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Luisa Elena Delgado: “No hay cultura sin ideología”

Martes, Agosto 23rd, 2022

Nacida en Caracas, criada en Madrid y residente en la actualidad en los Estados Unidos, la primera entrevista que Luisa Elena Delgado concedió en su ya larga vida profesional fue a Diario de Avisos con motivo de un escritor por el que siente “vocación”: Benito Pérez Galdós. Pero éste no es el único vínculo que mantiene con Canarias, el otro y más importante es su padre. Nos pide por ello y antes de que comencemos a charlar que apuntemos que se siente muy “orgullosa de ser hija de canario”. Un canario, su padre, que mientras preparaba la intervención que la trajo a Tenerife dentro del ciclo No-Todo: crítica y negatividad, enfermó y falleció.

Catedrática de estudios hispánicos, teoría crítica y estudios de género de la Universidad de Illinois (Urbana-Champaign) aunque en la actualidad se ocupe de labores administrativas en este mismo centro universitario, ha publicado libros y por uno de ellos, La nación singular: fantasía de la normalidad democrática española (1999-2011) fue finalista al Premio Nacional de Ensayo en 2015.

Sus investigaciones estudian las emociones pero no como “estados psicológicos privados” sino como prácticas sociales y culturales, dando énfasis a aquellas que implican un posicionamiento personal con respecto al mundo, una forma de aprehenderlo.

Otros de sus libros son Lágrimas públicas y razones del corazón: emociones políticas en un estado de crisis (2018) y Contabilizando la democracia: sujetos excesivos en un Estado de consenso (2021). El título de la conferencia que impartió en Tenerife fue El árbol de la ira y la construcción política de la negatividad.

- ¿El árbol de la ira. La construcción crítica de la negatividad?

“El árbol de la ira está tomado de una cita de la escritora feminista Audre Lorde que dice que el árbol de la ira tiene tantos frutos que sus ramas parecen caerse. Lorde se refiere al concepto de la ira y la indignación como activista que fue de los Derechos Civiles en los Estados Unidos y se trata de una reivindicación de las emociones en la política. En concreto de la ira y la indignación como impulsos para actuar políticamente con el fin de cambiar una serie de circunstancias que por desgracia aún permanecen”.

- Pero la ira suele asociarse a los impulsos negativos, que provoca la sinrazón.

“En los últimos años he estado estudiando las emociones públicas y en particular las supuestamente negativas como la ira, la indignación, el resentimiento que están relacionadas. Todas estas emociones, que a menudo se asocian con negatividad, creo que se pueden estudiar de otra manera. El árbol de la ira estudia tres casos: el nacionalismo, el feminismo y el populismo que son conceptos que habitan un mismo continuum político. A los tres se les asocia una valencia negativa y se les presenta como un exceso que debe ser controlado por el bien de la democracia”.

- Manifestar que se está en contra de algo
.
“Estar en contra de algo no significa que nos quedemos atascados en ese objeto: nos puede también llevar a imaginar un mundo diferente a aquel en contra del cual se levantó nuestra ira. Por ejemplo, la injusticia social y el hecho de movilizarnos políticamente. La ira nos mueve hacia lo exterior, así que escuchar la ira de los otros puede ser el primer paso de un acto de empatía y de solidaridad con los demás cuya indignación y sufrimiento podemos no compartir pero que sí tenemos la obligación de intentar entender, aunque resulte incómodo”.

- ¿Podría poner algún ejemplo?

“En la democracia española, que está tan apegada al concepto de consenso, todo lo que supuestamente pone en peligro ese equilibrio se asume que hay que cortarlo por el bien de la democracia y mi premisa es que no, que la democracia lo que requiere es un debate continuo sobre lo que no es legítimo y cuáles son los límites de la ira y de la indignación”.

- Entiendo entonces que la ira, las iras, no son necesariamente iguales.

“Todas las iras no son iguales pero hay que pensar en qué la genera y en contra de lo que va porque no es lo mismo la ira que generó Donald Trump como presidente de los Estados Unidos que la indignación de las mareas de personas que salieron a la calle en España en 2012”.

- ¿Cree, en este sentido, que se puede repetir aquel espíritu de 2012?

“Soy un tanto pesimista. Tengo una visión pesimista sobre España y los Estados Unidos donde la Corte Suprema ha dado un varapalo a los sindicatos tremendo, las sentencias sobre el medio ambiente… Es una situación terrible que, por eso mismo, hace que reivindique la ira y a pensar en ¡cómo no vamos a estar indignados! Otra cosa es que se repitan aquellas movilizaciones porque cada vez estamos más aborregados y la gente está cansada. Es muy dura la lucha del día a día”.

– ¿Por qué ese interés en producir ciudadanos pasivos?

“El neoliberalismo no es solo un sistema económico sino una forma de vida que espera sujetos, precisamente, pasivos. Y fomenta ese espíritu, la pasividad, a través de los medios y así hemos llegado a una situación en la que existe un déficit de pensar en lo colectivo y un súperavit de pensar en lo individual”.

- ¿Cómo?

“Las noticias ponen énfasis en informar de crímenes individuales y lo mismo pasa con las películas aunque de vez en cuando traten de crímenes colectivos pero mucho menos. El tipo de pensamiento colectivo existe pero resulta minoritario en la actualidad. Eso explica que haya tanta carga de crítica y hostilidad hacia los movimientos que quieren e intentan un cambio como son, por ejemplo, los ecologistas a quienes sin embargo se les acusa de exagerados y de no tener equilibrio”.

- Usted fue finalista del Premio Nacional de Ensayo en 2015 por La nación singular. Fantasías de la normalidad democrática española (1999-2011) (Siglo XXI Editores). Ocho años después ¿ha cambiado mucho su percepción de esa nación singular?

“Debería escribir un epílogo de ese libro y así se lo propuse al editor pero me dijo que no. Terminé de escribirlo en 2013 y se publicó al año siguiente, cuando todavía había esperanza, esperanza en la movilización popular y no en un partido específico. Pasó el 15 M, las concentraciones en la Puerta del Sol de Madrid. Hubo otros movimientos populares en el resto del país y Ada Colau obtuvo la alcaldía en Barcelona, que fue un cambio tremendo. Entonces existía una energía popular canalizada que a mi me parecía esperanzadora pero creo que de eso queda ahora muy poco. Si hubiera escrito el libro en la actualidad su tono sería mucho más pesimista”.

- Mientras tanto, unos y otros insisten en ganar la batalla cultural.

“La cuestión es que la derecha piensa que en algún momento la perdió. La cultura ha sido siempre un campo de batalla porque no hay cultura sin ideología. No obstante, si la carga ideológica es constante, machacona, la obra se resiente. Es lo que los ilustrados intentaron hacer en el XVIII con el teatro hasta que llegó El sí de las niñas y el público se divirtió. El goce que da la cultura es muy importante políticamente por lo que la derecha tiene razones de preocuparse por la carga ideológica de la cultura pero a su vez ellos mismo atizan para convertirlo en una batalla, incluso cuando no lo es. Lo que me llama la atención es que la derecha piense que tiene que ganar como si todavía no hubiera ganado ya que los relatos predominantes en la actualidad son los neoliberales”.

- ¿Cree entonces que la batalla la han ganado los neoliberales?

“Los relatos neoliberales han ganado la batalla pero a un nivel muy simple. La inmensa mayoría de las series son sobre crímenes individuales, con énfasis en los relatos de asesinatos y violaciones con un individuo que es un monstruo pero son escasas las películas, las series, que traten de crímenes colectivos, empresariales contra el medio ambiente, por ejemplo. En estas producciones prácticamente ha desaparecido del contexto la lucha de clases, es como si no existiera. En las series vemos gente con dinero, que vive en casas de ricos y cuyos hijos van a colegios muy pijos como pasa en Élite, y en la que los pobres se integran bastante bien con los ricos. Y es igual en los Estados Unidos: prácticamente ha desaparecido el concepto de clase”.

– ¿Percibe el mismo panorama en la literatura?

“En la literatura española se produce ahora un énfasis renovado en las cuestiones colectivas que incluyen conflictos de clase. Se ha producido un cambio. David Becerra ha escrito sobre la novela de la no ideología, que fue predominante en los 90 en España, cuando todo iba bien, pero ahora habla del “retorno de lo político”.Yo prefiero hablar del retorno de lo social, de una mayor conciencia de problemas colectivos”.

- Si no me equivoco la primera entrevista que le hicieron fue, precisamente, para el Diario de Avisos.

“Hace ya muchos años y fue como especialista en Galdós”.

– ¿Y que significa Galdós para usted?

“He escrito mucho sobre Galdós, En Las Palmas de Gran Canaria di unas plenarias sobre el escritor, La dimensión social de las emociones en Galdós, y en estos momentos estoy preparando algo más sobre él. Es una vocación de vida. Mi tesis fue sobre él, también el primer libro que publiqué. Lo que me atrae lo dijo ya Cernuda en un poema muy amargo que escribió durante el exilio, Es lástima que fuera mi tierra, y en la que salva de la criba de la España que dejó a Cervantes y Galdós. Galdós fue siempre tolerante con el contrario y esa tolerancia está presente en toda su obra, obra en la que nos encontramos con personajes con ideas diferentes y a los que trata desde una perspectiva en la que no hay desprecio ni odio sino una cierta comprensión de la condición humana”.

– Javier Cercas y Mario Vargas Llosa han sido muy duros en sus comentarios sobre Galdós.

“ Mario Vargas Llosa dice que el problema de Galdós es el narrador y que el escritor tenía que haber hecho como Flaubert, un narrador que no es omnisciente pero con el debido respeto a Vargas Llosa me parece una visión muy limitada porque Galdós es otro escritor y como tal emplea otras técnicas narrativas. Que a él no le guste es legítimo pero no por esos motivos que aduce. También lo tachan de escritor provinciano pero esto dice mucho de quienes lo dicen”.

- ¿Y qué obras se atrevería a recomendar del escritor?

“Me gustan más las novelas y no tanto sus Episodios Nacionales como el teatro. Entre mis novelas favoritas: Fortunata y Jacinta y La de Bringas porque propone una situación muy interesante, la aparición de los grandes almacenes y cómo afecta a la población, entre otros, a la protagonista que no resulta muy simpática pero que tiene una capacidad muy grande de sobrevivir. Al final no resulta castigada, como sí pasa con otros personajes femeninos de la novela del XIX que acaban muriendo como Ana Karenina o se suicidan como Madame Bovary. La de Bringas es un personaje muy complejo e interesante”.

- Cambiemos de asunto, ¿en que momento cree que se encuentra el activismo en los Estados Unidos?

“En los momentos que vivimos, en Estados Unidos y también en otros contextos, el activismo cívico es un referente indispensable. No son los líderes quienes nos van a sacar de los problemas (aunque los buenos líderes son importantes) sino “nosotros”, la gente actuando con conciencia de colectividad. El feminismo afroamericano tiene una larga historia de lucha. El concepto de “ira” o indignación se está movilizando ahora de manera explícita tras la decisión de la Corte Suprema (Roe vs Wade). Lo contrario es lo que ha ocurrido en Colombia, un cambio liderado también por una activista afrocolombiana (Francia Márquez). El activismo ecologista también es una gran fuerza que está movilizando a muchos”.

- Usted vive y trabaja en los Estados Unidos, ¿se percibe un cambio en su gobierno tras perder Donald Trump las elecciones?

“No hay tantos cambios pero tampoco los ha habido desde que llegué en los 80. El país se ha encerrado bastante y está más polarizado política y culturalmente. Han habido grandes retrocesos en materia de Derechos Civiles y garantías políticas. Hay partes del país en la que no podría vivir. Illinois es un estado demócrata por la fuerza de Chicago y nosotros vivimos en una ciudad universitaria y allí no notas tanto las dificultades políticas porque hay gente de todas partes y son más liberales aunque en general sufren bastante ataques por la batalla cultural. La derecha quiere ganarla y sabe que en la Universidad la gente estudia y piensa y que no es fácil aborregarla. Biden es un demócrata muy moderado así que no estamos viviendo el cambio que muchos esperaban”.

- ¿Y cree que hay gente que puede hacer posible ese cambio?

“El cambio fue posible en los años 60 y vino de la resistencia civil, la fuerza de mucha gente que cree aún en un ideal democrático. Hay un activismo tremendo entre los jóvenes, a veces por causas conservadoras pero otras no como el movimiento feminista, que es muy fuerte, y es ahí donde tengo la esperanza, en la resistencia civil, la participación de las personas que están educadas para participar en democracia por mucho que hayan fuerzas que quieren lo contrario. De hecho los más conservadores dicen ahora que los Estados Unidos no son una democracia”.

- ¿Y qué percepción tienen los norteamericanos hacia España?

“Estados Unidos es un país muy grande y hay gente que no sale de su estado en la vida. Además, es muy caro viajar. Cuando empecé a enseñar, las personas con las que me relacionaba no tenían idea de lo que era España y si tenían, eran ideas estereotipadas. Los profesores sí que conocen pero no en profundidad. Aquí no se estudia Historia Universal, es una asignatura optativa. Llevo enseñando muchos años, ahora ocupo un cargo administrativo en una escuela de literatura y lingüística, y a los americanos les encanta aprender sobre España. Cuando les abres las puertas, el español es muy popular, no necesariamente por España sino por Hispanoamérica. En mi caso, intento romper la idea de que hay países más complicados que otros ya que la historia de cualquier país tiene sus luces y sombras pero es cuestión de estudiarlas y aprender sobre ellas y saber en que terreno estás. Mi Universidad se encuentra sobre un terreno nativoamericano y cada año se celebra un reconocimiento de esa tierra al leer los nombres de todas las tribus que se encontraban en Illinois. Es un reconocimiento simbólico que no les devolverá lo suyo ni su modo de vida pero es un acto que reconoce su pasado, un pasado muy duro y complejo. No siempre podemos estar orgullosos de lo que somos aunque la derecha repita con insistencia yo soy un patriota sin complejos, pero hay cosas de las que no hay que estar orgullosos y que invitan a reflexionar sobre ellas y aprender. Hay otras formas de ver la ciudadanía”.

-¿Por dónde irán sus próximos trabajos?

“Tengo en prensa una historia cultural de las literaturas en España y digo bien, literaturas y no literatura española porque hemos trabajado con las cuatro lenguas oficiales que existen hoy en España. Una colega y yo nos encargamos del castellano. Es una historia cultural que intenta ahondar en ciertos fenómenos como el nacimiento de la esfera pública, la construcción de la subjetividad y el deseo. Está escrito en inglés y espero que salga en noviembre. Trabajo también en un proyecto de la Asociación de Lenguas Modernas de América que tiene una serie de cómo enseñar a… Shakespeare, Cervantes y ahora Galdós. Son trabajos más pedagógicos ya que tienen la finalidad de acercar a un público joven la obra de estos escritores. Estas obras las compagino con un estudio sobre las emociones políticas en la vida pública en momentos de crisis como el Brexit, el movimiento secesionista en Cataluña, el proceso por la paz en Colombia, donde analizo qué emociones se movilizaron oficialmente y las que no porque a veces se moviliza la gente en nombre del amor, el amor a la patria y ciertos valores; y en otros por la indignación y la esperanza. Estudio qué emociones se invocan en determinados momentos y en favor y en contra de qué se movilizan. Este trabajo va un poco más lento”.

- ¿Qué emociones se movilizaron hace unos años en Cataluña?

“Uno de los aspectos de los que se acusó al movimiento independentista catalán fue el odio y el resentimiento y no digo que fuera así en ciertos casos pero viví en Barcelona dos años y lo que vi en las manifestaciones públicas era alegría y esperanza. Era una posibilidad y una apertura. Había independentistas y personas que querían un mejor trato por parte del Estado español. Mucha gente me decía que querían que respetasen su lengua y costumbres. Luego los periódicos de Madrid mostraban un panorama que era como dos realidades distintas. En todo movimiento de protesta hay gente que se mueve por la ira, ira que te puede llevar a un punto negativo pero otras veces los grandes cambios sociales han surgido precisamente por la indignación” .

EL PESO DEL EXILIO

uisa Elena Delgado señala que su entendimiento de la realidad nacional española viene muy marcado “no tanto por haber vivido en Barcelona, aunque también, sino por ser hija de emigrantes canarios, y nieta de exiliados republicanos de un Madrid que defendieron hasta que ya no se pudo”. La también escritora recuerda que su padre, isleño, tuvo tendencias conservadoras pero sus abuelos todo lo contrario en el campo de las ideas. No obstante, destaca, ambos tenían en común el destino de ser emigrantes, y por distintos motivos no sentirse como partes de un todo. Luego, comenta, “mi propio destino (nacida en Caracas, criada en Madrid y trabajando en Estados Unidos) me ha llevado a reflexionar sobre todos esos desplazamientos, encuentros y desencuentros”.

Saludos, no corta el mar sino vuela, desde este lado del ordenador

El hijo del apotalado, una novela de Jorge Fonte sobre la Guerra Civil en El Hierro

Lunes, Agosto 22nd, 2022

El archipiélago cuenta con una serie de novelas ambientadas durante la Guerra Civil. Entre la memoria y el relato histórico, entre los que escribieron recordando lo que vivieron y la ficción que ahora emprende una serie de narradores que nacieron muchos años después de haber finalizado el conflicto, es muy difícil encontrar novelas y relatos que hablen, sobre todo en este último caso, con distancia y sangre fría de un encuentro que dividió radicalmente a la sociedad española en dos mitades, aunque hubo una tercera que todavía se encuentra en tierra de nadie y apenas tiene a nadie que le escriba.

Demasiado son las pasiones que desata aquella Guerra Fratricida, guerra que sigue dividiendo a un país y a unas islas porque sus herederos ni perdonan ni quieren olvidar. Este frente que permanece abierto y que muchos, tanto de un lado como del otro, se empeñan en que siga abierto, ha suscitado en Canarias una literatura que en algunas ocasiones resulta de calidad. Destacaría así dos títulos que me marcaron en su momento: El barranco, de la escritora Nivaria Tejera, y Luchar por algo digno, de Pedro Víctor Debrigode.

En el primer caso porque nos aproxima a los primeros días del alzamiento a través de una niña que no entiende porque las tropas que se han sumado al golpe llevan a la cárcel a su padre, un periodista. En el segundo, porque se cuenta también los primeros días de la Guerra Civil en Tenerife bajo la mirada de un soldado de origen catalán y francés que se encuentra en la isla “sirviendo a la patria” cuando estalla el cruento Golpe de Estado.

Hay otros libros que cuentan también aquella guerra que marcó para siempre a los que estaban a un lado y al otro de la trinchera política, trinchera que se trasladó a los campos de batalla en la geografía peninsular y trinchera que se disolvió en una Canarias donde no hubo tiempo para que los leales al gobierno de la II República pudieran responden con las armas al alzamiento militar.

Las novelas y cuentos sobre “nuestra Guerra” en el archipiélago se centran así mayoritariamente en la represión feroz que emprendió el ejército con la colaboración de Acción Ciudadana y Falange a través del testimonio de algunos de los que la sufrieron al ser declarados “enemigos de la nueva España”. También en ficciones que, escritas recientemente, narran con mejor o peor fortuna la tragedia de una guerra que separó a familias y convirtió en enemigos a hermanos y amigos.

El hijo del apotalado (Editorial Milenio, 2022), de Jorge Fonte, es una de las últimas novelas que ha llegado a nuestras manos que se ocupa de la Guerra Civil en Canarias. La acción, sin embargo, no transcurre en Tenerife ni en Gran Canaria sino en la de El Hierro, tierra que conoce muy bien el autor ya que parte de su familia procede de la isla del Meridiano.

Lo primero que llama la atención de El hijo del apotalado es que son dos novelas en una. El libro primero cuenta los antecedentes y la represión que padeció la isla los primeros años de la Guerra. Los protagonistas de esta primera parte son muchos, luego el texto alcanza una dimensión coral que el escritor sabe manejar bastante bien. De hecho, y considero fundamental este rasgo, muchos de los personajes que intervienen pertenecen a la familia Fonte, de la que procede el escritor, lo que revela una implicación emocional y un sentimentalismo muy hondo en lo que narra y que me hizo pensar que tuvo que ser una tarea muy dura la de escarbar en el pasado familiar para descubrir que parte de su familia estuvo de un lado y parte en el otro. Al fondo, una isla castigada por sentimientos que hasta ese momento permanecían restringidos como el odio, la venganza y el rencor.

Jorge Fonte, que conoce muy bien el carácter herreño, intenta ser imparcial y mantener la distancia ante la descripción de unos hechos que, en ocasiones, caen en el horror, como los falsos fusilamientos que se produjeron en la isla para intimidar a la población. Este hecho, sin embargo, supuso la sustitución en sus cargos de los responsables falangistas que se dedicaron a fomentar la política de la represión ya que ellos mismos resultaron por estos hechos víctimas de la justicia del bando rebelde, al que habían apoyado desde el principio. Hay más sorpresas en este libro que reitera la endogamia de un territorio que asiste paralizado a los asesinatos de algunos de sus hijos en la vecina isla de Tenerife. También a la fuga y el escondite por el que apostaron otros en las cuevas que horadan las costas como en la tupida vegetación de los montes herreños.

La segunda parte de la novela puede entenderse como la novela que da título al libro, El hijo del apotalado. La acción transcurre ya en la postguerra y en ella el lector observará el deseo de venganza que brota en una de las víctimas de aquel desgraciado conflicto. Él es El hijo de apotalado.

¿Qué es un apotalado?, lo explica Jorge Fonte a través de una cita de Aarón León Álvarez: “las personas que hacían desaparecer lanzándolas al mar desde barcas, metidas en sacos y con las manos atadas”.

La historia se inicia en nuestros días y quiere rendir justicia a los que la perdieron aunque no hace demasiada sangre sobre quienes la ganaron. Se agradece el titánico esfuerzo que hace Jorge Fonte para no caer en el maniqueísmo en el que suelen sucumbir otras ficciones que se ocupan de la Guerra Civil. Libros como el de Jorge Fonte nos muestra que entre los hijos y nietos de aquella generación todavía es posible que miremos aquellos hechos con perspectiva y, al mismo tiempo, exigir justicia, no venganza.

Saludos, justicia, no vengana, desde este lado del ordenador

El teatro en medio del océano, una novela de Francisco Juan Quevedo

Martes, Agosto 16th, 2022

En los años 70 se puso muy de moda en España las novelas del escritor norteamericano Harold Robbins, un autor de éxito en su país desde la década de los 40, y con una vida personal bastante parecida a la que reflejó en algunas de us historias. Si hay un elemento común en las mayoría de los libros que escribió está la de contar con un personaje que ha nacido en un entorno hostil que poco a poco y a medida que se avanza en el libro alcanza un desproporcionado poder económico.

Sus novelas recrean el sueño americano, que no es otro que hacerte pensar que en un país como los Estados Unidos cualquiera con mucho esfuerzo puede alcanzar sus… sueños. Reivindica al triunfador pero muestra también la cara B de los que alcanzan el éxito con mucho sacrificio: un reguero de cadáveres, reales y ficticios, que deja diseminados a lo largo de este camino y las consecuencias internas y externas que provoca dejar tantos muerto, reales y ficticios, detrás.
Recordé mis anteriores lecturas de novelas de Harold Robbins leyendo El teatro en medio del océano (Destino, 2022), de Francisco Juan Quevedo, escritor grancanario que fue finalista con esta novela al Premio Nadal de este año, ya que cuenta la historia de un hombre que nace en la indigencia y que gracias sobre todo a sus malas artes para hacer negocios se convierte en uno de los hombres más poderosos de Gran Canaria a finales del XIX y principios del XX.

El teatro en medio del océano esta dividida en tres grandes partes que siguen el recorrido cronológico de la vida de su protagonista, Feliciano Silva, apodado El Guirre. Una primera (1867-1890); una segunda (1891-1918) y una tercera (1918-1921) que permite al escritor recorrer la profunda transformación de una ciudad a través de uno de sus grandes símbolos: la construcción e inauguración del teatro Pérez Galdós, tan llena de drama y sacrificio como la existencia de su personaje principal, al que rodea el escritor de una amplia galería de secundarios que con mayor o peor acierto dan sostén a lo que intenta construir: un gran fresco en el que se confunden los géneros (tiene mucho de western fronterizo así como de cine de gángster esta novela) que con sus toneladas de ficción le dan un atractivo inicial que, desgraciadamente, lastra con un estilo ampuloso y con muy pocos puntos y seguidos. La forma de contar la historia, además, se empequeñece por un lenguaje abusivamente soez, innecesario porque el relato no está narrado en primera persona.

Lo que me ha parecido más atractivo de esta novela es su vocación por historiar (sembrando de cadáveres el camino, eso sí) un pedazo de la historia de la capital grancanaria que me ayuda a entender mejor esa ciudad y esa isla que navega justo enfrente de la isla en la que vivo, y me hace pensar con cierto tímido entusiasmo de momento, que estamos asistiendo al nacimiento de una nueva literatura escrita en estas islas con fines e intenciones similares, la de viajar al pasado en clave de ficción pero cuidando mucho el paisaje histórico en el que se mueven los personajes. Este tipo de literatura la cultiva con mucho empuje Ana García-Ramos del Castillo, sobre todo en Sueños rotos en la baja verde (Baile del Sol, 2022). En este aspecto, ambos escritores se sirven de la Historia para contar historias con el fin de observar el pasado para intentar explicar el presente

En la novela de Francisco Juan Quevedo tiene que venir un personaje de fuera, Miguel de Unamuno, para revelar a los canarios el origen de sus males como región desestructurada que es:

“Desde que llegué aquí, desde que hice otra escala en mi viaje, estoy oyendo hablar del problema local. Perdonad a un forastero un poco rudo os diga que yo no he visto hasta ahora en ese problema sino querellas domésticas, luchas por distinciones, algo de vanidad colectiva, escapes del aplatanamiento y rencillas cabileñas” aunque este tipo de reflexiones, que aparecen de vez en cuando en otras partes de la novela y centradas en otros asuntos con cierta enjundia en las islas no marcan constantemente el discurso de un libro que en su parte final recuerda a El padrino, novela y película porque se trata, como se dijo, de una obra dividida en etapas. Personalmente, considero la mejor la primera, con un tono salvaje y algo paródico en clave western.

Feliciano Silva comienza su fortuna con una sala de fiestas, Berlín, que se dispara cuando entra a trabajar una prostituta irlandesa de rabioso pelo rojo que a mi me hizo recordar a Maureen O’Hara solo que no en una película de John Ford sino de Sergio Leone.

El teatro en medio del océano se trata de una novela que pese a su estilo, pesado, muy pesado se hace en ocasiones, contiene una manera de enfrentarse al pasado de una capital y de una sociedad incapaces de reaccionar ante un hombre que no le guarda ninguna clase de respeto ya que si tiene una ambición en la vida es ganar dinero y más dinero. Destacaría porque me hizo gracia cómo se mete en el bolsillo al señor obispo de la Diócesis, entro otros prohombres de una ciudad que comienza a expandirse.

No sé si entra en los planes de su autor darle continuación en otro libro, podría aunque ya no pudiera aparecer como protagonista Feliciano Silva, pero si así fuera, le recomendaría que fuera más elástico con el estilo y que se preocupara por dotar a sus personajes de sustancia ya que al final parecen, como dicta Unamuno en su discurso, solo seres atrapados “en su aplatanamiento y rencillas cabileñas” .

99 variaciaciones en torno a la barra, relatos de Virginia González Dorta

Viernes, Agosto 12th, 2022

No todos los cuentos más que cortos, cortísimos, o mircorrelatos como los denominan ahora, son notables pero solo por algunos merece la pena sumergirse en la lectura de 99 variaciones en torno a la barra, de Virginia González Dorta, un libro que publica Aguere/Idea y que plantea situaciones diversas, todas ellas con un mismo comienzo: “Se acerca a la barra”, que marca con un estilo cercano y sin complicaciones el todo del casi un centenar de relatos que contiene este libro que se nota que está escrito con pasión pero también mucha cabeza.

Esa sed que castiga no solo el alma sino también el cuerpo de la víctima. Y víctimas, algunas conscientes, la mayoría no, son los protagonistas de este libro que se lee casi como si uno devorara con hambre cada una de las historias pequeñas y pequeñitas que contiene la obra y que revelan el talento de la autora para moverse en espacios cerrados, bares que apenas describe pero que cada lector imagina en su cabeza.

También la parroquia que los habita, gentes que son más que los bares donde se encierran los protagonistas de este curioso experimento literario que muestra además de personajes al borde del arroyo, situaciones donde la desesperación casi termina como una broma pesada ya que, pese a que estas instantáneas, diapositivas como las conocíamos hace años, concentran lo que se cuenta y revela a una escritora que tiene la habilidad que en cada uno de estos retratos existenciales y tremendamente emocionales, en apenas unas líneas describa por dentro y por fuera lo que sienten sus personajes y, al mismo tiempo, el escenario en el que se encuentran. Bares, garitos para solitarios, ecosistemas donde sus protagonistas viven momentos que trascienden la anécdota y en los que salen a relucir emociones encontradas, llamadas que solo esperan una respuesta ciega, muy parecida a la que cantaban las sirenas para hacer naufragar a Odiseo y a sus marineros.

Esta característica hace que los relatos de 99 variaciones en torno a la barra resulten experiencias lectoras más que satisfactorias. Historias compactas, que empiezan y terminan donde debían empezar y terminar. Se intuye que las narraciones no necesitaban más y tampoco menos. Que hizo bien al dejarlo tal y como aparecen en el libro porque el libro todo, todo el libro, es lo que anuncia en su título: variaciones sobre un mismo tema. Interpretaciones en un mismo marco que a veces resultan dramáticas y otras extremadamente irónicas. La mirada no es única e indivisible, sino que la autora juega con muchas perspectivas y situaciones con las que va componiendo este interesante universo de almas perdidas, se podrían decir.

Todas las pequeñas historias que contiene la obra cuentan historias diferentes aunque, personalmente, encuentro que hay una especie de unidad en todas ellas. Y no solo porque los cuentos se desarrollen en un mismo espacio, los bares, sino por la clientela que los habita.

Gentes con sus idas y venidas. Con sus problemas, al borde de un ataque no sé de nervios pero sí de necesidad por descansar del mundanal ruido que hay más allá de las puertas del establecimiento en el que se encuentran. Esa vida que los que están dentro del bar no quieren –o sí, según se interprete– recuperar sino olvidar, precisamente, sentados ante la barra de un bar.

Saludos, algo de brisa, desde este lado del ordenador

Se hace camino al andar

Miércoles, Agosto 10th, 2022

El Puerto de la Cruz lleva desde hace ya bastante años una intensa actividad cultural que se multiplicó con el nombramiento del socialista Marco González como alcalde de la primera ciudad turística de Canarias. A ello, es importante sumar la implicación de la sociedad civil portuense a través de la Plataforma Ciudadana en la mayoría de las iniciativas culturales que se desarrollan en el municipio, iniciativas que tras el parón que sufrimos todos por el confinamiento, reinició cuando se pudo detener al virus que nos cambió la vida.

Si uno se detiene delante de un mapa del archipiélago no me arrugo al decir que si alguna ciudad o pueblo de estas islas mereciera el título de capital cultural de Canarias señalaría sin dudarlo al Puerto de la Cruz. La ciudad cuenta con festivales de profundo calado como, entre otros, el de teatro en la calle,Mueca, Phe y también Periplo, dedicado a las literaturas de aventuras y viajes, pero es que al margen de estas joyas de la corona, y ya relativamente veteranos no solo en el Puerto de la Cruz sino en el resto del archipiélago, este mismo mes de agosto se han desarrollado una serie de encuentros que obligan a observar con la atención que se merece un municipio que está demostrando cómo debe de hacerse las cosas en cultura.

Las comparaciones son odiosas pero si uno compara lo que se hace en esta pequeña pero bellísima ciudad del norte de Tenerife con lo que se hace en materias culturales en Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y La Laguna, antaño ciudad universitaria con todo lo que implica esta palabra: universitaria, el panorama resulta desolador. Y en cuanto a actividades y desarrollo de políticas culturales no es que no supere, es que ni siquiera ninguna de las tres le llega a los tobillos en la apuesta que el alcalde portuense junto a su equipo ha hecho por la cultura.

Una apuesta que no solo va dirigida a apoyar y promocionar grandes festivales y conciertos (que también) sino a implementar políticas culturales y a contar con herramientas que consoliden lo que ya es una realidad. En este aspecto, recomendaría al Gobierno regional, los cabildos insulares y al resto de los municipios de Canarias que estudiaran con detenimiento lo que ha hecho posible el Puerto de la Cruz, un municipio que, gracias a sus técnicos de Cultura y al respaldo del primer edil va siempre dos pasos por delante.

Este mismo martes, 9 de agosto, se presentó un libro que recoge las estrategias para el desarrollo de la cultura en la ciudad. El trabajo lleva el título de Bases para un Ecosistema Cultural y Creativo de Puerto de la Cruz, y sus destinatarios son los profesionales de la cultura pero también la ciudadanía.

El documento se puso en marcha en 2019 y tras reflexiones diversas pero sobre todo mucho trabajo, llega ahora a todos los interesados gracias al apoyo que han prestado instituciones como el Instituto Canario de Desarrollo Cultural (ICDC) del Gobierno de Canarias, el Área de Innovación, IT y TCB de Turismo de Tenerife y la Cátedra de Gestión y Políticas Culturales de la Universidad de La Laguna-Federación Canaria de Municipios.
 
Los detalles de esta publicación lo dio a conocer el alcalde del Puerto de la Cruz, Marco González, el que estuvo acompañado por el director general de Cultura del Gobierno de Canarias, Rubén Pérez Castellano; y el director de la Cátedra de Gestión y Políticas Culturales Universidad de La Laguna–Federación Canaria de Municipios, José Antonio Ramos Arteaga.

El libro recoge “un nuevo modelo de políticas culturales”, se destaca en una nota informativa, “más flexible, resiliente y sostenible. Se trata de una continuación del trabajo que se viene realizando en la ciudad en los últimos años en un proceso que ha contado con la participación de agentes, instituciones y entidades del ámbito público y privado”. Son palabras del alcalde portuense, Marco González, quien celebró la participación del Área de Innovación de Turismo de Tenerife, “con la que contaremos en breve para presentar un proyecto específico incluido dentro de este Ecosistema Cultural y Creativo que se llama Josity, todo un laboratorio del desarrollo que las políticas culturales tienen en Puerto de la Cruz en relación con el visitante”.
 
El resultado de este trabajo participado y colaborativo ha sido el marco teórico para el desarrollo estratégico de la cultura en la ciudad que el Ayuntamiento adapta a las propuestas que marcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Nueva Bauhaus Europea.

El objetivo de las Bases para un Ecosistema Cultural y Creativo de Puerto de la Cruz es aportar valor a toda la sociedad desde la cultura,” posicionar a Puerto de la Cruz como catalizador de los procesos de creación e innovación social, así como facilitar nuevas fórmulas para el intercambio de ideas y conocimientos, su desarrollo y transformación en proyectos que generen beneficios a la ciudadanía desde un punto de vista social. Los profesionales encontrarán recursos sobre los que construir sus proyectos y la ciudadanía podrán usarlo como un instrumento que les ayude a tener una visión completa del panorama al que mira la cultura en Puerto de la Cruz”.
 
Bases para un Ecosistema Cultural y Creativo de Puerto de la Cruz se centra en tres aspectos: Trasfondo; Visión y fines; y Líneas de trabajo y acciones y es una las acciones que se desarrollarán en el marco del Ecosistema Cultural y Creativo con el objetivo de mostrar distintos aspectos de la realidad cultural en el municipio.

Este documento concibe a la ciudad “como un ecosistema cultural y creativo donde se producen relaciones de valor y le aportan identidad como un territorio diferenciado. Así, Puerto de la Cruz ha apostado por la creación de entornos físicos y virtuales donde conectar a personas y organizaciones, un proceso colectivo que ha requerido de una activación a través de cinco ejes de trabajo: las nuevas narrativas, el diseño e innovación social, el desarrollo audiovisual, las infraestructuras y los festivales y programación cultural estable”.

En la nota de prensa se recuerda que el Puerto de la Cruz tras la crisis de la Covid-19 demostró al público que la cultura en sana y que durante el confinamiento reforzó y apoyó al sector creativo, “convirtiéndose en un referente en el ámbito insular, regional y nacional en el fomento de la cultura”.
 
Coincide con esta publicación,la actualización de la página web del Área de Cultura del Ayuntamiento portuense, en la que se recoge y ofrece la información “tanto de las diferentes actividades y proyectos que integran la cultura en Puerto de la Cruz, como aquellos orientados al desarrollo más eficiente de una cultura sostenible e igualitaria”.

Dicho todo esto, y si antaño Tenerife tiene seguro de sol, a partir de ahora habrá que reconocer y al mismo tiempo cantar que el Puerto de la Cruz es… pues sí, la capital cultural de Canarias.

FOTO: En la imagen y de izquierda a derecha el director de la Cátedra de Gestión y Políticas Culturales de la Universidad de La Laguna-Federación Canaria de Municipios y el director general de Cultural del Gobierno de Canarias, Rubén Pérez Castellano.

Saludos, mirard al Puerto de la Cruz, desde este lado del ordenador
 
 
 

Dando caña

Martes, Agosto 9th, 2022

* La banda de trance psicodélico, trip hop y música industrial Juno Reactor, que ha colaborado en las bandas sonoras de películas como Matrix Reloaded, Matrix Revolutions, Once Upon a Time in Mexico o Mortal Kombat y de numerosos videojuegos, participará este año en los dos conciertos sinfónicos del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife (FIMUCITÉ), dedicados al cyberpunk, bajo la batuta del compositor y director de orquesta Diego Navarro, director del festival.

Los programas contarán con una parte común y otra exclusiva para cada repertorio: una centrada en el anime, en la que sonarán composiciones para Akira o Alita: Angel de combate; y otra más cercana al cine, Robocop o Tron. En sendos recitales también participarán los compositores invitados Brad Fiedel (Terminator) y Vince DiCola (Transformers).

Las localidades, disponibles a 30 y 40 euros, pueden adquirirse en la página web de Auditorio de Tenerife, en taquilla o por teléfono (902 317 327). FIMUCITÉ ofrece un abono para aquellas personas que quieran disfrutar de los dos conciertos, con un descuento de 10 euros.

* La editorial digital BGR, de Alicante, anuncia la publicación dentro de la colección Poesía en línea de un libro que recoge una selección de la poesía de la poeta Dulce Díaz Marrero. La obra lleva el título de El ser de Dulce.

BGR es una editorial que preside la poetisa colombiana nacionalizada española Beatriz Giovanna Ramírez mientras que Antonio Arroyo Silva es el responsable de la colección Poesía en línea.

Saludos, y colorín, colorado…, desde este lado del ordenador