Archive for the ‘Libros’ Category

Margara Russotto: “Nunca me convertí en poeta”

Miércoles, Septiembre 7th, 2022

Margara Russotto (Palerrmo, 1946) habla cuatro idiomas, portugués, inglés, italiano y español, aunque cuando escribe poesía solo utiliza una de estas lenguas: el español. Simultanea su creación con la de profesora de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Massachusetts /Amherst, donde también enseña Escritura Creativa.

En su producción literaria destacan títulos como Sustentación del enigma; Cuatro ensayos sobre Clarice Lispector (Madrid, 2013) y Laboratorio lombrosiano - poemas sobre esculturas de Román Hernández (Firenze, 2012). A raíz de este último título, conoció al escultor tinerfeño Román Hernández, y fue en el Desván Blanco, el espacio cultural que dirige en la capital tinerfeña, donde Margara Russotto presentó algunos de sus libros.

La poeta nació en Italia pero su formación es latinoamericanista (egresada de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y con PhD de la Universidad de São Paulo) y es traductora de poesía y ensayo de autores italianos, venezolanos y brasileños. Su poesía ha sido parcialmente traducida al inglés, italiano, portugués y francés.

- ¿Cuándo siente por primera vez el impulso por escribir poesía?

“Me imagino que desde niña, cuando iba a la escuela. En aquellos primeros años ya escribía poesía y relatos. Textos de composición. Desde el primer momento me interesó la poesía pero en general la literatura. Recuerdo mis primeros años completamente fascinada por la poesía de Leopardi que leíamos en la escuela. Leopardi es el gran clásico de la poesía italiana. La llamada de la poesía me enseñó a verla incluso en manifestaciones ajenas al texto y a apreciar el nivel estético y poético de otras expresiones artísticas”.

- ¿Y cuándo se convierte oficialmente en poeta?

“Creo que uno no se convierte en poeta porque se trata de un aprendizaje continuo cuyo entusiasmo y esfuerzo puede desaparecer en cualquier momento. No, nunca me convertí en poeta. Mi primer libro publicado es un libro nefasto y pésimo que he querido borrar de mi vida. Se tratan de restos de un viaje. La obra se publicó en Venezuela a finales de los años setenta y es un poemario muy circunstancial, vinculado a la insatisfacción de la vida. Es un libro que a mucha gente le gusta pero que yo eliminaría porque son poemas primerizos en todos los sentidos”.

- Y desde aquel libro que prefiere olvidar al último ¿observa una evolución en sus creaciones poéticas?

“No hay nada que garantice que esta respuesta es más lúcida que la que podrían proporcionar otros lectores y ejerciendo ahora como otra lectora diría que hay constantes como la de la emigración, que reflejé en Épica mínima, que obtuvo el Premio Internacional de Poesía José Antonio Ramos Sucre en Venezuela, en 1995 o 1996, ahora no recuerdo con exactitud el año pero fue por esas fechas. La emigración se bifurca luego en otros temas: cómo vive la vida el emigrante porque todos lo somos en cierto modo. Otra constante de mi poesía podría ser la propia escritura y qué es la poesía. Y la condición de la mujer, mi propia condición. Hay más, pero son como diálogos de las artes a través de la poesía”.

- Y escribe Laboratorio lombrosiano - poemas sobre esculturas de Román Hernández

“Fue un proceso muy lindo, casi un cuento. En ese entonces no conocía a Román Hernández pero sí la existencia de sus cabezas que descubrí en un catálogo y que me impresionaron. Esto fue en Florencia. Aquellas cabezas me sacudían, presionaban y me irritaban. Sentí que las piezas querían decir cosas y a partir de ahí escribí varios poemas como si las cabezas hablaran, me hablaran como si formaran parte de mi. Una amiga común me puso en contacto con Román y cuando nos conocimos nació la idea en común de hacer algo juntos. La idea es que sin cabeza no hay poesía y sin poesía las cabezas flotan. Se trata de poesía ecfrástica, observar el arte en el sentido de ir a un museo y ver cosas que impresionan y a partir de ahí dejar que surja el discurso poético. El mismo título del libro lo dice: Laboratorio lombrosiano - poemas sobre esculturas de Román Hernández. Se trata de una reflexión sobre los límites de la inteligencia. Creo que se trata de un trabajo muy valioso ya que es una especie de comunión entre dos personas que producen una cosa nueva”.

- Escribe poesía, ensayo. Hace traducciones pero, sin embargo, no toca la novela, los cuentos… ¿Por qué?

“Me atrae mucho la novela y los cuentos pero si no los cultivo es porque me falta tiempo y, a veces, porque tengo en mente trabajar otras cosas, como un híbrido entre la poesía y el ensayo y que en mi caso va paralelo por cuestiones profesionales ya que mi trabajo en la universidad a veces se necesita escribir un comentario, un texto crítico. Esta actividad forma parte de la profesión académica. El crítico uruguayo Ángel Rama decía que no sabía porque amando tanto la poesía la vida lo había llevado a escribir sobre la novela… En mi caso, amo todos los géneros pero me he dedicado más a la poesía y no sé por qué”.

- Habla italiano, español, inglés y portugués. ¿En qué idioma escribe poesía?

“En español. Elegí conscientemente el español. Y sí, puedo traducirme a mí misma al italiano pero prefiero no hacerlo aunque, obviamente, reviso esas traducciones. Elegí escribir poesía en español porque amo esta lengua y es la lengua de mis padres”.

– ¿Y qué siente cuando lee uno de sus libros traducido por otro?

“No me traduzco a mi mismo pero procuro controlar las traducciones siempre y cuando se traten de lenguas que conozco o que conozco más o menos. Esto significa que respeto lo que hace el otro, el traductor, porque es resultado de un trabajo conjunto. Lo hice recientemente con mi último libro, en el que trabajé con la traductora su versión al portugués y prácticamente hemos construido juntas el libro. En las traducciones no obstante el centro es otro, el traductor, y la otra lengua un estímulo al que inspira un texto original firmado por mi. La traducción es un proceso muy complejo que lo determina el hecho de cómo te manejes en esa lengua y la relación que mantienes con quien te traduce”.

- En su caso, usted traduce poesía, narrativa…

“Todos los géneros. He traducido a los italianos Giuseppe Ungaretti y Claudio Magris y del portugués al escritor brasieño Oswald de Andrade, un vanguardista y del español al italiano a la poeta venezolana Antonia Palacios y Enrique Bernardo Núñez. El proceso a la inversa. En fin, que es una agonía traducir”.

- Imparte clases como profesora titular de Literatura y Cultura Latinoamericana en la Universidad de Massachusetts/Amherst. ¿Cómo reciben los alumnos las literaturas del sur?

“Mi alumnos vienen de todas partes del mundo y muestran un interés muy grande por América latina porque ahora se tiene más conciencia y se implican mucho en los social. Es un colectivo además que se encuentra entre dos culturas, la latina y la norteamericana que a veces logra fundirse pese a que sean dos realidades distintas que, eso sí, están entrelazadas. La literatura de los latinos en inglés es muy distinta a pesar de que exista ese puente que relaciona pasado y presente porque Estados Unidos es un país bilingüe, ya casi lo es, y diverso donde lo latino está completamente integrado”.

- Pero parece que la anterior administración intentó reducir el impacto del español en los Estados Unidos.

“Es una realidad que no pudo contrarrestar ni se podrá contrarrestar en el futuro porque está ahí, profundamente imbricada en ambas culturas. Esa es la gran fuerza los Estados Unidos”.

-¿Qué escritores latinos que escriben en inglés destacaría?

”Junot Díaz aunque las mujeres son muy importantes en esta literatura. Cuando empiezas a estudiar a este grupo, grupo por llamarlo de alguna manera, te das cuenta de cuán antigua es la conexión latina con la estadounidense”.

- Parece cosa del sueño americano.

- El sueño pero también la pesadilla”.

- Comenta que en esta literatura destacan las escritoras latinas.

“Se percibe el cambio, la mujer está en todo. Hay obras escritas por ellas que hablan de una realidad que hay que cambiar”.

- ¿Qué primeras lecturas la animaron a escribir?

“Hay varios primeros libros, son etapas de la vida. Uno es Gran Sertón Veredas del escritor brasileño João Guimarães Rosa Es su gran novela un libro intraducible aunque esté traducido a muchas lenguas. Gran Sertón Veredas es como el Ulises de la cultura del Brasil y leerlo es entender las raíces de ese país. En poesía Emily Dickinson fue una revelación. Es una poesía deshilachada por intervenciones en la realidad. Una poesía única. En mis primeras lectura aparece también Hölderlin y Leopardi. Los libros, de todas formas, te marcan de manera distinta, Cubagua, de Enrique Bernardo Núñez, es una novela lírica que a mi me acompaña siempre y que cuenta la historia de la destrucción de una pequeña isla que fue saqueada por sus perlas. Está escrita por un historiador al que los intelectuales criticaron mucho pero es un libro que a mi me marcó”.

- ¿Y ahora?

“Ahora estoy trabajando en cosas nuevas, en muchos proyectos. Me gustaría, más adelante, dedicarme a otros géneros. Tengo en prensa una selección de poemas en edición bilingüe, español e inglés y por mi trabajo como profesora escribo bastantes ensayos y artículos. Entre otros proyectos tengo el objetivo de traducir la poesía de Ana Marques Gastão, una escritora y poeta portuguesa” .

LIBROS

Margara Russotto presentó en el Desván blanco, en la capital tinerfeña, algunos de sus libros además de ofrecer una lectura poética. Una de estas obras fue Las cuatro estaciones de la poesía, que data de 2019 y que se trata de una antología que su autora estructura en cuatro partes que en el libro alegoriza con las cuatro estaciones. Es una edición bilingüe, español/portugués. Ahora trabaja en una obra en la que vuelve a proponer un diálogo con el arte, “una experiencia muy satisfactoria”, concluye, sobre todo porque desde el principio trabajó codo con codo con la traductora y sintió por parte de la editorial “un deseo firme de sacar el libro adelante”.

Saludos, miro al horizonte y…, desde este lado del ordenador

Ay, Santa Cruz de Tenerife, ay

Martes, Septiembre 6th, 2022

“En aquellos años cincuenta, la sociedad canaria era muy clasista en sus dos capitales, pero así como en Santa Cruz de Tenerife los más acomodados contaban con el Club Náutico para el baño, y no se encontraban con los pobres, que tenían que bañarse en las incómodas playas de piedra de Valleseco o María Jiménez, sorteando la grasa de los buques del Muelle, o en el Balneario de Educación y Descanso al que iban las clases populares, en Las Palmas, todos, pobres y ricos, se encontraban en Las Canteras, un espacio democrático en el que la gente hacía amigos”.

De la radio a las letras (Memorias de infancia y juventud)
, Fernando Delgado, Nectarina Editorial, 2022.

La publicación de De la radio a las letras (Memorias de infancia y juventud), escrito por Fernando Delgado y editado por Nectarina este mismo año es uno de esos felices descubrimientos que de tanto en tanto, más de tarde en tarde de lo que uno quisiera, se producen en el universo editorial de las islas por varias razones.

La primera y es la que más me ha llamado la atención, descubrir mi ciudad, Santa Cruz de Tenerife, en un tiempo en el que si no estaba, sí que era pequeño para guardar cualquier tipo de evocación del lugar en el que nací y resido. Y todo pese a que Fernando Delgado revele “Me da cierto pudor hablar de mi al hablar de Santa Cruz de Tenerife, pero lo hago con la convicción de que al hacerlo así hablo de todos aquellos”.

La segunda, tener la oportunidad de leer las impresiones de un escritor y periodista nacido en la isla, las islas, aunque desarrollara gran parte su labor profesional fuera de Canarias, sobre algunas de las razones que motivaron la escritura de muchas de las novelas que forman parte de su ya más que generosa bibliografía como escritor.

Estos hechos, unidos a otros muchos, refuerzan el atractivo que, a mi juicio, reúne un libro que añade como complemento una serie de retratos de amigos muy cercanos (Martín Chirino, Millares y Elvireta, Luis García Berlanga y Fernando Fernán Gómez, entre otros) así como anima a una reflexión con perspectiva de la capital tinerfeña que conoció.

Pero su principal atractivo, al menos para un lector como quien ahora les escribe, es conocer cómo se entiende la ciudad en la que nació y vivió algunos años el escritor, un Santa Cruz de Tenerife marcado férreamente por una diferencia de clase que divide a la sociedad que habita la capital en dos zonas que no es que sean irreconciliables, sino que viven por separado, como si no existiera la una para la otra.

A lo largo del libro, Fernando Delgado insiste en esta diferencia, acentuada según dice, en una ciudad que gusta de mantener esta distorsión que alcanza al mapa de una urbe con playas para pobres y piscinas para los que viven con holgura. También colegios donde los humildes tienen que entrar por la puerta de atrás. En este aspecto, reconoce que las primeras lecturas y las películas que vio en los por aquel entonces numerosos cines de la ciudad le sirvieron de válvula de escape y que fue material, sustancia, que lo forjó como persona.

En el libro repasa también, aunque mucho menos, sus primeros pasos en el mundo radiofónico y también audiovisual español ya que se trata de una obra, fundamentalmente, que recoge sus recuerdos de niñez y adolescencia.

También el de una juventud en la que jóvenes como él contaron con el magisterio de un intelectual que nunca adoptó esa pose. La de un sabio que los orientó en el sendero de la literatura: Domingo Pérez Minik, a quien por cierto, Fernando Delgado dedica este libro como “padre y maestro” así como a su “todo un hermano” Jerónimo Saavedra y a José Luis Yoribio, Juan Cruz, Alberto Omar y Julio Pérez “desde mi juventud”.

Estas memorias están escritas con entusiasmo meridiano, no hay en ellas estridencias. Así, la visión que absorbo sobre lo que retrata bajo el prisma de su niñez adquiere otra dimensión y me hace pensar que no han cambiado tanto las cosas desde entonces. Que Santa Cruz de Tenerife a veces es más una santa cruz cuando empuja a sus habitantes a superar tantos límites, fronteras, algunas de ellas parecen que infranqueables entonces y ahora.

En cuanto a memoria, y como toda memoria que se precie, se le puede criticar al libro que resulte algo reiterativo y disperso pero no es una razón suficiente que le reste interés a lo que cuenta.

Es verdad que capítulo va y capítulo viene el escritor y periodista insiste en ocasiones en la mismas historias, lo que casi parece que más que un libro de memorias con sentido cronológico se trate de una recopilación de momentos en los que el autor quiso recuperar capítulos de su infancia y de su juventud chicharrera que, a mi juicio, son menores en un libro que si destaca por algo es por su aplastante sencillez y el esfuerzo por evocar un pasado que pudo ser distinto.

El libro cuenta además con otro valor añadido y que interesará a los aficionados a esas obras en los que un escritor que publica y es reconocido por lo que publica escribe sobre su vida y también sobre su literatura, y pienso en dos obras fundamentales para aprendices a escritores como los que no lo son: Mientras escribo y Suspense, de Stephen King y Patricia Highsmith, respectivamente. Sumaría ahora a este dueto De la radio a las letras.

Estas memorias que no pretenden ser una autobiografía sino solo memorias dibuja un retrato muy personal de una ciudad, de una capital de provincias que aisló a una calle, la de Miraflores, vecina a la que nació el escritor, porque aquello era otro mundo. En conjunto son recuerdos que me han atrapado como vecino de esta ciudad, también el hecho de reconocer muchos de los escenarios que retrata aunque la mayoría no existan o han sido transformado en la actualidad.

“Era mi calle una calle céntrica y principal de la ciudad, pero muy vecina a un barrio de mujeres de la vida, –jamás nos dejaban decir putas, naturalmente– y los niños de la zona éramos advertidos de continuo sobre la prohibición de cruzar la frontera apenas perceptible entre nuestras supuestas calles decentes y aquellas otras tan supuestamente peligrosas”.
Y en cuanto a su trabajo como escritor:

“Y si me preguntan, como me han preguntado, con que disposición abordo una nueva novela cuento que cuando eso pasa uno trata de estar dotado de la capacidad de aventura y de riesgo que posee un niño para dar un salto hacia lo desconocido y llegar a un lugar insospechado por el autor en el momento de ponerse a escribirla”.

Estos recuerdo abarcan historias sobre dos mundos, la literatura y el periodismo que se diferencian, escribe Fernando Delgado, porque “el periodista ha de contar y certificar que es verdadero cuanto cuenta y el novelista es mejor que dude de si realmente ha visto lo que cuenta”.

Como escenario el paisaje de una ciudad tan cambiante y sufrida como es la capital tinerfeña, aunque esta metamorfosis haya sido en mucho de los casos para mejor. No es un escritor Fernando Delgado que se incline hacia la nostalgia sino a sentir lo que recuerda. Y es ese sentimiento el que prevalece a lo largo de toda la obra.

“La ciudad, por entonces, una ciudad sin coches, permitía que los niños hiciéramos de la calle un parque de juego. Y era habitual que nuestro juego fuera interrumpido para que pasara entre nosotros el cortejo fúnebre con un niño muerto, blanco el pequeño ataúd, blanco el coche fúnebre con sus plumachos blancos. A aquellas procesiones mortuorias se les llamaba en Canarias por lo general entierro y, a la de los niños, entierrito”.

Se trata, en conclusión, de un libro notable, muy atractivo no solo para los que conocen la obra literaria del escritor y periodista tinerfeño –entre otros libros destacaría su demoledora novela chicharrera Ciertas personas, su tercer libro publicado y uno de los que más menciona en estas memorias con importancia– sino también para aquellos lectores (y ese es nuestro caso) que desde hace años buscan la reconciliación con la geografía física y sentimental de una ciudad muy anclada a un pasado turbio que la envenena. Una capital de provincias que uno nunca terminó ni termina de considerar como suya.

Saludos, gracias, señor Delgado, desde este lado del ordenador

C.S. Forester, un inmortal

Viernes, Septiembre 2nd, 2022

Hace apenas unos días, en concreto el sábado pasado, 27 de agosto, hubiera cumplido años C.S. Forester, un escritor que probablemente no conozca demasiada gente aunque si les digo que gracias a él el cine pudo unir a dos actores tan radicalmente distintos como Humphrey Bogart y Katharine Hepburn en La reina de África quizá despierte el interés entre los que lo ignoraban hasta hoy.

E ignorar a C.S. Forester es una gigantesca canallada. Un ejercicio de ignorancia al que se debe poner remedio porque el escritor fue modélico en cuanto a la recuperación de la literatura de aventuras cuando el género no estaba viviendo sus mejores momentos. Y se escribe bien, literatura, porque todo en la obra de este escritor es literatura a secas aunque toque y en ocasiones profundice en géneros tan populares como el de… la aventura, que ya se dijo.

C.S. Forester fue autor además de una extraordinaria saga de novelas marineras, la serie Hornblower, Honorato Hornblower, protagonista de once libros y algunos relatos que se desarrollan en el mar fundamentalmente durante las guerras napoleónicas, y libros que para los que somos confesos marinos de agua dulce pero que sin embargo nos encantan las aventuras en la mar océana, le proporcionó gratos momentos de lectura. De hecho, y si me preguntaran, soy más de las novelas con Hornblower como protagonista que de la saga creada por Patrick O’Brian con el capitán de la Armada británica Jack Aubrey y Stephen Maturin y cuyas aventuras se desarrollan también en el mar durante las guerras napoleónicas.

Pero además de Hornblower, C.S. Lewis escribió otras novelas y en alguna de ellas se permitió incluso tantear otros géneros como el de suspense o la novela psicológica (Los perseguidos) para componer extraordinadios retratos de carácter. Uno de ellos, es el personaje que describe en The General, que se tradujo al español en los años 50 con el título de Un militar del 14. Se trata de un libro desmitificador sobre la vida militar, y de cómo hacer carrera cuando estalla un conflicto de la escala de la Gran Guerra. Paralelamente, el escritor nos muestra la grisácea vida privada del protagonista. pero que, a la larga, resulta mucho más interesante que observar a su personaje en los frentes donde el destino de la Gran Bretaña lo conduce.

La novela más conocida de Forester seguirá siendo sin embargo La reina de África. Su adaptación al cine hizo que su autor disfrutara durante algún tiempo de fama y una seguridad económica que marcó el posterior devenir de su carrera como escritor. Alguiien, se aprecia a partir de ese momento, más sosegado en sus trabajos literarios, un hombre que ya nio está apremiado por el tiempo de entrega y que puede, incluso, recomendar al sello editorial con el que publicaba, que dieran una oportunidad a un joven escritor llamado Roald Dhal, sí el maestro de la literatura infantil y juvenil y también de la literatura para adultos con sus cuentos, casi todos ellos caracterizados por contar con un finall sorpresa.

Sí que se le puede criticar a Forester algo en lo que cae la mayoría de los escritores británicos de su tiempo e incluiso en tiempos actuales como son los nuestros, y es su exaltación de los valores del imperio británico que leído desde la distancia resultan algo cómicos pero decisivos como columna vertebral de las novelas militares (por decirlo de alguna forma) que dejó escritas. A mi, particularmente, no es algo que me irrite ni enoje, solo me hace sentir envidia de que esa literatura cuente con voceros del nivel de Forester, lo que se dice un patriota que no dudó en poner su talento al servicio de su país cuando éste entró en guerra.

Es una pena que haya sido poco y mal traducido en España. Salvo la serie Hornblower, que sí que cuenta con una edición en español cuidada, otras de sus novelas se puiblicaron en el otoño de los tiempos y no han sido vueltas a reeditar. Suele aparecer en el mercado, que sepamos y muy de tanto en tanto, nuevas ediciones de La reina de África pero no tantas como uno quisiera.

Saludos, nubes, muchas nubes en el cielo y calor,mucho calor, desde este lado del ordenador

Un agente secreto al servicio de Stalin

Martes, Agosto 30th, 2022

“A nada debemos temer en la vida. A nada, salvo al fascismo. Los hombres deben liquidar sus gérmenes dondequiera que aparezcan”.

(El mayor Vijr, Yulián Semiónov. Traducción: Luis Cerecedo, Plaza y Janés, 1979)

José Stalin tuvo a sus órdenes un súper agente secreto que, al contrario que James Bond, fue leal al ideal comunista y a su jefe, Koba el Terrible. Este espía de corazón y sangre roja tuvo nombre y apellido: Maxim Isáyev aunque trabajó bajo el nombre de Max Otto von Stirlitz en la cúpula nazi, donde consiguió infiltrarse y convertirse en hombre de confianza de los jerarcas del siniestro sistema de la cruz gamada.

El caso es que el agente Stirlitz no existió en el mundo real pero sí en la imaginación del escritor soviético Yulián Semiónov, un tipo con una vida igual o más apasionante que la de su creación literaria, y un renovador de las letras rusas no solo por apostar por la novela de espías, aunque para él se trataran de novelas políticas, sino por diseñar un personaje que puede mirar de frente y sin complejos a su alternativa británica: James Bond. Eso sí, los dos trabajan en periodos históricos diferentes. La cronología de Stirlitz abarca la revolución soviética, la guerra de España y la II Guerra Mundial mientras que el teatro de operaciones de 007 es la Guerra Fría y el enemigo los comunistas y más tarde la organización Espectra.

Se han traducido en España algunas de las novelas que Semiónov dedicó a Stirlitz. Entre ellas Diecisiete instantes de una primavera (Plaza y Janés, 1977), que dio origen a una serie de televisión que levantó pasiones en los países que se encontraban tras el Telón de Acero.

En Diecisiete instantes de una primavera el agente secreto a las órdenes del camarada Stalin trabaja desde Berlín para impedir que lleguen a buen puerto los contactos que norteamericanos y nazis han establecido en Suiza para sellar una paz entre el Reich y Occidente con el fin de impedir el avance del ejército rojo sobre la capital de Alemania y Variante española que es una interesante incursión de Stirlitz en nuestra Guerra Civil.

A propósito de este título, escribe Paco Ignacio Taibo II en el prólogo de la edición española (Júcar, 1976):

“De Variante española y su autor, Yulián Semiónov, se han dicho muchas cosas… Todas ellas se mueven en el terreno nebuloso del espionaje. Se dice que el personaje secundario clave de la historia es el súper tipo Kim Philby y que Semiónov obtuvo la información directamente de él en conversaciones privadas en Moscú, pero que se le prohibió utilizar el nombre real: se dice también que Semiónov pudo tener estas conversaciones con Philby porque a pesar de no ser miembro del PCUS es coronel honorario de la KGB”.

Yulián Semiónov regresaría a España en Ancha es la puerta (Txalaparta, 2018) pero sin Stirlitz como protagonista. La acción eso sí se desarrolla durante la Guerra Civil española un escenario que como se observa interesó bastante al escritor ruso cuyos libros se convertían en éxitos de venta en los países del Pacto de Varsovia pero también en los del otro lado.

Otros títulos que se pueden encontrar del personaje en español son El mayor Vijr (Plaza y Janés, 1979), en la que narra el proyecto que estudió las SS para destruir por completo la ciudad de Cracovia. Proyecto que frustra, claro está, el agente Stirlitz.

La sospecha a ser descubierto, la red de agentes que va tejiendo como si de una orquesta roja se tratara; sus relaciones con los jerarcas del partido nazi son algunos de los ingredientes que maneja Semiónov en sus novelas. Historias plagadas de información sobre aquellos años (en Diecisiete instantes de una primavera sobre la última semana de existencia del régimen nazi) que no están exentas de refinada crueldad cuando así lo exige la supervivencia del personaje. Un héroe triste y distante, muy poco parecido a Bond y al que si las cosas le salen bien es gracias no al valor de un solo hombre sino de muchas personas que combaten con valor contra la hidra fascista.

Las novelas de Stirlitz se publicaron a finales de los años 70 en España a través de la editorial Plaza y Janés. El personaje volvería a ser reeditado muchos años después por Txalaparta. En concreto dos, la ya mencionada Diecisiete instantes de una primavera y Diamantes para la dictadura del proletariado, en la que se nos presenta al joven agente Maxim Isáyev infiltrado entre los contrarrevolucionarios del exilio “para suturar esa fuga de riquezas, imprescindibles para llevar adelante la revolución comunista”.

Yulián Semiónov escribió un total de doce novelas dedicadas al Stirlitz y muchas, antes de llegar a España, se publicaron en Cuba, donde sirvió para estimular la imaginación del escritor uruguayo nacionalizado cubano Daniel Chavarría quien crearía al mayor Alba, quien trabaja al servicio de Fidel Castro:

“Se trataba de una especie de James Bond cubano, que conocía las más modernas técnicas del espionaje (aprendidas en escuelas especializadas del KGB). Era además biólogo y un karateca segundo dan (como tantos entre la oficialidad de inteligencia y contrainteligencia cubanas), que lo mismo está diseñando la instalación de micrófonos en una oficina de Miami, que fajado a muerte en un callejón de Luanda, el Yemen o Tailandia, contra agentes de la CIA que pretenden eliminarlo. Y este es un personaje real, perfectamente histórico, porque Cuba durante 43 años ha actuado intensamente en la arena internacional. Como comprenderá, ese enfrentamiento total, vertical, de patria o muerte contra los EE.UU., no lo tiene ningún otro país de Occidente”, indicó el escritor uruguayo/cubano al autor de este artículo en una entrevista que fue publicada hace ya unos años en un periódico tinerfeño.

Saludos, kiss, kiss, bang, bang, desde este lado del ordenador

Blackout, una novela de Simon Scarrow

Lunes, Agosto 29th, 2022

Simon Scarrow es conocido en España por las serie de novelas que ha dedicado a los legionarios romanos Macro y Cato. Diecinueve libros, y los que vendrán, forman de momento un ciclo literario que si por algo se caracteriza es por la descripción de ambientes y su rigurosa documentación de época aunque las historias resulten repetitivas en algunas ocasiones. La mayor preocupación de Scarrow como la de otros muchos escritores de novela histórica anglosajones, que han sido los grandes impulsores del género, es la de reconstruir un escenario lo suficientemente creíble que resulta sobre todo muy realista en las vertiginosas escenas (y hay muchas, créanme) de batallas.

Simon Scarrow que antes de ser escritor fue historiador, cuenta también con una interesante tetralogía dedicada a Napoleón Bonaparte y Arthur Wellesley, más conocido a partir de 1814 como el duque de Wellington. Estas novelas, a imitación de las Vidas paralelas de Plutarco, siguen la vida de estos dos grandes militares de la primera mitad del XIX. Hombres que se midieron las caras finalmente en la famosa y sangrienta batalla de Waterloo.

Personalmente, me parecen más atractivas estas cuatro novelas que las que lleva dedicada hasta la fecha a Macro y Cato, aunque gracias a estos dos personajes el escritor goza de fama y popularidad entre los aficionados a la novela histórica en España.

Simon Scarrow cuenta con otros libros, alguno de ellos escritos en colaboración, también con varias novelas “de romanos”, gladiadores en este caso, dedicadas al público joven y ahora con Blackout (Edhasa, 2022), que desarrolla en la ciudad de Berlín en septiembre de 1939, con un personaje que, sospecho, dará origen a una nueva saga: la del inspector Horst Schenke.

Resulta llamativo cómo esa época, los años 30 y 40, y un país, la Alemania nazi, sigue siendo una fuente inagotable de novelas. El tristemente desaparecido Philip Kerr, a través de su primero inspector de la policía y más tarde detective privado, Bernie Gunther, explotó ese mismo escenario en una serie de historias que sus aficionados, que somos legión desde entonces,echaremos de menos tras la repentina muerte del escritor. Hay otros narradores,
curiosamente la mayoría de ellos anglosajones, que desarrollan sus argumentos en Alemania durante la guerra o los años previos y en algunos casos posteriores a ella. La lista es muy extensa y entre tanta producción emerge ahora Schenke, un personaje que parece que vino para quedarse aunque no se sepa cuánto tiempo.

En Blackout se mezclan personajes reales con ficticios. Son reconocibles como reales el almirante Canaris, jefe de los servicios secretos alemanes; Gestapo Müller y Heydrich, segundo al mando de la tenebrosa SS. Entre los ficticios, Schenke y un amplio círculo de secundarios como la novia del inspector, sobrina de Canaris y el equipo de agentes que forma su unidad de investigación, entre los que se encuentra un eficaz miembro de la Gestapo enviado para “controlar” la investigación que Schenke y su equipo desarrolla para atrapar a un asesino en serie que se mueve por las estaciones de trenes de una ciudad sumida en la oscuridad, el apagón del título, porque Francia y Gran Bretaña han declarado la guerra a Alemania tras ocupar Polonia.

Como en las novelas de romanos o napoleónicas anteriores del mismo autor, Blackout está escrita con un estilo ágil, que no se rompe la cabeza. La fórmula del sujeto verbo y predicado es la norma en este tipo de literatura cuya única obsesión es la de contar historias. No ofrece así su lectura quebraderos de cabezas sino más bien al contrario. Se trata además de un libro, como pasa con los otros del mismo autor, que está notablemente documentado por lo que todo lo que se desarrolla en sus páginas, más de cuatrocientas, si por algo se caracteriza es porque mantiene el tono ascendente, y no solo por la investigación que se lleva en curso sino también por la descripción de una ciudad sumida no solo en las tinieblas de la noche sino por un régimen que, entre otras cosas, fomenta la delación.

En este panorama se mueve un policía que no tiene ideología sino una vocación de trabajo muy germana. Como él, la mayoría de una población –explica Scarrow– que admitió el nazismo como hubiera admitido el comunismo si estos hubieran ganado la batalla de las ideas.

Lo interesante del caso que se investiga es que sucede en un país que ha entrado en guerra y que quién puede ser el asesino es un hombre del partido y alto cargo de las SS.

La novela está narrada en tercera persona y es muy seria. No tiene, en este aspecto, nada que ver con las protagonizadas por Bernie Gunther, que si por algo se caracterizaban eran además de por su implacable recreación histórica, por su notable y en ocasiones negrísimo sentido del humor.

En Blackout no hay espacio para la risa sino una profunda reflexión sobre un sistema que otorgó cargos y responsabilidades a los villanos. Blackout, como las anteriores novelas del escritor, no decepcionará en este sentido. Sí que se hace un poco larga, pero es una regla que persigue a este tipo de género: libros siempre generosos en páginas.

A modo de conclusión, se puede decir que Simon Scarrow se mueve muy bien en el año que ambienta su nueva novela y que se agradece topar con un narrador que lo mismo visita y se codea con los legionarios que hicieron posible el imperio romano; que estudia a dos de los más grandes generales del XIX como ahora retrata con una atractiva mirada de época una ciudad, Berlín a finales de los años 30, que se prepara para una guerra que no va a resultar un paseo militar como la invasión de Polonia.

A la espera de nuevas entregas Schenke, merece la pena acercarse de momento a Blackout, una novela tan impecable como implacable. ¡¡¡Viva el entretenimiento!!!

Saludos, se acaba agosto, desde este lado del ordenador

Literaturas

Miércoles, Agosto 24th, 2022

* Durante el IV Festival Hispanoamericano de Escritores de 2022, que tendrá lugar en Los Llanos de Aridane entre el 26 de septiembre y el 1 de octubre, además de hablarse, y mucho, sobre literatura mexicana, siendo México el país invitado, habrá tiempo también para otras literaturas. David Toscana, autor de novelas como Olegaroy, La ciudad que el diablo se llevó o Evangelia, entre otras, se encargará de ofrecer unas pinceladas sobre la literatura rusa, en este tiempo en el que nuestras vidas se han visto mediatizadas por la invasión por parte de Rusia a su país vecino, Ucrania. Por otro lado, la artista y mexicanista polaca Sarah Kuźmicz nos acercará a la literatura de Polonia, con sus principales hitos.

* La XXV Cita de la Poesía, iniciada y organizada por el poeta peruano-alemán, José Pablo Quevedo, con motivo del XXV Aniversario de la misma, realizará en varios escenarios alemanes, como son las ciudades de Berlín, Eberswalde y Bernau desde el 7 de septiembre hasta el día 23 del mismo mes. En ella van a participar poetas españoles, de las Islas Canarias como Antonio Arroyo Silva, Lucía Rosa González, Luis Ángel Marín e Isa Guerra junto a poetas alemanes y latinoamericanos con sus nuevas creaciones y que ya han sido traducidas al alemán y publicados en una antología bilingüe, la cual será presentada el mismo día de inauguración de esta fiesta de la letras.

Saludos, eso es todo por hoy, desde este lado del ordenador