Islas cardinales, una novela de Santiago Gil

Martes, Marzo 24th, 2026

Toda ficción por muy mala o buena que sea tiene algo de autobiográfico. Y la literatura de Santiago Gil juega con su propia vida con un sentido que en apariencia puede ser tachado de impudoroso pero más allá de que el autor se desnude en sus obras, una desnudez siempre en sombras, jugando con los delgado rayos de luz que se filtran a través de una persiana mal cerrada, tiene un sello de pertenencia y un estilo que es cien por cien suyo, de Santiago Gil. Pero más allá de que se inspire en la fabricación de sus obras en reflejarse a sí mismo, vamos a decir que se trata de un yo literario que tiene mucho de él pero que no es él, sus últimas ficciones tienen un aroma confesional que, sospecho, le sirve para mezclar en la historia algún rasgo real, un arañazo que le da la vida, y una fantasía que no es que utilice para engrandecerse, explotar una leyenda que no existe, sino más bien para construir un relato que, como Islas cardinales, tiene tanto de denuncia como de atractiva introspección de un personaje sacudido por un pasado que ha convertido en nostalgia en su recuerdo. Nostalgia de una niñez en un espacio paradisíaco que deja de serlo por el turismo, una madre ausente demasiado pronto, y un padre que está, sí, pero al que no se le espera.

Islas Cardinales está divida en tres partes y cada una de ellas cuenta con un mismo protagonista que se mueve en un escenario que el escritor escribe como de fábula. Y fábula consciente o inconsciente hay mucha en esta novela que dice ser un juego literario pero que va más allá si se sabe leer entre líneas.

En el subsuelo es donde se encuentra la materia literaria a través de la cual nace y crece Islas cardinales aunque por encima queda una narración acelerada y escrita en primera persona que presenta a un personaje que recuerda un bello pasado y que vive un tramposo presente. Es como si el ahora estuviera fotografiado de grises que tiran a oscuro, y no de la luz que ilumina sus recuerdos. En este aspecto, es inevitable sentir lo mismo que siente el protagonista a lo largo de la primera parte, el primer escalón de una escalera de tres peldaños.

Tiene no una sino varias lecturas la novela última de Gil. Un viaje que propone recorrer sin mapa más que unas islas, una isla. La idea es aceptar el desafío y dejarse llevar. Si se quiere, el lector encontrará la salida de este laberinto. Merece la pena el esfuerzo y descubrir que la literatura que se escribe en Canarias tiene voces, con independencia de la generación a la que pertenezcan, que están empeñadas en retratar su isla, y en cómo ésta ha terminado por condicionarlos. Si en el caso de Óscar Liam el viaje es descubrir de dónde viene en Las Galletas, en el caso de Islas Cardinales lo que propone Santiago Gil es mirar a un pasado donde todo era más auténtico por natural. El presente ha borrado todo vestigio de aquellos tiempos, y los que culturalmente se hace en Canarias, en despojos de una sociedad que observa a sus creadores como elementos extraños a los que recurrir para que pinten un mural en la pared de uno de los hoteles de su padre que terminará desgastándose más que por abandono, por olvido. Como si la obra de arte no existiera aunque exista.

El protagonista de la novela es escritor y fue periodista en un remoto pasado. Desde entonces vive a salto de mata, castigado por una multa de Hacienda que deja su economía resentida y la manera de encarar el futuro más difícil porque ya no es el jovenzuelo que busca noticias y que se sintió feliz bajo el abrigo de la redacción del diario en el que trabajaba. En uno de esos curros ocasionales que le salen, se le frustran las expectativas cuando la concejal de Cultura de un municipio le quita el caramelo de un trabajo pactado. No hay explicación de la edil, sino un exabrupto. Duele este momento porque cualquiera que vive en esa misma situación ha sentido en sus carnes algo parecido. Ese desprecio que no tiene nada de sutil, ese mirar a otro lado cuando se es consciente de haber metido la pata, y aún así, mirar adelante mientras la víctima se queda sin el empleo que iba a mantenerlo unos meses.

Pero son muchos más los temas que aborda el escritor grancanario en esta novela. Y en apenas un centenar de páginas, en la que el protagonista, Jacinto Zamora, pudo haber sido otro, “el futuro constructor, el hotelero, el hombre del que mi padre hubiera estado orgulloso, y el joven que mi madre hubiera seguido reconociendo más allá de su mirada y su presencia”. También un pasado en el que el protagonista no termina de ubicarse ya que en los telediarios, cuando llega la hora del hombre del tiempo, la isla, las islas, que señala aparecen en un recuadro en el Mediterráneo. Uno de sus profesores no menciona Marruecos ni Gibraltar, y el fenómeno de la inmigración (regular e irregular) cambia su cartografía sentimental. Lo que vivió ya no existe. No existen esas playas largas y solitarias, la línea de costa ya no está deshabitada sino ocupada por edificios que alojan turistas que son igual de clones que los bloques de apartamentos en los que descansan. ¿Cuándo desapareció aquella tranquila ciudad colonial en la que vivió? Esa que ahora es “ruido, suciedad, inseguridad y gente por todas partes”.

La segunda entrega de la novela propone una isla, islas, ocupadas por Marruecos tras negociarlo con Donald Trump. Y visto lo visto, lo que puede parecer una ocurrencia adquiere rasgos de posibilidad. En la novela, Marruecos consigue que España abandone Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria a cambio de entregar a Norteamérica el coltán que hay en sus aguas e instalar una base militar. Resulta curioso en este capítulo como el escritor deja la actualidad para presentarnos una ucronía en la que el protagonista sigue siendo Jacinto Zamora, solo que ya africano, “ahora sin complejos”. Las cosas de vivir en una provincia llamada Sáhara ailand.

La tercera parte nos devuelve al personaje que conocimos de la primera aunque sea el mismo en estas tres unidades. El caso es que pese a su desgaste físico y mental, Jacinto Zamora, que no quiso ser heredero, se aferra a escribir. Y a leer, y cuando el fantasma de la depresión resulta demasiado grande, a sumergirse en el mar. Un mar que sigue siendo el mismo: frío y cálido a la vez y en el que flota como si aún permaneciese en el vientre materno. El libro se cierra con un final que no desvelaremos pero que resulta clave para digerir este viaje a veces lisérgico al corazón de una isla cardinal.

Saludos, lean que son solo dos días, desde este lado del ordenador

Los días de Guayedra, una novela de Santiago Gil

Miércoles, Noviembre 29th, 2023

De las novelas que he leído hasta la fecha de Santiago Gil, comenzando por la excepcional Noche de Reyes, una atrevida y calculada mezcla de comedia y tragedia que se desarrolla un 5 de enero en la capital grancanaria, Los días de Guayedra (Mercurio Ediciones, 2023) me parece la más madura y canaria de todas sin desmerecer títulos anteriores, más centrados los últimos en novelizar la vida de un escritor como Benito Pérez Galdós o un artista como Jorge Oramas que, pese a su registro histórico, giran en torno a una de las principales constantes en su producción literaria como es el amor y la pérdida del amor. De amor y de pérdida se habla y mucho en Los días de Guayedra un relato construido a través de cuatro voces en los que se repasa en distintos arcos temporales las experiencias de una serie de personajes, dos mujeres entre ellos, que lo tuvieron todo y lo perdieron todo también en ese espacio, Guayedra, que parece una esquina del paraíso así como fue el último reducto que existió en Gran Canaria tras ser sometida la isla por los conquistadores.

Digo que es la más canaria de las novelas que he leído hasta la fecha de Santiago Gil no porque Canarias esté presente a lo largo y ancho del relato, que lo está, sino por el notable esfuerzo que hace el escritor para reflexionar sobre lo canario mirando al pasado de la isla. De hecho, la última voz que se pronuncia es la de Tenesor Semidan, o Fernando Guanarteme cuando se cristianizó, y al que le cuelga la leyenda maldita de ser el gran traidor de todo aquel proceso de conquista, sobre todo cuando ayudó a Alonso de Lugo en su apuesta por tomar la isla de Tenerife.

A mi me parece el capítulo más hermoso de esta novela canaria con alcance universal porque la fantasía del escritor se desborda, y hace que El Bosco, Jheronimus van Aken, conozca a Tenesor Semidan en la orilla de la playa donde el pintor hace dibujos en la arena de la playa que desaparecen lamidos por las olas del mar mientras observa aunque no lo entienda, en que se convertirá la geografía en la que se encuentra.

No es novela histórica lo que pretende escribir Santiago Gil sino recrear con muchas licencias el largo monólogo interior de su protagonista, Tenesor Semidan en el último capítulo del libro. Tenesor Semidan acata convertirse en súbdito porque sabe que es imposible enfrentarse al poder de Castilla. Esa misma Castilla que le arrebató lo más amado.

La novela es una interesante reflexión sobre el hecho de haber nacido en este territorio, con todo lo hermoso y miserable que significa, y se lee sin dificultad si uno se deja llevar por el juego literario que plantea el escritor. A través de cuatro voces iremos conociendo retratos no tan diferentes de un mismo espacio, Guayedra, que es un espacio físico pero que también está muy adentro en los cuatro personajes como en el alma del lector si se reconoce en algunos de estos pasajes. Pensamientos que revelan muchas de las constantes de Canarias.

“Mi padre siempre decía que estás islas no tendrían futuro hasta que no se quitaran de encima el yugo psicológico del caciquismo”.

A través de las voces se describe la degradación a la que se ha visto sometido el archipiélago a lo largo de los años y cómo va cambiando la fisonomía del territorio y el carácter de sus habitantes. Las islas, la isla de Gran Canaria, recibe nómadas digitales que apenas se mezclan con la población local como tampoco se dejan ver demasiado los extranjeros jubilados que pasan largas temporadas en sus apartamentos de la costa. La segunda voz es una voz nostálgica y en ella es imposible que más que en un personaje piense en Santiago Gil como su protagonista. Las mismas chaladuras juveniles en un tiempo en el que aún no existían los teléfonos móvil nos hacían ver la vida de otra manera no sé yo sí mejor pero seguro que diferente y más aventurera. La tercera quiero entenderla como la de una toma de conciencia, la que adopta la protagonista que escribe (anunciándonos ya la cuarta voz, la de Tenesor Semidan) que “los últimos años sí vivió obsesionado con la historia de la isla. No hacía más que leer libros sobre la conquista y estaba todo el día en Internet recabando datos” y como los relatos anteriores como con el que concluye el libro, lo que narra es la historia de una pérdida.

No sé si con espíritu filosófico pero sí con entusiasmo por aprender a entenderse, Los días de Guayedra es una novela que bucea en el pasado para entender lo que somos en este presente. Lo que nos condiciona ser conscientes que, efectivamente, hubo un paraíso en esta tierra, un territorio invicto, una porción diminuta de tierra que como Shangrilá nos hace eternamente jóvenes.

LO MEJOR: Un salto hacia adelante en la trayectoria como escritor de Santiago Gil. Se trata de una novela que reflexiona sobre Canarias sin sonrojo alguno

LO PEOR: No me convence la estructura del libro, cuatro voces que no cambian de estilo unas de otras. Es una misma voz que tuvo que ser la única voz, la del canario que inspira esta novela, la de Tenesor Semidan

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

Secuestros literarios, una novela de Santiago Gil

Jueves, Enero 26th, 2023

“Me han robado todo lo que tenía varias veces. He llamado a prostitutas en la madrugada que luego desaparecen por la mañana con mi cartera, mi portátil y mi teléfono. Esos son los peores despertares. Muchas veces no recuerdo haberme acostado con ellas. Cuando estoy borracho solo quiero una mano que me sostenga en medio de ese abismo que es mi propia conciencia. Jamás he repetido con la misma prostituta dos veces”.

(Secuestros literarios, Santiago Gil, Editorial Siete Islas, 2022)

A pesar de que no lo aparente, Santiago Gil es un escritor extraordinariamente dotado para el humor. Un humor muy español porque en sus historias la risa siempre resulta torcida. Es decir, que lo cómico resulta a la postre trágico.

Estos elementos se detectan en Queridos Reyes Magos, que considero su mejor novela pero también se derrama en cantidades cada vez más reducidas en el resto de una obra que se caracteriza por su fecundidad. Es como si Santiago Gil se pasara el día escribiendo, escribiendo y guardando novelas en carpetas que va acumulando en el ordenador. Con la bibliografía que descansa hasta este momento tras sus espaldas, en torno a las dieciséis si no se equivocan mis cálculos y esto sin sumar las novelas cortas, los cuentos y poemas, creo que queda claro que estamos ante un hombre al que le gusta escribir y contar historias. Historias en las que se aprecian constantes que han ido madurando por el paso del tiempo y que de una manera u otra aparecen en la mayoría de sus libros. Una de ellas, la sombra del fracaso y lo que conlleva desprenderse –involuntariamente– de una realidad para caer en otra mucho peor. El sentimiento de pérdida y el paso inexorable de los años son también constantes en sus libros, así lo observo en dos de sus más recientes novelas históricas, las dos basadas en grandes personajes de la literatura y el arte como son Benito Pérez Galdós y José Jorge Oramas, ambos nacidos en las isla de Gran Canaria y ambos protagonistas de El gran amor de Galdós y Mediodía eterno. Resulta muy llamativo que estos dos grandes personajes en los que Santiago Gil detiene su atención estén unidos en estos relatos por la edad. Una primera juventud en la que comienzan a gestarse los primeros fracasos y las primeras ausencias.

La editorial Siete Islas publicó en 2022 Secuestros literarios, una novela que Santiago Gil escribió hace unos años y en la que late, sobre todo en su primera parte, el latido del escritor que descubrí en Queridos Reyes Magos. Es decir, al autor que sabe hacerme sonreír e incluso en ocasiones reír. Se tratan estos Secuestros literarios de estampas de la vida de un aprendiz de escritor al que le pasan muchas peripecias, las suficientes, piensa uno, para convertirlas en una novela que es lo que hace Santiago Gil sobre todo en una primera parte donde –aunque no se diga– uno se imagina quienes son los escritores a los que inoportuna el protagonista. Protagonista de una historia que, ya se dijo, está estructurada en forma de cuadros, escenas que lo llevan de un sitio a otro buscando el éxito y el reconocimiento. Que lo logre o no lo descubrirán quienes se acerquen a esta novela desprejuiciada, que nos presenta a un Santiago Gil pletórico por reír y hacernos reír, lo que consigue, se reitera, sobre todo en su primera parte.

La sonrisa primero y la risa después lo logra porque no se corta demasiado sino que se deja arrastrar por las circunstancias que le salen al paso a su protagonista. Lástima que esta libertad creadora se vaya desgastando en la segunda mitad de un libro que tiene más de experimento que de otra cosa. Y que al mismo tiempo investiga, solo que a mordiscos, sobre el arte de escribir y la condición del escritor. Esto podría explicar que los capítulos que estructuran la historia vayan decreciendo en número de páginas hasta convertirse, prácticamente, en párrafos a medida que se va aproximando el final.

Secuestros literarios
debe de leerse como un rapto al hecho de escribir. Y escribir es lo que hace, y muy bien, Santiago Gil, que es uno de esos autores a los que vale la pena seguir en las literaturas que en la actualidad se escriben en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses. Santiago Gil tiene literatura, y esa literatura tiene un mundo propio y una forma muy personal de contarlo. Y esto se aprecia en sus Secuestros literario.

Saludos, se ha dicho, desde este lado del ordenador

2021: Dieciocho libros a tener en cuenta

Martes, Enero 4th, 2022

Todos los títulos que se presentan, y salvo uno, se editaron el año pasado. En la relación, hay novelas y libros de cuentos, dos de ellos por una editorial que renació en 2021, como fue Nectarina. Se omiten ensayos y obras especializadas, la mayoría de las que tuvimos noticias excelentes, pero fuerza mayor, el espacio, nos convencieron finalmente para descartarlas aunque animamos a los interesados a que consulten nuestro resumen general de Un año literatura en Canarias, si desean conocer algo más de todas ellas.

1.-Gancho ciego, Antonio Flórez Lage, Siruela Policíaca.- Entre las lecturas que nos sorprendieron gratamente este año se encuentra esta novela que se desarrolla en un ambiente portuario sin determinar que el escritor construye con rigor y señas de identidad propias, casi como si su pretensión fuera la de armar un territorio mítico donde la ley solo es la que marcan los más fuertes.

2.-Teneyda y otros relatos, Alfonso García Ramos, Nectarina Editorial.- Tras aparecer en 2011 y desaparecer tiempo después, Ayoze Suárez, su editor, recupera de nuevo el sello editorial con seis títulos, más dos dedicados a la novela negra, que publica novedades y libros que pedían a gritos su recuperación. Uno de ellos fue Teneyda, volumen que reúne otros cuentos del que, a nuestro juicio, sigue siendo uno de los grandes escritores canarios de todos los tiempos, el también periodista Alfonso García Ramos.

3.-El delator, Juan Manuel García Ramos, Mercurio.- Si hubo un libro, más allá de los literario, que suscitó divisiones y controversia en 2021, fue sin duda alguna esta novela que, por desgracia, no suscitó el debate al que al que estaba llamada sino a un cruce de comentarios que a favor y en contra restaron contenido pero no polémica a una historia que tiene, entre otros protagonistas, al poeta Domingo López Torres, ejecutado por el ejército rebelde frente a las costas santacruceras en febrero de 1937.

4.-Atis Tirma, Ulises Martín Hernández, colección Narrativa, Baile del Sol.- Una sobresaliente novela histórica sobre la conquista de la isla de Gran Canaria, narrada con vigoroso pulso narrativo y sin tomarse demasiadas licencias. Uno de los protagonistas del relato es Juan Mayor, un canario que hace de intérprete al invasor, y la joven canaria Vidinah. Muy recomendable si gustan de este tipo de literatura.

5.-El año que no viajé a Buenos Aires, Saray Encinoso, Ediciones Menguante.- La escritora y periodista tinerfeña escribió este libro como respuesta a un viaje que frustró la pandemia y el estado de alarma que confinó en sus casas a la ciudadanía. Que no pudiera marchar a la capital de la Argentina no arredró a la autora quien, finalmente, consiguió cumplir uno de los sueños de su vida: viajar con la imaginación a la ciudad que baña el Río de la Plata.

6.-Traficantes de historias, Juan R. Tramunt, Editorial Siete Islas.- Se trata de una novela comprometida que plantea interesantes y, a mi juicio, novedosas miradas sobre la inmigración irregular. Protagonizada por un hombre que decide empezar de cero, inicia su proceso de transformación como profesor de Lengua y Cultura española en un centro de Integración de Emigrantes en la isla de Gran Canaria. Luego…

7.-El niño de la tienda de telas, Jesús Ibrahim Chamali, Puentepalo.- El libro reúne narraciones que retroceden al lector a la infancia del autor, cuadros que recogen experiencias que van forjando la iniciación de su protagonista a medida que se adentra en el sendero de la vida. Habrán relatos que gustarán más que otros pero en conjunto es una obra que nos hizo emocionar.

8.-Llevadme a ver el mar, Jorge Fonte, Ediciones Idea.- Ambiciosa novela histórica del escritor Jorge Fonte, especializado hasta hace relativamente pocos años en atractivos libros de cine (probablemente sea la persona que más sabe de Woody Allen y Walt Disney en España) y ahora novelista que se atreve a embarcarse en una historia “basada en hechos reales” que sucedió en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna durante la primavera de 1651.

9.-Idealistas (la casta del orgasmo), Eduardo Montelongo, colección Narrativa, Baile del Sol.- El autor de la novela es uno de los mejores escritores de su generación, prueba que deja en una serie de libros anteriores donde tantea la literatura de viajes y aventuras en libros como Cuaderno afortunado y Johanna. Con Idealistas da un salto de gigante y sin red a una literatura a la que no nos tenía acostumbrado y si bien no termina por ser redonda ya que sus ambicionas la devora, se aprecia en muchas de sus partes los mimbres de un gran escritor ahora en fase de evolución.

10.-Mediodía eterno, Santiago Gil, Cabildo de Gran Canaria.- Con esta novela el escritor grancanario visualiza una evolución tanto en estilo como en la forma que ya venía anunciando en El gran amor de Galdós, aunque en esta ocasión el protagonista de su historia sea el pintor José Jorge Oramas, cuya luz dejó de brillar cuando aún no había cumplido los 25 años. La obra obtuvo el Premio Internacional de Novela Benito Pérez Galdós.

11.-A orillas del Guiniguada, Juan José Medina, Mercurio.- Difícil lo tuvo que tener el jurado del Benito Pérez Galdós 2020 a la hora de conceder o no el Premio a esta novela, distinción que finalmente se llevó Santiago Gil por Mediodía eterno, resultando accésit el título de Juan José Medina quien escribe, sin perder de vista el rigor histórico, sobre la influencia del obispo Antonio Pildain en la vida social, política y religiosa de la diócesis de Canarias desde 1937 a 1966. Muy recomendable.

12.- Las terribles historias, Cecilia Domínguez Luis, Nectarina Editorial.- El libro reúne más de una veintena de relatos cortos que sorprenderán a los que siguen la obra de la escritora y poeta ya que pertenecen la mayoría de ellos a sus primeras incursiones literarias. Muchos de los cuentos resultan inquietantes y en alguno de ellos hay homenajes velados o no a grandes escritores de la literatura universal como Poe, London y Stevenson.

13.- Indivisa Manent, Javier Hernández Velázquez, Editorial Adarve.- Novela ganadora del I Premio Internacional de Novela Adarve Negra, el escritor tinerfeño propone un relato muy violento y en clave western que tiene lugar en un pueblo sin ubicar en el norte de Tenerife al que llega su protagonista tras pasar una larga temporada en la cárcel y con una idea fija en la cabeza: venganza. La novela casi coincide en librerías con otro título de su autor, Un país en llamas (M.A.R. Editor).

14.- Entre el agua y el suelo, Cristi Cruz, ediciones Aguere/Idea.- Se publicó en 2020 pero lo leímos en éste que ya se nos fue. El libro, que se estructura en cinco partes, mezcla la literatura de viaje con la reflexión personal, dando como resultado un sobresaliente volumen en el que el lector además de viajar a distintas ciudades del planeta, percibe también la transformación interior, el viaje hacia adentro, de sus protagonistas.

15.- Lordemano, José Zoilo, Ediciones B.- Se trata de la nueva novela histórica que escribe este escritor tinerfeño tras la trilogía Las Cenizas de Hispania y El nombre de Dios. En esta ocasión, invita al lector a tierras vikingas y de la España del siglo IX, contando la presencia de los bárbaros del norte en un país entonces fragmentado en muchas naciones.

16.- Ella quiere ser sorda, Elsa López, Ediciones Remotas.- El libro recopila 16 narraciones cortas de la escritora, impulsora de Ediciones La Palma, la mayoría publicados con anterioridad aunque también incluye algún relato inédito en una edición muy cuidada y trabajada de Ediciones Remotas.

17.- Talón, Nicolás Melini, Franz Ediciones.- El volumen reúne 17 relatos de un escritor que se mueve mucho mejor en este territorio que en la novela y la poesía. Los cuentos, con todo, quizá sorprendan a los que conocen anteriores libros de su autor, aunque en el fondo de subyace una obsesión que encuentro habitual en su autor, solo que ahora intenta reflejar las cicatrices que nos lega la experiencia cotidiana.

18.-Nosotras somos humanas, Carmen de la Rosa, CajaCanarias Fundación.- La escritora obtuvo con este libro el Premio de Relato Corto Isaac de Vega 2020 (se declaró desierto en la edición de 2021), aunque se publicó el año pasado, una recopilación de relatos que, por una vez, nos hizo pensar que el jurado estuvo acertado con su elección ya que los diez cuentos que reúne el libro demuestran que nos encontramos ante una autora que sabe manejarse en las historias cortas y en los géneros que toca, a los que imprime en todos estos cuentos de un llamativo y muy atractivo sello personal.

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

Mediodía eterno, una novela de Santiago Gil

Jueves, Agosto 19th, 2021

“Leo también a Tomás Morales. Tomás supo escribir el sonido del Atlántico. Yo recuerdo ese sonido en las costas del mar bravío de Fuerteventura, y también al final de la playa de Las Canteras o del Arrecife, donde no está la Barra y el océano resuena como una gran caracola lejana”.

(Mediodía eterno, Santiago Gil, Cabildo de Gran Canaria y Casa Museo Pérez Galdós, 2021)

Santiago Gil cuenta con una consolidada y atractiva trayectoria literaria muy unida a su isla natal, Gran Canaria. En 2019 se atrevió a recrear el amor adolescente de Benito Pérez Galdós con su prima Sisita en El gran amor de Galdós. Ahora, con Mediodía eterno hace algo parecido pero con muchísima más personalidad con el pintor José Jorge Oramas. Por esta novela, Gil recibió el Premio Internacional de Novela Benito Pérez Galdós y se trata, a nuestro juicio, de una de sus obras más densas (pese al número de páginas) y maduras. Un relato que muestra a un escritor seguro de sí mismo como narrador de ficciones.

Tanto en El gran amor de Galdós como en Mediodía eterno se fabula en torno a la vida de dos grandes hombres nacidos en el archipiélago canario pero hasta ahí llegan las comparaciones. El origen familiar y social de Galdós se encuentra en las antípodas del de Oramas. Pérez Galdós se dedicó a las letras, carrera en la que se convirtió en el mejor escritor que retrató el Madrid de finales del XIX e inicios del XX mientras que José Jorge Oramas tuvo una vida muy corta –falleció a los 24 años– que estuvo marcada por una enfermedad que le hizo ampliar su visión de cuanto lo rodeaba, transformando su mirada en una luz poderosa, claramente Oramas.

En cuanto a estilo, El gran amor de Galdós mantiene distancias con su protagonista al estar escrita en tercera persona mientras que Mediodía eterno recurre a la primera. Es decir, que el narrador es el mismo José Jorge Oramas que nos habla a través de Santiago Gil.

Mediodía eterno está estructurado en dos partes. La primera, La vida de Oramas, está narrada en primera persona por el mismo artista por lo que el lector es testigo directo de lo que piensa y del sentido trágico de la vida que asumió al diagnosticársele un mal que fue consumiendo poco a poco su existencia.

La cercanía de la muerte hace que el artista intente retener su amor a lo que observa en una serie de cuadros que son un misterio en sí mismo. Y no solo por la intensidad de la luz que alimenta a casi todos ellos sino por mostrar el paisaje que lo rodea en una serie de obras que no han perdido su capacidad de conmover.

En esta primera parte, el personaje que construye Santiago Gil de Jorge Oramas se confunde con el mismo Santiago Gil en un ejercicio de intercambio de papeles que no decae, dando densidad al mismo tiempo a un personaje que amó la vida, así lo expresó a través de su arte y así lo expresa Santiago Gil a través de su literatura.

Santiago Gil consigue dar credibilidad al personaje y en un lenguaje conmovedoramente poético desgrana con agradecida sutileza algunos de los momentos que marcaron la existencia del pintor grancanario. El escritor propone, además, un atractivo juego literario con el lector, juego en el que hay que entrar como se debe entrar en cualquier clase de juego, con inocencia.

A lo largo de todo el texto, de una enorme complejidad que Santiago Gil resuelve con desarmante sencillez, se tratan muchos de los temas claves en la vida del pintor como si fueran colores, colores tan vivos como los que definen la obra de Oramas y que sirven para explicar muchos de los días que marcaron la existencia del artista. Un artista que evitó lo que pudo el retrato, decantándose por el paisaje que reflejó siempre bajo una luz limpia y serena que corresponde a la de ese mediodía eterno que anuncia el título de la novela.

Los años de formación en la Escuela de Arte Luján Pérez donde conoció a otros artistas como Felo Monzón, Juan Ismael y el escultor Plácido Fleitas, entre otros; los días que pasó en el centro psiquiátrico de Tafira (“Los locos tienen alma”, comienza la novela) atendido por el médico y coleccionista Rafael O’Shanahan y una ciudad, Las Palmas de Gran Canaria, que todavía seguía siendo una pequeña capital de provincias son algunos de los elementos de los que se sirve Santiago Gil para modelar a su personaje. Personaje que percibe la primera señal de un amor que le infla de plenitud los castigados pulmones y que como la enfermedad que lo acompañó casi toda su vida condiciona al artista que, en esta novela, se desdobla en Santiago Gil. Esta metamorfosis contribuye por otra parte a que lo que cuenta resulte tan real y cercano.

José Jorge Oramas dejó una obra no demasiado extensa. Creaciones plásticas que expuso en vida en muy pocas ocasiones aunque ya en su tiempo hubo espectadores, como el escritor tinerfeño Agustín Espinosa, que avisaron de su talento en textos tan llenos de belleza como Media hora jugando a los dados.

Si hubiera un leiv motiv en esta novela ese sería el arte y la muerte. Muerte a la que se encara Oramas con la cabeza alta, sin miedo. Es como si hubiera aprendido que nada es eterno salvo la luz que captura en sus lienzos.

“Cuando medito parece que vuelo, que salgo de mi cuerpo, como si realmente hubiera algo más que materia en nuestros adentros. Cecilia es de las que piensan que el arte se genera justamente en ese misterio que portamos los humanos cuando miramos algo o rebuscamos en nuestras vivencias y en nuestros recuerdos”.

La segunda parte, sensiblemente menor en número de páginas (la novela no llega a las 200), cuenta la vida de Cecilia Blisse, un personaje que sirve de apoyo sentimental al relato y cuyo diario, narra, le fue entregado a Santiago Gil en un viaje a Londres. Al modo de las matrioskas rusas se propone una novela dentro de otra novela.

Podría apuntar más aspectos de un libro que como otros de Santiago Gil ha sabido tocar el corazón pero es el momento en que lo descubran lectores que demandan historias que reinterpreten la vida de los nuestros (artistas e intelectuales, hombres de fe, en definitiva) con mirada literaria.

Mediodía eterno es una novela que se atreve a hurgar dentro de la cabeza y el alma de su protagonista por lo que sorprenderá, como a quien firma estas líneas sorprendió, la soltura con la que Santiago Gil rinde justicia al pintor que se “nos” fue demasiado pronto, describiendo las contradicciones que pudo tener el artista que congelo la vida con el hechizo de su luz.

Saludos, tierra, mar, desde este lado del ordenador

Santiago Gil obtiene el Premio Internacional de Novela Benito Pérez Galdós por Mediodía eterno

Lunes, Noviembre 16th, 2020

La novela Mediodía eterno, de Santiago Gil, ha obtenido el Premio Internacional de Novela Benito Pérez Galdós en su última edición, dotado con 15.000 euros más la publicación de la obra. El certamen, de carácter bianual, es una iniciativa del Cabildo de Gran Canaria y al mismo se presentaron un total de 124 obras.

La decisión del jurado valoró del texto “su calidad literaria, el modo en que el autor transformó la historia real del pintor Jorge Oramas en asunto novelesco”. El comité deliberador estuvo formado por el profesor de la Universidad de Amsterdam, Germán Gullón, la directora de la Cátedra Pérez Galdós, Yolanda Arencibia, la escritora Care Santos y la directora de la Casa-Museo Pérez Galdós, Victoria Galván.

Mediodía eterno aborda la vida que se acaba y que, al mismo tiempo, intenta eternizarse en el arte, informó Santiago Gil, quien recordó que “no se conoce prácticamente nada del pintor Jorge Oramas, un aprendiz de barbero que no llegó a cumplir los 25 años y que dejó una obra que, al paso de los años, es admirada y reconocida por muchos entendidos y críticos de arte, hasta el punto de protagonizar una exposición en el Reina Sofía de Madrid”.

El escritor grancanario dijo que la novela está dedicada a la memoria de Chiqui Castellano Suárez, ya que fue quien la inspiró y quien primero la leyó y a su hija Isabel.

De los 124 manuscritos (36 más que en la primera edición convocada en 2018) presentados al Premio Internacional de Novela Benito Pérez Galdós, 29 procedían de Canarias y otros 75 de distintas comunidades autónomas españolas, mientras que 11 fueron enviados desde distintos países extranjeros como Puerto Rico, Argentina, México, Colombia, Guatemala, Francia, Alemania, Irlanda y Cuba.

Así mismo, el jurado decidió otorgar un accésit, sin dotación económica, y sin que ello implique su publicación por parte del Cabildo de Gran Canaria, como establecen las bases del Premio, a la novela A orillas del Guiniguada, de Juan José Mendoza Torres.

Esta segunda convocatoria recupera un certamen literario que no se convocaba por el Cabildo grancanario desde 1989 y en cuyo palmarés figuran escritores como J. J. Armas Marcelo, Luis León Barreto, Fernando G. Delgado o Emilio González Déniz.

FOTO: Daniel Mordzinski

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