Archive for Mayo, 2013

La dignidad de los vencidos

Jueves, Mayo 23rd, 2013

* Imagino que Agustín Espinosa y Antonio Bermejo se sentirían muy cómodos moviéndose como uno más entre la fauna que compone a los de Zo.0, bestias que viven en un archipiélago donde apenas quedan cernícalos, y bestias acostumbradas a la agitación cultural pero con un agradecido sentido de lo lúdico. Es decir, muy alejado del espíritu cabeza de chorlito de la tradicional tertulia literaria. Me gusta creer precisamente por eso que los fantasmas de Bermejo y Espinosa estarán presentes –y así los verá quien sepa verlos– este sábado, 25 de mayo, en El Generador (calle de El Clavel, número 10, Santa Cruz de Tenerife) como espectros estelares de un acto que desde las 18 a las 24 horas no dejará indiferente a nadie. Cuentan los animales del Zo.0 que “encenderá libros y televisores, con las iluminaciones de Antonio Bermejo (hasta después de muerto ha tenido mala suerte, no entre nosotros) y Agustín Espinosa. Libros que se transforman, película donde la chica se convierte en libélula o cucaracha, etc.” Todo muy críptico, es verdad, aunque tengo una extraña fe con esta tribu que no va de iconoclasta. Continúa el discurso, que advierte de: “operaciones secretas y públicas:

–Gesso style

–Tuning book

–Best given

baile de sombras de otras estrellas…

El espacio de El Generador acogerá también una exposición y venta con varios números de la revista Lúnula y de libros escritos por los del Zo.0 como Ensalada de canónigos y Cucarachas con Chanel (JRamallo, aka  dr R); Paréntesis (Hosmán A T, aka Bisturí);  Libro del cuervo y El Negro (Jesús Castellano, aka Chitoski), así como Y fumar puede matar y Marlou Diesel (Marcelino Marichal, aka Capitán M).

* Le pregunto a Víctor Ramírez, que probablemente sea lo más cercano a un volcán hecho persona que conozco, sobre Antonio Bermejo mientras un coche que no es afortunadamente de los que aparecen en Fast & Furious nos lleva a la villa de La Orotava. Ramírez cuenta que Bermejo llevó bajo el brazo, con la dignidad de los vencidos que diría el recordado Ezequiel Pérez Plasencia, el ejemplar de La Huida que le publicó Planas de Poesía antes de que el escritor dejara de ver por última vez los ojos del puente.

* Alguien me comenta que gracias al rodaje en Tenerife de Fast & Furious se asfaltaron cinco kilómetros de carreteras de la isla que habito. También que se puso agua y luz en el puerto de Garachico y de que se instaló un depósito de combustible para los vehículos que intervienen en un penoso filme que este viernes, 24 de mayo, se estrena en cines. La inversión corrió a cargo de la productora.

* Todas las mañanas, y antes de levantarme, leo tres, cuatro páginas de Máximas mínimas y otros aforismos de Enrique Jardiel Poncela. Un escritor, Poncela, que me recuerda no sé por qué a Francis Scott Fitgerald. No por el estilo, ni siquiera por el reflejo que dejaron del mundo en sus obras, no… No, no tiene que ver con eso… El caso es que resulta inevitable –mientras leo estos textos que dan bofetones a los que insisten en cultivar el microrrelato– que se dibuje una sonrisa en mi boca. Y que la sonrisa se congele cuando salgo a la calle y me tope con la vuelta atrás de todos los días.

Escribe el maestro Poncela:

Sin creer puede vivirse; sin crédito es imposible.”

Saludos, un día cualquiera, desde este lado del ordenador.

Una estafa rápida y furiosa

Miércoles, Mayo 22nd, 2013

Las persecuciones y carreras de automóviles ha sido un tema recurrente en la historia del cine. Sin ánimo de resultar pesado, cualquier aficionado recordará los inolvidables cortometrajes cómicos de la Keystone Cops, y más recientemente y dentro siempre de las películas fabricadas en Hollywood, títulos que permanecen en nuestra memoria por sus espectaculares escenas de cohes como French Conection o Bullit. Sin olvidar, claro está, The Driver (Walter Hill, 1978) y Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), en el que estas situaciones de alto riesgo se toman muy en serio, consiguiendo fusionar máquina y persona y que espectadores como quien ahora les escribe, que no sabe qué hacer con un volante entre las manos, sienta lo que debe ser un as de la carretera.

En los últimos años, sin embargo, el cine con automóvil ha degenerado en un discurso por la velocidad que preocuparía al mismísimo Marinetti. Lo escribo así porque ya no se trata de explorar la relación hombre-máquina, sexualidad en la que indagó el inquietante David Cronenberg en su aclamada Crash (1996) o Paul Haggis como metáfora de las relaciones humanas en Crash (2004), sino en contar historias (¿?) donde lo que importa es cuanta chatarra dejan los protagonistas diseminadas por la autopista.

Esta nueva vertiente, cuenta con sus clásicos, Los locos de Cannobal o La carrera de la muerte del año 2000, películas que si todavía sobreviven es porque no se tomaban en serio; color que desgraciadamente falta en las últimas producciones que llegan a los cines, todas ellas protagonizadas por actores cuyo nivel interpretativo se mide por el tamaño de sus bíceps, tías güenas y coches tuneados, elementos que se dan cita en la serie, son seis ya sus repetitivas entregas, Fast and Furious.

Este viernes, 24 de mayo, se estrena en salas este largometraje que dirige, es un decir, Justin Lin, con los mismos actores que han venido encabezando el reparto en sus anteriores capítulos, aunque en esta ocasión cuenta con el aliciente para el público nacido y/o residente en Canarias, ya que algunas de sus escenas se rodaron en localizaciones de Tenerife y Gran Canaria.

La película empieza de hecho en las Islas Canarias, concretamente en uno de los pueblos más bellos de Tenerife, Garachico, y varias de sus escenas de acción también se desarrollan, aunque sin determinar, en carreteras de esta tierra.

En este sentido, y confeso seguidor del cine de acción con automóviles incluidos, apunto que éste y no otro –es decir, que el filme se haya rodado en parte en el archipiélago– es uno de los escasos atractivos de esta cosa que dice ser una película y cuyo estreno en cine solo obedece a continuar explotando el filón Fast & Furious, serie que con el paso de los años ha ido estirándose como un chicle al que apenas le queda ya sabor a fresa.

Al margen de su insustancial guión, al margen de que este producto intente acariciar las megalomanías del universo Bond; al margen de que reúna todos los defectos del cine de acción de estos agitados y convulsos tiempos, no es que la sexta entrega de Fast & Furious sea una mala película, que lo es, sino que sorprende por su grado de estupidez para todo seguidor del cine de cuatro ruedas.

Conduce o muere” es el lema de los rápidos y furiosos. Así que muéranse de una puta vez es el pensamiento que no deja de rondarme por la cabeza mientras contemplo sus presuntas escenas de impacto, las de persecuciones a todo gas que están pésimamente rodadas y las peleas, casi siempre cámara en mano, alambicadas por un montaje que sufre el mal de San Vito. Huelga decir que no recoge en ningún momento el viejo y añorado espíritu de las cintas que hemos citado con anterioridad.

Esto me hace reflexionar que como producto de acción es un vehículo –¿cogen la ironía?– que puede frustrar a la legión de seguidores por este tipo de cine cañero, aunque soy consciente que existe otro público, ese que espera espectaculares colisiones aunque apenas se muestren por culpa de un velocísimo montaje, que se queda satisfecho con muy poco. Y si ese poco es una celebración del macarra reconvertido en pijo de asfalto, rodeado de cohes, música estruendosa y tías güenas, tanto mejor.

Vista con otra perspectiva, Fast & Furious carece de la ironía de algunos de sus ilustres precedentes, pienso ahora en la trilogía The Transporter o en las felizmente delirantes Crank, todas ellas protagonizadas por Jason Statham, un tipo que se ha metido a actor solo para ganar dinero –ahí su cameo final en Fast & Furious 6– y del que sospecho costernado ha quemado sus neumáticos para participar en productos como éste. Muy cotufero, sí, pero sin sal.

Los guionistas, que los hubo, no se rompieron la cabeza. Lo escribo para explicarme este despilfarro multimillonario que al menos, miremos su lado bueno, dio trabajo durante unos días a un puñado de habitantes de estas islas donde la palabra trabajo ya sabe a milagro. 

El sexto capítulo de Fast & Furious por contar, no cuenta nada. Pero no pasa nada, porque quien puso la pasta dedica este largometraje y sus capítulos precedentes a ese espectador que asocia cine con un cubo gigante de cotufas sin sal.

Puestas así las cosas, no sorprende que en boca de sus héroes/rebenques salgan frases tan chispeantes y con doble sentido como “es dura y tiene cabeza”; y que los protas, porque esta es una película de protas no de protagonistas, sean pedazos de carne con ojos. Carne moldeada gracias a muchas horas de gimnasio y acostumbradas –en la película– a salirse con la suya empleando indiscriminadamente la violencia.

Planteada en los últimos tiempos como filme de equipo, liderazgo que ocupa Vin Diesel que no es un mal actor cuando cae en manos de un cineasta con talento como Sidney Lumet (Find Me Guilty, 2006), y su mano derecha, el guaperas Paul Walker; la banda cuenta también con un inevitable graciosillo, de raza negra para más señas, así como de un asiático, otro negro experto en ordenadores y dos mujeres para redondear una familia que, en esta sexta entrega, se enfrentan a sus dobles en el que probablemente sea el mejor momento del filme, ya que en un arrebato de sinceridad paródica parece que hace guasa de su pobreza de ideas, lo que pone de manifiesto la inmensa tontería que es Fast & Furious.

Una película gruesa en el que los chicos rebeldes trabajan ahora al servicio de la ley –y no revelo nada nuevo de una cinta sin revelaciones y más estirada que un chile– personaje que encarna Dwayane Johnson, más conocido como The Rock, y víctima de las ambiguas burlas homo eróticas del negro que hace de gracioso.

Mientras contemplaba este desorden, agradecí no haber pagado el precio de la entrada ante lo que no es otra cosa que una estafa con todas sus letras.

Lo escribo así porque fui uno de tantos que se asistió al preestreno de este mismo martes, preestreno en el que no me cansé de observar como una pareja de tipos enchaquetados no cesaba de subir y bajar las escaleras de la sala vigilando y ordenando que se apagaran los móviles.

Tras superar la pesadilla, esa sensación terrible de estar perdiendo el tiempo, y dejando un día de margen para recuperarme de un visionado que me sabe a resaca monumental por beber agua de fuego, he llegado sin embargo a la conclusión que lo mejor de este preestreno fue ver a la pareja de Geyperman arriba y abajo en la penumbra mientras el público asistente aplaudía la primera escena de la película donde un cartelito nos advierte que estamos en las Islas Canarias, y escuchar un murmullo in crescendo cuando se observa a Diesel y Walker tomándose una Dorada Pilsen en plan “qué bueno es vivir aquí.”

La risa, no obstante, se hizo mueca cuando el mismo Diesel, en plan Mazinger Z, suelta entre buche y buche de cerveza lo relajado que es habitar en un sitio con tan buen clima y sobre todo sin ley de extradición.

Saludos, aún me duele la cabeza, desde este lado del ordenador.

El viento y la sangre, una novela de M. A. West

Lunes, Mayo 20th, 2013

Los domingos por la tarde en Peoria son igual de plúmbeos que en cualquier ciudad de provincias. La gente sale al campo, se mete en el cine o se encierra en casa para intentar hacer más breves esos adelantos a la muerte.

(El viento y la sangre, M. A. West. Colección Negra, Navona Editorial)

“- Antes te dije que te mataría y te despedazaría, ¿verdad?

Vinnie asintió.

- Y te dije que si hablabas, te mataría primero, ¿verdad?

Vinnie volvió a asentir con resignación, casi con agradecimiento. Entonces, como si Lucifer se hubiera apoderado de él, los ojos de Rudy dejaron de ser castaños y se tornaron de un color amarillento, casi dorado, cuando dijo:

- Te mentí.”

(El viento y la sangre, M. A. West. Colección Negra, Navona Editorial)

La edad de oro de la novela negra en Estados Unidos, los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, está plagada de autores que no han trascendido con la fuerza que merecen al publicar sus obras en sellos editoriales de baja presupuesto, los pulp, y al entenderse que se tratan de títulos del montón, literatura facilona y demasiado directa, que carece del lirismo de los clásicos (David Goodis, William R. Burnett, Don Tracy, Jim Thompson, Charles Williams, entre otros), desechando el trabajo artesanal de muchos de estos escritores, algunos de los cuales incluso supieron dotarlo de una mirada que además de dar prioridad al estilo –repleto de frases cortas y contundentes– volcaron su ingenio en historias que, leídas en estos tiempos siniestros, resultan aún políticamente incorrectas.

Desconocía pues el trabajo de uno de estos artesanos de la palabra, M. A. West, pseudónimo bajo el que se esconde un profesor de Literatura que para doblar el sueldo que le proporcionaba su trabajo se dedicó a publicar novelitas que, pasado los años, pasado el tiempo, quiero entender ahora como la serie B del género negrocriminal.

Una serie B que destaca, como destacó en la gran pantalla, por su poderosa imaginación, sentido de la acción y, lo que es mejor, ofrecer una visión de esta literatura desde perspectivas radicales y desconcertantes.

El viento y la sangre, novela que traducen y recuperan para el mercado español Thalía Rodríguez y Alexis Ravelo, es un buen ejemplo para entender las constantes de esta narrativa si quieren menor.

Constantes que podríamos resumir en descripciones explícitas de sexo, extremada violencia, personajes de una pieza pero con matices en ocasiones insólitos, y un sentido de la acción que las hace inevitablemente reivindicables.

Poco sabemos de su autor, M. A. West, aunque al parecer dejó varias historias protagonizadas por Rudy Bambridge, mano derecha de un hampón de Chicago que se dedica a resolver casos empleando, al margen de la ley, las armas de su oficio.

Esta es la primera característica llamativa de El viento y la sangre. Novela que empieza con el secuestro de una rica adolescente, la huida que emprende uno de los miembros de la banda con el dinero del rescate y la persecución que inicia Bambridge para recuperar el dinero y vengar la violación a la que ha sido sometida la chiquilla.

En la historia, que transcurre en un pequeño pueblo de Dakota, intervienen también otros personajes, algunos de ellos tan atractivos como Lorna, o Conrado Bonazzo, el jefe de Rudy Bambridge, un gángster con un extraño sentido del honor.

El viento y la sangre, como muchas otras novelas de kiosco, lo que los norteamericanos reconocen como pulp, hay un poco de todo.

El lector iniciado puede encontrar influencias de La llave de cristal, de Dashiell Hammett; El secuestro de miss Blandish, de James Hadley Chase, escritor de origen británico que a su vez adaptó a las claves negrocriminales Santuario, de William Faulkner, y algún que otro autor y novela del género que ahora nos ocupa en el que late una preocupación no ya solo por entretener al lector, sino también por salpicar su relato con personajes que definen muy bien el espíritu abiertamente provocador y despiadado de este tipo de literatura.

Una literatura que pese al paso de los años aún sabe a subversiva y que dirige sus críticas contra el orden establecido, de naturaleza siempre corrupta, en el que sus personajes públicos son capaces de sacrificar lo que más quieren para ganar un puñado de dólares.

El dibujo que ofrece M. A. West de los poderosos resulta así demoledor, y explica con un cinismo muy propio del género, que ese orden en apariencia virtuoso lo sostiene en la sombra personajes como Bonazzo. Un gángster calculador sí, pero también un hombre de familia con un desarmante sentido de la caballerosidad. La misma que anima al único irlandés de la banda a resolver los cabos sueltos que se dan cita en esta extraordinaria El viento y la sangre, una novela de apenas 150 páginas que se lee con la misma avidez con la que fue escrita. Y que no deja de sorprender a medida que se avanza por el retrato que ofrece del hombre de confianza de Bonazzo, Rudy Bambridge, así como de otros miembros del gang.

El viento y la sangre se convierte así en una novela que no solo se queda en la anécdota, ya que contiene varias capas que, al modo de una cebolla, M. A. West va pelando a golpe de navaja.

Una serie B, en definitiva, en su estado más puro. Una novela que pese a estar escrita en tiempo record y probablemente sin apenas borradores, nunca pierde de vista su sentido de la acción. Una acción al servicio del entretenimiento pero con muchos mensajes respirando bajo sus páginas.

Por ello, y por muchas cosas más, El viento y la sangre es un título recomendable no ya solo para los aficionados a este tipo de novelas, sino también a los que todavía se cuestionan el tonelaje intelectual que respiran estas historias, aunque se traten de títulos de serie B y firmados por autores prácticamente desconocidos como M. A. West.

Un hombre, West, que dejó escritas otras historias con Bambridge como protagonista y que piden a gritos su pronta recuperación en el mercado editorial español.

Anoten por lo tanto este título: El viento y la sangre.

Y este nombre: M. A. West.

Uno de los nuestros.

Saludos, muchas felicidades Kiko, allá donde estés, desde este lado del ordenador.

“Nené: di adiós al pasado”

Domingo, Mayo 19th, 2013

Para alguien que no sabe conducir, para alguien que apenas se mueve de los estrechos límites de la ciudad en la que se finge que vive, desplazarse a cualquier punto de la isla que habita es algo así como un viaje.

Basta que la guagua o el automóvil recorra algunos kilómetros sobre el asfalto para que sienta el espíritu de la aventura que consiste en abandonar el lugar de origen para llevarlo a un lugar no tan remoto y que apenas reconoce, salvo recuerdos cada días más dispersos de una infancia que desaparece, y a la que el destino ahora lleva porque nada está escrito.

Por norma, estos desplazamientos que te abstraen durante un par de días de una rutina salpicada de desengaños, te hacen ver las cosas de otra manera.

Será, pienso ahora, por la gente que conoces, la mayoría de ellos igual de despistados el primer día que es el día en el que tienes que dar el primer paso, darte a conocer, comprobar que la risa que sale de tu boca es espontánea porque vuelves a ser tú, ese fantasma que desdibujas con el peso de la realidad diaria y que en estas escapadas reencuentras afortunadamente quizá porque, reitero, al final del camino solo estás tú. Tú y tus circunstancias, que diría ese filósofo al que todo el mundo cita pero que casi nadie conoce.

Quiero pensar, de todas formas, que algo se mueve.

Que algo late cada vez con más fuerza.

Quiero pensar que este tipo de literatura, la negra, la policíaca, la criminal, se hace camino porque hace camino al andar y no pierde el tiempo en disquisiciones sobre alta o baja literatura porque sabe que es literatura.

Cuenta, además, con un desarmante espíritu de camaradería entre quienes le dan voz –los escritores– que no he encontrado en otras tendencias, en otros estilos que se dicen más intelectuales.

El martes, 14 de mayo, Alexis Ravelo presenta en Santa Cruz de Tenerife La estrategia del pequinés, a mi juicio su mejor novela aunque Javier Hernández Velázquez no se cansa de recomendarme vivamente Los últimos días de Mercurio, título que espero conseguir un día de estos.

Ese día en el que lleguen las novedades que se editan en Gran Canaria con la misma regularidad con la que llegan a las librerías que existen en Tenerife las novedades que aterrizan del territorio peninsular…

Ya he comentado La estrategia del pequinés, lo que no he  comentado es que ver en directo a Ravelo es un espectáculo porque el escritor, que habla como una ametralladora, posee un discurso igual de bien armado como el que emplea para estructurar sus historias.

El miércoles, 15 de mayo, Susana Hernández da a conocer las claves de su última novela, la atractiva Contra las cuerdas, en la Librería de Mujeres. La Librería de Mujeres es una especie de oasis cultural en una capital, como Santa Cruz de Tenerife, tan necesitada de oasis culturales.

Contra las cuerdas no es una novela pugilística sino una intensa y absorbente novela policíaca en la que su autora recupera a las subinspectoras de la Policía Nacional Rebeca Santana y Miriam Vázquez tras Curvas peligrosas y título del que volverá a hablar el jueves de esta misma semana en la séptima edición de NNegra de Arona, jornadas en la que se analiza la aportación al género de un puñado de narradoras que ya no titubea en explorar los territorios de la novela negra para contar historias.

En Arona se recuerda a algunas señoras que lo hicieron posible.

Cito de memoria a Vera Caspary y Dorothy B. Hughes, a ellas le debemos entre otros títulos clásicos: Laura y En un lugar solitario; también se evoca a Margaret Millar y, cómo no, a la gran Patricia Highsmith, todas ellas escritoras que se hicieron espacio a base de codazos y sobre todo mucho talento en un género hasta ese momento acotado a los hombres.

Ello explica, razona alguien, que los protagonistas de sus relatos fueran hombres y no mujeres. Y se menciona al inquietante y ambiguo Tom Ripley.

En las mesas redondas, en las charlas que se producen en NNegra de Arona y en las que participan Susana Hernández y Yanet Acosta (El chef ha muerto), se habla también de la vampiresa, de la mujer fatal.

La mujer fatal encarna un tipo de personaje femenino que rompe cadenas y que utiliza la cabeza y su cuerpo para salirse con la suya. El protagonista masculino de estas historias es algo así como un pauloviano cachorro que solo sabe babear cuando cae en las redes de estas señoras que el cine elevó a los altares con la forma de Ava Gardner o Lana Turner por mencionar solo a dos actrices que aún despiertan mi lado más pauloviano de entender la vida.

En NNegra de Arona se proporcionan títulos, se firman libros, se suscita un debate donde una señorita del público lamenta la presencia de dos caballeros en una mesa donde se habla de novela negra escrita por mujeres, y se hace un poco de sociología mientras las nubes no desaparecen del cielo de Arona que durante tres días se ha vuelto negro.

O negra, como la literatura que una vez pruebas, ya no dejas. Y no dejas porque algo tiene este género que trasciende las fronteras del género y en el que ellas están ocupando el papel protagonista que antaño ocuparon ellos. Es más, ellos están escorando su literatura a la novela de crimen de salón. Galería en la que hasta el día de ayer eran precisamente ellas las más conocidas y celebradas. Pensad en Agatha Christie, en Anne Perry, en Donna Leon, en…

Falla a estas jornadas con aroma a pólvora la escritora Mary Jungstedt, quien por motivos personales no puede trasladarse de Suecia a Tenerife para presentar su última novela traducida en España, Un inquietante amanecer.

Lo que no supone un quebranto para que durante tres días, del 15 al 17 de mayo, el espíritu de la novela negra se extienda como un manto entre los que sí hemos tenido la suerte de participar en estas jornadas.

AroNa se escribe pues con N mayúscula.

N de Novela y N de negra.

(*) En la imagen Jane Greer en Retorno al pasado (Out of the past, Jacques Tourneur, 1947)

Saludos, “nené: di adiós al pasado”, desde este lado del ordenador.

Graceland, una novela de Chris Abani

Miércoles, Mayo 15th, 2013

Cuando empezó la película, Elvis leyó el título entre dientes, El bueno, el feo y el malo. Sonrió, esa era buena., plagada de acción, aunque el comienzo era lento, con los dos hombres esperando largo tiempo, uno de ellos mirando el reloj de vez en cuando, antes de dispararse entre ellos. No parecía una forma muy efectiva de matar a alguien. En cuanto la última nota del reloj murió, el proyeccionista empezó:

- El Actor está disparando a John Wayne, Wayne ha esquivado. ¡Oh, no!, el Actor ha caído. El caballo del actor ha caído. ¡Oh, no! El John Wayne en acción. El John Wayne es un poderoso hombre medicina. Las balas no pueden matarlo.”

(Elvis, Chris Abani, Baile del Sol Ediciones)

El escritor Chris Abani es natural de Nigeria y a raíz de la publicación de su primera novela tuvo que exiliarse a los Estados Unidos de Norteamérica donde ha continuado una carrera literaria que lo coloca en la primera fila de lo que podríamos llamar una  narrativa africana urbana que en Graceland, novela que edita en España Baile del Sol Ediciones, se desarrolla en un barrio del extrarradio de la caótica y cacofónica Lagos.

Graceland es una novela escrita desde las tripas. Y por lo tanto, un libro que desconcierta y desasosiega. Así, su lectura no resultará fácil no por la complejidad de su lenguaje, ni siquiera de su trama, sino por lo que cuenta con descarnada sinceridad.

El protagonista de la historia es un hijo del arroyo que tras la muerte de su madre, y posteriormente de su abuela, perderá cualquier lazo con la aplastante y sobre todas las cosas miserable realidad que le rodea.

Elvis, que así se llama el héroe/antihéroe, es pues el objeto de una historia que apuesta por la ironía si nos quedáramos solo con el título, Graceland, pero que va más allá al tratarse de un crudo relato sobre la huida que emprende su protagonista mientras aprende a hacerse adulto en condiciones terriblemente hostiles y en una sociedad marcadamente masculina que ha perdido cualquier noción con sus raíces originales y degenerar en una esquizofrenia violenta que solo valora a las personas por la cantidad de dinero que lleve en el bolsillo.

Chris Abani es un formidable contador de historias, y Graceland es una formidable historia escrita en varios tiempos, 1983 y los años setenta, en la que narra el laborioso proceso de crecimiento de Elvis, un personaje ambiguo, rico en matices y demasiado humano y por lo tanto creíble, que intenta escapar de su mundo refugiándose en sesiones de cine y escuchando discos, sobre todo de Elvis Presley, a todo volumen en el viejo tocadiscos que hay en casa de su padre.

La novela relata además las difíciles relaciones que mantiene con su progenitor, un hombre que no ha vuelto a ser el mismo tras la muerte de su esposa, aunque al final del libro podamos entender que el autor lo redime, aunque esa redención suene inútil, casi como un suicido obstinado; su amistad con El rey de los mendigos, un pordiosero de las calles de Lagos al que un dramático suceso del pasado ha convertido en los que es, un paria; y Redemption, su mejor amigo. Un buscavidas cínico, entre otros fascinantes personajes de una novela que, pese a su extensión, más de 350 páginas, está construida como si de una fábula se tratara. Algo así como la Alicia de Lewis Carroll, pero una Alicia, Elvis en nuestro caso, que viaja no al país de las maravillas sino de las desgracias.

Graceland es un relato escrito con vigoroso pulso narrativo, y está estructurado como un árbol en torno al cual crecen numerosas ramas, algunas de las cuales terminan por mezclarse.

El retrato que ofrece Abani de Nigeria resulta, por otro lado, demoledor. Aunque le pesa el pasado de un país inventado por los europeos con tiralíneas ya que podría levantar la cabeza, casi parece decir, si recordase las fabulosas tradiciones que guarda en una memoria que ha sido truncada por un sistema podrido y corrupto.

El escritor intercala en cada pasaje de esta fascinante novela recetas de platos tradicionales y descripciones de plantas originales, y describe con una hermosa metáfora el cordón umbilical que aún mantiene Elvis con su madre fallecida a través del diario personal que le dejó como única herencia. Páginas de las que solo lee, precisamente, sus recetas gastronómicas.

Abani es un escritor con mucho nervio, y un hábil contador de historias. También uno de esos autores necesarios para tomar conciencia y sobre todas las cosas, un creador poderoso al que no le tiembla el pulso a la hora de mostrar hasta donde ha degenerado la existencia del hombre en su país.

Con todo, reitero que estamos ante una novela difícil. Difícil por lo que significa, difícil por el horror que revela sin máscaras. Aunque en algunos momentos contiene dentro de sus páginas un lirismo semejante al que los neorrealistas explotaron en la Italia de postguerra, sin renunciar en ningún momento a la denuncia contra la pobreza material y espiritual, ese monstruo con dos cabezas que condena a sus hijos, uno de ellos Elvis, a escapar de un territorio en el que como ya mencionamos antes, no eres nada si no tienes dinero en el bolsillo.

Son demasiadas las sensaciones que se agolpan en mi cabeza mientras escribo estas líneas pero es que hacía tiempo que no sentía ese puñetazo en el estómago que, en ocasiones, me ofrecen algunas lecturas.

Lecturas que entiendo reveladores y que me hacen ver mi propia realidad con unos ojos afortunadamente menos siniestros, aunque sospechosamente inquietantes ante lo que podríamos vernos inmersos en esta obsesa pero también eunuca Europa en la que vivimos.

Sería interesante que la labor que ha emprendido Baile del Sol Ediciones continuara en esa línea que no tiembla cuando su apuesta es arriesgada, y que tradujera nuevos títulos de Abani o de otro de los grandes escritores africanos actuales como es Sami Tchack, ya que a través de sus libros se da una visión del continente negro opuesta a la que se queda solo en la postal turística.

Y es que Abani muestra África desde dentro. Desde sus tripas sin dejar de resultar conmovedor y tierno pese al caos que describe y a la apremiante denuncia –y aquí coincide con Tchak, aunque sea un escritor togolés y escriba en lengua diferente y, curiosamente, colonizadoras como son el inglés y el francés– de que están perdiendo sus lazos con el pasado.

La rica y compleja memoria como pueblos frente a un progreso, made in occidente, que solo conlleva a la más salvaje y descarnada explotación.

Saludos, no se la pierdan, desde este lado del ordenador.

Semana muy negra la que nos queda en Tenerife

Martes, Mayo 14th, 2013

INTRO

Semana negra lo que nos queda de semana. Pero de un negro afortunadamente literario y no asociado a los malos tiempos que corren. De martes a viernes se desarrollará en la isla de Tenerife una serie de actividades relacionadas con la novela policíaca que ningún aficionado que se precie debería de perderse. Así que desde esta última bitácora, metralleta Thompson en mano, quedan avisados…

BALAZOS

* El escritor Alexis Ravelo presenta este martes, 14 de mayo y a las 19 horas en la MAC (calle de Robayna, nª2, Santa Cruz de Tenerife) su última novela, La estrategia del pequinés, título editado por Alrevés y, probablemente, una de las mejores novelas negras que ha aparecido en este país que aún se sigue llamando España en lo que llevamos de año. Ravelo ha tenido la ocurrencia de que quien se lo presenta sea la misma persona que ahora mismo redacta estas líneas, así que es más que probable que allí hablemos de todo pero sobre todas las cosas de La estrategia del pequinés y de la literatura negrocriminal.

* La Librería de Mujeres (calle de Sabino Berthelot, 42, en Santa Cruz de Tenerife) acoge el miércoles, 15 de mayo, a las 19.30 horas, la presentación de la última novela negra de la escritora Susana Hernández, Contra las cuerdas (Alrevés), título en el que también intervienen las protagonistas de Curvas peligrosas, las subinspectoras de la Policía Nacional Rebeca Santana y Miriam Vázquez, lo que ha supuesto una corriente de aire fresco dentro de la literatura negrocriminal que se escribe en España no solo por su contundencia narrativa sino también porque se trata de dos títulos que ponen de manifiesto que las mujeres están ocupando un espacio importante dentro de una novela que hasta el día de ayer estaba escrita fundamentalmente por hombres.

* Y si usted es aficionado o no a lo que el escritor Paco Ignacio Taibo II define como la novela social de nuestro tiempo, la novela negra, del 15 al 17 de mayo se desarrollará en Arona la séptima edición, séptima edición ya, de NNegra de Arona, encuentro que este año se preocupa en estudiar y analizar en el Centro Cultural de Los Cristianos el papel que, precisamente, están desarrollando las mujeres en esta narrativa bajo el título de Una mirada negrofemenina y en la que intervendrán en las diferentes mesas redondas la ya mencionada Susana Hernández, Yanet Acosta, autora de la divertida El chef ha muerto y Mary Jungstedt, escritora de nacionalidad sueca que  cuenta, entre otros títulos, con Un inquietante amanecer, novela que forma parte de las jornadas de trabajos con alumnos de institutos del municipio Descuartizando a… La séptima edición de NNegra de Arona se inaugura el miércoles 15 de mayo a las seis de la tarde y continuará a las 18.30 horas, bajo la denominación Malignas suculencias, con un encuentro con Yanet Acosta. La acción proseguirá el jueves, 16 de mayo, y a las 18 horas, con una charla del escritor Alexis Ravelo sobre dos grandes de la novela negrocriminal en España: Ribas y Fallarás: mujeres al borde de un ataque de ira y a las siete de la tarde, Susana Hernández revelará algunas de las claves de su última novela, Contra las cuerdas. NNegra de Arona se despedirá el viernes 17 de mayo a partir de las seis de la tarde con una mesa redonda, Algo más que fatal, en la que participarán las ya mencionadas Yanet Acosta y Susana Hernández, así como Mary Jungtedt, los escritores Alexis Ravelo y Javier Hernández Velázquez, y el periodista que ahora mismo pone punto final a estas notas.

Saludos, desde la zona crepuscular, desde este lado del ordenador.