Archive for the ‘Libros’ Category

Groucho y Graham… Amén

Domingo, Octubre 2nd, 2022

SRA. TEASDALE (Margaret Dumond): Espero que siga los pasos de mi marido.

RUFUS T. FIREFLY (Groucho Marx): ¿Qué les parece? No llevo aquí ni cinco minutos y ya se me está insinuando. ¿Dónde está?

SRA. TEASDALE
: Está muerto. Yo misma estuve con él hasta el último momento.

RUFUS T. FIREFLY: Ahora sé por qué pasó a mejor vida.

SRA. TEASDALE: Lo abracé y lo besé.

RUFUS T. FIREFLY: Entiendo. Fue asesinado. ¿Quiere casarse conmigo? ¿Le dejó algún dinero? Conteste primero a la segunda pregunta.

SRA: TEASDALE: Me dejó toda su fortuna.

RUFUS T. FIREFLY: ¿Es cierto? ¿No ve lo que quiero decirle? ¡La quiero!

Sopa de Ganso (Leo McCarey, 1933)

Creo que todos los que lo conocimos nos hicimos marxistas. Pero no marxista del tipo obseso y de melena canosa que agita entre las manos El manifiesto comunista sino marxista de los hermanos Marx, y en concreto de los tres que hicieron carrera en el cine con permiso de Zeppo. Me refiero a Harpo, Chico y Groucho, nacido como Julius Henry Marx (Nueva York, 2 de octubre de 1890-Los Ángeles, 19 de agosto de 1977) y una ametralladora verbal que escupía palabras como balas sobre todo a mujeres ricachonas a las que le quería sacar los cuartos. Groucho, en este sentido, no sería el mismo sin Margaret Dumond, que fue quien hizo de multimillonaria en todas aquellas películas donde este estrafalario anarquista intentaba metérsela en el bolsillo.

Groucho, que quizá sea el más celebrado de los hermanos por su viperina verborrea, no podría ser Goucho y menos un Marx sin Chico y algo menos Harpo, con este último parece que los torrentosos y absurdos discursos de Groucho se daban contra el muro de silencio de Harpo. Eran dos clases de humor diferentes.

La palabrería quedaba desarmada ante la voz gangosa del humorista. Si no aparecía Chico por ahí, mala cosa para la Voz, la voz de Groucho Marx. Y es con Chico con quien hace muchas de las escenas de comedia que han pasado a la historia del humor surreal de los Marx como “la parte contratante de la primera parte…” de Una noche en la ópera, a los listines telefónicos que Chico intenta venderle a Groucho, el hombre del puro y mostacho pintado, en Un día de las carreras, entre otros filmes que han hecho historia dentro y fuera del cine porque sin los tres hermanos el cine no sería el mismo.

El crítico norteamericano Andrew Sarris decía que los Marx irrumpieron como locos en un mundo de cuerdos y que si hoy sus películas y su humor siguen resultando tan actuales se debe a que continúan solo que como cuerdos en un mundo que se ha vuelto demasiado loco.

Me da un no sé qué de entusiasmo que Groucho naciera el mismo día que Graham Greene, que un escritor al que admiro demasiado como admiro demasiado a los tres hermanos. Es decir, que no destacó a Groucho de los otros dos porque para mi los tres son una unidad. Y como unidad, indivisible.

Otra cosa es la literatura que dejaron detrás. Literatura en la que fue más pródigo (cómo pródigo fue con las palabras en las películas) Groucho.

Durante un tiempo y para que te tomaran en serio era necesario que hubieras leído Las memorias de un amante sarnoso antes que El manifiesto comunista de su tocayo de apellido Carlos Marx. Hay otros libros que firmó el amigo Groucho y en todos ellos late el humor corrosivo de un tipo que vio el mundo como hay que verlo: un disparate.

En cuanto a sus películas, y por si acaso no las han visto todas, yo les diría que no se pierdan las dos que considero mejores en la filmografía de los Marx: Sopa de ganso y Una noche en la ópera. En estas dos se condensa todo el universo de gags y chistes que caracteriza a estos tres ángeles que vinieron al mundo para hacernos más felices y de paso más inteligentes porque el cine de los Marx, ahí donde lo ven, tan disparatado y surreal tiene un pozo político que entusiasmaría al mismísimo Buenaventura Durruti.

He aquí el discurso marxista que le dedica a un grupo de profesores en Plumas de caballo:

“Le recomiendo al cuerpo docente, que parce muy ansioso de hacerse con mi puro, que se quede sentado, porque no lo pienso tirar. Miembros del cuerpo docente, docentes del cuerpo, estudiantes de la facultad, las facultades del estudiante… Ya he quedado bien con todos, ¿verdad? Señores, creía que la comida había quedado sosa, hasta que oí el discurso del decano, y eso me recuerda una anécdota tan subida de tono que me avergüenza hasta mi. Al ver vuestros rostros expectantes, queridos alumnos, comprendo por qué Huxley se encuentra en este estado deplorable. En mi antigua facultad las cosas eran un tanto diferentes: el que estaba en un estado deplorable era yo. Todo iba de mal en peor, pero entre todos arrimamos el hombro y en poco tiempo logré llegar a mi habitual estado deplorable una vez más”.

Así que ¡¡¡viva el marxismo!!!

“El pánico es algo momentáneo. El miedo es otra cosa. Uno se acostumbra a él, y en definitiva resulta terriblemente aburrido.”

(El otro y su dolble, Marie-Francoise Allain. Traducción: Basilio Losada, editorial Caralt, 1982)

Uno de los escritores que más ha influenciado en mi vida tiene nombre y apellidos británicos, Graham Greene (Berkhamsted, Hertfordshire, 2 de octubre de 1904-Vevey, Suiza, 3 de abril de 1991), al que algunos han intentado encasillar como autor de novelas de espionaje, que las tiene, pero que sería también reducir su trayectoria como literato.

Detrás deja, por fortuna para su legión de seguidores, más de una veintena de novelas, cuentos y ensayos. También varias autobiografías y libros de entrevistas, uno de ellos, El otro y su doble, en el que mantiene una larga y apasionante conversación con Marie-Francoise Allain en la que suelta, entre otras perlas cultivadas, reflexiones como: “La fatalidad ha querido que yo sea escritor, y escribo sobre la ausencia de raíces. Este es mi tema, en cierto modo”.

La primera novela que leí de Graham Greene fue Nuestro hombre en La Habana, que algunos consideran una obra menor (yo tampoco). Después vino El americano impasible y tras devorar (sí, la literatura de Greene se devora no se lee) otros títulos, algunos irregulares, me encontré con Los comediantes y dos novelas, El revés de la trama y El factor humano (esta sí que es de espías) que considero entre lo mejor de un hombre que cuando tuvo edad rechazó de plano todo lo que pudiera ser inglés (salvo el whiskie, que más que inglés es escocés) recorriendo a veces con una mano delante y otra atrás ese ancho mundo que está repleto de vida y otras culturas. Miradas que Graham Greene supo traducir en sus historias a través de una poblada e interesantísima galería de personajes.

Me gusta contar una anécdota del escritor entre un puñado inmenso de anécdotas, y es aquella en la que él mismo confiesa su inquietante afición por la ruleta rusa. ¿Por qué?, la frase que encabeza estas líneas quizá explique su especial querencia por un juego del que, afortunadamente, salió vencedor las veces que lo jugó. Y jugó, según cuenta, jugó bastante y siempre en solitario.

La mayoría de la gente que no conoce la obra de Graham Greene sí que conoce algunas de las películas que adaptaron sus novelas. Carol Reed se encargó de dirigir dos de las mejores, El tercer hombre y Nuesrto hombre en La Habana, que se rodó en la capital cubana pocos meses antes de que entraran los barbudos al mando de Fidel Castro… Fue un escritor cubano, por cierto, quien me recomendó que leyera Una pistola en venta, y así lo hice. Desde ese entonces le estoy muy agradecido a Eliseo Alberto no solo por aquella entrevista que me concedió en los jardines del hotel Mencey sino por recomendarme un libro de Greene que no había leído hasta ese momento. Luego vino El fin del romance, que a mi me parece otra de las grandes novelas del escritor y Cónsul honorario, entre otras.

Sobre España escribió dos libros deliciosos y profundamente españoles según un extranjero que nunca lo fue: Viajes con mi tía y Monseñor Quijote…

Escribió además en un pequeño libro de viaje a Liberia, su paso por Santa Cruz de Tenerife, donde atraca el barco que lo lleva a ese país y aprovecha para pasear por aquella ciudad portuaria que ya entonces miraba hacia otro lado que no fuera el mar.

En este paseo por las calles y plazas chicharreras llama catedral a la iglesia de La Concepción y se mete en un cine (alguien dijo que se trataba del Numancia) para ver (imagino que doblada) una versión cinematográfica de una de sus primeras novelas, Orient Express, que a mi me gustó mucho. El libro, me refiero.

“En el cine de Tenerife estaban poniendo una película que era una adaptación de una de mis novelas. Había sido una experiencia instructiva y bastante dolorosa verla. La dirección era incompetente, la fotografía mediocre, la trama sentimental”.

El caso es que podría pasarme la vida entera hablando y hablando sobre la obra de un escritor que para quienes lo conocieron destacaba por su profunda mirada triste, muy triste, de ojos azules.

Me atrevería a decir incluso que su obra mejoró notablemente cuando se convirtió al catolicismo (lo mismo hicieron otros ilustres compatriotas como Chesterton y Alec Guiness), lo que le hizo escribir sobre el sentimiento de la culpa. De cómo la culpa puede conducir al abismo a los cobardes pero también de cómo la culpa y la necesidad de librarse de ella puede redimirnos…

Lo que convierte a sus libros en obras sin edad es la capacidad de un escritor para contar lo que llevamos dentro pero que ocultamos a los demás. Igualmente, es uno de los escritores más diestros para hacernos entender lo pusilánime que es el hombre, y que de héroes que se arrepintieron esta lleno el mundo.

Ya en vida aparecieron imitadores por todos los lados pero ninguno le llega, como es natural, ni a la suela de los zapatos. He llegado a sentir algo parecido recientemente al leer la obra de Lawrence Osborne, otro inglés descastado, otro tipo que se fue de un país al que odiaba sin ningún tipo de cordialidad para vivir en otro sitio que no le recordará las miserias de un imperio desmoronado. Quizá sea que sus libros están escritos por la mano experta de un aventurero, de un trotamundos como lo fue Graham Greene. Un escritor de los grandes. De los más grandes si tengo que recordártelo no una ni dos sino mil veces.

Siempre le digo a los que me conocen que si quieren conocerme un poquito mejor, lo mejor que pueden hacer es leer un libro de Graham Greene. Mi espíritu, con todo su poder y con toda su gloria, se encuentra ahí, camuflado entre palabras que solo un tipo que conoce la condición humana supo traducirnos al resto de los mortales.

Así que amén.

Amén por Greene, Graham

y amén por Marx, Groucho.

Saludos, conmovido y emocionado, desde este lado del ordenador

El V Festival Hispanoamericano de Escritores estará dedicado a las literaturas de Centroamérica

Sábado, Octubre 1st, 2022

El Festival Hispanoamericano de Escritores volcará la mayoría de sus contenidos de la próxima edición en los países que forman centroamérica (no sabemos todavía si se incluye Belice, país de habla inglesa) tras un “hermanamiento” con Centroamérica Cuenta.

La directora de Centroamérica Cuenta, Claudia Neira, explicó que el festival que dirige, con sus casi diez años de recorrido, acercará las voces más representativas de Latinoamérica a La Palma, algo que ya han hecho en otras localizaciones como San José de Costa Rica, Ciudad de Guatemala o Madrid desde que se convirtió en un evento itinerante a raíz de la crisis política en Nicaragua.

Neira dijo que se sentía “feliz y sumamente honrada” por acercar la región invitada a la quinta edición del Festival Hispanoamericano de Escritores, y ha anunció una lista tentativa de escritores participantes en 2023, entre los que se encontraban Sergio Ramírez -presidente del festival centroamericano-, Gioconda Belli, Horacio Castellanos Moya, Carol Zardetto, Rodrigo Rey Rosa, Eduardo Halfon, Michelle Recinos, Rodrigo Fuentes, Miguel Huezo Mixco, Luis Lezama, o Isabel Pardo, entre otros.

El Ulises de Joyce y Elmer Mendoza, en Tenerife

Viernes, Septiembre 30th, 2022

El escritor mexicano Élmer Mendoza (Sinaloa, 1949), padre de la llamada narcoliteratura, participará en dos actividades de la Universidad de La Laguna el lunes 3 de octubre, organizadas por la Cátedra Cultural Antonio Lozano de Género Criminal. La asistencia a estos actos es libre y gratuita.

A las 13,30 impartirá en la sala de audiovisuales de Filología la charla Aproximaciones al Ulysses James Joyce y en la que abordará algunos aspectos destacados de esta novela en el centenario de su publicación.

A las 19:00, en la sala polivalente del edificio central de la ULL, participará en los II Diálogos Criminales en un encuentro con los profesores de la ULL María Concepción Brito Vera y Fermín Domínguez Santana, donde se tratará toda la obra de Élmer Mendoza. Su última novela, Ella entró por la ventana del baño, ha sido el primer texto leído en el II Club de Lectura ULL de Género Criminal que organiza la Cátedra Cultural Antonio Lozano de Género Criminal. Al finalizar este encuentro, el autor recibirá el borsalino que Tenerife Noir Festival Atlántico del Género Negro otorga a los premiados del Negra y Criminal a toda una carrera. La inscripción a este acto, con certificado de asistencia. se puede realizar a través del siguiente enlace: II Diálogos criminales: Élmer Mendoza | FGULL

Élmer Mendoza es el creador del personaje Edgar Zurdo Mendieta, el policía protagonista de una serie de novelas que comenzó con Balas de plata, ganadora del Premio Tusquets en 2007. Ha publicado más de una docena de novelas. También ha escrito cuentos y obras teatrales. Mendoza es además catedrático de la Universidad Autónoma de Sinaloa y ha dedicado su vida a la literatura.

Saludos, kiss, kiss, bang, bang, desde este lado del ordenador

Mitos Atlánticos, un libro de Ulises Martín

Martes, Septiembre 27th, 2022

“A riesgo de trabucar en aquel surgidero revuelto, Tavira decide tomar tierra para apurar la sorpresa. Abriéndose paso entre la maleza, los gomeros por delante, avanzaron barranco arriba sin saber exactamente a dónde, guiándose por su intuición de cazadores expertos”.

(Piratas y poetas, relato incluido en Mitos Atlánticos, Ulises Martín Hernández. Colección Sitio de Fuego, Baile del sol, 2022)

Tras la aparición del libro Ritos y leyendas guanches (Miraguano Ediciones, 1985), del escritor y poeta Sabas Martín, se desató una moda, vamos a llamarlo así, por escribir y ocasionalmente fabular sobre el aún desconocido mundo de los aborígenes canarios. La moda, como todas las modas, tuvo su momento aunque rápidamente quedó sepultada por otras tendencias que desviaron la atención del público hacia otros asuntos no sé si con mayor interés, pero sí que atractivos para lectores tanto de nuevo como viejo cuño.

Desde la publicación de aquel volumen inicial, de aquel libro para aprendices sobre los secretos no revelados de los antiguos canarios, aparecen ahora con carácter eporádico libros que con el mismo espíritu que el de Sabas Martín nos cuentan a trozos aspectos significativos de la Historia de Canarias. Se tratan de textos que en su mayoría no terminan por encontrar un nexo entre lo estrictamente real con lo imaginario. Entre lo que entendemos según la fuente que pudo y lo que sabemos a ciencia (in)cierta que no fue. En esta nube densa de contradicciones, han aparecido otros materiales literarios que han continuado explotando el filón que en su día dejó abierto Sabas Martín con resultados nada notables en mucho de los casos aunque sí que se detecta en otros voluntad por ser rigurosos, lo que destruye su capacidad como artefactos literarios, esos en los que la verdad y la ficción se mezclan sin estridencia, fusionando ambos territorios como si fuera uno solo.

Descubrí la facultad para viajar al pasado de Ulises Martín Hernández a través de la novela Atis Tirma, publicada en la editorial tinerfeña Baile del Sol, y confieso, ya dejé constancia escrita de ello, que aquel libro me entusiasmo por varios motivos. El primero de ellos el estilo, destacable sobre todo por su exquisito gusto literario. El segundo, la capacidad de su autor para recrear sin caer demasiado en dobleces indigenistas, una batalla que resultó tan importante en la conquista de Gran Canaria.

Otro valor añadido de esta novela es que para contar este relato, un relato que conoce la mayoría que sabe aunque sea por encima cómo fue la conquista de este archipiélago, no necesitó de demasiadas páginas como sí que parece que necesita (es un decir) el género de la novela histórica para contar sus historias. Si se conoce las claves de este tipo de literaturas cuyos orígenes se remontan a los inicios de la literatura, el género parece que necesita de páginas y más páginas para contarnos un relato que debe, en todo momento, estar muy bien arropado y ceñido rigurosamente a la documentación histórica que se tiene sobre el periodo en el que se desarrolla la historia.

Ulises Martín Hernández regresa a esta literatura con Mitos Atlánticos (Baile del Sol, 2022), un libro que apenas araña las cien páginas y que se lee, como su Atis Tirma, con entusiasmada devoción aunque en ocasiones el entretenimiento se despiste por causas externas lo que no es obstáculo para que el lector continúe disfrutando con la imaginación que desbordan estos relatos, muchos de los cuales son retratos que ha dejado la leyenda sobre Canarias.

Mitos Atlánticos es una recopilación de momentos singulares que nos sitúa desde la misteriosa Atlántida a llevarnos de la mano, siempre de la mano, a geografías de una Canarias primigenia, aquella en la que aún late un corazón ancestral que le sirve al escritor para fabular unas historias que si bien están basadas en los mitos que han contribuido a forjar las islas, manipula con elasticidad con el fin de hacer literatura con todos ellos.

En Mitos atlánticos se reúnen once historias sobre leyendas y mitos del archipiélago y debe de leerse como lo que es, un libro de cuentos en los que se mezcla con habilidad realidad y fantasía. Estos Mitos le permiten además recrear paisajes humanos en escenarios que forman parte de un pasado que todavía sigue habitando el territorio de las brumas.

Si en conjunto me han gustado todos los cuentos por igual sí que destacaría entre otros Príncipe de la fortuna, ya que plantea un problema que sabe resolver en el menos canarios de los relatos y San Diego de Betancuria que me reafirma en algo que ya había descubierto con la novela Atis Tirma, que Ulises Martín Hernández en un sólido escritor de historias basadas en la Historia. Aunque la Historia en sus manos es arcilla con la que dar contenido a su historia.

En busca del oxicalco, Canaria. La crónica del destierro, Lancelot Maloisel, Príncipe de la fortuna, Iko, San Diego de Betancuria, Piratas y poetas, Los guanches de La Madera, Ana Sánchez, Fábula del ingenuo Jacomar y La isla de San Blandán son los títulos de las once piezas que constituyen estos Mitos Atlánticos que ha encontrado en Ulises Martín a uno de sus más significativos pregoneros. Una voz que hace soñar con un mundo que si existe, es solo en nuestra imaginación.

Saludos, a leer, que son dos días, desde este lado del ordenador

Fernando Delgado: “Vivimos en unos tiempos trastornadillos”

Lunes, Septiembre 26th, 2022

Autor de una de las mejores novelas escritas sobre Santa Cruz de Tenerife, Ciertas personas, junto a La ciudad tiene otra cara, de Luis Gálvez Monreal, Guad, de Alfonso García-Ramos y Los puercos de Circe, de Luis Alemany, Fernando Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1947) publica la primera entrega de sus memorias de infancia y juventud con el título de De la radio a las letras (Nectarina, 2022), un libro en el que repasa un tiempo pasado teñido por la nostalgia.

Estos recuerdos, dispersos como son todos los recuerdos que recuperamos, toman el pulso a una ciudad a través de una serie de personas que contribuyeron a cimentar en su momento lo que se conoce como esplendor intelectual chicharrero. Un esplendor que tuvo pero no retuvo la capital tinerfeña.

El escritor y periodista tenía previsto presentar este libro hoy, lunes, 26 de septiembre, en el Círculo de la Amistad XII de enero, en Santa Cruz de Tenerife, pero las condiciones climatológicas han obligado a aplazar un acto en el que también estarían Alberto Omar, el periodista y escritor Juan Cruz y el portavoz y consejero de Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias, Julio Pérez.

Fernando Delgado es autor de una importante producción literaria en la que se encuentran título como Tachero y Exterminio en Lastenia a novelas que lo han consolidado como escritor y entre las que se encuentran La mirada del otro, por la que recibió el premio Planeta 1995; Sus ojos en mí, que obtuvo el premio Azorín en 2015 y ahora Todos muertos, una sátira demoledora contra el mundo que vivimos. Ese mundo que para el escritor y periodista anda ahora mismo “trastornadillo”.

- Escribe De la radio a las letras…

“En realidad se trata de un ejercicio de memoria que surgió cuando me encontraba en una clínica. Me ha gustado mucho este ejercicio de la memoria porque lo fue también de la lectura y de no quedarme solo en la descripción de hechos ni de la sospecha, esa misma sospecha que solo contribuye al ruido mediático que nos impide pensar. Por ejemplo, recuerdo ahora cómo Juan Benet, que detestaba, despreciaba la obra de Benito Pérez Galdós, unos días en los que estábamos juntos paseando por las calles de Las Palmas de Gran Canaria, se detuvo, entró en una tienda de anticuarios y adquirió con remilgos una estatua del escritor que prometió regalarme pero murió y no sé qué fue de la escultura”.

- ¿Y usted coincide con Juan Benet en su desprecio a la obra de Galdós?

“No, no… Galdós fue y sigue siendo un gran escritor al que hay que leer. Un maestro verdadero de nuestras islas y de nuestro país. Fue un personaje extraordinario”.

- Estas memorias que ahora publica son de infancia y juventud. ¿Las habrá de madurez?

“Por supuesto”.

- En estas memorias reivindica el patio, ese mismo patio que me hizo recordar la canción infantil.
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“Para los que son de mi quinta y que nacieron en Santa Cruz de Tenerife el patio fue siempre una posesión común, sobre todo para los que vivieron en casas terreras, como era la mía. También los portales de aquellas modestas arquitecturas que volví a reconocer, y me emocionaron grandemente, en algunas ciudades y pueblos de nuestra América”.

- ¿Y cuáles son sus primeros recuerdos?

“Entre mis primeros recuerdos está el frescor del suelo del patio, siempre el patio, de mi casa. Y yo gateando. Cruzaba entonces del territorio de una manta que ponían en el suelo para preservarme del frío y de la eventual suciedad, y me expandía por todo el patio. En aquel patio preponderaban las helechas, las begonias, las varas de San José, que florecían por marzo; los anturios o las clavelinas que mi abuela cuidaba con sus riegos tempraneros y que estaban exultante todo el año con sus colores diferentes. El patio me servía también para aprovechar los accidentes naturales del suelo, las grietas que el tiempo había formado y que yo representaba como calles imaginarias por donde solía pasear los cochecitos que podía comprar en la plaza de Weyler por dos pesetas y entre los que recuerdo con especial cariño las guaguas, las guaguas de dos pisos que nunca tuvimos en Tenerife. Las líneas urbanas que había entonces en Santa Cruz eran escasas y yo repetía en aquellas grietas los itinerarios y pregonaba los destinos como lo pregonaban los cobradores”.

– En el libro evoca el momento en que entra en la radio, donde entra por su voz.

“Hasta los catorce años mi bachillerato fue elemental, después pase al superior y más tarde marché a la Escuela de Magisterio. Estudié también en el Colegio Tinerfeño Balear y en la Universidad de La Laguna. Más tarde, me trasladé a Madrid. En los años de adolescencia tuve un maestro, el esposo de mi madrina, Rafael Granados, un hombre extraordinario, que fue quien me propuso acercarme a la radio, Radio Juventud de Canarias, donde coincidí con Ignacio García de Talavera. Tendría como unos dieciséis años”.

-¿Qué tipo de programas realizaba?

“Era locutor y después creo que tuve algunos programas pero ya no me acuerdo de cuáles pero sí que aprendí mucho con todos”.

- ¿Y cuándo da el salto a Radio Nacional de España?

“Fue tras superar unas oposiciones cuando ingresé en RNE. Y encantado de la vida”.

- Cuenta en sus memorias que vivía muy cerca de la calle de Miraflores.

“Pasé por aquella calle, que era la calle de las putas, pero yo iba con mucho miedo porque de pequeño fui un chico muy religioso”.

– ¿Y qué sensaciones tiene de la capital tinerfeña cuando camina de nuevo por las calles de su infancia?

“La veo trastornada pero igual de trastornada que otras ciudades y pueblos de España. Estamos trastornadillo”.

- ¿Trastornadillos?

“Trastornadillos porque la vida la tenemos ahora bastante apagada, desde las clases, desde las tradiciones, desde las escrituras pero también desde la política esto está esto un poco trastornado”.

- Trastornadillo.

“Sí, mejor trastornadillo”.

- En De la radio a las letras incluye al final una serie de retratos de personas que influyeron notablemente en usted como Vicente Aleixandre, Fernando Fernán Gómez, Terenci Moix, Domingo Pérez Minik…

“Domingo Pérez Minik fue mi padre de un modo muy generoso. Éramos muy jovencitos Juan Cruz y yo, y estábamos muy vinculados a él y él con nosotros. Paseábamos juntos hasta el Puerto y más tarde, cuando iba a Madrid, nos vimos mucho también. Fue un hombre extraordinario”.

- Leo que se define como un periodista capaz de escribir novelas. ¿Hay periodistas que son incapaces de escribirlas?

“Los hay que son capaces y otros que no. Estos últimos solo se consideran periodistas pero luego están los otros, ese grupo en el que estoy metido, que son capaces de hacer las dos cosas”.

– Antes hablábamos que vivimos unos tiempos trastornadillos, ¿parte de ese trastorno lo refleja en su última novela, Todos muertos?

“En este libro lo que el lector encontrará es un territorio entre la inteligencia y la jodienda”.

- ¿Y hasta que punto su estilo literario ha quedado condicionado por su actividad como periodista?

“El estilo literario lo he vivido desde el periodismo y casi, casi, estuvo ahí desde el inicio de mi narrativa, que parte de mis vivencias. En estos momentos preparo una serie de textos con los que puedo retrotraerme y pronto se publicará un libro de poema…”

– Soy sin ser (desde lo vivido a lo pintado).

- Sí, ese es el título, que publica Pre-Textos.

- ¿Tiene Fernando Delgado un proceso de creación?

“Lo tuve pero ya no lo tengo, lo he perdido. A mi edad, 75 años, creo que de la noche que me queda de aquí al día esto va a estar muy jodido pero bueno a lo mejor desaparezco… ¿sabes?”

Saludos, un libro, recuerdos, desde este lado del ordenador

Como polvo en las alas de una mariposa

Sábado, Septiembre 24th, 2022

“No te pido que me ames siempre como ahora, pero te pido que recuerdes. En algún lugar dentro de mi siempre estará la persona que soy esta noche”.

Ernest Hemingway, que cuando no estaba dando puñetazos sacaba su alma de poeta, describió el talento de Francis Scott Key Fitzgerald (Saint Paul, Minesota, 24 de septiembre de 1896-Hollywood, California, 21 de diciembre de 1940) como “polvo en las alas de una mariposa” y algo hay de eso en el genio del escritor que fue la voz de una generación, la del jazz, y uno de los más destacados representantes de la generación perdida, término que acuñó en su retiro de país Gertrude Stein, y etiqueta que acompañó a un grupo singular de escritores norteamericanos que no tenían raíces, jugaban con el idioma y escogieron París como la ciudad en la que vivir una juventud que pensaron sería eterna durante una década, la de los años 20, en la que las mujeres comenzaron a darse codazos para decirle al mundo como flappers que ahí estaban ellas, que ya nada iba a ser como antes.

En este escenario, se movió Scott Fitzgerald, un escritor al que el éxito le llegó demasiado pronto con A este lado del paraíso, novela en la que cuenta la iniciación de un aplicado estudiante universitario, Amory Blaine, en la ciencia nunca exacta del amor.

El escritor vivió con Zelda Fitzgerald, una adorable chica del sur que cuando cambiaba de carácter se convertía en un terremoto, los mejores años de “nuestras vidas” y escribió unas cuantas novelas que le abrieron los ojos no solo a los jóvenes de su tiempo sino a los que vendrían después.

Siento aprecio y un profundo agradecimiento por la mayoría de los escritores que formaron parte de esta generación, pero siento especial debilidad por Scott Fitzgerald porque fue una especia de outsider dentro de ese grupo que integraban hombre de pelo en pecho como el autor de El viejo y el mar, o tipos de izquierdas que tras la experiencia de la guerra de España se fueron al otro lado de la balanza sin dejar de ser en ningún momento excelentes narradores como John Dos Pasos, entre otros.

En contra de lo que era natural, me inicié en la literatura de Fitzgerald leyendo Hermosos y malditos, que sigue el curso de un grupo de amigos y amigas universitarios que son, como dicta el título, hermosos, sí, pero también malditos.

Más tarde leí, o mejor, devoré que se escribe así para aquellos cretinos que quieren imponer sus reglas, El gran Gatsby, que sigue siendo no sé si la mejor pero sí que la novela más popular del escritor norteamericano, y que ha sido llevada que ahora recuerde en tres ocasiones al cine con resultados digamos que irregulares, aunque la versión de Jack Clayton con guión de Francis F. Coppola e interpretación como Jay Gatsby de Robert Redford marque un antes y un después en el revival de los años 20 que vivimos unos cuanto a finales de los 80, imitando aquellas fiestas regadas con champán mientras nos hacíamos pasar por filósofos con el corazón roto.

Después vino la lectura de su primera novela, A este lado del paraíso, la inconclusa El último magnate, que cuenta con una versión cinematográfica dirigida por Elia Kazan y que debería ser como un libro a lo Santo Grial para todo cinéfilo que se precie y Suave es la noche, que es su novela más generosa en páginas y me atrevería a decir que triste.

La historia está inspirada en la propia vida del escritor, ese amargo momento en el que tuvo que internar a su esposa, Zelda, en un sanatorio porque se le había ido la pinza.

No dejó, que ahora recuerde, otras novelas pero sí que nos legó un numeroso puñado de cuentos y algún que otro ensayo que los que aún sentimos devoción fitzgeraldiana leemos caigan o no relámpago. Les recomendaría que se leyeran Las historias de Pat Hobby, o las desventuras de un guionista sin demasiada suerte en Hollywood, Flappers y filósofos y Cuentos de la era del jazz, entre otras recopilaciones que muestran el talento que tuvo el escritor para adentrarnos en una época muy cercana, pese a los años que nos separan, de la nuestra…

Tras internar a su esposa en un hospital para chalados e intentar buscarse la vida como guionista en Hollywood con resultados catastróficos, solo aparece acreditado en un largometraje, Tres camaradas, aunque colaboró sin aparecer su nombre, en el libreto de Lo que el viento se llevó, Fitzgerald conoció a una periodista de chismes, Sheilah Graham con la que vivió los últimos años de su vida.

La versión de esos días la reflejó Graham en Días sin vida, que fue llevada al cine con Deborah Kerr, en el papel de la periodista chismosa y Gregory Peck en el del escritor, y en ella se nos describe el ocaso de una estrella que ya no reconoce nadie y su descenso a los infiernos hollywoodienses, donde todo el mundo se cree capaz de cambiar, modificar, lo que escribe aquel vejestorio llamado Scott Fitzgerald.

Esta humillación, el hecho de verse sin una cuenta bancaria que garantizara su estabilidad financiera y el abuso del alcohol fue minando la salud mental como física de un autor que no tuvo que haber tenido el final que se lo llevó al otro barrio. Ese mismo barrio en el que nos encontraremos todos un día de estos.

Pese a los esfuerzos de Sheila Graham, Fitzgerald solo tuvo una mujer en su vida, y esa mujer fue Zelda, con la que además tuvo una hija, Scottie, que fue como un sol en aquella relación que terminó por deteriorarse y que Hemingway ya vaticina su fin en París era una fiesta, que a mi me parece uno de los mejores libros del escritor aunque no sea ni un cuento ni una novela de ficción.

El autor de El gran Gatsb y animó a su esposa Zelda que escribiera. De hecho, no fue una mala escritora una mujer que, antes de que se le fuera la cabeza, era el alma de las fiestas locas, locas y locas de aquella década que tuvo el jazz como banda sonora.

“Puedes acariciar a la gente con palabras” dijo Scott Fitzgerald, también “Ven, bésame y olvidémonos de todo”, que es una solución infalible para evitar malos encuentros, rollos que se deterioran, aventuras que dejan de volar…

Mi aprecio por Scott Fitzgerald es tan gran que sé que es uno de los míos. Y es que resulta, efectivamente, de los míos. Con él aprendí a observar las cosas con otros espejuelos, dándome cuenta la mayor parte de las veces que todas las épocas son igual y que solo el amor las hace soportables porque Fitzgerald, además de ser la voz que hizo eterna a una generación también fue clave para la que pertenezco… Vivimos un tiempo que nos hizo creer que el mundo sería nuestro y nos levantamos tiempo después es un escenario que poco o nada tenía que ver con aquella felicidad que marcó nuestra existencia.

Nadie le dijo a la generación de Scott Fitzgerald como a la que pertenezco que así, con la rapidez de un chasquido, se nos iría tan pronto la juventud, la vida… Y que lo que somos es tan solo un soplo o, como escribió Hemingway, el polvo en las alas de una mariposa.

Saludos, llueve, desde este lado del ordenador