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Guanches, un libro de Antonio Tejera Gaspar

Martes, Enero 12th, 2021

En el imaginario canario los guanches siguen ocupando un espacio privilegiado precisamente porque habitan en un territorio propicio para la leyenda. Para muchos, representan al buen salvaje que fue aniquilado por una fuerza exterior y poderosísima; para otros, se produjo un mestizaje entre invasores y primeros pobladores y un poco más allá están los que creen sin fundamento científico que los guanches constituyen un pueblo con orígenes remotos, algo emparentados con los antiguos egipcios por su costumbre de momificar a los muertos y gente, eso casi siempre, libre que desarrollaron una forma de vida en unas islas por aquel entonces paradisíacas, con bosques que terminaban en la misma orilla de la playa y por la que fluían en sus escarpados barrancos manantiales de agua fresca.

Afortunadamente la historiografía sobre el pasado de los primeros pobladores de Canarias ha ido despejando mitos y leyendas para ofrecer un retrato lo más aproximado posible a quiénes fueron realmente los guanches. Se emplea guanches en este artículo para representar a todas las poblaciones que se desarrollaron en las islas antes de la conquista aunque en el libro que nos ocupa y que lleva por título precisamente Guanches (LeCanarien, 2020), del catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna y Premio Canarias de Patrimonio Histórico, Antonio Tejera Gaspar, se centra específicamente en los que habitaron la isla de Tenerife, pueblo que por ser el último en someterse su denominación ha trascendido por encima de los que habitaban las otras seis islas restantes.

Guanches nace como otros libros del profesor Antonio Tejera Gaspar para aproximar al lector de la calle lo que se conoce hasta ahora de los guanches. El libro tiene un agradecido sentido orientativo y sobre todo divulgador, lo que hace que lo que cuenta resulte comprensible para lectores profanos. Esta línea discursiva no empalidece el rigor para narrar lo que se sabe de los primeros pobladores de la isla de Tenerife por lo que en conjunto su lectura resulta amena y muy instructiva, lo que hace pensar que quienes lo disfruten (porque se trata de una obra que además de enseñar está escrita para lograr el disfrute del lector) conocerán mucho mejor quiénes fueron y cuáles eran sus costumbres, religión y sistema social.

El volumen viene acompañado de una serie de ilustraciones que firma Roberto F. Perdomo que apoyan gráficamente algunos de los momentos que aborda Antonio Tejera en una obra que, se insiste, es objetivamente divulgativa y en la que el especialista se ha esforzado por contar con un lenguaje llano y poco o nada académico la historia de los guanches, ese pueblo que, según la canción, acabó en la Historia para vivir en la Leyenda.

Se agradece y mucho el trabajo que ha realizado el catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna, sobre todo porque es una voz autorizada para narrar quiénes fueron los guanches con un lenguaje cercano, que entienda toda clase de lectores. Lejos del aparato técnico que acompaña otras obras, en especial las que forman parte del universo universitario.

Ya escribimos en cierta ocasión la necesidad que se tiene de que la Historia con mayúscula se explique a los no iniciados con palabras que todos entendamos. Que huya de tecnicismos para que su alcance sea si no masivo sí al menos superior al del círculo académico. No es un trabajo sencillo, primero porque el historiador no tiene necesariamente que conocer las herramientas del lenguaje para hacerlo cercano al lector pero si se esfuerza, y ese es el caso de Antonio Tejera Gaspar –y a otros títulos de su nutrida bibliografía me remito– se consigue. Y ese consigue logra además que “nuestra” Historia, el remoto pasado de unas islas que cuenta con pasado antes de la llegada de los conquistadores, se difunda entre los interesados y que estos despierten similar interés en otros futuros interesados. Historiadores y escritores con todas sus letras como Antonio Tejera Gaspar alcanzan ese objetivo al mismo tiempo que adentran al lector en un mundo fascinante que, al mismo tiempo, proporciona una visión con sustancia de un pueblo que continúa enquistado en el imaginario del canario.

El libro está estructurado en doce capítulos que ofrecen un variado y completo abanico que aproxima al interesado a conocer quiénes fueron los guanches. Cuando se inicia la aventura de su lectura se le informa sobre las distintas y en ocasiones contradictorias investigaciones que se han realizado hasta la fecha sobre los guanches y continúa estudiando el origen de ese pueblo, quizá uno de los más interesantes para el desconocedor de, entre otros misterios, de dónde procedían y qué hablaban los primeros pobladores de Tenerife. Guanches se detiene también en estudiar los tres nombres de la isla (Ninguaria-Nivaria, Tenerife y Chinet-Achineche); las manifestaciones rupestres que reflejan los grabados en piedra; Tenerife, isla de los guanches para analizar también su ganadería, cómo vivían en cuevas y cabañas; su sociedad –a mi juicio otros de los capítulos que llamarán la atención porque los guanches, como hombres que fueron, fueron muchas cosas menos salvajes–; la organización política de la isla en nueve menceyatos, la religión, las enfermedades que padecían y, por último, la muerte, en el que se hace especial hincapié en el conocimiento que tenían de la momificación.

Como se dijo al principio, Guanches da lo que promete, una información sucinta pero rigurosa de los primeros pobladores de la isla narrado para toda clase de públicos. Una tarea nada fácil sobre todo porque para lograrlo hace falta, además de conocimientos, capacidad para transmitirlo.

Saludos, ahul, desde este lado del ordenador

Élmer Mendoza: “Nací y crecí en una región donde no temen a las balas ni al coronavirus”

Lunes, Enero 11th, 2021

Estaba previsto que en la primavera del año pasado el padre de la narcoliteratura Élmer Mendoza (Culiacán, Sinaloa, 1949) visitara la capital tinerfeña pero, desafortunadamente, la pandemia lo obligó a quedarse en casa y que se suspendieran las actividades previstas en la V edición del Festival Tenerife Noir que se retomaron en diciembre de 2020 coincidiendo con la Feria del Libro que, por igual motivo, retrasó para ese mismo mes su programación.

Esta entrevista recoge solo una parte de la larga conversación que se mantuvo con el creador de Edgar Zurdo Mendieta a través de las redes sociales, una charla que se pudo seguir en vivo en la página de Facebook de Tenerife Noir y en la que Élmer Mendoza derramó toneladas de generosidad al mismo tiempo que agradecía el premio que le concedió este Festival en reconocimiento “a toda su trayectoria literaria”.

Élmer Mendoza además de escritor es catedrático de Literatura en la Universidad Autónoma de Sinaloa y es miembro correspondiente de la la Academia Mexicana de la Lengua. Creador de Edgar Zurdo Mendieta, detective de la Policía Ministerial del Estado en Culiacán, Sinaloa, al que ha dedicado hasta la fecha cinco novelas, trabaja en la actualidad en una nueva novela donde abandona el policíaco por la ciencia ficción.

- ¿Cómo aguantan los mexicanos la pandemia?

“Muy difícil, lo estamos pasando con las uñas. El gobierno miente y oculta datos, ha politizado la pandemia y como cuenta con muchos seguidores sigue las actitudes del presidente que no usa mascarilla. En mi región igual. Nací y crecí en una región muy temeraria, no temen a las balas ni al coronavirus pero ya vamos por unos cuatro mil muertos y eso genera un estado de reflexión en relación a lo que está ocurriendo que es muy grave. Hay que cuidarse. Desde el inicio de la pandemia familiares y amigos hemos iniciado una campaña para orientar y pedir a la ciudadanía que se cuide y siga todos los protocolos porque alguien tenía que hacerlo”.

- ¿Es la pandemia buen material literario?

“Hace unos cincuenta años quería ser escritor de ciencia ficción y escribí unas medias novelas pero no funcionaron. Ahora estoy trabajando en una que transcurre en 2052 y que se desarrolla en un mundo que ha tenido millones de muertos tras una pandemia. Solo quedan los más jóvenes y algunos de ellos están infectados aunque se han desarrollado curas. Son jóvenes marcados porque pertenecen a una sociedad de huérfanos y como la pandemia que sufren trae mucha angustia, se ha creado una droga capaz de volverlos felices así que, como ve, rápidamente me monté en la coyuntura”.

- ¿Transcurre la historia en México?

“Utilizo otros nombres pero por el lenguaje y algunas expresiones será fácilmente identificado con el norte de México”.

- A usted se le considera el padre de la narcoliteratura pero también como el de la literatura norteña. ¿Con cuál de estas etiquetas se siente más cómodo?

“Curiosamente ha prevalecido la de narcoliteratura y me gusta y eso que cuando se la inventaron lo hicieron para molestarme pero tengo la piel muy dura. La narcoliteratura se ha convertido en un referente académico y abrió otra opción a estudios literarios. Todos los años, de hecho, se publican uno o dos libros sobre la narcoliteratura. El concepto de literatura del norte no ha desaparecido pero México es un país centralista y era difícil que se mantuviera pero lo conseguimos. No solo yo sino un grupo de escritores que hace una literatura muy potente que le ha dado personalidad literaria a una región que tiene sus características particulares: los problemas de la frontera, el narco, la trata de blanca. Hay cantidad de delitos que transcurren en la frontera y sobre la dicotomía entre los que viven en México pero trabajan en Norteamérica y los que viven en Norteamérica y trabajan en México. Es decir, se trata de un universo entero. En los tres mil kilómetros de frontera hay partes que son desierto pero también hay ciudades y muchas leyendas y mitos como aquel que dice que hace años mexicanos y norteamericanos jugaban al voleibol en la raya que divide ambas fronteras, así como los corridos que, curiosamente, los cantan intérpretes que viven al otro lado como Los Tigres del Norte. Es un universo, y con este universo hacemos literatura”.

-¿Hasta que punto ha sido importante el narcocorrido para forjar una mitología del narco?

“Creo que mucho. El corrido que se canta es una derivación porque el corrido es nuestra música, una música que viene del XIX. Dicen que el primer narcocorrido data de 1936 pero no lo conozco. En los sesenta sí que aparece el más importante, Contrabando y traición, de Los Tigres del Norte, que canta la historia de Camelia la texana. Ese fue el momento en que tomó fuerza y se definió como el corrido del narcotráfico. A partir de ahí es cuando los corridos anteriores se volvieron a grabar y aparecieron los grandes personajes del narcotráfico en las canciones”.

-A los 28 años deja su trabajo y se dedica a la literatura.

“Cuando era joven me fui a estudiar Ingeniería Electrónica a ciudad de México pero regresé a mi ciudad en 1969, donde comencé a trabajar en una planta que hacía cinescopios de televisión a color que apenas se habían inventado. Yo era lector y siempre escribía cosas pero no para convertirme en un escritor en serio”.

-¿Qué tipo de historias escribía?

“ Se trataban de una especie de crónicas pero ya tenía dentro el gen de escribir. Me duermo muy temprano –crecí en el campo– y una noche, tras salir del trabajo como ingeniero, me la pasé escribiendo. Unas cien páginas hasta que llegó el amanecer y me pregunté qué me había pasado y dije: voy a ser escritor, fue como una epifanía y me pregunté: ¿qué necesito para ser escritor?, y yo mismo me respondí que estudiar literatura. Fui a estudiar a la Universidad Autónoma de Sinaloa, en Mazatlán, la carrera de Letras Hispánicas y accedí al universo de la literatura desde la academia. Comencé entonces a escribir con mucha formalidad y dejé mi empleo de ingeniero para trabajar en otras cosas y hasta aquí.”

- ¿Qué le llevó al género negro?

“En la facultad de literatura la tendencia no era esa, leíamos a los del boom. Fue en un seminario de literatura inglesa donde descubrí a James Joyce pero también y en serio a Shakespeare. Me di cuenta que las tragedias de Shakespeare contienen un delito muy grave. De todas formas yo ya era desde chico lector, lector de las novelas de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía, cómics, casi todos policíacos hasta que, en algún momento, me hice lector de Julio Verne y de novelas policíacas de escritores norteamericanos. Creo que llegué a leer a Hammett, Chandler y Cain. También a Bradbury. Para mi formación también fue muy importante la lectura de Dumas, El conde de Montecristo y Los tres mosqueteros. A partir de ahí tuve un territorio emocional que me pertenecía y que podía alimentar con ciertas lecturas. De hecho, cuando leí el Quijote a los catorce años de edad me dolía que el héroe siempre perdiera. Creo que todo eso hizo que me definiera primero como un autor de ciencia ficción pero como resultó un fracaso al comenzar a trabajar sobre la violencia sentí otra cosa. Escribí cuatro novelas que destruí hasta que un día me dije que todo iba en serio y me puse a pensar en crear a un detective. Había abrevado en muchos autores y escribí Un asesino solitario, que fue con la que entré en Tusquets, mi primera casa editorial, y me di cuenta que ellos creían que había escrito una novela policíaca que era narco pero la policíaca es Balas de plata y la narco El amante de Janis Joplin. Diseñé al detective, cómo iba a ser su pelo, los zapatos, el vestuario, sus interioridades, de quién iba a estar rodeado, cómo iba a ser su equipo, sus defectos y virtudes para escapar de la idea de que en México no se podía escribir novelas policíacas porque nuestra policía era muy corrupta pero en literatura se puede escribir de cualquier cosa. Hace unos cuatro años la secretaria de Seguridad Federal me invitó a dar una conferencia a 150 detectives y pregunté a mi anfitrión que no me podía explicar aquella invitación y me respondió que mi personaje de ficción tenía mucho parecido con los detectives reales”.

- Entonces Edgar Zurdo Mendieta es fruto de su imaginación?

“Estrictamente no porque lo tomé de otros detectives, de Marlowe, Wallander, Carvalho, Mandrake y mucho de James Bond, que es el personaje más irónico de la ficción y forma parte de la cultura del Reino Unido. Tomé de todos ellos algo pero también de dos policías reales. A los dos ya los han matado, uno era muy honrado y el otro un bandido pero los dos hacían su trabajo y eran de mi barrio, mis amigos”.

-Sus novelas son muy violentas.

“La novela policíaca latinoamericana y creo que también la europea no puede ser un paseo porque en la realidad hay violencia. Desgraciadamente pertenecemos a una sociedad descompuesta que ha generado una serie de delincuentes que tienen que ver con la época, los sueños y deseos, la política, la corrupción y todas las circunstancias particulares que vivimos como sociedad. En México la violencia es una cosa cotidiana pero a la que no se acostumbra uno. Leonardo Sciacia decía que los herederos de los capos que él trabajaba iban a ser muy violentos y así pasó en México con una nueva generación, los otros tenían una cierta ética criminal. La industria del armamento es increíble como ha mejorado y eso ha contribuido al universo de la violencia tanto como la desigualdad social que se vive en la región de América Latina y que en México es muy acusada. Si el narco fue una actividad un tanto romántica en el pasado se ha convertido ahora en un foco de violencia muy fuerte y por eso la literatura no puede ignorar ese estado de irrespeto por las leyes”.

-Y en este escenario ¿qué papel tiene la mujer?

“Las mujeres no quedan fuera porque son mayoría y en mi región hay mujeres muy metidas en el mundo del narco, como Sandra, la reina del Pacífico y tengo registro de una, La Jefa, que era muy violenta así que a la hora de crear un personaje como Samantha Valdés, tomé de todas ellas un poco su estilo de mandar a un grupo de varones que se dedican a llevar cannabis a Fénix y después cocaína cuando aparecen los colombianos”.

-Una de las características de su literatura es la atención que presta al lenguaje, la mezcla de diálogos con el texto narrativo, el uso de la forma de hablar norteña…

“Cuando estaba en la facultad mi maestro era joyciano y nos dijo que Joyce había creado un sistema para contar que no había sido superado y le dije que yo lo iba a superar. Mis maestros en el género negro fueron siempre los libros y un escritor, Fernando del Paso, que fue un lector compulsivo de novela policiaca y que escribió una, Linda 67. Historia de un crimen, pero yo quería contarlas de manera diferente. Otro de mis maestros manejaba el concepto de voluntad de estilo y le entregué uno de mis relatos y me dijo que tenía esa voluntad de estilo de la que hablaba por lo que cuando me senté a escribir Balas de plata y concebí a Edgar Zurdo Mendieta tuve una mezcla de opiniones porque lo que quería era que quedara bien. Contaba ya entonces con la educación del desperdicio, había destruido cuatro novelas porque escribir una novela es una búsqueda real y efectiva. Descubrí entonces a Saramago, que desarrolló ese estilo, y en Un asesino solitario lo utilicé y a partir de entonces aparece en todas mis novelas. En cuanto a la técnica, tiene algo de Cormac McCarthy que mezclo con lo que aprendí de Saramago. Tengo derecho a jugar”.

-Sus dos últimos libros publicados, No todos los besos son diferentes y La cuarta pregunta van dirigidos al público juvenil. En La cuarta pregunta recupera además a Capi Garay, que aparece ahora en la segunda entrega de lo que ha anunciado será una trilogía.

“Mis sobrinas que tienen 19 años dicen que mis novelas suelen ser juveniles pero no para todos ya que tienen que ser lectores a los que les gusten las aventuras. Soy un escritor fiel al desarrollo de la personalidad del personaje así que el discurso no es igual en las novelas de el Zurdo Mendieta que en las otras que escribo. Es otro registro, más vivaz y con una dinámica diferente porque en éstas últimas no hay pistas falsas que es lo principal que las diferencia de las novelas policíacas. Los gringos la definen cono literatura para jóvenes adultos o adultos que se sienten jóvenes. Si no me equivoco estas novelas no han llegado a España, La cuarta pregunta iba a hacerlo pero la pandemia se atravesó”.

-¿Cuál es el origen de Todos los besos no son iguales?

“El origen de Todos los besos no son iguales fue un acuerdo al que llegué con otros cuatro escritores, tres escritoras y un varón, para sacar adelante una novela breve cada uno y publicarla pero no fue posible así que cada cual lo hizo por su cuenta. Me fijé en lo que hacía Andrzej Sapkowski, que es un autor polaco que trabaja la literatura infantil tradicional pero por el lado terrible y al que conocí la única vez que asistí a la Semana Negra de Gijón y me dije que haría lo mismo que Sapkowski solo que con La bella durmiente pero tuve muchos problemas y tardé casi ocho años en escribirla ya que era otro registro que no conseguí dominar hasta que fui encontrando las palabras y la historia que tenía que desarrollar. Creo que la novela ha gustado mucho a los jóvenes”.

- ¿Y Capi Garay?

“La cuarta pregunta es la segunda entrega de una trilogía que protagoniza Capi Garay. La novela transcurre en el desierto –otro universo– que atraviesan cinco jóvenes montados en un jeep commander y que viven una serie de aventuras fantásticas, con portales del tiempo y tormentas. El grupo busca una ciudad mítica que en el pasado buscaron también los española, Cibola y Quibiria, para encontrar un tesoro que no es para ellos sino para construir un templo católico en un barrio muy bravo de Culiacán. La novela comienza cuando el sacerdote tiene una revelación para rescatar ese tesoro e involucra en la aventura a Capi Garay”.

- Una de las características de sus libros es que cuentan con banda sonora. El rock está muy presente en sus novelas.

“La música es muy importante en mis novelas. Al principio fue como un juego y es probable que lo tomara de Chandler y Hammett ya que suena jazz en sus historias. En El efecto tequila la música no podía ser circunstancial sino parte del discurso, que las canciones significaran momentos específicos que los personajes están viviendo. Esa estética de la música la he continuado después, sobre todo para enriquecer los momentos que viven los personajes, y sirve de orientación al lector porque hay canciones que recuerdan. Es una manera de conectar con ellos. Cuando estoy escribiendo una novela selecciono las canciones y unas sirven y otras no aunque a veces me arriesgo”.

-¿Se inspira en la realidad cuando escribe?

“Todo surge de mi imaginación que se alimenta de lo que ocurre en la ciudad y en mi país. En mis novelas parto de unos delitos que, citando al mundo del hampa, si fueran exactamente reales resultarían muy perjudicial para mi salud. Por eso me invento universos paralelos donde el delito lo identifican los lectores como algo que está pasando o que podría pasar pero en sentido estricto nunca digo voy a contar algo sobre esto sino que intento narrar lo que me impacta y penetra en mi cerebro y que convierto en algo con lo que puedo trabajar para crear una novela que luego desarrollo con mucha paciencia”.

-¿Sabe si los narcotraficantes leen a Elmer Mendoza?

“Solo tengo un testimonio pero me consta que entre ellos recomiendan algunos de mis libros. He firmado varios a un capo mediano que vive en los Estados Unidos. Lo conocí cuando era todavía un niño y probablemente lo convertí en lector porque le regalaba libros en aquel entonces. No supe hasta mucho tiempo después que ahora se dedica a esto, me quedé muy sorprendido cuando le pregunté a la persona que me llevó el libro para que se lo firmara a qué se dedicaba aunque antes de que me respondiera pensé ‘no me lo digas’”.

- ¿Qué le parece las incursiones que tanto el norteamericano Don Winslow como el español Arturo Pérez Reverte han realizado en la literatura del narcotráfico con la trilogía de El poder del perro y La reina del sur?

“Tengo la fortuna de contar con la amistad de los dos. Conversamos sobre los procesos creativos y los universos que son posibles de narrar. Tanto Winslow como Reverte son excelentes escritores y siempre que nos vemos celebramos la vida. Me atrevo a incluir, junto a ellos dos, un tercer nombre: Cormac McCarthy ya que tiene su trilogía de la frontera que si bien no son delitos específicos sí que tienen que ver con el narcotráfico. No es país para viejos es una novela sobre narcotráfico y está extraordinariamente escrita. McCarthy vive en Texas, cerca de la frontera, y tiene una percepción de cómo es el espacio fronterizo de dos países que comparten un montón de cosas, entre otras, el universo del delito que es una de las fuentes de Winslow mientras que Arturo Pérez Reverte en La reina del sur escribe una extraordinaria historia que protagoniza un personaje femenino que me encanta y que no tiene nada que ver con la actriz Kate del Castillo, la protagonista de la serie que inspira su novela. La Teresa Mendoza que describe Arturo Pérez Reverte supo captar muy bien la esencia de las mujeres norteñas que son mujeres muy temerarias pero que también saben esperar”.

Saludos, aquí, varado, desde este lado del ordenador

Reaparecen las ‘memorias sin importancia’ de Maud Westerdahl

Lunes, Enero 4th, 2021

Los amigos e iniciados en Maud Westerdahl (Limoges, 4 de enero de 1921-Madrid, 13 de noviembre de 1991) conocían su existencia pero son muy pocos aún los que han tenido acceso a sus recuerdos dispersos. Recuerdos que la artista dejó escritos entre 1989 y 1990 con el título de Mémoires sans importance y que dedica a su hijo: “Pour toi Hugo, mon fils intelligent…”

La reaparición de las memorias –al parecer escribió dos cuadernos, uno en francés y otro en español en el que reproduce más o menos similares vivencias– coincidirá el año próximo con el centenario del nacimiento de Madeleine Annette Bonneaud (4 de enero de 1921, Limoges, Francia – Madrid, 13 de noviembre de 1991) una mujer que estuvo muy vinculada a Canarias a través de dos hombres: Óscar Domínguez y Eduardo Westerdahl, que se convirtieron en su primer y segundo marido, respectivamente.

Memorias sin importancia busca de momento un editor para servir de complemento a los actos que rendirán reconocimiento a la labor de una mujer que no resultó indiferente a nadie. En este cuaderno, la especialista en esmaltes y crítica de arte rememora su infancia y adolescencia en Francia, también su primera juventud cuando el país fue invadido por las tropas alemanas los primeros años de la II Guerra Mundial. Por causa del conflicto, su padre, Arsènne Theódore Bonneaud, sería detenido y asesinado por los nazis.

Fruto de aquel matrimonio nacieron tres hijas, una de las cuales fallecería (Jeanne), quedando solo dos hermanas: Odile y Maud. Los recuerdos que desgrana en estas memorias hasta el momento inéditos para la mayoría, abarcan la infancia de la protagonista en Limoges, a su padre, un socialista convencido que tras ser capturado por los alemanes es enviado a un campo de concentración donde muere en 1944, y su madre, Adrienne Aimée L’Hotelier, que regentaba una farmacia en su localidad natal.

Estas Memorias sin importancia repasan también su adolescencia y como a la edad de quince años fue enviada a Londres donde, explica, se aficiona al cine. Algunos de los largometrajes que ve y que reseña en este cuaderno son La vida futura (William Cameron Menzies, 1936), que se basa en la novela del mismo título de H.G. Wells, y Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936), el primer filme sonoro del conocido popularmente como Charlot. En Londres, Maud se interesa también por el arte. Queda deslumbrada ante la obra de Van Gogh y Turner, entre otros artistas.

Maud Bonneaud regresa a Francia donde comienza sus estudios universitarios de Letras en la Universidad de Poitiers (1938) que concluye en 1940, e inicia su maîtrise, un trabajo de fin de carrera, que lleva el título de Procedimientos del terror y psicología del miedo en la novela llamada gótica inglesa, desde Ann Radcliffe a Mathew Lewis, que no concluye. La amenaza de la guerra hace que intente marcharse a Norteamérica pero al estallar el 1 de septiembre de 1939 la II Guerra Mundial, tiene que quedarse en Poitiers donde conoce a André Breton.

El escritor, poeta, ensayista y teórico del surrealismo será uno de los tres hombres determinantes en su devenir existencial. En estos recuerdos evoca una etapa febril, inquieta, de salidas. Maud se relaciona con Breton y algunos de sus amigos. Narra sus almuerzos en El Caracol y los largos paseos y conversaciones que mantiene con el fundador del surrealismo. Sellan una amistad en la que él le habla de Tenerife y de las calaveras de México.

Conoce también a Dora Maar, que se convertiría con el paso de los años en una de sus grandes amigas y se suma al grupo la mujer de Breton, Jacqueline Lamba, con quien éste había contraído matrimonio en 1934 y la hija que tienen en común, Aube, nacida dos año después.

Maud lee esos días sobre Ubú, rey, la obra teatral de Alfred Jarry que cuenta la historia de Ubú, capitán del ejército polaco y exrey de Aragón y gran doctor en patafísica quien instigado por su mujer, decide derrocar al rey de Polonia Venceslao, con la ayuda del capitán Bordura y su ejército, instalando una terrible tiranía.

Estas Memorias sin importancia son una pieza fundamental para entender la deriva de Maud Bonneaud años más tarde. También la vida de André Breton a finales de los años 30 e inicios de los 40. En estas páginas, Maud Bonneaud explica cómo André Breton tiene que marchar a América, trasladándose a Marsella para embarcar. Lo consigue. No regresará a Francia hasta 1946, recién terminada la guerra que ha mancillado la geografía de Europa.

Maud Bonneaud cuenta que se traslada a París en 1942 y que será allí, en la ciudad de las luces y un año después donde conocerá a Óscar Domínguez quien, escribe, le invita a una cena oriental pero no le convence, no le gusta mucho aquel hombre que viste con descuido, “desarreglado” y que va mal peinado, relata, y que en un rapto de confianza se atreve a llamarla “pequeño saltamontes” y “estrella del infinito”. “Yo me casaré contigo”, le revela el pintor tinerfeño que esos días vive con la pianista Roma Damska, a la que protege por su origen judío en el París ocupado.

A través de Domínguez será como Maud Bonneaud conozca a otro español instalado en París. Un malagueño que responde al nombre de Pablo Picasso. O “don Pablo”. En estos meses estrecha un poco más sus relaciones con Dora Maar y Valentine Penrose y ya en plena postguerra, cuando Europa y el mundo intenta levantar la cabeza después de tanta tragedia, Maud suma una nueva amistad, Man Ray, y fortalece sus relaciones con artistas españoles y de otras nacionalidades que regresan a París como quien despierta de un mal sueño. No será sin embargo lo mismo.

En estos años Maud Bonneaud aprovecha para aprender español como lo aprende el extranjero que no estudia en academias, primero los tacos, las palabrotas y luego todo lo demás. A tenor de lo que escribe, se vuelve imprescindible para el volcánico Óscar Domínguez.

A través de esta especie de autobiografía apresurada, escrita con letra menuda y casi ilegible, Maud Bonneaud relata sus primeras investigaciones con los esmaltes, que trabaja conjuntamente con Domínguez aunque éste se cansa muy pronto. Nacen así las primeras joyas diseñadas por Maud Bonneaud.

Óscar Domínguez cumple la promesa que le hizo varios años antes y se casan en 1948 iniciando un periodo de su vida feliz. Así se traduce por lo que relata en sus memorias: viajes, la puesta en escena de Las Moscas, de Jean-Paul Sartre, en Baden Baden con música de Guy Bernard, quien se convertirá en uno de sus amigos más íntimos…

Maud es ahora Maud Domínguez. Así la conocen. Las memorias finalizan abruptamente y no profundizan más en su relación sentimental con el pintor tinerfeño ni su viaje a la isla y cómo conoció a quien sería su segundo marido y padre de su único hijo, Eduardo Westerdahl. Maud ya no será Domínguez sino Maud Westerdahl.

Para conocer cómo fue ese encuentro y la vida que mantuvieron en común hasta la muerte de Eduardo se recomienda consultar Eduardo Westerdahl. Suma de la existencia de Pilar Carreño Corbella, una publicación del Instituto Óscar Domínguez de Arte y Cultura Contemporánea de 2002. La autora, Pilar Carreño, tuvo la oportunidad de conocer a la pareja por lo que el libro propone un interesante retrato del crítico de arte tinerfeño.

Pese a que algunos expertos han tenido acceso a estas Memorias sin importancia estos recuerdos continúan siendo inéditos para el público. Están escritos sin obedecer a un orden cronológico aunque es un material de primer orden para reconstruir una biografía más o menos completa de Maud Westerdahl, trabajo en el que se encuentra ahora la historiadora del arte Pilar Carreño Corbella, comisaria de una exposición sobre su obra artística que espera que se inaugure el 16 de diciembre de 2021 en TEA Tenerife Espacio de las Artes.

Autora de Los surrealistas en Tenerife, Óscar Domínguez en tres dimensiones y El triángulo de las artes, entre otros, señalan a Pilar Carreño como una de las grandes conocedoras de las vanguardias y el surrealismo en Tenerife. Es la profesora quien resalta que hubo tres personajes fundamentales en la vida de Maud Bonneaud: André Breton, Óscar Domínguez y Eduardo Westerdahl.

“Se trató de una mujer que se movió en diversos ambientes por lo que no se puede hablar de una sola Maud sino de muchas. Todas estas piezas forman un rompecabezas”, apunta la historiadora, quien añade: “es un personaje apasionante”.

La biografía en la que está trabajando Pilar Carreño Corbella y que formará parte del catálogo de la exposición que acogerá TEA Tenerife Espacio de las Artes en diciembre de 2021 con el título de Maud, c’est la vie), dibuja el retrato de una mujer extremadamente inteligente que, recuerda Pilar Carreño que la conoció, “siempre estuvo ahí para ayudar”.

“No sé si se sentía artista”, opina la profesora cuando se le pregunta sobre Maud como creadora, “pero sí que se lo tomaba como una actividad que la entretenía”. No tuvo veleidades rupturistas y una vez instalada en Canarias medio olvidó aquellas experiencias para volcarse en la educación de su hijo.

Su obra refleja sus gustos por el mundo antiguo y el de los artistas que conoció a lo largo de su vida y a ellos les rinde homenaje en algunas de sus creaciones.

Pilar Carreño cuenta que con motivo de un homenaje a Óscar Domínguez que se iba a celebrar en 1963, Maud invitó a Breton para que viniera a a Tenerife para participar en una serie de actos que iban a desarrollarse en Tacoronte. Breton nunca respondió. El hombre que le abrió al mundo intelectual, quien la inició en muchas lecturas y la relacionó con los artistas más ingeniosos de los años 30, hace mutis por el foro.

Si uno de los lados de su triángulo emocional e intelectual fue André Breton, los otros dos lo representan Óscar Domínguez, todo lo contrario del fundador del movimiento surrealista y el crítico Eduardo Westerdahl.

Domínguez no era y por lo tanto no presumía de ser un intelectual, se trataba más bien “de un surrealista nato”. Él será el primer amor de Maud. El segundo lo encontrará encarnado también en un tinerfeño, Eduardo, con quien vivirá en Tenerife.

La isla a la que llega no es un paraíso pero sí un lugar en el que se vive bien y en el que está rodeada por los amigos de su marido. El poeta Pedro García Cabrera y el escritor Domingo Pérez Minik, entre otros. Ese pequeño grupo encarna la otra cara de un archipiélago tan contradictorio y “surreal” por naturaleza.

SEGÚN MAUD (*)

“Picasso fue un encuentro más en mi camino siempre lo había admirado pero el conocerlo personalmente me enriqueció. Sobre todo me honró con su amistad y esto significó, un premio muy valioso para mi”.

“A los 18 años conocí a André Bretón y fue el encuentro más importante de mi vida. Entonces, se produjo en mí un desdoblamiento, mitad surrealista y mitad cartesiano. Ahí se inició mi juego intelectual de la razón y lo onírico. Si, en un momento determinado, me hace falta ser surrealista, soy surrealista y, por el contrario, si debo ser cartesiana; soy cartesiana. Lo curioso es que yo me las arreglo muy bien, aunque parezca contradictorio”.

“En Tenerife me encuentro muy bien. La verdad es que con Eduardo a mi lado cualquier sitio sería bueno para vivir. La isla no me es necesaria, pero sí me es terriblemente agradable. Quizás, también, porque tengo muchos amigos aquí. Aunque,
en ocasiones hay que salir para respirar otros aires. Sin embargo, al principio me costó un poco adaptarme”.

(*) Declaraciones extraídas de una entrevista a Maud Westerdahl publicada en la sección Exposiciones y artistas de Ramón Salarich:, “Maud Westerdahl”, Diario de Avisos, Santa Cruz de Tenerife, 25 mayo 1980, p. 47.

FOTOS:

1.- La imagen fue tomada por Eduardo Westerdahl en 1954.

2.- dos páginas de estas ‘memoria sin importancia.

Saludos, plásticos, desde este lado del ordenador

2020: Diez libros con acento canario

Miércoles, Diciembre 30th, 2020

En este texto citamos solo algunos de los mejores libros que, a nuestro juicio, se han publicado este año firmados por escritores canarios o residentes en las islas. Las obras abarcan variedad de géneros. Hay novelas, reflexiones personales, aforismos… Son solo diez de los muchos que se han editado este año que se va y que llevaremos en nuestra memoria mientras vivamos.

Panza de burro (Barrett), Andrea Abreu.- Sin lugar a dudas fue la novela del 2020 al menos en Canarias, donde se convirtió en todo un éxito de ventas y no solo en Tenerife, isla natal de la autora. Escrita bajo la atenta mirada de Sabina Urraca, que actuó como editora, Panza de burro inaugura para algunos lo que denominan novela neorrural aunque para otros, entre los que me encuentro, se trata de una sencilla historia de amor a la que Andrea Abreu viste con un lenguaje trufado de canarismos y de la jerga que se habla en su barrio, en los altos de Icod de los Vinos y al que describe con afilada mirada realista.

Intruso (Círculo Rojo), Gotzon Cañada.- Se trata del primer libro de este escultor implicado en acciones solidarias en el que cuenta algunos de sus viajes por países remotos y sobre todo el contacto con sus gentes. El volumen, que se lee con interés, cuenta además con notables fotografías que firman Isidoro Gallo, Erika Urquiola y el propio autor.

Las zonas comunes (Franz Miniediciones), Nicolás Dorta.- El primer libro de cuentos del escritor, periodista y ahora profesor de instituto Nicolás Dorta es un libro en el que reúne cinco relatos que transitan, ya lo dice el título, en esas zonas comunes en las que antes de la pandemia nos movíamos todos. Cuentos con acento realista no evitan que en alguno de ellos se cuele un aliento poético con el que se entrevé los primeros pero sólidos cimientos de un narrador de ficciones.

Las estribaciones occidentales de Cydonia (Franz Miniediciones), Sergio Barreto.- Entre las pocas sorpresas que ha deparado el 2020 se encuentra el descubrimiento de una editorial, Franz, que cuida y mima los libros que publica, algunos de ellos escritos por escritores canarios. Sergio Barreto es un autor que se adentra en los territorios de la fantasía realista, geografías que describe con subrayado poético. Siete son las historias que se reúnen en este volumen que no va a dejar indiferente a nadie.

La muerte sabía a chocolate (M.A.R. Editor), Pascal Buniet.- Escritor francés que vive desde hace muchos años en algún lugar del sur de Tenerife, la originalidad de las novelas de Buniet radica en que cuenta historias en clave criminal radicadas todas ellas en, precisamente, algún lugar del sur de Tenerife. En su última novela la acción transcurre sin embargo en dos escenarios diferenciados aunque el sur de la isla continúa estando presente en una narrativa que explora lo que piensan y sienten los integrantes de las colonias de extranjeros que han fijado su residencia en Tenerife.

Y mi madre dejó de tocar el piano (Diego Pun), Cecilia Domínguez Luis.- Con esta novela la escritora tinerfeña cierra la trilogía que comenzó hace unos años con Mientras maduran las naranjas y que continuó con Y tú serás el río, historias que le sirven de pretexto para contar la historia de una familia antes, durante y después de la Guerra Civil española. En Y mi madre dejó de tocar el piano llega hasta los setenta, lo que hace de esta saga un ambicioso fresco histórico de la Canarias de aquellos años. Este 2020 de pandemia no fue obstáculo para que la escritora publicara una novela más, La sorriba (Aguere/Idea), un relato amargo sobre la posguerra que transcurre en Los Eriales, una pequeña población ficticia perdida entre las montañas.

Desajustes (La isla de Siltolá), Benito Romero.- Colección de aforismo por el que su autor recibió el II premio de aforismos que convoca esta editorial y que Romero distribuye en el volumen en seis secciones. Como es natural en libros de esta especie habrán unos que gustarán más que otros. No me resisto en reproducir alguno de ellos a modo de reclamo: SENSIBLERÍA: Serrín que se esparce sobre las heces del rebaño.

Crónicas del aire (Ediciones Mesturadas), Damián Marrero Real.- Se trata de un libro inclasificable ya que mezcla memoria con relato y mucha bibliofilia, amor mayúsculo por los libros en una obra en la que intervienen numerosas voces –como se avisa en la contraportada– y está escrito con desarmante sinceridad, razón que hace que conmueva al lector y que éste aprenda la lección de vida y resistencia a la adversidad que el autor propone a medida que se avanza en sus páginas.

Cuando venga el Rey, Luis Carlos Castañeda.- Se trata de uno de los grandes descubrimientos literarios escritos en Canarias este año que ya se nos va. Por un lado, porque propone una ambiciosa y muy documentada novela histórica que transcurre en Santa Cruz de La Palma a principios del siglo XX, un escenario que le sirve al escritor para describir los tipos humanos que eran los vecinos de aquel entonces y cómo reaccionan cuando aparece en la orilla de la playa un cadáver que puede dar al traste con los preparativos que organizan las autoridades de la capital palmera para recibir al rey Alfonso XIII.



Hambrientos y cobardes
(Pez de plata), Ángel Vallecillo.- Escritor fogueado en el policíaco y la ciencia ficción y últimamente en la novela gráfica, Ángel Vallecillo propone en esta de momento su última novela una interesante e inteligente mixtura de ambos géneros para contar una historia que despierta la atención del lector y que conduce a un final de esos que dejan huella. Muy recomendable, sobre todo para los seguidores de la novela criminal y de anticipación.

Saludos, comienza la cuenta atrás, desde este lado del ordenador

Un año de literatura en Canarias

Martes, Diciembre 29th, 2020

Si ya de por sí no resulta fácil elaborar un resumen del año para reflexionar de lo que se ha escrito y publicado a lo largo de estos doce meses, el 2020 pasará a la Historia por lo extraño que ha resultado para todo los habitantes del planeta. La pandemia, el confinamiento, el establecimiento de lo que llaman “nueva normalidad” han pasado a formar parte de nuestro diccionario personal mientras las huellas de lo vivido –calles despobladas, paseantes con mascarillas, hospitales saturados y residencias de ancianos que presentaban cuadros más cercanos al Bosco que al de un paisajista cualquiera– permanecerán a partir de ahora muy vivos en la memoria.

El año literario en Canarias arrancó simbólicamente el 4 de enero de 2020 con la celebración del centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós. Centenario que pasó en Canarias con más pena que gloria, fastos que quedaron en su mayoría diluidos por el avance inexorable de la Covid-19. Este 2020 también pudo haber servido para recordar el centenario del nacimiento del escritor Isaac de Vega aunque parece ser que los actos en su memoria se celebrarán en 2021.

En cuanto a extravagancias, tanto el Ateneo de La Laguna como el Círculo de Bellas Artes de Tenerife permanecen cerrados aunque hubo elecciones en este último, resultando elegido presidente de la entidad que tiene sede cerrada el artista plástico Alejandro Tosco.

Por otro lado, la XXXII Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife, que estaba previsto que se celebrase como cada año en el parque García Sanabria a finales de mayo, tuvo que cancelarse aunque se celebró a principios de diciembre de este mismo año en el aparcamiento del Palmétum con bastante dignidad aunque una alarmante ausencia de los libreros. En cuando a festivales sí que dieron la cara tras el confinamiento y adaptándose a las medidas y protocolos sanitarios que exigen los tiempo el Festival Atlántico del Género Negro, Tenerife Noir, que aprovechó la Feria del Libro habilitada en el Palmétum para desarrollar el programa de actividades que estaba previsto realizarse en marzo y volvió el Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras, Periplo, que celebró su octava edición; Mueca, Festival de teatro en la calle, ambos en Puerto de la Cruz, y la tercera edición del Festival Hispanoamericano de Escritores, que volvió a acoger Los Llanos de Aridane (La Palma) en septiembre. En este encuentro, la poeta andaluza Ana Rosetti fue la primera escritora de la Residencia Aridane de artistas y escritores.

Se celebró también el XVII Salón Internacional del Cómic de Santa Cruz de Tenerife con exposiciones y un programa de charlas y entrevistas que se pudo disfrutar por redes sociales.

La pandemia no fue acicate para que se apaciguase la tormenta política. Se sustituyó a Leopoldo Santos Elorrieta como director insular de Cultura del Cabildo de Tenerife, responsabilidad que recae ahora en Alejandro Krawietz con Enrique Arriaga como consejero del área. Arriaga, que también está al frente de la vicepresidencia y la consejería de Carreteras, Movilidad e Innovación, arrebató Cultura a su compañera de partido, Ciudadanos, Concepción Rivero, ahora responsable de Educación, Juventud, Museos y Deportes.

La mecha que hizo estallar la pólvora fue el cierre desde principios de enero, mucho antes de que fuéramos conscientes de la amenaza de la Covid-19, de la librería del Cabildo de Tenerife. Cierre que se anuncia perpetuo mientras reabre la del Cabildo de Gran Canaria.

En el plano político Carlota Cobo Hernández fue nombrada directora del Organismo Autónomo de Cultura, dependiente del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y se anunció a bombo y platillo que 773 proyectos se habían presentado a las convocatorias de Cultura del Gobierno de Canarias, las primeras que se hicieron públicas para paliar los efectos de la crisis de la Covid-19.

En estos tiempos extraños, el Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna celebró su 25 aniversario y se anunció que el escritor y periodista Raúl Tola era nombrado director interino de la cátedra Vargas Llosa en sustitución del escritor y periodista JJ Armas Marcelo. Aparecieron dos revistas digitales volcadas en literatura como Trasdemar y La salamandra ebria y el Ayuntamiento de La Laguna acordó en junio una moción institucional para el inicio de un expediente de distinciones y honores al poeta y escritor José Carlos Cataño (La Laguna, 1954-Barcelona, 2019).

En cuanto a premios literarios, la novela El salón de los espejos mudos, del escritor Sergio Constán se hizo con el Benito Pérez Armas mientras que Pablo Alemán Falcón fue el ganador del de Poesía Pedro García Cabrera por Este cosmos de raíces y Carmen de la Rosa Moro con Nosotras somos humanas del Premio de Relato Corto Isaac de Vega.

El escritor y periodista Luis Carlos Castañeda resultó ganador con Cuando venga el rey del séptimo premio literario Amazon y Santiago Gil con la novela Mediodía eterno del Benito Pérez Galdós.

En el género negro y criminal, el escritor francés afincado en el sur de Tenerife, Pascal Buniet, obtuvo el IX Premio de Novela Wilkie Collins con La muerte sabía a chocolate y la titular de la cátedra de Galdós de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Yolanda Arencibia, con el Premio Comillas 2020 por Galdós. Una biografía.

El escritor y cineasta Elio Quiroga obtuvo el II Premio de Novela Juvenil y de Fantasía que convoca la editorial cordobesa Malas Artes por Astral y el escritor gallego Domingo Villar se hizo con el premio Ciudad de Santa Cruz de Novela Criminal (Tenerife Noir) por El último barco.

Tomás Redondo Velo consiguió con el poemario Ruegos sumergidos, el premio de Nuevas Escrituras Canarias y Samir Delgado el Premio Internacional de Literatura Antonio Machado por La carta de Cambridge mientras que Antonio Martín Piñero con Amarillos el XII Premio Bienal de Poesía Joven Emilio Alfaro Hardisson del Ateneo de La Laguna, institución que dentro de sus posibilidades ha mantenido contra viento y marea su agenda de actividades.

Por otro lado, el Ayuntamiento de Tazacorte en la isla de La Palma dio el fallo del XXIII Concurso de Narrativa y Poesía Luis Sánchez Brito, resultando ganadores Sandra Lorenzo y Samir Delgado en las respectivas categorías.

AUSENTES

Nos dejaron en 2020 el escritor y viajero José L. González-Ruano, responsable de la única librería especializada en viaje de Canarias, Azulia, nombre que dio también a una editorial en la que el propio Ruano publicó libros como Donde anidan los albatros y El archipiélago nómada, entre otros. Falleció también el militar y escritor Juan Arencibia de Torres y Alberto Delgado, presidente de la Fundación de CajaCanarias y ex-viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias. Nos dejaron también el historiador Armando Curbelo Fuentes, el periodista y escritor Manuel Almeida; el cantautor y poeta Alberto Cañete; Javier Gorostiza, presidente de la Asociación de la Gesta del 25 de julio de 1797 y el catedrático de Lengua Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y miembro de la Academia Canaria de la Lengua, Antonio Samper Padilla.

Por último, nos dejó también el escritor y viajero Javier Reverte, quien pese a no haber nacido en Canarias sí que estuvo muy vinculado al archipiélago a través del Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras Periplo, del que era miembro de su consejo asesor.

En cuanto a libros no ha sido 2020 un año excesivamente terrible aunque el torpedo sí que ha tocado pero todavía no hundido al sector. Sobre el impacto de la crisis desatada por la Covid-19 publicamos en estas mismas páginas una encuesta con diez editores de las islas para que hablaran de su situación, manifestando algunos de ellos su malestar por lo que consideran competencia desleal de la Viceconsejería de Cultura del Gobierno regional, ya que continúa una política editorial que no cuenta con las editoriales canarias y que en este año de pandemia publicó sin publicitar Temas de la narrativa canaria de los siglo XX y XXI (G-21), un estudio de Sinesio Domínguez Suria.

En Historia, el catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel Hernández, fue el autor de El círculo de los Gálvez. Formación, apogeo y ocaso de una élite indiana (Ediciones Polifemo, 2019) y Los ocho monstruos de Monteverde. El destierro en Ceuta de dirigentes de la Primera República de Venezuela (Ediciones Idea, 2020). En memorias, Baile del Sol dio a conocer De Las Palmas a Dakar, de Eduardo Suárez Socorro y José Carlos Guerra Cabrera Óscar Domínguez: obra, contexto y tragedia.

En el apartado narrativo, Cecilia Domínguez Luis publicó Y mi madre dejó de tocar el piano (/Diego Pun, 2020), con la que cerró la trilogía que inició con Mientras maduran las naranjas y continuó con Y tú serás el río; y La Sorriba (Ediciones Idea). Fernando Delgado firmó Todo lo que necesita ser dicho. El amor libre y devoto (Planeta); Emilio González Déniz El reloj de Clío (Ediciones La Palma) y Alberto Vázquez Figueroa la novela Cien años después (Kolima Books).

José Luis Correa publicó en Alba editorial la undécima entrega de las aventuras del detective Ricardo Blanco, Las dos Amelias; Alexis Ravelo Un tío con una bolsa en la cabeza (Siruela); Ángel Vallecillo Hambrientos y cobardes (Pez Plata) y Mariano Gambín la décima novela que reúne a los protagonistas de su ciclo Ira Dei, El palacio oscuro (Oristán). Otras novelas fueron El beso de Copacati (Dolmen Editorial), del escritor tinerfeño Víctor Conde (pseudónimo tras el que se esconde Alfredo Moreno); La paciencia del peregrino (Ediciones Idea), de Daniel Pérez Estévez; Las zonas comunes (Miniediciones Franz), de Nicolás Dorta; La ternura del caníbal (7 islas) y Da que pensar, textos y pretextos para una antología (Mercurio), de Víctor Álamo de la Rosa, el último volumen gracias a un trabajo recopilatorio de los filólogos María Nieves Pérez Cejas y Victoriano Santana Sanjurjo.

Santiago Gil presentó el libro de poemas Té Matcha (Ediciones La Palma), en el que recordaba a una de las personas más luminosas que he conocido Angélica Castellano Suárez y en la editorial digital ATTK Editores El imposible amor, una nouvelle en la que cuentan los miedos, los anhelos y las incertidumbres que se vivieron en España durante las primeras semanas de la cuarentena de la Covid-19. Roberto Toledo Pallicer presentó el poemario Fulgor del aire (Idea) y Federico J. Silva Silva Rerum (Mercurio). En apartado de memorias José Alejandro Fernández recuperó la memoria de su familia en Nosotros (Ediciones El Drago). En Almuzara, el investigador José Gregorio González publicó Magia, ocultismo y sociedades secretas en el Tercer Reich.

Cirilo Leal fue el autor de una de las novelas más vendidas en Canarias este año, Los lenguas cortadas (Herques), con prólogo y epílogo del profesor Antonio Tejera Gaspar, que presentó a finales de año un libro sobre Guanches (Le Canarien) y Alberto Omar presentó Sueños del otro (Poesía 1970-2020), en un volumen editado por el Gobierno de Canarias. En Franz Miniediciones Francisco León reunió artículos y ensayos en Oculto oficio y en Intruso (Círculo rojo) se reveló como escritor de viajes Gotzon Cañada.

Historia desconocida de mis antepasados (Verbum), de Gerardo Pérez Real; Crónicas del aire (Ediciones Mesturadas), de Damián Marrero; Vagos y maleantes (Editorial 7 islas) de Ismael Lozano; Panza de burro, sin duda alguna el título del año al menos en Canarias (Barrett), de Andrea Abreu fueron otros de los libros que nos llegaron en un año que, como se observa, si bien decayó en obras publicadas no cesó de aparecer con novedades antes y después de los meses de cuarentena.

El editor Ánghel Morales, de Aguere, puso fin a la colección G21 con un libro de cuentos escritos por mujeres e Iván Vera Martín publicó Los hombres y las libélulas. Otro libro que se publicó en 2020 fue La diosa de piedra (Idea/Aguere), de María Candelaria Marrero Pérez. Benito Romero insistió en los aforismos con Divergencias y Yurena González Herrero con el microrrelato en Carcoma (Baile del sol). El periodista Román Delgado fue el coordinador de Cuarteto de arritmias (BaraBara), volumen en el que colaboraron Indra Kishinchand López; Fer D. Padilla y Cristina Quirantes Sánchez. Delgado firmaría también pero ahora en solitario Historias de intramuros (BaraBara).

Las estribaciones occidentales de Cydonia (Franz Miniediciones) fue un libro de cuentos de Sergio Barreto y cuentos fueron también los que Fabio Carreiro Lago ofreció en Noches de naufragio (Baile del sol) así como Daniel María con Un camerino propio (Egales).

Amaro Pargo, Fe, Amor y Raíces, se trató de una novela de Alfredo López Pérez. El libro de Ofelia, de Anne Perrier, fue traducido por Rafael José Díaz, entre otros y otros libros de los que, por una u otra razón, tuvimos conocimiento. A esta lista que no es completa ni mucho menos, añadiríamos Ínsulas de papel, ínsulas digitales (Idea) de Pedro Javier Castañeda García y en Le Canarien La huella del botánico de La Orotava, de Jesús Rodríguez Bravo y Mujeres canarias, un libro colectivo.

En cuanto a novela gráfica, la Fundación Cine más Cómic publicó en 2020 dentro la colección Los archivos de la Fundación Ida y vuelta, de Rayco Pulido, con José Viera y Clavijo como protagonista; Crónicas de la cuarentena, de Eduardo González, su personal y humorística visión de los meses de confinamiento; Padilla & cía, de Padylla; Las viñetas del mago, de Francisco Medina y Malditos, de Chloé Beny. Bajo este mismo sello, se presentó Los cómics de las galaxias. La era Marvel 1977-1986 de Eduardo Serradilla y José Gracia y Blacksad. Vigencia y revitalización del género negro en las viñetas de Julio Santamaría.

El guionista y dibujante Juan Carlos Mora tras finalizar Historias de guanches (Idea) inició con Andamana (Idea) Historias de Canarios, sobre la conquista de Gran Canaria y a modo de colofón, Los ochenta pasan factura recogió en un solo volumen los once números del fanzine Cirrosis.

Saludos, repaso de un año, desde este lado del ordenador

Gotzon Cañada: “El viajero es objetivamente un intruso”

Miércoles, Diciembre 23rd, 2020

La última edición del Festival Internacional de Viajes y Aventuras Periplo, como las siete anteriores, se celebró en octubre cuando casi nadie pensaba que iba a celebrarse. La pandemia que lo ha cambiado todo hizo creer a muchos que este encuentro con las letras estaba condenado aunque no fue así afortunadamente ya que la cultura y el turismo en el Puerto de la Cruz han sabido adaptarse “a la nueva normalidad”.

Si hubo un momento emocionante en la octava edición del Festival fue el que se vivió durante la presentación de Intruso (Círculo Rojo, 2020), de escultor Gotzon Cañada (Bilbao, 1951), un libro de viajes diferente en el que su autor además de dar sus impresiones de los remotos países que ha conocido, describe su experiencia solidaria entre los habitantes de las ciudades y pueblos que recorre en un volumen que, además de describir su ruta vital y sentimental, cuenta con una selección de fotografías que firman Isidoro Gallo, Erika Urquiola y el propio Gotzon Cañada.

- El lema de Periplo de este año fue Escribir y viajar en tiempos de catástrofe…

“Ufffff…En un abrir y cerrar de ojos, algo con lo que no contábamos, nos ha cambiado la forma de relacionarnos, la forma de expresarnos, la forma de divertirnos, la forma de viajar, la forma de vivir… Sin estar ni prevenidos ni preparados y ahora nos toca observar, aprender y, todos juntos, ver como salimos de ésta.”

- ¿Por qué Intruso?

“El viajero es objetivamente un intruso. Aparecer en cualquier rincón del planeta con la mochila a la espalda supone, casi siempre, una nota discordante en la rutina del lugar. Te conviertes en el centro de las miradas y, casi con seguridad, en la anécdota del día, del mes o incluso del año”.

- ¿Hasta que punto fue determinante Periplo para que publicara el libro?

“Al terminar cada edición de Periplo, año tras año, una extraña sensación recorría mi cuerpo. Tener delante ese elenco de viajeros y escritores contando sus experiencias hacía que por mi cabeza rondara un pensamiento: Algunas de mis vivencias podrían ser contadas, pero ¿sabría hacerlo? Tras la última edición del Festival, me puse “manos a la obra”. Empecé a desarrollar un relato pero enseguida me di cuenta de que mis capacidades no daban para tanto. Todo parece fácil cuando ves a los profesionales, pero ¡nada más lejos de la realidad: no lo es! Revisando recuerdos y fotografías de viajes, pensé en algo más sencillo como contar impresiones, anécdotas y vivencias casi de forma periodística y muy apoyadas por una cuidada selección de imágenes. Ahí me encontraba más seguro, empezaron a caer las páginas y llegó el virus este que nos está cambiando la vida”.

- Me consta que uno de los protagonistas del año pasado, el científico Javier Cacho –una isla de la Antártida lleva su nombre desde hace unos pocos meses–, le brindó su apoyo.

“El confinamiento obligado nos supuso a todos un importantísimo cambio de rutinas, abriendo tiempos para actividades que antes estaban en un segundo plano y me permitió, además de compartir ideas y sueños con Javier, aprender de su experiencia y apoyo, tanto como científico, como de escritor/divulgador. ¡Un lujazo!”.

- De los invitados protagonista en ediciones pasadas ¿cuáles han sido los que más le han llenado en cuerpo y alma?

“Cada personaje que transita por Periplo deja algo entre nosotros. Poder disfrutar de sus vivencias en primera persona y a un metro de distancia, no te deja indiferente. La transmisión de la información es tan cercana que te hace, enseguida, formar parte de la aventura y luego te deja un poso de compromiso del que difícilmente podrás escapar”.

- Me gustaría que habláramos de Bloko del Valle, una asociación dedicada a la percusión con carácter solidario.

“Tras años viajando y siendo espectador de primera fila de todo tipo de situaciones te llega el momento de intentar aportar algo. Te llega el momento de dejar de ser un mero observador, para pasar a la acción. Acabábamos de crear la Asociación Bloko del Valle (2010) con la intención de promover valores a través de la percusión y tuvimos la oportunidad de llevar nuestra filosofía a un lejano orfanato en Kenia. Ya llevamos 10 años, funciona solo y está dando unos resultados espectaculares. A este proyecto se suma Praia, en Cabo Verde (2015) y Costa Rica en 2019”.

- Intruso combina experiencia vital con información para viajeros.

“No es un resultado buscado. Es mi primer libro y, como tal, tiene una gran dosis de inconsciencia y osadía. Mi idea era acercar los viajes al lector para animarle a viajar. Hoy esto ha cambiado y no tengo ni idea de como viajaremos en unos años”.

- ¿Y qué lleva Gotzon Cañada como equipaje en sus viajes?

“Lo menos posible. Hay diferencias evidentes si visitas un país frio o cálido, pero hay que huir de los “por si acaso”, pesan y no suelen ser necesarios. Una mochila para un mes no debe pesar más de 8 kilos y tiene que contener lo básico: útiles de aseo, ropa y un mínimo botiquín. Nada de valor por lo que pudiera pasar. La documentación, billetes y dinero, siempre encima y protegido contra la lluvia”.

- De los países que ha visitado ¿a cuál no volvería y a cuál sí?

“Volvería a todos. Es muy interesante volver al cabo de los años a visitar lugares para ver su evolución. El hecho de que un país te atraiga menos que otro, influye, pero no descarta. Me he sentido muy cómodo en muchos países (Tibet) y bastante incómodo en uno: China”.

 - Intruso destaca mucho por su contenido gráfico…

“Elegir la imagen que va a acompañar un texto, es muy complicado. Cada imagen es un instante congelado de una historia vivida y puede haber muchos instantes en cada historia. Recuerdo perfectamente las que suceden en momentos o lugares que nos han marcado. Nuestra biblioteca interna es selectiva, pero si le provocas te lleva hasta esos rincones donde se guardan algunos tesoros”.

- ¿Y cómo fue la aventura de escribir el libro?

“Fue una forma de ocupar unas cuantas horas durante el confinamiento al que estuvimos sometidos, viajando por los recuerdos y las imágenes de los destinos visitados… otras se fueron en la edición de 8 pequeños documentales para un incipiente Canal Resistencia TV, aprovechando sinergias”.

- Un asunto que no suele tratarse son los compañeros con los que uno viaja.

“Sí. Es el punto de partida ante cualquier viaje o expedición. La composición del equipo, sea de las personas que sean, es vital. Necesitas una confianza ciega e intuir sus reacciones ante situaciones difíciles o peligrosas porque cuando las cosas se complican, conoces de verdad a las personas que tienes a tu lado”.

Saludos, lo que es arriba es abajo, desde este lado del ordenador