Archive for the ‘Libros’ Category

Xavier Valiño: “El rock se influencia y contamina con otros géneros musicales”

Viernes, Septiembre 23rd, 2022

Xavier Valiño, que recuerda su infancia en un pueblo de Lugo encima de un carro que arrastran dos vacas mientras chapurrea en un inglés inventado las canciones que escucha por aquel entonces en la radio, el cine y la televisiòn, presentó el jueves pasado, 22 de septiembre, sus dos últimas obras: Las 100 mejores películas del rock y Los 100 mejores documentales del rock, ambas obras editadas este mismo año por Efe Medio, y libros que gustarán por igual a los más melómanos de la casa com o a los cinéfilos, tribuis que no tienen que ir cada una por su lado cuando hay fuerzas que tienden a que converjan.

En estas dos obras, ya de referencia y que han obtenido el premio al mejor libro mnusical del año que concede Pop Eye, el especialista divida por décadas los largometrajes y series que, a su juicio, son las mejores películas y documentales de una expresión que vive en plena evolución y proceso de transformación.

- Se han estrenado varias películas de ficción y documentales sobre el mundo del rock después de la publicación de sus dos libros. ¿Hubiera añadido algunos de estos largometrajes a la lista de los 100?

“La idea en un principio fue la de confeccionar un libro sobre películas de rock pero decidimos hacer dos, uno de ficción y otro de documentales. En documentales, supe de The Beatles: Get Back y una serie sobre Aretha Franklin así que es muy probable que si el libro se publicase hoy habría añadido uno o dos de estos estrenos”.

- En los dos libros además de citar películas de rock también selecciona otras de jazz, blues, country… ¿por qué?

“Entiendo que el pop, el soul, entre otros, nacen y conviven con el rock. Se influencian y contaminan mutuamente. Public Enemy hace hip hop con elementos de rock. Pensamos en Eric Clapton y hace blues y pop rock. Considero que AC/DC hace rock. Era difícil decir no, solo voy a seleccionar películas de rock porque el rock tiene vasos comunicantes y entiendo que desde los medios, cuando se habla de rock, siempre se ha hecho en un sentido amplio. Por eso en los libros hay artistas de otros estilos y de otras latitudes, no solo anglosajones”.

- No aparece ninguna película española.

“Lo dejé para un tercer volumen… Eso si lo hago porque tengo que pensármelo. Cuando empecé a elaborar una lista no llegué a apuntar 100 películas españolas, sumando incluso las de ficción con las documentales que me resultaran interesantes. Si se escribe este libro habría que ver cómo hacerlo… En la página web podría dar salida a unas 30 películas españolas de rock y por eso mismo no me aventuro a hacer un libro, no tiene enjundia si bien hay películas tan atractivas como Un, dos, tres, al escondite inglés pero hacer un libro de películas rock españolas igual a Las 100 mejores películas del rock y Los 100 mejores documentales costaría mucho”.

- Y según usted, ¿qué condiciones debe reunir una buena película de rock?

“Los dos libros son un trabajo subjetivo y entiendo que haya gente que diga que falta una película y otra más en mis 100 pero sí que he tenido un poco en cuenta las películas mejor valoradas por la crítica aunque no me he guiado solo por ahí. Una buena película de rock, a mi juicio, debe de tener primero un buen argumento y una lenguaje cinematográfico interesante, también una buena banda sonora y la mayor parte de las películas que se incluyen en este volumen reúnen estos requisitos”.

- Hay alguna película que le hubiera gustado añadir y que por olvido no incluyó en estos dos libros?

“No, la verdad, en otras entrevistas me han dicho que le gustaban más la película sobre Queen que la que se hizo sobre Elton John pero incluyo la de Elton John porque me gusta más que la de Queen. Lo primero que hice cuando me puse a escribir el libro fue seleccionar 200 películas, 130 volví a verlas de nuevo y muchas no estaban a la altura de lo que recordaba de ellas como Gran Bola de fuego y Purple Rain, de la que guardaba buen recuerdo pero que volví a ver y su guión me pareció ahora muy endeble y las dotes como actor de Prince muy escasas. Tenía mejor recuerdo del biopic de Jerry Lee Lewis y cuando volví a verla me pasó lo mismo que con la de Prince”.

- ¿En ambos libros tuvo claro desde el principio qué película debían de aparecer en los libros?

“Tuve claro cuáles debían de aparecer pero algunas al verla otra vez se quedaron fuera. Decidí, además, ordenar las películas cronológicamente, por décadas, y en cada una destaco la película que considero más importante de esos años. Éstas salieron casi desde el principio. Al final solo hubo uno o dos cambios. El documental de Tom Pettit lo sustituí por Anvill, que trata sobre un grupo de heavy y que es uno de los cuatro mejores documentales que se han hecho en la historia de la música rock. El último vals, de Scorsese está destacadísimo, como Stop Making Sense, el concierto que Jonathan Demme grabó de los Talking Heads, y que a mi juicio son dos de los más destacables documentales de la música. Hay otro sobre Chet Baker pero al ser más jazz ocupa solo dos páginas del libro pero que también, y es mi opinión, es uno de los mejores de la historia de la música”.

- Ha explicado que el libro tiene un orden cronológico… ¿tiene especial debilidad por una década en concreto?

“El orden es cronológico y a mi me gustan las películas y no las décadas. Sí que descubrí a medida que iba escribiendo el libro que en los años 70 se hizo muchas películas de rock porque coincidió que los cineastas americanos de esa década nacieron y vivieron su adolescencia con este tipo de música”.

- ¿Y debilidad por un estilo en especial?

“Me gustan todos los estilos pero puestos a reconocer, aparece un documental sobre Led Zeppelin que a mi no me interesa demasiado pero que tenía que estar en el libro. En este sentido, hay un 10 por ciento de bandas que no sigo tanto o que escucho sus discos pero no me llaman tanto la atención en los dos libros. Es decir, que no se quedaron fuera porque preferí no tirar de mis gustos”.

¿- Recuerda la primera película que vio una película de rock?

“No puedo estar completamente seguro de cuál fue la primera pero a los catorce años vi en un cine Quadrophenia, sobre las luchas entre mods y rockers en la playa de Brighton pero la que lo cambió todo la disfruté en una sala en versión original de unos cines de Madrid: Yesterday, una película polaca de los 80 en las que unos chavales imitan a The Beatles y me supo situar en un mundo en el que me contaban historias personales y de otras latitudes que no eran anglosajonas. Yesterday fue la película que me abrió los ojos y la que me hizo que me dedicara a esto”.

-¿Y desde cuándo lleva en esto?

“Empecé a escribir sobre música con trece años hasta que un día un tipo de la radio vino por el colegio a ver quién quería hacer un programa y levanté la mano. Después escribí de música para periódicos locales y hasta el día de hoy.”

- ¿Está preparando algún nuevo libro?

“Tengo uno en proyecto que no tiene nada que ver con la música y sí con Canarias pero no puedo decir más porque me roban la idea. Es probable que lo publique yo mismo. Por otro lado y con Efe Eme estamos trabajando en otro proyecto”.

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El caso Quevedo

El éxito de una canción (BZRP Music Sessions #52) y la durísima crítica que su intérprete y compositor recibió en un periódico de difusión nacional hizo que de pronto el nombre de su autor, Quevedo, fuera reconocido por casi todos los que siguen la realidad de este país. ¿Qué opina sobre todo esto Xavier Valiño? Para el especialista refleja claramente “un cambio de paradigma” y recuerda que durante la dictadura franquista “se perseguía a los que escuchaban rock”. “Entiendo que mi generación no comprenda la música de Quevedo, que es de ahora mismo, pero tiene validez. Pasará lo mismo cuando los que tienen la misma edad que Quevedo ronden los 30 o 40 años. Entonces serán ellos los que critiquen la música que compondrán los jóvenes de ese momento”.

FIRMA FOTO: Lúa Valiño

Saludos, nubes grises y mucho calor, desde este lado del ordenador

Y para hoy…

Jueves, Septiembre 22nd, 2022

* El Ámbito Cultural de El Corte Inglés acoge hoy, jueves, 22 de septiembre la presentación dos libros que fusionan cine y rock: Las 100 mejores películas del rock y Los 100 mejores documentales de rock, del crítico Xavier Valiño. El acto comenzará a las 19 horas y forma parte de la programación de Docurock, que celebra este año su octava edición.

Nicolás Dorta dialogará sobre su libro, Doble cristal (Diegp Pun, 2022) con el periodista y escritor Juan Cruz Ruiz, a las 19,30 horas en la tienda de TEA.

Y se acabó, de momento, estos avisos.

También, por favor, háganme caso y vuelvan todos ustedes mañana.

Saludos, con cien cañones por banda, desde este lado del ordenador

¡¡¡Viva el Rey!!!

Miércoles, Septiembre 21st, 2022

Mi primer encuentro con Stephen Edwin King (Portland, Maine; 21 de septiembre de 1947) fue con La hora del vampiro, editado por Pomaire, a finales de los años 70. Tiempo después descubriría que la novela se trataba de Salem Lot pero, qué quieren que les diga, a mi me parece mil veces mejor La hora del vampiro que el título que le puso King. Eso me pasa sobre todo con algunas películas que en este país ya perdido para siempre tuvo la costumbre de españolizar sus nombres como Centauros del desierto por el original The Searchers y Cuando el destino nos alcance por Soylent Green.

La novela, que cogí digamos que saliendo de la adolescencia, me dio un puñetazo de los gordos en el estómago y por una vez, tras el Drácula de Bram Stoker, sentí miedo cuando leía sus páginas. Por aquel entonces, Stephen King comenzaba a despegar en España como escritor de novelas de miedo, que me parece un término mucho mejor que terror, y Carrie, la película de Brian de Palma que adapta la primera novela de King, era un éxito en los cines aunque yo por edad leí primero el libro y luego vi la película y como pasa con algunas historias del escritor llevadas al cine, el cine mejora el final del libro. Pasa con Carrie y pasa también con La niebla.

La segunda novela que leí de Stephen King fue así Carrie, también en Pomaire. En Pomaire leí Insólito Resplandor, título que me parece mucho mejor que el original, El resplandor. Más tarde vi la película de Stanley Kubrick, y como el escritor me cabreé porque salvo el hotel y los protagonistas, el resto no tenía mucho que ver con la película. He vuelto a ver desde ese entonces varias veces el filme de Kubrick, y la película ha terminado por enloquecerme, lo que no me pasa con la novela. Y no digamos ya de su presunta segunda parte, Doctor Sueño. Sí que reconozco que en su momento el libro me inquietó y que subrayé una frase que reproduzco:

“El mundo no nos quiere pero tampoco nos odia”.

En esta misma editorial leí El umbral de la noche, un libro de cuentos que no he vuelto a leer aunque sí que recuerdo algunas de sus historias. Por ejemplo la que inspira la portada, una mano con cinco ojos en sus dedos…

Desde ese entonces, Stephen King ha escrito no sé cuentas novelas, libros de relatos y hasta ensayos, dos de ellos no buenos sino muy buenos: Mientras escribo y La danza de la muerte. Con esto quiero decir que sigo leyéndolo y que sigo una carrera fecundísima, tanto, que a veces no tengo tiempo para terminar una y comenzar otra.

Es verdad que el escritor cuenta casi siempre la misma historia, pero se mueve muy bien tanto en el territorio de la novela como en el del cuento. Carrie y Cementerio de animales son cortas pero a mi juicio dos de las mejores obras de su carrera. Por cierto, Cementerio de animales cuenta con un final esta vez sí que terrorífico.

Creo que esta semana se publica en español su libro más reciente (Cuento de hadas) ya que con King está prohibido decir el último porque si te atreves a pronunciar la palabra ya han aparecido en el mercado una nueva. Y así hasta el infinito. La espero con el mismo entusiasmo que con sus otras novelas aunque ya conozca digamos que medianamente bien sus constantes y la galería de personajes recurrentes con que puebla sus historias pero es que con todo, aunque el final el tocho no termine de convencerme, es verdad que el resto del camino lo he hecho sin apenas interrupciones, esas que provoca el aburrimiento y te hace pensar en otras cosas cuando lees un libro.

Y sí, vuelvo a confesar que Stephen King es un escritor al que sigo. Y sé que sigo a un excelente escritor que no solo cuenta historias de miedo sino otras de miedo, pero miedo real. Es tanta su fama y su producción estajanovista, que incluso se tuvo que revelar que un tal Richard Bachman era un pseudónimo utilizado por Stephen King porque no vendía como King. Una vez que se supo la verdad y aunque la novela la firmase el tal Bachman, las obras de Richard han multiplicado sus ventas. El alias le ha dado además un filón en el que explotar historias en las que reflexiona sobre el proceso de creación y la autoría, lástima que sus finales no respondan a lo que uno esperaba con materiales tan imaginativos.

En el campo de la fantasía ha aportado su granito de arena con espíritu renovador. Nos ha sumergido en lagunas que habitan vampiros, muertos vivientes, criaturas lovecraftianas y demonios. Solo que esos demonios son personas de carne y hueso. Sus historias automáticamente se convierten en películas. Muchas de ellas muy malas, y la que se lleva la corona es Maximun Overdrive, que dirige el mismo King con resultados de espanto, pero no un espanto de miedo sino de malo a rabiar, pero también hay otras películas que son buenas o muy buenas como Carrie, El resplandor, La zona muerta, Christine, Cuenta conmigo, La milla verde y la primera Cementerio de animales entra las que ahora recuerdo… Se han hecho series de televisión por lo que existe un mundo King que supera al mismo Stephen King. Gracias a su éxito, este tipo de literatura tuvo un renacer a finales de los 70, y su estela logró que aparecieran nuevos escritores del género tan sobresalientes como Peter Straub, con el que ha colaborado, y recientemente uno de sus hijos, que firma como Joe Hill, que ha hecho que esta literatura se instalara definitivamente en los estantes de las librerías y ocupara los primeros puestos de los libros más vendidos.

Por eso y aprovechando que hoy es el cumpleaños de un tipo que me ha alegrado tanto las noches poniendo fin a tantas pesadilla, mi sincero agradecimiento por tener tan claro eso de que escribo porque me hace feliz. Escribo porque me hace estar vivo.

Viva el rey.

Saludos, un tanto monárquicos, desde este lado del ordenador

El latido de Al-Magreb, una novela de Pablo Martín Carbajal

Miércoles, Septiembre 14th, 2022

“Canarias siempre fue saharaui, el Sahara era una extensión de las islas”.

El latido de Al-Magreb, Pablo Martín Carbajal, (M.A.R. Editor, 2022)

Hay dos novelas de Pablo Martín Carbajal por las que siento especial debilidad: La ciudad de las miradas y La felicidad amarga. Se tratan de dos libros aparentemente diferentes pero unidos por un nexo que los hace común: su intimismo. En sus otras obras, Tú eres azul cobalto y las dos primeras que ha publicado de lo que espera que sea una trilogía africana (Tal vez Dakar y ahora El latido de Al-Magreb), el intimismo está también presente solo que oculto por un relato que, en estos dos últimos casos, sobrepasa la historia que cuenta. Una historia, la que narra en El latido de Al-Magreb, en la que uno de los personajes de Tal vez Dakar repite como protagonista.

La novela propone un minucioso recorrido por el pasado de Marruecos y Mauritania, también de ese territorio olvidado por casi todos que el Sahara, geografía que ocupa varios interesantes capítulos de un libro en el que se mezcla también misticismo y se aboga por una alianza no sé yo si de civilizaciones pero sí que de religiones, en concreto las tres monoteístas que han marcado el devenir de occidente y gran parte de oriente y que no terminan de convivir unas con otras como se desearía: la cristiana, la judía y la musulmana.

La novela de Pablo Martín Carbajal repasa también otras cuestiones de actualidad que sacuden esta parte del planeta, como es el terrorismo y aproxima –ese es a mi juicio el mayor logro de este libro– a la realidad social y política de estos dos países norteafricanos. El libro trata también sobre el combate de los saharauis por tener su propio territorio y el debate de si es conveniente o no el protagonismo de Dios, de la fe, de la religión, en la administración de estas naciones.

En este aspecto, El latido de Al.Magreb quiere hacer honor a su nombre, es decir, que la lectura del texto explica porque aparece la palabra latido en el título de una novela que comienza siendo casi una de aventuras para irse transformando a medida que se avanza en su lectura en, efectivamente, una novela de aventuras solo que de aventura personal, de proceso de transformación, de reflejar los cambios que van sufriendo sus protagonistas, dos hermanos, Álvaro y Cárol, cuando el primero en Marruecos y la segunda en Mauritania comienzan a dejar atrás todos los prejuicios occidentales con los que aterrizaron en un mundo que, pese a sus notables diferencias con el europeo, cuenta con puntos de contacto que solo hay que ir desbrozando. Y eso es lo que hacen Álvaro y Cárol, personajes que están muy bien modelados y que por estarlo, explican el futuro que les espera y que no vamos a revelar.

El latido de Al-Magreb comienza con la investigación de una puerta que aparece en una mezquita de Qaraouiyine cerrada con un candado que tiene cuatro cerraduras. La búsqueda de las llaves llevarán a Álvaro, en compañía de un amigo musulmán y otro judío, a encontrarlas mientras recorren la geografía marroquí y, de paso, conoce el pasado de un país que están tan cerca y sin embargo tan lejos de España. Paralelamente, su hermana Cárol vivirá un proceso parecido en Mauritania, aunque ella no va en busca de esas llaves sino con el objetivo de cerrar un negocio millonario con el gobierno de ese país.

Por lo que se observa, por un lado se buscan llaves pare abrir una puerta y por otro cerrar, metafóricamente, un negocio en una tierra donde verdad y fantasía se mezclan. El escritor aprovecha además para narrar el origen y la lucha que los nacionalistas marroquíes y mauritanos iniciaron para sacudirse de encima el yugo colonial y uno, como lector, se adentra en un combate que, como todo combate que se precie, está trufado de amigos y enemigos. Héroes y cobardes..
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La novela está sólidamente documentada y el autor ha procurado en todo momento que lo que se cuenta esté pegado a unos hechos que son contrastables.

Cuando repasa la historia reciente de estos dos países y reflexiona sobre el presente del Sahara se aprecia que estamos ante un libro que no ha dejado nada al azar y se percibe que es tanto el respeto que tiene el autor por el Islam que hace que como lector occidental mi mirada sobre mis vecinos continentales cambie, se haya convertido en otra cosa.

Pablo Martín Carbajal recoge y resume todos los grandes momentos que han marcado el devenir de estas dos naciones y escribe con contundente claridad el papel de España ante un territorio, como el saharaui, al que dejó solo ante Marruecos y Mauritania, que lo devoraron mientras el resto del mundo miraba hacia otro lado.

El latido de Al.Magreb toma el pulso también a las relaciones entre Canarias con Marruecos y Mauritania. Una relación que no es nueva sino que viene de atrás, muy atrás en el tiempo, cuando en el siglo XV se elevó una factoría denominada Santa Cruz de la Mar Pequeña próxima a Tarfaya y a finales del XIX se creó la compañía canaria de pesca en Dajla, entre otras aproximaciones entre las islas y esta parte del continente africano.

Se trata así la novela de un valioso documento que propone una profunda reflexión sobre lo que nos une a nosotros y a ellos como pueblos.

El objetivo es acercar, no poner distancias, entre vecinos geográficos que están condenados a entenderse. Su mensaje final, tremendamente humanista, es una apuesta por la paz y la reconciliación entre hombres y mujeres que pese a las diferencia de credo religioso y otras cuestiones sociales, culturales y políticas, no dejan de ser hermanos que una vez dejaron de serlo por razones que ahora cuesta mucho entender. Pablo Martín Carbajal ha tenido la generosidad de explicar esta ruptura con palabras sencillas y un sentido de la síntesis muy periodístico. Y logra, como hizo con Tal vez Dakar, el objetivo. Lástima que este acercamiento solo quede impreso en las páginas de la novela y no en la cruda realidad, esa que pasa todos los días.

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

Los Marías y yo, mismamente

Lunes, Septiembre 12th, 2022

Las redes se inundan de comentarios que lamentan la muerte del escritor español Javier Marías, que fallece, se nos va, demasiado pronto aunque uno tiene la sensaciòn que la muerte llega, nos llega, con prisas, sin que tengamos tiempo a meditar profundamente en qué consiste eso de volver a ser nada. Nada absoluta. En el caso de Marías nos quedan sus libros, un inmenso legado de páginas y páginas al que llegué hace ya unos años gracias al regalo de un amigo del alma, pero del alma, alma, que tuvo a bien regalarme Tu rostro mañana que, como saben algunos, se publicó originalmente en tres entregas (Fiebre y lanza, Baile y sueño y Veneno y sombra y adiós) entre 2002 a 2007.

El volumen que está en mis manos es generoso en páginas, supera las 1.300, y ocupa un lugar secreto en mi desordenada biblioteca. Pero no fue Javier sino Miguel el primer Marías que conocí en mi agitada existencia gracias a un programa de cine que se criticó mucho entonces y que ahora reivindican con nostalgia los cinéfilos de medio país: Qué grande es el cine, que dirigía y presentaba José Luis Garci y en la que tras la exhibición de un largometraje cuato o seis tertulianos hablaban de las grandezas de esa misma película.

Entre los habituales, se encontraba Miguel Marías, que era uno de los pocos que hablaba con seriedad de lo grande que a veces es el cine. Más tarde me enteré que eran familia por parte materna de una rama de ilustres e ilustardos cineastas como Jesús Franco, que fue un francotirador y al que tuve el honor de entrevistar sirviéndome de intermediaria quien fue su mujer: Lina Romay y con el que charlé de lo divino y de lo humano de, entre otros temas, sus innumerables pseudónimos, su afición a los desnudos, su capacidad para dirigir películas en tres días y, por último, cómo fue trabajar al lado de un monstruo. Un monstruo llamado Orson Welles. Marías era familia también de otro director de cine fundamental para comprender la historia del cine español como Ricardo Franco.

Pero digamos que mi gran encuentro con alguno de los Marías no fue ni con Javier ni con su hermano Miguel, sino con su padre, don Julián Marías, que escribía por aquel entonces unos interesantes artículos de opiniòn en la revista Blanco y negro que se vendía todos los domingos con el ABC.

Me encontraba por aquel tiempo en Madrid, y vivía por aquel tiempo también en una calle llamada de Isla de Oza, que se encontraba por Puerta de Hierro pero no en la zona noble sino en la pobre. Con todo, vivir tan alejado del centro y en un barrio donde todo el mundo trabajaba mucho para llevar el pan a su casa, hacía muy especial la convivencia porque allí, en aquella calle, nos conocíamos todos. De hecho, casi todos nos enciontrábamos de noche en un bar medio pub llamado El semáforo donde te preparaban, por cierto, unos bocadillos espectadulares de morcilla de Burgos y si no quiedaba de panceta con queso amarillo que devorabas en unos pocos segundos.

La parada de guagua (autobuses) que te llevaba al centro –recuerdo que la parada en el otro extremo de la ciudad era detrás del cine Callao– estaba prácticamente al lado de casa, donde vivía con otros dos compañeros y que siempre llevaba un libo (lo sigo haciendo, es algo que no se me ha ido con la edad) en las manos que por aquellos días se trataba de México insurgente, escrito por el periodista John Reed que ha sido siempre una especie de faro, de guía, y del que leí también su famoso Diez días que conmovieron al mundo y una serie de sobresalientes reportajes en un volumen titulado La guerra en Europa oriental. Esa guerra es la primera y para los que gustan de estos temas como quien les escribe, es un frente no demasiado conocido de un conflicto que al finalizar hizo pensar a muchos que sería la última de las guerras.

El caso es que estaba en la parada, apoyado en un murito que servía de parterre de plantas decorativas esperando pacientemente la guagua cuando un señor mayor me preguntó que qué estaba leyendo. Le mostré la portada y tras consultarla me dio unas palmaditas en los hombros y exclamó que estaba muy bien que un joven leyera (en aquellos tiempos todavía era joven).

Me dijo también pero sin decir su nombre ni el medio en el que colaboraba que el también escribía… Y me recomendó que leyesa el Quijote si no lo había hecho y El buscón de Quevedo cuando llegó la guagia y puso final a aquella extraña conversaciòn. Extraña porque entonces como ahora resulta raro eso de hablar de libros. Y más si se trata con un desconocido.

Solía sentarma al final de la guagua y vi como aquel simpático viejito lo hacía delante mientras le daba vueltas a la cabeza porque, diablos, algo me decía que conocía a aquel caballero.

Lo supe el domingo de esa misma semana o quizá fue el de la siguiente o siguiente que lo mismo da. Estaba leyendo la revista Blanco y negro cuando de pronto vi la fotografía del autor de un artículo de opinión, una sección fija entonces en aquella publicación… y el viejito no era otro que don Julián Marías. Más tarde leería su autobiografía Una vida presente y adquirí en un rastro su voluminosa Historia de la filosofía, dos obras que son como dos islas en una nutrida bibliografía…

Muere Javier Marías, su hijo y el hermano de Miguel y familia de los Franco, no del dictador sino de los que se dedicadon al cine… Y pienso en aquella anécdota con el padre y no con el hijo a quien creo que vi una vez (a Javier me refiero) sentado en una terraza más o menos próxima a la Plaza Mayor de Madrid con otro escritor, Arturo Pérez Reverte. Luego lo demás se difumina, y siento, lo siento de veras, la ausencia de un Marías que a sun manera y aunque sea de forma tan marginal, forma parte de mi vida. Un chispazo, un momento, un eco si así lo quieren… perio un recuerdo, un recuerdo que es siempre algo más que nada más.

Saludos, mañana en la batalla piensa en mi, desde este lado del ordenador

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Viernes, Septiembre 9th, 2022

* Felicitamos a Víctor Conde que obtiene junto a Guillem Sánchez el XVII Premio Minotauro por la novela Horizonte de estrellas. Este premio lo otorga la editorial del Grupo Planeta y está dotado de 6.000 euros para ambos autores. Conde cuenta ya con un Minotauro, el correspondiente al de su VII edición, momento en el que lo recibió por Crónicas del multiverso. Otro canario, Elio Quiroga, también se hizo con este reconocimiento en el 2015 por Los que sueñan.

* Este mismo viernes, 9 de septiembre, se presenta en la ermita Nuestra Señora de la Virgen de Regla Un barrio, tres nombres, que firma el Colectivo21 y que ha sacado adelante la Asociación Salvemos la Historia. El acto comenzará a las 17,30 y se estima que finalice sobre las 19 horas. Está previsto que intervenga la directora general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, María Antonia Perera Betancor y que tenga lugar una mesa coloquio con los vecinos del barrio. El libro recoge la historia, oral también, de El Cabo, Los Llanos y Cuatro Torres (Santa Cruz de Tenerife).

* El que antes se conocía como Festival Isla Calavera, dedicado al cine de terror y fantástico, pasa a denominarse a partir de esta semana Isla Calavera-Festival de Cine Fantástico de Canarias Ciudad de La Laguna.

Saludos, STOP, desde este lado del ordenador