Archive for the ‘Libros’ Category

Nicholas Monsarrat, el marino que no perdió la gracia del mar

Lunes, Octubre 10th, 2022

“El aspecto no era el de un hombre que se siente bien. Horacio Nelson, de físico poco agraciado, daba la impresión de haberse encogido hasta la mínima expresión de un hombre desde que se encontraron por última vez. Se le veía enjuto, delgado, pero los ojos vivos eran el único rasgo saliente en un rostro macilento de fiebre, agotamiento o tal vez preocupación”.

El marino maldito, Nicholas Monsarrat (Traducción: Lucrecia Moreno de Sáez, Ultramar editores, 1987).

Entre los aficionados a la novela de aventuras el libro más famoso del escritor Nicholas Monsarrat es Mar cruel, una historia que se desarrolla en plena II Guerra y que cuenta con una excelente adaptación cinematográfica. Lo que quizá no conozcan muchos de los seguidores de este extraordinario narrador, que también fue periodista, militar y diplomático, es que fue autor de varias novelas históricas en el más estricto sentido de la palabra. Relatos donde habla de unos tiempos en el mar que no conoció.

En este sentido, una de sus obras más ambiciosas es El marino maldito, que en España se publicó en varios volúmenes y novela con la que Monsarrat intentó contar la Historia de la Royal Navy a través del tiempo tomando como protagonista a un marino, precisamente, que ante un acto de cobardía durante un combate naval contra la Armada Invencible, pena desde entonces sus culpas a lo largo de los siglos sirviendo bajo distintos capitanes pero siempre bajo la misma bandera, la de la Unión Jack.

La novela relata así las distintas guerras en las que se ha visto involucrada la armada británica, una de ellas y se expone aunque en muy pocas líneas en este volumen, la que llevó al por aquel entonces contraalmirante Horacio Nelson a las costas de Santa Cruz de Tenerife donde además de perder el brazo sufrió una amarga derrota.

Escrita por un marino profesional y con el oficio de un escritor veterano, curtido en mil batalla, El marino maldito además de continuar explotando el filón desatado por la leyenda del holandés errante, es una excelente novela de aventuras para lectores que conocen como se las gasta la mar así como para todos aquellos lobos de mar que no salen de la comodidad de su casa.

En cuanto al escritor, Nicholas Monsarrat dejó detrás una interesante producción literaria vinculada siempre a lo marino. Y en muchas ocasiones, a los grandes marinos que pueblan las páginas de la Historia de la Royal Navy.

Las novelas de guerra en el mar se han convertido en un género muy cultivado por los escritores británicos prácticamente desde que existe la novela histórica. Además de Monsarrat, que cuenta entre otros títulos con Mar cruel, en la que rememora sus experiencias en un buque de guerra, se encuentran escritores del fuste de C.S. Forester, autor de la serie Hornblower, que transcurren durante las guerras napoleónicas o Patrick O’Obrien, responsable de la saga protagonizada por Aubrey y Maturin y que se desarrollan también en el mar con el telón de fondo de las guerras napoleónicas.

Para los que gustan de este tipo de literatura y aunque sean marinos de agua dulce, el nombre de un escritor como Nicholas Monsarrat suena con mucho respeto. El marino maldito es un intento muy ambicioso por resumir la historia de la Royal Navy y, al mismo tiempo, la historia de un cobarde que busca redención.

En la imagen un fotograma de la versión cinematográfica de Mar cruel (Charles Fredm 1953). En primer término y con unos prismáticos en las manos Stanley Baker. En segundo plano, Jack Hawkins.

Saludos, allá, a lo lejos, el rumor de las olas, desde este lado del ordenador

Historias de la ‘zona prohibida’

Jueves, Octubre 6th, 2022

Hubo un tiempo en que la capital tinerfeña contó con una calle, y otras calles y callejones cercanos, que fueron una zona prohibida para los habitantes de la ciudad. En otro lugar, estas calles hubieran servido de material para toda clase de historias pero, desgraciadamente, aquí se apostó por no mirar en esa dirección y de paso marginar a quien habitaban sus viviendas, algunas de ellas con hermosísimas fachadas que aún se mantienen a salvo de la demolición y vías por la que todavía se pueden transitar pese a que hoy la calle parezca más la de una ciudad en guerra.

Esa calle se llama de Miraflores y está situada en una zona bastante céntrica de Santa Cruz de Tenerife. La calle, la zona, existe desde el siglo XVIII, y se llamó también calle de Vilaflor. Curioso contraste que una calle tan marginada por la ciudad, tuviera el nombre de algo tan hermoso como es una flor. Flor seca y abandonada cuando paseo ahora por ella y doy los buenos días a las últimas profesionales que cultivan el oficio más viejo del mundo. Mientras, camino por la acera y me asomo a una ventana que oculta en su interior los restos de lo que tuvo que ser un barra americana, que vinieron a esta ciudad en los años setenta.

No es muy difícil imaginarse la actividad que tuvo que tener Miraflores y sus alrededores en los años de su controvertido esplendor. Recuerdo que desde el puente de Serrador, que desemboca frente al arco de la puerta de entrada del mercado de Nuestra Señora de África, podía verse un establecimiento que contaba con puertas batientes, como la de entrada y salida de un saloon de las películas del oeste, y que fue un lugar, junto a otros bares que se encontraban en esa calle y callejones, donde no solo las señoritas sino también señoritos y trabajadores acudían para desayunar cuando el horario era respetable. Alguien que frecuentó la calle de Miraflores me asegura que en aquellos bares “no se conocía a las chicas” ya que en estos establecimientos la gente iba a charlar y beber mientras se les iba el día.

Miraflores y sus callejones vienen a mi mente a raíz de la lectura de De la radio a las letras (Nectarina, 2022) las memorias de infancia y juventud del escritor y periodista Fernandor Delgado, un libro imprescindible para hacerse una idea de cómo era entonces esta capital de provincias. Capital cuy Delgado, autor de unos emocionados recuerdos que me han refrescado la memoria de un Santa Cruz de Tenerife que vi agonizar y morir y que Fernando Delgado conoció en toda su miserable grandeza. Merece en este sentido acea moral subterránea no ha cambiado demasiado así como tampoco sus pretensiones de clase. Esa pretensión de clase que Delgado escribe hizo que hubieran piscinas para gentes con posible y playas para pobres, algunas muy próximas a esas piscinas para la gente con posibles.

El caso es que apenas existen novelas y cuentos que se desarrollen en la calle de Miraflores y mucho menos de sus alrededores. Salvo estas memorias de Fernando Delgado y alguna novela y cuento, lo que he podido recopilar sobre una posible literatura de nuestro barrio más canalla se puede contar con los dedos de una sola mano, así que prácticamente es imposible hacer un ejercicio de memoria histórica para reivindicar no que ahí estuvo la supuesta Sodoma y Gomorra de la pequeña ciudad en la que nací y en la que vivo, sino la de rendir homenaje a las miles de mujeres que se dejaron allí la vida, algunas de ellas sacando adelante también a sus hijos en unas condiciones que vistas con perspectiva resultan de un estremecedor espanto.

Fernando Delgado cuenta en sus memorias de infancia y juventud que los adultos les tenían prohibido a los niños de aquel entonces que se adentraran en aquella especie de infierno en la tierra, y ese consejo, con doble moral porque probablemente quien lo daba sí que se habría adentrado alguna vez en aquellas calles para echar “una canita al aire”, permaneció inalterable con el paso del tiempo.

Recuerdo que siendo adolescente, con esa edad, la del pavo que le dicen, me atreví a adentrarme en aquella zona prohibida con un amigo para acortar camino rumbo a la casa de La Portuguesa, que se trataba de una juguetería que vendía entre otros cachivaches maquetas de barcos, vehículos y aviones, así como soldaditos. Mi amigo y yo estábamos éramos muy aficionados a los de Airfix, los de escala 32.

Creo que los dos estábamos bastante nerviosos cuando atravesamos la calle, nervios que se acrecentaron al meternos en uno de los callejones donde las señoras buscaban clientes sentadas en sillas frente a la entrada de aquellos caserones que hoy se caen a pedazos. Recuerdo ver a un lagarto ahorcado en un cable que atravesaba el callejón de lado a lado y que aquella imagen fue lo más violento que vi en nuestro deambular por una geografía en la que –así se nos había inculcado– no debían de pasear los niños, ni siquiera dos indocumentados adolescentes como éramos nosotros.

El caso es que siempre me ha intrigado esa calle, y otras calles que vivieron al margen del resto de la ciudad porque allí se hacían cosas feas (pagar por sexo sería una de ellas). Por ejemplo, el solar donde estaba situado TEA Tenerife Espacio de las Artes fue un barrio de chabolas y en alguna de ellas se practicaba el oficio más viejo del mundo. Por los alrededores del Mercado de Nuestra Señora de África esperaban a sus clientes por la noche los travestís así como en el García Sanabria, donde en la actualidad un cartel recuerda que en sus jardines muchos lograron desafiar a la autoridad de aquel entonces. Este cartel me dio la idea de proponer lo mismo, un cartel que recordara a las señoras y señoritas que vendieron su cuerpo en Miraflores. Muchas de ellas fueron madres solteras, mujeres que habían llegado a la isla con una mano delante y otra atrás.

Otros espacios donde por negocio, poderoso caballero es don dinero, se hizo sexo o se fantaseaba con el sexo de pago son los cabaret que estaban desperdigados por zonas cercanas a la capital tinerfeña pero siempre manteniendo una discreta distancia, así como la ya legendaria Casa la Húngara, que mira que tiene nombre literario, y que por mucho que me explican no sé donde ubicarla. He intentado además conocer la razón de por qué se llama o llamaba así, y las respuestas no me han convencido demasiado hasta la fecha.

Al margen de grupos que apostaron por cultivar una literatura poco apegada a la tierra, los años 50 contaron también con varios autores que se preocuparon por narrar la realidad de su tiempo. No se escribe sobre Miraflores pero sí del ambiente que se respiraba por los alrededores del Mercado de Nuestra Señora de África en Buscadores de agua, de Juan Farias. Mismo tema, el agua, y prácticamente los mismos años, los 50, recrean los ambientes de Guad, una de las mejores novelas canarias de todos los tiempos escrita por Alfonso García Ramos, y si bien no está centrada sí aparece la calle de Miraflores en un buen número de páginas de un título ya de culto en la literatura escrita en Canarias, La ciudad tiene otra cara, de Luis Gálvez Monreal (Goya Ediciones, 1955), una novela que sigue siendo desconocida y el retrato (con apuntes dickensianos) de dos hermanos indigentes que se buscan la vida por las calles de un Santa Cruz de Tenerife que, efectivamente, tiene otra cara en este fantástico relato que pide a gritos su reedición.

“Sus caserones tienen los bajos ocupados por tabernas y cafés, llenos de un público heterogéneo y pintoresco. Las habitaciones altas albergan la industria del placer barato. Desde que oscurece, comienza en la calleja y sus aledaños una intensa animación. Se escuchan canciones de todas las latitudes; se goza al estilo de todas las razas, y se discute en todos los idiomas. Tiene la calle bullicio de aquelarre y rumor de colmena, y el hervidero de la gente se distingue, a trechos, por los prismas de luz que arrojan las ventanas o por los conos que bajan de las mortecinas bombillas del alumbrado público”.

Ambientada entre los años 50 y principio de los 60, el arco de una década, el escritor y periodista tinerfeño Fernando Delgado describe con pericia la doble moral de la sociedad de la capital tinerfeña en Ciertas personas. El autor ofrece un retrato realista y a la vez crítico de una ciudad que parece que nada a la deriva. Indiferente a su pasado y presente. La novela no se desarrolla en la calle de Miraflores de aquellos años sino en otras vías que por aquel entonces acogían también las llamadas casas de tapadillo y bares, que el escritor recrea en La Barra, donde los clientes acuden para negociar un rato de sexo previo pago.

“- ¿Tú querías ser puta, Lotera, o te hicieron una desgraciada?

– Ya de chiquita jugaba a puta, mi niño. Mi padre se asustó cuando nací y ya me vio el morro de puta que tenía. Pero ¿qué otra cosa podía ser yo? ‘Aurora, al colegio’, me decían. ‘Al colegio irá la puta de tu madre’, les contestaba. Me ponían morada el culo y lloraba por llorar. Desde entonces creo que ya me gustaba una paliza” (Ciertas personas, Alfaguara, 1989).

La calle de Miraflores sí que aparece en las memorias de infancia y de juventud de Fernando Delgado, De la radio a las letras, ya que por aquel entonces el periodista y escritor vivía en una casa muy próxima a la calle de Miraflores.

“Era mi calle una calle céntrica y principal de la ciudad, pero muy vecina a un barrio de mujeres de la vida, –jamás nos dejaban decir putas, naturalmente– y los niños de la zona éramos advertidos de continuo sobre la prohibición de cruzar la frontera apenas perceptible entre nuestras supuestas calles decentes y aquellas otras tan supuestamente peligrosas”.

Juan José Delgado incluyó en el libro Estantigua un relato titulado, precisamente, Calle de Miraflores, en el que se ofrece una muy literaria descripción del paseo hasta que su protagonista se mete en un bar y allí le suceden un montón de cosas:

“La calzada es de ciudad vieja. Una mala calle de piedras negras que la rasante luz de una luna, encarada monstruosa al fondo, le había robado el color. Bajaba, pasada la media noche, caminando por ese suelo empalidecido. Al lado izquierdo, casas bajas y quietas, sin ruido, como no queriendo participar en la vida ruidosa de más abajo. Se miraba a la derecha y veíase la sombra negra de un barranco; podía sospecharse un puente, con su guarnición de faroles, rompiendo la línea negra lanzado hacia el cercano mar. Del fondo de la calle, luces; viene también un sonido que a veces deja de oírse pero que renace de improviso. La primera casa con vida está bañada con un cartel de luz blanca en el que parpadean las letras rojas de BAR”.

La protagonista de Arraigo incipiente, un cuento que se incluye en Ellas tampoco saben por qué (Idea Ediciones, 2013), de María Gutiérrez, es una prostituta que repasa su vida, una vida en la que no ha tenido demasiada suerte y, al mismo tiempo, se rinde homenaje a una calle que resiste su derribo en pleno corazón de la capital tinerfeña y cuya memoria pide a gritos que la recupere una literatura urbana que no termina de cuajar en esta isla y en esta ciudad que parece abandonada de la mano de los dioses.

“Cuando la conocí todavía ejercía. Era una provocadora a la que le gustaba echarse los güisquis en una boca salpicada de dientes de oro y llena de palabras mientras los hombres la miraban, aunque nunca la vi con ninguno en particular. Me encantaba contemplarla, me provocaba una satisfacción que por aquella época no entendía, una curiosidad que se extendía a todo su entorno, tan fascinante me resultaba; por lo que me contrariaba que mi padre y los demás se la comieran con los ojos y fueran criticando más tarde el lenguaje soez del que hacía gala y otros descaros suyos.”

El periodista Francisco Pimentel no describe Miraflores y calles adyacentes en su Santa Cruz La Nuit (Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, 1984) pero sí otras de esas calles (antigua de Malteses, apunta en su crónica fechada el domingo 30 de junio de 1957) en la marinera capital de la isla que se prestó al relajo y a la fiesta:

“Esta es una calle olorosa a fritangas, tabacos, cervezas, mujeres, y con los líos de vez en cuando.

Calle de marineros borrachos que han vendido lo que llevan puesto, para seguir la tournée, y que han tenido que ir a bordo en calzoncillos.
Calle de pasodobles o de tangazo arrabalero, en la noche caliente de neón parece un pedazo de Cádiz o algo de Gibraltar, pero no le demos parientes, quién sabe si más pobres, o extraños por lo menos, aunque ella misma los devore, chillona sirena de percal y perfume barato”.

Antonio Bermejo, el escritor outsider del grupo fetasiano, dejó un legado literario bastante escaso, aunque lo que se conserva, un puñado de cuentos, no deje de resultar potente y una literatura que crece, por marginal, con el paso de los años. En La fiesta, uno de los relatos que se incluye en el libro Balada del café pobre, el escritor describe el encuentro de un señor con una señora de la noche:

“- ¿Me das fuego?

A la luz de la cerilla se abrió una cara bonita, con ojos jóvenes y piel ajada, que miró no a la lumbre sino a los ojos de él.

- ¿Vienes conmigo, guapo?

Salió de la sombra, la luz del faro próximo le permitió ver su cuerpo, en el cual se empezaba a insinuar abultamiento triste de la maternidad. Ella se dio cuenta de lo que él había observado y rio triste, con ese renunciamiento que la mujer perdida expresa cuando hace referencia a su falta”.

A las afueras de la capital de la isla de Tenerife, se situaban los cabarés que, aún recuerdo en mi infancia, se me enseñó a que pensara de ellos que eran algo así como lo más próximo al infierno que se podía pisar en la tierra. El escritor Luis Alemany, en su ya legendaria novela Los puercos de Circe (Taller Ediciones JB, 1973), comienza esta particular singladura por ese Santa Cruz que tiene no una sino varias caras, al situar a los personajes en uno de estos antros donde de amanecida, los golfos de la noche se reunían para apurar la arrancadilla.

“Pero a José Luis le gusta hacer las cosas bien, y a José Luis le parece que una noche de juerga sin haber ido a Casa Felisa de amanecida a comer unos bistecs con una furcia, y sin haber tocado en la puerta del callejón como de escondidas, como si fueran conspiradores de opereta, no sería una noche de juerga total y redonda. En el fondo José Luis sigue siendo bastante infantil”.

Esta previsto que Baile del Sol publique en noviembre La tuerta, una novela de María del Mar Rodríguez que se desarrolla en la calle de Miraflores entre 1946 y 1947. Con su anterior novela, La prestamista (2020) se reveló como una escritora con notable pulso narrativo, que sabe sumergir al lector en lo que cuenta.

Y siendo conscientes que se nos escapa algún título pero no demasiados, se reseña aunque no se trate de ficción un libro que apareció a finales de los años 70 y que formó parte de una colección que proponía lo mismo en otros lugares de España: Guía secreta de Canarias (Sedmay Ediciones, 1979), escrita por los escritores J.J. Armas Marcelo (Gran Canaria) y Luis Alemany (Tenerife).

En la parte dedicada a Santa Cruz, Alemany explica que este tipo de actividades se concentró en la capital tinerfeña en las zonas portuarias o marginales pero que su centro “fue la parte baja de la calle Miraflores, donde aún se forman largas y pacientes colas, a pesar de las presiones (al parecer más del orden inmobiliario que ético) que han conseguido iniciar la demolición de algunas de las viejas casas en la que abren sus puertas bares y ‘pensiones’, desplazando estas retozonas actividades a los modernos barrios de expansión, en cuyos pisos aparecen de cuando en cuando talleres de costura, a los que cualquiera puede ir a que le tomen la medida, si conoce previamente la contraseña”.

Con o sin ella, y nos referimos a la contraseña, el fragmento que hemos entresacado de esta Guía secreta de Canarias parece que se anticipó en el tiempo al estado actual en el que se encuentra una calle, y aledaños, que como los galos de las historietas de Astérix resisten en un espacio cada vez más reducido, la acometida de una ciudad que en su plan por remodelar una zona que, guste o disguste, forma parte del pasado santacrucero. Solo lamento desconocer las miles de historias que en aquellos edificios, los que han sobrevivido son un pálido reflejo de lo que fueron, y en aquellos bares y cafeterías, se cocinó porque la vida nocturna de la ciudad se desarrollaba en gran parte en este lugar que merece, cuando ya no quede rastro de su pasado salvo una o dos casas que se salven por su valor patrimonial, una placa en que se recuerde que allí trabajaron por necesidad hombres y mujeres, mujeres y hombres a los que el resto de la sociedad condenó y marginó como si fueran apestados, gente que vivía en la cara B de la ciudad.

Saludos, una calle casi de leyenda, desde este lado del ordenador

Ironia Naturae de Nieves Delgado obtiene el premio de poesía Pedro García Cabrera 2022

Miércoles, Octubre 5th, 2022

La Fundación CajaCanarias ha anunciado hoy miércoles, 5 de octubre, el fallo de su Premio de Poesía Pedro García Cabrera 2022, certamen que se convoca desde 1968 en el referido ámbito literario. De este modo el jurado, compuesto por Rosario Valcárcel, Alicia Llarena y Sabas Martín, ha decidido otorgar el galardón en la presente edición a la obra titulada Ironia Naturae, creación de la escritora grancanaria Nieves Delgado. Dotado con 3.000 euros y la publicación del volumen, a la presente edición del certamen se han presentado un total de 79 obras a concurso, aumentando un 10% la participación con respecto a la convocatoria anterior.

En palabras de la autora, Ironia Naturae es, en parte, el resultado de las curiosas analogías que he creído descubrir entre las características, e incluso comportamientos, de algunos individuos del reino vegetal y las de los siempre enrevesados seres humanos. En ocasiones, la planta me llevo a la persona; en otras sucedió justo lo contrario.

Por otro lado, a Nieves Delgado le atrajo, de una manera instintiva a lo largo del proceso creativo, la sonoridad de las palabras propias del vocabulario botánico, en gran parte ininteligibles para ella, pero seductoras siempre para mi oído. Mi gran reto ha sido, usando las palabras de un amigo poeta, procurar traducir estas impresiones al código de la poesía, afirma la autora de un poemario redondo, a juicio del jurado del Premio Pedro García Cabrera CajaCanarias 2022, que decidió otorgarle el galardón por unanimidad.

Nieves Delgado nace en Las Palmas de Gran Canaria, en 1962, aunque reside hace más de dos décadas en la villa de Teror. Su formación no guarda relación alguna con el mundo literario, si bien ha cursado diferentes cursos de filología a lo largo de su etapa de creación poética, además de participar asiduamente en talleres literarios. Tras conocer el fallo del certamen, Delgado ha afirmado que este premio de la Fundación CajaCanarias, el cual agradezco profundamente, me servirá, sin duda, como acicate para seguir intentándolo.

Saludos, felicidades, desde este lado del ordenador

Tablón de anuncios

Miércoles, Octubre 5th, 2022

* Felicitamos a Javier Hernández Vázquez por obtener con Akasha el II Premio Villiers de l’Isle Adam de Novela Fantástica que convoca M.A.R. Editor, y al que se presentaron en esta edición 237 trabajos, procedentes de 32 países. Akasha es una novela de ciencia ficción con elementos de novela negra y criminal y se desarrolla en un tiempo donde “el bien más valioso es el alma de las personas”, se lee en una nota informativa.

* Las fortalezas secretas de los silenciados, la resistencia de los aborígenes canarios es un libro en el que colaboran varios expertos como Daniel García Pulido y Felipe Jorge Pais, entre otros, que incluye además una novela que firma Cirilo Leal. Edita Herques.

* Anoten en agenda que este sábado, 8 de octubre, se presenta en el espacio Desván Blanco el poemario Viaje hacia los signos (Ediciones Vitrubio, 2022), de Víctor Ruiz, El acto comenzará a las 19 horas.

* Ediciones Aguere/Idea presenta Pieles sensibles, un libro de relatos de María Candelaria Pérez Galván, autora de la novela Felisa en su mudanza, que publicó en 2019 con la misma editorial.

* Marcelino Marichal, una de las voces más potentes de lo que podríamos denominar literatura underground hecha aquí, es el autor de Balada sin poesía, que edita Aguere/Idea. Se trata de una colección de poemas que prologa Jesús Castellano y libro que recupera a un escritor de esos que “sienten lo que escriben”.

* La editorial Verbum presenta La culpa transparente, una nueva novela de Gerardo Pérez Sánchez. El libro se presentará probablemente en noviembre en el Casino de Tenerife si los elementos no se conjuran.

* Escrito por Marcos Cova, Límites (Ediciones Aguere/Idea, 2022) reúne cuentos que se desarrollan en distintos momentos históricos de Tenerife.

* La palabra mágica es un libro de Pedro Mari Sánchez y Ana Martín-Coello que pretende ser “un método para adquirir elocuencia y aprender a contar y a contarte”. Edita Gaveta Ediciones.

Saludos, y eso es todo de momento, desde este lado del ordenador

 

La isla negra

Martes, Octubre 4th, 2022

Desde hace ya unos años el género negro y criminal está viviendo en España unos momentos muy dulces. La adaptabilidad de esta corriente a distintas literaturas ofrece además un interesante retrato de las sociedades que viven en un mundo no tan globalizado como algunos pensaban por lo que, hoy por hoy, el género continúa siendo una referencia para tomar el pulso social en una u otra parte del planeta.

Hay así novelas que retratan las opacidades de la Europa del norte, países que no resultan tan avanzados como se creía en el sur, sobre todo tras disolverse el estado del bienestar; la novela policiaca mediterránea, que tuvo en Manuel Vázquez Montalbán uno de sus más grandes representantes y que todavía influye entre los narradores que viven a orillas del Mare Nostrum sin olvidar las literaturas criminales que se escriben en el continente africano y asiático, en Oceanía y, cómo no, los Estados Unidos de Norteamérica y la América del Sur, donde los cuentos y novelas adscritos al género se utilizan en muchas ocasiones para criticar los movimientos que los gobiernos de los distintos países de la zona administran en contra de sus ciudadanos.

Si México, Colombia y Brasil, también la Argentina se han convertido en faros donde observar los caminos en los que se bifurcan las novelas negras en Latinoamérica, resulta curioso y muy atractivo estudiar este fenómeno en Cuba, la pequeña nación del Caribe que convive, contra viento y marea, con el gigante del norte. El éxito que ha alcanzado, entre otros, las novelas de Leonardo Padura protagonizadas por Mario Conde, policía, policía retirado y vendedor de libros usados por las calles de La Habana, una ciudad, La Habana, que se desmorona con los días que pasan, logró que el género negro se consolidase en una isla que vive todavía bajo un régimen vertical, férreamente controlado por el poder, por lo que el éxito de esta literatura se explica porque los autores/as que se han especializado en él lo usan para denunciar las contradicciones de un sistema cuyas consignas han terminado por envejecer.

Por esto y muchas cosas más, es una excelente noticia la publicación de Regreso a la isla en negro. Nuevos cuentos de crimen y enigma, una antología de treinta relatos escritos por treinta escritores cubanos que dan una idea del excelente estado de salud que disfruta el género en la mayor de Las Antillas. Estos cuentos sirven también para hacerse una idea de las constantes que alimenta el policíaco cubano y el valor de las denuncias, muchas de ellas políticas, sobre el “socialismo” cubano. Un “socialismo” que llega a muy pocos.

El libro incluye a un pequeño grupo de narradores que se han hecho un nombre fuera de su país, comenzando por Leonardo Padura. Tras Padura se pueden leer en esta antología relatos de otros escritores que han trascendido las fronteras cubanas como Pedro Juan Gutiérrez, que no termino de verlo como un escritor negro y sí como un narrador de extremado realismo; Amir Valle, que vive en la actualidad en Alemania y que firma unos de los cuentos más provocadores del libro, Fidel, Raúl y la libertad de Cuba y Lorenzo Lunar, un escritor que con sus novelas ha puesto en el mapa a la ciudad de Santa Clara, aquella que liberó Ernesto Che Guevara a finales de los años 50 del pasado siglo XX.

La antología cuenta también con otros cuentos escritos por autores/as que todavía desconozco. Alguno de ellos ya veteranos en las lides literarias policiales y otros no tanto, al ser extremadamente jóvenes. En esta hornada, destacaría a Milho Montenegro, Yamilet García Zamora y Elizabeth Lunar aunque en general el tono del libro no desciende a medida que se van leyendo los relatos.

La antología la asume Rafael Grillo, quien escribe un prólogo clarificador sobre la historia y la evolución del género negro en Cuba. Un género, apunta, que despega a raíz sobre todo del éxito literario de Padura.

Por estos cuentos desfilan toda clase de intepretaciones de lo policíaco y consta como material exótico y de morbo con cuentos de ambiente carcelario como actuaciones, en ocasiones poco o nada eficaces, de la Policía Nacional Revolucionaria, aunque la PNR sea el filón que alimenta la novelística de Vladimir Hernández, quien ha construido todo un universo literario en torno a una comisaría de La Habana, escenario en el que se mueven agentes eficaces en el cumplimiento de su deber y delincuentes que abarcan una rica gama de personajes.

Otra de las características que determina este volumen, segunda entrega de otro que, lamentablemente desconozco, es que cada cuento incluye una hermosa y oscura (no iba a ser menos) ilustración que firma Ángel Mario Garnica García. Al final del volumen, de 389 páginas, se ofrece una detallada pero también escueta biografía de todos los escritores que participan en esta antología. Una antología que publica poco relato original, por no decir ninguno, y sí publicados en blogs y revistas. Entre otros, el de Leonardo Padura, Una cuestión de familia, que se pudo leer en las páginas del suplemento UVE de El Mundo, en 2015, mientras que el relato que firma Pedro Juan Gutiérrez, El mundo es muy peligroso, formó parte del libro Carne de perro.

Los cuentos que se incluyen en este volumen son irreprochables, tanto técnica como narrativamente, lo que realza la calidad de una escritura que por ser tan diferente da una idea de la variedad de estilos y propuestas que tiene la novela policial en un país que va más allá de sus paradisíacas playas, el ron, los cigarros habanos y, por supuesto, su revolución traicionada

Saludos, acere,,, qué volá, desde este lado del ordenador

Penguin Random House publica en bolsillo el último libro del tinerfeño Ramón Alemán, Un idioma sin manchas

Lunes, Octubre 3rd, 2022

Ramón Alemán propone un viaje de cien capítulos en Un idioma sin manchas, libro que publica en bolsillo y bajo el sello Penguin Random House y en el que busca “un español correcto, pero siempre con la certeza de que, en lo que a la lengua se refiere, la corrección es a veces un lugar impreciso o difícil de hallar”, se informa en la contraportada de la obra.

La ortografía, la gramática y el léxico “de nuestro idioma, que es propiedad de quinientos millones de personas”, son los asuntos que se tratan en este libro, en el que “la duda, la tolerancia, el sentido común y el humor son las herramientas que nos permitirán descubrir misterios, caprichos y hasta incongruencias de la lengua española”. Para ello, Ramón Alemán no se aleja “ni un milímetro del rigor que la materia exige –siempre con la ayuda de los que él denomina «guardianes de la lengua», como Manuel Seco, José Martínez de Sousa y la Real Academia Española–, pero sus puntos de vista los expone en un lenguaje sencillo y cercano”.

Ramón Alemán (Tenerife, 1966) es corrector de textos, asesor lingüístico y creador de la marca Lavadora de textos, que desde 2010 tiene una destacada presencia en las redes sociales.

Saludos, y nosotros que nos alegramos un montón, desde este lado del ordenador