Archive for the ‘Cine de allá’ Category

La torre de los siete jorobados ¿setenta años?

Viernes, Enero 10th, 2014

Edgar Neville fue aristócrata, artista, vividor y un genial humorista. Por ello es una pena que  por ser de derechas y apoyar a la causa rebelde en la Guerra Civil, su nombre no se  haya reivindicado con la justicia que se merece. Ahí queda su obra de todas formas para sacarlo del fango del olvido. Una obra en la que se mezcla una notable producción literaria y una sobresaliente producción cinematográfica.

Neville, IV conde de Berlanga del Duero, cuenta entre otras con una insólita cinta en el panorama del cine español, La torre de los siete jorobados, título del que celebramos los iniciados su setenta aniversario.

La película está basada en la novela del mismo título de Emilio Carrere, escritor al que se asocia a un modernismo decadente y en horas bajas. La novelita que dio origen al filme se publicó en los años veinte aunque el libro que obra en mi poder es una reedeción de los años cincuenta, en Ediciones Dólar, con portada truculenta.

¿Qué no ha visto la versión cinematográfica de Neville no confundir con Melville?

Se puede descargar en la red, circula también en dvd… Así que háganme caso, y tras verla ríndale el homenaje que se merece…

Fue la primera película que vi de Edgar Neville y fue la película que me convenció a que tenía que ver otras películas firmadas por Neville. Cito de memoria: Domingo de Carnaval (1945); La vida en un hilo (1945); El crimen de la calle Bordadores (1946); El último caballo (1950) y Mi calle (1960). Me faltan otros pero estos son los que forman parte de mi caótica videoteca, todos ellos grabados en cintas de VHS.

Hizo amistad con Chaplin, Douglas Fairbanks y Mary Pickford cuando, así lo relata en una entrevista (1), llega a Hollywood “de vacaciones”. El ambiente, explica, lo seduce y pide excedencia como diplomático para conocer de cerca eso del cine.

Algo debió de aprender porque lo más llamativo de Neville, una vez continúa su carrera en España tras finalizar la Guerra Civil, es la de rodar películas muy alejadas de la pompa y circunstancia que en aquellos años caracterizaba al cine español.

En este sentido, hay mucho de fantástico en La torre de los siete jorobados y de policíaco en Domingo de Carnaval y El crimen de la calle Bordadores, solo que visto con humor castizo y ligero esperpento. Planea también en estas cintas mucho humor negro aunque esto del humor negro es la manera que tenían entonces los españoles de reírse de las cosas que querían tomarse en serio.

La torre de los siete jorobados transcurre en un Madrid alegre y juvenil de finales del siglo XIX. Una ciudad que parece, y mucho me temo que siempre fue, capital de provincias.

Por sus calles, plazas, corrales y tabernas, apenas iluminados, se mueve un hombre que ve –”es usted un hombre sensible a las sensaciones ultraterrenas“–un espectro con parche en el ojo y sombrero de copa encima de la cabeza. Estamos en un casino, donde el protagonista juega a la ruleta mientras el fantasma de don Robinsón de Mantua le da aviso de los números ganadores a cambio de que proteja a su sobrina y que resuelva un misterio.

¡Misterio!

Debe de proteger a la sobrina y adentrarse en una ciudadela subterránea en la que hace tiempo se refugiaron los judíos que no abandonaron España cuando la expulsión de los Reyes Católicos, y que ahora sirve de guarida para una banda de jorobados que dirige el siniestro doctor Sabatino.

La película de Neville muestra un Madrid pobre y desnudo, cubierto por tinieblas y poblado de personajes excéntricos, aunque tratados con cariñosa ingenuidad, la misma que transmite Carerre en su novelita.

La cámara recorre un Madrid tenebroso con puertas secretas que dan a pasadizos siniestros. No pierde la película en ningún momento su amable tono de comedia, que adobada con elementos fantásticos que dan al largometraje atmósfera expresionista.

Setenta años después, La torre de los siete jorobados continúa siendo un clásico –por raro– del cine español.

Una película que fue a la contra de su tiempo y que todavía hoy continúa yendo a la contra del nuestro.

Nada que ver pues con el cine oficial y oficialista de entonces y mucho menos con ese cine que ha perdido señas de identidad como es el de la actualidad.

Cuenta La torre de los siete jorobados además con una lectura no ya sobre Madrid sino sobre España que aún permanece legible pese al paso de los años y pese a las transformaciones que han modificado el carácter de sus habitantes.

Hay un poco de todo en esta película doblemente fantástica: una crítica a la burguesía y a las clases populares que aún vende, pese a que alguno le pueda resultar anticuado y manido. A mi, personalmente, su crítica amable sobre la cursilería y la doble moral de los que por aquel entonces comenzaban a ser trabajadores de cuello blanco, me vale porque como panolis no hemos cambiado tanto.

La torre de los siete jorobados, la novela y la película, reúne así el encanto de la novela barata –pulp– norteamericana pero en versión española y sin subtítulos. Una versión española que le quita el barniz de tomarse las historias en serio en favor de una ironía que todavía sabe quitarme el sueño.

Deberían tomar nota y perder el poco tiempo que les queda en verla.

Un clásico, digo y redigo, de un cine como es el español tan acostumbrada a viajar a ninguna parte.

(1) Los que pasason por Hollywood, Florentino Hernández Girbal, Verdoux, 1992.

Saludos, vuelvo a visitar La torre de los siete jorobados, desde este lado del ordenador.

El fuego fatuo

Viernes, Enero 3rd, 2014

Estoy ante la taquilla y escucho la voz metalizada de la señorita a través del cristal.

- Dos localidades.- solicito con voz estrangulada.

Pienso en El fuego fatuo pero otra cosa distrae mi atención.

No, no es el hecho de que me entregue las entradas a un precio prohibitivo para el estado actual en el que se encuentra mi bolsillo sino escuchar esa voz metalizada tras el cristal que indica, ahora, que introduzca la tarjeta por la parte posterior del lector con un “haga el favor y teclee la clave”.

No su clave sino la clave.

Realizo la operación y me sumerjo en las multisalas del centro comercial rogando a los dioses que el gasto haya merecido la pena aunque, horas después y tras salir de la sesión, descubro sin sorpresa que han vuelto a estafarme que es una manera elegante de decir que han vuelto a tomarme el pelo.

La culpa tiene nombre: La vida secreta de Walter Mitty, de la que recuerdo vagamente la versión musical protagonizada por Danny Kaye a finales de los cuarenta y que ahora interpreta y dirige Ben Stiller con muy poca imaginación. Esto me hace preguntar mientras veo la película –una de esas películas que agrade por simplona, por previsible, por blanda– qué mal va el negocio del cine cuando levantan productos de esta naturaleza.

Salgo pues del cine enfadado.

Con una sensación de estafa que martillea mi cabeza y que me recuerda, con voz de angelito malo de dibujos animados, que eso me pasa por despilfarrar las cuatro perras que me quedan… aunque el angelito bueno canta que hace apenas cuatro días –el año pasado, mismamente– mereció la pena ejectutar el mismo gasto cuando vi y temblé y salí de esas multisalas con ganas de pegar fuego al mundo  12 años de esclavitud, de un cineasta que encima se llama como uno de mis actores de referencia: Steve McQueen.

Un título y una película, la vida te  da sorpresas, sorpresas te da la vida, con el que te identificas.

De hecho, una vez tuve algo así como un jefe que se parece bastante al amo que borda en pantalla Michael Fassbender. Quiero decir que entiendo al protagonista, que asume con estado de gracia Chiwetel Ejiofor, un actor que hace pensar en la grandeza de ese oficio que es ser actor.

Claro que esta película, 12 años de esclavitud no La vida secreta de Walter Mitty, es un milagro, una joya que se cuela entre tanta basura como es la que se exhibe en el cada día más estrecho y raquítico universo de salas y multisalas que aún quedan en la capital de provincias en la que habito.

Escribo esto pues con desconcierto.

Por un lado porque no me importó abonar entrada para viajar al infierno y sí que me revienta haber pagado por contemplar una película que tiene tontorronas intenciones redentoras.

Un bienvenido al paraíso que me hace odiar un poquito más a Ben Stiller, que es su director y protagonista.

Sueño así, cuando camino rumbo a casa, en lo que haría si me lo tropiezo caminando por la avenida de La Salle.

- Ben Stiller, ¡devuélveme el puto dinero!

Pero Stiller se pone bravo y se lleva rápidamente la mano a la cartera y responde con un seco “que te jodan”.

En mi imaginación, le doy un puñetazo a la cara mientras que el segundo, con la izquierda bien cerrada y siempre con ganas de pelea, lo dirijo a un estómago que atravieso mientras Stiller vomita sangre y se derrumba sobre la acera.

A regañadientes y desde el suelo, me devuelve el dinero mientras no deja de toser y escupir dientes rotos y sangre.

Mucha sangre.

Termino el año leyendo Paté de Foie, de Guillermo Alemán, una novela que espero comentar un día de estos, probablemente cuando se me vaya el cabreo con Walter Mitty, e inicio el año con La orquesta roja, un fascinante reportaje histórico escrito por el periodista Gilles Perrault sobre el ejército de espías soviéticos que operó en la Europa occidental ocupada por los nazis; y Mar de fondo, de Patricia Highsmith, que es una escritora que nunca falla y que se encuentra entre mis autores de cabecera, esos que contribuyen a que cada día me levante, afeite, desayune y salga a la calle asumiendo las heridas que aún permanecen abiertas.

Las calles de la ciudad están abarrotadas de gente.

Se acercan los Reyes, pero percibo en el aire un espíritu ñoño, como de forzada imitación hacia una tradición en la que casi nadie cree y en la que apenas hay dinero para ilusiones salvo los niños que esperan los regalos de los Reyes.

Los Reyes Magos del Oriente.

En el camino a casa sueño que tropiezo con un paje de los Reyes Magos borracho perdido y que me recuerda, vagamente, a Señor Ojo, aunque Señor Ojo hace tiempo que se fue a ninguna parte.

Y que ese paje borracho me regala, precisamente porque le he partido la cabeza y el estómago a Ben Stiller, un boleto que asegura que, con solo rascarlo, no voy a perder el rato cuando me meto en un cine.

Un boleto que promete que no voy a repetir esa sensación de que te han estafado y con el que puedes reclamar en taquilla, y a esa voz metalizada que suena a través del cristal, la devolución del dinero malgastado.

Al final termino, sin embargo, por entregar el boleto mágico al paje borracho porque prefiero la apuesta. Eso que se llama libre albedrío para después imaginar que puedo romperle los dientes a ese estafador llamado Ben Stiller.

Mis sueños, pues, sueños son.

Porque toda la vida es sueño para los que todavía permanecemos despiertos.

Saludos, fuego fatuo, desde este lado del ordenador.

Los profesionales

Domingo, Diciembre 29th, 2013

DOLWORTH (Burt Lancaster): Una mujer no vendría mal. Cualquier tamaño, edad y color. Cualquier mujer.

JAKE (Woody Strode): Señor Dolworth, ¿cómo alguien enamoradizo como usted se ha hecho dinamitero?

DOLWORTH: Te lo diré. Yo nací con una fuerte pasión por crear. No sé escribir, ni pintar, ni cantar.

EHRENGARD (Robert Ryan): Y provocas explosiones.

DOLWORTH: Así se creó el mundo. La explosión más grande.

EHRENGARD: Un loco con dinamita provoca la muerte.

DOLWORTH: Aquí provocará la vida. La nuestra. Si tuviéramos la suerte de volver aquí, podríamos salvarnos. Bastaría con encender esta mecha. Y con diez segundos para correr la dinamita, no la fe, movería la montaña y bloquearía el paso. Paz hermano.

(Los profesionales, Richard Brooks, 1966)

Saludos, ¡Chiquita!, desde este lado del ordenador.

La Filmoteca Canaria inicia el año con un ciclo dedicado al maestro de lo oculto: Terence Fisher

Viernes, Diciembre 27th, 2013

Si todavía estamos en el planeta, el próximo 23 de febrero –una fecha de oscura memoria para los que somos ciudadanos del país más golfo del mundo– muchos celebraremos en nuestras logias pequeñas tenidas de homenaje al 110 aniversario del nacimiento de Terence Fisher. Gran maestro del cine oculto y romántico, poeta de la fantasía e iniciado en los secretos del sexo y la sangre y recuperador –es más, fue el gran recuperador— de actualizar y explotar los mitos del género de terror como Drácula, el hombre lobo, la momia, el doctor Frankenstein y su criatura, así como otros personajes condenados por su rareza en los que supo dejar huella tras imprimirles su personal estilo y mirada poética.

No sé si consciente de ello, y si no, lo mismo da, la Filmoteca Canaria iniciará el año 2014 con un ciclo dedicado a este cineasta que hizo carrera en la productora británica  Hammer Films con una selección de largometrajes que aún inquietan y en entre los que se encuentran algunas de sus obras maestras, filmes que como La Gorgona van más allá de los límites del género y en los que se pone de manifiesto su peculiar visión sobre el cine y unos mitos que muchos creían perdidos para siempre tras desaparecer sus ilustres predecesores en aquellas hoy inolvidables producciones en blanco y negro que se rodaron bajo el sello de la Universal.

Como todo artista de género, como autor con todas sus letras cuya obra se caracteriza por su peculiar sentido de las cosas, el nombre de Fisher va unido a dos grandes estrellas, dos actores que se convirtieron en iconos del género y en rostros conocidos entre los aficionados.

Si se habla del doctor Abraham Van Helsing o del doctor Frankenstein es inevitable pensar en Peter Cushing. Y si se menciona al conde Drácula, en recordar la presencia elegante pero también ominosa de Christopher Lee. Referencias gracias a Fisher y a los personajes que encarnaron en pantalla, que ya no fueron los mismos tras la desaparición del cineasta en junio de 1980.

El calendario de proyecciones es el siguiente:

Teatro Guiniguada – Las Palmas de G.C. – 20,30 horas

Día 4 de febrero: Drácula

Día 11 de febrero: Las novias de Drácula

Día 18 de febrero: La Gorgona

Día 4 de marzo: La maldición de Frankenstein

Día 11 de marzo: La maldición del hombre lobo

Espacio Cultural Aguere – La Laguna – 19,30 horas

Día 6 de febrero: Drácula

Día 13 de febrero: Las novias de Drácula

Día 20 de febrero: La Gorgona

Día 6 de marzo: La maldición de Frankenstein

Día 13 de marzo: La maldición del hombre lobo

Una excelente selección de títulos que ofrecerá una visión panorámica y de conjunto del talento de un director, Terence Fisher, que se tomó tan en serio el oscuro romanticismo que subyace en un género como es el fantástico cuando se realiza con todas sus letras y es narrado, contado, por un hombre que conocía sus raíces. Ese miedo –que suscita una curiosa y hasta sexual atracción morbosa– a lo extraño, a lo desconocido.

Saludos, con los colmillos muy largos, desde este lado del ordenador.

¿Joseph Conrad contra el cine?

Martes, Diciembre 3rd, 2013

“El horizonte azul del Mediterráneo, seductor y embaucador de audaces, guardó el secreto de la fascinación –abrazando en su pacífico seno a las víctimas de todas las guerras, tempestades y desastres de su historia– bajo la maravillosa pureza de su cielo crepuscular. ”

(El pirata, Joseph Conrad. Colección El libro de bolsillo, Alianza Editorial, 1989. Traducción: Eduardo Chamorro)

La vida de Joseph Conrad, como la vida de todo aventurero, suscita muchas preguntas.

Escribe en una lengua que no fue suya y firma con un nombre que, originalmente, no fue el suyo.

Apenas revela elementos de su pasado. Es decir, ¿qué fue de aquellos años previos a su trabajo como marinero y tras ser reconocido como un excelente escritor de novelas de aventuras marinas?

¿Qué opinaba del cine?

El invento para feriantes se estaba consolidando como industria de entretenimiento el año de su muerte.

¿Cuál pudo ser su mirada sobre las películas que, desde entonces, han intentado adaptar sus relatos?

¿Fue consciente del enorme regalo que nos estaba proporcionando con su literatura?

DOS PROYECTOS FRUSTRADOS, ENTRE OTROS TANTOS

Orson Welles intenta poner en pie El corazón de las tinieblas pero, cuenta la leyenda, la RKO lo rechaza de plano.

“Búscate otra historia”, le vinieron a decir.

Welles piensa… y de ahí –dicen– nace Ciudadano Kane. Su mayor triunfo y, paradójicamente, su mayor fracaso.

David Lean está demasiado viejo pero quiere rodar Nostromo.

Pone incluso dinero de su bolsillo y espera regresar a España para convertir en realidad lo que no es sino el obsesivo proyecto del que ahora se considera un dinosaurio.

Pero ¿quién sabe?

Ignoro si David Lean escucha los cantos de sirena con forma de Lawrence de Arabia y el doctor Zhivago.

La maquinaria está en marcha pero las compañías aseguradoras se retiran discretamente por miedo a la edad avanzada del cineasta.

Nostromo se desmorona como un castillo de naipes y cuatro años después de la aventura, David Lean fallece.

Anoten la fecha de su muerte: abril de 1991.

Nostromo.

Yo la vi navegar por el espacio en Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979).

ADAPTACIONES (*)

Buceo por la red y pesco rarezas como Victoria (Maurice Torneur, 1919) y Lord Jim (Victor Fleming, 1925), película que se estrena un año después de la muerte de Conrad, Joseph.

Paraíso peligroso (William Wellman, 1930) adapta una vez más Victoria. Tengo esperanzas en creer que el talento de Wellman fue capaz de reproducir en pantalla el destino trágico de Axel Heyst, el protagonista de la novela.

Alfred Hitchcock lo intenta con la dinámica Sabotaje (1936). Se basa en El agente secreto, un nada desdeñable y tampoco abstracto retrato de un hombre que vive de informar de lo que hacen grupos antisistema.

Pero continúo buceando…

Se adapta una vez más Victoria (John Cromwell, 1940) y El desterrados de las islas (Carol Reed, 1952), un título este último que me desconcierta.

Y Lord Jim (Richard Brooks, 1965), la película, el filme que es, oficialmente, la adaptación más conocida en cine de una obra de Joseph Conrad.

Alguno dirá que es demasiado discursiva pero junto al Moby Dick (1956) de John Huston es una de las más grandes y ambiciosas películas de aventura de la historia del cine. Dos títulos que si tienen lastre es su obsesiva y maniática fidelidad con el texto original.

Algo que supo cribar El aventurero (Terence Young, 1967). La película adapta El pirata.

Más tarde, Ridley Scott se da a conocer con Los duelistas (1977), una novela corta de Joseph Conrad en la que se plantea eso que llama honor. Su estética sabe a poema modernista: estéticamente es voluptuosa.

Hasta que llega Francis Ford Coppola y manda a parar con su infernal viaje a El corazón de las tinieblas en Apocalipsis ahora (1978).

Aún viajo en helicóptero mientras suena a todo trapo La cabalgata de las Valkirias y el olor a napalm me sabe a victoria.

Susurro mientras deslizo la mano por mi cabeza desnuda: “El horror, el horror“.

Y termino, la boca amarga, con El agente secreto (Christopher Hampton, 1996) y El hombre que vino del mar (Beeban Kidron, 1997).

Continúo pescando títulos en la red.

Pero se difuminan o se encadenan en caprichosos planos.

E intento descubrir a Józef Teodor Konrad Korzeniowski en una vieja fotografía donde ya es Joseph Conrad.

¿Victoria?

(*) Si pinchan este enlace, encontrarán una larga lista de adaptaciones al cine y la televisión de novelas y relatos de Joseph Conrad.

Saludos, palabra de Charles Marlow, desde este lado del ordenador.

Películas, ciclos, eso que llaman cine

Miércoles, Noviembre 13th, 2013

La Filmoteca Canaria inicia los martes y jueves en el teatro Guiniguada y en los Multicines Renoir Price, en la capital grancanaria y tinerfeña, respectivamente, un ciclo dedicado al cineasta norteamericano Don Siegel. El horario de proyección es a las 20.30, y la sesión se inicia este jueves, 14 de noviembre, en Santa Cruz de Tenerife con la exhibición de La invasión de los ladrones de cuerpos, una cinta de ciencia ficción que adapta a la pantalla grande la novela del mismo título del escritor Jack Finney. El ciclo continuará el 19 (Las Palmas de Gran Canaria) y el 21 (Santa Cruz de Tenerife) con El carnaval de la muerte; Código del hampa (3 y 12 de diciembre) y El seductor (17 y 19 de diciembre).

Organizado por Amnistía Internacional, grupo de Tenerife, TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge este jueves, 14 de noviembre, un ciclo de cine sobre Derechos Humanos que inaugura la cinta belga Perder la razón (Joachim Lafosse, 2012). La proyección comienza a las 19,30 horas, y se exhibe en versión original en francés y árabe con subtítulos en español. La entrada es gratuita previa retirada de las invitaciones en la taquilla.

Saludos, fundido encadenado, desde este lado del ordenador.