Archive for the ‘Libros’ Category

Recuperan los cuentos del escritor y periodista Alfonso García-Ramos

Jueves, Junio 10th, 2021

El Salón de Grados de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna acoge este jueves, 10 de junio, la presentación de Teneyda y otros relatos, de Alfonso García-Ramos y Las terribles historias, de Cecilia Domínguez Luis.

En el acto, que comenzará a las 19 horas, intervendrán Eliseo Izquierdo, periodista y profundo conocedor tanto de la obra literaria como periodística de Alfonso García-Ramos y Cecilia Domínguez Luis.

Se dice que con Teneyda Alfonso García-Ramos fue un intento serio por profundizar en la psicología del campesino canario aunque, como advierte Aaraón León Álvarez en el prólogo escrito para esta edición, no se trata de un texto que deba encuadrarse en el regionalismo porque se aleja de toda clase de estereotipos. El volumen reúne además de Teneyda otras piezas cortas del autor como Romera, El opositor y El milagro del cactus feo.

Alfonso García-Ramos simultaneo a lo largo de su carrera profesional la actividad periodística con la de escritor de ficciones. Adscrito a la reconocida como generación de la Nueva Narrativa Canaria, es autor de una de las grandes novelas de la literatura del archipiélago, Guad, y también de Tristeza sobre un caballo blanco, una novela experimental por la que recibió el premio Agustín Espinosa a finales de los años 70.

En su labor como periodista, Alfonso García-Ramos trabajó fundamentalmente en el periódico La Tarde, donde publicó una columna, Pico de águila, que fue un acicate desde su primera entrega. A lo largo de su carrera como escritor recibió entre otros premios el Benito Pérez Armas y el Santo Tomás de Aquino por Guad y Teneyda, respectivamente.

Las terribles historias de Cecilia Domínguez Luis reúne más de una veintena de cuentos que divide en dos partes: Las terribles historias y Escribir comienza por una traición. En estos relatos, la escritora y poeta presenta una serie donde se palpa cierta sensación de peligro, a medio camino entre la aventura y el suspense. Como reconoce la autora, en todos los cuentos pesa la influencia de grandes narradores de la literatura universal como Poe, London y Kipling, texturas que se pueden detectar en la mayoría de estos relatos que quisieron romper con el estilo que Cecilia Domínguez Luis mantenía hasta ese momento.

La escritora es Premio Canarias de Literatura y miembro de la Academia Canaria de la Lengua. Ha publicado más de treinta obras en diversos géneros literarios como poesía, novela y cuentos entre los que destacan títulos como Mientras maduran las naranjas, Días de abril, El sepulcro vacío y El libro de la duda o Cuaderno del orate, entre otros.

Saludos, aún, desde este lado del ordenador

Cómo hacer tu propio diorama naval

Miércoles, Junio 9th, 2021

Desde pequeño me viene el gusto por los dioramas aunque siempre los haya llamado maquetas. Un arte, si quieren, para el que no nací capacitado. Vamos, que de pequeño me encantaba perderme en la Casa Portuguesa y ver aquellas cajas de colorines que contenían en su interior las piezas de un viejo caza de la II Guerra Mundial o un tanque del mismo conflicto…

Observar cómo algunos de mis amigos eran capaces de armarlos y luego pintarlos es una cosa que todavía me abruma y sorprende. Intenté hacer lo mismo que ellos pero cuando cogía el pincel para pintar, por ejemplo, a un soldadito japonés (de Airfix, escala 1:32, por supuesto) el resultado final siempre era tan desastroso que terminé por desistir.

Viene todo esto a colación de la publicación de un libro práctico, cuenta, que firma un buen amigo, Enrique Carrasco. La obra está editada en Amazon y trata sobre dioramas navales.

La obra resume quince años de trabajo con modelos a escala y se titula Veleros y Dioramas, en el que se incluye cinco ejemplos paso a paso y más de un centenar de fotografías de todos los procesos así como una introducción técnica al concepto del modelismo aplicado a escenarios protagonizados por los antiguos buques de vela.

Enrique, que antes de profesor de la Universidad Europea de Canarias fue periodista, publica el libro en Kindle Direct Publishing (Amazon) y gustará a los aficionados a perder el tiempo construyendo maquetas, de barcos en esta ocasión, mientras fuera, en la calle, un manto de polvo sahariano se hace dueña y selora de las calles. Que es lo que sucede exactamente hoy mientras escribo estas líneas.

Dice Enrique Carrasco que Veleros y Dioramas. Técnicas de Modelismo Naval Escénico es el resultado de un largo trabajo de investigación histórica y de exploración de distintos utensilios y materiales y si bien no sabe si quien lo lea se convertirá en un experto de estas cosas, de las que sí lo es por ejemplo el mismo Carrasco, doy fe de ello, quien lo consulte podrá disfrutar de cómo se hace desde una galera romana hasta un galeón español, pasando por drakkars vikingos y los navíos de línea franceses o ingleses que marcaron la edad de oro de la navegación a vela durante el siglo XVIII.

El autor profundiza en la relación entre la decoración marítima en miniatura y los veleros a escala comercializados en plástico, una “simbiosis pocas veces vista pues normalmente el modelismo naval se vincula a la madera y a la ausencia del diorama”, explica en una nota.

En la publicación, que contiene más de 150 páginas, se incluyen numerosos patrones prácticos y nomenclatura especializada, consejos constructivos y orientaciones para redactar artículos técnicos y fotografiar los trabajos terminados.

Y… eso es todo de momento. Ya les contaré como avanzo en armar barcos cuando me haga con el libro de Enrique Carrasco. Uno de esos marineros en tierra que diría don Rafael Alberti.

Saludos, o lá lá, desde este lado del ordenador

Los republicanos que no se exiliaron, memorias de José Mª Aroca

Martes, Junio 8th, 2021

“El señor L… era el Jefe de Servicios. Llevaba muy poco tiempo en la Modelo. Natural de las Islas Canarias, durante la guerra había luchado en el Ejército de Franco, ascendiendo a comandante provisional. Posteriormente, había aprovechado una opción para ingresar en el Cuerpo de Prisiones, con la categoría de Jefe de Servicios”.

(Los republicanos que no se exiliaron, José Mª Aroca, Ediciones Acervo, 1969)

Apenas hay rastro de José Mª Aroca en Internet. Una lástima que es a su vez un atractivo porque eso significa que hay que reconstruir su biografía a partir del testimonio que ofrece en Los republicanos que no se exiliaron y en lo muy escaso que he logrado encontrar en la red. Por lo que narra en el libro, desde muy joven se hizo anarquista y como comisario político combatió durante la Guerra Civil hasta ser detenido por el ejército nacional cuando la II República sucumbió a finales de mayo y el primero de abril de 1939. Esta información es la que facilita en sus memorias, al margen de lo que se desgrana en las mismas, podría ser también el traductor (pero no es terreno demasiado sólido) de varias novelas de ciencia ficción, muchas de ellas publicadas en Acervo que es el mismo sello que edita Los republicanos que no se exiliaron. Pero se trata de una especulación y como tal debe de tratarse.

Escrito y publicado a finales de los años 60, Los republicanos que no se exiliaron no es un título que se corresponda a la realidad de las páginas. En todo caso, debería de titularse Un republicano que no se exilió. Si se lee estos recuerdos, no se exilió porque no pudo marcharse de España cuando el ejército rebelde se hizo dueño de la situación pero no desmerece este “olvido” los contenidos de una obra que resultará muy interesante no solo para los lectores que tienen por costumbre leer libros de nuestra Guerra sino también para los que quieran conocer cómo sobrevivieron los que cumplieron condenado durante el régimen franquista y cómo alguno de ellos consiguieron el indulto tras cumplir su pena. Muchos de ellos, entre otros el protagonista de la obra, la redujo con trabajos “voluntarios”.

José Mª Aroca tras ser detenido en Barcelona fue juzgado por un Tribunal Militar y condenado a muerte. Tras ser perdonado de la Pena Capital, el autor pasó por diversas cárceles, recuerdos que describe en este libro que no es otra cosa que la crónica de su experiencia carcelaria. Una experiencia privado de libertas que escribe sin nostalgia ni rencores. El libro cuenta también cómo volvió a integrarse en la sociedad. Una sociedad que no dejaría de verlo como un enemigo hasta muchos años después.

Entre los aportes que se pueden encontrar en este libro está la situación en la que vivieron los presos de las distintas formaciones políticas en las cárceles catalanas finalizada la contienda. Por un lado, los anarquistas, que miran con recelo a los comunistas con los que comparten la penuria del encierro. Por el otro, algunos falangistas y menos, mucho menos, miembros de otros partidos políticos.

El escritor narra con frialdad los distintos penales donde cumple condena y en los que pasó angustia. La angustia de que a medianoche lo fueran a buscar para darle el paseo. Cuando llega la oscuridad, relata, y en la madrugada, solían sacar de las celdas a varios presos que no volverían a ver nunca más. El autor describe cómo ese miedo a ser el próximo corroe la moral de los hombres y ese miedo contagia a veces al lector aunque el estilo del narrador se mantenga en todo momento distante de lo que cuenta. Tampoco rehuye criticar el nuevo régimen que se ha impuesto en España tras la Guerra Civil y la que considera nueva hipocresía que domina ahora un país que hace apenas unos años atrás se quebró en dos mitades que sus nietos no quieren que reconcilien.

La tarea de reconstrucción, cómo se organizaban los anarquistas bajo estas condiciones y su enfrentamientos con otros miembros de grupos políticos con los que hacen vida de cárcel son los grandes motivos sobre los que pivotea un libro que sin ser perfecto, no cae afortunadamente en ganarse las lisonjas de sus captores ya que a lo largo de sus páginas si algo destaca es que su protagonista frente al vacío es capaz de salir adelante. Aprende a moverse en un universo tan cerrado como fue el carcelario de la postguerra y a ceder, finalmente, ante el vencedor tras cumplir casi diez años privados de libertad.

Libre de mente y corazón, Aroca insiste en asegurar a lo largo de estas memorias que salió como el anarquista que entró por primera vez en una cárcel franquista de 1939. El libro no deja de todos modos de ser un amargo retrato sobre el fracaso y la frustración de la derrota. También del final de un sueño y de la descomposición de una España que ya no volvió a ser la misma.

La portada del libro puede llamar a equívocos, pero hay que tener en cuenta el año y sobre todo la editorial que publicó el libro. Un texto que cuenta al final con un apéndice que reproduce las disposiciones penales y concesión de indulto que es necesario leer ya que, aunque no se sea jurista, sirve para entender cómo se las gastó la ley de los vencedores.

A modo de conclusión, no es que Los republicanos que no se exiliaron sea un gran libro pero tampoco es uno de los peores que se escribieron de un lado y del otro cuando finalizó aquella odiosa Guerra. Logra, además, hacerse una idea de cómo lo pasaron los que la perdieron, y cómo las divisiones internas entre los distintos grupos políticos acabaron por carcomer los cimientos de una República que no pudo llegar a estar bien atada. Ilustra bastante bien sobre un período tan triste en la Historia de una España que solo puede imaginarse hambrienta y en blanco y negro.

Saludos, negras tormentas…, desde este lado del ordenador

¿Quiso Franco ser masón?

Miércoles, Junio 2nd, 2021

Se ha extendido la leyenda de que Francisco Franco Bahamonde (Ferrol, 4 de diciembre de 1892-Madrid, 20 de noviembre de 1975) tuvo especial antipatía contra masones y masonería porque ésta no lo aceptó como miembro cuando estuvo destinado en África.

Este recelo lo mantuvo a lo largo de su vida. Y lo materializó bajo el pseudónimo de Jakim Boor en el libro Masonería (1952) en el que se recogen los artículos que publicó en el diario Arriba.

No se han encontrado documentos, sin embargo, que evidencien que Francisco Franco quiso iniciarse en la masonería. Tampoco que fue rechazada por ésta.

La leyenda sigue siendo leyenda lo que ha ocultado que se sepa la verdad. Y la verdad es que Franco persiguió a los masones por varias razones. No obstante, se ha impuesto la versión de que Franco sí quiso ser masón aunque sea una mentira. Un bulo.

Antes de Valeria Aguiar Bobet otros historiadores como el catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel de Paz, abordaron este asunto y las conclusiones son las mismas: es un bulo que ninguna logia quisiera iniciar a Franco. Se trata “de otro mito que con el tiempo se ha arraigado del mismo modo que la premisa de que Hitler fue judío”, señala Valeria Aguiar Bobet.

La historiadora tinerfeña, autora de La masonería española en Marruecos, publicada en tres tomos por Ediciones Idea, comenta que se trata de una pregunta bastante común “hasta por parte de colegas, así que se ve que, una vez más, el mito supera y sobrevive a la realidad”.

La leyenda sigue ahí pese a que no exista constancia documental ni de la admisión ni de que Franco quisiera hacerse masón.

Valeria Aguiar dice que el origen de “la mentira se inició en un contexto represivo en el que dos individuos procesados relacionaron (e inculparon) a Franco con la masonería y, la verdad, para sus oponentes y teniendo en cuenta su odio incomprensible hacia la orden, parecía plausible”.

La historiadora señala que “ni Franco se encontraba en Larache en el momento en que se adjudica su intento de iniciación ni la logia que existía era Lucus, que fue un triángulo anterior. Lixus de Larache, el taller activo durante los años 20, momento en el que se supone pasaron los hechos, solo menciona el raid aéreo de su hermano menor (y masón) Ramón Franco. Y era un taller bastante reacio a iniciar militares, bastante liberal ideológicamente y con numerosos enemigos por parte de las autoridades locales”.

Puestas así las cosas ¿Franco quiso ser masón?, para Valeria Aguiar se trata más bien “de una broma pesada” y recuerda que otros historiadores e investigadores como el ya citado Manuel de Paz y Javier Domínguez Arribas, entre otros, han tratado este mismo asunto “de forma más concreta que yo y tienen conclusiones similares”.

(*) En la imagen Francisco Franco junto a su hermano Ramón (que sí fue masón)

Saludos, sorpresas te da la vida, desde este lado del ordenador

Valeria Aguiar Bobet: “Las persecuciones a la masonería hispano-marroquí estaban a la orden del día desde 1931”

Martes, Junio 1st, 2021

La masonería española en Marruecos es un ambicioso fresco histórico que estudia el origen y desarrollo de esta organización “discreta” pero no “secreta” entre 1881 a 1930. El trabajo, que edita ediciones Idea con la colaboración de Casa África está firmado por la historiadora Valeria Aguiar Bobet, una muy documentada tesis doctoral que defendió en enero de este año en la Universidad Jaume I de Castellón.

Valeria Aguiar Bobet nació en el Puerto de la Cruz y es licenciada en Historia por la Universidad de Laguna. Autora de varios trabajos, en la actualidad desempeña su labor como investigadora para el Centro de Historia y Cultura Militar de Ceuta.

- ¿Cuáles son los orígenes de la masonería española en Marruecos?

“Conocemos la existencia de logias desde al menos 1873 por parte del Gran Oriente Nacional de España y del Gran Oriente de España, pero yo sitúo la “oficialidad” en la primera logia de la que se tiene constancia documental, llamada Luz de Marruecos, que se funda en Tetuán en 1881. De todos modos, la ciudad pionera y principal sería Tánger, la única abierta a los cuerpos diplomáticos de diferentes países en este periodo. Lo que sí parece común es que la masonería española no fue iniciativa exclusiva de españoles sino también de unos pocos musulmanes de la élite colaboracionista y, sobre todo, de judíos sefardíes tangerinos que vieron en la orden una posibilidad para afianzar los lazos ya establecidos con el régimen de protecciones y una forma, digamos más romántica, de reestablecer los lazos con aquella patria perdida después de la expulsión de los judíos en 1492. El componente judío marroquí, desde este debut, siempre será bastante alto en las logias de Marruecos. Por esta razón suelo utilizar la expresión “masonería hispano-marroquí”.

¿Existen diferencias con otras masonerías como, por ejemplo, la francesa?, ¿sus objetivos eran comunes en esta colonia?

“Existieron bastantes diferencias, al menos según mis observaciones. La masonería francesa llegó a consolidarse con mayor rotundidad. Funcionaba con más regularidad y contaba con ciertos apoyos de la élite local. En cambio, la masonería española, más personalista y sujeta a los intereses de sus mandatarios, sufrió numerosos pleitos internos que condicionaron su devenir. De hecho, la masonería francesa juzgaba a las logias hispano-marroquíes de laxas y de cometer numerosas irregularidades. Era verdad. En parte por lo expuesto y en parte por cierta desidia que siempre sufrió desde las obediencias centrales, del mismo modo que ocurría con el Gobierno de Madrid y el protectorado, además de no contar siempre con el beneplácito de las autoridades regionales.

No obstante, la masonería española incluyó en sus filas a un gran porcentaje de marroquíes, especialmente judíos (a veces más de un 50% del total) y también musulmanes, una característica propia pues en las logias galas se negaban a iniciarlos por no considerarlos “preparados”. Aun así, las relaciones entre ambas masonerías siempre fueron aceptables y cordiales. Los objetivos eran similares: “civilizar” a la población marroquí, ayudar socio-cultural y educativamente a los “indígenas”, como los llamaban. Un historiador francés las denomina por ello “masonerías misioneras”, pero también fueron un vehículo más de la colonización franco-española y un espacio de encuentro entre pares en medio de una sociedad colonial en construcción”.

. ¿Cuál fue la actitud de la masonería española en Marruecos ante los procesos independentistas de la región? ¿Jugó algún papel en favor o detrimento de la independencia de Marruecos?

“Como institución nunca laboró a favor de ningún proceso independentista. Al contrario, la masonería fue una entidad colonialista paralela a la de los gobiernos de turno, y siempre actuó en favor de los intereses de los españoles, tanto en América como en Marruecos. Sin embargo, durante el periodo republicano acogerá en sus filas a miembros destacados del “protonacionalismo” marroquí, como Abdeselam Bennuna o Abdeljalak Torres, pero con la idea de reubicar sus preceptos. Ambas partes, masonería y nacionalismo, tenían intereses en común. Los españoles como un modo de control y de ofrecer la posibilidad de seguir “mejorando” cívica y formativamente a los marroquíes, tal y como defendían en sus bases epistémicas y en sus propios reglamentos. Por su parte, los nacionalistas buscaron en las logias diferentes apoyos para su causa e, incluso, otro tipo de ayudas más prácticas, especialmente cuando se dieron casos de retenciones y detenciones de algunos correligionarios en la zona francesa (donde se aplicaba una política más dura respecto al movimiento) y otro tipo de persecuciones. Se realizaron algunas “iniciaciones” secretas también de las que queda poca información. La idea era fundar logias árabes, similares a las logias de adopción femeninas, pero la fricción no tardó en llegar cuando los líderes se dieron cuenta de que poco o nada podían conseguir de la masonería y que esta ya tenía sus propios problemas y sus propias persecuciones por parte del sector fascista y antimasónico. En 1933 se declara, con todo, incompatible el nacionalismo con la masonería así que la mayor parte de los masones musulmanes simpatizantes del movimiento dejaron de asistir”.

- Y ante el golpe de Estado de julio de 1936. ¿Cuál fue su posición?

“Esta pregunta es muy interesante y me alegra tener la oportunidad de desarrollarla en este medio. La posición, obviamente, fue contraria al golpe de Estado. Muy pocos casos conozco que se pasaran al bando sublevado. Al contrario, en Marruecos, desde el 17 de julio por la noche, ya hay represión y detenciones. Un mes más tarde, empiezan los primeros fusilamientos y no tanto por “delito consumado de masonería” como después aparecería en las retractaciones, sino por las actividades políticas o por no adherirse al “Glorioso Movimiento Nacional”. Hay algunos casos bastantes tristes, pero así son las guerras. La mayor parte fueron relegados al ostracismo social y condenados. Las muertes contabilizadas son unas 30 por ahora.

En cualquier caso, no quería destacar este aspecto, muy similar al de otros masones en España, sino otro: cómo las persecuciones hacia la masonería hispano-marroquí estaban a la orden del día desde 1931. Es más, en numerosas ocasiones los talleres de Marruecos avisaron a sus correligionarios hispanos de lo que estaba pasando, de lo que parte del Ejército tramaba y cómo en el norte de África estaban sufriendo las represalias en diferentes niveles. También los nacionalistas marroquíes, algunos de los iniciados en la orden, intentaron avisar, pero el caso fue omiso. No sabemos hasta qué punto podría haber condicionado el transcurso de la historia esta red de espías y perseguidos masones (espías en tanto que disponían de códigos para pasarse información), porque sería hacer historia contrafactual, pero sí es representativa esa desidia por parte de los gobiernos de la República, desidia que mantuvieron hasta el final, cuando ya el levantamiento estaba más que planeado. Al menos, los masones lo intentaron.

- ¿Qué profesionales destacan como afiliados en la masonería española en Marruecos?, ¿fue alto el número de militares?

“En las cuatro etapas en las que dividí mi estudio claramente destacaron comerciantes y lo que llamaban industriales (carpinteros, ebanistas y otros oficios) y profesionales libres. Hubo también algunos funcionarios civiles, miembros destacados de la administración y militares. No obstante, a diferencia de Melilla o Ceuta, en Marruecos la presencia de militares es nimia. Tan solo en la masonería tetuaní reiniciada en 1930 encontramos una logia que podría denominarse “militar” rápidamente diversificada en varias. Se trataba de aquellos soldados y oficiales que, después de la “estabilización” del territorio, prefirieron quedarse en Marruecos, dado que los sueldos eran mayores y también las posibilidades. Aun así, no llegaron al 30% en este periodo y, en 1934, muchos de ellos abandonaron sus filas”.

- ¿Conoce si hubo vinculaciones entre la masonería española en Marruecos con las de Canarias?, ¿y con otras colonias españolas en África y América?

“Los contactos eran formales con las logias de Canarias, además de que hubo algún que otro componente canario en las logias hispano-marroquíes. Con otras colonias españolas de África no consta tal vinculación, tampoco hubo masonería oficial en Guinea o en la zona del Sáhara. En Villa Cisneros (actual Dakhla) se fundó un triángulo de corta duración. Esa fue la extensión geográfica más sureña del Arte Real español. En cambio, con las masonerías americanas, especialmente con las de Cuba, México y Argentina, hubo numerosos y constantes contactos durante la época republicana. Si bien las redes y las formalidades cosmopolitas masónicas con logias americanas se dieron durante toda la existencia de esta masonería, fue sorprendente ver la asiduidad de estos contactos en los años 30. Visitantes en ambos lados, correspondencia mensual y recíproca constante, intercambio de trabajos (ensayos), revistas, informaciones varias. Tengo un artículo (colgado en la web) en el que me centro en estas relaciones, en su tipología, fines, etc. En un capítulo de la tesis está incluido también. Digamos que, ambos contextos, antiguas y nuevas colonias, encontraron un punto en común en las ideas republicanas pero, sobre todo, en los conceptos de hispanidad y de la “madre patria”, hábilmente trabajado en la idiosincrasia española desde el siglo XIX”.

- Se trataba de logias que admitían a cristianos, musulmanes y judíos, ¿cómo encajan sus creencias con las que emana del Gran Arquitecto del Universo?

“Sí, desde las primeras logias el componente judío sefardí fue mayoritario y hubo algún que otro musulmán. No obstante, durante la República se inicia este último grupo de un modo más significativo. El caso es que podían iniciarse sin problemas teniendo en cuenta los reglamentos y las Constituciones de Anderson, el código por excelencia del Arte Real. La masonería avala cualquier iniciación proveniente de credos religiosos, así que los requisitos que impusieron los límites fueron otros, más intelectuales, culturalistas y pecuniarios, un aspecto difícil de cumplir en el caso de Marruecos con una población de mayoría analfabeta y relegada, por parte de los “protectores”, a una condición esencialmente incivilizada. No obstante, la posibilidad estaba y se llegó a cumplir. De hecho, llegaron a proponer la opción de realizar la promesa masónica sobre otros libros religiosos, y no solo sobre la Biblia, así como la traducción de los rituales al árabe.

Como añadido debo decir que este aspecto fue (y es) el que más me atrajo cuando mi director me propuso el tema. Quería estudiar la interculturalidad, la convivencia, los encuentros culturales entre todas las partes. La masonería de este periodo y de este espacio en concreto me proporcionó la documentación y las claves para su comprensión”.

- Explica en su trabajo que la masonería española reinterpreta el mito del al-Ándalus. En pocas palabras, ¿en qué consiste este mito?

“La masonería hispano-marroquí reinterpreta el mito según los preceptos de la orden y según los intereses comunitarios e intercomunitarios de sus componentes que pertenecían a las tres culturas por antonomasia, pero la propia invención del mito se empieza a gestar desde el siglo XIX en el ámbito intelectual y político español en general. Otros autores también lo han tratado, formó parte tanto del discurso del canon colonial español como del de los “protegidos”, por los lazos históricos y en algunos casos sanguíneos (para andalusíes y sefardíes, aquellos expulsados por los Reyes Católicos siglos atrás). El mito proporcionaba las bases de la convivencia en un contexto colonial en construcción y en el que la interacción era obligada, además, situaba Marruecos como un diamante en bruto en el que poder forjar, dado su estado de “incivilización”, los preceptos idealistas de la orden para, al final, crear una sociedad más fraternal, más cívica, más formada en los códigos éticos y sociales occidentales, es decir, basada en la modernidad. Además, el mito, que incluía esa convivencia tricultural ideal, funcionaba a la perfección para todas las partes, aunque cada comunidad la llevase al final a su terreno: los españoles “cristianos” hacia la legitimización colonial y civilizadora de Marruecos; los judíos hacia la nacionalización en cuanto españoles y como justificación para recuperar sus derechos históricos; y los musulmanes marroquíes en cuanto herederos y “retomadores” de aquel periodo de esplendor político-cultural islámico llamado al-Ándalus”

- ¿Qué etapas, y por qué, considera fundamentales de la masonería española en Marruecos?, ¿y cuál y por qué es su momento de mayor esplendor?

“La masonería hispano-marroquí abarca un cómputo de tiempo casi ininterrumpido que va desde 1881, con la fundación de la primera logia de la que tenemos constancia documental, hasta 1936. Hubo otros talleres establecidos con anterioridad en Tánger pero es difícil estudiar dicha década porque apenas han quedado sus menciones nominativas. En cualquier caso, se trata de una diacronía extensa que incluyó numerosos cambios político-sociales en España y en Marruecos, cambios que determinaron el desarrollo y las características de las logias y de sus componentes, por lo que consideré necesario dividir su trayectoria en 4 etapas. Además, la propia estructura e historia interna de los talleres exigía tal diferenciación. Era más inteligible para el análisis histórico y para hacer, en mi opinión, una interpretación más óptima y más cercana a la realidad y a sus protagonistas.

La primera etapa comienza con la primera logia en 1881 y abarcaría hasta aproximadamente 1900, dada la crisis que se cernió sobre España y sobre la propia masonería española. La segunda incluye el periodo de expansión hacia la zona francesa, pues la primera se circunscribía, al final, exclusivamente a Tánger. Un proceso que dura hasta 1923, momento en el que empieza la tercera, con la conversión del Gran Oriente Español en una obediencia federativa, la aparición de la Gran Logia Española en el escenario nacional y la ocupación masónica de la zona de influencia española. La cuarta etapa está dedicada exclusivamente al periodo republicano que, por motivos evidentes, presenta características muy diferentes. Además, será el momento álgido de la masonería hispano-marroquí en el protectorado, por su posicionamiento político, porque será el momento en que mayor número de componentes observe, incluido musulmanes marroquíes, y por los numerosos proyectos e iniciativas cívico-educativas que propondrá”.

- Masonería española en Marruecos. ¿Podría citar a algún miembro con cierta importancia?

“Es una pregunta complicada porque no fue una masonería de personalidades conocidas en el ámbito nacional, salvo algún caso y dependiendo de la etapa de la que estemos hablando. En los orígenes, podríamos decir que el militar Julio Cervera Baviera, uno de sus primeros promotores hasta su partida a Valencia, de donde era originario, fue el componente con mayor renombre: miembro de la legación de España en Tánger y posteriormente diputado en Cortes, su protagonismo se debe en parte a los enfrentamientos que había tenido con José María Lerchundi, el célebre fraile franciscano y con el sultán Hassan II, con quien este último gozaba de buenas relaciones. Y en parte también, porque fue quien impulsó la constitución del Gran Oriente de Marruecos, una obediencia propia, jurídica y geográficamente autónoma en 1890, mucho antes del establecimiento del protectorado (que fue en 1912 oficialmente) y de la mano de numerosos marroquíes, especialmente judíos, pero también musulmanes, algunos de ellos traductores personales, unas figuras importantísimas a nivel lingüístico y político.

Pero también hubo otras personalidades que, en el ámbito colonial-marroquí y en la masonería española, tuvieron bastante renombre. Por ejemplo, el médico sefardí Samuel M. Güitta, el comerciante del mismo origen, Marcos Toledano, dos de los judíos con mayor peso dentro del Gran Oriente Español. A partir de los años 30, los españoles volverán a ganar protagonismo y contamos con Bartolomé Pajares Durán el delegado de la GLE en Marruecos, una personalidad autoritaria y bastante carismática que contaba con excelentes relaciones en España y en Latinoamérica. Junto a ellos, el exmilitar y jefe de policía de Tetuán Cristóbal de Lora; el cónsul Emilio Zapico; el abogado José Alberola Feced; José González Deleito, uno de los primeros exploradores del Sáhara Occidental, todos ellos protagonistas de la masonería republicana por diferentes motivos.

En la parte marroquí, también se cuenta con notables personajes, miembros del incipiente nacionalismo marroquí, como Abdeselam Bennuna y Abdeljalak Torres. Sin embargo, su participación en la masonería, más que nada instrumentalizada en favor de la causa emancipadora, ha sido y es un inconveniente para el discurso nacionalista del país porque, en cierto modo, supuso una actitud “colaboracionista”.

Por último, si nos ceñimos al periodo de la guerra, además de muchos de los nombrados, que fueron asesinados por su militancia política y por su condición masónica, podríamos nombrar al intérprete José Cerdeira, Manuel Hurtado de Mendoza, etc”.

- ¿Cuál cree que era el proyecto de la masonería española en Marruecos?

“Digamos que en cualquier análisis histórico siempre hay una tensión entre los intereses individuales y colectivos. Hasta qué punto influyeron unos más que otros es difícil saberlo sin contar con escritos personales, no siempre existentes. Las fuentes utilizadas, en este sentido, además de las masónicas, incluyeron en algunos casos correspondencia privada, algunas notas, que son bastante útiles para determinar los verdaderos móviles de las personas estudiadas, porque al final los documentos oficiales, sean masónicos o no, se escriben con unas intenciones concretas, bien estudiadas y a veces con demasiada condescendencia. Las cartas personales, en las que este cariz se diluye algo más, muestran otras variables importantes, son más directas (dependiendo del receptor) y esconden los deseos, las decepciones o los enfados de sus autores. Por esta razón se puede hablar de dos proyectos, uno homogéneo, de la masonería hispano-marroquí en cuanto a institución y, otro, en función de los individuos que participaron en ella. En el primer caso, la masonería trató de mejorar la situación sociocultural y cívico-educativa de Marruecos, favoreciendo la convivencia pluricultural y pluri-religiosa, elaborando proyectos educativos o publicaciones (monográficos, revistas, opúsculos). Se hicieron también muchas celebraciones y eventos con charlas, banquetes y bailes, para recaudar fondos o con fines formativos. Se becó a estudiantes con escasos recursos y otras tantas labores de beneficencia. Sin embargo, este proyecto, ideal y utópico en sí mismo, se sustentaba en las propias bases del canon colonial africanista, que básicamente pretendía “civilizar al indígena”, al marroquí musulmán especialmente, fuese árabe o bereber, y que eran percibidos desde las tesis evolucionistas y raciales del momento.

En el segundo proyecto, que incluye las motivaciones personales de los individuos que integraron esta masonería, las logias funcionaron como grupos de cohesión ideológica, de presión política en algunos casos y, lo más frecuente, como un medio para obtener diferentes intereses particulares o comunitarios (en este caso nos referimos a los intereses de la comunidad judía, musulmana o de diferentes grupos de la colonia española). En otros contextos como Canarias, la masonería actuó también como trampolín para adentrar a sus partícipes en la élite local. En Marruecos no fue de este modo. Más bien se constituyó como un espacio alternativo para diferentes individuos que no siempre tenían un papel significativo en la administración regional. Y al no existir otros espacios en la colonia en los que compartir semejanzas ideológicas, o en detrimento de redes interpersonales al ser espacios en construcción (al menos para la colonia española), las logias funcionaron como centros de convivencia, de apoyo mutuo para fortalecer redes laborales, para interceder ante problemas personales o comunitarios. De hecho, en cuanto la masonería no cumplía las expectativas o las ideas preconcebidas de sus integrantes, algunos de ellos abandonaban sus filas.

De todos modos, y pese a este exacerbado utilitarismo (también observado en los componentes judíos y musulmanes), “la alta misión masónica”, como la llamaban, es decir, el proyecto colonial ideal que establecieron para Marruecos, fue uno de los pocos realmente inclusivos de todo el sistema colonial español”.

- ¿Hubo un periodo especialmente difícil de estudiar por la escasez de fuentes?

“Diría que los más difíciles, además de los años relativos al siglo XIX, de los que se conservan pocos legajos, son los periodos relativos a las dos dictaduras españolas del siglo XX, fundamentalmente por la guerra civil, o al menos fue su causa. Una vez sucede el levantamiento muchos expedientes de logias y otros personales se destruyeron o quemaron, a veces por las propias familias de las víctimas. El caso más ilustrativo ha sido el de las logias españolas implantadas en la zona francesa y en la ciudad internacional de Tánger, ambas ajenas a priori al transcurso de la guerra, por lo que sus integrantes tuvieron más tiempo para hacer desaparecer la documentación y apenas queda nada. Tampoco pude encontrar información en los archivos franceses ya que el régimen de Vichy produjo el mismo pánico en la masonería gala establecida en Marruecos. De todos modos, mi principal objetivo fue construir un paisaje histórico más o menos completo a pesar de las ausencias documentales”.

- Fuentes consultadas y bibliografía

Mi tesis doctoral es más una tesis de fuentes que de bibliografía. Primero porque se ha escrito poco sobre el tema y, segundo, porque la documentación apenas era conocida. Ese ha sido mi papel también, darle luz y ofrecer a otros investigadores la posibilidad de conocerlas y tenerlas en cuenta. Además, las fuentes masónicas conservadas sobre este tema son muy abundantes, fundamentalmente las que se sitúan en el Centro de la Memoria Histórica de Salamanca; aunque también el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares y otros regionales o municipales como el Archivo Intermedio Militar de Ceuta cuentan con fondos imprescindibles. Los archivos franceses presentan menos posibilidades, al menos para el estudio de la masonería española. En cambio, para estudiar la situación colonial de España en Marruecos se trata de archivos poco explorados y que tienen bastante que decir, al igual que la Biblioteca General de Tetuán, cuya hemeroteca es bastante amplia y suculenta.
De todos modos, lo que quisiera destacar de la documentación masónica es que presenta una información heterogénea muy útil para cualquier estudio, no solo para la masonería en sí. Los expedientes personales, que incluyen la correspondencia privada y numerosos ensayos de sus partícipes, son un regalo para los historiadores. Se debería acabar con ese cierto ostracismo al que nos relegan otros colegas, situando a la historiografía de la masonería en un lugar subordinado respecto a otros tipos de historia.

- Próximo trabajo

“Tengo previstos varios trabajos que incluyen la analogía de las masonerías implantadas en países arabo-islámicos durante los siglos XIX y XX, pero en este momento estoy centrada en la publicación del último volumen de mi tesis que abarca la masonería hispano-marroquí durante la II República. También estoy preparando una charla (y su publicación posterior) sobre una expedición al Sáhara Occidental durante los años 30 por parte de un masón militar llamado José González Deleito. Se impartirá en un curso de verano sobre el Sáhara organizado por la UNED en Ceuta. Aprovecho este espacio para invitarles a participar, sobre todo teniendo en cuenta la situación política actual respecto a las relaciones hispano-marroquíes y el Frente Polisario. Será una buena oportunidad para tener una visión de conjunto del problema y para contextualizarlo de la mano de especialistas e historiadores de diferentes lados, no solo españoles”.

Saludos, lo que está arriba está abajo, desde este lado del ordenador

A orillas del Guiniguada una novela de Juan José Mendoza

Lunes, Mayo 31st, 2021

“¿Cómo sentaría esta carta al capitán general? Sin duda, habría un rechazo a la injerencia de Pildain, que se sumaba a toda su actividad en defensa de los presos y los condenados a muerte. El obispo sembraba desconfianza y parecía confirmar que los voceros de la Falange que había reiterado las reticencias de Franco para nombrarlo comenzaban a tener razón: el héroe enviado por la Santa Sede para rehacer la espiritualidad quebrada de las islas era en realidad un disidente con sotana”.

(A orillas del Guiniguada, Juan José Mendoza, Mercurio editorial, 2021)

Mientras unos pocos pierden el tiempo reflexionando sobre si existe o no la literatura canaria o si realmente existe una literatura canaria, la mayoría de los escritores residentes o no de las islas se mantienen al margen de este debate bizantino con el único escudo que tienen para protegerse de un asunto que, como el Guadiana, reaparece episódicamente. No obstante, y la creencia comienza a extenderse, desde que los escritores y escritoras nacidos o residentes en Canarias comenzaron a cultivar los géneros sin miedo a devaluar la calidad intelectual de sus obras, la literatura que se escribe aquí ya no tiene excusa para esconder la cabeza lamentando que compite en inferioridad de condiciones con las que se escriben en otras tierras de España.

En todo caso, y gracias precisamente a su apuesta por los géneros, los autores de aquí pueden mirar directamente a los ojos otras literaturas ya que si algo bueno ha tenido sumarse a corrientes como la ciencia ficción, la literatura romántica y erótica, la negra y policial, es que en todos estos palos y otros más, el nivel ha sido el suficiente para que algunos de estos escritores y sus obras sean reconocidos no solo en su tierra sino también fuera de ellas.

Viene todo esto a cuenta de A orillas del Guiniguada, una novela de Juan José Mendoza, que resultó accésit del Premio Internacional de Novela Benito Pérez Galdós 2020 y obra de género, género histórico, que reconstruye, un poco al modo en como Orson Welles retrata a Kane en Ciudadano Kane, la vida y la obra del sacerdote y teólogo vasco Antonio Pildain, a través de la mirada de hombres y mujeres que lo conocieron.

Obispo de la Diócesis de Canarias y personaje clave para entender las relaciones entre la Iglesia católica y el gobierno franquista entre 1936-1966, su pontificado que sigue siendo el más largo de la historia de esta Diócesis, estuvo marcado por la polémica, sobre todo los años de la Guerra Civil y la postguerra.

En este libro, Juan José Mendoza reconstruye con esmero algunos de los momento que definieron la carrera del Obispo cuando estuvo al frente de la Diócesis y revela el carácter de un hombre profundamente religioso pero también contradictorio.

El escritor apuesta para contar este relato con las voces de algunos de los hombres y mujeres (reales e imaginarios) que lo conocieron y talla para dar forma con la habilidad de un orfebre la personalidad de un hombre tenaz. El escritor no rehuye aproximar al lector a otros momentos de la vida de Pildain, como su infancia y juventud. Estos fragmentos dan consistencia y sustancia al personaje, por lo que este retrato de un hombre de fe es completo.

La novela cuenta como al Obispo no le gustaba Galdós porque le parecía un comecuras pero tuvo el coraje de no recibir al mismísimo Francisco Franco cuando visitó la isla siendo ya dictador. Pildain tampoco se calló la boca cuando tuvo que denunciar las penosas condiciones de vida en las que los militares y las organizaciones políticas de derechas trataban a los presos políticos republicanos durante los primeros años de la Guerra Civil.

El texto presenta testimonios en primera persona de gente que lo conocieron, también reproduce documentos y cartas y un diálogo imaginario entre el mismo Pildain y Benito Pérez Galdós, un escritor por el que no sintió especial querencia. Esta conversación se trata de uno de los capítulos, a mi juicio, más interesantes del libro no solo por su capacidad de envolver al lector sino por presentar a su protagonista despojado de su autoridad eclesial para mostrarlo en toda su pequeña grandeza como ser humano. Las frases que cruza con el escritor que mostró cómo amaba y sufría el Madrid de finales del XIX resultan llamativamente instructivas y revela a un escritor que conoce y por eso se maneja tan bien, la vida y obra de Pildain como la de Benito Pérez Galdós.

Se trata en definitiva de un libro que invita a viajar por la Historia y que nos aproxima a periodos muy tristes del archipiélago como fue la Guerra Civil, que en Canarias consistió básicamente en la represión brutal de los detenidos por sus ideas republicanas y de izquierdas.

El libro repasa además la historia de la capital grancanaria, también de la isla, durante aquellos años y recuerda que parte de la misión episcopal de Pildain coincidió con la del obispo de la Diócesis Nivariense, Domingo Pérez Cáceres, consagrado prelado en 1947 y uno de los grandes impulsores por recuperar la fiesta de los carnavales (con el nombre de fiestas de invierno) en la capital tinerfeña y la Romería de San Benito Abad en La Laguna.

Saludos, lo imprevisto, desde este lado del ordenador