Archive for the ‘Libros’ Category

Castilla también existe

Lunes, Mayo 24th, 2021

“No debe extrañar que cada vez más el grito al que se defiende la obra política de las Comunidades sea el de libertad. La primera, de la que surge el movimiento, es la de no verse sometidos a gravámenes odiosos para sostener los caprichos, errores y dispendios del césar. A partir de esa libertad, de índole fiscal, vienen todas las otras: la de no estar sujetos al abuso de los grandes señores, la de determinar a través de los representantes del pueblo la voluntad del reino. A ellas invitan los comuneros a los castellanos y en su nombre defienden el derecho a enfrentarse con las armas a aquellos que sostienen la servidumbre y los privilegios, en cuyos brazos se ha arrojado ya el emperador”.

(Castellano, Lorenzo Silva. Colección Áncora y Delfín, ediciones Destino 2021)

Reflejo de la situación que está viviendo España, herida de gravedad por la Covid-19, la caída en picado de la economía, un gobierno incapaz no ya de dar sino de proponer soluciones y unos nacionalismos regionales cada días más agresivos en sus reivindicaciones materiales y espirituales, se están publicando en las últimas semanas como reacción ante estos fenómenos una serie de libros que reivindican sin timidez a la capital de España y las dos Castillas que funcionan más que como novelas, como soportes teóricos e intelectuales de una idea ajena a la descomposición de un modelo de Estado y de país.

La publicación de volúmenes como Madrid, de Andrés Trapiello, un apasionado y muy sentido homenaje a la capital de España pero que no aporta demasiadas cosas nuevas y, más recientemente, de Castellano, de Lorenzo Silva, obliga a una reflexión sobre el por qué de la publicación de unos libros que, a su modo y manera, defienden unas identidades de ciudades y comunidades autónomas en las que el discurso localista comienza a ganar espacio. El asunto debe resultar rentable porque cada vez más se editan obras con estas características, también otras muchas sobre España en su conjunto, textos que proponen una nueva y orgullosa interpretación de este país. Se cuestiona ahora la leyenda negra (a la que se acusa de propaganda de los enemigos de España), se reivindica su pasado militar y salen a la luz nombres de soldados y marinos que hasta el día de ayer casi nadie conocía.

Esta explosión de orgullo nacional y de orgullos nacionalistas se vio de manera palpable en las elecciones a la Comunidad de Madrid. Proceso electoral que estuvo marcado no solo por el insulto contra el contrincante sino también por una defensa de lo que es ser madrileño. Un espécimen que para unos es una u otra cosa.

Ya comentaremos en otra ocasión nuestra opinión de Madrid, de Trapiello. O mejor de su Madrid. Hoy toca centrarnos en Castellano, que es el libro que ha escrito Lorenzo Silva para recordarnos que tras la muerte de los Reyes Católicos, la enajenación de la reina Juana y la posterior llegada del aún joven rey Carlos I, gran parte de Castilla se levantó en armas cuando entendió que el nuevo monarca no velaba ni protegía sus intereses. Esta revuelta fue un maldito dolor de cabeza para el rey ya que se trató de un levantamiento popular cuyas lecturas continúan siendo contradictorias.

Castellano no está escrito como una novela histórica porque, como explica su autor “prefiero entresacar de sus peripecias lo que más me conmueve, dejando que sean quienes deben,los historiadores, y con los medios que procede emplear, la documentación y su crítica científica y fundada, los que perfilen el atestado que de ellos debe guardarse, sin que las frívolas ocurrencias de un armador de ficciones traten de suplantarlo”. Trata además de poner en limpio “ideas que me acompañan desde hace años, y que empezaron a acuciarme de una manera imprevista cuando, siendo yo forastero en tierra ajena, aunque no del todo, empecé a percibir en mi mismo esa identidad que nunca había tenido presente”.

¿Quiere Castellano recordar a castellanos y españoles que Castilla es una tierra con señas de identidad tan propias como las del resto de comunidades que forman este país? Leyendo el libro se concluye que sí, y que incluso por defenderlas costó la muerte de muchos de sus vecinos. En el caso de este libro, los partidarios de Padilla, Bravo y Maldonado.

Sin ser novela ni ensayo sino más bien reportaje, Castellano cuenta paralelamente el laborioso proceso que hizo Lorenzo Silva para documentarse sobre este momento de la historia de Castilla y de una España que entonces no existía. Es decir, el relato del declive de un reino que dio paso a un imperio.

El objetivo del escritor funciona, y así lo destaca, como una catarsis al mismo tiempo que pretende que la obra haga entender que pese a que “Castilla y los castellanos han sido vistos como abusivos dominadores” la realidad es otra ya que perdió “su alma” el día que los rebeldes resultaron aplastados por las tropas de Carlos I. Desde entonces, Castilla “ha languidecido en tierras empobrecidas, ciudades despobladas y pendones descoloridos”.

Si un problema tiene Castellano, y cuya gravedad debe juzgar aquel que se enfrente a sus páginas, es que no termina de ser ni un libro de historia ni una novela. Siquiera un ensayo. Todo en él es un híbrido.

No es novela, aunque se diga que sí lo es pero sin serlo. Tampoco un ensayo. Podría, en todo caso, entenderse como se ha dicho un amplio reportaje sobre un tiempo ya pasado que cuenta con añadidos en tiempo presente en los que Lorenzo Silva es quien sirve de hilo conductor entre pasado y presente. Narra con la agilidad que lo caracteriza un momento de la Historia de España y avisa por dónde irá el imperio de Carlos I y la realidad de un país con identidad tan objetivamente anárquica.

Entiendo que entre los fines de Castellano está el de hacer entender que Castilla también existe y que posee señas de identidad propias como el resto de los pueblos de España. Eso sin olvidar que su Historia, como la de otros pueblo, tiene sus héroes y traidores.

Saludos, Castilla también existe, desde este lado del ordenador

Devórame otra vez

Sábado, Mayo 22nd, 2021

Lo lamento por los cursis pero los cuentos y las novelas de Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 22 de mayo de 1859-Crowborough, 7 de julio de 1930) se devoran más que se leen porque, efectivamente, uno cuando las lee más que leer lo que hace es masticarlas primero, procesarlas después y, por último, que se quede con ganas de devorar otro libro de Conan Doyle.

Dejó una obra escrita más que suficiente para satisfacer todo tipo de estómagos por muy exigentes que estos sean, así que devorar es el verbo adecuado para describir mis impresiones sobre la obra de un autor al que, prácticamente, he devorado desde mi más tierna infancia, mi adolescencia furiosa, mis intentos de juventud rebelde y una madurez que no termina por traicionar el espíritu de Peter Pan, una criatura que como todo el mundo sabe, aunque no sé los cursis, no es una creación de Arthur Conan Doyle.

Escritor de series, a él le debemos Sherlock Holmes y su doctor Watson que pasan los años y los siglos y siguen disfrutando de inmejorable salud, a mi sin embargo siempre me gustaron más las novelas que dedicó al profesor Challenger como al brigadier Gerard, ese soldado que “tiene la cabeza muy dura” como lo reconoce el mismísimo Napoleón Bonaparte en la primera entrega de lo que sería una trilogía.

Devoré (otra vez con el verbo) muchas de sus otras novelas y disfruté no hace mucho con un relectura de La tragedia del Korosko porque sigo pensando que es una de las grandes novelas de aventuras de un escritor que estuvo dotado para el género como otros muchos compañeros de generación. Y sí, en estos textos, inyecta algo, no demasiado, de lo grande que fue el imperio británico. Grande por extensión y según lo que escribe –sin excesiva épica sino más bien un curioso sentido de la ironía que debe traducirse a veces como de humor– de lo que un grupo de británicos puede hacer si se encuentran en territorio hostil.

Dotado para la novela como para el cuento (en la noche de los tiempo Nosotromo reunió sus relatos según oficios o géneros: de boxeo, de médicos, de militares, de terror, de aventuras…) si hay una novela entre las muchas novelas que he devorado del escritor se encuentra El mundo perdido que quizá no sea de lo mejor que salió de su cabeza pero sí que se trata de un libro de los que me marcó después de haberlo leído y releído en varias ocasiones. En ella el profesor Challenger va en busca de criaturas antediluvianas en compañía de un excéntrico grupo de secundarios que volverían a aparecer en otras historias del escritor como en la fallida pero muy reveladora La tierra de la niebla ya que en ella vuelca sus creencias en lo sobrenatural porque como saben unos y ahora sabrán otros, Conan Doyle creía en el más allá y en las hadas y otros seres invisibles que, según él, poblaban la campiña inglesa.

No vamos a recordar su personaje más famoso porque de él se ha escrito hasta la saciedad y Holmes es un investigador que no deja de aparecer en cine y televisión porque como se dijo más arriba para el caballero que reside en Baker Street no pasa el tiempo aunque Arthur Conan Doyle se cansara de su popularidad y de que sus lectores devoradores le exigiera que lo resucitase cuando, presuntamente, lo arrojó al abismo en una pelea con su mejor enemigo, el doctor Moriarty.

Lo bueno, porque un escritor como Conan Doyle no tiene, y si lo tiene es escaso, malo, es que no solo vivió del éxito del sagaz investigador pese a que fuera su criatura más popular sino de otras novelas y cuentos donde los engranajes están perfectamente dispuestos. Se movió además muy bien en géneros como la aventura, lo fantástico y el policíaco, entre otros. Y cultivó el ensayo más con ánimo periodístico que reflexivo.

Probablemente una de las razones de que su literatura todavía me siga haciendo tan feliz no es solo por la capacidad que tuvo y que tiene de abstraerme de la triste realidad que nos envuelve sino porque se trata de un escritor que, como dijo en cierta ocasión se preocupaba por evitar “ver” con el fin de “observar”. Y demasiados son ya los que escriben con buena vista sí, pero ciegos en cuanto a interpretar lo que observan. Y ahí, precisamente, ahí, en la cualidad de observar es donde se distingue un escritor cuya obra, no me cansaré de repetir pese al acoso de los cursis, se devora y no se lee.

Saludos, elemental, tan elemental como…, desde este lado del ordenador

Una revista para recordar a (don) Domingo Pérez Minik

Viernes, Mayo 21st, 2021

“Sobre la poesía, los canarios han andado con facilidad, con la misma audacia que sus emigrantes han navegado por todos los mares del mundo. Poeta y emigrante, nuestro insular es ese hombre que cuando se queda a solas, canta. Pero este canto no le resiste mucho tiempo y, pronto, sobre el vehículo circundante de su geografía pone un puente de plata y con buen fresco emigra, llevándose a las islas en su corazón”.
(La condición humana del insular, Domingo Pérez Minik)

El 24 de mayo el crítico y escritor Domingo Pérez Minik (Santa Cruz de Tenerife, 1903 – 1989 ) habría celebrado su 118 aniversario. Aprovechando esta conmemoración el Observatorio Cultural Domingo Pérez Minik, una entidad cultural sin ánimo de lucro destinada al fomento de la cultura, el apoyo a la creación y a la divulgación de las artes, prepara una edición especial que se presentará al día siguiente, martes 25 de mayo, en TEA Tenerife Espacio de las Artes.

Se trata de un volumen colectivo que quiere rendir tributo “a la figura histórica de Pérez Minik” por lo que los artículos serán testimonios personales de los amigos y colaboradores que conocieron al autor de La condición humana del insular o La facción española surrealista de Tenerife, este último libro quizá el más conocido del ensayista y crítico tinerfeño.

El Observatorio Cultural Domingo Pérez Minik nació hace unos pocos meses con los objetivos arriba señaladas. Su primera acción fue la de recoger firmas para cambiar el nombre de la calle donde residió el dramaturgo y ensayista, la del Perdón, nº7 en Santa Cruz de Tenerife, por el suyo propio.

Domingo Pérez Minik fue junto a un amplio grupo de poetas y escritores uno de los fundadores de la revista Gaceta de Arte, proyecto cultural que procuró mirar hacia el futuro en unas islas donde generalmente se prefiere mirar más hacia el pasado.

Domingo Pérez Minik recibió a lo largo de su vida numerosas distinciones (la Medalla de Oro de Bellas Artes y el Premio Nacional de Teatro, entre otras) y en torno a su figura se reunieron en los años 60 y 70 jóvenes estudiantes y aspirantes a artistas que mantuvieron animadas tertulias en la casa de “don Domingo” Pérez Minik.

El Observatorio destaca en una carta que “su residencia en esta calle supuso el germen de toda su aportación a la cultura de Santa Cruz” y recuerda que en este mismo barrio residieron otros miembros de Gaceta de Arte como Eduardo Westerdahl, “al igual que otras personalidades fundamentales en el quehacer cultural de la época, como el poeta Pedro García Cabrera. Allí crean Gaceta de Arte (1932-1936), una de las más sobresalientes revistas artísticas de la Literatura Española del siglo XX, tanto por su alto nivel intelectual como por la enriquecedora y múltiple disparidad de campos que abarcó”.

El Observatorio lamenta que “hasta el momento Santa Cruz de Tenerife no haya otorgado una calle a uno de sus más ilustres cronistas, Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Laguna y uno de los ensayistas más prolíficos sobre el teatro y la novela europea contemporánea”.

Esta iniciativa cuenta de momento con la adhesión de la Asociación de Periodistas de Tenerife (APT) y quizá sea el momento para que la capital tinerfeña tome conciencia y recuerde en su callejero a sus artistas e intelectuales. Nombres que no aparecen demasiado en sus calles y menos en sus plazas y avenidas aunque una calle entre el barrio de La Salud y el del Perús así como una plaza en el barrio de Los Gladiolos llevan el nombre de los miembros de Gaceta de Arte Eduardo Westerdhal y Domingo López Torres, respectivamente.

Como ensayista, la actividad de Domingo Pérez Minik fue muy productiva. Es autor, entre otras obras, de Antología de la Poesía Canaria (1952); Novelistas españoles de los siglos XIX y XX (1957); Teatro europeo contemporáneo (1961); Introducción a la novela inglesa actual (1968); Entrada y salida de viajeros (1969); La novela extranjera en España (1973); Facción surrealista de Tenerife (1975) e Isla y literatura (1988).

En su faceta como intelectual algunas fuentes coinciden en señalarlo como una de las personalidades más relevantes en la crítica literaria del siglo XX español y cabe recordar que junto con Eduardo Westerdahl y Pedro García Cabrera participó en la creación y mantenimiento del suplemento Gaceta Semanal de las Artes (1958-65) del periódico La Tarde además de colaborar en diversas publicaciones nacionales como internacionales como Triunfo, Revista de Occidente, Primer Acto, Cuadernos para el diálogo y Cuadernos Hispanoamericanos. Fue también colaborador habitual de los periódicos tinerfeños La Prensa, La Tarde y El Día, utilizando varios seudónimos como los de Enrique Arona y E.A.

Su biblioteca y archivo se donaron a la Biblioteca Pública del Estado de Santa Cruz de Tenerife y consta de 5.600 monografías, 1.183 cartas, 167 títulos de revistas, 300 fotografías y documentos sueltos.

El Observatorio Cultural Domingo Pérez Minik está presidido por Esther Ropón y son miembros de su junta directiva Lucía Suárez, Nieves Duque, Juan Cruz Ruiz, Elena García, Helena Berthelius, Sergio Díaz Ropero, Claudia Esquivel, Alberto Lemus y Lola Camprubí.

NOTA FINAL:

Antes de despedirnos nos hacemos eco de la presentación en facsímil de la revista Índice, que reúne los dos números de la publicación que editó en su día el poeta Domingo López Torres, cuyo cuerpo fue arrojado al mar en febrero de 1937 por orden del ejército rebelde. Lo curioso del caso es que desde este su blog ya nos hicimos eco de la aparición del segundo número de Índice así como de de la publicación de una revista dedicada a Pérez Minik en las páginas de El Perseguidor, que publica los domingos Diario de Avisos.

No nos gustan los aplausos pero pensamos que teníamos que reaccionar ante la ventolera guerracivilista en las que se han visto envueltos los dos Domingos de nuestra literatura (López Torres y Pérez Minik). Un debate en el que si ha brillado por su ausencia algo ha sido su nivel intelectual en favor de un matonismo que ha sacado a relucir lo peor de los “progres” de derechas e izquierdas que participaron en esta polémica (a rebosar de exabruptos) que dan ganas, la verdad, de vomitar.

Saludos, en fin, mañana será otro día, desde este lado del ordenador

Recuperar a Pedro Víctor Debrigode

Miércoles, Mayo 19th, 2021

La Asociación Cultural Hispanoamericana Amigos del Bolsilibro dedica su último recopilatorio a las cinco novela que Pedro Víctor Debrigode Dugi (Barcelona, 1914-La Orotava, 1982) dedicó a Víctor Vital, investigador de la policía de París y que publicó bajo el pseudónimo de Peter Debry.

Considerado uno de los grandes autores de la novela popular española, a él se deben creaciones como El pirata negro, Diego Montes y El Halcón, entre otras, Debrigode que firmó a lo largo de su carrera con numerosos pseudónimos es autor además de una excelente novela sobre la Guerra Civil que se publicó hace unos años en dos volúmenes con el nombre de Luchar por algo digno. En el primero relata el alzamiento del ejército rebelde en Santa Cruz de Tenerife, donde el escritor presta servicio militar en las Milicias Universitarias y el segund en la península donde el protagonista (el mismo Debrigode) combate del lado de los nacionales en el frente hasta que es acusado de espiar para la II República. Recluido en un centro penitenciario, será allíí donde descubra su talento para escribir historias de aventuras.

El recopilatorio reúne las novelitas Pánico en la Costa Azul,Triple asesinato en el frontón, Doble asesinato en los estudios, El misterio de los cinco asesinos y Arsénico y estilete, obras que ponen de manifiesto la capacidad del autor para innovar en un género tan poco proclive a experimentos como la novela popular y de kiosco en España.

El volumen Las aventuras del inspector Víctor Vital cuenta un prólogo de Joan Manuel Soldevilla Albertí e ilustraciones de Ismael Pascual (portada) y Charlyj, Juan C. Martínez Valcárcel (contraportada e interiores).

En el panel de socios de honor de la Asociación se encuentran Juan Gallardo Muñoz y Ángel Torres Quesada (2016); Antonio Vera Ramírez y José Luis Bernabéu López (2017); José López García, Pablo Di Masso Sabolo, Carlos Miguel Martínez y Enrique Sánchez Pascual (2018); Miguel Mª Astraín Bada, Pedro Domingo Mutiñó; Luis Vigil García y Juan Mora Gutiérrez (2019); José León Domínguez, José María Lliró Olivé y Antonio Ferri Abellán) y Pedro Víctor Debrigode Dugi (2021). Mercedes Gallardo Asensio es Madrina de Honor.

Chinatown es más que una película

Martes, Mayo 18th, 2021

“Para Evans (Chinatown), suponía algo más que la luz de la luna, la brisa marina y el fulgor verdoso visible desde la mansión de Gatsby al otro lado de la bahía; no era una fantasía, sino la prueba palpable de un sueño hecho realidad, la singular y estremecedora puerta de entrada a un placer inconmesurable, la promesa que la imaginación concede a lo mundano y el cauce montañoso por el que la belleza y la bondad fluyen, contra todo pronóstico y probabilidad, hasta derramarse por el mundo en forma de arte”.

(El gran adiós. Chinatown y el ocaso del viejo Hollywood. Sam Wasson. Traducción: Óscar Palmer Yáñez. Es Pop Ediciones, 2021)

La historia de la gestación, rodaje y estreno de Chinatown es lo que narra El gran adiós, de Sam Wasson, un libro de cine para aficionados al cine que sigue la senda abierta por Peter Biskind en Moteros tranquilos, toros salvajes y Sexo, mentiras y Hollywood, es decir, mostrar todo lo que hubo detrás de una gran película como es el filme de Roman Polanski o las interioridades de la industria en los años 70 y 80, que es lo que hace Biskind.

Los protagonistas de El gran adiós son además del director Roman Polanski, su productor, Robert Evans, y el guionista Robert Towne, así como el actor protagonista: Jack Nicholson. Sin ellos, Chinatown no sería el clásico que es desde que se estrenó en cines. Clásico que derramó durante el parto toneladas de sangre, sudor y lágrimas.

Como película y así lo defiende Sam Wasson, Chinatown es un estado mental pero también más cosas como la crónica de una gran amistad y “el ocaso del viejo Hollywood”, que es el subtitulo que han escogido los editores de Es Pop Ediciones para su circulación en español. También el encuentro de un grupo de gente que hizo posible la materialización de un sueño, sueño que fue desarrollándose en medio de la tragedia (el asesinato de Sharon Tate cuando el guión aún no había salido de la máquina del escribir), desencuentros y un actor, Jack Nicholson, que hizo todo lo posible para que este proyecto se convirtiera en los que finalmente fue: un clásico. Con lo que encierra esta palabra: estilo, elegancia y un aroma retro que desde entonces no ha dejado de ser imitado en el cine hasta la saciedad.

En el corazón del libro late Los Ángeles. De hecho, la historia explica el desarrollo de una ciudad que nació y creció bajo la sombra de la corrupción. El escritor Raymond Chandler fue uno de los primeros que observó esa combinación de tierra hermosa y malvada de L. A. a través de la mirada de un detective romántico, Philip Marlowe, al que no le tiembla el pulso cuando tiene que recurrir a la violencia para defenderse a lo largo de una investigación. El título del libro de Sam Wasson es un homenaje al creador de Phillip Marlowe y a la que probablemente sea la mejor de las novelas que Chandler le dedicó: El largo adiós. Y una amarga despedida a un modo de hacer cine. Nostalgia que se extiende a lo largo de un retrato que recorre la historia de cuatro tipos muy particulares que supieron rodearse de un equipo que estuvo a su altura. También de egos encontrados y del combate que libraron a lo largo del parto y posterior rodaje de un filme ya legendario.

Puede abrumar el número de páginas, que uno eche en falta algo más de chismorreo pero todos los iniciados que se adentren en él apreciarán la ingente documentación que ha reunido Wasson para hacer posible una milimétrica reconstrucción de un filme que se alimentó de uniones y desuniones. Lástima que estas tiranteces frustraran un proyecto que nació con la idea de ser una trilogía. Una trilogía que contara la historia de Los Ángeles desde los años 30 a los 50 a través de su protagonista, Jake Gittes (Jack Nicholson) aunque sí que se estrenó, y así se encarga de recordarlo el autor del libro, una segunda parte titulada Los dos Jakes, que escribió Towne, produjo Evans e interpretó y dirigió Nicholson, pero se trata de un filme que apenas evoca el espíritu de la original, Chinatown. Un espíritu oscuro y triste pero también adulto cuando el cine norteamericano podía permitírselo.

Sam Wasson sigue con paciencia de hormiga el rastro disperso de fuentes (orales y escritas) a las que recurrió para armar El gran adiós y rinde justicia no a una película que no hace falta defender porque se defiende por sí sola sino a un guionista que casi perdió la razón por ella. Un cineasta de origen polaco que tuvo que salir de los Estados Unidos de Norteamérica tras ser acusado de un delito desgarrador y de un productor que irrumpió en la industria como un Irving Thalberg de los años 70. La cuarta estrella fue un actor que descubrió que su hermana era su madre y al que años después los niños llamarían Joker por su trabajo en Batman. Pero sobre todo, así lo remarcan los entrevistados, un amigo de sus amigos. En esto último coinciden actores, productores, gente del cine en general en El gran adiós. Jack Nicholson no es de los que deja tirado a la gente. Lástima que lleve retirado desde 2010.

El gran adiós describe con pulso periodístico aquellos años frenéticos. Frenéticos en cuanto a producciones cinematográficas de calado y frenético por sus legendarias fiestas regadas de alcohol y drogas. Leyendo esos capítulos es inevitable que uno se pregunte si de verdad hemos avanzado en nuestras libertades o más bien retrocedido.

Chinatown es resultado de muchas coincidencias. La mayoría afortunadas y eso se refleja en la película. Es, dice Wasson, una historia que no sufre el paso del tiempo porque es original y desgarardora, dulce y corrupta como la ciudad de Los Ángeles.

Saludos, aroma retro, desde este lado del ordenador

Nicolás Melini publica Talón en Ediciones Franz

Jueves, Mayo 13th, 2021

Ediciones Franz presenta Talón , de Nicolás Melini, un conjunto de relatos cortos la mayoría breves: 17 piezas en total.

Las historias que reúne retratan las fragilidades del ser humano y buscan, dice Melini, el punto débil de las personas de este tiempo como “en nuestro imaginario, el título Talón remite inmediatamente a Aquiles, y por tanto a una falla, a un punto flaco”.

Nicolás Melini (1969) ha escrito novelas y libros de cuentos, principalmente. Sus novelas publicadas son El futbolista asesino, La sangre, la luz, el violoncelo y El estupor de los atlantes. Sus libros de cuentos son Pulsión del amigo, Ciénaga, Cuaderno de mis mayores e Historia sin cariño de Remedios Quiero Besarte. Cuentos y poemas suyos han aparecido en varios idiomas: árabe, rumano, inglés, georgiano, francés… En la actualidad suele colaborar en la revista Zenda y en Cuadernos Hispanoamericanos.

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador