Archive for the ‘Libros’ Category

La edad adulta es el infierno

Sábado, Agosto 20th, 2016

“La edad adulta es el infierno. Frente a una postura tan tajante, los ‘moralistas’ de nuestra época lanzarán gruñidos vagamente desaprobatorios, esperando el momento de insinuar sus obscenos sobreentendidos. Tal vez sea cierto que Lovecraft no podía convertirse en adulto; pero lo que está claro es que no lo deseaba. Y teniendo en cuenta los valores que rigen el mundo adulto, difícilmente podemos reprochárselo. Principio de realidad, principio de placer, competitividad, desafío permanente, sexo y empleo… nada para entonar aleluyas.”

(H. P. Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida, Michel Mouellebecq. Traducción: Encarna Castejón, Libros del Tiempo, Ediciones Sirela, 2006)

Saludos, recordamos, desde este lado del ordenador.

¿El mundo le pertenece a los niños?

Martes, Agosto 16th, 2016

Niccolò Ammaniti es un escritor italiano que ya lleva un tiempo circulando fuera de su país por una producción literaria cuyas historias comulga con la de muchos lectores con independencia de cual sea su país y su idioma.

El escritor acostumbra a sorprender en cada uno de sus libros, relatos que no tienen aparentemente nada que ver con los anteriores pero sí que beben de las mismas fuentes e incluso constantes porque, si hay algo que preocupa a Ammaniti es la construcción de personajes y cierta mirada cargada de asombro sobre las edades del hombre.

Por ejemplo en Anna, su última novela, los protagonistas son niños. Niños a los que despliega en un escenario apocalíptico y sin adultos, igual de perverso pero no tan sádico como el que propuso Carlo Collodi en Pinocho, y el paisaje de una isla –Sicilia– con la que reinterpreta ese clásico de las letras que es El señor de las moscas, de William Golding, por la sensación de ternura pero también desasosiego que describe de los jóvenes que ha puesto en tan extrema situación. Personajes que andan por un territorio en ruinas y que está repleto de cadáveres en descomposición.

La razón que explica esta geografía tiene su origen en la novela de Ammaniti en un virus, La Roja, que se ha extendido por el mundo como una epidemia. La enfermedad, sin embargo, solo tiene capacidad para matar a los adultos aunque afectará a los niños cuando estos crezcan y se hagan mayores.

La acción se desarrolla en una Sicilia invadida por bandas de jóvenes que van a su aire, cada una de ellas con sus peculiaridades, algunas de ellas siniestras contras las que tiene que lidiar Anna, su protagonista principal, y a quien seguimos en su larga odisea junto a Astor, su hermano, mientras se modela el carácter de una chica de trece o catorce años de edad, que pronto fallecerá por La Roja.

De ahí su empeño por cruzar el estrecho de Mesina para llegar al continente. Un territorio, piensa con esperanza, en el que podría encontrar un lugar con adultos que han descubierto un antídoto pero sobre todo la idea de que su hermano conozca esa sociedad que existía mientras aún vivían sus padres.

Para moverse por el nuevo escenario que les ha tocado vivir, Anna cuenta con un cuaderno de tapas marrones que le dejó su madre antes de fallecer. Lo tituló Las cosas importantes y ofrece algunas instrucciones útiles para sobrevivir, pero será Anna por sí misma quien averigüe lo duro que es ser mujer, y la carga de responsabilidades que asume siendo aún demasiado joven, como es la de ayudar y proteger a su hermano pequeño.

Este nuevo mundo que propone Ammaniti es desolador, pese cuenta con un final abierto pero hermoso. En él suenan ecos de optimismo pero también de pesimismo ya que a partir de ese momento el lector sabrá que los protagonistas emprenden otra aventura, la de hacerse mayores y desaparecer, o la de reconstruir una sociedad que con todas sus taras es el legado que recogen de los adultos cuando nadie se preocupaba por sobrevivir.

El paisaje de la novela describe ciudades y pueblos de Sicilia como si saliesen de una película de muertos vivientes, solo que el enemigo son jaurías de perros salvajes y otros niños como ellos que están en proceso de transformarse en bestias.

Describe un grupo de adolescentes que hace recordar al del señor de las moscas. En la novela de Ammaniti no es un señor sino una señora ficticia, creada por algunos de estos chicos y con el que obtienen regalos porque si se devoran sus cenizas no se promete la vida eterna pero sí que se superará la enfermedad.

Esta es solo una de las bandas con las que se tropezará Anna a medida que avanza su peregrinaje por una Sicilia abandonada de la mano de Dios y una historia que se escora hacia territorio dantesco que Ammaniti bordea peligrosamente para salvarlo.

La adolescencia es un asunto que ya trató el escritor en novelas anteriores, solo que ahora combina una soterrada desesperación a lo Cormac McCarthy en La carretera para describir un mundo que solo habitan niños, niños que lo han convertido en una anarquía que ya no reúne valores y sí tierra donde solo sobreviven los más fuertes.

No se trata Anna de una novela darvinista, aunque algo de ello tiene. Tampoco cuenta con un poso religioso, aunque religiones primitivas son las que observa la protagonista a lo largo de su periplo por esa Sicilia que regresa a sus orígenes, y en las que ya se detecta una jerarquía que tiene claro lo del todo vale.

La vida de un ser humano, como la de un perro, solo llega a los catorce años. Aunque como le dice un personaje en la novela, hay chicos que con esa edad han vivido más que un adulto.

‘Un estremecimiento me desarma’, chilajitos de María Gutiérrez

Miércoles, Agosto 10th, 2016

La literatura de María Gutiérrez es, afortunadamente, una cosa rara.  Mientras a uno les da por escribir la novela de su vida en ochocientas páginas más o menos, la escritora propone pequeñas historias, muchas de ellas microrrelatos que se dice ahora, que además de conmover o conmocionar, tienen olfato, colores y sonidos.

Un estremecimiento me desarma. Chilajitos se trata de pequeños relatos en los que hablan los sentimientos para contar más que una vida, sensaciones de una vida. No asoma para nada la nostalgia que es un error porque no se puede recuperar el pasado pero sí, y eso es lo que María Gutiérrez hace con estos cuentos, repartirlo en piezas, muchas de ellas tintadas de tristeza.

Prosa poética, historias que escarban en los sentimientos y que narra con sobresaliente pulso en una página o dos, la editorial Konkursbuch publica –y muy bien en una excelente y atractiva edición– estos chilajitos en  edición bilingüe (español y alemán, que traduce Claudia Gehrke, su editora) que incluye además fotografías en blanco y negro de familia de la autora y protagonista de estos trozos de existencia.

Escritos con mirada serena,  todo empieza con un retrato que muestra a una niña que abraza a un gato para bucear luego por la adolescencia, juventud y madurez de una mujer que si rinde cuentas a alguien en estos escritos es así misma.

Pero tampoco.

No le hace falta. María Gutiérrez es una escritora con estilo, que sabe contar cosas, que invita a que conozcamos un paisaje y un paisanaje cuya cadencia es universal.

Revela un territorio familiar a través de los ojos de una niña que se hace mayor. Se cruzan por estas historias amores, deseos, anhelos, risas y lágrimas, la vida que de tanto en tanto se salpica con esas cosas.

Un estremecimiento me desarma son piezas de un mismo rompecabezas, relatos personales y tiernos que forman un cuadro de vida que se observa con ojos intensos. Propone mirar al pasado y asombrarnos de lo que fuimos y ahora somos…

La vida.

Saludos, el faro, desde este lado del ordenador.

‘Vs.’, una novela de Sergio Barreto

Lunes, Agosto 8th, 2016

Sergio Barreto obtuvo el premio de Novela Benito Pérez Armas por Vs., un título en apariencia críptico, que apenas facilita información sobre los contenidos aunque clave, una vez se concluye, para entender uno de los motores que pone en movimiento la historia.

Una historia que es una frenética huida hacia adelante que emprenden cuatro amigos que se reencuentran. Es verdad que apenas existe algo sólido que mantenga esa camaradería, pero sí un objetivo común, muy absurdo, que es terminar esa noche en El Cráter, un prostíbulo de carretera. Una de esas carreteras inmensas que atraviesan el desierto de Cicatuac, una región inhóspita y, se sospecha, sureña cuyo carácter ha terminado por moldear el carácter de sus habitantes.

Cuatro de ellos, protagonistas de una novela que, efectivamente, va hacia adelante mientras tantea direcciones en las que refleja muchas de las venas abiertas de este territorio, un territorio fronterizo, muy western.

Cicatuac es, en este aspecto, un personaje más de la novela. Y un personaje protagonista porque su peso atraviesa cada una de sus páginas, en las que se describe una violencia climatológica que en el paisaje puede adoptar nombres como Polvo del Diablo; y en sus protagonistas fiebre de ser “fantasmas, seres condenados a errar durante años por una desolada tierra de bárbaros.”

Una comarca “real” donde anida lo podrido y corrupto. En la que no existe ni el bien ni el mal, y que Sergio Barreto se preocupa en describir, en ocasiones rayando lo pornográfico, sexo y borracheras hasta el amanecer.

Marcelo, Mediacara, Octavio y el narrador de la historia emprenden así su peculiar viaje a la nada. Son personajes sin casta, seres en un mundo que se mimetiza con sus pobladores.

Novela de carreteras, aunque esas carreteras discurran por territorios imaginados, como lector me he adaptado a ese pedazo de infierno porque cada uno cuenta con su desierto privado, ese coto en el que estás completamente solo y que solo te ofrece reflejos porque no existen los espejismos.

Reconstrucción pues de un espacio en el que lo físico se mezcla con lo mental, dejando muy de lado lo espiritual, Vs. es territorio minado. Y caminar entre minas genera una lectura incómoda pero también agradecida.

Supo apretarte las tripas.

Y eso, insistimos, porque no es fácil asistir a este proceso de degradación en el que sus protagonistas se vuelven más salvajes pero se agradece que se describan sus actos sin ánimo redentor… Así que pese a sus extremos, todos ellos resultan creíbles porque el paisaje resulta creíble.

Debe ser que todos guardamos un Cicatuac dentro. Quizá no tan polvoriento como el que retrata Sergio Barreto pero sí que poblado por una fauna en la que habita lo más monstruoso de nosotros mismos.

El horror.

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador.

Roald Dahl, la historia de un gigante

Jueves, Agosto 4th, 2016

En unos días donde todo parece que se confabula para hacernos infelices tropiezo de nuevo en el camino con un escritor que parece que diseminó su trabajo para que recuperara algo de cordura. Ese escritor es Roald Dahl, y el próximo 16 de septiembre quienes buscamos desesperadamente relatos que más que conmover nos conmocione, celebraremos como se merece el centenario de su nacimiento. 

Nos adelantamos en el tiempo pero la lectura, y relectura de muchos de los cuentos que habíamos olvidado, salvo esa pieza siniestra pero humorística que es Cordero asado, ha logrado que aún perdure en nuestro recuerdo su triste e inteligente mirada sobre los adultos.

Mirada que aún conserva un cruel y refinado sentido del humor que hace observar las cosas de otra manera, a entender el universo para niños y para hombres crecidos a la sombra de Dahl como una inevitable certeza de que la existencia es, efectivamente, un chiste. Depende solo de nosotros mismos que esa broma resulte excelente, y por lo tanto digna de recordar y no mediocre y sin gusto.

Si no lo conocen, si no lo han leído, es probable que les suene Dahl si revelamos que es el autor de Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, Matilda, El gran gigante bonachón y Las brujas, obras destinadas al público infantil pero que pueden ser perfectamente leídas por esos adultos que todavía buscan un mundo sin tantas prisas y sí más misterioso e insólito. 

Pero hay otro Roald Dahl, el escritor que ironizaba sobre los miedos que te asaltan cuando te haces mayor, la mayoría de esos miedos ya incubados cuando apenas eres un crío, y de los que resulta bastante difícil desligarse cuando comprendes que el suelo que pisas no es sólido sino de arenas movedizas.

En otras de sus historias para adultos Dahl trabaja muchos los pecados capitales que marcan la condición humana, pero casi siempre desde una perspectiva irónica, como si al escritor le gustara bromear con sus historias mientras retrata gente acomodada y aparentemente feliz que se vuelve miserable cuando se tambalea su mundo.

Para retratar estos tipos le basta solo con dos o tres brochazos. Suficientes para que esos hombres y mujeres resulten creíbles y, por lo tanto, humanos. Muestra sus flaquezas, sí, pero no olvida que son seres humanos.

Los cuentos para adultos de Roald Dahl deben de tomarse como medicina. No termina de curar el mal que padeces pero lo calma. Si vuelves a sentirte mal, lo mejor que puedes hacer es volver a abrir cualquiera de sus libros y dejarte llevar por lo que escribe. A la media hora le garantizamos que notará sus beneficiosos efectos.

No sabemos de donde pudo venirle esta genialidad aunque si se rastrea en su vida se descubre que fue todo menos tranquila. Combatió como aviador durante la II Guerra Mundial y fue derribado en varias ocasiones –fruto de esta experiencia nacieron los greemlins, duendecillos caprichosos del aire, así como la autobiografía Volando solo–.

Tuvo además una vida sentimental difícil a la que logró enfrentarse gracias a sus libros y a su mujer, Patricia Neal. Se entiende así su escepticismo hacia los adultos, y su manera de mostrarlo a través de una serie de cuentos crueles escritos con humor no negro, sino negrísimo. Esa broma, muy al estilo O’Henry pero sin el sentimentalismo del americano, que se revela en los párrafos finales o en la demoledora frase con la que termina el cuento.

Cuento que puede ser Tatuaje, La máquina del sonido, Un cuento africano (relato que todo defensor de los animales debería de leer); el extraordinario Galloping Foxley, El deseo, un tenebroso descenso a la infancia; El cirujano, Apuestas… Si el tiempo le da para novelas, ahí tiene la divertidísima Mi tío Oswald para tomar a cucharadas. Sirvan estos títulos a modo de improvisada receta con la que calmar sus males.

Lo grande de un escritor como Roald Dahl es que nunca falla. Y eso lo hace francamente necesario en tiempos tan enfermos como los que vivimos.

¿La clave?

La clave es que una vez que lo conoces es inevitable que vuelvas a él. Así pasen lo años y se acumulen las tristezas.

Saludos, navegamos y navegamos, desde este lado del ordenador.

Muere el cronista Luis Cola Benítez

Miércoles, Agosto 3rd, 2016

Luis Cola Benítez no fue historiador aunque acabó convirtiéndose en cronista oficial de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife desde junio del 2011, uno de esos títulos que conceden las capitales de provincias a los hijos que considera merecedores de tal galardón.

Los que vivimos en esta ciudad conocemos muy poco la historia, precisamente, de esta ciudad. La cosa ha mejorado en los últimos tiempos al animarse una serie de investigadores a estudiar los orígenes de lo que comenzó siendo playa en la que desembarcaron los conquistadores castellanos, más tarde pequeño pueblo de pescadores y puerto de La Laguna, hasta convertirse en la capital que es en la actualidad. Una capital hecha a pedazos, desigual, con numerosas caras…

La historia de la capital tinerfeña cuenta con suficientes libros como para recibir con los brazos abiertos a quien desee adentrarse en su pasado. Alejandro Cioranescu le dedicó varios tomos, un material que desde entonces ha servido de referencia a otros investigadores que por curiosidad o afición han dedicado parte de su tiempo a bucear en el nacimiento y posterior desarrollo de Santa Cruz de Tenerife.

Una capital de provincias irregular, que frente al mar no mira al mar, y que cuenta con algunos rincones atractivos… El escritor Ignacio Aldecoa en su Cuaderno de Godo dijo de ella que además de ser una ciudad de cuestas, “está más cerca de la Península que la Península de Santa Cruz”, y no le faltaba razón a un hombre que sintió este archipiélago tan dentro de las entrañas…

El caso es que Santa Cruz de Tenerife cuenta además de sus cronistas con sus cantores y sus escritores y poetas aunque vivimos en una realidad en la que no se hace caso ni a sus artistas ni, pese a los reconocimientos varios, a los que se preocupan por recordar y recuperar su pasado.

Y Luis Cola Benítez fue uno de los que se encargó en desempolvar su memoria y reivindicarla  en una serie de libros que publicaba con el entusiasmo de quien quiere hacer una ciudad de vecinos.

Fue autor de, entre otros libros, 1797, cinco días de julio, Cartas a Patricio Estévanez, Barrancos de Añazo, La imprenta Benítez, Sed, la odisea del agua en Santa Cruz de Tenerife o Fundación, Raíces y Símbolos de Santa Cruz de Santiago de Tenerife.

Luis Cola Benítez era miembro de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, del Instituto de Estudios Canarios, la Asociación Hidalgos de Nivaria y fundador de la Tertulia Amigos del 25 de Julio. Fue también un activo colaborador en la prensa de las islas, muchos de estos artículos estuvieron dedicados a recorrer la vida de los alcaldes de Santa Cruz de Tenerife.

Siempre su Santa Cruz de Tenerife.

(*) La imagen está tomada de la página Asociación Histórico-Cultural Gesta del 25 de julio de 1797

Saludos, fundamos a negro, desde este lado del ordenador.