Archive for Septiembre, 2009

Cortos demasiado cortos…

Lunes, Septiembre 14th, 2009

* Nos enteramos por elblogoferoz.com que el actual director de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, Lü Jiá, podría tener los días contados al frente de la OST. La reciente cancelación de dos conciertos y desencuentros con algunos de los músicos que componen el conjunto sinfónico tinerfeño parece que son algunas de las razones que hacen sospechar que la permanencia de Jiá esté lo que se dice pendiente de un hilo. Para que sepan de que va la cosa, les invitamos a que pinchen el enlace.

*  Tenerife será escenario, entre el 22 y el 27 de septiembre, de Espacio Enter Canarias -Encuentros Internacionales de la Creación, Innovación y Cultura Digital, un proyecto que pretende convertir la Isla en plataforma internacional para el desarrollo de estas materias que marcan, desde un punto de vista tanto artístico como tecnológico, las claves para diseñar el futuro. ¿Dónde? en Tenerife Espacio de las Artes (TEA).

* La Filmoteca Canaria ha programado para la temporada de septiembre y octubre un ciclo de cine con documentales realizados en los últimos años. El ciclo, que se presenta con el título, Tal como somos, consta de seis documentales. Las proyecciones darán comienzo mañana, martes, en Multicines Monopol, en Las Palmas de Gran Canaria, y el jueves 17, en los Multicines Renoir Price, en Santa Cruz de Tenerife, con El abogado del terror, de Barbet Schroeder. Ambas sesiones darán comienzo a las 20,30 horas.

Saludos extremadamente cortos desde este lado del ordenador.

Malos tiempos para la lírica

Domingo, Septiembre 13th, 2009

Artistas y gestores culturales se pronunciaron esta semana en las dos capitales canarias a través de la  plataforma Movimiento del 2 por ciento para manifestar su  inquietud y natural preocupación ante el anunciado recorte de los presupuestos públicos (Gobierno autonómico, cabildos y ayuntamientos) en Cultura, lo que advierten “supondrá la destrucción de un millar de puestos de trabajo” (*).

El problema de la cultura en Canarias como sector económico y como motor de conocimiento es que al igual que sucede en el resto de este país llamado España depende inevitablemente de las administraciones públicas. De las regalías que anualmente reparte el Gobierno regional, los cada día más vacilantes cabildos y las concejalías municipales, órganos estos últimos que hasta el día de hoy continúan pensando que Cultura es más una extensión de Fiestas que otra cosa.

Como es natural, esta situación ha generado una serie de vicios. No ya en el trato que dispensan algunos responsables oficiales de la Cultura al artista de turno  –hace unos días les invitábamos a leer en este mismo blog un artículo publicado en La Opinión de Tenerife donde un veterano creador cuyo nombre no quiso revelar por precaución, denunciaba su miedo ante posibles represalias institucionales– sino también a la mayoría de las creaciones que han obtenido luz verde desde la oficialidad.

Pese a que me esfuerce por comprender por qué los gestores de la cosa pública continúan viendo el producto cultural como algo insustancial, el archipiélago hasta fechas relativamente recientes disfrutó de una edad de plata en cuanto a ofertas culturales se refiere. Comparado con las últimas décadas del siglo pasado, casi nadie discutirá que se dieron pasos de gigante en este sentido. Bien es cierto que había dinero, pero también es bien cierto que ese dinero se supo repartir con meridiana inteligencia. Aún admitiendo que en esa distribución de cheques al portador se mandó a paseo propuestas culturales que por su riesgo y espíritu agitador provocaron recelos en quienes suelen dar el sí y el no; si somos honestos, la situación actual –pese a las nubes oscuras que nos impiden ver– ha sido pasablemente buena. Sobre todo en el territorio de conciertos, pese a que las bandas y solistas de aquí participen general y resignadamente como teloneros (ver Tenerife At The Hotel, con apoyo Septenio).

Este año, la joya de la corona cultural del Ejecutivo canario tiene precisamente el feo nombre de Septenio. Una iniciativa controvertida y extraña desde que la parieron.

Su efectividad hasta el momento está resultando nula en la realidad archipielágica, por lo que mucho me temo que si hoy mismo se hiciera una encuesta de verdad a la ciudadanía (y no como la que se perpetró para justificar los mediocres resultados de la última Feria del Libro) en la que se planteara “¿conoce usted Septenio?”, probablemente de cada diez encuestados nueve no sabría nada y uno respondería que sí aunque no supiera explicarlo.

Septenio pecó en sus inicios de un generoso despilfarro de sus fondos. Irritante si tenemos en cuenta que se produjo justo cuando nos estábamos metiendo de cabeza en la odiosa crisis que nos afecta. Más tarde, inició una activa y competente campaña de promoción de los actos culturales y artísticos seleccionados en diferentes escenarios del universo mundo, cuyos resultados todavía es pronto para evaluar aunque no deje de tener la idea, vaga si quieren, de que esta formidable y también costosísima iniciativa se hizo en un tiempo que no era el idóneo. Sobre todo por la que se nos cae encima, y que ha ¿obligado? ahora al Gobierno canario a anunciar que recortará drásticamente su presupuesto en Cultura en un 18 por ciento en 2010 con relación al de 2009. Este tijeretazo significará, ya lo apuntábamos arriba, que podrán quedarse en la puta calle unas mil personas que trabajan por la cultura (no por Septenio) en las islas. 

En la cultura oficial, la de las administraciones pública, trabaja un montón de gente que sabe lo que hace. Personas que entienden que cultura también es sinónimo de riqueza. El problema, sin embargo, es que mucho me temo que en la actualidad quienes tienen la responsabilidad de dar el premio de la bendita subvención están muy mal aconsejados y asesorados. O apuestan por áreas que conocen dejando yermas las otras, que se han transformado a su vez en estériles reinos de Taifa.

Esta situación ha generado que algunos de nuestros mejores artistas hayan tirado la toalla, autoexiliándose en su propia tierra o marchándose a otras donde posiblemente se reconozca su talento. Ya contamos con nombres, luego no es un mito, una leyenda urbana…

Por eso, e intuyendo el negrísimo panorama que se nos viene encima si no hay antes un cambio brusco de timón, que implique una urgente reordenación del sector cultural y un análisis serio de la presunta rentabilidad de Septenio, mucho me temo que en vez de seguir dando pasos hacia adelante como buenamente se estaba haciendo hasta ahora, se retrocederá a tiempos pasados que muchos creíamos superados.

Malos tiempos para la lírica.

(*) Dos artículos con notable interés sobre este y otros asuntos firmados por Alfonso González Jerez y Francisco Pomares.

Saludos con sabor a angustia desde este lado del ordenador.

Alimentando el potaje que tengo en la cabeza

Viernes, Septiembre 11th, 2009

Libros que he leído últimamente: Grandes miradas, La hora azul, El susurro de la mujer ballena, El vuelo de la ceniza y Deseo de noche, del escritor peruano Alonso Cueto. La estupenda (aunque densa) trilogía Fe, Esperanza y Caridad de Len Deighton, que encontré en el Rastro en muy buen estado, y que recomiendo a todos esos lectores que les vaya la novela de espías existencial. Ya lo he dicho otras veces, Deighton no es John le Carré pero sí un maestro de la novela en la que nadie es lo que parece. Un escritor, además, que generalmente ha sido bastante bien traducido en España. Lo detectas en algunas de sus mejores obras, como las que forman parte de esta trilogía donde aparentemente no pasa nada: los espías son funcionarios acomodados, con sus odios y pasiones dentro y fuera de la oficina. El bloque comunista es un enemigo moribundo y tocado de muerte… Una bomba retardada, insisto, para todos aquellos lectores que busquen algo más en una novela de este género que algunos consideran de caza menor. Allá ellos.

Leo también el interesante (más bien por delirante) ensayo Lo seco y lo húmedo que firma Jonathan Littell, el autor de la irregular Las benévolas por mucho que intenten convencerme de lo contrario.

El libro, muy caro, se lee rápido porque apenas llega a las 150 páginas, y pretende ofrecer un retrato del líder extremista belga León Degrelle. La conclusión de la obra, amena y diferente por comparar esta pulsión enfermiza con sexo y muerte, pero sobre todo individualidad, es que Degrelle fue un rematado embustero. Lo que probablemente sea cierto. En la otra balanza de los nazis que hicieron leyenda en torno a su vida coloco a Otto Skorzeny, un SS que tras monopolizar el éxito de la ¿liberación? de Mussolini, intentó crear unidades de comandos en el ejército alemán. No prosperó su idea. Skorzeny, como Degrelle, se refugiaron en España al acabar la II Guerra Mundial. Siempre fue un nazi. Siempre fueron nazis. O lo que es lo mismo, malas gentes. 

Me entretiene y me hace reír la autobiografía de Errol Flynn, libro carísimo que leí hace apenas un mes y que estoy ahora releyendo. Me encanta Flynn, me encantan sus películas y me encanta su forma de ver y entender el mundo. Un vividor con todas sus letras. Un calavera.

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Aprovecho para repescar algunas de sus mejores películas. Así que veo otra vez Murieron con las botas puestas, Objetivo Birmania y Gentleman Jim, todas dirigidas por ese gran cineasta que fue Raoul Walsh. Joder, pienso, aquello sí que era cine. Los héroes tenían dobleces, las abnegadas esposas o amantes tenían dobleces y las historias tenían dobleces.

Cine inteligente para todos los públicos. Cine que se vendía como espectáculo: vibrante, repleto de acción, con diálogos que desarman y de los que hacen pensar…

Compro con el corazón a punto de salírseme en el pecho Quiero la cabeza de Alfredo García, para mi la mejor película de su extravagante director: Sam Peckinpah. La he visto ochocientas veces, la verdad, pero no me canso de ver esta extraña road movie, esta dramática epifanía de su protagonista, encarnado por un gigantesco Warren Oates, uno de esos actores que tengo en mi altar. Justo al lado de Flynn, John Wayne, Richard Widmark, Robet Mitchum y tantos otros… Algunos me dirán que casi todo el trabajo de Oates en el cine fue el de secundario. Pero qué secundario… ya que pertenece a la estirpe de los Ernest Borgnine, James Coburn, Lee Marvin o el Charles Bronson de primera hora. Tipos duros, pero también épicos perdedores. Y esos que reconocías incluso antes que de los principales, los sufridos protagonistas. Cuando los veías aparecer en pantalla exclamabas: “es de Lee Marvin”, “es de Bronson”. 

Hablando de Bronson, me hago también a precio razonable con la estupenda El luchador, el primer largometraje de Walter Hill. Una película menor de los 70, que es algo así como decir una obra maestra en 2009. Como últimamente me ha dado por ver cine ambientado en los años de la Depresión, mis ojos se vuelven a rendir ante El emperador del norte, de Robert Aldrich, con Borgnine y Marvin dándose palos en los trenes que atravesaban la superficie empobrecida de los Estados Unidos de los años 30. Y Con destino a la gloria, con el gran David Carradine metiéndose en la piel del cantante country comunista Woody Guthrie (en su guitarra llevaba escrita la leyenda: “esta máquina mata fascistas).

También cae la estupenda La evasión, de Jacques Becker, una película adelantada a su tiempo. Cine carcelario y de evasión en estado puro. Y Rififí, de Jules Dassin. Su director, norteamericano, tuvo que exiliarse a Francia al ser acusado de rojo por otro gran cineasta norteamericano, Edward Dmytryk. Dassin lo reduerda en los extras del dvd. Lo mejor es que lo hace sin rencor aunque sí con un punto de tristeza que aplasta. No por el calvario que tuvo que pasar tras la delación, sino por su ex amigo delator.

Años más tarde, el mismo director rodaría una deliciosa parodia de Rififí con Topkapi, basada en un libro del maestro de la novela de suspenso Eric Ambler.

Para no perder el acento europeo reveo una vez más Los inútiles, del gran Federico Fellini, y Rufufú, de Mario Monicelli, que quizá sea uno de los más grandes cineastas italianos de toooodos los tiempos. Con ambas suelto carcajadas. Carcajadas amargas, que son las que importan.

Cuidado. Que me da la nota frívola, y veo esas deliciosas naderías ¿Qué tal, Pussycats? o  la caótica Casino Royale.

Y como refugio, en mi videoteca siempre me queda la épica y acartonada El Álamo, esa obra maestra imperfecta dirigida y protagonizada por John Wayne.

En fin, que ya ven, alimentando ese delicioso, burbujeante y humeante potaje intelectual que tengo en la cabeza.

Saludos todavía hambrientos desde este lado del ordenador.

Rumores, rumores, rumores

Jueves, Septiembre 10th, 2009

Se rumorea en los mentideros culturales que la mujer de un concejal de un Ayuntamiento de Tenerife es una de las candidatas más valoradas para ser la próxima gerente del Organismo Autónomo de Actividades Musicales del Ayuntamiento de La Laguna. El concurso, que todavía no se ha fallado y cuyas bases publicó el Boletín Oficial de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife (BOP) el pasado 31 de agosto (página 20686 a 20689), busca a una persona que inspeccione, fiscalice y vigile la actividad técnica de los servicios y actividades que el Organismo pudiera generar, así como valorará méritos de experiencia profesional y de dirección en el ámbito de la música y de la cultura. También se valorará su ”experiencia en puestos de gestión con responsabilidad económicos-financieras”, responsabilidad que, por lo que sabemos, esta señora desarrolló durante un periodo largo de tiempo en otro sitio. En otro lugar y en otro tiempo…  

Eso es casi todo.

Saludos desde este lado del ordenador.   

‘Yeyo’-el-de-la-Rambla

Miércoles, Septiembre 9th, 2009

En estos días en los que me despierto y ando, y en los que he tenido tiempo por fin para reconciliarme conmigo mismo y la ciudad que considero mía porque me veo reflejado en sus rincones y plazas, en sus calles y en sus avenidas sin nombres franquistas, suelo acordarme sobre todo cuando paseo por el pedazo de Rambla que forma parte de mi existencia, o ese tramo que va de la plaza de Toros (¿no iba a ser de Todos?) al kiosco de la Paz, de Eugenio Yeyo Millet. Es probable que haya quien se pregunte ¿y quién demonios fue Eugenio Yeyo Millet? Baste decir que fue, probablemente, uno de los mejores poetas canarios de la última mitad del siglo XX y a quien tuve la oportunidad de mal conocer.

La editorial Baile del Sol publicó hace varios años el libro Pasto lascivo y otros poemas. Poesía incompleta 1979-1991 de Yeyo, edición al cuidado de Coriolano González Montáñez, y el único libro del que al menos tengo noticia que recoge casi todo el trabajo que pergeñó este individuo escandaloso para una capital de provincias como era y sigue siendo Santa Cruz de Tenerife. Miedosa a toda clase de excentricidades si no es en Carnaval.

Conocido por casi todos como Yeyo-el-de-la-Rambla (*), Eugenio Millet Rodríguez fue lo que se dice todo un personaje en aquél Santa Cruz postapocalíptico de los años ochenta. Y una luz demasiada incómoda en esa Rambla provinciana en la que nos cobijábamos todos los rambleros.

Yeyo siempre se declaró homosexual y comunista. Entiendo que fue una pose, porque más que comunista Yeyo fue un anarquista con todas sus letras. En aquellos años sin plomo generó una pequeña y divertidísima polémica en la página Borrador, que publicaba Diario de Avisos al cuidado de Fernando Senante, enviando a su responsable unos poemas con una introducción de Andrés Sánchez Robayna de la que se apropió sin permiso del autor. Tuvo miga aquel gesto osado y canalla. Tanto, que todavía se evoca con una sonrisa la rabieta que originó en los mentideros culturales y culturetas de la isla que lo vio nacer…

Escritor, poeta, bohemio y homosexual declarado mucho tiempo antes de que vinieran los tiempos de la normalización, Yeyo fue un tío que intentó siempre hacer lo que le ordenaba su corazón. Un bala perdida para muchos pero para otros un sujeto entrañable, asombrosamente tímido y quizá por ello con un notable sentido del humor que desarmaba.

Un vagabundo y un corredor de distancias cortas, quizá demasiado cortas, aunque eso no fue obstáculo para que peleara con su lengua hasta que el peso de la vida le resultó demasiado mareante. Un hombre libre, pese a las cadenas que esta sociedad chicharrera le ponía todos los días; uno de esos tipos que noto tanto en falta hoy en este Santa Cruz de pesebre en el que habito. En esta isla de tontería en la que me muevo. En este archipiélago cuya memoria no sale de los idealizados aborígenes y de la generación que forjó Gaceta de Arte.

Sí, ¿qué pasa?

En estos tiempos que vivimos, y en los que mis mejores amigos se refugian en discursos conservadores de tiempos enfermizamente pretéritos, Eugenio Yeyo Millet me vendió otra manera de ir por la vida, esa que sólo mastican los hombres sabios: ¿para que miras el dedo si lo que importa es la luna?

Lo noto en falta. Ya no hay estrellas fugaces como Yeyo Millet en mi Rambla moribunda. No sé si es un problema de vivir en provincias o de pertenecer a un país como España, pero gente como Yeyo son de esas que sí merecen una estatua en la Rambla. Creo que le habría hecho gracia esta iniciativa que nunca tendrá lugar.

Yo pondría debajo de su nombre tallado en mármol: “supo exhibirse sin pudor”. También el título de uno de los mejores poemarios de lo que nos dejó constancia: “el amor es un tigre disfrazado de mariposa”.

Un genio.

(*) El segundo número del fanzine Papel pal culo publicó la primera y creo que única entrevista con Eugenio Millet. Un texto delicioso, y tremendamente actual vuelto a leer desde la distancia.

Saludos nostálgicamente rambleros desde este lado del ordenador.

Cine con rabia de vivir cien por cien canario

Martes, Septiembre 8th, 2009

No creo equivocarme si afirmo (no digo) que Wansy Navarro es uno de los cineastas más auténticos y creyentes en esto de contar historias con imágenes de cuantos han nacido en estas islas abandonadas de la mano de los dioses. Con un entusiasmo a prueba de bombas, y casi siempre sin contar con apoyos institucionales, reacios al cine venenoso y rabioso de   su autor –porque se trata de un autor con todas sus letras–, Navarro ha sacado su colección de cortometrajes y ahora su primer largo por la puta cara, lo que no deja de sorprender en un archipiélago donde los cineastas artistas se han acostumbrado a vivir del pesebre de las subvenciones, ajenos a la aventura que significa sacar tu obra pese a los No, No y No de las presuntas e iluminadas comisiones que deciden los proyectos de esto que llaman cine canario.

El cine de Wansy Navarro es un cine áspero, sin escuela, mamado directamente del cine de barrio o del vídeo club de la esquina que son la mejor escuela para aprender cine. Y además, es un cine extraño, que va contracorriente en la aburrida moda en la que han caído la mayoría de los cineastas del archipiélago, muy dados a descafeinadas miradas de ombligo y a masturbaciones intelectuales mientras se alejan de lo que entendemos como entretenimiento. O contarnos una historia: las que tienen su inicio, su nudo y su desenlace.

El cine de Wansy Navarro es, además, directo. Vitriólico, repugnante en ocasiones y muy, pero que muy salvaje. Salvaje por sus historias, la mayoría de ellas aliñadas con mucha sangre y vísceras que me recuerdan al mejor cine patrio de terror. Sí, me refiero a esos clásicos de Jacinto Molina, Carlos Aured, Javier Aguirre y otros locos por un género que nunca ha contado con el respaldo sesudo de la crítica, aunque sí del espectador sin traumas imbéciles en la cabeza.

Las películas de Wansy Navarro son así de una tosquedad abrumadora pero también de una desarmante efectividad que te toca. Y te toca por incómodas, casi como si te mordieran. Es un cineasta gore, probablemente el primer cineasta realmente gore canario que muestra nuestras pesadillas pequeño burguesas tal y como son. Y con acento de aquí.

Para muchos Navarro es un intruso en esa especie de aristocracia provinciana a la quieren convertir el cine en Canarias, ciegos esos ojos a que apuestas por valores de este tonelaje abre nuevas espitas para contarnos las cosas de otra manera; sin ridículas vaguedades ni miedo a coger al toro por los cuernos. Pueblo somos y pueblo seremos hasta que no aprendamos a quitarnos la venda y aprender a MIRAR.

Y mirar es lo que propone la desarmante y extravagante cinematografía de Navarro: Mirar con bizarría a los barrios, a la miseria del extrarradio, al odio de los que no tienen nada. Y todo teñido de sangre, navajazos, diálogos cortantes, personajes fieros, esa canarias canalla real que forma parte de nuestra vida.

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La X Semana de Cine Fantástico de Estepona cierra el 11 de septiembre (qué fecha, ni aposta para proyectar una película de este cineasta mezcla de George A. Romero y Dario Argento, de Ruggero Deodato y Lucio Fulci) su sección informativa con la proyección de su primer largometraje Dispersión mortal, cuyo enlace les invito a consultar para que disfruten del tráiler de su prometedora ensalada de crímenes violentos. Con ecos a una Matanza de Texas pero en Telde, Taganana o Chipude… Financiar este trabajo, cómo no, ha salido prácticamente de su bolsillo. Una serie Z a coste de 8.000 euros. Cine indie con todas sus letras, vamos, para que nos entendamos.

La película se proyectó hace unos meses en Telde, ahora le toca Estepona y mañana espero que al resto de España y al mundo mundial. Wansy no es Pasolini, pero su visión estremecedora de contarnos la realidad me recuerda mucho a la del cineasta italiano en su incomprendida obra maestra Salo o los 120 días de Sodoma.

He dicho, que decimos los hijos de la viuda.

Así que…

¡Saludos al maestro desde este lado del ordenador!