Archive for the ‘Libros’ Category

Un agente secreto al servicio del camarada Stalin

Viernes, Enero 29th, 2021

“A nada debemos temer en la vida. A nada, salvo al fascismo. Los hombres deben liquidar sus gérmenes dondequiera que aparezcan”.

(El mayor Vijr, Iulian Semionov. Traducción: Luis Cerecedo, Plaza y Janés, 1979)

José Stalin tuvo a sus órdenes un súper agente secreto que, al contrario que James Bond, fue leal al ideal comunista y a su jefe, Koba, el terrible. Este espía de corazón y sangre roja tuvo nombre y apellido: Maxim Isalev aunque trabajó bajo el nombre en clave de Stirlitz en la cúpula nazi, donde consiguió infiltrarse y convertirse en hombre de confianza de jerarcas del siniestro partido de la cruz gamada.

El caso es que el agente Stirlitz no existió en el mundo real pero sí en la imaginación del escritor soviético Iulian Semionov, un tipo con una vida igual o más apasionante que la de su creación literaria, y un renovador de las letras rusas no solo por apostar por la novela de espías, aunque para él se trataran de novelas políticas, sino por diseñar un personaje que puede mirar de frente y sin complejos a su alternativa británica: James Bond. Eso sí, los dos trabajan en periodos históricos distintos. La cronología de Stirlitz abarca la revolución soviética, la guerra de España y la II Guerra Mundial mientras que el teatro de operaciones de 007 es la Guerra Fría y el enemigo los comunistas para sustituirlos –a medida que se publicaban las novelas y el personaje se transformaba en un símbolo de occidente más adelante por la organización Espectra.

En España, se han traducido algunas de las novelas que Semionov dedicó a Stirlitz. Entre ellas una de las más populares, Diecisiete instantes de una primavera (Plaza y Janés, 1977), que dio origen además a una serie de televisión que levantó pasiones en los países que se encontraban tras el telón de acero.

Se pueden encontrar todavía títulos como el ya mencionado, Diecisiete instantes de una primavera, en librerías de ocasión. En esta novela, probablemente una de las más conocidas del escritor entre los iniciados, el agente secreto a las órdenes del camarada Stalin trabaja desde Berlín para impedir que lleguen a buen puerto los contactos que norteamericanos y nazis han establecido en Suiza para llegar a una paz entre el Reich y Occidente para impedir el avance del ejército rojo sobre la capital de Alemania y Variante española que es una interesante incursión de Stirlitz en la Guerra Civil española.

A propósito de este título, escribe Paco Ignacio Taibo II en el prólogo de la edición española (Júcar, 1976):

“De Variante española y su autor, Yulia Semionov, se han dicho muchas cosas… Todas ellas se mueven en el terreno nebuloso del espionaje. Se dice que el personaje secundario clave de la historia es el súper tipo Kim Philby y que Semionov obtuvo la información directamente de él en conversaciones privadas en Moscú, pero que se le prohibió utilizar el nombre real: se dice también que Semionov pudo tener estas conversaciones con Philby porque a pesar de no ser miembro del PCUS es coronel honorario de la KGB”.

Esta información no debería de sorprender de todas maneras ya que es habitual que el género de la novela de espionaje esté plagado de escritores y escritoras también que antes de pasarse a las letras trabajaron como agentes secretos.

Iulian Semionov regresaría a España en Ancha es la puerta (Txalaparta, 2018) pero sin Stirlitz como protagonista. La acción eso sí se desarrolla durante la Guerra Civil española un escenario que como se observa interesó bastante al escritor, cuyos libros se convertían en éxitos de venta en los países adscritos al Pacto de Varsovia pero también al otro lado. Su lectura permitía tener una visión más amplia de la gélida realidad en la que aparecieron las novelas políticas y policíacas de Semionov. Estaban narradas desde la perspectiva del enemigo para el lector occidental, lo que potencia primero la curiosidad y luego el interés que su lectura provocaron en quien ahora mismo les escribe.

Otros títulos que se pueden encontrar del personaje en español son El mayor Vijr (Plaza y Janés, 1979), en la que narra el proyecto que estudió las SS para destruir por completo la ciudad de Cracovia. Proyecto que frustra, claro está, el agente Stirlitz, y caso que planea en Diecisiete instantes de una primavera ya que la intervención del agente secreto al servicio de Stalin ha despertado las sospechas de los superiores de la SS, donde trabaja como infiltrado.

La sospecha a ser descubierto, la red de agentes que va tejiendo como si de una orquesta roja cualquiera se tratara; sus relaciones con los jerarcas del partido nacional socialista son algunos de los ingredientes que maneja Semionov en sus historias. Historias plagadas de información sobre aquellos años (en Diecisiete instantes de una primavera sobre la última semana de existencia del régimen nazi), que no están exentas de refinada crueldad cuando así lo exige la supervivencia del personaje. Un héroe triste y distante, muy parecido a Bond aunque el contrario que el espía británico, las cosas saldrán bien gracias no al valor de un hombre sino de todo el colectivo para el que trabaja.

Las novelas se publicaron a finales de los años 70 en España a través de la editorial Plaza y Janés. El personaje volvería a ser reeditado muchos años después en Txalaparta. En concreto dos, la ya mencionada Diecisiete instantes de una primavera y Diamantes para la dictadura del proletariado, en la que se nos presenta al joven agente Maxim Isaiev infiltrado entre los contrarrevolucionarios del exilio “para suturar esa fuga de riquezas, imprescindibles para llevar adelante la revolución comunista”.

Iulian Semionov escribió un total de doce novelas dedicadas al Stirlitz pero es probable que se me escapen otras que fueron traducidas y publicadas en Cuba, donde al parecer disfrutó también de cierta popularidad. Tanto, que sirvió para estimular la imaginación del escritor uruguayo nacionalizado cubano Daniel Chavarría para crear a su súper agente el mayor Alba:

“Una especie de James Bond cubano, que conocía las más modernas técnicas del espionaje (aprendidas en escuelas especializadas del KGB). Era además biólogo y un karateca segundo dan (como tantos entre la oficialidad de inteligencia y contrainteligencia cubanas), que lo mismo está diseñando la instalación de micrófonos en una oficina de Miami, que fajado a muerte en un callejón de Luanda, el Yemen o Tailandia, contra agentes de la CIA que pretenden eliminarlo. Y este es un personaje real, perfectamente histórico, porque Cuba durante 43 años ha actuado intensamente en la arena internacional. Como comprenderá, ese enfrentamiento total, vertical, de patria o muerte contra los EE.UU., no lo tiene ningún otro país de Occidente”, nos reveló hace unos años cuando tuvimos la oportunidad de entrevistarlo (si pinchan este enlace pueden leer un resumen de la conversación en este su blog El Escobillón).

Con esto lo que se quiere decir es que las novelas de Semionov marcaron a generaciones de hombres y mujeres que nacieron bajo otra orientación ideológica y cultural. Para la mayoría, el bloque del Este defendía los que los del otro lado afirmaban era todo lo contrario al mundo libre.

Conozco otras novelas de Semionov traducidas al español pero que poco o nada tienen que ver con las aventuras de Stirlitz.

En Muerte en Luang Prabang (Albia Nova, 1979) ofrece otra mirada sobre la Guerra de Vietnam a través de los protagonistas, dos personajes que representan civilizaciones opuestas y enemigas al ser incapaces de sentarse a dialogar.

Ogariova 6 (Ediciones B, 1988) es un policíaco en sentido estricto, y una novela en la que además introduce a un personaje que prometía repetir en otros títulos de lo que sospecho fue otra serie: el coronel Kostienko.

Iulian Semionov nació en el seno de una familia perfectamente instalada en el sistema socialista soviético, su padre fue el organizador de la industria editorial y director de Izvestia, por lo que su carrera como escritor e informador parece como predestinada. Recorrió el mundo cuaderno y grabadora en mano y logró, es uno de sus hitos como periodista, entrevistar a criminales de guerra como Otto Skorzeny y Albert Speer, entre otros.

Su bibliografía es impresionante, casi es como si Semionov se pasara toda la vida escribiendo, y su muerte está rodeada de un halo de misterio que aún no ha sido resuelto. Unos dicen que fue envenenado por la KGB ya que se vio involucrado en un oscuro caso de influencias. No sé si alguna vez se conocerá la verdad aunque es más que probable que a su víctima, el escritor Iulian Semionov le hubiera entrado la risa su salida melodramática de la existencia. Y sí, sí que tiene algo de literaria su desaparición apenas unos pocos años después de que el invento de la Perestroika desapareciera en lo que todavía quedaba de la antaño orgullosa y beligerante Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Saludos, Spasiva!, desde este lado del ordenador

Sospechosos, un libro de David Thomson

Lunes, Enero 25th, 2021

Hay libros de cine y hay otros libros de cine. En la primera categoría pueden englobarse todos aquellos trabajos que han sido escritos por críticos y cinéfilos y están dirigidos a aficionados y a críticos que son cinéfilos. En el segundo, se reúnen todas aquellas obras escritas por un cinéfilo para cinéfilos, grupo al que pertenece Sospechosos, del crítico y cinéfilo (de cinéfilo va el juego) David Thomson. Un raro ejemplo de aficionado que ha logrado que tanto profesionales del cine como aficionados respeten y quieran. Lo de querer no lo tengo muy claro pero sí que lo respetan.

Que lo respeten sobre todo cineastas del calibre de Martin Scorsese que, pese a que considere algunas de las opiniones de Thomson excesivas (el crítico ha escrito mucho y mal sobre 2001, una odisea espacial, de Kubrick), sí que elogia otras porque además de coincidir en el parecer le gustan las reflexiones que propone el especialista para justificar que ese largometrajes merece ser visto. Porque de eso se trata fundamentalmente, que el crítico recomiende al público lo que debe o no debe de verse. Otra cosa es que el aficionado se lo tome en serio. Lo que podría dar origen a otro debate sobre la utilidad o inutilidad de la crítica (cinematográfica, literaria, de arte, musical…) o no.

Sospechosos se publicó hace ya más de diez años en España en la interesante colección Roja y Negra de Random House Mondadori. Cuenta con un prólogo que firma Rodrigo Fresán, que es un escritor al que conviene tener en cuenta aunque sus elogios en torno a Sospechosos se salgan del tiesto porque ¿la novela? de Thomson, más que novela es una relación de personajes de ficción. No de los actores y actrices que los interpretaron sino de los personajes de ficción a los que dieron vida en el cine.

En este caso, todos ellos relacionados con películas de cine negro y criminal. O policíaco. O noir que dicen los franceses entre otros términos que quieren definir con una o dos palabras la fuerza de un género que hoy disfruta de inmejorable salud.

El atrevimiento de Thomson es además el de conectar las historias de los personajes de los que se inventa su biografía. Así, Noah Cross, el padre multimillonario y canalla de Chinatown (Roman Polanski, 1974) que interpretó en pantalla John Huston, mantuvo como amante durante su juventud a la actriz Norma Desmond que, como recordarán los más cinéfilos es la envejecida estrella atrapada en un pasado de gloria de El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950).

Detalles como éste hacen que la lectura de estos retratos biográficos –que no llegan a las cuatro o cinco páginas por personaje, y son 85) un atractivo y divertido reto para todo aquel que se precie de aficionado al cine. De paso, se conoce la vida que tuvieron estos héroes y villanos de celuloide antes de ser protagonistas de los filmes en los que fueron intepretados por actores.

Por ejemplo, se conocerá qué hicieron antes de su romántico encuentro en Casablanca (Michael Curtiz, 1942) tanto Rick (Humprey Bogart), Ilsa (Ingrid Bergman) y Victor Laszlo (Paul Henreid).

David Thomson considera, creo que por razones de dar una vuelta de tuerca final a su libro, películas que otros no encasillarían dentro del género negro como Qué bellos es vivir (Frank Capra, 1946) pero si lee el libro se descubrirá la razón de que algunos de sus personajes hayan sido incluidos en esta obra gigantesca en la que se destila no solo amor al cine sino a un género que hizo tan grande el cine.

Sospechosos nació como el primer volumen de una trilogía pero como explica el autor en una nota final su continuidad está en manos de los lectores.

Ya había repetido esta experiencia el mismo Thomson en Silver Light, solo que en esa ocasión el tributo se escoró al western. En este libro, de hecho, se atrevió a mezclar personajes reales de aquel tiempo como Wyatt Earp con otros de su invención. Silver Light iba a ser debidamente reescrito para que fuera el segundo tomo de la trilogía mientras que el tercero se dedicaría a rendir homenaje a la screwball comedy a través de sus personajes y no de sus actores.

No sé si al final esta trilogía llegó a buen puerto pero sí que el proyecto resultaba lo suficientemente interesante para todo aquel espectador iniciado en la ciencia inexacta del cine.

Obras como Sospechosos ponen de manifiesto la grandeza de un arte que, como explican muchos aficionados al cine, está hecho de la materia con la que se fabrican los sueños.

Y sí, efectivamente, la última frase reinterpreta el diálogo de un clásico de la novela y del cine negro y criminal, El halcón maltés. Un libro escrito por Dashiell Hammett que dio origen a una película escrita y dirigida por John Huston.
No deja de resultarme curioso por eso que personajes como Sam Spade, el duro detective privado de El halcón maltés, ni Philip Marlowe, el investigador con vocación de caballero sin espada y que salió de la imaginación de Raymond Chandler, carezcan de entradas en este libro, en esta relación de héroes y malvado que fueron resultado de la imaginación de escritoras y escritores y un crítico, pero sobre todo un cinéfilo, llamado David Thomson.

Saludos, cuando existía eso que llamamos cine, desde este lado del ordenador

Alexis Ravelo: “La periferia tiene mucho que aportar al panorama cultural”

Miércoles, Enero 20th, 2021

Canarias es territorio literario criminal. La avalancha de autores de las islas que se han consolidado en el género ha propiciado además la celebración de varios festivales que como Tenerife Noir / Festival Atlántico del Género Negro y LPA Confidencial se suma ahora Aridane Criminal, que dirige el escritor Alexis Ravelo y que se desarrollará a partir de este jueves, 21, al 23 de enero en Los Llanos de Aridane.

- ¿Cómo nace y qué objetivos se plantea Aridane Criminal?

“Nace de la idea de que la periferia tiene mucho que aportar al panorama cultural y con la conciencia de que existe un espacio apropiado para un encuentro que propicie el debate en torno a la historia y la actualidad del género. Sus fines son los de cualquier otro festival: reunir a autores y lectores y a autores entre sí para proponerles intercambios y debates en torno a la novela negra y policíaca en particular y a la literatura en general, con un formato que resulte, al mismo tiempo que riguroso, dinámico y ameno. Algo que nos interesa mucho es mostrar que, pese a ser un género popular, la narrativa negrocriminal no está en absoluto reñida con la excelencia literaria y, además, presenta la ventaja de propiciar debates éticos, sociales y hasta políticos de gran interés. Todo esto lo hace un vehículo perfecto para la animación y la dinamización lectora”. 

- No era habitual, hasta hace unos años, que hubieran tantas escritoras dedicadas al género, ¿a qué cree que se debe?

“El género ha tenido históricamente una tendencia patriarcal que, por suerte, comienza a no ser dominante. Esto no es exclusivo del género negro: otros géneros y disciplinas han ocultado a sus creadoras, las han ignorado o han adoptado perspectivas exclusivamente masculinas. De hecho, algunos de los autores clásicos (está el caso extremo de Mickey Spillane) eran directamente misóginos. Y esa actitud se reflejaba en las programaciones de los festivales. Pero los tiempos han cambiado o, al menos quiero creer, están cambiando. Hoy en día, un encuentro de estas características, si quiere reflejar la actualidad del género, habrá de ser inclusivo o no será. No solo porque existen muchas y muy interesantes autoras, sino porque su influencia y sus logros han hecho evolucionar la escritura de muchos autores masculinos”.

- Este año se conmemora el centenario del nacimiento de Patricia Highsmith. ¿Cuál es su opinión de la escritora?

“Patricia Highsmith es, sencillamente, una maestra indiscutible. Sus historias truculentas en las que prácticamente no aparece la policía permiten al lector dar un paseo por el lado oscuro, examinar con toda crudeza las emociones humanas, vislumbrar los mecanismos psicológicos en los que se incardinan nuestras conductas más viles y también las más generosas. Técnicamente, envidio su capacidad para la postergación de la resolución del conflicto y su habilidad para crear momentos tremendamente plásticos, así como para introducir giros sorprendentes que siempre, una vez aparecidos, se te antojan no ya naturales, sino absolutamente lógicos. Digamos que es de las que nunca se sacan un conejo de la chistera. A veces, de sus novelas uno recuerda el color de un albornoz, un cenicero o un remo que casi puede tocar. Y son historias que suceden en un mundo donde Dios no existe, así que los seres humanos han de apañárselas solos. Quizá por eso interesara tanto a cineastas como René Clément, Claude Chabrol, Wim Wenders, Liliana Cavani o Anthony Minguella”.

- ¿Qué asuntos se abordarán en Aridane Criminal?

“Hemos preparado un programa breve pero intenso. El primer acto será un recorrido de Yanet Acosta por los lugares en los que transcurren sus novelas. Cualquiera que haya asistido a cualquier acto con Acosta sabe que siempre ofrece todo un espectáculo, que sus intervenciones siempre van más allá de la propia literatura. Posteriormente, ella misma participará con José Luis Correa y Carlos Álvarez en una mesa que lleva por título Échale mojo, en la que se hablará de novela negra canaria y novela negra en Canarias. Puede ser una mesa muy fecunda, porque Correa es un canarión que siempre ambienta en Gran Canaria, Yanet Acosta, que es tinerfeña, ambienta en la Península y Carlos Álvarez, que es leonés, desarrolla sus ficciones en Canarias y las escribe con el español de Canarias. También habrá una mesa dedicada a la saga de novelas protagonizadas por Ricardo Blanco, firmadas por José Luis Correa y un debate entre dos maestras: Alicia Giménez Bartlett y Rosa Ribas. Además, Rosa Ribas impartirá un taller de escritura creativa centrado en la estructura narrativa. Para la última jornada hemos reservado dos actividades que prometen ser interesantes. La primera será una sección fija en Aridane Criminal. Se llamará Dímelo en la calle y consistirá en que todos los autores y autoras participantes lean un fragmento de su obra. Por último, habrá un concierto leído, Letras a tiros, en el que Carlos Álvarez hará un recorrido por la historia de la novela negra acompañado por la Cristóbal Montesdeoca Quartet, que interpretará clásicos del jazz norteamericano. No hemos querido organizar un programa que contuviera entremeses: todo son platos fuertes”.

- ¿Qué no hay y le gustaría que hubiera en el Festival?

“Este año hemos organizado un programa que no implicara excesivos desplazamientos, y todo con actos al aire libre y aforo limitado, debido a la pandemia. Aun así, hemos conseguido una interesante representación de firmas canarias y nacionales de varias generaciones y orientaciones estéticas. En ediciones posteriores, nos gustaría contar con la presencia de otros firmas europeas, latinoamericanas y africanas. Estos últimos suelen ser los grandes olvidados en muchos encuentros y, siendo en Canarias, representan una realidad cultural insoslayable”.

- ¿Y por qué celebrarlo en Los Llanos de Aridane?

“Para empezar, es un punto de encuentro tricontinental. Podría pensarse que todas las ciudades de Canarias disfrutan de ese atributo y, efectivamente, así es. Pero no todas cuentan con la disposición, el buen ánimo y la profesionalidad de quien gestiona la programación cultural en ese municipio. Incluso en épocas de crisis, Los Llanos programa siempre y, además, programa bien. Y esto puede extenderse a su sociedad civil: el ocio y la restauración, las diferentes instituciones públicas y privadas y la propia población se muestran siempre dispuestos a implicarse en todo tipo de eventos culturales”.

PIE DE FOTO: En la imagen, la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, Charo González y Alexis Ravelo.

Saludos, negros y criminales, desde este lado del ordenador

Los Llanos de Aridane, ciudad negra y criminal

Lunes, Enero 18th, 2021

Los Llanos de Aridane acogerá la celebración de Aridane Criminal, un festival de novela negra y policíaca que organiza la concejalía de Cultura y que se desarrollará del 21 al 23 de enero de 2021.

Las fechas de este encuentro se han elegido teniendo en cuenta que el próximo 19 de enero se celebra el centenario del nacimiento de Patricia Highsmith, maestra indiscutible del género, y el aniversario de Edgar Allan Poe, uno de los maestros del relato corto y creador del primer cuento policial, Los crímenes de la calle Morgue, y del primer detective de ficción de la literatura: C. Auguste Dupin, protagonista de la ya mencionada Los crímenes de la calle Morgue, El misterio de Marie Rogêt y La carta robada.

Patricia Highsmith fue una de las primeras escritoras que incursionó en el policíaco con señas de identidad propias. Irrumpió además en un universo literario que hasta ese entonces era mayoritariamente masculino aunque compartió esfuerzos por hacerse un nombre en el género junto a Dorothy B. Parker, Vera Caspary y Margaret Millar, entre otras.

Aridane Criminal reunirá estos días a escritoras como Rosa Ribas, Alicia Giménez Bartlett y Yanet Acosta y escritores que como Carlos Álvarez, José Luis Correa y Alexis Ravelo, director de este Festival, continúan sus carreras literarias dedicadas mayoritariamente a un género que no pasa de moda. El Festival cuenta con el respaldo de la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, que dirige Charo González Palmero.

El programa contempla además de conferencias y mesas de debate, “lecturas de textos realizadas por sus propios autores” y actos como Letras a tiros, en el que el jazz y la literatura se combinan para ofrecer una visión “histórica del género”.

El autor del cartel de Aridane Criminal es Nano Barbero

Saludos, a lo meatralleta Kelly, desde este lado del ordenador

César González-Ruano, en blanco y negro, un retrato literario de Marino Gómez-Santos

Jueves, Enero 14th, 2021

La editorial sevillana Renacimiento está realizando un gran esfuerzo en recuperar materiales del pasado muy atractivos en su colección Biblioteca de la memoria. El año pasado puso en circulación César González-Ruano, en blanco y negro, escrito por el periodista Marino Gómez-Santos, un retrato muy cercano al polémico periodista y escritor madrileño que puso su pluma al servicio de una literatura periodística que sorprende todavía por su agudeza.

Personaje cuestionado por cómo se aprovechó de las circunstancia en el París ocupado, y relegado a un discreto olvido por ser un escritor de derechas y encima monárquico, la recuperación de César González-Ruano se invita a hacerla sin prejuicios ideológicos y a estudiarla por su contrastable calidad literaria.

Se recomienda por ello dejar de lado juicios políticos (los morales son otra cosa) en torno a la producción como columnista y como escritor de un personaje cuanto menos raro en el universo literario nacional. En este aspecto, el retrato que ofrece Marino González-Santos que vuelca sus recuerdo sobre quien fue su amigo y mentor durante sus primeros años como periodista en Madrid, resulta tan interesante no solo para el conocedor en la agitada vida y obra de César González-Ruano sino también en su trabajo ya que se explican aquí muchas de las constantes que marcaron no solo su devenir creativo sino también existencial.

A medio camino de la biografía aunque se escore más hacia el perfil de un personaje, estos textos que evocan una amistad en la que hay más de respeto al talento del retratado que a su vida como hombre de a pie, no caen en la hagiografía y sí en el testimonio en primera persona de alguien que lo conoció como se puede conocer a otra persona a la que se le perdona (nunca justifica) sus equivocaciones, pero lo que importa y vuelca en estos recuerdos Gómez-Santos es más el proceso creativo de César González-Ruano que su amplísimo muestrario de anécdotas.

Se cruzan en el libro otros personajes que formaron parte de una época, los cuarenta y cincuenta del pasado siglo, que nadaba entre dos aguas, la del periodismo y la literaria.

No rehuye de todas formas el autor de la obra en contar algunos de los momentos en los que presenció el chispeante pero también demoledor sentido del humor de César González-Ruano, por lo que se consigue un retrato más luminoso que de sombras en torno a un escritor y periodista que conoció la bohemia, viajó, se dejó deslumbrar en los años treinta por el embrujo nazi y fue, desde sus orígenes, una especie de decadentista francés con traducción española. Algo de hidalgo escondía también un hombre al que le acompañaron los excesos y el fácil desprecio hacia los que no formaban parte de su estrecho círculo de amistades.

La prodigiosa memoria de Marino Gómez-Santos, fallecido a la edad de 90 años en 2020, pone color a muchos de los momentos en los que anduvo al lado de González-Ruano, y hace hincapié no demasiado extenso en la amistad que mantuvo el decadente hidalgo español con uno de los toros bravos de las letras españolas, Camilo José Cela. También la tertulia que se formó en el Café Gijón, que el mismo Marino Gómez-Santos describió en un libro, y cómo se perdió ese cónclave de escritores e intelectuales por una cuestión que subió de tono. La tertulia de González-Ruano se trasladaría posteriormente al Café Teide.

Para hacerse una idea del personaje lo mejor es recurrir a la voz de Charito González-Ruano, hija del escritor, quien describe a su padre según recoge la pluma de Marino Gómez-Santos:

“Mi padre era muy vocacional. Eso lo sabe todo el mundo, ahí está su obra para demostrarlo. ¿Qué te voy a decir a ti que has vivido tan cerca de él y has tenido ocasiones de ver con qué ilusión trabajaba? Una vez me preguntó: ‘Asquerosita: ¿Has leído mi artículo de ayer? ¿Has sabido que me han dado un premio?’. La verdad es que yo entonces le hacía poco caso y se me quejaba: ‘No me admiras nada’. Un día llegó a decirme que no podía tolerar que si su mejer le decía, por ejemplo, que Eugenio Montes tenía más talento que él, le pegaría una bofetada. Ahora, que si le engañaba físicamente, no le daría mayor importancia. A veces decía cosas sorprendentes como: ‘Tú suponte que no soy tu padre… ¿Te fugarías conmigo?’. Me decía esto como en broma, pero yo le respondí: ‘No, yo no me fugaría contigo. Me gustaría más ser hija de un tendero de ultramarinos que me quisiera mucho, preferible a un hombre importante como tú a quien veo tan poco y me hace tan poco caso…’ Se enfadó. ‘No me digas esas tonterías porque te quiero muchísimo, pero es que no hemos tenido ocasión de tratarnos y ahora, de repente, me encuentro con una mujer hecha y derecha y, claro, me sorprende mucho”.

En el libro, Mariano Gómez-Santos cuenta cómo era la casa de González-Ruano y como colgaban de sus paredes algunos cuadros de Óscar Domínguez. También la relación con su esposa, la escritora Esperanza Ruiz-Crespo y la unión sentimental que mantuvo con Mary de Navascués, relatos que afortunadamente no caen en lo rosa sino que forman parte del extravagante devenir sentimental de un hombre que parece que estuvo demasiado apegado a sí mismo.

El tono resulta así entretenido y en ocasiones incluso chispeante. Madrid aparece en muchas ocasiones en estas páginas como apareció en la producción literaria y periodística de González-Ruano, uno de los venerables de la villa y corte y ciudad a la que cantó, como decía “con estrofas de percal”.

Saludos, a leer, que son dos días, desde este lado del ordenador

Basilisco, un libro de Jon Bilbao

Miércoles, Enero 13th, 2021

“La negrura de la niña y la de la noche se confundían. Él solo oía sus lloros, que parecían provenir de direcciones cambiantes. Consideró ir tras ella, Nadar con todas las fuerzas que le quedaban. Pero ¿hacia dónde? ¿Y conseguiría volver con su hija? Si trataba de nadar llevando a esta de remolque, era seguro que no alcanzaría a la otra niña”.

(Basilisco, Jon Bilbao. Impedimenta, 2020)

Gente de la que confío en sus criterios literarios me habían recomendado la lectura de Basilisco (Impedimenta, 2020), de Jon Bilbao. Llegué pues al libro con numerosos elogios dentro de la cabeza, algo que tiene su lado bueno, claro está pero también su lado oscuro. Oscuro porque predispone al lector a una lectura con demasiadas expectativas, de que ese libro, en concreto Basilisco, iba a gustar porque quienes aconsejaron su lectura son tipos de los que uno se fía aunque no coincidamos, exactamente, en modos de vida ni en gustos literarios.

Inicié pues la lectura de Basilisco con entusiasmo y el entusiasmo me acompañó a lo largo de más de la mitad del libro, sobre todo porque desde el principio se entra en el juego literario que propone Bilbao y también porque se es consciente que más que novela, las distintas historias que se cruzan en el libro funcionan como cuentos y no como una sola e indivisible unidad narrativa.

Uno de esos cuentos, además, se trata de un western metafísico que respeta dentro de sus posibilidades los cánones que han hecho popular al género, sobre todo en el cine. Se aprecia así en Jon Bilbao grandes lagunas de lo que oferta el western como género literario, género que por otra parte está repleto de obras maestras. El escritor vasco prefiere optar por lo metafísico, lo que trasciende a personajes y paisajes (los grandes espacios abiertos) entroncando una parte de su relato con el horror con cierto aliento cósmico que le imprimió Ambrose Bierce en muchos de sus cuentos y, más recientemente, esa especie de metáfora sobre el mal que describen entre otros escritores norteamericanos E.L. Doctorow y Cormac McCarthy, en especial este último en su celebrada Meridiano de sangre que sigue siendo una de las grandes novelas del escritor.

La otra, u otras historias que narra Jon Bilbao nos sitúan en el presente y en ellas aparece un escritor vasco que busca espacio para escribir, lo que erosiona sus relaciones familiares. Hay otros textos dentro de esta ambiciosa ficción pero, desgraciadamente, no terminan de tener un acabado que convenza al menos a quien les escribe, aunque sí que ha convencido mayoritariamente a la crítica literaria de este país que ha encontrado en el libro situaciones que no he encontrado, y eso que me preocupé por revisar una y otra vez una obra que se anuncia como de lo mejorcito de ese año, el 2020, en el que vivimos peligrosamente.

Se reconoce de todas maneras la notable capacidad narrativa que tiene Bilbao, que es uno de esos autores que, pese a que cuente algo que no interesa, está escribe tan bien que se lee de arriba-abajo sin que molesten demasiado las reiteraciones y algún que otro impedimento. Obstáculos involuntarios que asaltan y no allanan el camino durante su lectura. Me sigue pareciendo por ello muy apresurado que Iván Repila asegure en una reseña publicada en El Cultural que Jon Bilbao “supera a los maestros norteamericanos del género por su sutiliza, profundidad y talento” porque no es verdad. Quizá recuerde, lo que no quiere decir que “supere” a Stephen King y su ciclo de novelas sobre la Torre Oscura, que es su peculiar y, más que complejo confuso, universo western fantástico al que le dedicó varias novelas pero no, por supuesto, a ese western metafísico en el que también se mueve el primer Doctorow con El hombre malo de Bodie, retitulada Cómo todo acabó y volvió a comenzar o el Cormac McCarthy de Meridiano de sangre. Cualquier comparación en este sentido es mentira, farsa publicitaria, propaganda engañosa de un libro, Basilisco, que no evoca lo mejor de las novelas anteriormente citadas.

No, flaco favor se le hace a la obra. Una obra que se mueve mejor cuando zigzaguea en tiempo presente que cuando se sumerge en un western con ramalazos fantásticos que se confunde con la otra realidad que presenta el escritor en su Basilisco, un texto que en definitiva peca de ambicioso, sí, pero que flaquea precisamente por ser tan ambicioso.

No he leído otros trabajos de Jon Bilbao pero se trata, leo en reseñas, de un escritor que se mueve mejor en el territorio de los cuentos que en el de la novela. De hecho, Basilisco podría entenderse como una novela aunque no lo sea. Está estructurada, ya se dijo, en historias que están interconectadas pero que no siguen el patrón común que se entiende como novela. Que alguien quiera decir que lo es no significa, sin embargo que lo sea, y Basilisco no lo es por mucho que se empeñen críticos y algún lector despistado.

Dicho esto ¿merece la pena gastar parte de su tiempo y paciencia leyendo un libro como Basilisco? Diría que no pero es, como se dice, una cuestión de opiniones.

Saludos, soooo, caballo, desde este lado del ordenador