso García-Ramos y Las terribles historias, de Cecilia Domínguez Luis.

En el acto, que comenzará a las 19 horas, intervendrán Eliseo Izquierdo, periodista y profundo conocedor tanto de la obra literaria como periodística de Alfonso García-Ramos y Cecilia Domínguez Luis.

Se dice que con Teneyda Alfonso García-Ramos fue un intento serio por profundizar en la psicología del campesino canario aunque, como advierte Aaraón León Álvarez en el prólogo escrito para esta edición, no se trata de un texto que deba encuadrarse en el regionalismo porque se aleja de toda clase de estereotipos. El volumen reúne además de Teneyda otras piezas cortas del autor como Romera, El opositor y El milagro del cactus feo.

Alfonso García-Ramos simultaneo a lo largo de su carrera profesional la actividad periodística con la de escritor de ficciones. Adscrito a la reconocida como generación de la Nueva Narrativa Canaria, es autor de una de las grandes novelas de la literatura del archipiélago, Guad, y también de Tristeza sobre un caballo blanco, una novela experimental por la que recibió el premio Agustín Espinosa a finales de los años 70.

En su labor como periodista, Alfonso García-Ramos trabajó fundamentalmente en el periódico La Tarde, donde publicó una columna, Pico de águila, que fue un acicate desde su primera entrega. A lo largo de su carrera como escritor recibió entre otros premios el Benito Pérez Armas y el Santo Tomás de Aquino por Guad y Teneyda, respectivamente.

Las terribles historias de Cecilia Domínguez Luis reúne más de una veintena de cuentos que divide en dos partes: Las terribles historias y Escribir comienza por una traición. En estos relatos, la escritora y poeta presenta una serie donde se palpa cierta sensación de peligro, a medio camino entre la aventura y el suspense. Como reconoce la autora, en todos los cuentos pesa la influencia de grandes narradores de la literatura universal como Poe, London y Kipling, texturas que se pueden detectar en la mayoría de estos relatos que quisieron romper con el estilo que Cecilia Domínguez Luis mantenía hasta ese momento.

La escritora es Premio Canarias de Literatura y miembro de la Academia Canaria de la Lengua. Ha publicado más de treinta obras en diversos géneros literarios como poesía, novela y cuentos entre los que destacan títulos como Mientras maduran las naranjas, Días de abril, El sepulcro vacío y El libro de la duda o Cuaderno del orate, entre otros.

Saludos, aún, desde este lado del ordenador

Cuéntame un cuento

Lunes, Abril 12th, 2021

Resulta bastante raro, y más en estos tiempos, que aparezca (en este caso reaparezca) una editorial con el fin de cubrir los vacíos que se detectan en el mapa de las editoriales canarias. Esas pequeñas empresas que siguen adelante a pesar de la crisis económica y pandémica publicando, con mayor o menor rigor, libros con acento de las islas. O no, que también.

Algún día tendrá que hacerse un estudio (y focalizo ese estudio en las dos universidades canarias si despiertan del marasmo en el que se encuentran desde la noche de los tiempos) sobre las editoriales que brotaron y aún brotan en estos territorios fragmentados. Si algo las caracteriza es su entusiasmo y arrojo donde prácticamente luchan solos contra los elementos. Elementos que tienen la forma de molinos de viento contra los cuales combaten los editores como si fueran Quijotes del Atlántico. La figura de Sancho Panza se relega a un segundo plano y podría servir como el socio realista que se encuentra en toda iniciativa que se precie. Esa persona que advierte que no es buen negocio dar a conocer lo que se escribe en las islas porque el escenario no es muy propicio.

Es una noticia, una muy buena noticia por ello, la reaparición de un editorial en el ecosistema editorial canario. El sello que permanecía en silencio desde 2010, año en el que publicó un solo título, Riqui-Raca 1.0, una antología de cuentos centrados en el derbi futbolístico regional: C.D. Tenerife-U.D. Las Palmas, regresó a la escena hace apenas unas pocas semanas con seis primeros libros (poesía, novela y relato) de los que vamos a comentar los dos primeros: Las terribles historias y El hombre que perdía las palabras de Cecilia Domínguez Luis y José Luis Correa, respectivamente. Se tratan de dos recopilatorios de cuentos y el sello del que estamos hablando, Nectarina Editorial, es un proyecto en el que está al frente un profesional que conoce y sabe de libros: Ayoze Suárez.

Antes de iniciar el repaso a estas dos novedades me gustaría resaltar que uno de los objetivos de Nectarina Editorial es el de recuperar textos que no han vuelto a reeditarse desde que aparecieron por primera vez. En la primera tanda de seis libros y además de los cuentos de Domínguez Luis y Correa, figura la novela El corazón de los pájaros, de Elsa López, que fue una de las diez obras seleccionadas al Premio Planeta en 2001; los libros de poemas Los bufones de Dios y Marabulla, de Pedro Flores y Silvia Rodríguez y Teneyda y otros relatos, de Alfonso García Ramos, un clásico de la literatura canaria y universal si me apura con la novela Guad y que en estos pequeños y poco conocidos cuentos augura el gran escritor y periodista que fue.

Trece cuentos son los que se reúnen en El hombre que perdía las palabras, relatos escritos por José Luis Correa la última década del siglo pasado y en los que se vislumbran los mimbres del escritor que es en la actualidad. Los cuentos respiran además las constantes que definen el universo literario del escritor grancanario y aparecen todavía sin cincelar muchos de los elementos que configuran su posterior narrativa. Una narrativa que con el paso de los años ha terminado por adquirir sello de autoría.

Los cuentos están trufados de palabras canarias, se aprecia cierta querencia por el policíaco, al que Correa ha aportado uno de los detectives privados más longevos del género en España y situar en el mapa literario una ciudad, Las Palmas de Gran Canaria, que sirve de telón de fondo de muchas de las historias que desgrana a lo largo de un volumen más próximo a Julio Cortázar que a uno de los maestros del género negro, Raymond Chandler.

Las terribles historias de Cecilia Domínguez Luis está dividido en dos partes que llevan los títulos de Las terribles historias y Escribir comienza por una traición. Destacaría la capacidad de síntesis de la mayoría de los relatos y el miedo soterrado que respiran. Encuentro en los cuentos a una escritora sin ataduras y que olfatea todo tipo de historias, muchas de ellas inspiradas por lecturas muy sabias que confieren interés a un libro que me hace pensar que Domínguez Luis debería de tantear con más frecuencia el relato corto. Tras su lectura, he encontrado gratamente a una escritora que desconocía. Me sorprenden lo diferente que son la mayoría de estos cuentos, también la capacidad de condensar momentos que trascienden en la mayoría de los casos la anécdota.

Analizados en conjunto, los libros de Cecilia Domínguez como los de José Luis Correa cumplen la máxima cortaziana de que el cuento tiene que ser ante todo breve y que, a diferencia de la novela, deben de resultar contundentes.

Nectarina Editorial anuncia que algunos de los autores que protagonizarán sus próximos seis libros serán Juan Cruz, Tina Suárez y Ernesto Delgado Baudet, entre otros.

Saludos, mañana será otro día, desde este lado del ordenador

Y mi madre dejó de tocar el piano, una novela de Cecilia Domínguez Luis

Martes, Septiembre 29th, 2020

Mientras maduran las naranjas dio inicio a una trilogía que la propia escritora, Cecilia Domínguez Luis, ignoraba que iba a convertirse en un trípico inspirado en su familia. Aquella novela sencilla, ligera de páginas, recogía las vivencias de una niña tras el estallido de la Guerra Civil en Canarias y no hacía presagiar que continuara la saga. Pasado el tiempo, el libro no ha perdido su capacidad de conmover y debería de convertirse en lectura obligada para conocer desde dentro como afectó aquel terrible episodio de la vida de España y Canarias entre sus gentes.

Envidias, denuncias, el apoyo sin fisuras del núcleo familiar fueron algunos de los elementos que sostenían una narración que dejaba entrever su capacidad para transformarse en serie pero no era éste en principio el objetivo aunque sí que consiguió que muchos se acercaran a su narrativa a través de una obra que, como El barranco de Nivaria Tejera, se aproxima a esos luctuosos días desde la mirada inocente de una niña. Una niña a la que la fuerza de las circunstancias, tremendamente desatadas, acelera el proceso de su madurez, su forma de ver las cosas y de entender su mundo.

Mientras maduran las naranjas se publicó en 2009 y desde ese entonces se ha convertido en una de las novelas más conocidas de la escritora, Premio Canarias de Literatura y reconocida tejedora de versos.

Cecilia Domínguez exploró las posibilidades de la familia protagonista de Mientras maduran las naranjas muchos años después en Y tú serás el río, libro que puede considerarse como previo a los hechos que narra en Mientras maduran las naranjas ya que el arco temporal en el que se mueve la familia protagonista va desde inicios del siglo XX a la primavera de 1935, lo que permite a la escritora repasar algunos de los hechos más representativos que han pasado a la historias del archipiélago como fue la visita del rey Alfonso XIII a la isla de Tenerife.

En su momento escribí que estas dos novelas y ahora me reafirmo con la publicación de la tercera Y mi madre dejó de tocar el piano (Diego Pun, 2020) debían de entenderse como una serie de episodios canarios de la escritora tinerfeña aunque en estos libros en contra de lo que hizo Galdós en su día, la preocupación de Domínguez Luis más que los vientos de la historia es la de reflejar la mirada de sus protagonistas, casi siempre mujeres, en el entorno en el que se viven.

Es verdad que ese entorno se ve alterado en muchas ocasiones por la Historia al generar emigraciones forzosas y ejecuciones pero es quien narra, y su lectura de lo que la rodea, uno de los alicientes que, a mi juicio, resultan más atractivos de esta trilogía involuntaria. A la que ahora pone fin, añado que como lector desgraciadamente, con Y mi madre dejó de tocar el piano aunque su final queda abierto si bien Cecilia Domínguez anuncia que no habrá más continuaciones de un relato que tiene mucho más de testimonio que los volúmenes anteriores y que, como los anteriores, intenta sintetizar todo el peso y el paso de los años a través de una familia del norte de Tenerife las décadas de los cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta.

La novela se detiene así cuando ingresa Francisco Franco en el hospital a mediado de los años setenta, y toda una nación (partidarios y contrarios) espera con expectación el final de una existencia que marcó a todos los españoles durante cuarenta años. En el caso de la familia protagonista, fatal para el desarrollo de las mujeres que, contra viento y marea, intentaron asumir por sí solas la gobernanza de su existencia.

Y mi madre dejó de tocar el piano más que una novela tiene que ser leída como una sucesión de hechos que están trufados de lecturas y proyecciones cinematográficas. Las películas en las que la protagonista se refugia para olvidar la grisácea realidad en la que se encuentra es fundamental para comprender sus estados de ánimo y sirven para establecer una cronología de los hechos que narra. Una manera ciertamente sutil con la que avisar del paso del tiempo que aplasta a una mujer que comenzará a madurar ¿como las naranjas?

Este testimonio, que no llega a las doscientas páginas, contiene algunas de las constantes que se aprecia en la narrativa de Cecilia Domínguez Luis en los últimos años. Destacaría entre otras su vocación de ajustar cuentas con el pasado y de criticar las acciones de un sistema represor que contó con la colaboración de la iglesia católica para censurar el protagonismo de la mujer.

Se aprecia en La sorriba, a mi juicio el más politizado de los libros de la poeta pero un título necesario dentro del corpus de novelas y cuentos sobre la Guerra Civil en Canarias y esta trilogía donde más que lo político lo que importa son las sensaciones de diferentes generaciones y cómo repercute en todos ellos los caprichosos vientos de la Historia, tan inestables y extraños en ocasiones.

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“Todo lo abarca y con furor lo aterra”. Literatura sobre las epidemias en Canarias

Martes, Marzo 31st, 2020

“En esta infausta isla del Atlante,
Si desde el mar á la enriscada sierra
Tiende su brazo el cólera gigante,
Y sin dar tregua á su execrable
Todo lo abarca y con furor lo aterra
”.

No se trata de una estrofa para recordar pero sí que es, hasta donde hemos podido indagar en estos tiempos confusos, uno de los primeros testimonios literarios que intenta reflejar los efectos devastadores de una epidemia en las islas. En este caso, la del cólera en la isla de Gran Canaria en 1851 que diezmó al 10 por ciento de la población, censada entonces en 58.943 personas de las que 5.593 fallecieron por el brote de cólera.

El poema lleva el título de El cólera-morbo y fue escrito ese mismo año por Ventura Aguilar, poeta romántico que dedica esta obra a la memoria de su sobrino “y caro amigo el licenciado d. Esteban Cambreleng” y que puede consultarse en la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, que reproduce en pdf la versión impresa en la imprenta de M. Collina. Esta misma imprenta publicó “el que puede ser el primer relato de los acontecimientos, firmado por el jurista Antonio López Botas en la temprana fecha del 15 de agosto]. El folleto de 12 páginas no lleva título, y muestra en primer lugar el terror incomparable que sintieron la noche del 5 de junio los facultativos que identificaron la epidemia y comunicaron a la Junta de Sanidad que se trataba del cólera morbo”, explica el artículo Memorias del cólera. Plegaria de Juan M. Doreste publicado en la revista digital 7iM.

No existe, sin embargo, una bibliografía extensa y con carácter de ficción que trate las distintas epidemias que a lo largo de los siglos sacudieron al archipiélago canario, aunque rastreando hemos podido encontrar algunos títulos que quizá sirvan a los preocupados en estos asuntos para conocer con mayor amplitud cómo se enfrentó la ciudadanía a estos ataques invisibles que solían propagarse como la pólvora por toda las islas.

Ambientada el mismo año que el poema de Ventura Aguilar, 1851, Verano de Juan El Chino, de Claudio de la Torre fue escrita en 1971 y aprovecha la epidemia de cólera morbo que asoló la isla de Gran Canaria para narrar a través de su personaje, “sano” en toda esta debacle, las miserias y grandezas del ser humano. Más que la enfermedad, a Claudio de la Torre lo que le interesa destacar en la novela es cómo el mal afecta al carácter de sus semejantes, ya que la mayoría aprovecha la situación para sacar lo peor de sí mismos aprovechándose del vacío de poder.

En este mismo marco histórico localiza José Miguel Alzola algunos momentos de su Don Chano Corvo Crónica de un jardinero y su jardín (1973) mientras la fiebre amarilla es la protagonista de la novela Días de paso, de Javier Estévez, relato en el que describe cómo su protagonista recala en la isla de Gran Canaria para refugiarse en el interior, en un pueblo de nombre Lucena. Escrita en forma de diario, el libro se desarrolla entre 1811 y 1812, Días de paso es en palabras de su autor: “un hermoso viaje vital por la geografía inesperada del destino”.

Ambientada en Tenerife la segunda década del siglo XX, El sepulcro vacío (2015) de Cecilia Domínguez Luis se hace eco de la gripe española que segó la vida de Diego Ponte del Castillo, marqués de la Quinta Roja, y la construcción del mausoleo con claves masónicas que su madre ordenó erigir en su honor en La Orotava.

Inspirado en hechos reales aunque adaptados a su universo literario, Sabas Martín probó también el aliento de la epidemia en Nacaria, inspirándose en hechos reales que se desarrollaron en la isla de Tenerife cuando se propagó la peste negra. La enfermedad, que se cebó con los más débiles como con los más fuertes, se unió a la crisis de la cochinilla lo que resultó dramático no solo para las familias de la isla sino también para su economía.

Ángel Sánchez trata el asunto de manera episódica en sus Crónicas de Artemi, volumen cuya nueva edición a cargo del Gobierno de Canarias se presentó el año pasado. Lástima que, como otros libros que auspicia la Viceconsejería de Cultura apenas haya tenido recorrido.

Los leprosos son los protagonistas de La cueva de los leprosos, de Víctor Álamo de la Rosa, historia que se desarrolla en Isla Menor, territorio mítico en el que se ambientan muchas de las novelas de este escritor y que no es sino un trasunto literario de la isla de El Hierro. En esta obra el escritor explota una vez más su vena romántica y si bien no se trata la enfermedad como epidemia, sí que subraya la diferencia que existen entre los que están aquejados de ese mal y viven recluidos en un lugar apartado de la isla. Álamo de la Rosa insistiría ahora sí con una pandemia, aunque una pandemia imaginaria que provoca suicidios masivos, en su más reciente novela, El pacto de las viudas.

Personajes aislados por la enfermedad son los protagonistas de La umbría, de Alonso Quesada, obra que cuenta con una interesante adaptación cinematográfica dirigida por Pepe Dámaso y El silencio de Los Abades, de Juan Alberto Reyes Cornejo. En ambos casos, sus protagonistas sufren aislamiento por tubercolosis.

En el terreno de la anticipación y el fantástico, varios autores han escogido las islas como escenario para sus propuestas literarias. Los muertos vivientes, que como un virus se extienden entre los vivos que le sirven de alimento, son los protagonistas de Caminarán sobre la tierra, de Miguel Aguerralde, novela que transcurre en una isla de Gran Canaria igual de distópica que la pesimista y futurista Pasa la tormenta y Anturios en el salón, de Tomás Felipe y Juan Ramón Tramunt, respectivamente, aunque ni el primero ni el segundo justifican sus propuestas por causa de una pandemia sino por catástrofes que para nada resultan naturales.

Otras novelas fantásticas serían Evanescencia (2017), de Manuel Almeida, El despertar (2012) de Elio Quiroga y Los espectros de Nuevo Ámsterdam (2019), también de Aguerralde aunque salvo la primera no se desarrollan en las islas como tampoco recurre a Canarias como escenario Víctor Conde en su Naturaleza muerta.

Sí que se cuenta en la isla con una nutrida y sólida producción historiográfica sobre las diferentes epidemias que han asolado el archipiélago a lo largo de la historia y todo hace asegurar que tras la pandemia del Coronavirus se publicarán trabajos en el que se analizarán su impacto en Canarias. A la espera de que esta pesadilla acabe, de que las cosas vuelvan a la normalidad, los interesados pueden consultar obras tan interesantes como las epidemias del cólera del siglo XIX vistas por Benito Pérez Galdós, a quien por cierto el coronavirus ha deslucido los fastos organizados para celebrar el centenario de su fallecimiento.

En este apartado destacaría El barco de la viruela. La escala de Balmis en Tenerife, de Víctor García Nieto y escogiendo entre otros títulos que no deslucen interés, Del Río de La Plata a Tenerife de Paolo Mantegazza, quien tuvo que ser internado al llegar a la isla en el Lazareto de Santa Cruz de Tenerife.

Antropólogo darwinista –mantuvo correspondencia con el autor de La teoría de la evolución de las especies– desembarcó en Tenerife en 1858 y cuestiona en la obra las leyes de cuarentena de la época impuesta ante los riesgos de epidemia así como los lazaretos, centro en los que se concentraba a los contagiados.

Las epidemias en Canarias dieron origen además a dos novelas muy diferenciadas. La primera es Los argonautas, de Vicente Blasco Ibáñez, que narra la escala de un trasatlántico en el puerto de la capital tinerfeña. Escrita en 1914, su lectura puede evocar a la novela Los premios de Julio Cortázar ya que sus protagonistas –en el caso de la novela de Blasco Ibáñez emigrantes– tienen prohibido bajar a tierra.

En su libro Entrada y salida de viajeros, el crítico tinerfeño Domingo Pérez Mink afirma que Santa Cruz de Tenerife siempre estará en deuda con el escritor valenciano ya que escribió una de las páginas más hermosas dedicadas a la capital tinerfeña.

La segunda novela está cuenta con una interesante adaptación cinematográficas de la que damos amplia información en otro artículo.

Finalizamos este recorrido por novelas que nos recuerdan la vulnerabilidad de Canarias ante estos casos el anuncio hace unas semanas y en este mismo periódico de un nuevo libro en el que está trabajando en la actualidad el escritor tinerfeño Alberto Vázquez Figueroa quien no revela su título pero sí el subtítulo que con toda probabilidad llevará: Cien años después y en la que el coronavirus es uno de sus más señalados protagonistas.

Si omitimos Gran Canaria, el filme que Irving Cummings dirigió en los años treinta y que adapta la novela de A.J. Cronin, Canarias ha servido de plató de varias películas que tratan los efectos devastadores en la sociedad ante una pandemia tan feroz pero afortunadamente ficticia como es la de los zombies.

Y en el cine

Aunque no se desarrolla en las islas destacamos 28 semanas después (2007), ya que está dirigida por el tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo y Generación Z (Steve Barker, 2015) porque pese a que a no está rodado en las islas sino en Mallorca, transcurre en un resort que se ubica en Canaria (¡!).

REC 4: Apocalipsis
(Jaume Balagueró, 2014) se rodó entre Gran Canaria y Barcelona mientras que La mansión de los muertos vivientes (1985) cuenta con varias escenas filmadas en las islas. La película está dirigida por un cineasta todoterreno en el cine español, Jesús Franco, pero no se trata de uno de sus más inspirados trabajos. Como en otras de sus películas, la actriz protagonista es Lina Romay, compañera sentimental de este hombre que era capaz de rodar cualquier historia por mínima que fuera con dos centavos.

Rodada en paisajes naturales de las islas es también No crezcas o morirás (Thierry Poiraud, 2015), una cinta que propone una interesante vuelta de tuerca al género de los muertos vivientes en el cine ya que no se trata de que los muertos se levanten de sus tumbas para acabar con sus semejantes, los vivos, sino de no crecer ya que cuando se cumple la mayoría de edad y sin que se explique en ningún momento en la película, los adultos enloquecen y solo desean matan a los más jóvenes.

El filme da bastante importancia al paisaje, ya que prácticamente transcurre en exteriores, pero su función es la de servir solo de marco estético. La idea, por otra parte, revisa con nota la propuesta que ya en los setenta había anotado Narciso Ibáñez Serrador con ¿Quién puede matar a un niño?

Por último y en el terreno del cortometraje, una curiosidad, 21-Z, el primer corto canario zombi de la historia del corto canario y que fue rodado íntegramente con un teléfono móvil. Dirigen: Aitor Padilla y Eduardo Gorostiza.

Saludos, cuídense, háganme el favor, desde este lado del ordenador

La sorriba, una novela de Cecilia Domínguez Luis

Martes, Marzo 24th, 2020

Están apareciendo en los últimos tiempos novelas escritas en Canarias en las que se reivindica el protagonismo de la mujer en la construcción de lo que podría denominarse carácter de un archipiélago que, por fin, no baja la cabeza cuando quiere reconocerse en su pasado.

Algunas de estas historias se desarrollan durante la Guerra Civil española y la postguerra y se tratan de relatos en los que se describe cómo era ser mujer en aquel entonces. Ser mujer con pensamiento propio que a ojos de las autoridades entonces gobernantes resultaban inequívocamente rebeldes.

La lucha por salir adelante con dignidad forma así un gran tema que, se insiste, comienza a proliferar en una literatura como es la canaria tan desprejuiciada como es la que se escribe y publica en estos tiempos enfermos, y no solo por el covid-19.

Esta tendencia literaria, novelas históricas escritas por mujeres y protagonizada por mujeres se caracteriza en cierta manera por su entusiasmo revisionista y se preocupa por auscultar su pasado como sexo. El resultado de esta reflexión, una reflexión que mezcla corazón y cabeza, temperamento y sensatez, son una serie de novelas que han aparecido recientemente escritas por escritoras muy próximas generacionalmente.

El año pasado se publicaron varias novelas generosas en páginas que abordaban este asunto. Entre otras, destacaría La prestamista, de María del Mar Rodríguez, que se desarrolla en la isla de La Palma en un arco temporal amplio, 1850-1946, y en la que se reflejan las grandezas y miserias de sus protagonistas y Felisa en su mudanza, de María Candelaria Pérez Galván, en la que se recrea la vida de dos jóvenes canarias que viven en un pueblo perdido en las montañas de la isla que deciden ir a la ciudad para labrarse una vida mejor. En esta obra, tanto el pueblo como la ciudad no existen en la realidad aunque no es difícil encontrar similitudes con los que motean la geografía de las islas solo que se deja a la inventiva del lector que los identifique como desee aunque una de las claves de la obra es no buscarse problemas por reconocerlos sino dejarse llevar por una narración que fluye con voz propia. Esa voz propia se detecta también en La prestamista y continúa ahora la estela Cecilia Domínguez Luis con La sorriba (Ediciones Idea, 2020), novela en la que se tocan temas si no iguales muy parecidos a los títulos con anterioridad mencionados.

La sorriba se desarrolla durante la postguerra y transcurre en un pueblo perdido en la montaña de nombre Los Eriales. La narración comienza con el arribo de la maestra a este grupo diseminado de casas y los primeros capítulos subrayan la diferencia de mundos a los que pertenece esa mujer joven, con ideas liberales en la cabeza resultado de muchas lecturas, y las mujeres del pueblo, la mayoría de ellas ancladas en el medievo. Es decir, mujeres dedicadas al hogar y a la crianza de los hijos y de sus respectivos maridos en una sociedad que apenas evoluciona y que asiste con sorpresa a los avances de la técnica como la aparición del primer teléfono en el pueblo.

Por contra, y en un mundo dominado por el hombre, los personajes masculinos salvo el doctor que se desplaza al pueblo cuando tiene que atender a enfermos de gravedad o mujeres a punto de parir, se describen como tipos feroces, que emanan hostilidad y con una sola idea en la cabeza. En especial el alcalde y el cura del pueblo. El primero como responsable público de Los Eriales y el segundo como el responsable espiritual de sus vecinos. Lamentablemente, no son los personajes mejor acabados de la novela. Resultan demasiado trillados, vistos. Se dibujan como encarnaciones maléficas, muy tópicas de ese franquismo que nos ha retratado cierta literatura y cine tras la muerte del dictador en noviembre de 1975.

En este sentido, basta imaginar al alcalde vestido con camisa azul, obseso, con bigote estrecho, al modo falangista con el pelo estirado para atrás con brillantina. El sacerdote asume la función de representar la autoridad de la Iglesia, una Iglesia castradora, que vela además por el mantenimiento de las jerarquías en la comunidad.

Una comunidad que, ya lo dice el nombre del pueblo, resulta un erial.

El sacerdote tiene así la misión de castrar simbólicamente a las mujeres de la congregación mientras el alcalde abusa de su poder sin que nadie le rechiste. Este poder hace que incluso y sin disimulo acose a una de las jóvenes que tiene a su servicio en el Ayuntamiento.

Si hay heroínas en la novela son las seis mujeres protagonistas. Todas, instruidas o analfabetas, se abren paso como buenamente pueden en un mundo de hombres. Se subraya su capacidad de sacrificio en unos tiempos donde lo habitual era que el marido emigrara a las América para trabajar y enviara parte del dinero a la familia. Dinero que, al cabo de los meses, dejaba de llegar cuando se dejaba de tener noticias de él. La sorriba quiere en este aspecto ser un homenaje a todas esas mujeres que solas ante el peligro se enfrentaron a un mundo hostil y aprovechado. Y que pese a las adversidades, lograron salir adelante gracias a su arrojo y hondo sentido de la dignidad.

La novela de Cecilia Domínguez es un relato muy emocional sobre todo en la segunda parte, de un grupo de mujeres que hace todo lo posible para sobrevivir en tiempos de escasez y penuria. Son mujeres solas aunque en la novela unas y otras terminan por conocerse y ayudarse para salir adelante. Como es obvio, no es una tarea que resulte fácil y el libro pone el acento en esas tragedias cotidianas que, pese a todo, hizo que la mayoría de ellas llevara bien alta la cabeza. Lástima que la obra caiga en el error, bastante habitual en novelas de este tipo, de resultar excesivamente maniquea ya que distingue sin grises quiénes son los buenos y quiénes los malos.
Novela coral, las protagonistas de esta historia son mujeres. Mujeres enteras, francas, que miran al futuro sin pestañear aunque la procesión la lleven por dentro.

La sorriba cuenta a mi juicio con un interesante hallazgo que si bien dificulta la lectura la hace tremendamente atractiva no solo para los lectores nacidos o residentes en las islas y es el esfuerzo de la autora por reproducir gráficamente el habla “canaria” de sus protagonistas con independencia de su sexo. Se entiende que se hizo así para distinguir el nivel cultural entre los personajes y aporta colorido y hasta belleza sonora (se recomienda leer estos diálogos en voz alta) al tiempo que dota de peso psicológico a los personajes. El libro contiene un glosario de canarismos así como de expresiones y vulgarismos con el fin de que el lector no pierda el sentido de unas voces que aún permanecen muy vivas en determinados rincones del archipiélago.

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Y tú serás el río, una novela de Cecilia Domínguez Luis

Miércoles, Junio 20th, 2018

Cecilia Domínguez Luis presentó en la XXX Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife una nueva novela, Y tú serás el río (Diego Pun Ediciones, 2018) que podría considerarse como la primera parte de Mientras maduran las naranjas, título en el que la escritora y Premio Canarias de Literatura dio su visión sobre la Guerra Civil en Canarias, en concreto en la villa de La Orotava, en el que quizá sea uno de sus relatos más emocionales por sentido así como libro en el que su localidad natal vuelve a tomar especial protagonismo.

La Orotava forma parte también del escenario en el que se desarrolla Y tú serás el río aunque el arco temporal abarca desde principios del siglo XX a la primavera de 1935, lo que permite a la autora repasar algunos de los momentos que han pasado a la Historia del Archipiélago como la visita de Alfonso XIII a la isla de Tenerife, entre otros.

La novela pretende dar consistencia a un díptico literario que hasta la fecha ha sido ninguneado por la mayoría de los escritores canarios o residentes en las islas como fue el antes, el durante y el después inmediato de la Guerra Civil en estos siete peñascos. La Orotava funciona así como reflejo de lo que se desarrolló en el resto de las islas durante aquellos años en los que los vientos de la ira sacudieron la superficie de España, y centra su atención en la madre y uno de los tíos de la protagonista de Mientras maduran las naranjas.

La novela está dividida así en dos partes. La primera da voz a Julia, quien cuenta en primera persona lo que observa desde su infancia hasta su madurez. La segunda, son las cartas que Ernesto, su hermano, envía a su novia Maruja que vive en Gran Canaria, a quien le narra sus experiencias en la guerra de Marruecos, su deserción y regreso a la isla, el exilio a Cuba y su posterior vuelta a casa, a la isla y a esa La Orotava sumida en el atraso por culpa de los inamovibles poderes fácticos (iglesia y caciques) pese a que la llegada de la II República anuncie que se van a transformar las cosas. Si no todas, las suficientes para que los desfavorecidos, los parias de la tierra, mejoren sus depauperadas condiciones de vida.

La novela se lee con hambre. Así que se devora con bastante rapidez mientras asistimos a la resistencia física y espiritual de una familia de clase media con ideas progresistas en circunstancias tan dramáticas. De paso, y como se explica en la contraportada, se dan señales para comprender el carácter de Sara, la protagonista de Mientras maduran las naranjas.

Cecilia Domínguez Luis reconstruye con convicción, aunque la fuerza del relato esté por encima de la historia, una novela sobre una familia agredida por los golpes de la vida.

Este díptico literario, que bien podría entenderse como un Episodio Nacional sobre la primera mitad del siglo XX en Canarias, no cae afortunadamente en excesivos maniqueísmos pese a que haya ocasiones en la que la escritora se deja arrastrar por el afán de hacer justicia a toro pasado. Con ese ánimo, en la novela desaparecen entonces los grises y el blanco y negro se hace dueño y señor de las páginas.

Por fortuna, estos momentos de arrebato son lo de menos en una novela que conmueve a ratos, sobre todo cuando incide en un retrato familiar en el que el lector encontrará ecos de situaciones más o menos semejantes a las que vivieron las familias derrotadas, las que perdieron una Guerra que no tuvo nada de Civil y que dividió a una España enloquecida que, llegado el momento, recurrió a la fuerza de las armas y no del diálogo y la sensatez para arreglar lo que ya parecían insalvables diferencias.

Saludos, sol, sol, sol, desde este lado del ordenador