Archive for the ‘El Blog de El Escobillón’ Category

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Martes, Octubre 13th, 2009

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* Consigo (¡¡¡loado seado el Señor!!!) por vía indirecta los tres tomos tipo El señor de los anillos que recogen las intervenciones que se vertieron en el ciclo Desafíos de la cultura en el siglo 21 en aquel encuentro que tuvo lugar en Fuencaliente (La Palma) a finales de octubre e inicios de noviembre del año pasado. Es decir, que me hago con tan preciado y preciable material literario un año después de haberse celebrado el fasto cultureta canario. O la puesta de largo de esa señorita llamada Septenio que casi nadie conoce en su casa salvo los que han logrado venderle algunos de sus proyectos. Ojeo los volúmenes, muy cuidaditos, pero no saco casi nada en claro salvo que, probablemente, Sauron existe, y que gobierna una Tierra Media no ya poblada de amables y gozosos hobbits, enanos y elfos, sino de trolls y orcos. Si el buenazo de Tolkien levantara la cabeza.

* Pierdo el tiempo viendo la edición de hoy de 59 segundos made in Canarias. Y me entra tembleque, así que llego a la conclusíón de que para escuchar lo que dicen los expertos (en éste y otros espacios similares de la televisión autonómica y locales) prefiero a los amigos del bar que tengo debajo de mi casa. Son más directos e inteligentes. Me pregunto cómo diablos se le escapa a todo ese equipo algo tan objetivo como la palabra sensatez. Hablan por hablar, se meten unos y otros sin revelarme nada nuevo sobre lo que, presuntamente, la moderadora dice que intenta que debatan. Prometo, firmemente, que a partir de hoy ya no perderé esos preciosos 59 segundos de mi vida asistiendo a un programa que tanto me recuerda a los ¿debates? de Sálvame o ¿Dónde estás, corazón? pero con acento canario. Y eso pese a que en estos espacios se ¡quiere hablar de cosas serias! Admito que llegar a esta reflexión no me hará con el Premio Nobel, pero es que  debajo de casa (y sin cámaras ni protagonismos sospechosamente onanistas) arreglamos el mundo con más sentido del humor, elegancia y cinismo que esos “intelectuales” del, seamos benignos, siglo pasado.

Saludos, turuletas, desde este lado del ordenador.

… No corta el mar, sino vuela…

Martes, Octubre 13th, 2009

Hay ocasiones en que una película, un disco, un libro, una pintura o una escultura significa no sé si racional o irracionalmente un antes y un después en tu existencia. Será porque marca a partir de ese momento tu forma de ver las cosas. O contribuye a que abras los ojos y mires (eso ya no lo tengo tan claro) en la dirección adecuada.

Confieso que le tengo cierto aprecio a todas esas novelas que tienen protagonista fijo. La cosa comenzó siendo muy pequeño leyendo (no todas) las aventuras de Tarzán de los monos y John Carter en el planeta Marte de Edgar Rice Burroughs; más tarde las novelas de espionaje cafre de Ian Fleming (tengo los nueve volúmenes que en su día editó Bruguera. Por uno de los cuales, Solo se vive dos veces, llegué a pagar en aquella época en la que tenía dinero 5.000 pesetas ¿irayos y centellas si serás diota!?); las de Conan de Robert E. Howard y las Horatio Hornblower de C. S. Forester, entre otras muchas. Constituyen estas piezas literarias que algún cabestro podría calificar de caza menor, uno de esos tesoros que soy consciente que me llevaré a la tumba. Y si bien he omitido otros personajes como Sherlock Holmes y el profesor Challenger de sir Arthur Conan Doyle, y ya más recientemente las satíricas y documentadísimas historias de Harry Flahsman (ya le dediqué un espero que emocionado post a su autor George MacDonald Fraser) es porque hoy me ha dado por contarles lo que supuso para un corazón tan poco marinero como es el que tiene quien les escribe, descubrir las aventuras de Horatio Hornblower, personaje literario que descubrí gracias a una de esas películas que no me canso de ver desde que tengo catorce años: El hidalgo de los mares de Raoul Walsh.

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Mis primeras lecturas del personaje recreado por C. S. Forester (autor también de la novela La reina de África, llevada al cine por John Huston) fueron desordenadas porque las fui adquiriendo cuando el instinto del lector me sorprendía revolviendo en la pila de libros usados de la ya homenejada en este mismo blog librería Sonora. Así, me fui adentrando en el universo del marinero que encarnó en pantalla grande Gregory Peck sin seguir cronología alguna. Conservo todavía algunos títulos como El retorno de Hornblower y El comodoro publicados en la ya desaparecida Ediciones G. P. y que datan de 1957. Se tratan de libros de bolsillo que se editaban con letra minúscula y que gracias a una fe capaz de mover montañas fui leyendo pese a que fuera consciente de cómo iba perdiendo la vista a medida que pasaba aquellas páginas hoy amarillentas y casi acartonadas.

Cuando la novela histórica se puso de moda en este país llamado España, Edhasa tuvo el acierto de editar todas las novelas de Hornblower en ediciones más que presentables, lo que me hizo adquirirlas y leer las aventuras de este hombre de mar desde sus inicios como guardamarina. No fue dinero malgastado. En esta nueva etapa releí los volúmenes que había ido adquiriendo por casualidad en Sonora así como todos aquellos que desconocía entregándome a su universo de no corta el mar, sino vuela.

Y aquí entra el debate entre lectores. Que es más o menos el debate que surge entre musiqueros y cinéfilos. Los que descubrimos a Hornblower se nos hizo muy difícil por no decir que casi imposible adentrarnos en el mundo naval que propuso años después Patrick O’Brian, creador de Jack Aubrey (personaje también llevado al cine por Peter Weir en la estupenda Capitán de mar y tierra) y eso pese a que sus historias transcurren en la misma época en que se desarrolla la acción de las de Hornblower: las guerras napoleónicas. Eso me hizo llegar a la conclusión (posiblemente apresurada) de que las historias de O’Brian me resultaban demasiado densas por técnicas marineras mientras que las de Hornblower me parecían más de secano. O para un marinero de agua dulce. Y todo ello pese a que Forester nos describe a un personaje demasiado estirado y seco, antipático casi, anclado a eso que llaman orden y por lo tanto  capaz de asesinar “por accidente” a un superior porque considera que sus órdenes son un desastre para la buena gobernabilidad del barco…

Recuerdo ahora con un asomo de nostalgia las conversaciones que mantenía con el gran periodista y escritor Apeles Rafael Ortega Pérez, que ya no está entre nosotros, si las novelas de Hornblower o las de Jack Aubrey eran mejores o peores. Pasado el tiempo me doy cuenta que ninguno logró convencer al contrario pero no había día en que no sacáramos a colación esa disputa quién sabe con que propósito. En todo caso, recuerdo esas charlas como amables e intrascendentes divertimentos entre aficionados. Un intercambio de opiniones entre dos amigos que lo mismo podían haber discutido sobre si los Beatles fueron mejores o peores que los Rolling Stones.

Les cuento todo esto porque en estos días de lecturas hambrientas he vuelto a releer las novelas de Hornblower. Y a caminar una vez más sobre un navío de guerra cuyo suelo tiembla bajos mis pies. También porque he decidido leer sin prejuicios la serie de O’Brian con la esperanza de decirle al entrañable Apeles que tenía razón. O no, porque allá donde esté seguro que ya forma parte para toda la eternidad de la tripulación de H.M.S. Surprise.

Y que mientras tanto, los que todavía quedamos en tierra, esperamos a que nos busque un hueco en tan gloriosa tripulación.

Saludos, con diez cañones por banda, desde este lado del ordenador.

Gacetillas literarias, gacetillas literarias…

Martes, Octubre 13th, 2009

* El Espacio Cultural de CajaCanarias acoge mañana, miércoles, a las 20:30 horas, la presentación del libro Argumentos en busca de autor, un ensayo de Bruno Mesa. El acto contará además de la presencia de su autor, con los también escritores Juan José Delgado y Juan Manuel García Ramos. Este volumen ha sido editado por la entidad de ahorro dentro de la colección La Caja Literaria y es, según palabras del autor, “un libro de objeto reflexivo que pretende exponer, de una forma definitiva, el corpus de todo lo que he realizado en este género hasta ahora y que, poco a poco, he ido publicando en diferentes medios de todo el país. Se trata de textos independientes, muy diferentes entre sí, con numerosos toques irónicos”. Mesa será el encargado el próximo lunes, 26 de octubre, de la apertura del curso 2009/10 de la Escuela Canaria de Creación Literaria.

* Precisamente la Escuela Canaria de Creación Literaria y la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife han firmado un acuerdo de colaboración  a través del cual, los periodistas miembros de la APT podrán beneficiarse de descuentos y becas en la matrícula de los cursos que organiza La Escuela Canaria de Creación Literaria. El convenio se rubricó el pasado 5 de octubre por el vicepresidente segundo de la APT, Manuel Negrín, y por la directora de la escuela, Antonia Molinero.

* Si se encuentra en Madrid el próximo viernes, 16 de octubre, podrán asistir en la Casa de Canarias (y no en su clon el Espacio Canarias) al II Ciclo de Poesía de La Casa de Canarias en Madrid Atlántica Poética. El acto comienza a las 20.30 horas (penínsular) e intervendrán Juan Carlos de Sancho e Iván Carabaño Aguado.

* El poeta Rafael-José Díaz participa en el Coloquio internacional Poesía y Silencio que celebra en la Universidad de Paderborn (Alemania) del 15 al 17 de octubre. Díaz intervendrá en la lectura colectiva Noche de poesía: Palabras del silencio. Silencio de las palabras, junto con los también poetas Ada Salas y Miguel Anxo Fernán Vello. Al día siguiente, viernes 16, y a partir de las 10:45 horas, ofrecerá la ponencia titulada Una ruta de junio.

* Ediciones Idea acaba de lanzar Por un beso de la flaca, la primera novela de Esteban García Bacallado, que ha sido incluida dentro de la colección Tid (Textos Idea). Esta obra se presenta el próximo jueves, 15 de octubre, a las 19:30 horas, en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Tenerife, en un acto en el que el autor estará acompañado por el escritor y periodista Armando Astarloa y el director de la editorial canaria, Enrique Jiménez Fuentes.

* La colección Bartleby de poesía ha publicado en edición bilingüe el último poemario de  Wislawa Szymborska, Aquí, con traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano. Aquí ve la luz en español en el mismo año de publicación del original. Wislawa Szymborska (Bnin, Kórnik, 1923) , Nobel de Literatura, es autora de los siguientes libros de poemas: Por eso vivimos (1952), Preguntas a mí misma (1954), Llamando al Yeti (1957), Sal (1962), Si acaso (1975), El gran número (1976), Gente en el puente (1986), Fin y principio (1993), Instante (2002), Dos puntos (2005) y Aquí (2009), entre otros.

Saludos gacitelleros desde este lado del ordenador.
 
 

Suspiros de España

Lunes, Octubre 12th, 2009

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Juro sobre el libro más sagrado que lo que me ha pasado hoy es fruto de esa casualidad que a veces parece que conspira para hacernos más (in)felices. Como no tengo nada mejor que hacer y a mí eso de los desfiles militares no es cosa que entienda, cojo como el que no quiere el volumen Por la otra orilla, crónicas de viajes por tierras de Latinoamérica, Sudamérica o Iberoamérica firmada por el hoy extrañamente polémico Agustín de Foxá, conde de Foxá.

Por la otra orilla es un libro que, sospecho, no ha vuelto a ser reeditado desde 1961 y todo ello pese a su calidad literaria, repleta de descripciones chispeantes y algo modernistas. Se trata además de un volumen que no se ha vuelto viejo porque su autor –ese escritor al que el Ayuntamiento de Sevilla ha vetado recientemente en el 50 aniversario de su muerte por su pasado falangista– describe sus impresiones huyendo del tufillo político aunque sí imbuido de un espíritu (acúsenlo si quieren) españolista durante su enriquecedor periplo por esas tierras tan cercanas y lejanas.

Independientemente del debate ideológico que ha opacado el recuerdo de su obra, e intentado abstraerme de las dichosas pullas políticas, les confieso que la lectura espontánea de Por la otra orilla me ha calmado los nervios en este día de fanfarria. Además, ha servido para que mis sentidos evoquen la gozosa lectura que me asaltó cuando en su momento leí la obra por la que muchos defenestran el innegable talento literario de Foxá, Madrid, de corte a checa. Una novela, unas vivencias, que pese a que no comparta ni sentimental ni ideológicamente, no deja de ser un libro de esos que lees de cabo a rabo. Que saben capturarte porque está narrado con verdad. Sí, verdad que puede ser la verdad de Foxá, pero que sigue siendo verdad aunque no estemos de acuerdo con ella.

Leer, en estos tiempos blandos y de prohibiciones varias, a Foxá se me antojan además como un ejercicio provocador en esta tierra que quieren que vuelva a ser de buenos y malos, obviando la rica variedad que se encuentra en los grises. Y me empuja, afortunadamente, a rescatar a toda esa amplia galería de escritores (Edgar Neville, Enrique Jardiel Poncela) que para unos equivocaron el bando al estar del lado de los vencedores en nuestra nefasta y nunca acabada Guerra Civil. Pero eso no quita que continúen siendo buenos escritores. Escritores con un finísimo sentido del humor, conscientes quizá de que sólo a través de una risa inteligente y si quieren de derechas, se podían abstraer de la durísima postguerra que asoló este cementerio que fue y continúa siendo España.

Me ha tocado el corazón leer las impresiones de Foxá del Uruguay, Argentina, Nicaragua, La Florida, Honduras, República Dominicana y Perú, entre otras escalas. Y su capacidad para transportarme a esos países donde el escritor y diplomático intenta encontrar la huella de una España remota.

Si saben leer sin vendas en los ojos, es fácil conmoverse y también conmocionarse con la prosa elegante del escritor. Lean conmigo este fragmento: “Cuba sabrosa, de las dulces y radiantes mañanas; si las otras Repúblicas americanas fueron las hijas, tú fuiste la novia de España. Y cuando, por ley biológica, te fuiste, la matrona Iberia –la de las monedas, los sellos, la Gaceta y las escuelas, del siglo pasado, con su alto busto, su corona mural, su león y su balanza—lloró más que por todo el resto de su antiguo poderío”.

Toma, lo que se dice, ya.

Saludos, deliciosamente atolondrados, desde este lado del ordenador.

El grito

Domingo, Octubre 11th, 2009

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Allí por donde voy escucho siempre el grito. Es un grito que suena en silencio y que te rompe los tímpanos, y que te sume en una de esas conocidas depresiones que parecen que no pueden vivir sin ti. Compañera involuntaria en este devenir que es la vida.

Me llaman por teléfono, recibo mensajes en el correo electrónico, chateo un rato, me encuentro con alguien casualmente en la calle y no sé si darle la mano o un abrazo… Y siempre ese grito sin voz y terrible, casi igual de terrible como el que acompañó a Ramón Mercarder el resto de su vida tras clavarle el famoso piolet en la cabeza a León Trotsky.

De grito y de miedo es el asunto que trata El hombre que amaba a los perros, la última novela del escritor cubano Leonardo Padura. La finalicé esta mañana de domingo previo al Día de la Hispanidad, y confieso que me dejó un sabor amargo en la boca.

O esa sensación de que no termina de convencerme, pese a que está medida e históricamente resulte irreprochable. Pero no, me deja con un pesado vacío en la boca del estómago y no siento que sea la gran novela del escritor cubano. Quizá sea, pienso mientras coloco el volumen junto a las otras novelas del escritor que tengo en mi librería cada día más soñada, que pese a conocer la historia y fascinarme, en especial gracias al documental español Asaltar los cielos, reúne una serie de cosas que no me cuadran. Y una sensación abisal de que a Padura se le ha ido de las manos esta novela histórica con intenciones de denuncia.

No hace falta ser muy listo para darse cuenta de la metáfora que usa el escritor para arremeter a través de Trostsky, Mercader e Iván, el personaje cubano que encuentra en la playa al hombre que amaba a los perros, contra la ya decrépita Revolución Cubana.

Pero ¿y? me pregunto cuando cierro el libro. Nada. Y resulta durísimo escribir nada tras haberme leído sus casi 600 páginas.

Esto me pasa con algunos libros y sobre todo con algunos escritores de los que espero otra cosa. Y con Padura me pasa desde que me arrebató con sus inteligentes novelas policiales protagonizadas por Mario Conde y que se desarrollan en La Habana del periodo especial. “Son cosas tuyas” me dirán algunos. Y sí, me respondo, claro que son cosas mías, ¿de quién iban a ser?

El hombre que amaba a los perros es un relato terrible. Es el relato de una muerte anunciada. La orden la dio el que probablemente sea uno de los mayores hijos de la gran puta de los últimos tiempos: Stalin. Un personaje fascinante por diabólico. Encarna a la perfección el mal en la tierra. Un psicópata llevando las riendas de un país que fue capaz de hacerle sombra a los Estados Unidos. Me pregunto por qué nadie escribe una novela (la hay, pero es muy mala) sobre este demonio de bigotes de morsa. También por qué los dictadores más detestables de la historia llevan bigotes. Mussolini no llevaba bigotes pero es que además de ser un canalla fue un payaso.

El grito. Escucho el grito mientras escribo estas líneas. Con un sabor amargo en la boca. En las novelas describen esta sensación cuando uno de los personajes es envenenado con aquello de “sintió el sabor de almendras amargas en la boca”. Lo que siempre me ha hecho gracia porque alguna vez he comido almendras amargas y no tienen, para nada, sabor desagradable sino diferente…

Esta semana que muere ha sido una semana extraña. Muy rara. De esas en las que he sentido como un fantasma a la depresión intentando adueñarse de mi cabeza. Como soy perro viejo he logrado que se vaya pero la muy condenada que vuelve. Infatigable, lo que me llena de congoja porque cansa. Y si lo que leo, veo y escucho no me compensa, la muy cabrona vuelve a introducirse por la puerta trasera. Y me pongo triste. Y cuando me pongo triste no sé que hacer. Y cuando no sé que hacer escucho el maldito grito, y cuando escucho el maldito grito sé que algo no va bien. Y siento la sombra del miedo, sombra intangible que no ves pero que va ocupándolo todo. Pero me resisto.

Una buena amiga me dice que es signo de los tiempos y de cambio. Y puede tener tanta razón como no tenerla. Sólo sé que el maldito grito continúa. Y lo que es peor, que cuando no lo escucho tengo necesidad de volverlo a oír porque me he acostumbrado a su silencio.

No sé. Afortunadamente me quedan las novelas de Elmore Leonard. Con él, haya grito o no, ni me entero.

Saludos, ya no sé sin o con grito, desde este lado del ordenador. 

¡Albricias!, ¡albricias!, ¡albricias!

Viernes, Octubre 9th, 2009

* El periodista Francisco Moreno, probablemente una de las personas que más sabe de televisión a este y al otro lado del Atlántico, ha sido merecedor junto a Lourdes Santana, directora de TVE Canarias y Alfredo Ayala, director del programa que emite la Televisión Canaria La bodega de Julián, de los premios Talento en su novena edición.

Estas distinciones, que concede la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión, reconoce la labor desarrollada por estos profesionales entre bastidores. O los que es lo mismo, el trabajo de los que no dan la cara frente a las cámaras pero hacen posible el milagro de que la caja diabólica funcione.

La acreditada solvencia profesional de Moreno está más que demostrada. Y sigue siendo, para los que tenemos memoria televisiva, el mejor director general que ha tenido la Televisión Canaria, La Nuestra, a lo largo de su todavía corta pero agitadísima historia.

Quizá fuera su visionaria concepción del medio y la de intentar levantar un proyecto riguroso y honesto con cuatro euros, una de las razones por la que se le relevó del cargo para sorpresa de muchos. La Nuestra que Moreno propuso era una televisión inteligente, sin contenidos rosas ni programas que afectaran a la úlcera del telespectador, apuesta muy arriesgada en una comunidad donde los que nos gobiernan no son, digámoslo así, demasiado prácticos. Felicidades a los tres, pero en especial a Francisco Moreno y su modelo televisivo que hoy intenta trasplantar desde su responsabilidad de director audiovisual de Prensa Ibérica.

* Que en estos días de crisis –y colas cada vez más largas ante las oficinas de empleo– el Parlamento de Canarias debata iniciativas culturales no deja de sorprendernos. En especial si tenemos en cuenta que para todos aquellos que se reúnen en el antiguo Conservatorio de Santa Cruz de Tenerife eso de la Cultura no vende. Me parece a mí que por eso la diputada de CC, Dulce Xerach Pérez, vive en otro mundo. Lo que se agradece, porque a través de sus iniciativas el nombre de la Cultura brota de tanto en tanto en una Cámara tan acostumbrada a hacerle oídos sordos a eso mismo, la Cultura. Xerach Pérez presentó ayer una Proposición No de Ley, que contó con el respaldo de todos los grupos paralamentarios canarios, en la que se insta al Gobierno regional a que promueva las acciones necesarias para conseguir que un día a la semana el acceso a los museos públicos de las Islas sean gratuitos.

* El pleno de la misma Cámara reconoció a Francisco Guerra , aka Pancho Guerra, y su popularísimo personaje Pepe Monagas (veo todavía a mi tío llorando de la risa mientras leía sus historias) que en este que es su año del centenario se le rinda homenaje, reeditando sus textos para que la obra no caiga en el olvido. La propuesta fue de las parlamentarias María del Mar Arévalo, Dulce Xerach Pérez y María Belén Monzón, quienes presentaron a la Cámara una moción conjunta.

Saludos, gritando aquello de albricias, albricias, albricias como Jack Lemmon en Primera plana, desde este lado del ordenador.