Archive for the ‘El Blog de El Escobillón’ Category

Dos héroes de nuestro tiempo y nuevas sobre el cine ‘made in Canarias’

Martes, Enero 12th, 2010

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* Bajo el título de Albert Camus. La herencia de un contemporáneo, el Espacio Cultural CajaCanarias en Santa Cruz de Tenerife acogerá los días 21 y 28 de enero, y el 4 de febrero, a las 20.30 horas, una serie de charlas y debates que está previsto que abra la próxima semana Javier Figuero, licenciado en Ciencias de la Información y Ciencias Políticas; y el catedrático de Literatura Francesa de la Universidad de Oviedo, José María Fernández Cardo, quienes analizarán, respectivamente, España en Camus y Camus en España.

El ciclo, coordinado por Antonio Álvarez de la Rosa, catedrático de Filología Francesa en la Universidad de la Laguna, contará el jueves 28 de enero con la presencia del periodista y escritor Olivier Todd y de la catedrática de Filología Francesa de la Universidad de Lleida, Angels Santa, quienes hablarán sobre España y Orwell en la obra de Camus.

Cerrará estas jornadas un Diálogo sobre el Camus libertario, que protagonizará el escritor y ex ministro de Cultura del gabinete de Felipe González entre 1988 y 1991, Jorge Semprún, autor, entre otras obras, de La segunda muerte de Ramón Mercader, Federico Sánchez se despide ustedes y Viviré con su nombre, morirá con el mío.

En el programa del ciclo se informa que su objetivo es abordar diferentes aspectos que pueden contribuir “a que situemos, en un tiempo tan descreído y tan a al deriva social como el nuestro, a un intelectual inclasificable, desgarrado entre los extremos, pero siempre inconmovible frente a la mentira, la dominación y el despotismo”.

Albert Camus. La herencia de un contemporáneo quiere también analizar la obra del autor de La peste y El extranjero, así como su vida, su literatura y su intensa actividad como periodista. “Se trata de analizar la figura y el pensamiento de un escritor consagrado cuya voz, como la de los clásicos, sigue sonando a presente”.

El presente ciclo quiere rendir así homenaje al escritor, ensayista, dramaturgo y filósofo francés, quien falleció en un trágico accidente de tráfico el 4 de enero de 1960. Hace ahora cincuenta años de su brusca desaparición.

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* La Gramola, tras el paréntesis navideño, reanuda este jueves, 14 de enero, a las 20.30 horas, sus Jueves de Poesía con el recital poético Pilar Lojendio In Memoriam con motivo del 20 aniversario del fallecimiento de la poeta tinerfeña, a cargo de Carlota Gaviño, actriz y nieta de la escritora, que leerá una selección de su obra. En el acto intervendrán, además, el poeta Arturo Maccanti, Premio Canarias de Literatura y amigo personal de la autora; Fernando Senante, poeta y Sergio Lojendio, excelente periodista y escritor y sobrino de Pilar Lojendio.

* El viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias, Alberto Delgado, dará mañana miércoles 13 de enero a conocer los proyectos audiovisuales que han sido seleccionados en las convocatorias correspondientes a 2009 y que serán desarrollados a lo largo del presente año. El objetivo de estas convocatorias, que se realizan anualmente a través de la empresa pública Canarias Cultura en Red, es fomentar la creación, el desarrollo y la producción de obras audiovisuales canarias. En la última edición se han establecido tres grandes líneas de apoyo con un presupuesto de 1.310.000 euros y que corresponden a coproducción financiera de obras cinematográficas, obras para televisión y cortometrajes.

* El Laboratorio de Escritura Audiovisual de Canarias (LEAC) cuenta con las guionistas Rosa Vergés y Lola Salvador para participar en un encuentro de trabajo con los ocho guionistas seleccionados en la segunda edición de este proyecto. En el marco de esta actividad, ambas expertas ofrecerán sendas conferencias mañana, miércoles 13, y el jueves 14, a las 19,30 horas, en el Centro de Formación de la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife, en un acto que estará abierto al público.

Saludos, releyendo El extranjero, desde este lado del ordenador.

Ha muerto Rohmer

Lunes, Enero 11th, 2010

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Ha muerto Eric Rohmer. Probablemente a las nuevas generaciones de cinéfilos y cinéfagos el nombre poco o nada les diga, pero basta recordar que el cineasta formó parte de lo que se conoció como nouvelle vague, movimiento que en los años 60 sacudió las estructuras narrativas del cine desde sus cimientos. Rohmer pertenece así a aquel grupo de genios desmelenados llamados Godard, Resnais, Truffaut, Chabrol, Rivette… puñado de airados que marcaron época, si bien el paso inevitable del tiempo acabó por ser implacable con la obra de algunos de ellos.

Resulta siniestramente curioso, pero ayer mismo, domingo, hablando de cine francés con un amigo salió en numerosas ocasiones el nombre de Rohmer en la conversación. Tuve la suerte de ver bastante de sus películas en unos años donde el cine todavía no se había devaluado, y coincidí con ese amigo en que entre tanto genio vague, Rohmer casi parecía un bicho raro.

Mis preferencias por esos bastardos siempre se decantaron por la mirada de Chabrol, también por la de Truffaut y por el loco de Resnais. Detestaba con cordialidad a Godard. Pero a Rohmer, a Rohmer no terminaba por ubicarlo. Su cine, francamente, me descolocaba. Porque el buen Rohmer, el Rohmer que lo hizo un gigante es el que hablaba de esa cosa que llamamos amor.

Si me quedo con algunas de sus películas es, pues, con Pauline en la playa. Una cinta aparentemente sencilla, donde parece que no pasa nada. Mi amigo prefiere Lancelot du Lac, filme cuya estética pastoril imitó John Boorman en su extravagante Excalibur. También me qudo con su La marquesa de O. Y probablemente con alguna otra más, pero mi gastada memoria no encuentra títulos en su fichero.

Rohmer fue jefe de redacción de la mítica Cahiers du cinéma, donde compartió pupitre con el padre de esa generación de animales intelectuales como fue la Nouvelle Vague, el hoy olvidado André Bazin. Ojeo uno de los libros traducidos al castellano de Bazin que encuentro en mi biblioteca… Y pienso que en aquellos años 60 y 70 esto del cine era algo más que pasión.

Invito a la Filmoteca Canaria a que organice un ciclo Rohmer.

El cine, hoy más que nunca, necesita de su mirada.

Saludos, fúnebres, desde este lado del ordenador.

Cosas sobre Minik, Gil, Tom y Hernández

Lunes, Enero 11th, 2010

* En el amplio abanico de exposiciones, música en directo, presentaciones, diálogos y debates que CajaCanarias ha organizado para celebrar su centenario en 2010, se incluye también la película documental Una luz en la isla. Domingo Pérez Minik que se estrenará, probablemente, a mediados de noviembre. El filme, dirigido por Miguel G. Morales y producido por Altagracia Producciones S.L., cuenta con guión del periodista y escritor tinerfeño Juan Cruz, la voz en off del actor José Manuel Cervino y con Jorge Rojas y Fabián Yanes asumiendo la edición y la música. El filme cuenta con testimonios del propio Minik, así como de María Rosa Alonso, Carlos Pinto Grote, Nuria Espert o Pedro González, entre otros.

* El director y guionista canario Mateo Gil ha sido nominado por partida doble en la  XXIV edición de los Premios Goya. Gil participa en la categoría a Mejor Guión Original por Ágora, coescrita con Alejandro Amenábar; y a Mejor Cortometraje de Ficción por Dime que yo, filme incluido en los programas de distribución de cortometrajes Canarias en Corto y Madrid en corto, informa con exquisita y elogiable puntualidad germana  Objetivo Canarias.

* El periodista y escritor Andrés Chaves hizo referencia el pasado domingo en su columna del periódico El Día al actor Tom Hernández, un portuense que hizo carrera en Hollywood como actor de reparto junto a su hermano Pepe Hern. Para saber más de este singular personaje les invito a que le pregunten al mejor documentalista de esa cosa que llaman cine en Canarias, Alfonso Reyes.

* Despedimos esta batería con el inevitable Vicente Mora y el desaguisado que se está montando en torno al centenario de Miguel Hernández. Se sigue hablando de la “gran producción internacional” que se quiere realizar sobre el poeta. Filme que se rodaría en inglés con estrellas del firmamento hollywoodiense y mundial si es necesario. Mientras tanto, los actos para celebrar a Hernández se encuentran en la cuerda floja. Les animo, si están interesados, a que consulten los enlaces que hemos denominados como mora 1 y mora 2, entre otros muchos. Y es que, ahh, ¡La cebolla es escarcha / cerrada y pobre!

Saludos, masticando chicles de nicotina, desde este lado del ordenador.

Vomitando a los demonios

Domingo, Enero 10th, 2010

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EL EXTRAÑO VIAJE

Mi rechazo a Paco Martínez Soria lo generó un descuidado viaje que realicé en guagua rumbo a Madrid. Como todos los asientos estaban ocupados me colocaron en el supletorio que se encuentra situado al lado del chófer y justo encima de la pantalla de televisión que exhibe películas en vídeo para hacer más soportable el trayecto por esas carreteras de España.

No recuerdo bien desde donde partí en aquel viaje que pronto se convertiría en uno de los más angustiosos de mi vida, pero todavía conservo vivo en mi memoria lo largo que se me hizo. Una anécdota existencial en este pedazo de existencia que, paradójicamente, conservo fresco en mi memoria por las sensaciones que me suscitó. Algo que me suele ocurrir con bastante frecuencia cuando rebobino en el cerebro todos los relatos sufribles que he padecido. Historias que se transforman con el paso del tiempo en experiencias que ocupan a partir de entonces un lugar destacado en ese libro de páginas dispersas que son mis recuerdos.

DUERME, DUERME, CRIATURA

Les contaba:

La guagua inicia el viaje. Observo en primera línea el tramo largísimo de carretera mientras siento que siento los ojos de todos los pasajeros en mi nuca. Comienzan las paradas. Bajas, comes algo en la estación, aprovechas para ir al servicio, haces un poco de tiempo y vuelves a subir al vehículo calentándote las manos.

Atraviesas pueblos que desconoces, miras ríos que probablemente no volverás a ver en tu vida y pierdes el tiempo imaginándote montado a caballo recorriendo las colinas que brotan y desaparecen en cuestión de segundos ante tu mirada. El runrún del motor hace que cierres los ojos.

EL INFIERNO

Cuando los abro ya es de noche y detrás de mí escucho carcajadas sonoras y frases de pasajeros adelantándole la jugada al que lleva al lado de lo que va a ocurrir en la pequeña pantalla encendida y que, me permito recordarles, está instalada justo encima de mi cabeza.

Escucho el diálogo que provoca aquellas risas e intento imaginarme de qué película se trata cuando oigo la voz inconfundible de Paco Martínez Soria. Así que no sé a ustedes, pero pasar como unas dos horas largas aguantando al popular actor cómico español con sus cuchufletas me pone los nervios de punta y hace que me revuelva en el estrecho asiento.

Martínez Soria continúa con su voz de paleto (mago que decimos) aragonés resabiado rompiendo mi ya escasa estabilidad emocional. Estabilidad emocional pendiente de un hilo si le añadimos las carcajadas del resto del pasaje. Una carcajada que en ese momento me suena a terrorífica quizá porque la traduzco en mi confusa cabeza como la risotada fantasmal de un pedazo de la España profunda que existe y que, ya ven, me fascina porque es España.

Si sumamos a esa pesadilla que de tanto en tanto me asalta en las peores noches de mi vida, la voz de la actriz (habitual en el cine de Soria y del carpetovetónico país del que me enorgullezco de formar parte) Isabel Garcés, el cóctel que sacude mis ideas resulta casi perfecto para transformarse en uno molotov. De hecho, la combinación resulta tan idónea que me imagino como uno de esos protagonistas de la serie The Twilight Zone. O un tipo perdido en un universo que no entiende.

Lo peor del caso es que no puedo leer un libro para abstraerme de la insufrible voz de Martínez Soria e Isabel Garcés. Ni de las carcajadas que me suena a esa España profunda que sueltan los pasajeros situados a mis espaldas. Así que los dedos del caos se van adueñando de mi cerebro. Aplastándolo con insólita crueldad.

DEPRISA, DEPRISA

Hago entonces un gesto al conductor de la guagua con el objeto de que frene porque percibo que el malestar comienza a surbirse como una serpiente venenosa por el estómago rumbo a la garganta. Pero el buen hombre tiene la vista fija en la carretera y   no se da cuenta de mi señal de alarma desesperada.

Martínez Soria continúa aleccionando encima de mi cabeza con el apoyo de la Garcés. Las risas del pasaje parecen subir de volumen en un crescendo diabólico. No puedo levantarme de mi asiento y necesito tomar aire. Perderme en la noche oscura, desaparecer en la niebla…

Martínez Soria prosigue con su discurso de hombre de campo, humilde pero honrado, y cuyas palabras me llegan en formas de oleadas huracanadas. Necesito aire fresco. Fresco. Fresco.

Muevo las manos para que los pasajeros embobados con aquel paleto me hagan caso. Pero ni caso. Y entonces, entonces… Sucede lo inevitable.

HUMILLADO Y OFENDIDO

Vomito como un niño todo lo que tengo dentro. El chófer me mira de reojo y suelta un taco grueso. Muy español. Conduce la guagua a un arcén y detiene el vehículo. La gente protesta. El chófer abre las puertas y me dice que salga.

El aire frío me da un guantazo en la cara y logra que calme mi revuelto cuerpo y espíritu. Algunos pasajeros aprovechan para estirar las piernas y más de uno se ríe al verme con el suéter manchado con trozos de pan y chorizo. Cuando el conductor comprueba que me siento mejor, ordena que subamos. Unas señoras aprovechan para darme agua, fruta y galletas. Incluso alguien se presta a ocupar mi asiento pero me niego abochornado.

VEO TODAVÍA SUS CARAS

El final de esta historia, porque lo tiene, es que pasado el tiempo y siempre que recuerdo aquella extraña tortura, veo a todos los que se preocuparon por mi tras el vómito fatal con la cara de ¡¡¡Paco Martínez Soria e Isabel Garcés!!!

Y eso que no soporto a Martínez Soria ni a Isabel Garcés. Pero de alguna manera les doy las gracias a todos aquellos que demostraron espontánea preocupación por mi lamentable estado.

Desde ese día, no obstante, confieso que no puedo ver ninguna película de Martínez Soria. De hecho, basta que escuche la voz del actor para que la piel se me ponga de gallina y huya de donde me encuentre como alma que lleva el diablo.

UN DEMONIO LLAMADO LOUIS DE FUNÈS

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Otro actor que me provoca voluntarias arcadas es Louis de Funès.

Hubo un tiempo en el que estuvo muy de moda y en el que sólo parecía que ponían películas de Funès en los cines de esta ciudad. Entre otras, estaban las de aquella espontosa serie donde protagonizaba a un gendarme. Aparecía también en Fantomas pero como secundario lo que lo hacía soportable y también en La gran juerga.

No saben el castigo que suponía para quien les escribe que le llevaran a ver una de sus películas. Y no por mi padre, que siempre tuvo el buen gusto de detestarlo.

Les juro, y no hace falta para ello que me pongan delante ningún libro sagrado para que la verdad sea verdad, que si fuera francés hubiera exigido que lo guillotinaran por cuestión de salud pública.

En fin.

Saludos, a lo nostalgia a veces no es un error, desde este lado del ordenador.

Perdónalos porque no saben lo que hacen…

Sábado, Enero 9th, 2010

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A principios de los años noventa del pasado siglo mis ojos visitaron un infierno ajeno y presuntamente ficticio a través de una película que, en castellano, respondía al título de Teniente Corrupto. La firmaba el irregular Abel Ferrara, uno de esos cineastas elevados a los altares por postmodernos de todo pelaje, esos mismos que han colocado en el nuevo panteón pagano de directores norteamericanos recientes a Jim Jarmusch con más pasión que inteligencia. Que lo mismo da, tal y como están las cosas.

Teniente corrupto versión Ferrara es una cinta poderosa. O al menos recuerdo cierto poder en aquellas imágenes de descenso al averno que iniciaba el policía que interpretaba con pasada convicción Harvey Keitel, un actor bronco, pétreo casi, que a lo largo de aquel metraje busca la epifanía mientras se coloca con toda clase de sustancias estupefacientes.

Admito así que me llamó la atención conocer hace un tiempo que mi estimado Werner Herzog había osado dirigir un remake de tan legendario filme. Un filme de culto, de esos que adoran una legión de marginados como si se tratara del libro de las revelaciones. Ayer mismo, saltándome una cita, me metí en una de esas monstruosas multisalas que ponen de manifiesto porque en esta provincia cada vez vamos menos al cine, con la esperanza de sorprenderme con la visión que el cineasta alemán había perpetrado de este único clásico en la filmografía de Ferrara. Y es que soy un devoto del cine de Herzog como ya dejé escrito en este mismo blog. Un devoto lo que se dice devoto. De hecho, considero que se trata del realizador más interesante de aquella especie de milagro del cine alemán donde destacaron intelectuales de pacotilla como Win Wenders, o extravagantes balas perdidas como Fassbinder, quizá el más postmoderno de todos los postmodernos cineastas teutones de aquellos años.

Así que voy al cine con la idea de encontrarme con una película que intelectualizará la redención de su corrupto protagonista corrupto, en esta ocasión interpretado por el siempre excesivo Nicholas Cage, y me sumerjo gozoso (al margen de la polémica que se ha desatado en torno a este remake) en la nueva historia que propone del Teniente corrupto.

Historia que tiene un inicio que atrapa, que casi evoca el espíritu canalla y nihilista del mejor James Ellroy. Y que ilustra con imágenes inquietantes y seductoras. Tan intensas que incluso me parece que el siempre excesivo Nicholas Cage lo hace hasta bien.

Quizá sea porque el discurso hasta ese momento se sustenta en la delgada línea roja que marca el rastro de la corrupción. Y si bien doy por obvias las brutales reacciones del nuevo teniente en su obsesiva batalla por cumplir con su deber pese a que los caminos que tome sean los de la extorsión cual un Harry Callahan del siglo XXI pero sin la sobria seducción reaccionaria que supo imprimirle Clint Eastwood, me gusta lo que veo… Y sobre todas las cosas, me gusta Eva Mendes.

Sin embargo, y a medida que avanza un metraje largo, largo y largo pese a su duración –apenas algo más de hora y media— a mitad del filme noto el inevitable crack y pienso “oh, no, Werner, tú también… Y Teniente corrupto consigue lo que últimamente consigue el último cine americano que observo: que lo que parece rompedor termine rehabilitándose en su the end a ojos del espectador. O lo que es lo mismo, que intuyas que habrá final feliz.

Teniente corrupto versión Herzog se transforma así en un producto convencional, en una patética justificación equivocada con la que se pretende redimir los actos de su presunto corrupto protagonista.

Termina esta lección de un tipo bueno que se hace más malo para acabar con los malos con algunos aplausos espontáneos del público que asiste con quien les escribe a la proyección. Lo que me deja más frío que el caimán agonizante que aparece en la película.

Tiemblo de ira y de indignación. Pero tiemblo sobre todo porque siento que una de mis ya escasas leyendas cinematográficas ha claudicado finalmente. O acatado corromperse tirando la toalla en el ring en el que se ha convertido nuestra existencia.

Saludos, demoledoramente frustrados, desde este lado del ordenador.

…’In the ghetto…’

Sábado, Enero 9th, 2010

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Como ya viene siendo habitual Señor Ojo se ha puesto hoy de un pesado subido… No ya por las siete botellas de ginebra barata que se ha tragado (“siete por las islas Canarias”, cacarea el muy gañán) sino porque prácticamente monopoliza el aparato de música con su música country. Música country que ha llenado todos los rincones de esta santa casa en la que habito. El motivo de su peculiar juerga, me comenta, es celebrar el natalicio del Rey.

- ¿Don Juan Carlos?.- le pregunto.

Por respuesta me tira una botella vacía de ginebra a la cabeza mientras abre con los dientes el tapón de la octava y avisa: “Ésta,  por San Borondón…”

Suenan y suenan los banjos y violines. Y la voz de una cantante que parece que llora en inglés.

- Cabestro.- clama pegando un trago largo. Tan largo que oigo el glu glu del brebaje bajando por su garganta de acero inoxidable.- Hoy celebramos el cumpleaños del gran Elvis Presley…

- ¿Pelvis?.- Contestó con sarcasmo porque a mí, la verdad, Elvis siempre me hizo algo así como ni fú ni fá. Giro la cabeza y esquivo otra botella vacía de ginebra barata que se hace añicos en el suelo.

Señor Ojo me mira furibundo con su único ojo. Enrojecido color sangre.

- No merece pisar usted esta tierra.- exclama mientras intenta ponerse de pie. Va al aparato de música, quita el compacto y pone uno de Pelvis. Su pastelosa versión de Blue Moon me taladra los oídos. Y veo a señor Ojo bailar agarrado a la botella por la habitación, dando eses peligrosas. Hasta casi me parece observar una lágrima enorme deslizarse por su único Ojo.

Para quitar hierro al asunto, decido pues cambiar de conversación. Le informo con voz de sereno que hoy mismo han nombrado al paisano Santiago González nuevo director de TVE.

Señor Ojo se queda quieto. Mira la botella un rato. La coloca cuidadosamente encima de la mesa y escupe:

- ¿Y ese quién demonios es?

Intento sonreír para borrar mi contrariedad creciente.

- Un profesional. Uno de esos tipos con cintura que supo caminar en el extraño y tortuoso sendero del periodismo en provincias y de los madriles.

- Ahh.- exclama sin entender nada.

Coge de nuevo la botella, se lanza otro lingotazo y pega un salto de sapo cuando Elvis avisa desde los altavoces aquello de I can help…

“Madre del amor hermoso” pienso agradecido a la madre del amor hermoso “gracias por no subrayar este momento con el Love me tender”.

- In the getho, in the getho…- tararea señor Ojo escabulléndose al cuarto de baño.

In the guetto, pienso mirando la botella ya vacía de ginebra barata sobre la mesa.

Saludos, pimplantes, desde este lado del ordenador.