¿Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí?

Domingo, Enero 3rd, 2010

MICRORELATO. ¿SER O NO SER?

A mi lo de los microrelatos es algo que no me entra en la cabeza por mucho que se esfuercen los amigos en convencerme de todo lo contrario.

Ustedes perdonen, les respondo. Pero nunca he entendido la genialidad del famoso microrelato que, al parecer, dio origen a esta ¿literatura? anoréxica: “cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

¿Allí?

Este fideo es obra del sin embargo más que interesante escritor guatemalteco Augusto Monterroso, pero ni con esas me convence. Y mucho menos la moda que desató a posteriori: esas cápsulas –me justifican que creativas– a las que sigo sin encuentrarle sentido.

Unos me comentan que son muy divertidas y que si el micorrelato es bueno te abre, como si se tratara de un brebaje mágico, nuevas puertas de percepción. Confieso pues, que tras consumir estas mini dosis de presunta ayahuasca prefiero la ciencia de la razón que emana casi siempre de las frase que sirven de apoyo a los jeroglíficos de las revistas de pasatiempos.

Admito, no obstante, que mi inquietud hacia el microrelato puede deberse a que me formé literariamente hablando en la rica y generosa en páginas novela del siglo XIX así como en la voluminosa literatura best seller del siglo XX. Por ello, y salvo honrísimas excepciones como los imaginativos juegos malabares de Frederick Brown, esto del microrelato me sigue sonando a chiste. De hecho, y si se mira bien, un chiste es un microrelato. Un microrelato cómico y oral, de acuerdo, pero microrelato a fin de cuentas.

¿CÓMO LEE USTED LOS LIBROS?

Hace unos días me pasé la tarde conversando con uno de esos escritores que, afortunadamente, no va disfrazado por la vida de escritor. Un tipo normal. Vaya. Sólo que con entretenida inteligencia y gracioso sentido del humor. Entre té y té, nos asaltó la noche temprana hablando de algo que nos gusta como son los libros.

Así que le pregunté al escritor de qué manera los lee. Me refiero a los libros. Es una cuestión que no resolverá el sentido de la vida pero que, dentro de mis habituales preocupaciones, me obsesiona el saber cómo lo hacen otros.

Me respondió que tumbado en la cama aunque de costado. Le contesté que a mi también me encanta leer echado en la cama pero boca arriba mientras aguanto el volumen con las manos. Hay otros que leen tirados en la cama pero boca abajo, así como los que lo hacen sentados o incluso de pie.

Durante el tiempo que pasé en Madrid recuerdo que conocí a un tipo que sólo podía leer en el Metro y rodeado de gente. Le daba igual que fuera sentado o de pie. Así que imité durante un tiempo su estilo.

Y funcionó porque viajando de estación en estación devoré prácticamente en tres días la estupenda biografía que sobre el tenebroso Fouché nos regaló a la humanidad el escritor austriaco Stefan Zweig, autor que hoy ha vuelto a recuperar Acantilado, probablemente una de las mejores editoriales de este país que se sigue llamando España. Cayeron en ese periodo otros títulos mientras cruzaba subterráneamente la capital del Reino pero ninguno de ellos quedó registrado en la memoria salvo el que les cito: Fouché.

QUE SUFRA EL MALDITO LIBRO

Otra manía entre las miles de manías que tengo con los libros es que a medida que los leo me gusta que se le vayan dibujando en su lomo cicatrices. Nunca he forrado un libro. Sostengo, lapídenme se quieren, que un libro estropeado significa algo así como un libro que fue leído con pasión obsesiva. Esta costumbre me ha hecho que mire con sospecha a los que conservan sus libros tal y como los compraron: nuevos. Tan nuevos que da hasta grima tocarlos. En ese momento me asalta la sensación de que su propietario no supo disfrutar con él, o que ni siquiera tuvo agallas para leerlo porque podía estropearse el pobrecito…

Si el libro es lo suficientemente bueno, a mi me pasa que estoy más dentro de él que fuera. Es decir, interpretando el papel que me ha tocado representar en la tragicomedia de la vida.

Cuando descubrí el mundo violento y bronco de James Ellroy salía a la calle pensando que estaba rodeado de cabrones. Es probable que no me equivocara pero le pedía alguna tregua a Ellroy, que es uno de esos potentes narradores que si ya conoces sabes que desconoce el sentido de la palabra tregua. Por eso, al descubrír un día que compensaba tantos malos rollos si combinaba su lectura con una novela de humor, llegué a la conclusión de que había encontrado una especie de apasionante y conciliador ying y yang literario.

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EN BUSCA DEL EQUILIBRIO PERFECTO

Creo, porque creo que existo, que para los que tenemos la manía de leer no sólo uno, sino dos o tres o hasta cuatro libros a la vez, es necesario que esa mezcla de historias o ensayos, descripciones históricas o biográficas, se compensen como los platillos de una balanza.

Si leo una novela también estoy leyendo un ensayo. O un libro de aforismos o uno de filosofía o de cuentos. Si la elección es la adecuada, generalmente finalizo los tres o cuatro a la vez. Es verdad, no obstante, que a veces muchos se quedan por el camino. Que me cansan o bien que mientras los estoy leyendo pienso en el otro que descansa en la mesita de noche. Señal inequívoca de que con ése me estoy aburriendo. Y cuando me aburro cierro el libro o lo tiro al suelo.

Este sano ejercicio no suelo hacerlo en el cine o en concierto, donde por mucho que me parezca que la película o el grupo que toca es lo que se dice un bodriazo me quedo hasta el final viendo con la mente en blanco lo que transcurre en la pantalla o en directo.

En fin, así son las cosas. Eso era más o menos todo.

Saludos, brindando por el maestro Albert Camus, desde este lado del ordenador.

¡¡¡Expediente X!!! Sólo leer si acepta firmar un contrato de confidencialidad…

Sábado, Enero 2nd, 2010

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LA PRIMERA FASE: CUANDO TODO PARECÍA TRANQUILO…

Estoy asustado y tengo miedo.

Tras las campanadas de Fin de Año y perder de vista a señor Ojo una vez más, el amigo se me apareció ayer por casa con su único ojo lanzando chispas. Todo rojo. Tras beberse ocho copazos de ginebra barata y haciéndome gestos con la mano para que no le preguntara “¿dónde estuvo usted señor Ojo tras salir como un escopetado cuando la última campana vomitó el dong?”, opté porque volviera a ser el mismo de siempre mientras aguantaba estoicamente a que soltara entre trago y trago ofensivos eructos con olor a alcohol quemado.

Por fin escupió con aire misterioso: -Está aquí, está aquí…

¿Quién está aquí?- Le pregunté mirando para todas partes.

- Divine.- respuso con la voz acojonada. Lo que me inquietó porque señor Ojo no es una persona que se acojone fácilmente.

LA SEGUNDA FASE: LA EVIDENCIA.

- ¿Divine?

Negó y afirmó con la cabeza para decir: -Divine…

Le serví un poco más de ginebra en el vaso. No la medida estándar sino la de rebosar que es a la que está acostumbrado. Dio un largo y prolongado suspiro que creí entender como un gracias imposible que salierade boca de señor Ojo. El suspiro, por eso si cabe, me extrañó mucho más. Esperé así un largo rato a que se decidiera a comenzar con su relato. Porque aquello tenía pinta de que me iba a soltar ¡¡¡¡una revelación!!!

LA TERCERA FASE: CONTACTO.

- Está aquí. Al final y pese a las pruebas sigue estando aquí. ¡Y mira que lo he advertido! Soltó tras liquidar de un solo trago la bebida que le había servido. Como es natural me apresuré a llenarle una vez más la copa. Copazo.

- He visto a los que ha abducido. Ha comenzado pues la invasión.- escupió a modo de estornudo.

- ¿De qué invasión me habla, señor Ojo?

Se quedó un rato largo mirando el vaso antes de llevárselo a la boca.

- Él.

Me reí porque no sabía que a señor Ojo le fueran esas cosas. Los Expedientes X. Me miró con su único Ojo furioso y la risa se congeló en mis labios.

- ¿Es que no se ha dado cuenta?

Me encogí de hombros volviéndole a servir otro copazo.

LA CUARTA FASE: LA ABDUCIÓN.

Señor Ojo se sumergió en sus recuerdos y comenzó a hablar como si mirara al vacío.

- Todo comenzó cuando salí a la calle tras la última campanada. Había quedado con… con… bueno usted ya sabe… Paseando por las calles de este Santa Cruz fantasma me tropecé con viejos conocidos y, ¿sabe usted? Tras hablar con ellos me di cuenta que no eran los imbéciles de siempre.

- ¿Es que acaso se habían vuelto más inteligentes?.- pregunté inocente. Negó con la cabeza de manera violenta.

- ¡Qué va! ¡Eran absolutamente tontos!

- Bueno .- me atreví a reflexionar.- Eso es lo habitual en estas islas…

Señor Ojo me hizo un gesto para que le sirviera más ginebra barata así que me apresuré a llenarle el vaso.

- ¿No se da cuenta? No es que fueran los mismos imbéciles de siempre… Es que ahora son tontos.

Señor Ojo tuvo que descifrar enseguida el gigantesco signo de interrogación que se dibujaba en mis ideas para aclararme:

- Joder. Tontos. Rematadamente tontos… No saben ni contestan. Basta que vengas de fuera…. Y se conforman con lo que les diga…

- Señor Ojo eso siempre ha pasado en estas ínsulas que visita.- le contesté con la esperanza de que pulverizara lo que me parecía un brote de paranoia.

“No, que no es eso. ¡Es que se han vuelto tontos! Rematadamente tontos. No hablan si no les hablas. Le das dos tortazos y no responden, les quitas el dinero del bolsillo y hasta te dan las gracias…”

- Bueno, bueno, bueno….- murmuré esperando otra de señor Ojo. Pero confieso que me inquité al apreciar que me hablaba en serio.

- Es que no responden. ¿Acaso no lo comprende?.- se cuestionó mirando el líquido tranparente de la ginebra flotando dentro de su vaso.

Miré la botella casi vacía y estuve tentado de responderle que eso se debía a su manía de ingerir en grandes cantidades tan diabólico brebaje. Pero cerré la boca y me tragué el veneno de la conformidad. A mi me parece que interpretó lo que pensaba con mi silencio.

- ¿Me cree usted loco?

- No, qué va… ¿cómo puede usted pensar eso?

Señor Ojo sonrió con cierta tristeza.

- ¿Usted también, camarada?

“¿Usted también qué…, señor Ojo?”

LA QUINTA FASE: LA TRANSFORMACIÓN.

Se levantó de un salto del sofá y con señas me indicó que lo acompañara. Fuimos al cuarto de baño y quitó con gesto teatral las cortinas de la bañera. Me quedé de piedra.

- ¿Puede verlo?

-Sí.- susurré con el corazón helado.

- Ha comenzando. La transformación.

Observé fascinado la réplica vegetal de mi cuerpo recostado como un feto en el fondo de la bañera. Y me puse a temblar.

- No puede ser. No puede ser.- Susurré como un… tonto.

Señor Ojo me taladró con su único ojo.

- ¿Lo ve? ¡Despierte, no duerma, no se convierta en uno más. Como esos chicos de la legítima Cepa…

- Acepa.- le corrigí.

- ¿Acepa la llaman? Bueno, Acepa. Pero tampoco se olvide de los malditos bastardos que no forman parte de la Cepa digo Acepa. Los de la Cepa digo Acepa tienen por lo menos voz en las (des)comisiones…. ¿verdad?. Y eso es influencia ¿verdad? Pues que denuncien y griten antes de que el mal sea irreparable porque ¡¡¡ya está aquí!!!!

- ¡¡¡Ya está aquí!!!

El alarido de señor Ojo resonó en mi cabeza como una campanada de fin de año.

Como una campanada de fin de año.

Como una campanada de FIN de año.

Tengo miedo. Estoy asustado.

RIC. RIC. RIC.

MÁS INFORMACIÓN CONSULTAR EXPEDIENTE X: B.O.C.M.

Saludos, a lo ¿y todavía sigue aquí?, desde este lado del ordenador.

¿Por quién tocan (no doblan) las campanas?

Jueves, Diciembre 31st, 2009

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UNA INTRODUCCIÓN

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?

¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?

¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?

¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

JOHN DONNE,  Londres (1572-1631).

UNA

Hace ahora exactamente un año que el Cabildo de Tenerife adoptó la que presumo fue equivocada decisión abandonar la gestión del aristocrático cine Víctor de la capital tinerfeña. Ha llovido mucho desde entonces. Les invito así a que paseen por las Rambla para que observen cómo una de las zonas comerciales emblemáticas de la ciudad se ha ido deteriorando con el paso de los tiempos.

Según informa el digital loquepasaentenerife han colado el cartel de CERRADO, VENDE O ALQUILA en la zona alrededor de unos 25 locales desde que nos sacude esta crisis con las que justifican todas sus equivocadas decisiones los que están arriba. Los de siempre. Esos que deberían gestionar con sensatez la cosa pública para estimular la iniciativa privada. Y cuando escribimos sensatez nos referimos a mimar espacios que, como la Rambla, hoy han quedado como zombis de una película de mi estimado George C. Romero.

DOS

Cuando el Víctor –que mantenía e insuflaba de vida a esta zona por excelencia del viejo Santa Cruz– dio su último suspiro, se apagaron las luces del que antaño fue uno de los centros de la capital tinerfeña. Al descubrir que el Víctor dejaba de exhibir aquellas proyecciones de cine raro e independiente que tanto le gustaban a Cristóbal de la Rosa y Ángel Llanos, y con el beneplácito de quienes les ordenaron a que se responsabilizaran de tan fatal decisión, muchos sospechamos que se quería centrar (obsesión centralista la de este gobierno nacionalista que nos dirige) todo ocio en zona ocio.

Pubs, multicines e incluso espacios públicos dirigidos por nuestras administraciones locales pasaron así a instalarse donde todo chicharrero que se precie sabe que se concentran ahora.

Noria va. Noria viene.

TRES

Las películas difíciles (¿?) y los estrenos de cortos canarios se proyectan hoy en una sala de asientos blancos pero manchados con la peste de la vergüenza en TEA. Un centro que si no recuerdo mal se montó sobre todo para recuperar la obra de Óscar Domínguez, nuestro torturado pintor surrealista a quien pasado el tiempo solo se le ha sabido explotar sus iniciales: O (de Óscar) D (de Dinero).

CUATRO

Y paseo frente al Víctor y se me viene el alma al suelo. Y me pregunto la capacidad que tenemos en estas islas por perder voluntariamente la memoria. Capital de provincias incapaz de mantener sus señas identidad. Sobre todo teniendo en cuenta que vivimos los chicharreros (y el resto de habitantes de la ínsula no chicharreros) en una ciudad que sin ser especialmente hermosa sí que tiene su encanto. Magia, sueño, rincones donde poder perderte pero que se está muriendo por desidia no sé si de intereses –como dice el inocente–  judeo masónicos.

CINCO

Quien les escribe no es un viejo pero sí se frustra cuando observa que la ciudad donde vivió y fue tan feliz e infeliz porque es su territorio se transforme en algo que no recuerda en todas las metamorfosis que han sacudido a esta capital de provincias desde que vino al mundo.

SEIS

Ahora me dicen que si dejáramos de ser España algo se recuperaría pero no me creo el cuento nacionalista. Por el contrario, sí que defiendo la herencia de los míos. La que me legaron mis padres y abuelos y antes que ellos sus padres y abuelos. Y esa no es otra que el de un Santa Cruz cosmopolita y abierto. Capaz de apostar por causas perdidas como fue el surrealismo en aquellos locos años 30. Apuesta que se ha venido repitiendo con el paso de los años pero a la que ni puñetero caso hacen los que gestionan nuestra cosa pública.

SIETE

Empeñados en que nos conformemos por permanecer en este provincianismo verbenero y acostumbrados los de siempre a obtener hasta ahora el dinero fácil que se podía sacar del Turismo, a esa entrada y salida de viajeros que se ha transformado en saquea sin guante blanco al que nos visita, tengo la sensación de que vivo en unas islas de miserables. Desestructurada y confusa. Miedosa y muy envenenada por despistados partidos políticos que sólo defienden lo suyo.

Llamémoslos nacionalistas, populares o socialistas.

Llamemóslos independentistas o españolistas.

Llamémoslos como queramos.

OCHO

Es imposible saber lo que nos deparará el 2010. Personalmente no espero grandes cosas  tras atravesar un año sin esperanzas como ha sido el 2009. Recuperarnos de la enfermedad de la frustración va a ser difícil. Sólo aspiro a que los que dirigen no nos confundan con gritos y que hagan bien su gestión. A que dejen de pensar sólo en lo que suena en su bolsillos.

NUEVE

A que me hagan olvidar aquella frase irónica que el gran Apeles Ortega me soltaba cada vez que iba a ese infierno de la nada que es el Parlamento de Canarias.

DIEZ

“Mete bien las manos en los bolsillos.”

ONCE

Pero por aquel entonces tenía fe.

DOCE

Aunque lo insólito es que pese a todas las amarguras continuo manteniendo esa misma fe.

Saludos, a la espera de que los deseos de señor Ojo coincidan con la realidad el próximo año, desde este lado del ordenador.

Señor Ojo ya está en casa… ¿hasta cuándo? No lo sé

Miércoles, Diciembre 30th, 2009

LOADO SEAN LOS DIOSES

Señor Ojo estaba esperándome ayer noche, entrada la madrugada ante la puerta de mi casa. La verdad es que su estado era lamentable aunque mantenía intacto su sentido del humor. En la mano izquierda llevaba una botella de ginebra barata vacía. Me lo encontré sentado y mirando el suelo. Cuando me vio llegar preguntó:

- ¿Dónde coño estaba usted? Llevo casi tres horas esperándolo…

Iba a soltarle cuatro tacos y recriminarle lo de  “cabestro ¿por qué demonios no ha dado señales de vida en todo este tiempo?” Pero reprimí mi enojo por miedo a que se largara otra vez con viento fresco.

Abrí la puerta cerrando los puños y subimos las escaleras en silencio. Antes de entrar en casa se volvió con su único ojo enrojecido para soltarme:

- No le quedará algo bebible ahí dentro, ¿verdad?

Por Dios, creánme que su aliento casi me hace caer de espaldas, lo aparté de mi lado mientras afirmaba con la cabeza:

- No se preocupe que además de agua hay cuatro botellas de esa cosa que tanto le gusta.

¿TIEMPO DE CONFESIÓN?

Se frotó las manos. Encendió el aparato de música para escuchar una vez más a su Johnny Cash del alma y se tiró en el sillón mientras se quitaba el nudo de la corbata. Corbata, juraría, era de color vino aunque en ese momento me resultaba bastante difícil  descifrar en que variedad cromática se había transformado.

Serví dos copazos de ginebra y le planteé la pregunta del millón.

- ¿Dónde ha estado estos días, criatura de Dios?

Me miró con su único ojo, ahora muy rojo encendido. Y se hizo el tonto.

- ¿No estaba aquí?

Negué con la cabeza. Esperaba aquella respuesta. Di un trago a la ginebra que cayó como una bomba atómica en mi cada día más inestable estómago.

- Vaya.- se dijo metiéndose las manos en los bolsillos y cruzando las piernas.- entonces es que alguien me raptó.

- ¿Alguien? ¿Rapto?

- Bueno, una señora.- indicó. Sacó de sus bolsillos la cartera y se puso a ver lo que tenía dentro de ella: Un móvil apuntado, una foto tamaño carnet, algunas monedas de céntimo de euro. La tarjeta de un local de mala reputación y poco más.

RECUERDA, RECUERDA…

Investigó con sus ojos todos aquellos objetos. Me los fue entregando uno por uno. Miré el móvil y se me encendió la bombilla.

- ¡Eh!.- exclamé.- De este puto número no han dejado de mandarme sandeces estos días…

- ¿Sí?.- contestó mirando la fotografía tamaño carnet que tenía entre los dedos. Vi como su ojo dejaba de ponerse rojo y hasta me pareció atisbar el signo de una sonrisa. Dio un suspiro.

- Ahora que lo recuerdo… ella es así…

- ¿Ella? ¡Canalla!, me he subido por las paredes todos estos días y usted, usted con…con   con ¡¡¡una señoritaaaaa!!!

- Señora.- Me advirtió con voz solemne dando otro trago a la ginebra. Se arrellanó en el sofá y soltó un prolongado suspiro.

- Señor Ojo, ¿se ha enamorado usted?.- Le solté con una malévola sonrisa.

- Bueno, no exactamente.- me explicó tendiéndome la foto tamaño carnet.

- ¿Entonces?

- Ya sabe como son estas cosas…

- Pues la verdad es que no.

Se sirvió otro copazo. Se lo bebió de un trago y se levantó estirando los brazos mientras cogía la botella y se dirigía a su habitación.

- Pues va siendo hora que aprenda.

Iba a contestarle pero me dejó con la palabra en la boca. Me quedé un rato sentado y en silencio mirando la foto tamaño carnet.

Y en ese momento, justo en ese momento volví a recibir otro mensaje ¿insultante? vía móvil.

¡LA REVELACIÓN!

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En fin.

Saludos, otra vez con señor Ojo, desde este lado del ordenador.

¿Dónde está, señor Ojo?

Domingo, Diciembre 27th, 2009

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CUAL UN PHILLIP MARLOWE CHICHARRERO

Me he recorrido casi todos los rincones de Santa Cruz de Tenerife e incluso de La Laguna en busca de señor Ojo. Un amigo recomienda que contrate los servicios de un detective privado pero tal y como se encuentra actualmente el estado de mi cuenta corriente no me parece buena idea. Así que disfrazado de Phillip Marlowe he puesto en funcionamiento mis piernas y con un cigarrillo colgado en los labios y dentro de mis ya escasas posibilidades,  he puesto patas arriba ambas ciudades con la esperanza no ya de encontrarlo pero sí de descubrir algún indicio que delate que señor Ojo todavía sigue entre nosotros.

Como es natural, he preguntado en tugurios y en bares de mala fama. Pero los que atienden estos establecimientos por normal general niegan con la cabeza. O hacen como que no conocen al personaje. Algo me dice que mienten pero no tengo manera de ponerme duro como ese caballero sin espada que fue Marlowe.

PASEANDO POR LAS RUINAS DEL VIEJO CINE VÍCTOR

Gracias al aviso de un lector o lectora del blog, he centrado mi búsqueda por los alrededores del cine Víctor. Más que nada porque como sé que señor Ojo es un romántico, y como ya va hacer un año que se tomó la lamentable decisión de cerrar la sala a cal y canto, igual se encontraba por ahí. Pero ni con ésas. Señor Ojo no aparece. Es como si se hubiese volatilizado en el aire. O hubiera desaparecido como uno de esos sueños agradables en los que a veces se transforma tu vida. Ni te enteras.

LOS EXTRAÑOS MENSAJES INSULTANTES EN CLAVE

Eso sí, desde la fatídica noche del 24 de diciembre recibo extraños mensajes en clave que todavía no he llegado a traducir. No los revelo porque no quiero ofender la sensibilidad de ninguno de ustedes. Se tratan de una serie de palabrotas escritas sin orden ni concierto. Insultos que no están atados por ningún verbo luego resultan bastante inocentes pese a su sonoridad desconcertante.

No sé si estos mensajes me los envía señor Ojo. La verdad es que creo que no, porque el buen hombre es más patoso que quien les escribe con esto de las nuevas tecnologías.

FANTASMAS DEL PASADO

Mientras paseo por determinadas calles de Santa Cruz, como son las ramblas de toda la vida sumidas en una inquietante oscuridad porque este año no tocaba iluminar con luces determinadas avenidas y plazas de la capital, tengo tiempo para encontrarme con viejos conocidos. Esa gente a la que no tenías ganas de ver aunque vivan en tu misma ciudad. Por educación te detienes y conversas con ellos soltando las cuatro chorradas de siempre. Como preguntar ¿cómo te va la vida?, ¿y los hijos, siguen creyendo en los Reyes Magos? Ya saben. Malgastar un poco más el tiempo que nos toca.

Ayer mismo me encontré con un escritor que no está tan sobrado de sí mismo como piensan algunos. No me gustan sus novelas pero en el fondo es un buenazo pese a esa capa de soberbia con la que se disfraza. Confieso que estaba un poco ebrio, — sería porque quería olvidar que señor Ojo no aparece– así que nos cruzamos tonterías un poco salidas de tono. Cuando me metí en el tranvía infestado de gente más o menos en mi mismo estado, llegué a pensar por lo menos que no había ido tan mal la noche. La pasé con dos amigos y más tarde con otros dos que nos encontramos en un pub con la música a toda pastilla. Uno de esos locales donde tienes que gritar como un energúmeno y nadar entre la masa para acercarte a la barra para pedir una maldita copa.

En medio de aquel gentío me sentí como Robinson Crusoe en su famosa y paradisíaca isla desierta. Sólo que en mi caso estaba rodeado de personas me parece a mi igual de solas que el célebre náufrago de la novela del maestro Daniel Defoe. Esto lo escribo porque estoy otra vez releyendo Diario de la peste, que conste en acta.

El móvil me avisa que recibo un nuevo mensaje lo que me obliga a fundir el torrente de idioteces que me cruza la cabeza. Lo leo: nuevos tacos. Sin ton ni son.

UNA PEQUEÑA Y AGRADABLE SORPRESA

Al llegar a casa me relajo navegando por el blog de Digital 104, que anuncia con una bonita carta de presentación que ya falta poco para ver su nuevo trabajo: Como siempre, filme que les animo a ver cuando tengamos oportundiad. Me cae muy bien esta gente. Será porque cree firmemente en lo que hacen. A ver si cojo recorte.

Pero lamento escribirles que no es suficiente para que la preocupación que me atenaza se disuelva en eso que llaman corazón. Desconecto Internet, me quedo mirando la pantalla oscura del ordenador mientras me quito mi disfraz de Marlowe.

Y entonces, sólo entonces, el móvil vuelve a avisarme de que acabo de recibir otro de esos graciosillos mensajes.

Saludos, recordándoles que mañana –día de Santos Inocentes– se celebra también la primera proyección cinematográfica (1895), desde este lado del ordenador.

¡Vuelva a casa, señor Ojo!

Viernes, Diciembre 25th, 2009

Estoy preocupado. No veo a señor Ojo desde ayer por la noche, tras cenar en familia como manda la tradición. Durante la cena señor Ojo se portó como lo que es, un señor. Pasamos una velada, la verdad, bastante divertida. Pensaba entonces que el mejor momento se produciría al abrir los regalos de Navidad.

Le entregué mi presente a señor Ojo. “Para que los disfrute” le dije con una socarrona sonrisa. No había visto emocionado a señor Ojo desde hacía tiempo. Bien es verdad que cuando le di los regalos me susurró para que no lo oyeran los demás: “Esperaba cinco botellas de ginebra pero en fin…” Abrió con sus dedos nerviosos el papel de regalo. Cuando descubrió qué escondía no pude reprimir la carcajada venenosa que me subió por la garganta.

- Bueno….- dijo francamente frustrado.- Me parece que no merece usted que le dé las gracias.

Cogió el disco de villancicos de Pepe Benavente y el de Los Sabandeños. Los tiró al suelo y los trituró con el tacón de su zapato. Después y tras coger una botella de ginebra de la mesa y colocarse el sombrero de copa nos dijo con solemnidad: “Váyanse todos a tomar por culo”.

Y se marchó.

Caray, no pensaba que iba a molestarle tanto la broma. Pero me dije que estaría de vuelta cuando le diera el fresco. Pero ni con ésas, porque no ha aparecido por casa desde entonces.

Acostumbrado como estaba a pasar estos días con tan insólito caballero y sobre todo a su  guasa, me he deprimido un poco ahora que vuelvo a estar en silencio. Esto me hizo reflexionar en cómo las cosas pueden dar un giro de 180 grados repentinamente. Las cosas más tontas son las que estropean las mejores relaciones, medité tomando una cerveza y picoteando algo de pata de cerdo.

La última conversación que mantuve con señor Ojo antes de que se largara giró en torno a cómo está cambiando últimamente el cine de ciencia ficción. Señor Ojo tiene la idea que si antes la moda en el género giraba en torno a invasiones extraterrestres ahora los extraterrestres somos nosotros. Pueblo belicoso y colonizador de nuevos mundos con el ánimo sobrado para exterminar razas que viven en armonía con la naturaleza.

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Me puso como ejemplo Avatar, de James Cameron. Yo le recordé que Paul Verhoeven ya había jugado con esa misma idea en esa deliciosa obra maestra incomprendida que es Starships Troopers. Comenzamos a citar películas. En Distrito 9 los extraterrestres están en la Tierra, pero condenados a vivir en ghettos; en Planet 51 el astronauta terrícola monta la de Cristo en clave cómica en ese mundo que no es nuestro mundo creado digitalmente…

- ¿Es una moda?.- preguntó al vacío señor Ojo.- Claro que es una moda. Lo inquietante de esa moda es preguntarnos porque precisamente ahora se ha convertido en una moda.

- Bueno.- contesté con la lengua estropajosa.- ya sabe usted: la guerra de iraq, Afganistán… La manía que tiene el Mundo Libre de que el Mundo sea Libre…

Me miró a los ojos con su único Ojo. Al verme reflejado en su pupila me pregunté si estaría pensando en la idiotez que le había dicho. A mi me parece que sí.

- Sigamos bebiendo.- me recomendó.- Eso aclara las ideas. Se sirvió un copazo de ginebra barata y se lo metió de un solo trago.

- Prosit.- exlcamé.

Entonces fue cuando alguien dijo que abriéramos los regalos.

El resto ya lo saben.

Y sin noticias de señor Ojo hasta ahora.

Hago un llamamiento: “¿lo ha visto algunos de ustedes?” Sí es así, háganme el favor de decirle que mañana mismo me encuentro con cinco botellas de su ginebra favorita a modo de reconciliación.

Señor Ojo es buena gente. Un poco difícil al principio pero una vez que lo conoces tienes esa sensación de que ya no puedes vivir sin él.

Eso era todo.

Saludos, desesperados porque vuelva a casa, desde este lado del ordenador.