Una conversación con Yolanda Arencibia

Sábado, Marzo 22nd, 2025

Marzo de 2025 pasará a la historia de la cultura en Canarias como un mes nefasto. En el espacio de unas pocas semanas nos han ido dejando una serie de escritores, historiadores y periodistas insustituibles, aunque dejan una obra que además de necesaria ya es momento de que recuperemos.

A esta lista de ausentes se suma la de Carmen Yolanda Arencibia Santana, una mujer que nos enseñó a muchos a leer pero sobre todas las cosas a entender a don Benito Pérez Galdós. Reproducimos a continuación una entrevista que mantuvimos con ella el año en el que se celebró el centenario del fallecimiento del autor de Fortunata y Jacinta.

Yolanda Arencibia: “Ningún canario se puede morir sin leer los Episodios Nacionales”

Yolanda Arencibia es catedrática emérita de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y dirige en la actualidad la cátedra Pérez Galdós en el mismo centro universitario. Entre 2007 y 2013 editó las Obras Completas de Benito Pérez Galdós en 29 tomos y dirige en la actualidad el proyecto de investigación Galdós 2020 que quiere convertir el epistolario de Galdós en una herramienta informática al servicio de los investigadores.

La siguiente entrevista se realizó dos semanas antes de que la profesora fuera reconocida con el Premio Comillas 2020 por una biografía, precisamente, de Benito Pérez Galdós

- Está trabajando en una biografía sobre Benito Pérez Galdós. ¿Ha descubierto algo nuevo sobre la vida y la obra del escritor?

“He descubierto nuevos datos sobre su vida y su contexto pero no quiero anunciar nada de momento porque la biografía se publicará antes de verano”.

- ¿Cómo eran las relaciones que mantuvo el escritor con las islas y sobre todo con Gran Canaria?

“La relación fue muy estrecha y directa, vivió siempre en el entorno de su familia. Hemos podido llegar a esta idea por conjeturas pero también documentos y cartas que se cruzaron aunque muchas se perdieron. Don Benito Pérez Galdós tuvo muy buena relación con Gran Canaria, de hecho cada vez que llegaba a la isla se anunciaba en los periódicos de la época, algo que era habitual en aquel entonces. Lo mismo pasaba cuando una de sus obras resultaba un éxito importante en Madrid. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se unía a la felicitación y hasta le dedica una calle y le pone nombre a una de sus plazas. Don Benito Pérez Galdós mantuvo también una buena relación con Tenerife. Me encuentro ahora escribiendo un artículo para la revista de la Academia Canaria de la Lengua que trata, precisamente, de la relación de don Benito Pérez Galdós con Tenerife, La Gomera, La Palma. Escribió incluso el prólogo de un libro de don Adolfo Cabrera-Pinto y Pérez y envió a uno de sus amigos de Tenerife una copia de Electra, pero es un asunto en el que debo seguir investigando”.

- ¿Considera que hay una huella canaria en Galdós?

“Toda aunque si bien trató temas universales sus reacciones y muchos otros vestigios revelan, más de lo que parece, una conexión con las islas que, si bien es más difícil de encontrar en el manejo del léxico, sí que se aprecia en la armonía, los modos, la sonoridad de su prosa y por supuesto en su manera de pensar”.

- ¿Un galdosiano como José Esteban dice que en la casa de Galdós en Madrid se comía a la canaria?

“Por supuesto. Su casa además fue una especie de consulado para cualquier canario que fuera a Madrid. Se sabe que a don Benito le encantaban los postres, que era tremendamente goloso”.

- Me gustaría que me aclarara la autenticidad de Galdós como autor de un texto que se le atribuye: Nueve horas en Santa Cruz de Tenerife.

“Se trata de un proyecto frustrado entre don Benito Pérez Galdós y Teófilo Martínez de Escobar quienes, tras coincidir en un viaje, acordaron escribir un diario que estaría estructurado en varios capítulos. Se llegaron a escribir los dos primeros: Una noche a bordo, que está escrito por Galdós y el segundo, que lleva el título de Nueve horas en Santa Cruz de Tenerife, que firma Martínez de Escobar. Los originales se encuentran en el Museo Canario y está claro quién escribe uno y quién escribe el otro”.

- ¿Qué etapas de su vida y de su obra destacaría?

“Fue un hombre muy consecuente en su vida. Tuvo una cabeza muy bien organizada, parte de la cual se llevó de aquí, de las islas. Escribió un artículo que casi es un programa de cómo debe ser la renovación de la novela española que es lo que él hace de ahí en adelante. Otra etapa de su vida está relacionada con la mejor etapa de su obra, que es la que se produce a partir de 1880, un período en el que viaja por Europa en una época en la que no era habitual que lo hiciera ningún escritor español y en la que escribe las mejores novelas de su tiempo. España políticamente estaba tranquila y él personalmente estaba afianzado”.

- Lo que escribe en la década de los ochenta es lo mejor de su obra.

“Sí, la década de los ochenta es su mejor etapa con novelas como La desheredada pero no quiero decir con esto que las que escribió en otras etapas resulten malas pero es que en los ochenta es cuando se hace el gran escritor que fue, el escritor al que le interesa escribir una Obra que, más tarde, se ocupará de otras preocupaciones como la política, la de enseñar y dejar huella; meterse más en el teatro que son también etapas muy interesantes”.

- Se acusa a Galdós de anticlerical.

“No era antirreligioso, ni anticatólico ni anticristiano. Su crítica va dirigida al clero que pretendía manejar a la gente a través de los confesionarios como a los que educaban a los jóvenes en los colegios. Galdós era lo contrario a todo eso pero no fue ni anticatólico ni anticristiano y sí belicoso contra esa Iglesia, que no es toda la Iglesia porque siempre mostró simpatía por el cura de pueblo”.

- ¿Por qué sigue siendo un escritor que genera tantas divisiones?

“Hubo un tiempo en el que se decía que no se leía a Galdós pero se le leía y eso generó envidias. Muchos proclamaron que no tenían nada que ver con él como Miguel de Unamuno, Pío Baroja y Azorín en cierta manera. Ramón María del Valle Inclán entra también en ese grupo. Se cuenta una anécdota que protagonizan Vicente Aleixandre y Federico García Lorca, dos grandes poetas de la Generación del 27, en la que se reconocían como grandes lectores de Galdós aunque, riéndose, manifestaban que no lo podían decir. Tras las vanguardias, en los años setenta, aparece una serie de escritores que quisieron distanciarse también de la novela de don Benito Pérez Galdós porque les molestaba su magisterio. Galdós tuvo además la mala suerte de que en política –era republicano–, estuviera en contra de una España que lo vio como un enemigo lo que dio lugar a que en los libros de texto franquistas no se le estudiara. Cuando se estudiaba la literatura española del siglo XIX a José María de Pereda se le dedicaban cuatro páginas y a Marcelino Menéndez Pelayo seis mientras que a Galdós media solo para decir que fue el autor de los Episodios Nacionales, lo que no es así aunque los profesores de aquellos años se educaron de esa manera. No se conocía a Galdós, no se le estudiaba ni en los institutos ni en las universidades hasta que lo descubrieron los americanos, sobre todo los grandes exiliados españoles que estaban en América tras la Guerra Civil. Estoy hablando de Max Aub, Luis Cernuda, José Fernández Montesinos, Joaquín Casalduero, Ricardo Gullón y Salvador de Madariaga, entre otros”.

- Y Luis Buñuel.

“Luis Buñuel declaró que la mayor influencia de su cine fue Galdós. En el museo que hay en Calanda, Teruel, se pueden ver las grandes obras del escritor subrayadas y marcadas por Buñuel, el gran surrealista porque Galdós tiene mucho de fantasioso a pesar de ser un autor realista”.

- ¿Por qué resulta tan vigente su literatura?

“Dejó escrito que nunca escribiría una línea sin intentar dejar huella. En esa gran década de los ochenta, Galdós retrata los males de la sociedad española en sus novelas preocupándose por los más desafortunados, los niños y las mujeres. Esto es algo que destaca y está presente en toda su obra”.

- Y se le considera el gran escritor de Madrid. Del Madrid de su tiempo.

“El gran escritor realista que como tal no podía escribir de otra cosa sino de lo que veía para retratarlo a la perfección”.

- ¿Escribió sobre Canarias?

“Tiene un cuento, así que no es verdad que no escribiera nada sobre Canarias, que publicó con el título de Necronología de un prototipo en el que el protagonista es un palanquero de la Catedral de Las Palmas. Lo publicó en Ómnibus y el cuento, que se publicó aquí y no en la península, tiene mucho de Bécquer, de un mundo romántico y desvalido”.

- La leyenda dice que cuando pisó Cádiz se sacudió los zapatos para limpiarse el polvo de las islas Canarias. ¿Se sabe quién lanzó el infundio?

Fuenteovejuna. No, no se sabe. Se ha dicho lo mismo de Emilia Pardo Bazán por no escribir en gallego… Son historias que se dicen de los que se van de su tierra. Algunos de sus paisanos piensan que al irse renuncian a ella. La historia se difunde sobre todo en la época franquista y unos años después de la muerte de Franco”.

- ¿Qué le parecen los Episodios Nacionales?

“Me entusiasman. Hay que leerlos uno detrás de otro. La serie significó un descubrimiento para contar la Historia a través de la novela y si bien don Benito Pérez Galdós no fue el primero en hacerlo, sí que lo hizo como nadie. Siempre digo en broma que ningún canario se puede morir sin leer lo s Episodios Nacionales”.

El bebedor de coñac, una novela de José Luis Correa

Martes, Marzo 11th, 2025

“El clima de Las Palmas tiene algo de niño caprichoso que se cansa enseguida de un juguete y va corriendo en busca de otro”.
El bebedor de coñac, José Luis Correa (Alba, 2025)

Ya se ha convertido en una costumbre que recién iniciado el año una de las primeras novelas que lea correspondan a la serie de Ricardo Blanco, del escritor grancanario José Luis Correa. Alba Editorial ha tomado la decisión de publicar una nueva entrega cada enero, y los lectores que ya conocemos al personaje pues nos congratulamos porque lo que ha logrado hacer Correa es milagroso. Se dice lo de milagroso porque ya lleva quince novelas dedicadas a su peculiar y algo pachorrón detective privado, lo que convierte la saga en una de las más longevas dentro del género en España.

En las novelas de Blanco además de Blanco intervienen una serie de personajes que forman la segunda familia del personaje, ahí está su novia Beatriz (¿suenan campanas de boda?); Gervasio Álvarez, en su pasado inspector jefe hasta su jubilación y ahora un estrecho colaborador de Blanco e Inés, la eficiente secretaria de este detective que parece de pacotilla pero solo lo parece.

La capital grancanaria vuelve a ser protagonista una vez más de El bebedor de coñac, pero no iba a ser menos porque es aquí donde reside Ricardo y sus amigos. También donde trabaja mayoritariamente aunque a veces, gajes del oficio, tenga que viajar a otro punto de Gran Canaria o se traslade de isla, como es la de Tenerife en Muerte de un violinista.

En cuanto a las novelas, todas las que forman la serie siguen un orden cronológico, la última de hecho transcurre tras la pandemia que nos obligó a estar tres meses encerrados y a vivir con mascarilla cuando nos dejaron salir a la calle. En este sentido, el detective ha ido envejeciendo como el escritor que lo ha creado, lo que une un poco más a José Luis Correa con Ricardo Blanco. Blanco, de hecho, toma la forma de Correa en mis lecturas, pero es que hay mucho del escritor en el personaje. Y entre ese mucho, la afición que tiene el investigador por un buen tenderete. También la de contar en primera persona el clásico relato detectivesco (buscar la solución a ¿quien fue el culpable?) solo que salpicado de canarismos. Canarismos que él que no sea de estas tierras, no les costará entender gracia al contexto en el que se dicen estas palabras.

Alguien ha comparado las novelas de Ricardo Blanco con las de la serie Maigret, pero si tienen algo en común es la capacidad que tanto José Luis Correa como el escritor belga Georges Simenon tuvieron y tienen en retratar la vida cotidiana en una capital de provincias aunque en el caso del primero no pueda extasiarse cómo sí lo hacía el creador de Maigret, en los detalles. Sí que hay una circunstancia que los une, y es que en sus libros lo que importa es lo que sucede a cada rato, aunque ese rato resulte intrascendente para el caso. Caso que al final viene a ser el mismo de otras ocasiones solo que cambiando de escenario y de protagonistas.

En El bebedor de coñac las cosas se disparan un día de Reyes cuando se descubre en un solar de una calle de la capital grancanaria el cadáver de un hombre, Amado Martel, del que se conoce que era “amante del coñac y las vidrieras”. Será el hijo del muerto quien acuda al detective privado para que inicie la investigación. La trama se complica con la desaparición de los dueños de una gestoría y con otro muerto, un profesor de dibujo con apellido extranjero.

Las serie Blanco están formadas por novelas cortas, El bebedor de coñac apenas supera las doscientas páginas y son muy cómodas de leer. Si uno es seguidor de la serie, la lectura se convierte en algo así como volver a encontrarte con unos amigos que ya son casi de la familia. Y en eso tiene mucho la culpa la voz del narrador, que envuelve y permite que uno confíe en ellos. Se tratan además de historias muy blancas, en donde apenas hay violencia. Y si aparece, a veces se despacha al fondo, lo que no irrita el pacifismo que caracteriza el espíritu de la saga.

Una reflexión a modo de final es la de pensar si José Correa está barajando la posibilidad de contarnos en algún nuevo libro la infancia y la juventud de Ricardo Blanco porque nos consta que a su creador no le devora el síndrome de Conan Doyle, que es la de poner fin a su creación. De paso, animo a que el grupo de los investigadores privados de la novela negra y criminal en grancanaria siga ampliándose aunque el actual trío de caballeros sin espadas sigue estando muy bien representado por el Eladio Monroy, de Alexis Ravelo; el José García Gago, de Antonio Lozano y el Ricardo Blanco de José Luis Correa.

Saludos, al borde del abismo, desde este lado del ordenador

Un arpegio de lluvia en el cristal, una novela de José Luis Correa

Lunes, Febrero 19th, 2024

Catorce son ya las novelas que José Luis Correa ha dedicado a Ricardo Blanco, su peculiar investigador privado que se mueve como pez en el agua por las calles de la capital grancanaria. El personaje apareció por primera vez hace ya unos años en la novela Quince días de noviembre y desde entonces y hasta llegar a esta Un arpegio de lluvia en el cristal (Alba, 2024) ha llovido lo que se dice mucho.

Más allá del caso que le toca resolver, en esta novela el asesinato de una pareja de homosexuales, lo más interesante del ciclo literario protagonizado por Blanco son las escenas cotidianas que vive el personaje y la aparición de los coprotagonistas de la serie, todos ellos personajes que han ido evolucionando desde que aparecieron en títulos anteriores para servir de apoyo al detective. En ésta, sin embargo, llama la atención que José Correa, su creador, haya decidido dejar a su detective privado más solo, que no aislado, así que el contrapeso que representaban “los amigos” de Blanco no resulta tan insistente como sí pasó en otros libros de la saga.

Las novelas, siguiendo una tradición que institucionalizó Dashiell Hammett, están narradas en primera persona y la forma de expresarse así como los giros abundantes en floridos canarismos son muy comunes en estas historias donde, ya digo, más que despertar la atención por lo que se investiga y cómo se investiga, lo atractivo es observar la manera en la que se desenvuelve su protagonista mientras descubrimos a través de sus ojos la capital grancanaria.

Esta novela, que quizá sea de las más literarias de la serie, y se dice literaria no porque José Correa haya hecho un esfuerzo por cuidar el estilo ni proponer juegos metaliterarios sino más bien porque el pequeño y a veces asfixiante mundillo literario grancanario adquiere un especial protagonismo en el relato al conocerse que uno de los miembros de la pareja además de su trabajo también era escritor.

Esta circunstancia da lugar para que Correa a través de Blanco ofrezca un retrato si no certero sí que preciso sobre una realidad que también tiene sus hedores. Hedores que provoca el hecho de vivir en sociedades tan aisladas (pese a Internet y todo ese folclore) como son las insulares. Lo que no termino de entender, aunque se usa claramente como una metáfora es el título de esta nueva aventura más que investigación de Ricardo Blanco, ese Un arpegio de lluvia en el cristal que si bien tiene hondas resonancias poéticas no termino de encontrarle sentido a una obra total como es esta novela, una más de la saga Blanco y por lo tanto otro título al que los seguidores de este peculiar investigador privado tiene, lo que explica por otro lado que ya sean catorce (y se dice pronto, catorce) las novelas en las que ha aparecido hasta la fecha y todo hace indicar que nos lo volveremos a encontrar el próximo año porque José Correa y su creación son de los que nos recuerdan que están ahí año tras año.

Un arpegio de lluvia en el cristal está dedicada a Alexis Ravelo, el escritor grancanario también especializado en novela negra y criminal que nos dejó a finales de enero de 2023. Un justo homenaje al escritor y al amigo ausente, autor, también de un personaje fijo que apareció en seis de sus novelas, Eladio Monroy, que vivía plácidamente en la calle de Murga de la capital grancanaria, calle por donde transita el detective de José Correa en las páginas de Un arpegio de lluvia en el cristal y en el que quise ver asomado a una de sus ventanas al ex jefe de máquinas de barco mercante Monroy, ese tipo con cabeza rasurada y tatuaje con la letra K.

Es una pena, ahora que lo pienso, que José Correa y Alexis Ravelo no escribieran una historia a cuatro manos protagonizada por Blanco y Monroy, dos hombres y un destino cuya fusión hubiera resultado como experimento interesante al menos.

En la serie de Correa la mayor parte de la información la conocemos a través de lo que piensa su protagonista que es quien nos cuenta el caso. Esto hace que no haya demasiados diálogos ya que estos los interpreta nuestro Phillip Marlowe con acento grancanario. Reaparecen personajes de novelas anteriores, como Gervasio Álvarez, policía ya retirado que le echa una mano en sus investigaciones a nuestro ¿héroe? Y Beatriz, la compañera sentimental de nuestro ¿héroe?, que no deja de ser un sentimental. Otros personajes habituales que reaparecen son la sufrida secretaria y ese periodista que pertenece a una raza de reporteros por desgracia en extinción).

Entre las curiosidades que aporta este nuevo título de la saga destacaría en todo caso las líneas que se le dedican a Agustín Blanco, padre de Ricardo, “un hombre que se mamó la guerra sin comérselo ni bebérselo ni entender una vaina por qué estaba luchando”, ya que contamos con información de otro miembro de la familia del protagonista, el otro fue el abuelo Colacho, que desaparece en un de las entregas de la serie.

Un arpegio de lluvia en el cristal aporta alguna que otra novedad pero sigue el curso de los anteriores libros como ese naturalismo descriptivo, la práctica ausencia de violencia pese a que se trate de una novela negra y criminal, y la visión optimista que tiene Ricardo Blanco pese a las desgracias a las que se encuentra novela tras novela e investigación tras investigación.

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

El crimen de Melania, una novela de Luis Socorro

Lunes, Diciembre 11th, 2023

La novela negra y criminal disfruta de una popularidad que no tienen otros géneros salvo el de la novela histórica. Con todo, y tras propagarse como un virus incurable por toda la geografía nacional, no es raro que este país llamado España convivan en buena armonía las literaturas policíacas que se escriben en Navarra con la gallega y la vasca. También la que se cultivan en Andalucía, Extremadura y, no íbamos a ser menos, Canarias.

Si hubo alguien que despertó el interés por la novela negra y criminal con acento de aquí ese fue sin lugar a dudas Alexis Ravelo aunque antes de su irrupción, que fue lenta y muy trabajada, se encontraban otros escritores policíacos “canarios” como Antonio Lozano, Jaime Mir Payá y Carlos Álvarez. Los dos últimos de este triángulo, Payá y Álvarez, son en mi imaginario los “padres” del género en Canarias. Jaime Mir con una novela extraordinaria e imprescindible para hacerse una idea de cómo era la capital tinerfeña en los años 80, El caso del cliente en Nuakchot; la segunda, la que firma Carlos Álvarez, son cuentos de sabor criminal que circularon bajo el nombre de Negra hora menos.

En estos dos títulos comienzan a detectarse las primeras huellas de la literatura negra y criminal con acento canario, esa en la que sus personajes llenan los diálogos con palabras de aquí y en las que se resuelven o no, al menos oficialmente, casos en los que el crimen y la corrupción se dan de la mano.

Luis Socorro debuta ahora en el género con El crimen de Melania, un novela que, inspirada vagamente en un conocido caso que sucedió en la capital grancanaria en los años 90, conmocionó a la sociedad canaria. El escritor Luis León Barreto escribió una novela inspirada en este mismo caso, y que tituló El crimen del contenedor, pero hasta ahí, porque si bien ambas historias se basan en el mismo y dantesco hecho delictivo no hay más semejanzas entre una y otra aunque sí les falta a las dos –eso es los que las une– cierta distancia con los límites que marca la novela negra y criminal, despejando así el tono ominoso que caracterizan a otros libros que se adscriben al género para organizar un relato que, en el caso de El crimen de Melania, y tras reabrirse el caso, sigue las pistas que siete años después de haberse cometido el asesinato permanecen ahí. Solo hace falta ordenarlas para encontrar a los culpables de la muerte y posterior descuartizamiento del cadáver de una prostituta que en la novela se llama Brígida Delgado. Emprende la tarea la agente de la Brigada contra la Violencia de Género, Melania Calzada, que se toma el asunto como algo personal.

Lo que más me ha llamado la atención de la novela es la descripción que hace Luis Socorro de algunos ambientes de la capital grancanaria y las opiniones que cursa sobre sus zonas más oscuras así como de algunas edificaciones que han estropeado el paisaje de la ciudad, según el escritor. La novela está narrada en tercera persona y no solo transcurre en Gran Canaria sino también en Nuakchot, la capital de Mauritania a la que tiene que trasladarse la protagonista para interrogar a la única testigo de aquel crimen que no deja de estar presente pero que no termina de impregnar las páginas del libro. Así que me resulta más interesante cómo se cuenta la historia que la historia en sí, lo que ha hecho que me haya leído la novela sin demasiados altibajos, lo que quiere decir que no ha dejado de entretenerme probablemente porque no cae en los tópicos en los que sí incurren otros autores noveles cuando incursionan en un género tan complejo como es el negro criminal.

“Aunque la jefatura de policía es un burdo plagio de la sede del Instituto de Estudios Árabes de París, al menos es un edificio operativo, luminoso y cómodo para trabajar. La sede de los juzgados, en cambio, es un despropósito. Encargado por el Ministerio de Justicia a un arquitecto del Estado, que probablemente solo conocía la España tropical porque salía en la información meteorológica de los telediarios, diseñó el edificio como si este se fuese a instalar en cualquier ciudad castellana, con un frío continental en el que se congela hasta el mercurio de los termómetros. El resultado fue el primer edificio enfermo del Archipiélago. Un inmueble de siete plantas convertido en una especie de sauna en lugar de un espacio para impartir justicia o, por lo menos, intentarlo”.

Estructurada en tres partes, lo que sabemos de la protagonista es que es una policía con olfato y que se toma muy en serio su trabajo. Que fuma porros para relajarse y que siente algo más que respeto profesional por un compañero de trabajo. También que es algo así como el ojito derecho de su jefe, de apellido Sardá, como el presentador de aquellas Crónicas marcianas que vistas hoy ya no resultarían tan marcianas.

Luis Socorro hace guiños al lector iniciado, mencionando lecturas de escritores y poetas grancanarios. El libro, de hecho, se abre con una cita de Pino Ojeda.

“Federico J. Silva es un filólogo que se gana la vida como docente, pero a Melania solo le interesaba su obra poética, que había encontrado en la barra de un bar, una de las mejores fuentes de información, por cierto, de los reporteros”.

No creo que la novela disguste demasiado a los puristas del género (que los hay, y muchos) tampoco a los novatos. De hecho, no me atrevería a afirmar categóricamente que El crimen de Melania sea una novela negra y criminal. Le falta, a mi juicio, voluntad de denuncia. Y eso que muestra ambientes muy deprimidos y devastados por la droga, pero no hay entusiasmo por señalar la corrupción no solo de los que están debajo sino también de los que están arriba.

De momento, Luis Socorro se estrena en la república de las letras con una novela que pide continuación. Que el autor piense seriamente en convertir en saga las andanzas de su heroína: Melania Calzada, policía de la Brigada contra la Violencia de Género.

Saludos, cielo azul, desde este lado del ordenador

Fer Calvi: “El cómic propone un retrato de Juan Negrín como político y hombre de ciencia”

Martes, Abril 4th, 2023

El retrato de uno de los políticos canarios más señeros de la historia española, Juan Negrín López (Las Palmas de Gran Canaria, 3 de febrero de 1892-París, 12 de noviembre de 1956) es el objetivo (cumplido, por otra parte) de un cómic que con guión de Francisco de Zárate y dibujos de Fer Calvi resume la vida y la obra de un hombre que tras la Guerra Civil, fue despreciado tanto por las derechas como las izquierdas, entre ellos sus propios compañeros socialistas.
Fer Calvi es un dibujante de la última hornada de la nueva historieta argentina, pretende con su nuevo álbum, que lleva el título de, precisamente, Juan Negrín, rescatar del olvido un personaje cuya dimensión política los autores de la novela gráfica equiparan con la de sir Winston Churchill.

El hombre que le ha dado vida en forma de viñetas es Fer Calvi, un autor camaleónico ya que cultiva diferentes estilos que van desde la historieta comercial a la de prensa, pasando por las publicaciones infantiles y para adultos.

- ¿Conocía antes del cómic quién fue Juan Negrín?, Si no, ¿qué idea se hace ahora del personaje?

 “Apenas de nombre. Creo que más que una idea trabajamos para construir un retrato de Negrín, como político humanista y hombre de ciencia”.

 - ¿Cómo fue el trabajo en el guionista?

 “Muy fluido. Con Francisco hace muchos años que nos conocemos y trabajamos juntos. Confiamos el uno en el otro, y eso hace el trabajo muy fluido y placentero”.

 - ¿Y su trabajo como dibujante?

 “Exigente y riguroso. Pero en esa exigencia y rigor encontré libertad y disfrute”.

 - ¿Es complicado el cómic histórico? ¿Qué fuentes le sirvieron para la recreación de la vida y obra de Negrín?

 “Tiene sus complicaciones. Sobre todo la documentación, nada puede dibujarse sin una referencia histórica confiable. Usamos libros de texto, fotos de la época, notas y recortes de diarios y revistas, todo lo que pudiera darnos una imagen visual del personaje o el momento”.

 - ¿Hubo alguna página especialmente difícil de representar?

 “Las páginas que presentan hechos violentos o crueles suelen tener una carga extra. No son difíciles en sí, pero son más densas de transitar”.

 - ¿Color o blanco y negro?

 “Ambos, según la historia”.

 - ¿Qué periodos destacaría de la vida de Juan Negrín?

“Creo que se destaca mucho su participación en la Guerra Civil. Pero también me gustan mucho sus inicios, sus estudios, su relación con la ciencia y su familia. Su relación con sus amigos y compañeros de lucha es muy importante también, me gusta eso, y así lo retratamos en el libro”.

 - ¿Qué otros personajes históricos le gustaría llevar al cómic?

 “Con libertad y el enfoque correcto, todos. Desde Nerón, pasando por Manuel Belgrano hasta Malcolm X”.

 - ¿Cree que el cómic es un medio de divulgación idóneo para acercarnos a la historia?, ¿por qué?

 “Sí. El cómic es un lenguaje, sirve para contar cualquier cosa que queramos. También relatos históricos. Tiene una virtud y es la relación entre lo visual y la palabra escrita, que lo hace ideal para poner en situación de un tiempo y lugar específicos”.

– Y hasta que punto el cómic de súper héroes y el manga están afectando al cómic independiente?

 “Siempre hubo cómic industrial. Hay manga y superhéroes desde casi cien años. Creo que son distintas posibilidades narrativas. Leo de todo. Y dentro de los superhéroes y el manga también hay cómic independiente y de autor”.

– ¿En qué momento se encuentra el cómic en Argentina?, ¿qué es lo que se lee?, ¿qué tipo de historias se demandan y qué artistas destacaría?

“En Argentina, entre crisis y crisis, la historieta siempre está dando batalla, resurgiendo. Siempre, en distintos formatos, hay mucha y buena historieta en Argentina. Hay gran variedad de cómics abordando diversos temas e historias, desde la autobiografía al porno de autor. Destaco, entre muchos y muchas, a Kamikama, Macarena García Cuerva, El Sike”.

- ¿Tiene maestros?
“Muchos maestros. En el caso del libro de Negrín fueron fundamentales Hergé, Osamu Tezuka, Miguel Calatayud, Vogt, entre otros”.

Saludos, comodines del Supremo Estado, desde este lado del ordenador

Sin aditivos, sin adjetivos

Viernes, Marzo 31st, 2023

Escrita como si se tratase de una metralleta, con frases muy cortas que evitan el abuso de las comas, C.J. Nieto presenta Sin aditivos, una novela más que negra, negrísima y en la que descubro a una escritora con mucho fuste que tras 9 corto, su anterior libro, regresa a los territorios del crimen para contar en unas apretadas y consistentes 157 páginas lo que otro u otra hubiera necesitado con el triple de espacio.

Sin aditivos ofrece además muchos registros y miradas. Y nos sumerge en una historia muy oscura y con dobleces. Atrapa desde el inicio el interés del lector, no solo por lo que narra sino por cómo resuelve los conflictos y la mezcla de estilos con el que está escrita y que va desde la primera persona al árido texto de las diligencias judiciales. Todo esto sin apoyarse en adjetivos y una medida y muy meditada determinación por despistar al lector nada más adentrarse en el grueso del relato.

El protagonista es el primero que siembra de preguntas el libro, no sé dice en ningún momento qué sexo tiene. Sabemos que está casado o casada con Leo, y que tienen una niña que va a ser determinante en uno de los casos que se plantean, todos problemas que al final parecen que se resuelven.

Violenta cuando tiene que serlo, Sin aditivos nos presenta a un personaje realmente singular y que está llamado a continuar en otras entregas. Siempre y cuando así lo quiera su creadora, C.J. Nieto, quien cierra la novela con uno de esos finales que a mi, como todo en este libro, me recordó a los abruptos de Jim Thompson.

La escritora se revela además como una formidable creadora de escenas. En una de las más atractivas del libro logra que el lector (al menos ese fue nuestro caso) la visualice en la cabeza como una película. Tras la aparente y tranquilizadora cena que se está preparando, late la tensión. Una tensión muy calculada, tanto, que mantiene el ritmo y el interés pese a que aparentemente se esté desarrollando en un ámbito familiar y cotidiano.

La novela consigue escabullirse por otro camino al que últimamente nos tiene acostumbrado el género negro y criminal. Y es ese no sé si consciente entusiasmo por renovar lo que hace más atractivo pero también perturbador las historias que cuenta.

Sin aditivos se desarrolla en Gran Canaria en pleno mes de julio. Con ese calor que parece que puede rajar hasta a las rocas.

El protagonista es un abogado que vive una existencia apacible con su marido y su hija, aunque cuando ejerce su oficio los escrúpulos no se inventaron para él. Logra también que me saquen de quicio algunas de sus manías, porque las tiene, como es el uso insistente que hace de toallitas mojadas en agua de colonia para limpiarse las manos. Es un acto compulsivo que dice mucho del personaje. Un personaje que está acostumbrada a lidiar con gente que apesta en sitios que apestan con independencia de que sean lujosos o miserables.

No me lo pensaría demasiado para leer Sin aditivos. La novela supone un balón de oxígeno dentro de un género que empieza a apostar por otras vías que no sean las de los clásicos detectives privados, guardias civiles y policías nacionales, periodistas incorruptibles y otras gentes de esa calaña. El protagonista de Sin aditivos tiene sus dobleces, como cualquiera, así que sus actos por cuestionables que resulten tienen un fin.

La editorial Alrevés, que se ha especializado en publicar novela negra en español, lleva apostando por un género que ya ha llegado a una atractiva madurez en este país. Junto a la novela de C.J. Nieto, circulan también bajo este mismo sello Vais a decir que estoy loco, de Andreu Martín y En el descuento, de José Ángel Mañas y Jordi Ledesma.

En la novela de C.J. Nieto dejan rastro muchas influencias pero si hay una que destaca por encima de las otras es la de Alexis Ravelo, que se nos fue hace muy poco. Alexis prologó 9 corto y ya nos anunciaba entonces el descubrimiento de una escritora que tras Sin aditivos ha dado un paso hacia adelante. Ahora solo cabe esperar cómo evoluciona como escritora.

El paso que ha dado entre aquel 9 corto y éste es significativo y lo mejor es que apenas está contaminado. De momento, quien ahora les escribe se ha quedado con la mosca detrás de la oreja, lo que describe mi gratitud al abordar este nuevo trabajo Por eso y al margen del juego literario que plantea, su reconocida afición al OuLiPo, cuando leo Sin aditivos reconozco a una autora que además de renovar el género sabe contar historias.

Con o sin adjetivos. Con o sin aditivos.

Saludos, regresa la calima, desde este lado del ordenador