Archive for the ‘El Blog de El Escobillón’ Category

Una tarde agradable en la que evoqué, entre otras cosas, una lata de sardinas contra la cara del ‘Anticristo’

Lunes, Diciembre 15th, 2008

Bueno hoy ha sido uno de esos días en los que parece que el mundo conspira para hacerte feliz (la frase no es mía, obviamente, sino del gran J. D. Salinger). Tras un tremebundo almuerzo en el que me tropiezo con caras que pensaban que eran de ultratumba, hablo con uno de los mayores especialistas de cine de Canarias como es David Fuentefría de nuestra afición favorita y se me va el tiempo, bastante antipático por la lluvia tonta que ha caído sobre esta capital de provincia a lo largo del día de hoy. Y en nuestra conversación, cómo no, sale a colación el futuro cierre del cine Víctor pero también viajamos al pasado que es un ejercicio saludable entre cinéfilos, recordando las salas que alegraron nuestra niñez y juventud perdida. Además del Víctor, que para mi sigue siendo como el viejo aristócrata de las salas de cine de mi chicharrito infeliz, David me habla con una pasión de esas que te despiertan simpatías del Rex. Y después, por esas diabluras de los debates al calor de un buen café, de otras salas históricas como el Baudet, el Price y el divino Delta, que estaba en el barrio de Salud y sala a la que, particularmente, le debo algunas de mis mejores experiencias como espectador. el_anticristo.jpg De hecho, como un viejuno espectador que soy, le cuento (perdonad sobrinitos que me reitere tanto) esa vez en la que viendo El Anticristo (una producción bastarda italiana y por lo tanto hija ilegítima del éxito de El exorcista) como una lata de sardinas sobrevoló la sala para estamparse en pantalla justo en el momento en el que la poseída por mil demonios soltaba su vómito de azufre. La risa que soltamos toda la pibada en ese momento aún resuena en mi cada día más delicada memoria, pero creo que la risotada me sirvió de vacuna contra los terrores que intentaban venderme, aunque no haya servido de freno para los que me asaltan todos los días, esos en los que intentas construirte como persona. En fin… que notaba en falta hablar de salas, películas y de todas esas cosas insignificantes para unos y tan gigantescas para otros. Y es que a veces, sólo a veces, sí que tengo la sensación de tener mucha suerte de haber nacido aquí.  Saludos a este lado del ordenador.

Érase una vez en Canarias…

Sábado, Diciembre 13th, 2008

La noticia tiene miga. Ya se puede encontrar en grandes y pequeñas superficie las tres películas que han realizado hasta la fecha Teodoro y Santiago Ríos. Nos referimos a Guarapo (que volverá a reestrenarse la semana próxima en el agónico Cine Víctor, ¿no oís sus gritos desesperados?), Mambí y El vuelo del guirre. El pack sale por algo más de 30 euros, aunque los dvd son pobres en cuanto a extras se refiere.

Las tres películas de los Ríos tratan un tema común, la emigración, asunto del que me consta cansa a los cineastas canarios. Pero qué se le va a hacer. El Guarapo se nos cuenta la historia de un joven campesino gomero que quiere emigrar a tierras americanas; en Mambí, la de un palmero que enrolado de manera forzosa en el ejército es enviado a Cuba a finales del siglo XIX, y En el vuelo del guirre (filme que considero el más personal e interesante de esta pareja de realizadores), el regreso de un canario a su tierra tras haber pasado buena parte de su existencia en el Dorado americano.

Con todos sus defecto, los Ríos han podido construir una cinematografía cuanto menos interesante para los nacidos en esta siete islas cada día más tontas. El espectador iniciado puede incluso observar influencias western en su cine, en especial en la crepuscular El vuelo del guirre, título, insisto, que me parece el más interesante de su carrera.

No sé que proyectos barajan ahora. En su momento sonó una serie de televisión, una producción sobre la conquista de La Gomera, y sé que ahora ruedan un documental sobre el Sáhara, título que mejorará uno de los primeros trabajos de estos dos directores. 

A mi me caen bien los Ríos. Y su filosofía de vive y deja vivir.

Enhorabuena hermanos, es más que probable que el pack caiga en mis manos estas Navidades.

Ellos son el monstruo que todos llevamos dentro

Sábado, Diciembre 13th, 2008

  fatty.jpg

Gracias a Carlos Boyero y a su adictivo encuentro con los lectores que todo los jueves publica la edición digital del diario El País, me hago con Yo, Fatty de Jerry Stahl, un libro que se reconstruye en clave de autobiografía apócrifa la vida de este gran cómico del cine mudo que tras el escándalo que sepultó su carrera no pudo trascender con la misma fuerza en la historia del cine como otros geniales creadores silentes: Chaplin, Keaton y en menor medidad Harold Lloyd.

El libro de Stahl es uno de esos libros que gustan no sólo a los aficionados al cine cuando daba sus primeros balbuceos en el Hollywood escandaloso de la primera mitad del siglo XX, sino también a los lectores que no tienen nada que ver con el cine. Yo, Fatty es un libro que tiene además una extraña actualidad, sobre todo porque revela la capacidad que tienen los medios de comunicación para crucificar a una persona, independientemente de su inocencia.

Editado por Anagrama en la colección Panorama de narrativas, Yo, Fatty puede ser un buen regalo en estas fechas consumistas en las que nos encontramos. Además, es una de esas novelas amargas cuyas tapas parece que tiemblan entre tus manos, y si bien puedes conocer su final, o la trágica historia del actor que vio cómo su estrella fue arrojada al cubo de la basura por un cúmulo de ambiciones personales, no deja que, como lector, te reveles ante lo inevitable. Ante lo que sabes que pasó.

El volumen de Stahl describe también la excelente amistad que mantuvo Roscoe Arbuckle a lo largo de su vida con Buster Keaton, que es uno de los grandes del cine de todos los tiempos. Keaton sigue siendo uno de los grandes por derecho propio, aunque hay un grupo de entusiastas que continúa reivindicándolo por encima del gran Chaplin en esos divertidos enfrentamientos dialécticos en los que se enfrascan los aficionados al cine cuando no tienen nada mejor que hacer.

En todo caso, a mi me gusta mucho lo que hacían Keaton y Chaplin, también Harold Lloyd, claro que siempre he tenido muy claro que eran cineastas y autores. Y como autores y cineastas muy diferentes en sus deliciosas comedias. Chaplin explotó el lado trágico de la risa, mientras que Keaton se convirtió en un maestro de la risa catastrófica. Hay dos momentos en la obra de estos cineastas que me parecen absolutamente geniales. Por un lado, el almuerzo que Charlot hace de su zapato raído en La quimera del oro; y por otro, el de Keaton estragulando a su novia en El maquinista de la General cuando desesperado le pide más leña para alimentar a la locomotora y ella le da una astilla.

Pero hablaba de Yo, Fatty. Novela que me ha hecho recuperar en Internet imágenes de este cómico hoy olvidado que cayó al abismo tras ser empujado por los representantes de la moral, pese a que judicialmente resultara inocente del delito por el que se le acusó. Gracias a Stahl, el gran cómico que fue recupera la voz y le cuenta al mundo su versión (y la que la justicia dio por verdadera) de aquellos hechos desgraciados que segaron la vida de la aspirante a actriz Virginia Rappe.

Yo, Fatty es una novela triste y crepuscular, uno de esos títulos que te empapan de melancolía y te hace ver tu alrededor de otra manera. También te hace un poco más consciente del mundo que te rodea, y de la pesadilla en la que te puedes encontrar mañana si los medios orquestan sin pruebas que eres culpable de cualquier cosa. Incluso de haber nacido.

Un título imprescindible.

“Es lo que descubres cuando el mundo se vuelve contra ti. Ves las cosas de un modo diferente. Coges una guía telefónica llena de personas que en su día creíste que eran amigos –o al menos que no eran tus enemigos, que no querían pillarte– y, una tras otra, les oyes decir cosas sobre ti que no te habrías imaginado que pensara tu peor enemigo, y no digamos ya en voz alta. Me refiero a cosas horribles, odiosas, personales… Y se las dicen a los periódicos. Y tan descorazonador como la conducta de la gente que conoces es la de que gente que no conoces.” (Yo, Fatty, Jerry Stahl, página 221)

La suerte está echada…

Sábado, Diciembre 13th, 2008

La suerte está echada. El director general de Cultura del Cabildo de Tenerife, Cristóbal de la Rosa, anunció ayer la programación de cine difícil –aunque estudiando los título de la nueva temporada creo que hasta le gustará a Ángel Llanos– que comenzará a exhibirse en Tenerife Espacio de las Artes (TEA) tras el cierre anunciando de nuestro querido Cine Víctor a partir de enero de 2009. Me consta que no ha sido un trago fácil el que ha tenido que tomar de la Rosa para asumir desde su cargo la muerte de la última sala de verdad que le queda no sólo a Tenerife sino al archipiélago, pero así están las cosas, e historias cómo éstas comienzan a ser habituales en la vida cultural de Canarias. Hoy más curtural que nunca. El Cabildo se desprende de la gestión del Víctor y a partir de ahora, cual Poncio Pilatos redivido, se limpia las manos ajeno al futuro del cine que tanto contribuyó a hacernos la vida más feliz.

En fin, ellos sabrán. Son ellos los que pasarán a ocupar una de las páginas más negras de la Cultura en las islas, porque abandonar su gestión en los tiempos que corren significa su cierre para siempre. No nos engañemos. ¿O engañémonos? La verdad es que estoy harto de engaños y de las torpezas de quienes gestionan mis dineros. Eso se suma a la pena enorme que siento porque mi sala, mi cine, mi templo oscuro muere pese a la indignación del puñado de aficionados que han puesto el grito en el cielo, ese ¡¡¡NO AL CIERRE DEL CINE VÍCTOR!!! que espero que resuene cuando se inicie el nuevo año.

Escribo estas líneas con la sensación de que me han robado algo delante de las narices. También con la lógica frustración de quien esperaba mucho más de Cristóbal de la Rosa. Su figura se me ha quedado pequeña porque creo que no ha tenido ni astucia ni valor para capear esta crisis. La crisis del cierre.

Las cosas no se arreglan prometiendo que habrá cine independiente en el TEA, y que la programación la seguirá llevando Emilio Ramal, a quien habría quen preguntarle (si le dejan, que creo que no) qué opina de esta decisión. No me gustaría estar en la piel de ninguno de los dos. Del primero porque su equivocada decisión ya empaña una de las páginas recientes de la vida cultural canaria; y del segundo porque continuará con una labor que ya no volverá a ser la misma.

No sé qué diablos pasará con el Cine. Ni qué piensan hacer sus propietarios con la sala. Mucho me temo que cerrará a cal y canto, y que pronto formará parte del siniestro paisaje de las grandes salas de cine muertas pero no enterradas de Santa Cruz de Tenerife. Ved el Teatro Baudet, ved esa bolera en la que se transformó el Rex, imaginad ya el cartel de cerrado en la fachada del Víctor…

Demonios, que son muy malos tiempos para la lírica en Canarias.

¡Qué bueno vivir aquí!

Pan y circo: ¡¡¡Fiestah, fiestah, fiestah!!!

Viernes, Diciembre 12th, 2008

No debería de sorprendernos a esta alturas la noticia que hoy saca en primera página el Diario de Avisos pero qué quieren que les diga, debo de ser tonto porque incluso sospechándolo (la periodista Mayte Méndez nos advertía esta misma semana en La Opinión de Tenerife de lo que se avecina con el teatro Guimerá) no puedo creerlo. Me niego a creerlo.

Tengo la extraña sensación de que con la excusa de la crisis (más madera, ¡qué es la crisis) los responsables de la cosa pública (también pasa en la privada pero es asunto de empresa) están perpetrando todo tipo de desatinos porque hoy más que nunca poseen patente de corso. Y como vivimos en un archipiélago pequeño y con tendencia peligrosa al ombliguismo (no hay más mundo en estas islas que el que marcan las fronteras reales del mar), la primera víctima siempre es la cultura. Quizá porque algunos lumbreras saben que un pueblo culto no es manejable, mientras que un pueblo inculto sí que es fácil de manejar. O manipular.

Decía que el Diario de Avisos publica hoy que El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife castiga a Cultura y premia a Fiestas, información en la que se recuerda que desde 2007 se ha recortado un 43,19%  y un 18,02 por ciento las transferencias dinerarias al primer y segundo área respectivamente. Pues bien, y siempre según la misma información, que firma Jessica Moreno, para el 2009 Deportes recibirá del Ayuntamiento un total de 4.509.762 euros, Cultura 3.197.108 euros y Fiestas 5.118.887 euros.

La periodista añade que en el caso del Organismo Autónomo de Fiestas, a la cantidad aportada inicialmente, “que como todas las áreas municipales sufrió un recorte presupuestario de alrededor de un 30%, se sumó 1.500.000 euros para hacer frente a las deudas anteriores de la concejalía, aspecto que no se ha llevado a cabo en el resto de organismos autónomos”.

Da que pensar.

Tras consultar las cifras, este recorte salvaje al departamento que dirige Ángela Mena me sospechar que el próximo año culturalmente no vamos a estar sobrados. Aunque mucho me temo que por el contrario sí que disfrutaremos de los lindo curturarmente hablando.

No tengo nada en contra de las fiestas, y mucho menos de la que para unos es la joya de la corona de la capital tinerfeñea como son los carnavales, pero me indigna y me parece sonrojante que se sacrifique el buen nombre de la cultura en favor del pan y circo, que es lo que los emperadores romanos ofrecían a la plebe para que no se les pusiera escandalosa. Sobre todo en tiempos de vacas flacas como son los actuales.

A este paso, es más que probable que espacios escénicos como el Guimerá terminen por desandar el camino que tan dolorosamente habían emprendido y que regrese a los espectáculos de feria; habrá que olvidarse también de otras actividades culturales para todos los públicos como fueron el Salón del Cómic de Tenerife y la Feria del Libro Infantil, una experiencia cultural y lúdica que supo llenar de niños nuestro parque García Sanabria con el fin de despertarles el interés por la lectura. Así como de otras tantas actividades que pasarán a mejor vida por el dichoso recorte presupuestario mientras apenas se afeita los dineros a fiestah, fiestah, fiestah como gritaba Pocholo, el aristócrata de sangre azul de los freaks nacionales. Claro que algo me dice que al tal Pocholo tampoco deben de gustarle las películas que se exhiben en el cine Víctor, espacio que vive este mes sus últimos estertores. Aunque el responsable del navajazo cultural ha sido en esta ocasión el Cabildo de Tenerife.

Hace unos días colgaba un post donde me quejaba de que son malos tiempos para la lírica. Hoy añado que son malísimos tiempos para la cultura en Santa Cruz de Tenerife. La cultura está hoy más que nunca grogui en el chicharro; k.o. a punto de ser técnico, lo que deberían de aprovechar otros ayuntamientos para arrebatarle el monopolio cultural (que no curtural) que ostenta esta ciudad desde hace años.

Pienso en La Laguna, una ciudad bellísima aunque algo fría y húmeda para mi reuma. O en el Puerto de la Cruz… O en cualquier otra que sepa recoger el testigo cultural y mantenerlo con la dignidad que se merece. Ojalá me equivoque, pero Santa Cruz de Tenerife una vez más muere en soledad.

Pan y circo.

¡¡¡Fiestah, fiestah, fiestah!!! 
 

Tras el rastro de nuestro Rastro

Jueves, Diciembre 11th, 2008

Siempre me han gustado los rastros, que son algo así como grandes supermercados de la ocasión al aire libre. Tiene algo de moro esto de los rastros. Algo de zoco árabe. Si  usted es una persona viajada y ha estado en algún país que inspirtó Las mil y una noches sabrá más o menos lo que digo. Entre las experiencias más fascinantes de mi vida están aquellas en las que he tenido la oportunidad de sumergirme en los bazares de Estambul, El Cairo, Ammán, Damasco y Túnez. Experiencia lisérgica, en la que me he dejado arrastrar por la mezcla de olores, colores y sensaciones. Los rastros que he visitado en la península (y es algo que hago habitualmente cuando recalo en cualquier localidad de este país) no tienen el look de los árabes pero sí que mantienen algo de su desorden. Es decir, que no hay cosa que más me guste de un rastro que lo que tiene de anárquico y por lo tanto de desacralizador con el objeto consumista. Porque de esto se trata en estos grandes almacenes de los cachivaches usados.

Además, siempre he pensado que un objeto usado conserva algo de la vida de su anterior dueño. En este sentido, y con los libros que he ido recopilando gracias a los rastros que he pateado con la misma devoción de un  peregrino, creo que el perfume de su anterior propietario todavía se respira entre las páginas del volumen cuarteado. Y se percibe ese aroma al tropezarte con una frase subrayada a lápiz (nunca bolígrafo, por favor) o unas fotografías que aparecen abandonadas en la novela de tapas arrugadas y en las que encuentras, como por casualidad, unos rostros desconocidos con una ancha y satisfecha sonrisa en los labios.

Así, de repente, toda esta reflexión me la ha suscitado la noticia de que los vendedores del Rastro de Santa Cruz de Tenerife se oponen a irse a la avenida de San Sebastián porque dispersaría su oferta de alternativas, ya que los vecinos donde está instalado en la actualidad, la avenida de Ángel Guimerá, están hartos del caos que se organiza todos los domingos bajo sus viviendas.

Entiendo a los vecinos de Ángel Guimerá como entenderé a los vecinos de San Sebastián si se produce el traslado del Rastro, así que me parecería inteligente que los responsables del Ayuntamiento santacrucero se rompieran la cabeza para buscar otros espacios para no incomodar a la ciudadanía.

La Meca de los rastros españoles es, qué duca cabe, el de Madrid, localizado en uno de los barrios con más solera de la capital de España, como es el de Lavapiés y aledaños. En Madrid, el iniciado en bucear por sus callejuelas encuentra áreas muy definidas donde adquirir ropa usada, libros usados, cacharros usados y lo que haga falta. Además, como es una zona de bares, entre compra y compra de lo que sea puedes tomarte un pincho con una caña con los amigos, lo que convierte a este rastro en algo tan especial y único de cuantos he recorrido.

Así que merece la pena perder toda una mañana subiendo y bajando callejuelas en este gran zoco madrileño porque sólo en una ciudad tan extraña y atípica como Madrid, rompeolas de todas las España, se puede encontrar uno con un rastro de estas características.

Entiendo que imitarlo en Santa Cruz de Tenerife resultaría bastante difícil, sobre todo porque en esta provincia tenemos la manía de cuestionar todo lo que huele a lúdico salvo el Carnaval. Yo creo que este prejuicio ha sido determinante a la hora de marcar nuestro carácter como personas, reduciendo si cabe aún más nuestra visión del mundo. Por mucho que me aseguren, desde instancias superiores, que Canarias es tierra cosmopolita. Eso sería antes, porque ahora…

Pase lo que pase con la ubicación del Rastro de (y no en) Santa Cruz de Tenerife animo a quien sea (la autoridad competente, como dirían en una película de Berlanga de los años 50) a que ubiquen sus puestos en un espacio que dé vida a esta ciudad en estado catatónico, sobre todo los domingos y fiestas de guardar.

La idea es que el Rastro encuentra su sitio en una ciudad como Santa Cruz de Tenerife. Sobre todo porque con el paso de los años ha ido adquiriendo cierta identidad como rastro. Su estilo, en ocasiones deliciosamente caótico, pero esta es una de sus señas.

No creo que por esto afecte tanto su cambio de ubicación, aunque para que cale en la sociedad santacrucera necesita de un lugar que no esté sometido a los vaivenes de la vecindad. El Rastro no debe morir, como tampoco debe morir el cine Víctor, ni el teatro Guimerá…aunque tal y como están hoy los políticos con su campaña de ¡¡¡más madera, es la crisis!!! no sé que decirles yo del futuro de mi bendita tierra guanche.