Archive for the ‘Libros’ Category

Diccionario apasionado de la novela negra, un libro de Pierre Lemaitre

Lunes, Marzo 7th, 2022

El género negro, o negro y criminal como lo acuñó el librero Paco Camarasa, se ha instalado en España desde hace ya un puñado de años. Los festivales que se dedican a este tipo de literatura abundan por todo el territorio nacional, varios de ellos en las islas, y reúne a una legión de lectores que además de leer novela quiere conocer a los primeros, los clásicos, que cultivaron una narrativa que, en palabras de Paco Ignacio Taibo II, puede entenderse como “la literatura social” de unos tiempos tan inestables como son los que vivimos.

Es tanto el interés, que el mercado editorial se atreve incluso a publicar volúmenes en los que se habla de autores y novelas con el fin de guiar a los lectores entre los que sobresalen porque además de escribir historias también hacen literatura con todas sus letras. El bosque es sin embargo tan grande que resulta difícil descubrir a los mejores si antes no hay un experto que les advierta que no le van a vender gato por liebre.

Estos libros, en ocasiones atractivos ensayos, sirven también para los iniciados en el género ya que pueden o no estar de acuerdo con muchos de los nombres que se despliegan en este tipo de obras. La última de ellas un volumen generoso en páginas: Diccionario apasionado de la novela negra (Salamandra, 2021), del escritor galo Pierre Lamaitre, quien efectivamente ha escrito un diccionario “apasionado” sobre la literatura que más le gusta y que cultiva como escritor.

Pasa, no obstante, en esta clase de obras que quien lo lea, y ese ha sido mi caso, coincida en muchas de sus apreciaciones pero también que rechace otras y sienta también que se han omitido nombres propios que deberían de figurar y otros, que sí figuran, haberse abstenido de recordarlos pero en esta literatura, como en todas, hay tantos escritores como lectores.

En el libro de Lemaitre hecho en falta, y así lo reconoce el mismo autor, a David Goodis, uno de los más grandes escritores negros que tuve la suerte de más que leer, devorar, y narrador con un mundo literario más que interesante, poblado de constantes que hacen que sus novelas solo puedan ser novelas de David Goodis.

Pierrre Lemaitre mezcla conscientemente en el mismo saco autores y autoras que no necesariamente escriben novela negra tal y como entiendo el género, pero es otro de los atractivos de una obra llamada a que sirva de consulta por muchos aficionados.

Este diccionario es amplísimo (más de 500 páginas) y variado. Se incluye en sus entradas, de la A hasta la W, reseñas de autores como de novelas y películas. También se incluyen definiciones muy particulares de Lemaitre sobre el mismo género, y conceptos que aparecen en estos libros como la violencia, entre otros.

En la lista de escritores reseñados abundan sobre todo los franceses (no iban a ser menos, Lemaitre es francés) y los norteamericanos, muchos de ellos desconocidos en España porque de momento no han sido traducidos. Entre los españoles, figuran quien tenía que figurar, Manuel Vázquez Montalbán, y otros que no veo muy claro que haya sido incluido en el libro como Arturo Pérez Reverte. Se mencionan de pasada a Víctor del Árbol y Carlos Zanón, mientras que la nómina de escritores hispanoamericanos aparecen Leonardo Padura y Paco Ignacio Taibo II y unos poquitos más que Lemaitre entendió que debían de estar presentes. Se olvidó sin embargo del brasileño Rubem Fonseca y del mexicano Elmer Mendoza, “padre” de la narcoliteratura.

El escritor francés escribe desde el corazón lo que significó descubrir a la mayoría de los autores que aparecen en su Diccionario, por lo que no resulta nada extraño (pese a que estuvieran en la antípodas) entender lo que para Lemaitre fue leer a Jim Thompson como a Agatha Christie y descubrir en pantalla películas como Seven y la trilogía de El padrino.

Se trata de un trabajo “apasionado”, lo que hace que se le perdone al compilador ausencias sonadas y, al mismo tiempo, se agradezca que llame la atención por determinado escritor o novela.

No es la primera y espero que no sea la última vez que se publica esta clase de libros, esta especie de Guías Michelín escritas por un “apasionado” del género negro y criminal.

Me sirven de hecho como libros de trabajo el Diccionario de la novela negra norteamericana, de Javier Coma, que apareció a mediado de los años 80 en la colección Contraseñas de la editorial Anagrama, o los libros que dedicó al género más con espíritu compilador que crítico Salvador Vázquez de Parga.

Se ha traducido además un pequeño ensayo en el que James Sallis escribe “apasionadamente” de tres grandes de esta literatura, los ya mencionados Jin Thompson y David Goodis, así como el afroamericano Chester Himes. Hace ya unos años se publicó en español las biografías de Jim Thompson, Raymond Chandler y la autobiografía de Chester Himes, entre otros.

Recientemente, apareció en librerías Lo veo muy negro, un paseo personal por esta literatura de Antonio Lozano y se publicó Sangre en los estantes, libro en el que Paco Camarasa recomendaba novelas y autores con la perspectiva del crítico y sabio lector que fue.

El libro de Pierre Lamaitre se suma a esta bibliografía y cumple con sobresaliente las expectativas ante las que el lector iniciado como el profano esperaba encontrar en un libro como Diccionario apasionado de la novela negra No vende gato por liebre.

Saludos, con una thompson entre las manos, desde este lado del ordenador

Tito Expósito: “Hace falta que las instituciones sepan que la industria cultural debe vertebrarse con solidez”

Miércoles, Marzo 2nd, 2022

Por Yolanda Delgado Batista

Corrían los años noventa cuando nació Baile del Sol, una editorial canaria que, pese a tiempos revueltos y a su condición insular, ha logrado convertirse con los años en un sello con proyección internacional. Mantenerse en el mercado, en especial cuando se trata de una editorial independiente resulta un acto de resistencia verdadera, la mayoría no logra sobrepasar la franja maldita de los cinco años. Los lectores no somos del todo conscientes de la importante labor cultural que desarrollan. Gracias a ellas, tenemos la oportunidad de descubrir voces literarias venidas de todo el mundo y de todas las épocas. Libros que por razones de rentabilidad, quedan excluidos de los catálogos de los grandes grupos. Es por ello que hemos querido conversar con el editor Tito Expósito y celebrar el treinta cumpleaños de Baile del Sol. Con él y con todas aquellas personas que la hicieron posible.

- Años 90. Un grupo de jóvenes se lanzan a montar una editorial independiente, pero no en Madrid ni en Barcelona sino en la isla de Tenerife. ¿Me lo explica?

“Ese grupo de jóvenes estaba formado por individuos inquietos culturalmente que no tenían una válvula de escape donde poder sacar adelante sus trabajos, ya fueran poéticos, narrativos, musicales o pictóricos. Algunos de nosotros veníamos de la edición de fanzines y de publicaciones caseras de cuadernos poéticos o cintas musicales. Así nace la editorial, dejando a un lado esa etapa fanzinera y cambiando el foco hacia un trabajo más profesional y que se pudiera encontrar en las librerías. Queríamos salir de nuestro círculo underground y posibilitar la llegada de nuestra obra a otros posibles lectores”.

- ¿Qué recuerdos guarda de aquellos comienzos?

“Sobre todo, mucha ilusión, pero también mucho trabajo, mucha manualidad, muchos tropiezos y demasiada ingenuidad”.

- ¿Qué sintió cuando tuvo el primer libro entre las manos? ¿Cuál fue?

“Una sensación de triunfo, pero también de que había que cambiar un montón de cosas para llegar a ofrecer un buen producto, tanto literaria como estéticamente. Aunque sacamos dos títulos a la vez, el primero sería El grillo rojo, una novela corta de Juana Santana”.

- Veinte años son nada, dice la canción, aunque me da el pálpito que treinta para una editorial pequeña es una eternidad. ¿Ha hecho balance?

“Cada equis años hago balance, y pasan por mí todos estos años, con sus respectivos altibajos. Solo el esfuerzo personal y el de las personas allegadas han hecho posible que el sueño se haya hecho realidad”.

- Supongo que más de una vez ha pensado en tirar la toalla. ¿Por qué? ¿Qué tipo de soporte necesitan editoriales como la suya?

“Por supuesto, incluso la toalla ha llegado hasta el suelo en un par de ocasiones, pero aun esas veces la he vuelto a recoger y he iniciado una nueva etapa, con nuevas personas o en solitario. En estas islas, como supongo que en cualquier otra parte, editoriales como la nuestra siempre van a necesitar recursos que no son propios, ya sean de ayudas a la traducción, ayuda de compra de ejemplares para bibliotecas públicas, etc. Desafortunadamente, el libro no es un deporte que practique una inmensa mayoría. También hay que contar que las grandes editoras tienen los medios para copar tanto los estantes en las librerías como para publicitarse o difundir su catálogo, cosa que para nosotros es un acantilado insalvable. Para poder existir, tenemos que apostar por explorar y encontrar nuevos autores y obras y arriesgar en caladeros que las grandes no hayan esquilmado. Siempre hay ejemplos de pequeñas editoriales que salen adelante porque llevan a cabo una buena gestión empresarial y la elección de su catálogo logra penetrar en el público lector. Ahí está el ejemplo de Impedimenta, Blackie Books y algunas otras”.

- Cuénteme un momento dulce como editor.

“Te puedo contar dos especialmente. El primero, la consecución del premio que daba el Cabildo de Tenerife al libro mejor editado. Se trata de Violeta y otras cosas primeras, de José Manuel Hernández, hecho casi artesanalmente por muchos amigos, entre ellos el propio autor y su familia. Cada cubierta fue preparada individualmente: pintada y recortada la tela, pintados, cortados y pegados unos cartones rizados, pacientemente. Confeccionamos un separador de páginas de hilo de bala y cartón. En definitiva, fue un proceso hermoso, festivo y gratificante. El segundo, cuando Rodrigo Fresán primero, en ABC y semanas después, Enrique Vila-Matas en El País, daban fe de las excelencias de Stoner, novela de John Williams que habíamos editado sin apenas repercusión unos meses antes”.

- ¿Qué evolución ha experimentado Baile del Sol durante estos años?

“Pasar de una edición artesanal de difusión insular, que se nutría principalmente de autores locales, a convertirnos poco a poco en una editorial de distribución estatal, con un catálogo de autores de casi todos los continentes, con especial interés en la literatura de África y de Europa del Este, y desde hace un par de años hemos iniciando la distribución y asentamiento en México, con la colaboración de la distribuidora-editora Olinyoli. También destacar, cómo con el libro electrónico, tras una gestión acertada en las diferentes plataformas de contenido digital, hemos podido difundir una parte del catálogo a cualquier persona del planeta que esté interesada por nuestros títulos”.

- No estar físicamente en la Península, ¿supone una dificultad añadida?

“Supone una primera dificultad, la de entrar en el mundo de las distribuidoras y que no te consideren una editorial localista, pero supongo que esto también le puede pasar a una editorial de Palencia. Cuando se dan cuenta de que tu producto se nutre de autores de cualquier procedencia desaparece esta pega. Para nosotros la mayor dificultad de la distancia es la producción. Imprimir en las islas es mucho más caro e imposible si quieres llevar tus libros al resto del país desde aquí. Tienes que imprimir en la Península sin más remedio. Punto y aparte es el tema de aduanas y transportes, con unos trámites y unos costes estratosféricos, inconcebibles y totalmente injustos, con un trasfondo colonial”.

- ¿Se ha especializado en algún género o apuesta por la diversidad?

“Creo que tocamos casi todos los géneros. No hemos entrado en la literatura infantil o juvenil, ni en la novela gráfica ni en los comics. No tenemos ni infraestructura ni preparación para ello. Nos movemos mejor con la narrativa y la poesía, esta última ha sido la que nos ha marcado los inicios y la que nos ha hecho crecer y darnos a conocer en las primeras décadas”.

- En estos últimos años, diferentes premios literarios han recaído en obras escritas por autores de África. Sin ir más lejos, el último premio Goncourt ha sido otorgado a La plus secrète mémoire des hommes, la novela de Mohamed Mbougar Sarr, escritor senegalés. Hoy por hoy, Baile del Sol se ha convertido en un referente obligado en literatura africana. ¿Cómo surgió este este interés?

“África está en nosotros, tanto geográfica, antropológica como culturalmente. Siempre nos hemos sentido parte de este continente. Los fanzines por los que nació la editorial se nutrían principalmente de la búsqueda de la raíz prehispánica en las costas continentales. A nuestra generación, y a la anterior, se nos había impuesto un muro a todo lo que venía de allí. Solo podíamos mirar a Europa o a América, pero el tambor que llevábamos dentro, que nos latía, estaba en aquel continente. Iniciamos la andadura de la editorial con dos títulos lanzados al unísono, uno de ellos se titula Cuentos del Sahel, escrito por niños de Níger que aprendían castellano. Así que llevamos 30 años editando literatura y autores africanos. Esta pasión nos llevó también a colaborar con otra empresa canaria de gestión cultural, Mirmidón, en la organización del SILA (Salón Internacional del Libro Africano) que desgraciadamente, la mala gestión institucional acabó fagocitando”.

- Cuéntenos, por favor, el hallazgo de Stoner, la maravillosa novela del norteamericano John Williams, que tantas satisfacciones le ha dado.

“Simplemente fue una cuestión de lectura, de estar atento a lo que dicen autores que te gustan sobre las obras de autores que les gustan a ellos. Con Stoner fue una entrevista que leí de una autora que me gustaba en ese tiempo, Anna Gavalda. Decía que estaba maravillada por esta obra y que le había propuesto a su editor francés su publicación. Simplemente me puse a indagar, buscar a la agencia que llevaba los derechos y, al ver que estaban libres para castellano, hacerme con ellos”.

- En su tiempo, el pobre hombre no tuvo suerte ninguna con su obra, muchos menos con Stoner. Me temo que hoy le hubiera ocurrido igual a menos que su libro hubiera caído en manos de editores como usted. El mercado es brutal en relación al número de libros que se publican anualmente. ¿Lo ve un inconveniente o una ventaja?

“Sí, se publican miles de títulos al año. Hay que aprender a rebuscar y a escoger lo que te apetece leer. Quizás pasen muchas buenas obras desapercibidas y otras que no lo merezcan tengan demasiada atención. Pero es el lector quien decide y quien debe arremangarse y buscar su lectura. Personalmente prefiero que haya bastante donde elegir”.

- Aún no hemos hablado del apoyo de Baile a los autores canarios…

“Siempre han sido y serán una parte importante de nuestro fondo. Ahora mismo conviven varias generaciones con una obra cada vez más extensa e interesante. Nos complace ver cómo se va incrementado el número de autores que van saliendo del corsé insular y sus lectores se van expandiendo por otras geografías”.

- En Francia, durante el primer confinamiento, cinco millones o lo que es lo mismo, uno de cada diez franceses se pusieron a escribir su primera obra. Las editoriales recibieron tal avalancha de manuscritos que terminaron por lanzar un SOS. Inclusive hubo una que en su página web advertía aquello de que “no todo el mundo lleva un libro dentro”. ¿Experimentó usted algo parecido?

“Sí, pero no solo en la pandemia. Es algo que siempre nos ha ocurrido, y es por lo que durante mucho tiempo hemos colgado en nuestra web la leyenda de “no se aceptan originales”. No te puedes imaginar el colapso que tuvimos durante más de tres años debido a esa llegada masiva de títulos a nuestros buzones. Simplemente la lectura y valoración de los mismos ocupan un tiempo y unos recursos de los que no disponemos”.

- ¿Cuántos títulos publica al año?

“Depende de cómo estemos económicamente el año en cuestión. Por ejemplo, en 2020 fueron dieciocho; en 2021 publicamos veintidós. Antes de la pandemia rondábamos los 40. Este año sacaremos 30, uno por cada año cumplido. Pero el próximo solo serán 12. Esa será la media anual que barajamos para los años venideros. Menos cantidad para centrarnos en el recorrido de cada título en particular”.

- ¿En cuántos países está presente?

“En formato papel, en España y México, con nuestros propios recursos. También con alguna distribuidora llegamos a otros países latinoamericanos. Si hablamos del libro digital, no hay fronteras”.

- Ahora que se habla tanto del consumo de proximidad, ¿qué ocurre con la cultura?, ¿siente que los lectores, medios de comunicación e instituciones de las islas apoyan de verdad los proyectos culturales locales?

“Ni ahora ni nunca en los medios de comunicación. Siempre han sido casos puntuales y algún que otro periodista francotirador que hace lo indecible por comunicar y que le hagan un hueco. Y en cuanto a los instituciones, más o menos parecido, según vaya cambiando el color de los que se sientan. Siempre parcheando. Hace falta que las instituciones se tomen en serio que la industria cultural debe vertebrarse con solidez y para ello, deben contar con los agentes que la forman. También han de valorar que puede ser una importante fuente de ingresos para la gente de esta tierra”.

- Los medios afirman que estos años de pandemia están siendo muy positivos para el negocio editorial. ¿Es cierto? ¿Se lee más ahora?

“Eso parece, por lo menos no ha decaído. En nuestro caso se ha mantenido el ritmo en las ventas, e incluso algún aumento en zonas que antes estaban estancadas”.

- ¿Si Tito Expósito volviera a nacer, sería el editor de Baile del Sol?

“Pues creo que no, con lo que sé ahora, sería un lector disfrutón que haría pinitos en la escritura, que fue por lo que empezó todo esto. La parte empresarial de este oficio te quita todo el romanticismo”.

FIRMA FOTO: Inma Luna

(*) Yolanda Delgado Batista es escritora y periodista cultural

El señor Wilder y yo, una novela de Jonathan Coe

Lunes, Febrero 28th, 2022

“Cuando volvimos al hotel, pedimos las llaves de nuestras habitaciones (la suya era la 313, y la mía la 422), pero en el ascensor él miró mi llave y dijo:

– No creo que te haga falta esta noche.

Y luego…

Bueno, se cuenta que Billy dijo una vez (de un modo bastante grosero, supongo) que “Ernst Lutbitsch podía conseguir más con una puerta cerrada que la mayoría de los directores con una bragueta abierta”. Así que ahora debo seguir la técnica del maestro y cerrar la puerta de la habitación 313, suave pero decididamente, sobre lo que ocurrió a continuación”.

(El señor Wilde y yo, Jonathan Coe. Traducción: Javier Lacruz, Panorama de narrativas, Anagrama, 2022)

El cineasta español Fernando Trueba se lo dedicó a Dios cuando recogió el Oscar a la Mejor Película Extranjera por Belle Époqueen la edición de 1993 y cuentan que él mismo Dios, un Dios que nació en Austria, Viena, el 22 de junio de 1906, contactó con él para que se conocieran personalmente. El resultado de ese encuentro se publicó en un diario de tirada nacional y no decía nada nuevo sobre el trato cariñoso que dispensaba Billy Wilder a sus amigos y admiradores en privado.

Y de Billy Wilder en privado se ocupa El señor Wilder y yo (Panorama de Narrativas, Anagrama, 2022), una novela sentimental sobre la vejez y el cine que escribe con admirable pulso narrativo Jonathan Coe, uno de esos escritores británicos que se han preocupado en reflejar la situación actual de su país aunque en esta novela su mirada se centra en otras cosas, como la relación de una joven compositora con el director de El apartamento y su guionista I. A. L. Diamond. Estos tres personajes, uno ficticio y dos reales, son los protagonistas de un relato que se mete rápidamente en el bolsillo a los aficionados al cine y, cómo no, a los seguidores de Dios, Billy Wilder, a quien se retrata como un hombre sumamente amable y con finísimo sentido del humor, ese mismo humor que supo tan bien trasladar a la pantalla aunque en el ocaso de su carrera, y El señor Wilder y yo gira en torno a los últimos años de vida profesional del cineasta, cometió equivocaciones, la principal no darse cuenta que los tiempos habían cambiado.

La novela se desarrolla en gran parte durante el rodaje de una de las últimas películas que firmó Billy Wilder, Fedora, un filme que fracasó en taquilla y que no es uno de los grandes trabajos en su filmografía. Basado en una novela corta del actor Tom Tyron (autor de una fascinante novela de terror psicológico, El otro), Fedora cuenta la historia de una actriz retirada que no ha perdido su belleza. Inspirada en la vida de Greta Garbo, Wilder intentó radiografiar el Hollywood de aquellos años, finales de los setenta, con una mirada clásica que ya no resultaba fácil a la nueva generación de espectadores que aplaudían en masa éxitos taquilleros como Tiburón, de Steven Spielgerg. Spielberg es la gran sombra que se cierne sobre las esperanzas de recuperar su carrera, plagada de éxitos por otra parte, de Wilder, quien acaricia la idea de adaptar la novela La lista de Schindler, que llevaría más tarde al cine el director de Encuentros en la tercera fase, y versión que vio el propio Wilder.

Coe describe ese momento, cuando Billy ve La lista de Schindler, de Spielberg, en uno de los capítulos más conmovedores de un libro agradecido no solo con el cineasta sino también con quien se convirtió en su leal pareja creativa, el guionista I. A. L. Diamond, quien acoge bajo su ala a la protagonista de la novela, Calista Frangopoulou, que es la que cuenta en primera persona esta historia de cine, pero no de cine dentro de cine, que también, sino de las relaciones que se tejen en una industria llamada al entretenimiento y en la que participaron con éxito dos hombres excepcionales (Wilder y Diamond) al que el paso de los tiempos han superado solo que el cineasta hace que no lo sabe mientras que su guionista no evade la realidad.

Escrita con un lenguaje sencillo, sin entusiasmos experimentalistas, El señor Wilder y yo es una novela que no tiene muchas ambiciones salvo la de ser un enternecedor homenaje a la carrera de dos artistas que hicieron tanto por un arte que hoy ya no es lo que fue.

Jonathan Coe, que se han informado bastante sobre el rodaje de Fedora y sobre quiénes fueron Wilder y Diamond (el libro incluye en sus páginas finales una extensa bibliografía que usó el escritor para dar credibilidad a la historia) se detiene en ocasiones para contarnos la vida de la protagonista, sus primeros devaneos amorosos y cómo se introduce en el mundo del cine donde teje una cariñosa relación sentimental con dos hombres muy inteligentes y excepcionales que le doblan la edad.

Esta relación, que tiene mucho de paterno filial, es continuamente interrumpida por el rodaje de una película que ya desde su inicio estaba condenada al fracaso, como los senderos sentimentales que emprende su protagonista al sumergirse en un universo, el del cine, que le resulta fascinante pero que al final descubre que es igual de humano que cualquier otro trabajo.

He disfrutado mucho con esta historia, y no solo por el amor que siente y sabe transmitir el autor de la novela hacia Wilder y Diamond, sino por el realismo casi poético con el que narra una relación que a medida que se va desarrollando en las páginas de la novela va creciendo en intensidad. Calista Frangopoulou, que no sabe nada de cine en un principio, irá aprendiendo lo que no es otra cosa que un arte cuando se encuentra ante un hombre que –no solo para Fernando Trueba– demuestra que Dios existe.

Saludos, gracias a Dios, desde este lado del ordenador

Cuatro obras aspiran al VIII Premio Ciudad de Santa Cruz de Novela Criminal

Jueves, Febrero 24th, 2022

Revancha (Anagrama), de Kiko Amat; El oscuro adiós de Teresa Lanza (Grijalbo), de Toni Hill; Páradais (Penguin), de Fernanda Melchor, y Los buenos hijos (Tusquets), de Rosa Ribas optan al VIII Premio Ciudad de Santa Cruz de Novela Criminal como mejor novela negra de 2021, que conceden el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y el Festival Atlántico de Género Negro, Tenerife Noir.

Las obras seleccionadas se dieron a conocer este jueves, 24 de febrero, en una rueda de prensa celebrada en la sede central de la biblioteca municipal de la capital tinerfeña, en la que participaron la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Gladis de León; el escritor Javier Hernández, consigliere de Tenerife Noir, miembro del “Sindicato”, el equipo que pone en marcha cada año el festival, y el director y productor de esta iniciativa cultural, Alejandro Martín.

Las finalistas han sido seleccionadas entre los 44 títulos propuestos por un equipo de 20 informantes del Festival Atlántico de Género Negro Tenerife Noir, escogidos de forma paritaria a nivel nacional en diferentes ámbitos, entre comisariados de festivales, universidades, librerías, grupos de lectores, blogueros…

Las novelas de Amat, Hill, Melchor y Ribas serán evaluadas por un jurado presidido por la responsable de ATTK Editores –primera editorial eminentemente digital radicada en Canarias–, Guadalupe Martín Santana, y compuesto como vocales por la librera de la Librería de Mujeres de Tenerife Mase Legarza Negrín; el periodista y comisario de Cubelles Noir, Xavier Borrell Campos; el periodista, crítico literario y director de la serie Negra del sello editorial RBA, Antonio Lozano Sagrera, y la profesora de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Rocío Peñalta Catalán.
 
El director y productor de esta iniciativa cultural en torno al género negro, Alejandro Martín, actuará como secretario de este jurado, que dará a conocer el fallo del VIII Premio Ciudad de Santa Cruz de Novela Criminal a finales de marzo, justo antes del comienzo del festival. El galardón tiene un año más de recorrido que el festival, porque nació en 2016 en las jornadas que, un año después, cristalizaron en Tenerife Noir.
 
Para el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife “es un orgullo continuar durante estos años entregando este premio que lleva el nombre de nuestra ciudad dentro y fuera de nuestro país. Este galardón premia la creación literaria de escritores y escritoras, dentro de este festival magnífico que es Tenerife Noir, que se celebra en marzo”, destacó la concejala de Cultura, Gladis de León, durante la rueda de prensa de presentación de las novelas finalistas que aspiran a llevarse este premio. De León felicitó a los finalistas e insistió en la importancia que tiene situar la capital tinerfeña en el mapa mundial del género negro.
 
Por su parte, Alejandro Martín recordó que “el premio Ciudad de Santa Cruz de Novela Criminal es de los pocos galardones a nivel nacional que tiene una dotación económica, de 3.000 euros, para obra publicada”. Asimismo, el director y productor ejecutivo de Tenerife Noir destacó que el equipo de informantes, así como la selección de autores finalistas y la composición del jurado que concederá el premio “tienen un carácter paritario, al contar por igual con hombres y mujeres en su composición, una forma de funcionar que nos hemos propuesto para ser coherentes con nuestra apuesta por la igualdad y la visibilización y el reconocimiento del trabajo de las escritoras de género negro”.

Páradais (Penguin), la novela de la escritora mexicana Fernanda Melchor, ha sido calificada como una novela brutal y un breve e inexorable descenso al infierno. En ella, su autora explora la violencia y la desigualdad, con una destreza técnica deslumbrante, con un oído absoluto para la oralidad y precisión de neurocirujana para la crueldad. Javier Hernández Velázquez destacó que, al contar “lo que está pasando en México”, Melchor se basa “en dos conceptos: la violencia de género y la desigualdad; lo que va a sorprender a los lectores es la crueldad con la que disecciona la autora la desigualdad entre dos jóvenes acomodados y la realidad que se encuentran en cuanto abren la puerta y salen a la calle”.


 
Con Los buenos hijos (Tusquets), Rosa Ribas regresa a la familia de detectives más cercana y popular de la novela policiaca con una novela trepidante, en la que se plantea dónde están los límites en una investigación. Un día, en la agencia, a la que se ha incorporado Nora, la hija de la familia de detectives, llega un matrimonio que solicita sus servicios para saber por qué se suicidó su hija adolescente. La investigación cambia la vida de los Hernández para siempre, tras decidir mantenerla después de que los clientes retiraran el encargo. Los Hernández no quieren detenerse sin sospechar el precio que pagarán por llegar demasiado lejos en la búsqueda de la verdad. Ribas fue calificada por Hernández como “una top del género negro en España y Europa, tiene la trayectoria más consolidada; esta novela también habla de la desigualdad y, sobre todo, de la verdad y la mentira, en torno al regreso de una hija pródiga y al suicidio, en un caso que lleva a la familia de investigadores a una introspección”.  

En El oscuro adiós de Teresa Lanza (Grijalbo), de Toni Hill, el recuerdo del suicidio de una joven inmigrante altera las vidas de cinco amigas y sus familias en un idílico y acomodado barrio residencial, donde la joven trabajaba para ellas. En esta novela intrigante y turbadora de uno de los escritores más renovadores del género negro en España, la muerte no es el final de una historia, sino un nuevo e inquietante principio, que sirve al autor para reflexionar sobre la hipocresía, la amistad, la inmigración y los privilegios. “Toni Hill es un autor que va a contracorriente, quizás es uno de los autores más frescos del panorama nacional”, manifestó el escritor tinerfeño, quien recordó que el escritor catalán fue ya finalista en la primera edición de este premio. La novela “habla de los desequilibrios sociales, de una trabajadora de la limpieza, del suicidio de una joven inmigrante y, sobre todo, de la desigualdad social”.


 
Revancha (Anagrama), de Kiko Amat; es una novela sobre venganza, amor y ultras, con un ritmo vertiginoso, dura y violenta. Los personajes centrales, Amador y Alberto Cid, alias El Cid, son legendarios skinheads neonazis del gol sur durante los años 80 y 90; forman parte de la facción criminal de Lokos, el grupo ultra del FC Barcelona, el primero como consejero y número dos del grupo y el segundo, como su kapo. Fueron inseparables durante años, hasta que algo los distanció. Amador acarrea muchos secretos, y el mayor de ellos es su homosexualidad, que, en su ambiente, podría costarle la vida. Su padre, antiguo delincuente y leyenda local, está gravemente enfermo, y su agonía abre cicatrices de infancia que Amador creía cerradas. La novela de Amat es calificada como un libro indócil, lleno de vulgaridad y belleza, dolor y humor.

Saludos, a leerlas, que son dos días, desde este lado del ordenador

Para morir en la orilla, una novela de José Luis Correa

Martes, Febrero 22nd, 2022

“Que mi historia era justo la contraria de la suya. Que al abuelo Colacho le había salido chepa de tanto carenar barcos en la puntilla. Que había ahorrado hasta el último duro para dejárselo a un nieto tarambana, para que este enderezara su vida. Podría habérselo contado a Ernesto Leacock. Pero aquello no era un intercambio de estampitas ni nosotros amigos de pupitre”.

Para morir en la orilla, José Luis Correa. Novela Negra, Alba Editorial, 2022

En los últimos meses han coincidido en librerías tres novelas de escritores de las islas que abordan, desde distintas perspectivas, la inmigración irregular en Canarias. Juan R. Tramunt centra su relato Traficantes de historias en un hombre, Tobias Arencibia, que tras sufrir una experiencia traumática abandona su estilo de vida para ocupar una plaza de Lengua y Cultura Española en un Centro de Integración de Emigrantes en Gran Canaria mientras que Ernesto Rodríguez Abad en Hicham se pone en la piel de un joven africano que aspira llegar a un mundo en el que crezcan “higueras con frutos de oro”. José Luis Correa habla también sobre este mismo asunto en Para morir en la orilla, solo que en clave negra y criminal.

Le sirve de disparadero al creador del detective Ricardo Blanco para narrar un relato de suspense que comienza con la aparición de dos cadáveres en una patera que llega a las costas de la isla y termina con la resolución de un caso en el que, entre otras historias cerradas, se averigua quién asesinó a estos dos hombres, ya que se trata de un asesinato y no de una muerte accidental, producto del terrorífico viaje que emprenden muchos africanos para alcanzar las costas de las islas con el objetivo de alcanzar el sueño que persiguen aquellos que cruzan en pequeñas embarcaciones el brazo de mar que nos separa del continente africano.

Para morir en la orilla hace la novela número doce de Blanco, un personaje que a medida que se publica un nuevo libro de sus pesquisas como investigador privado, lleva camino de convertirse en una de las series más longevas del panorama narrativo nacional, lo que tiene mérito ya que el detective, a veces y a su pesar, desarrolla la mayor parte de sus investigaciones en la capital grancanaria, también en otros puntos de la isla redonda. Correa, a través de Blanco, cuenta en primera persona sus investigaciones y desde Quince días de diciembre (la primera) su protagonista ha ido creciendo en edad y también como persona. Para morir en la orilla muestra un nuevo paso en la evolución de Blanco, quien no pierde pese a la edad el sentido del humor.

Los lectores iniciados saben que la serie dio un volantazo tras la muerte del abuelo del protagonista, Colacho, lo que generó que el círculo de amistades y otros secundarios de la saga se haya ido estrechando.

De momento, José Luis Correa mantiene las constantes que dan credibilidad a su investigador privado, aunque comiencen a detectarse novedades que lo enriquecen si cabe un poco más.

Ricardo Blanco sigue soltero pero mantiene una relación estable con Beatriz, farmacéutica y madre de dos hijos. Esta relación nos lo revela como un hombre si no satisfecho consigo mismo, sí que estable emocionalmente al contar con la complicidad de una mujer. Por una imprudencia pone en peligro a la hija mayor de Beatriz pero sí quieren conocer la razón, léanse la novela. Un título que no defraudará a los que conocen otras historias del detective canario y casi seguro que cogerá desprevenido a quien llegue a ella por casualidad.

En las últimas novelas de la serie el personaje se ha instalado en una cómoda felicidad que en contra de lo que pudiera parecer, es uno de los atractivos de la serie. Se mueve además en escenarios familiares que resultan igual o más interesantes que los casos que debe resolver Rick, Ricardo Blanco.

Sin revelar demasiado de la trama, Para morir en la orilla cumple lo que ya venía anunciando en títulos anteriores, que su personaje, en torno a los 60 años, ya no está para muchos trotes por lo que más pronto que nunca, sus proceder como investigador está más próximo al del cerebral Nero Wolfe (que no salía de su casa para resolver los problemas) que a los de ese caballero andante que fue Philip Marlowe, el detective privado que inspiró al primer Ricardo Blanco, y aliento que se recupera en algunas de las páginas de su última novela.

Encuentro en Para morir en la orilla un personaje que continúa moviéndose con más confianza en los territorios del género negro. Negro y criminal o policíaco, entre otras etiquetas. Transpira compromiso social con la realidad que vivimos no solo explorando la inmigración irregular sino también cómo muchas de estas personas caen en la explotación más descarnada, lo que hace que su viaje a Europa se convierta en una pesadilla. La novela habla también de un caso de corrupción policial y sobre la prostitución, entre otros temas que el escritor va resolviendo a medida que avanza un relato que no llega a las doscientas páginas y que como otras novelas de Blanco se lee sin que uno note que pasa el tiempo.

Estos y otros elementos me hacen pensar que el protagonista de la serie está en un momento de inflexión, que se avecina un cambio interesante en el hábitat que hasta ahora conocíamos del personaje aunque la novela siga las pautas de las anteriores, se narra en primera persona, el tono es irónico, nunca cínico, se cuelan en el texto algunas palabras y expresiones del español que se habla en Canarias y la galería de personajes como de situaciones resultan creíbles. Es otra de Ricardo Blanco pero con novedades aún desdibujadas.

De momento, parece que el detective está terminando por cicatrizar sus heridas físicas y emocionales. Ha encontrado un hogar que calma a la fiera que lleva dentro, una fiera que despierta cuando emprende por su cuenta y riesgo una investigación que lo adentra en lo peor de la condición humana.

Saludos, en la orilla de enfrente, desde este lado del ordenador

Ráfagas

Lunes, Febrero 21st, 2022

El Día de las Letras, que se celebra hoy en recuerdo del nacimiento de José de Viera y Clavijo, está dedicado a la escritora y periodista Dolores Campos Herrero.

El Pleno de la Real Academia Española (RAE) ha elegido en su sesión del 17 de febrero de 2022 a la filóloga Dolores Corbella (Santa Cruz de Tenerife, 1959) para ocupar la silla d, vacante desde el fallecimiento de  Francisco Rodríguez Adrados el 21 de julio de 2020.

Lamentamos el fallecimiento de Isabel Torres (Las Palmas de Gran Canaria, 1969), la actriz que le dio vida a Cristina Ortiz en la serie La Veneno. Torres ya luchaba contra el cáncer durante el rodaje de la serie creada por Javier Calvo y Javier Ambrossi.

La colección de literatura infantil de la editorial Anaya publica Violeta Volcán y el tesoro de William Winter, escrita por Álvaro Núñez, quien propone un viaje al pasado de Fuerteventura.