Archive for the ‘Libros’ Category

Ayoze Suárez: “Uno se dedica a la cultura más por amor al arte que por otra cosa”

Martes, Mayo 11th, 2021

El nombre de Nectarina forma parte de un recuerdo que Ayoze Suárez guarda de su infancia, de la cocina de su abuela donde reinaba el aroma de este fruto. Ahora ese recuerdo y ese aroma se vinculan a una editorial que nació en 2010 con el volumen de relatos futbolísticos Riqui-Raca 1.0, inspirado en el derbi canario y en el que colaboraron 21 escritores, once por cada equipo, para medir sus fuerzas en el terreno de juego literario.

El libro, que ha terminado por convertirse en una deliciosa rareza, no tuvo sin embargo el eco que merecía por lo que Nectarina Editorial optó por dormir. Un largo sueño del que despierta en 2021 con seis títulos que firman entre otros pesos pesados de la literatura canaria Alfonso García-Ramos, Elsa López, Cecilia Domínguez Luis, Pedro Flores, Silvia Rodríguez y José Luis Correa.

- Nectarina Editorial nace en 2010 con la publicación de Riqui-Raca 1.0. Después de una década de silencio reaparece con seis libros en este 2021 en el que nos encontramos. ¿Qué le llevó a recuperar la editorial en tiempos de transformaciones tan violentas como son las actuales?

“La editorial arrancó con Riqui-Raca 1.0 sin planificación. El libro tuvo una tirada de mil ejemplares pero no obtuvo los resultados que esperaba. A ello contribuyeron una serie de compromisos que previamente acordados no cristalizaron lo que no ayudó a cubrir el peso de la edición. A efectos laborales no hubo mucho margen para repensar una nueva estrategia y tras reflexionar por donde salir con un nuevo proyecto hace unos pocos años y tras cerrar mi etapa en la librería decidí reflotar la editorial con más cabeza y sacar adelante también la parte de servicios integrales en gestión cultural que representa Gestioartem, que es la otra marca que tengo como autónomo. Me puse en contacto con autores de primera línea que son los que tenemos actualmente en catálogo y si bien es cierto que ahora salen los primeros libros, todos ellos se trabajaron, sobre todo el diseño y la maquetación, en 2020. Se ha cambiado el formato por el de bolsillo y la imagen del logotipo es nueva”.

- ¿Y cómo se plantea la editorial el futuro?

“De momento la idea es ampliar la colecciones y buscar libros que se han quedado en el limbo porque no se han vuelto a imprimir o no llegaron a publicarse”.

- El 2020 fue el año del confinamiento y este 2021 aún continúa en guerra contra la Covid-19 y no promete muchas noticias agradables en lo que a economía se refiere. ¿Por qué, en momentos tan poco propicios, da un paso al frente?

“No es el mejor momento pero nunca es el mejor momento para invertir en esta clase proyectos. La cultura tiene la rémora de no ser productiva y dedicarse a esto se hace más por amor al arte que por otra cosa pero me animó observar el crecimiento de ventas de los libros el año pasado, que fue superior a cualquier otro, así que siendo consciente que siempre es un mal momento para montar una editorial pensé ¿y por qué no? España cuenta con un número de lectores muy definido y sin apenas saltos pero continúa siendo también un país que produce excelente literatura y que cuenta con numerosas editoriales. Con este panorama está claro que no existen momentos propicios para aparecer”.

- Y se presenta con seis libros.

“El libro de cuentos de Cecilia Domínguez Luis no iba a ser publicado como Las terribles historias sino Escribir comienza por una traición. Se trataba de una colección que Cecilia me dio en 2010 y que tras hablarlo retomamos la idea de su publicación porque no se lo había dado a otra editorial. En el caso de Pedro Flores me une una gran amistad y él sabe que siempre quise publicarle algo. Marabulla, de Silvia Rodríguez, llega de ahí, de una charla con Pedro que es quien me habla de ella. Silvia Rodríguez fue en 2018 premio ex aequo en el certamen de poesía María del Villar de Tafalla. De alguna manera, el catálogo se fue maquetando y produciendo a medida que iban llegando los textos que hablaba con los autores y ése y no otro es el orden de aparición en la editorial”.

- Los seis primeros libros forman parte de una misma colección pese a que sea géneros diferentes.

“La colección Libellus es generalista, aquí entra de todo, no cuenta con un género definido. El resto de las colecciones se irán definiendo como la juvenil, que ya tiene nombres como los de Isabel Medina, Ernesto Rodríguez Abad, Pepa Aurora, Lola Suárez, y la que se llamará Thompson y cía que abarcará géneros como el de ciencia ficción, fantasía épica, aventuras. A estas colecciones se sumará la de Trasdemar, que será un poco más abierta, y que estará especializada en literaturas insulares. Otra colección que trabajamos estará capitaneada por Pedro Flores y se llamará Rumbo de colisión. Será una colección cerrada de poesía y cuenta con nombres que no puedo adelantar, nombres contrastados a nivel nacional e internacional”.

– ¿Qué próximos títulos anuncia Libellus?

“La idea es que la colección Libellus y otras vayan apareciendo, espero, no más allá de octubre. Habrá seis nuevo títulos. Cambia el de Juan Cruz, que en un principio planeamos que fuera El sueño de Oslo por Crónica de la nada hecha pedazos ya que en 2021 cumple 50 años de haber obtenido el Premio de Novela Benito Pérez Armas y fue un título que señaló el punto de partida de aquellos narradores que comenzaron a surgir prácticamente en los 70, todos ellos vinculados también a este premio. Otra de las novedades es Por mil millones de dólares, de Alberto Vázquez Figueroa; Óscar & Óscar, de Balbina Rivero; Cinco mil años de Ernesto Delgado Baudet, que es una novela inédita y póstuma y Rarefacta y Juan Latino de Tina Suárez y José Vicente Pascual, respectivamente”.

- Otra de las características de la editorial es el rescate de textos olvidados e inéditos…

“Sí, sí. Gracias a la ayuda de la familia de Eugenio Millet y de Coriolano González Montañez trabajamos en la publicación de Aves del paraíso y esperamos hacer lo mismo con La ciudad tiene otra cara de Luis Gálvez Monreal, novela que recibió el primer premio Benito Pérez Armas en 1955. El fin es que la colección Libellus destaque por su calidad y sirva también para rescatar a todos estos autores”.

- Una curiosidad, ¿se publicará un Riqui-Raca 2.0?

“Es una idea que está ahí. Se me han ocurrido nuevos autores que podrían colaborar en un nuevo libro aunque el formato se adaptará ahora al de bolsillo y constará de unos once o dieciséis relatos. El primer Riqui-Raca se planteó como un derbi literario entre el C.D. Tenerife-U.D. Las Palmas, pero creo que es importante darle presencia al fútbol que está fuera de lo profesional. Otra opción sería la de celebrar el centenario del C.D. Tenerife en 2022 pero no sé todavía lo que haré”.

- Conoce a fondo el mundo de la cultura en las islas, ¿cómo observa al sector?

“Las editoriales hacen lo que pueden. Unas pocas son grandes por el volumen de títulos y el peso específico que mantienen pero muchas otras son independientes y hacen lo que pueden. Las editoriales canarias lo tienen muy difícil en el sentido de la distribución, que resulta muy costosa y peor es colocar los libros en el mercado peninsular. Creo que debería de haber algún tipo de intervención para aliviar este sobrecoste. Las distribuidoras en la península suelen estar en un 65 por ciento sobre el precio del libro y a eso hay que añadirle costes de producción, de derechos de autor lo que hace que por tu parte no salga a cuenta enviar los libros a península hoy por hoy y menos si se tratan de ediciones de bolsillo donde el margen de beneficios es muy escaso”.

- ¿Y entre islas?

“La distribución suele estar sobre el 50 por ciento aunque en mi caso intento hacerla directa. Evidentemente estamos más representados en las librerías de Tenerife (Masilva, El libro en blanco, Librería de Mujeres, Lemus, El Águila, entre otras) pero también estamos en Las Palmas de Gran Canarias (Canaima y la Librería del Cabildo); La Palma, en la librería Arco Iris en Los Llanos de Aridane y Trasera en Santa Cruz de La Palma y en la librería El Puente, en Arrecife, Lanzarote. Sin las restricciones del Covid-19 sería muy diferente ya que llenaría el coche de libros y viajaría en barco a las otras las islas con el fin de dejar depósitos en todos lados. Esto te sale más barato que enviar paquetes individuales por correo a cada una de las librerías con cinco o seis libros”.

- ¿Cómo entiende la política de publicaciones de la Viceconsejería del Gobierno de Canarias?

“Creo que la idea original de la Biblioteca Básica Canaria era recuperar obras definitivas de nuestra literatura pero si comenzamos a editar textos inéditos entiendo que hay una cierta competencia –no sé si desleal– con las editoriales profesionales. Por otro lado, sería muy conveniente que las convocatorias no ya solo para ayudas a la edición se sacasen un poco antes ya que termina el primer tercio del año y solo hay dos convocatorias en marcha y lo que tarda en cerrarse, definirse y hacer público los fallos pone al sector en una situación de no poder trabajar bajo ese paraguas”.

- Conoce a fondo el universo de las librerías ¿cómo percibe este sector el libro que se edita en Canarias?

“Las librerías normalmente tienen buena acogida para la editoriales canarias salvo casos contados como las que pretenden obtener porcentajes de garantía por encima del precio habitual pero ese caso suele estar relacionados con las grandes superficies. Por norma general, las librerías agradecen tener literatura canaria en sus estanterías”.

- ¿Tiene alguna editorial de referencia?

“La editorial de referencia en los últimos años es Impedimenta. Es verdad que Impedimenta se podría relacionar con otros sellos como Anagrama aunque hacen un trabajo totalmente diferente. Las ediciones de Impedimenta son muy cuidadas y reconocibles y se basan mucho en la traducción de obras extranjeras pero su modelo es un espejo en el que mirarse”.

- ¿Hay algún libro canario en especial que le gustaría editar y que por una u otra razón no ha sido posible?

“Llegué a Teneyda por Guad, que reeditó recientemente Baile del Sol. Se me adelantaron en el buen sentido. Guad es una obra de referencia y no hay que dejar que se descatalogue. Mi idea es recuperar en el futuro Tristeza sobre un caballo blanco en edición de bolsillo, ya hemos hablado con los herederos de Alfonso García-Ramos pero de momento no se ha concretado nada”.

- ¿Es un editor que cubre todos los frentes?

“Soy un editor pejiguera. Intento hacer pensar al escritor sobre partes de la obra, si quiere hacer algún algún tipo de revisión antes de cerrar la maquetación no solo a nivel ortográfico sino tras una lectura más antenta en la que entiendo que el texto no termina de funcionar. Por mi mano pasa todo así que tengo la visión completa del libro desde cero”.

– El catálogo de Nectarina Editorial se nutre de escritores y escritoras canarios.

“Se nutre de autores canarios porque soy canario pero no es una exigencia editorial ni una cerrazón a otras literaturas. Sí que creo que hay autores canarios muy buenos que no han tenido la proyección que merecen así que la idea es que, de aquí a diez años para no pecar de optimistas, posicionemos la editorial a nivel nacional”.

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Literatura con acento canario

Ayoze Suárez piensa que existe un serio problema de autopercepción que no solo pasa en las islas sino en cualquier parte del mundo: todo lo que viene de fuera es mejor que lo de dentro. Canarias cuenta con “un nivel de literatura muy alto” que se sostiene, opina, en factores como el aislamiento “aunque ahora hay acceso a más cosas pero que en el pasado produjo voces tan propias como las de Isaac de Vega y novelas como Guad y Mararía” que cuentan con un trasfondo que no termina de separar “lo real de lo ficticio” y que configura una idiosincrasia que, según el responsable de Nectarina Editorial, “nos sigue haciendo diferente a cualquier otra que se escriba en español”.

Saludos, leyendo, siempre leyendo, desde este lado del ordenador

Saludos, a la escucha, desde este lado del ordenador

Réquiem por un escritor desconocido, un libro de Antonio Lorenzo Gómez Charlín

Lunes, Mayo 10th, 2021

“Aunque apenas llevaba un par de días en Cambados, tenía la sensación de que el pasado se había desmoronado como el decorado de una obra de teatro de una capital de provincias. Porque los hechos que no se recuerdan es como si no hubiesen sucedido. Sin embargo, tenía la esperanza de que los recuerdos que dormitaban en mi mente despertasen con una simple imagen o con un aroma. Al y al cabo, llevaba media vida escribiendo para constatar que lo que me rodeaba no un sueño”.

(Réquiem por un escritor desconocido, Antonio Lorenzo Gómez Charlín, Elsalto Editorial, 2021)

No es un escritor demasiado conocido aunque ya cuenta con una importante bibliografía en la que se encuentra un poco de todo. Es decir, desde libros muy interesantes a obras que no lo son tanto. Me refiero a Antonio Lorenzo Gómez Charlín, escritor gallego que como mucha gente de su tierra se marchó a trabajar a las islas, en concreto al sur de Tenerife, para regresar a sus orígenes tras la imposición del confinamiento. A la espera de que las cosas se resuelvan, de que volvamos si no a la vieja normalidad a una normalidad más normal de la que vivimos ahora, Gómez Charlín presenta un nuevo libro: Réquiem por un escritor desconocido (Elsalto editorial, 2021) donde insiste en su estilo, acusadamente personal, más pegado al diario que a la novela.

Si todos los escritores y escritoras escriben la misma historia solo que con variaciones el dicho se hace realidad si uno se aproxima a la literatura de este narrador de origen gallego que empapa muchos de sus relatos con su experiencia insular. Y Réquiem por un escritor desconocido tiene mucho de su experiencia en el sur de la isla. Experiencia que lo ha forjado como persona y experiencia que lo ha forjado también como lector y escritor compulsivo. Este recorrido propone por lo tanto un retrato muy definido y sin demasiadas ataduras morales sobre cómo piensa y quién es Antonio Lorenzo Gómez Charlín. Un personaje, el literario, que termina por mezclarse con el real.

Tengo la sensación desde que cayó en mis manos su primer libro que lo que cuenta Gómez Charlín gira sobre lo mismo: la literatura y el hecho de escribir. Estos dos motivos son característicos en su producción literaria, marcada especialmente por la gran cantidad de títulos que lee así como el angustioso proceso que como creador literario asume cuando da a luz un libro que, como se dijo, no se trata de una novela al uso, ni siquiera la que ahora recibe el cuño de no ficción sino que son relatos donde vierte fragmentos inspirados en su existencia. Una existencia que describe con aplomo narrativo, casi como si pretendiera desnudarse en cada uno de sus libros que pueden y creo que deben entenderse más como catarsis, como exorcismos a través de los cuales expulsa a sus demonios particulares que como artefactos narrativos al uso.

En todos sus libros, y este último no iba a resultar una excepción, disemina por las páginas sus lecturas (Gómez Charlín es más que un lector un gran devorador de libros) que marca su itinerario intelectual y por lo tanto su manera de ir por la vida.
De hecho, el peso de estas lecturas se aprecia en el itinerario ininterrumpido de un libro con amargo sabor a réquiem pero en el que aparece también un destello de esperanza. La esperanza que le proporciona leer y escribir, actividades que usa con objeto de reconocerse.

En este sentido, si hay un personaje literario en la producción narrativa de Antonio Lorenzo Gómez Charlín ese es el propio Antonio Lorenzo Gómez Charlín ya que describe el mundo que ve a través de sus ojos. Me resulta por ello tremendamente interesante conocer su narrativa porque deja a un lado ambiciones literarias para enfrentarse solo ante el peligro. O ante el abismo de la página en blanco. Lo que sale, el resultado, es una visión si se quiere mejorada de lo vivido y muy próxima, doy fe porque incluso aparezco como secundario en Réquiem por un escritor desconocido, a lo que pudo ser.

Hay mucho de confesión en esta obra, también un escritor que parece que ha aprendido a madurar, a crecer con el paso de los años. Se tiene la impresión que tras un periodo de tristeza, renace un escritor con más potencia que la que disfrutó en el pasado. Que Gómez Charlín ha encontrado por fin un equilibrio en sus creaciones literarias que, quizá por el hecho de escribir desde su tierra, Cambados, Pontevedra, hace que observe con renovado y también sutil aliento crítico sus días pasados en Tenerife y los que pasa en la actualidad en esa comunidad autónoma que es patria de gigantescos escritores. De fabuladores de un territorio que, como el de Canarias, parece que vive en otra realidad que no es la que marca el paso del país del que forma parte: España.

Por eso, más que réquiem este libro lo entiendo como una celebración, una mirada sin contrapeso a las aventuras y desventuras de un escritor que no entiende de provincias.

Saludos, al otro lado del silencio, desde este lado del ordenador

Los olvidados: Francisco García Pavón

Miércoles, Mayo 5th, 2021

Francisco García Pavón alcanzó el éxito literario en la España de los años setenta con la serie de novelas y cuentos en los que Manuel González, más conocido como Plinio, es su protagonista. Plinio es jefe de la Policía Municipal de Tomelloso (Ciudad Real) y junto a su leal don Lotario, se encarga de resolver casos que suceden en su entorno y alrededores con la misma sagacidad del inspector Maigret solo que con la simpática cachazapero también obstinada capacidad deductiva de un castellano, castellano de verdad.

Desde su aparición, las aventuras de Plinio ocupan un espacio privilegiado en la novela policíaca escrita en español y más concretamente en España, donde es un claro antecedente de los que vendría después: el Carvalho de Vázquez Montalbán; el sargento Bevilacqua de Lorenzo Silva y el Toni Romano, de Juan Madrid por citar solo a algunos de los más conocidos.

Pero no solo de Plinio escribió García Pavón, un escritor que se movía admirablemente en la geografía del cuento donde, junto a otros compañeros de viaje es uno de los representantes más aventajados en un género que, editorialmente, no siempre ha sido mirado en España con la obligación que se merece.

Entre los libros que destacaría del escritor se encuentra los que reúne en la trilogía de la Guerra Civil, que forman de manera independiente lo libros Cuentos republicanos, Los liberales y Los nacionales. Este último, un significativo trabajo en el que su autor recrea en una serie de historias muy cortas pero acertadamente cinceladas, sobre el día después de la victoria del ejército nacional en 1939 o bien desarrollando relatos que transcurren ese mismo año pero tras haber estallado la paz, como diría Gironella. Nos encontramos en este aspecto con páginas que describen un país que, tras tres largos años de guerra, mira una mitad con recelo al vencedor y la otra con sospecha y entusiasmo por la revancha al vencido.

Esta atmósfera de miedo se palpa en las historias que García Pavón desgrana en un libro que, no entiendo la razón, ha pasado desapercibido dentro de la gran literatura española escrita sobre aquella guerra que sacó lo peor pero también lo mejor de nosotros mismos. Por ello, estas líneas están inspiradas en reivindicar un libro y un autor con todas sus letras que fue de los primeros en transmitir a sus lectores una perspectiva de reconciliación entre las dos mitades de un país que, mucho me temo, todavía sigue con ganas de partirse la cara.

Llegué como era natural a las obras de Francisco García Pavón leyendo sus novelas de Plinio. El descubrimiento de Los nacionales fue tardío y, confieso, con cierta inquietud ya que no sabía muy bien lo que podía deparar un escritor al que me había acostumbrado por sus relatos policiales, por sus historias costumbristas a las que aplicaba el barniz de lo policial. No imaginaba que también cultivara otros géneros y que resultara tan rematadamente bueno en un territorio tan difícil como es el cuento, y más cuando se trata de cuentos tan cortos. En el caso de García Pavón, de tan solo tres o cuatro páginas. Páginas, sea dicho de paso que son suficientes para narrar situaciones que trascienden la anécdota y en las que muestra lo que es capaz de hacer el hombre en situaciones de tanto riesgo intelectual y emocional como son las que describe en Los nacionales.

El libro está divido en dos partes. La primera se desarrolla mayoritariamente en Tomelloso, que fue la localidad natal del escritor, y la segunda en Madrid, que fue la ciudad donde vivió la otra mitad de su vida. Estas dos unidades cuentan más o menos historias desiguales donde prima el miedo de los vencidos y la revancha de los vencedores pero son relatos también en los que se cuela voluntad de paz, piedad y perdón.

Resulta muy difícil escoger algunas de las historias ya que todas son muy buenas, y no solo por las situaciones que plantea y los problemas morales que saca a relucir sino porque en todo estos cuentos se concluye la imposibilidad de construir un país si no hay voluntad de tender la mano a quien ayer fue tu peor enemigo.

Por encima de todas las cosas, por encima de lo que cuente, de lo que muestre y de lo que denuncie, que también, estos cuentos están además muy bien escritos. Tanto, que invitan a que sean leídos en voz alta para degustar la fuerza de sus frases y de sus palabras. El talento que tuvo García Pavón para saber contar lo que contaba.

A la espera de que alguien se atreva a rescatarlo de la oscuridad, me refiero a su trilogía de la Guerra Civil y no a las aventuras de Plinio que de tanto en tanto se reeditan, aconsejaría a los interesados a que busquen obras del escritor en librerías de viejo y de ocasión. Sobre todo porque no hay cosa más grata en la república de las letras que la de recuperar del olvido escritores que, con el fuste de Francisco García Pavón, permanecen no sabe uno bien por qué, en el más absoluto de los olvidos.

Saludos, reivindicación, desde este lado del ordenador

99 madrugadas de alarma, un libro de Juan Carlos Mateu

Martes, Mayo 4th, 2021

Sucedió hace exactamente un año pero ahora casi nadie recuerda los largos meses que permanecimos confinados con el fin de sortear ese fantasmagórico virus que recorrió y todavía recorre las calles y plazas de las ciudades y pueblos de todo el planeta. Es más que probable que cuando todo esto haya acabado (porque alguna vez tendrá que acabar) se proponga una nueva relectura de lo que vivimos y de lo que pasamos encerrados en casa. El miedo ante la incertidumbre que nos envolvió de pronto y ante el que tuvimos que reaccionar para ponerle freno.

La pandemia ha generado una literatura que tímidamente va asomando la cabeza. Una literatura que en la mayor parte de los casos nace, precisamente, los días que estuvimos encerrados. Por la pandemia transita de una u otra manera novelas, relatos, cómics, reflexiones de escritores y escritoras de las islas, todos ellos dispuestos a narrarnos su visión personal de aquellos días.

El guionista e ilustrador Eduardo González lo hizo desde una perspectiva humorística en Crónicas de la cuarentena, tiras que subía a Facebook y en las que narraba en primera persona lo absurdo y también lo terrible de aquella experiencia. La periodista Saray Encinoso Brito propone con El año que no viajé a Buenos Aires un viaje imaginado y muy documentado a la Argentina escrito durante el confinamiento mientras que el también periodista Román Delgado describe con mirada introspectiva en Historias de intramuros once días de aquellos largos meses.

Faltaba sin embargo el día a día, el retrato de cada jornada con rigor periodístico que es lo que ofrece Juan Carlos Mateu en 99 Madrugadas de alarma, una bitácora de aquellos días que pueden descargarse en la página web de Diario de Avisos.

El libro reúne descripciones de lo que pasamos, de la sorpresa que digerimos afortunadamente sin crispación. De aquellas semanas donde vecinos que no se conocían comenzaron a hacerlo de balcón en balcón, de ventana a ventana… La lectura propone también adentrarse en las páginas de un diario de confinamiento que hace revivir lo que sucedió aquellos meses y percatarnos con qué facilidad la mayoría de nosotros hemos olvidado aquellos días que parecen que están muy lejos pero que sin embargo están todavía muy cerca.

Estructurado en artículos muy cortos, la crónica además de repasar los días de encierro ofrece un retrato muy humano y cercano del largo proceso en el que todos cambiamos por dentro sin perder en ningún momento el entusiasmo por informar. Por informar de lo que sucedía con entusiasmo y en ocasiones melancolía profesional, procurando mantener el equilibrio para no caer en lo sentimental y relatar con objetividad una situación que quebró para siempre nuestra vieja y añorada normalidad.

Las impresiones que relata Juan Carlos Mateu y que son reflejos de lo que vivimos todos, parecen de ciencia ficción pero no son, desgraciadamente cosa de ciencia ficción como sabemos todos: Soldados patrullando las calles, algún peatón que pasea a su perro por una ciudad sin gente, de avenidas vacías que despertaban a las siete de la tarde con los aplausos dedicados a los que libraban batalla en la primera línea del frente son solo algunas de las impresiones que recoge un libro necesario para no olvidar esos meses de confinamiento.

Juan Carlos Mateu tiene la habilidad de evocar las inquietudes que compartimos la mayoría. También la espontánea solidaridad que unió a la ciudadanía:

“Empiezan a aparecer en los ascensores de los edificios carteles de vecinos ofreciéndose a comprar comida o medicinas a personas con problemas de movilidad. Yo mismo he visto uno hoy en un bloque de viviendas del municipio de Candelaria. “Si necesitas que vaya a comprar alimentos por ti, solo tienes que tocar en el piso 8. Iré encantado”, decía el manuscrito. Un par de horas después, el gesto solidario se reforzaba con tres ofrecimientos más. Mi amiga Carmen Rosa me ha comunicado con pena que en el sur de Tenerife, la gran sala de máquinas de la industria turística, el cielo se ha quedado sin aviones”.

Son muchos los frentes de los que se ocupa 99 Madrugadas de alarma, un diario que nació a modo de terapia personal pero que terminó por convertirse en una obra que sobrepasó lo periodístico y en la que se mezcla la primera persona con el seguimiento informativo de aquellos días extraños y en los que Mateu destaca la infatigable labor de los que trabajaron por nosotros y, también, de todos nosotros, la ciudadanía, por haber estado a la altura que exigían las circunstancias.

En estas crónicas se narran algunos de los emocionante momentos que se produjeron durante el confinamiento como el niño que salía al balcón a las siete de la tarde porque pensaba que los aplausos iban dirigidos a él o el abuelo que tocaba la armónica en la ventana de su casa. Ello y mucho más en un repaso que escrito con las prisas del momento resulta directo y auténtico.

El arco temporal de 99 Madrugadas de alarma describen las jornadas que van del 14 de marzo al 21 de junio del 2020, y cuenta con su propia banda sonora que no es otra que las canciones que sonaron aquellos días como el Resistiré del Dúo Dinámico;Volveremos a brindar, de Lucía Gil o el Viva la vida, de Coldplay:

“Un par de minutos antes pasó un coche de la Guardia Civil con la canción Viva la vida, de Coldplay, a toda pastilla, mientras los vehículos militares, poco después, volvían a formar en caravana por la avenida para recoger las muestras de cariño de la balconada”. Canciones que según Mateu “refleja el sentir general de un pueblo consternado que permanece agazapado a la espera de que el temporal escampe”.

Esto y mucho más es lo que ofrece 99 Madrugadas de alarma, la crónica personal y periodística de unos meses en lo que nunca tantos debimos tanto a tan pocos.

Saludos, basta con descargarlo en la web, desde este lado del ordenador

Nace Retina, una publicación que plantea “un juego visual”

Lunes, Mayo 3rd, 2021

La Sección de Audiovisuales del Ateneo de La Laguna presenta el jueves 6 de mayo a las 18,30 horas en el Aguere Cultural la publicación Retina, una “humilde edición hecha con cuidado que plantea un juego visual basado en fotogramas descontextualizados, una entrevista (María Sosa) e investigaciones visuales relacionadas con autoras de las Islas Canarias (Carmela García, Cristina Gámez o Nieves Lugo)”, se informa en una nota.

En esta edición de Retina participan las autoras Andrea Abreu, Teresa Correa, Daniasa Curbelo, Alejandra Galo, Carmela García, Pura Márquez, Estrella Monterrey, Yolanda Peralta Sierra, Paula Quintana, María Sosa, Noemí Tejera, Mónica Trujillo y Sabina Urraca, algunas de las cuales estarán presentes en el acto. Está previsto que se proyecten cortos realizados por ellas mismas.

La revista está diseñada y maquetada por la diseñadora Noelia Varietti. Miguel G. Morales, presidente de la Sección de Audiovisuales del Atenero de La Laguna, asume la coordinación.La edición está patrocinada por el Cabildo Insular de Tenerife. Se prevé presenbtarla próximamente en Gran Canaria y Lanzarote.

La misma nota informa que en este encuentro se dará a conocer la nueva programación de la Sección de Audiovisuales del Ateneo de La Laguna para 2021 y la formulación de un acuerdo con el Aguere Cultural, que será su nueva sede.

Saludos, se fue abril, vino mayo, desde este lado del ordenador

El año que no viajé a Buenos Aires, un libro de Saray Encinoso Brito

Jueves, Abril 29th, 2021

La literatura de viajes comienza a ser un género habitual por el que transitan algunos escritores de las islas. Cuando se escribe literatura de viajes nos referimos a la literatura estrictamente de viajes. Es decir, la que cuenta la emocionante experiencia de narrar lo que se vive estando fuera de casa. La que te aproxima a otras miradas sobre el mundo, la que te cambia por dentro por las vivencias que labras estando de paso en otros pueblos, ciudades, países.

Hace apenas una semanas comentábamos en estas mismas páginas el libro Entre el agua y el suelo, de Cristi Cruz, artículo en el que recordábamos también a otros escritores canarios que experimentaron con esta literatura con sobresaliente maestría como los tristemente ausentes Antonio Lozano y José Luis González-Ruano. Si se bucea en el pasado encontrarán otros nombres, los suficientes para entender que no se trata de un género nuevo aunque sí duerma durante temporadas el sueño del olvido entre las letras que se escriben desde las islas.

A este género se suma con nombre y apellidos El año que no viajé a Buenos Aires (Ediciones Menguantes, 2021), de Saray Encinoso Brito. Un libro que por partida doble me ha parecido sumamente interesante. Se trata de un libro de viajes y al mismo tiempo no lo es. Ya lo avisa la autora en el título… esta es pues la crónica de un viaje que quiso ser pero no fue. También la reunión de una serie de artículos que son una declaración de amor a una ciudad, Buenos Aires, que es dentro del imaginario de Saray Encinoso La Ciudad.

El año que no viajé a Buenos Aires recopila las entregas en primera persona que la escritora y periodista fue publicando en un diario digital. Un relato en el que cuenta cómo se frustró el que podía haber sido el viaje de su vida por culpa de una enfermedad convertida en pandemia.

La originalidad del texto es que está escrito desde dentro, lo que permite conocer y solidarizarse con la esperanza luego convertida en frustración de hacer posible un sueño. Y no, pese a que a veces no se cumplan los sueños, no se trata para nada El año que no viaje a Buenos Aires de un libro triste. Es más, destaca para mi sorpresa por el humor y a veces una divertida ironía con el que está escrito. Con estos elementos, el lector se adentra en la crónica del no viaje anunciado proponiendo un viaje imaginario y muy documentado a Buenos Aires. Lo mejor del caso es que una vez finalizado el libro (ligero en páginas, poco más de un centenar) se tiene la sensación de haber estado allí.

La originalidad de estos textos es que son cortos, directos y en algunos casos muy personales porque en ellos se desgrana –a veces– una historia familiar. Esa historia, ya la conocen, en la que casi siempre hay un tatarabuelo, abuelo, tío lejano o cercano –en el caso de Saray Encinoso sus abuelos paternos– que se fueron al otro lado del mundo para construirse una vida mejor. Muchos se quedaron pero otros regresaron a Canarias como en el caso de los familiares de la autora del libro. Así que Buenos Aires le toca relativamente de cerca como explica en el primero de los artículos. Texto en el que precisa que Argentina le entró primero por los oídos a través de la música.

Y música hay mucha en este libro. Música con acento argentino. La música, de hecho, pone banda sonora a varios de los artículos que reúne el libro. Escribe en el que lleva por título La guerra que impulsó el rock:

“Sé que no podré viajar a Buenos Aires sin recorrer los estadios y salas en los que han tocado quienes me abrieron las puertas de su país”.

En esta sección vincula la propagación del rock en Argentina con la guerra de Las Malvinas, aquel absurdo conflicto que enfrentó a argentinos y británicos por unas islas que nadie, hasta ese momento, sabía ubicar en el mapa, y mucho menos responder quien las administraba. Este artículo es solo uno más en un libro en el que se mezcla periodismo y literatura y ánimo de compartir la aventura imaginada con la informativa sobre un país que siente fiebre por el fútbol y al mismo tiempo su capital es la ciudad con más librerías por habitantes, al menos en 2014, escribe en Fronteras que no están en los atlas.

Música, literatura, viaje, información dibujan un mapa muy atractivo y a ratos ingenuo de Buenos Aires. Mejor del Buenos Aires de Saray Encinoso Brito. Una escritora y periodista que escribió estos artículos durante el confinamiento que no queremos recordar y que le frustró su proyectado viaje a la Argentina. Lo insólito del caso es que quien ahora firma estas líneas –que nunca ha estado en Buenos Aires y menos en Argentina– tiene la sensación tras leer este libro de haber estado allí. Escrito para evadirse del confinamiento, Saray Encinoso no se dejó arrastrar por la confusa reflexión personal a la que nos empujó a algunos sino a contar un viaje que como todo buen viaje cambia para mejor a las personas.

El libro añade al final un apartado, Formas de sentir la Argentina, en el que recomienda música, películas, libros para acercarse un poco más a su imaginario argentino pero sobre todo bonaerense. Sin embargo, me corroe una duda: ¿cómo será el libro que escribirá Saray Encinoso cuando viaje a Buenos Aires, a la Argentina? ¿Qué pasará el año que logre cumplir el sueño?

Lleva razón quien dijo que viajar es soñar. Que sin soñar no hay viaje posible. Y un viaje, un viaje soñado y emocional, es al que invita Saray Encinoso Brito en El año que no viajé a Buenos Aires.

Saludos, se hace camino al andar, desde este lado del ordenador