Archive for the ‘Libros’ Category

Las caricias que no me diste, una novela de Elizabeth López Caballero

Martes, Noviembre 6th, 2018

Resulta interesante observar cómoen cada novela que escribe Elizabeth López Caballero crece como escritora.

Ya llamó la atención con su primer libro, En tierra de demonios, una curiosa historia que bordeaba la peligrosa línea de lo fantástico con lo real, y en la que hablaba de una religión subterránea como es la santería en un escenario conocido como es la capital grancanaria. No estaba mal como primera novela aunque contaba con algunas irregularidades que hacían flaquear un relato que, afortunadamente, cogía aire en sus páginas finales.

Tras esta experiencia, Elizabeth López Caballero firmó un libro insólito en la literatura que en la actualidad se escribe en las islas: La niña de la Luna, una bellísima historia para jóvenes que protagoniza, entre otros, el astronauta Neil Armstrong y textos profusamente ilustrado con objetivos además de lúdicos también didácticos.

Las caricias que no me diste (Multiverso, 2018) es por ahora su última novela, título en el que se nos revela una escritora más madura y segura de sí misma que conoce el territorio que pisa y que se atreve, sin marear demasiado al lector, a diseminar varias voces narrativas para estructurar un relato donde el amor y el desamor son los grandes protagonistas.

Amor y desamor, sentimiento descritos con vigor y que no caen en trampas sentimentales sino que se muestran como un sendero repleto de contradicciones con las que la autora teje el carácter de su personaje protagonista, Carolina, una periodista que tras sufrir un desagravio del corazón comienza a evolucionar como mujer y a encarar su existencia de otra manera.

En este devenir, conocemos la voz de su abuela y la de una prostituta colombiana, Zene que ejerce su oficio en la capital grancanaria y personaje que contribuye a que Carolina abra los ojos.

La grandeza de Zene es que pese a la enorme tragedia en la que ha derivado su vida, la de amar a cambio de dinero, entre otras, es que hace recuperar la sensatez y también la sonrisa y la esperanza a Carolina, a quien conoce de manera casual cuando la segunda intenta escribir un artículo sobre las que trabajan el sexo de pago.

La novela se centra así y fundamentalmente en Carolina, un personaje que va cogiendo sustancia a medida que se avanza en las páginas.

La historia se desarrolla en las calles de la capital grancanaria, pero más que protagonista, la ciudad se convierte en escenario de un desamor contra el que parece que no va a saber salir su joven protagonista.

Estructurada en capítulos cortos, lo que da agilidad a su lectura, otra característica a destacar de Las caricias que no me diste es lo bien que se mueve la escritora Elizabeth López Caballero en los diálogos ya que además de directos son bastante creíbles. En este sentido, la prostituta, Zene, habla como una colombiana y Carolina como una canaria. El juego de acentos resulta así, cuando se encuentran, chispeantes vocalmente aunque lo que allí se cuente no sea, precisamente, para reírse.

Con todo, Elizabeth López no renuncia a un humor que, afortunadamente, hace reposar la angustia que ahoga a su protagonista y ahoga a los lectores. Al final del túnel hay luz

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador

Gonzalo Celorio: “La patria de una literatura es la lengua”

Lunes, Noviembre 5th, 2018

Gonzalo Celorio nació en el D.F,. en 1948, ciudad que forma parte indispensable de una literatura en la que también explota los recuerdos de una familia tan literaria que parece una mina inagotable de la que sacar y sacar historias.

Es autor de Tres lindas cubanas, en la que radiografía las contradicciones de la revolución cubana y que le inspiró su familia materna, su madre nació de manera casual en la capital grancanaria aunque su infancia y juventud vivió en La Habana y de la novela El metal y la escoria, en la que indaga en las interioridades de la rama paterna, menos luminosa que la materna y pródiga de territorios oscuros.

Gonzalo Celorio fue uno de los protagonistas del Festival Hispanoamericano de Escritores, que se celebró en septiembre en Los Llanos de Aridane, La Palma.

- Dicen que escribe para exorcizar a sus demonios.

“Solo sé que cada novela mía acaba por ser un exorcismo con independencia de su intención. Escribo novela sobre todo porque tengo un conflicto, un conflicto distinto para cada novela luego si no hay conflicto no hay novela. En Tres lindas cubanas, que es mi libro más conocido en España, cuento que mi madre que nació en Canarias se fue a Cuba y surge del conflicto de ser miembro de una generación que tuvo a la revolución cubana como un paradigma. La necesidad de escribir viene porque cada vez que alguien atacaba a la revolución cubana adoptaba una actitud crítica y cada vez que alguien la defendía acríticamente mi posición era muy crítica hacia ella por lo que me estaba volviendo un poco loco por esa suerte de gran ambigüedad moral más que política. Una ambigüedad de coherencia y como la revolución cubana fue algo fundamental para mi generación y para la articulación del boom latinoamericano y la generación de 1968, pensé que debería arrostrar ese asunto y abordarlo no en términos políticos ni ideológicos, ni siquiera históricos sino en términos novelísticos”.

- De ahí la historia de su madre y su familia en Tres lindas cubanas.

“Tuve una relación cercana y familiar con Cuba. Mi madre, aunque nació canaria vivió su infancia y primera juventud en La Habana y sus dos hermanas, mis tías, una se quedó en Cuba porque creyó ciegamente en la revolución y la otra partió al exilio. La familia pertenecía a la alta burguesía cubana y vivía en una casa lujosa en el barrio de El Vedado habanero. La tía que abrazó con fervor la causa de la revolución falleció en Cuba convencida de las bondades de la revolución mientras que la que se fue a Miami murió sola en un asilo de ancianos. En la novela Tres lindas cubanas las pongo a dialogar y de ahí surgió la novela en la que están los pro y los contra, la posición de cada una de ellas ante el proceso revolucionario y me sirvió para justificarme a mi mismo por lo que cuando terminé de escribirla quedé liberado de ese problema”.

- ¿Por una novela?

“A mi me dio la impresión que solo por haberlo planteado precisamente en una novela ese problema ya no me pertenecía así que creo que la literatura, en ese sentido, cumplió una función de exorcismo porque lo que saqué de mi pecho lo puse en el pecho del lector”.

- Se liberó del conflicto.

“No exactamente porque la novela no resuelve el conflicto que me motivó a escribirla pero sí que deja de pertenecer al escritor cuando se publica”.

- La familia es un tema recurrente en la mayoría de sus novelas.

“En la novela El metal y la escoria escribo sobre mi familia paterna, en Tres lindas cubanas se trataba de la materna porque mis novelas constituyen una saga. La sangre que corre en mi familia tiene que ver con el exilio, que tiene a su vez que ver con una composición itinerante de diversidad cultural que puede resultar interesante como prototipo de personajes para el lector.”

- ¿Y de qué conflicto parte en El metal y la escoria.

“De uno temible, mi hermano mayor contrajo esa terrible enfermedad que es el Alzheimer y él era el que conocía de manera privilegiada la historia de mi familia paterna que, a diferencia de la de mi madre, estaba llena de misterios, de elementos oscuros porque no resultaba una historia edificante. Mi abuelo paterno era asturiano aunque emigró a Méjico a finales del siglo XIX donde hizo una gran fortuna en la fabricación, distribución y venta de bebidas alcohólicas. Sus hijos, y eso pasa en muchas familias que heredan una gran fortuna que no han trabajado, se dedicaron a despilfarrarla, al cultivo de vicios siendo mi padre el único que se salvó porque en vez de seguir la cuerda de sus hermano escogió estudiar diplomacia en Londres, lo que hizo que años más tarde viajara a Cuba como representante del Gobierno mejicano y conociera a mi madre. Yo quería contar la historia de mi familia paterna pero mi hermano era el que la sabía porque fue el confidente de mi padre pero se estaba quedando sin memoria y esta novela es mi particular duelo entre la memoria y el olvido y gracias a que la escribí pude conocer una historia que no hubiera conocido de otra manera”.

- ¿Cuánto tiene de verdad y ficción esta novela?

“No creo en las novelas de autoficción como se dice ahora, creo en las novelas de ficción supletoria, esa que ante todo aquello que el escritor no puede investigar directamente lo puede inventar con la idea de que hay una especie de coherencia y verosimilitud que toda novela exige. Y tuve la audacia de hacerlo porque yo por genética puedo padecer la misma enfermedad que mi hermano y utilicé ese recurso de verme a mi mismo como si tuviera Alzheimer. Eso me obligó a usar una segunda persona que funciona a modo de mi conciencia lúcida. Puedo asegurar en este sentido que a partir del momento en que se publicó la novela desapareció mi temor de tener la enfermedad. Otro exorcismo literario”.

- Con respecto a Tres lindas cubanas ¿cuál es su posición frente a la Cuba de entonces y ahora?

“Me costó sintetizar lo que pienso, con sus pros y sus contras, en las quinientas páginas de esta novela aunque para responder de manera sintética a la pregunta pienso que Cuba pudo ser el futuro de América aunque ahora apenas podemos compartir el pasado de una ilusión hoy definitivamente perdida”.

- Usted tendió puentes entre la literatura cubana de dentro y de fuera. ¿Hay voluntad de diálogo en una y otra?

“Sí lo hay y puedo decir que he sido en buena medida en mi historia personal uno de los alcahuetes para que los escritores de dentro y los de afuera dialogaran. Durante muchos años fui responsable de la difusión cultural de la Universidad Autónoma de Méjico (UNAM), una especie de ministerio de Cultura alternativo del país. Se articuló entonces abrir una casa de la UNAM en La Habana pero las gestiones con las autoridades cubanas –y realicé cuarenta viajes para ello– fue un fracaso porque les dio miedo la A de Autónoma, les resultaba una ingerencia. Llegó el comandante y mandó a parar. Esta historia, la crónica de un fracaso la cuento en Tres lindas cubanas. No obstante, durante las negociaciones se pudo establecer otros puentes y cuando fui nombrado director de la editorial del Fondo de Cultura Económica pude publicar tres antologías: una de cuento, ensayo y otra de poesía cubana con una característica en cada uno de los volúmenes y es que contaban con escritores de dentro y de fuera y los antólogos lo hicieron de común acuerdo, ahí hubo un encuentro. Con anterioridad, le encargué a Leonardo Padura una antología del cuento cubano en el que se incluyó relatos de, entre otros, Reinaldo Arenas, Senel Paz y Jesús Díaz. Hay una sola literatura siempre y cuando se escriba en español porque hay una literatura cubana que se escribe en inglés pero es otra cosa porque la patria de una literatura es la lengua, por eso no se incluyeron a estos escritores, ensayistas y poetas cubanos en estas antologías ya que no pertenecen a la misma tradición. La tradición tiene que ver fundamentalmente con la lengua”.

- Parece que ahora los escritores cubanos que viven en la isla pierden miedo y se muestran muy críticos con la realidad de su país.

“Una de las razones es que muchos escritores cubanos están publicando en el extranjero y a tener un reconocimiento literario al obtener premios internacionales, como Senel Paz cuando obtuvo el Juan Rulfo o Leonardo Padura el Hammett. Pedro Juan Gutiérrez publica en España en la editorial Anagrama por lo que el sistema cubano no puede hacer nada contra ellos porque si lo hiciera la crítica internacional no toleraría otro caso Padilla. Además, la literatura no es peligrosa porque no hay lectores ni grandes tiradas en Cuba. La censura en este país se manifiesta en el periodismo porque no hay un periodismo crítico, no existe porque no hay libertad de expresión para influir en la conciencia de la población. Y mucho menos en la televisión y las radios ya que en Cuba todo es oficial. La literatura se deja para los que ya tienen una posición crítica y no les conviene a las autoridades cubanas censurar a sus autores sino más bien al contrario ya que los convierten en ejemplo de que en Cuba hay libertad de expresión.”

- ¿Han cambiado las cosas?

“Creo que las cosas han cambiado pero tampoco hay que pensar que los escritores cubanos de primera hornada practicaron todos una especie de realismo socialista. Las famosas palabras de Fidel Castro a los intelectuales de dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada se han ido matizando con el paso del tiempo”.

- ¿Cómo se refleja Méjico en su trabajo literario?

“ Todas mis novelas tienen mucho que ver con Méjico. En la primera, Amor propio, nace de un conflicto o la historia de un joven que participa en el movimiento estudiantil del 68, movimiento que se guió por la consigna política heredada de la de mayo de París de desconfía de los mayores de 30 años, lo que ocurre es que el protagonista de la historia acaba de cumplirlos. En otra, cuyo título extraje de un verso del himno de Méjico Y retiemble en sus centros la tierra, el personaje es un viejo profesor jubilado y alcohólico que recorre el centro histórico de la capital mejicana mientras toma una copa en cada cantina que se encuentra, lo que hace que se vaya emborrachando gradualmente. En un principio iba a estar acompañado de sus alumnos pero tras un desencuentro hace el itinerario en soldad. Se trata de una novela muy dolorosa en la que se relaciona al protagonista de forma alegórica con las calles que transita del centro histórico de la ciudad de Méjico. En El metal y la escoria hablo de dos España en Méjico: una fruto de la emigración española a finales del siglo XIX, de la que forma parte mi abuelo y que no fue bien recibida porque de entre todos los países latinoamericanos Méjico fue en su proceso de independencia el que adoptó la posición más furibundamente anti española. Tanto que se produjo dos expulsiones masivas de españoles en los años del general Santa Anna. Pero hay otro exilio importantísimo para Méjico como es el de los republicanos españoles al finalizar la Guerra Civil. Méjico se convierte entonces en puerto de acogida. Es decir, hay dos España enfrentadas entre sí y con pensamientos radicalmente distintos. La primera España de la emigración a Méjico es eminentemente rural, católica y poco instruida mientras que la segunda es republicana y mucho más culta, solo hay que recordar que llegaron a Méjico seis rectores de universidades españolas. Se trató, en definitiva, de dos España distintas en un contexto como el mejicano. En estos momentos escribo además Los apóstatas, una novela muy anticlerical en la que denuncio algunos problemas dolorosamente vigentes como el acoso sexual a los niños”.

-¿Ademas de Los apóstatas trabaja en otros proyectos?

“Se da el caso que cada siete años publico una novela aunque entre medias trabajo libros de ensayo. Ahora mismo y a punto de su edición, un primer volumen, De la carrera de la edad, que reúne textos fundamentalmente sobre literatura. Este libro, a la espera del segundo, son ensayos de literatura mejicana e hispanoamericana. En el libro se habla de Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes y Vargas Llosa, entre otros pero también hago un recorrido por la literatura mejicana más reciente y estudio en Un río español de sangre roja, verso de un poema de Pedro Garfias que escribió a bordo del Sinaia, el barco que trajo la mayor expedición de españoles republicanos a Méjico, la literatura española del exilio”.

-¿A quién considera su maestro o maestros?

“Al exilio español que emigró a Méjico tras la Guerra Civil”

“Gabriel García Márquez, mi amigo”

Gonzalo Celorio era mucho más joven que Gabriel García Márquez pero esto no impidió que entre los dos brotara una amistad que duró hasta la muerte del Premio Nobel de Literatura.

Su literatura le parece “formidable” y es, dice, de los que tiene la primera edición de Cien años de soledad, esa misma, la que la editorial Sudamericana publicó en 1967 sin especificar que se trataba de una primera edición porque no se sospechaba que habría una segunda y una tercera y una…

Su entusiasmo por el escritor colombiano le llevó a dedicarle su tesis doctoral, El surrealismo y lo real maravilloso americano, que tuvo oportunidad de entregarle personalmente. “Me dijo entonces si no sabía escribir”, recuerda Gonzalo Celorio, “y me quedé helado hasta que me pidió que se la dedicara no fuera a pensar la gente que se la había comprado”.

El escritor Carlos Fuentes, “alguien tan importante para mi generación como intelectual y como hombre generoso”, le presentó al autor de El otoño del patriarca. “Fueron grandes amigos”, dice Gonzalo Celorio, “solo los diferenciaba su posición ante Cuba”. Con el paso de los años, consolidó su amistad con Gabriel García Márquez, al que presentó en varios encuentros literarios aunque no le gustaba hablar en público, “escribo por eso, decía”.

Al frente de editorial Fondo de Cultura Económica

Las siglas responden al Fondo de Cultura Económica, una editorial que patrocina el Estado mejicano y que cuenta en su catálogo con más de doce mil títulos. Durante unos años, breves, pero años, Gonzalo Celorio fue director de este gigantesco aparato cultural cuando el presidente Vicente Fox le invitó a tomar el cargo, lo que le sorprendió porque “no tenía nada que ver con él ni con el partido político que lo llevó al poder”.

Solo habló en tres ocasiones con Fox, pero bastaron para que se diera cuenta de que no le interesaba el Fondo de Cultura Económica. “No entendía que el Estado la patrocinara. Su idea era que fuera rentable, por mucho que le dijera al secretario de Educación Pública, que era un hombre igual de ignorante, que si el Fondo fuera rentable no podría publicar a Sor Juana de la Cruz o Kierkegaard”. Lo importante de la editorial, destaca Gonzalo Celorio, es que puede contar con recursos fiscales “para poder hacer el trabajo que hace”.

El escritor mejicano recuerda que el Fondo de Cultura Económica tiene nueve filiales en otros tantos países y que el Gobierno Fox le ordenó que allí sí debía de ser rentable o al menos que no generara gastos. No entendían que la editorial “colaborara en la educación de Argentina, España, Colombia, Venezuela… Que su capital era político y no económico”, puntualiza.

Saludos, al borde del extásis, desde este lado del ordenador

José Esteban: “La injusticia literaria es tan grande como la injusticia social”

Martes, Octubre 30th, 2018

Editor, escritor, bibliófilo y durante muchos años librero al frente de Turner, librería legendaria en la capital de España, José Esteban Gonzalo (Sigüenza, 1935) aunque firma como José Esteban es una de esas personas que responde a la idea de pozo de profunda sabiduría.

El tiempo se va sin que uno se dé cuenta conversando con un hombre que cuenta, probablemente, con la primera colección de libros autografiada por sus autores, entre otros, Pío Baroja y su querido maestro José Bergamín, a quien no se cansa de reivindicar.

Autor de una obra extensa en la que se mezcla la novela y el ensayo, es una pena que dejara de lado y con apenas dos libros (El himno de Riego y La España peregrina) lo que anunciaba ser la serie Episodios liberales con la cual pretendía recorrer, al modo de Pérez Galdós, la vida de todos aquellos luchadores españoles por la libertad en el siglo XIX.
José Esteban fue uno de los invitados del primer Festival Hispanoamericano de Escritores, que se celebró en Los Llanos de Aridane el pasado septiembre, y enclave en el que habló y habló de otro de sus grandes escritores de cabecera,
precisamente Benito Pérez Galdós, de quien dijo que en su casa de Madrid nunca faltó el gofio y siempre “se comió a la canaria”.

- En su bibliografía cuenta con dos notables novelas históricas: El himno de Riego y La España peregrina. ¿Cómo se le ocurrió escribir novela sobre la historia de España en unos años –los ochenta– donde no estaba de moda?

“La verdad es que siempre quise ser escritor y tras pasar una temporada editando libros o llevando una librería como fue Turner en Madrid y de colaborar en revistas como Triunfo, entre otras, no había conseguido escribir una novela y pensé entonces en meterme en una pero histórica, género que no estaba de moda en aquellos años. Mientras la escribía tuve siempre presente a Galdós y en ella volqué mis ideas liberales y republicanas aunque, previamente, me había dedicado a estudiar a Valle Inclán, que entonces era un desconocido e incluso un despreciado mientras me dedicaba a publicar en mi editorial a los escritores olvidados de nuestra Guerra Civil porque creo que la injusticia literaria es tan grande como la injusticia social ya que unos escritores se hacen conocidos y otros no, lo que me hace tener la sensación de que no es otra cosa que una injusticia, así que me decidí por escribir una novela sobre uno de los grandes perdedores de la Historia de España como es Rafael de Riego, y decidí que había que reivindicarlo y me puse a investigar, a documentarme, y conociendo ya al personaje no me salía la novela hasta que un día y tras contárselo a Gabriel García Márquez que pasaba unos días en Barcelona me recomendó que olvidara lo que sabía y que me pusiera a escribir y medité aquellas palabras. En mi hay una gran intención didáctica y tras meditar que la lucha por la democracia ha sido tan importante para el pueblo español, me propuse contar esta historia a través de Rafael de Riego camino del cadalso”.

- Su admirado Galdós no deja nada bien a Riego.

“Y no sé la razón, pero es un personaje que, como dice, no pone nada bien. De hecho, escribe que Riego chilla de miedo cuando lo conducen al cadalso lo que es mentira. Galdós no fue justo con Rafael de Riego”.

- ¿Cómo calificaría a los liberales españoles del siglo XIX?

“Creo que es uno de los movimientos políticos españoles más apasionantes. Movimiento del que todavía estamos viviendo. Manuel Azaña fue heredero de todos ellos. El himno de la II República es el Himno de Riego porque Azaña adoraba a los viejos liberales, aquellos luchadores que sufren, en eso que después se conoce como las dos España, el exilio. Y hay que recordar que el exilio liberal del XIX es importantísimo. Y entonces pensé, imitando a Galdós, escribir unos Episodio liberales que incluyese La España peregrina, o los liberales españoles exiliados en Inglaterra a través de Blanco White, lo que es puro cuento aunque si es cierto que entonces estaba en Londres aunque nunca se mezcló con ellos. Entre esos liberales se encontraba el hermano de Riego, que fue un importante bibliófilo, y se describe el entierro de la esposa de Riego. La novela cuenta también la aventura de Torrijos que viene a España a combatir por las libertades. Una cosa curiosa es que mientras El himno de Riego obtuvo un gran éxito no fue así con La España peregrina lo que demuestra que en este país se perdona un éxito pero no dos y mucho menos a uno que inicia su carrera literaria. La España peregrina fue recibida con frialdad y creo yo que con cierta injusticia porque hay gente que dice que se trata de mi mejor novela. Sea por una cosa u otra, el caso es que me cansé de estudiar tanto para escribir estos libros y decidí aparcarlos”.

- ¿Las críticas negativas le hicieron abandonar entonces el proyecto de los Episodios liberales?

“En parte sí que contribuyó. El tercer libro, que iba a ser el primero de la serie estaba dedicado a los exiliados de la Guerra de la Independencia en una historia en la que intervenía mi gran amigo Bryce Echenique, quien encontraba unas memorias supuestamente escritas por Meléndez Valdés, que falleció en Montpellier, pero el proyecto no salió. Soy bastante disperso porque tengo mucha curiosidad por todo. Yo adoraba a Bergamín, me gustaba cambiar de género literario con asiduidad y me pasé de la novela histórica al cocido madrileño. Es decir, que me puse a escribir de cocina”.

- Es autor de un Diccionario de la bohemia, una de sus obras más recientes.

“Y me he dedicado a escribir sobre refranes aunque mi manía por los cambios me hizo pasar a la bohemia aunque estos saltos no son fortuitos. En el caso de los bohemios, aparece por mi obsesión por los vencidos y los bohemios españoles que fueron unos verdaderos perdedores. Me puse a buscar información y descubrí que a la vez que hay una economía sumergida existe otra que es literaria, una literatura sumergida por desconocida. Mientras buscaba las raíces del esperpento en Valle Inclán me di cuenta que hubo mucha sátira en las revistas de aquella época y que existía todo un mundo olvidado que decidí recuperar escribiendo sobre ello y ellos, lo que dio origen a Los proletarios del arte: introducción a la bohemia, que es una antología de escritores –muchos olvidados y otros desconocidos– que finalmente se convirtió en diccionario, un diccionario en el que ahora sistematizo lo que hay escrito sobre la bohemia española pese a que sea consciente que tiene ausencias porque todavía queda bastante por descubrir”.

- ¿Quién es el gran bohemio español?

“Alejandro Sawa. La bohemia española procede de París y solo se da en las grandes capitales, Viena, París, Madrid, Barcelona… El gran bohemio español es Alejandro Sawa, quien residió en la capital francesa durante largos años y en donde conoce, entre otros, al poeta Verlaine y el ambiente bohemio parisino. Luego se viene a Madrid y Valle Inclán se inspira en él para el Max Estrella de Luces de bohemia. En mi diccionario distingo además entre escritores bohemios y escritores que entendieron a los bohemios por lo que tenían de grandeza y su idea de cambiar el arte y su desprecio a lo que consideraban como arte burgués y los escritores que nunca los comprendieron como Pío Baroja, pese a que estaba obsesionado con todos ellos y que para mi ha sido una fuente fundamental para elaborar este libro”.

- ¿Y Galdós?

“Los bohemios le criticaron a Galdós no haberles dedicado una novela, lo que sí hizo Balzac con la de París. Lamentaban que el maestro no hubiera escrito un libro sobre ellos como sí había hecho con los mendigos en Misericordia”.
- También ha escrito Las mil y una palabras de casa de putas.

“Siempre he sido muy aficionado a escribir diccionarios y leyendo a los clásicos descubrí que había cientos de palabras, sobre todo en el mundo del hampa, para reconocer este tipo de establecimiento. Al mismo tiempo que investigaba descubrí que solo las putas tienen más nombres que las casas de putas. Fue un divertimento”.

- También ha estudiado y publicado algún libro sobre el refranero español.

“A mi me parece que el refranero español tiene mucha grandeza y encierra una gran sabiduría, la sabiduría popular. Es verdad que es cazurro y poco poético pero por otro lado significa una gran fuente de conocimiento que, a mi juicio, es maravillosa. Mientras los estudiaba me di cuenta que el refranero habla sobre todo mal de los curas y como soy de Sigüenza, y sobrino de obispo me dio por escribir un libro sobre refranes anticlericales que, si no me equivoco, se ha convertido en uno de los libros más vendidos de mi localidad natal”.

- ¿Vive un buen momento el refrán en España?

“El refrán no vive en este momento una época gloriosa aunque sí los aforismos que son una especie de refrán más culto”.
-¿Y qué lugar de España destaca por su mayor producción de refranes?

“Sobre todo Castilla (Salamanca, Toledo) aunque los hay en todas las comunidades autónomas”.

- Me dicen que está escribiendo sus memorias.

“Sí, y espero que el libro se publique el año que viene”.

- ¿Será una de esas memorias que no deja títere con cabeza?

“No, van a ser unas memorias muy generosas y benévolas en las que cuento la verdad. Todo es como se recuerda y yo recuerdo así las cosas, que decía Valle Inclán. Tratarán de recuerdos muy literarios en los que aparece la gente que he conocido y también como soy yo: un bibliófilo. Estas memorias se parecen un poco a las de Rafael Cansinos Assens aunque son más cortas porque en este libro yo no soy el importante, lo importante es lo que puedo contar”.

- Antes comentaba que fue discípulo de José Bergamín.

-Fue mi maestro vivo porque luego están Valle Inclán, Galdós, Baroja. Para mi los libros son tan importantes como las personas y mis memorias comienzan y terminan con Baroja a quien conocí al final de su vida.

- ¿Cómo fue ese encuentro?

“Cuando llegué a Madrid, Baroja era un ídolo para todos aquellos niños de la postguerra ya que representaba otra España, la del 98. Así que me armé de valor y fui a visitarlo a su casa. Recuerdo que la puerta la abrió su sobrino, Julio Caro Baroja, que vivía con él y estaba harto de la gente que, como yo, iba a ver a si tío pero me permitió pasar y estuve toda la tarde con el escritor quien me dedicó un libro. Cuando nos despedíamos, me rogó que la próxima vez que fuera a verlo llevase chicas”.

- Además de El himno de Riego y la España peregrina ha escrito otras novelas.

“Una que se titula El año que voló papá, un cuento para mayores y su continuación, Los gorriones del Prado. También he escrito una novelita sobre El café Gijón, que se va a reeditar y El crimen de Mazarete, que está inspirada en un hecho real y en la que se cuenta cómo un forense salva la vida de dos labriegos acusados del crimen de una persona porque demuestra que su supuesta víctima murió por suicidio. Con esta novela quise rendir homenaje a un escritor italiano que me gusta mucho, Leonardo Sciascia”.

- Antes le preguntaba por José Bergamín, un pensador que salvo un pequeño grupo no se reivindica en España.

“Bergamín ha sido el hombre más inteligente que he conocido en mi vida. Lo conocí siendo yo muy joven y me abrumaba satisfactoriamente su cultura infinita. Estuvo en el exilio pero regresó a España porque no podía vivir en otro sitio. No encajó en Méjico, ni en Venezuela, sí que algo más en Uruguay pero cuando tuvo la oportunidad de regresar no lo pensó y se vino, sería si no recuerdo mal en 1958 o 1959. Firmó un manifiesto en 1963 en apoyo de una huelga en Asturias y recibió todos los palos del régimen. Él, que nunca fue comunista sino católico, un católico que apoyó a los comunistas durante la Guerra Civil porque eran los únicos, decía, que podían hacer la guerra contra los nacionales. De ahí la confusión de que Bergamín fuera comunista”.

- Usted ha sido un editor peculiar porque lo mismo editaba a gente de izquierdas como de derechas.

“Edité de Ernesto Giménez Caballero un libro de 1934 dedicado a Manuel Azaña y en el que le pide que dirija el movimiento fascista. También le edité Yo inspector de alcantarilla en un catálogo en el que figuraban varias obras de Bergamín. El caso es que en cuestiones literarias no juzgo el pasado político sino la calidad de la obra y eso que soy un hombre de izquierdas, un hombre de izquierdas que aprecia el talento literario, talento al que pongo por encima de la política”.

– Continuemos con José Bergamín. ¿Qué le atrajo de él?

“Su compromiso. Tras firmar el manifiesto y ser amenazado de muerte por los falangistas volvió al exilio. Primero en Uruguay y más tarde en Francia donde lo apoyó Malraux, a quien había conocido durante la Guerra de España. Regresa en los años setenta y fui a verlo a su casa, entonces vivía en la calle Mayor y nos hicimos íntimos. Fue un hombre de una envergadura fascinante y con una gran valentía. Solía decir medio en broma medio en serio que todos los de la Generación del 27 se habían vendido menos él”.

- Pero su obra apenas ha trascendido.

“Yo creo que porque fue un hombre muy molesto, una especie de Miguel de Unamuno ya que lo ponía todo en duda. Cayó mal al poder porque nunca supo adaptarse a eso que llaman las reglas del juego


ME SIENTO ESCRITOR

José Esteban regentó durante varios años la librería Turner, que se encontraba situada en la calle de Génova de la capital de España. Turner, cuenta, sirvió de refugio a numerosos escritores y aprendices de escritores aunque llegó un momento en el que todo aquello “me cansó porque parecía que solo iban a verme los desocupados de Madrid”. La actividad de la librería no le dejaba tiempo para escribir cuando si algo se siente José Esteban es escritor. También editor, un oficio en el que “me lo paso muy bien editando mis obras como las de otros”

Nelson Mandela. El camino a la libertad

Lunes, Octubre 29th, 2018

La vida de Nelson Mandela sirve a Antonio Lozano para escribir una apasionante biografía novelada para públicos de todas las edades aunque el libro está dirigido específicamente a los jóvenes, ya que está editado en la colección juvenil de ediciones Anaya.

Nelson Mandela es un personaje que no parece de este mundo cuando es, precisamente, de este mundo. Seres humanos con este calibre moral, pocos, por eso su trayectoria vital sirve de lección para aproximarnos a un líder político capaz de enfrentarse a los suyos en nombre de la paz. Al final venció su constancia y su fe en cambiar el espíritu de una nación dividida entre negros y blancos como es la Sudáfrica de los años que le tocó vivir. Es probable que nadie, y cuando se escribe nadie se incluye a Nelson Mandela, fuera consciente del cambio radical que iba a transformar su nación y que él mismo, un luchador que sufrió cárcel y tortura tanto física como mental, acabaría siendo el presidente de un país contradictorio y profundamente racista hasta ese entonces.

Para acercarnos a la vida de Mandela, Antonio Lozano recurre a una serie de protagonistas reales y ficticios con la idea de contar su vida, tan repleta de logros como también de fracasos, a lectores de todas las edades. Estos personajes son el biznieto de Mandela, su abuela y el guardián del museo donde se guarda la memoria del luchador sudafricano.

En el libro se cuenta el proceso de cambio político que vivió Mandela y cómo paso a paso, con mucha paciencia, logró derribar un muro que parecía tan inexpugnable como el del apartheid.

Que el relato esté narrado a través de la mirada de otros hace que el personaje resulte inevitablemente un gigante aunque el escritor no cae en el ridículo de la glorificación sino que expone también las muchas contradicciones que marcaron la vida pública de un político capaz de perdonar a sus enemigos con el fin de que todos pudieran vivir en paz.

Si la intención del escritor era que el lector cerrara las tapas del libro con una satisfactoria sensación de que con personajes así no todo está perdido, lo consiguió ya que tras su lectura queda la sensación de que las transformaciones son posibles. Y todo gracias a una obra escrita sin alardes estilísticos (va dirigida a los jóvenes) y sí con una idea fija en la cabeza: mostrar la grandeza de un hombre que si por algo se caracterizó fue por no perder nunca su condición humana.
Rodeado de depredadores, el ejemplo de Nelson Mandela pervive porque solo actuando como hombres de bien se puede acabar con todos aquellos hombres que solo saben hacer el mal.

Saludos, agradecidos, desde este lado del ordenador

Alfonso Delgado debuta en la novela con Queda la broza

Viernes, Octubre 26th, 2018

Ambientada en un Santa Cruz de Tenerife de principios del siglo XX, cuando la ciudad aún miraba al mar, y en un trepidante y surrealista París, Queda la broza es el título de la primera novela del multifacético artista tinerfeño Alfonso Delgado, editada por Canarias3puntocero, que a partir de la próxima semana estará a la venta en librerías de todas las Islas.

Queda la broza es una historia de mujeres que, en sus relaciones con los hombres y con el conocimiento, se atreven a construirse a sí mismas, con menor o mayor fortuna, dependiendo de sus recursos y de la suerte que la vida les concede.

Josefa, nacida para servir, nos interpela desde los escenarios de Santa Cruz en los que viven los pescadores, las lavanderas y quienes no tienen más visión que sus propias carencias. Sin embargo, deseosa de libertad y autoafirmación, ella consigue traspasar una frontera interior. En su camino se cruza con Ofelia, perteneciente a la clase alta palmera, que utiliza su sólida formación para burlar las exigencias sociales.

Las dos, junto con otros personajes importantes, están conectadas con Lisandro, liberal, masón, librepensador y primer librero de Canarias, que nos muestra el Santa Cruz de la burguesía con sus edificios, sus costumbres, sus peculiaridades y sus viajes. Así, nos lleva al París de la belle époque y nos desvela sentimientos íntimos que giran en torno al amor y que dan un giro inesperado al final de la historia.

Alfonso Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1955), amante de su isla, de la mar y de su ciudad, es un artista multidisciplinar. Como poeta, formó parte del grupo Los Novísimos en 1976 y siempre siguió escribiendo poemas, cuentos y otros relatos. Además, ha publicado numerosos artículos periodísticos de divulgación artística.

Inauguró su primera exposición de obra plástica en el Ateneo de La Laguna y, desde entonces, han sido numerosas las muestras que ha presentado, tanto en las dos capitales canarias como en París, Lieja o México, entre otras capitales internacionales. De forma paralela y constante, ha investigado en torno al ámbito del teatro y la performance y ha realizado diversas producciones y articulado programas institucionales como Nuevas Formas, que acercó la vanguardia de la danza, la música y las artes escénicas al teatro Guimerá de la capital tinerfeña.

En 2017 fue premiado por el programa de la Unión Europea Intercultural Cities, que reconoció su trabajo como innovador y de interés social.

Saludos, muchas ganas de leerla, desde este lado del ordenador

Francisco Javier Hernández Pérez: “Descubrí otra Canarias gracias a María Rosa Alonso”

Martes, Octubre 9th, 2018

Francisco Javier Pérez Hernández (Caracas, 1959) es lexicógrafo, historiador de la lingüística y ensayista. También es autor de una cuidada edición de Residente en Venezuela de la filóloga tinerfeña María Rosa Alonso, un libro publicado por la Universidad de la Laguna que consta de un estudio preliminar en el que revela algunas de las claves que su autora dedicó sobre sus impresiones del país que la acogió con los brazos abiertos y su forma de entender ciertos temas literarios y culturales, y su preocupación por destacadas figuras del pasado venezolano.

María Rosa Alonso vivió quince años en este país latinoamericano, y siempre dijo que fue a Venezuela “a aprender”.

Francisco Javier Pérez Hernández vive en Madrid, y es secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) desde 2015 y miembro del consejo asesor de la Fundación del Español Urgente (Fundeu) y del Patronato y del Consejo de Administración del Instituto Cervantes.
Ha escrito más de veinte libros sobre lexicografiía, historia de la lingüística y literatura como Historia de la lingüística en Venezuela, Diccionario del habla actual de Venezuela, Diccionario venezolano para jóvenes. Estudios de lexicografía venezolana y El insulto en Venezuela.

- ¿Cómo llega a María Rosa Alonso y hasta que punto cree que su obra ha dejado huella en Venezuela?

“La obra más divulgada de María Rosa Alonso está relacionada con el lenguaje y se tratada de un libro que la autora publicó en la Universidad de Los Andes y que se titula, precisamente, El español que se escribe en Venezuela, obra en la que da una visión de una estudiosa del lenguaje que entiende que hay unas particularidades que hace del español en Venezuela un hecho susceptible de ser evaluado. Este libro continúa apareciendo en todas las bibliografías sobre lingüística venezolana”.

- Hablemos de Residente en Venezuela. ¿Qué particularidades destacaría de esta obra?

“María Rosa Alonso durante los quince años que residió en Venezuela publicó artículos en periódicos como revistas, entre otras la Revista Nacional de Cultura, El Universal y El Nacional, muchos de los cuales forman parte del texto de Residente en Venezuela. Cuando descubrí este libro, que también fue publicado por la Universidad de Los Andes, pensé en un principio que solo se trataría de un testimonio de su estancia en el país pero cuando me di cuenta que el grueso de la obra además de la memoria, que ocupa la primera , está dedicado al estudio de importantes obras literarias y culturales venezolanas, y de ensayos sobre pintura, educación, naturaleza, enseñanza y literatura tanto de autores como de procesos, empecé a sentir una fascinación especial por su figura que fue creciendo a medida que pasó el tiempo y la conocía mejor como pensadora e intelectual- Gracias a los viajes que realicé a Tenerife donde comencé a indagar y a adquirir textos suyos en librerías como la colección que se editó con motivo del centenario de su nacimientos que recoge lo fundamental de sus produucción literaria pero no todo lo que escribió al dejar de lado dos libros extraordinarios en los que se recoge prácticamente sus artículos de prensa sobre escritores canarios, muchos de los cuales habían estado en Venezuela- Estos escritores componen, a mi juicio, un entramado y un vínculo entre ese país y las islas que a mi, personalmente, me interesa bastante”.

- ¿Por qué?

“Probablemente por mi propia situación personal ya que soy hijo de canarios en Venezuela, por lo que lo canario y lo venezolano siempre ha estado ahí, conviviendo y no solo en casa en una armonía perfecta. Conozco muchas palabras canarias gracias a mis padres, palabras que entiendo perfectamente aunque no las utilizaba en Venezuela pero que ponen de manifiesto esa armonía de la que antes hablaba entre lo canario y lo venezolano que fue crucial en el pensamiento de María Rosa Alonso”.

– ¿Cómo aprende María Rosa Alonso a conocer Venezuela?

“En su caso, comienza a aprender lo que es Venezuela a través de sus escritores y pintores sin que le pase desapercibido el proyecto político venezolano de su tiempo ya que entra en la esfera de estas reflexiones. María Rosa Alonso empieza a establecer una posición política cuando enfrenta la Venezuela que conoce con la España franquista que dejó aunque, básicamente, Residente en Venezuela no trata de asuntos políticos. Es inevitable, no obstante, que lo político impregne alguno de los textos ya que cobra una dimensión que va más allá de la simple memoria en su trayecto venezolano, pero toma una posición de distancia en mucho de los casos con el fin de reflexionar sobre ello. Se trata, en este sentido, de un libro donde la primera persona está muy controlada y que no pierde en ningún momento una asombrosa capacidad de observación de los canarios en Venezuela”.

- ¿Y cuáles son las impresiones que recoge de Venezuela?

“Ella llega en un momento en que Venezuela, y sobre todo Caracas, se está modernizando. Se construyen grandes edificios y obras públicas que todavía siguen siendo representativas en el país. María Rosa Alonso contrasta esta realidad con la de una España que en aquel entonces estaba muy atrasada, era muy pobre, mientras que Venezuela es un país en pleno auge que sale de la dictadura de Pérez Jiménez para entrar en un nuevo proceso democrático. Proceso democrático, salta a la vista, que a ella le entusiasma y emociona por lo que su crítica a Venezuela es una crítica nunca despreciativa sino más bien al contrario en la que los que vienen de fuera como ella tienen que contribuir con su esfuerzo al momento histórico que le ha tocado vivir”.

- ¿Cómo se distingue María Rosa como crítica de la obra de escritores y movimientos literarios venezolanos?

“Un autor al que sigue con atención e identifica como un gran novelistas es Arturo Uslar Pietri a quien no observa como figura política sino como escritor que escribe ficción. También expresa su pasión por Rómulo Gallegos que, creo, son autores que calzan con su idea de lo que es la literatura que a día de hoy puede parecer convencional, que no lo creo porque no solo se queda en ellos sino que empieza a leer a otros narradores venezolanos más de vanguardia como Guillermo Meneses y Ramos Sucre, por citar a dos”.

- Ramos Sucre es un escritor que hasta hace unos años permanecería olvidado.

“Y del que escribe María Rosa Alonso, textos que incluye en Residente en Venezuela, un libro que, cabe recordar, fue publicado en 1960. Que en 1960 alguien mirara con atención sobre un poeta de comienzos del siglo XX que escribió una literatura de jamás se hizo antes y después en Venezuela es fantástico. Ramos Sucre es una suerte de Rimbaud que escribe tres libros de poemas en prosa poética que están cargados de erudición y en los que combina referencias a la épica medieval europea con el romanticismo inglés. Encapsula en pequeñas oraciones unos fogonazos líricos que nadie en Venezuela ha hecho desde entonces. La auténtica recepción de Ramos Sucre y su ubicación en el panorama literario venezolano es sin embargo muy posterior, unos veinte años después de que María Rosa Alonso escribiera sobre él y llamara la atención de que se trataba de un poeta que debía ocupar un lugar importante como renovador de las corrientes literarias de mi país porque, viene a decir, aquí hay una suerte de tesoro que aún no ha sido descubierto”.

- ¿Qué otros libros dedicó a Venezuela?

“El más importante en Residente en Venezuela pero cuenta también con dos pequeños libros que son como notas de una profesora. Uno trata de lengua, ejercicios ortográfico y otro estudia el español que se escribe en Venezuela”.

-Da la sensación de que tanto en Canarias como en Venezuela la obra literaria y ensayística de María Rosa Alonso sigue siendo poco y mal conocida.

“Cuando hay que estudiarla más a fondo. Y si bien no es una absoluta desconocida en Canarias como en Venezuela aunque no vaya más allá de una mención, se debe reivindicar su obra como ensayista porque tiene mucho peso y hay mucho por descubrir. Personalmente, estoy fascinando por lo que escribió, libros como Pulso del tiempo además de otros trabajos que son textos de una filóloga dura como son los que dedica a El poema de Viana o a Manuel Verdugo y su obra poética. Destacaría igualmente otros ensayos y reflexiones que escribió sobre escritores y artistas canarios que son de primer nivel y en los que se aprende mucho si se los lee. Yo, de hecho, descubro otra Canarias gracias a la obra literaria y ensayística María Rosa Alonso” .

Saludos, ya se sabe, desde este lado del ordenador