Un paseo por el cementerio de los elefantes chicharrero
Martes, Febrero 10th, 2009Nos cuentan que desde el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife se está estudiando la posibilidad de reactivar culturalmente el centro de esta agónica capital de provincia, es decir, la plaza de La Paz y aledaños. Ante la todavía traumática decisión que para todos los cinéfilos de bien supuso el cierre del cine Víctor, no dejan de llegar rumores y cuchicheos frente al futuro de la sala. Si ya anunciamos en su momento la intención de los empresarios Martín Rivero y Carlos Segura de recuperar este espacio con fines culturales, a esta iniciativa se suma ahora otro grupo de empresarios con más o menos los mismos fines.
Nos cuentan con sigilio que uno de estos empresarios es responsables de un popular local de ocio nocturno lagunero, y que entre sus pretensiones está la de acondicionar la vieja sala para la celebración de conciertos. Esto supondría, nos dicen, que se ampliara la superficie del escenario del Cine…
Ya veremos como acaba la cosa, pero no deja de llamar la atención el interés por recuperar la sala. Nuestra sala. El viejo Víctor.
La cosa no para aquí, sin embargo. Además de rescatar de las tinieblas al Cine se habla de decidir de una vez que se hace con la vieja fábrica de tabacos que está en la avenida de las Islas Canarias (antes del General Mola) y justo al lado de una entidad bancaria. Hace tiempo sonó que este espacio (gigantesco y abandonado de la mano de Dios) podría albergar el Museo del Carnaval… No sé, no sé…
Si usted va caminando hacia arriba por esa misma avenida se topará con otro espacio ruinoso de nuestro centro abandonado: el teatro Baudet, donde funciona la librería del Cabildo que, susurran, también se quiere llevar al TEA. En cuanto al Baudet, muerto de la risa, por no decir muerto a secas (aunque lo digamos, en fin). La avenida Islas Canarias (antes del General Mola) se corta con la calle de Salamanca, que es donde está ubicado el único faro cultural de la zona: los Multicines Renoir (antes Price), pulmón cinematográfico para todos aquellos a los que cansa tanto estreno estadounidense; y si se cambia de dirección y se pone uno a caminar por la legendaria Rambla del General noséqué pues se topara con otro esqueleto de dinosaurio: la Plaza de Toros, coso que además de manchar su arena con la sangre de estos broncos animales también sirvió de recordada sala cinematográfica de verano (entondad conmigo el grito de guerra: ¡¡¡linterna, linternaaaa!!!) y de populares celebraciones carnavaleras cuando la fiesta se sabía de pueblo y no resultaba tan borde como ahora.
En definitiva, que si prospera esta idea de recuperar el centro histórico de la capital tinerferña: la plaza de La Paz y aledaños, se espera que recobre el protagonismo y esplendor de antaño, mejorando de paso la crítica situación de sus torturados comercios.
No hace falta ser vecino de la zona (como es mi caso) para animar a que esta iniciativa llegue a buen puerto con la esperanza de que dé algo de color al ya habitual y grisáceo paisaje chicharrero de mi corazón.
Saludos vagamente esperanzados a este lado del ordenador.