Archive for the ‘Libros’ Category

Adiós mundo cruel

Lunes, Agosto 8th, 2022

“Pienso que las notas de suicidio están escritos en esta lengua que menciona Améry y por esa razón su lectura comparada es muy pertinente para avanzar en las contradicciones irresolubles del suicidio, para dejar constancia de cómo estos hombres y mujeres llegaron a ese momento, a ese instante previo a la muerte en la que escribieron sus últimas palabras”.

(Notas de suicidio, Marc Caellas)

No me atrevería a decir (aunque otros sí que lo hagan) que existe un género o subgénero literario que tira a lo excéntrico con forma de ensayo. Un género que estudia y propone reflexiones sobre temas que no son del agrado de la mayoría.

Es verdad que estos libros tienen mucho de provocador pero también nacen para normalizar actitudes frente a fenómenos que no resultan muy agradables.

Hace mucho tiempo atrás, apenas unos cuantos días después de que los dinosaurios dejaran de dominar la tierra, leí un libro de tapas grises publicado por Tusquets Editores en la colección Cuadernos Ínfimos con el nombre de Nuestras hermanas las ratas en la que su autor, Michel Dansel, proponía y con argumentos de peso una defensa encendida de estos animalitos con los que convivimos y con los que apenas nos cruzamos sea de día o de noche. El libro, que fue elogiado entre otros por el cineasta Luis BuñueL, me hizo cambiar mi forma de ver a estos simpáticos e inteligentes animales que disfrutan de mucha popularidad en cuentos infantiles y películas de dibujos animados. De hecho, la primera gran estrella del cine de dibujos animados fue un ratón, Mickey, Mickey Mouse, y más adelante Speedy Gonzales entre otros roedores de animación que han pasado a formar parte del género.

Estas series de televisión y películas sin embargo no han hecho demasiado esfuerzo para que nuestra forma de percibir a las ratas y a los ratones sea distinta. O más positiva sino todo lo contrario. Ratas y ratones siguen siendo vistos por la mayoría como detestables alimañas. Bichos indeseables a los que solo se tolera (y el que tolera, desprecia) porque no se dejan ver. Viven bajo tierra, en las alcantarillas.

Recordé la grata lectura que me produjo Nuestras hermanas las ratas leyendo Notas de suicidio (Ediciones La uña rota, colección Libros robados, 2022), un libro de Marc Caellas en el que hace un recorrido escueto, apenas supera el centenar de páginas, sobre la última voluntad de los que deciden, por razones en la que no vamos a entrar ahora, decir adiós a este mundo cruel.

Hace unos años germinó en mi centro de operaciones la idea de escribir un libro que recogiera las últimas palabras de los que están a un paso de morir. Casi todo el mundo conoce lo que dicen que dijo Goethe antes de marchar al otro mundo, por si existiera otro mundo, “Más luz, más luz”. O la desarmante y dramáticamente terribles palabras que pronunció Charlotte Bronte en su lecho de muerte: “No voy a morir, ¿verdad?”. William Burroughs escribió un atípico guión de cine que tituló, precisamente, Las últimas palabras de Dutch Schultz. El Holandés fue un gángster que traficó con licores durante la Ley Seca que se impuso en los Estados Unidos de Norteamérica en la década de los años veinte y que fue ametrallado hasta la muerte en un bar…

Con esto lo que pretendo decir es que antes de despedirnos de este valle de lágrimas cualquiera, por norma general, desea poner su punto y final con una frase que sea definitiva de todo lo que fue un proyecto de vida que ahora se disuelve; un epitafio que resuma lo que fue y lo que espera sea el tránsito de lo que vendrá. Si viene algo…

Lo interesante del libro de Marc Caellas además de la recopilación de varias notas de suicidas famosos es la reflexión que propone sobre el suicidio que sigue siendo una manera de despedirnos del mundanal ruido que todavía provoca recelo por emplear una palabra no demasiado redundante. El escritor y autor teatral se atreve a tomar el pulso del suicida antes de que adopte su trágica decisión y a través de un inteligente análisis de las últimas notas que escribieron asegurar que ninguna de estas líneas escritas bajo tanta tensión “deben tomarse en balde”.

En este aspecto, Notas de suicidio es un libro que pese a tocar un tema digamos que tan poco agradable logra, al menos fue nuestro caso, que miremos esa realidad con otra mirada. Con otros ojos.

Me imagino que como a muchos, cuento con una serie de amigos que se fueron al otro barrio voluntariamente. En todos los casos fue la desesperación y estar sumidos en una depresión de caballo lo que les llevó a tomar esta fatal decisión. Uno de ellos tuvo incluso la sangre fría de atiborrarse de pastillas para quedarse dormido con los cables del equipo de música rodeándole el cuello. Mi amigo, una persona especial y muy querida, no dejó una nota de suicidio pero si que escribió unas palabras en el espejo del cuarto de baño en la que se leía: “Te quiero, mamá. Te quiero, papá”. Sus padres fueron, precisamente, los que encontraron el cadáver y no creo que se hayan recuperado desde entonces de la muerte de su hijo pese a que su última voluntad fuera la de expresarles su cariño.

La lectura del libro de Marc Caellas es tremendamente amena y genera preguntas. Estructurado en capítulos muy cortos, en todos ellos intenta estudiar escuetamente esas notas que se encuentran junto al suicida “para consolar a los padres”; las que están dedicadas al “marido/esposa”, “el suicido en pareja”, que es una variante curiosa porque acompaña por decirlo de alguna manera un acto tan solitario; la nota de suicidio “escueta”, “inmadura, “avergonzad” y un largo, largo etcétera de lo que podríamos pensar que escrito así se trata de casi un género o subgénero literario.

Por el libro desfila además una serie de gente famosa que recurrió a adelantar el final de su vida a través del suicidio. Algunos de los que aparecen en la obra de Marc Caellas son el escritor norteamericano Robert E. Howard, el creador de Conan, el bárbaro, que se voló la tapa de los sesos cuando conoció la muerte de su madre: “Todo voló, todo acabó / Por tanto levantadme sobre la pira / El festín ha terminado / Y la lámpara ha expirado” o la actriz Jean Seberg, que dejó escrito a su hijo “Diego, mi hijo querido, perdóname / No podía vivir más. / Compréndeme. / Sé que puedes hacerlo y sabes que te quiero. / Sé fuerte. / Tu mamá que te quiere”.

Se puede entender como paradójica y sí, se admite también como contradictoria, la nota que escribió Yukio Mishima antes de su final: “La vida humana es breve, pero yo quisiera vivir siempre”. O la que garabateó en letras mayúsculas Syd Vicious: “HICIMOS UN PACTO DE MUERTE, YO TENGO QUE CUMPLIR MI PARTE DEL TRATO. POR FAVOR, ENTERRADME AL LADO DE MI NENA. ENTERRADME CON MI CHAQUETA DE CUERO, VAQUEROS Y BOTAS DE MOTERO. ADIÓS”.

Hay más notas escritas por escritores, músicos, artistas que decidieron marcharse de este mundo cruel escribiendo unas pocas líneas en las que más que justificar su huida, aspiran con unas pocas frases no a explicar su decisión sino a poner el punto y final a una existencia amarga o, en algunos de los casos, adelantarse a la propia muerte.

No sé quien dijo que el suicidio es un acto de libertad suprema y que por su alcance muy pocos se deciden a tomar quizá porque estamos aferrados a una existencia que se acaba cada día que pasa, pero la esperanza es lo último que se pierde aunque en este caso todos los suicidas la han perdido.

El caso es que tras leer este libro mi idea sobre asunto tan delicado y polémico ha cambiado. Tanto, que ahora entiendo que la mayoría de los que se van al otro mundo busquen procedimientos para coger el pasaporte definitivo de la manera más fácil y menos indolora.

El autor del libro asegura que así se muere –rápido y sin dolor– quien quiere morirse voluntariamente en un centro especial localizado en Suiza. Basta con pagar 10.000 euros para que el suicida que no busca el sufrimiento antes de la muerte diga adiós definitivamente. No especifica el libro si se le permite estar rodeado de los suyos.

Durante la lectura de este libro singular, extraño y con un poder de agitación que más desarrollado sería capaz de hacer mover montañas recordé una excelente novela de Gore Vidal titulada Mesías y en la que propone cómo un iluminado termina por convencer a la humanidad que lo mejor que puede hacer es suicidarse. Pronto, esta nueva religión cosechará millones de adeptos hasta dejar el planeta prácticamente sin seres humanos. Y no les cuento más con el ánimo de que alguno de ustedes se atreva a leer una novela que como otras de su autor toca el corazón y la cabeza.

Pero despidámonos ya, que es hora de irnos aunque de momento no sea al otro barrio, con un pequeño fragmento de Notas de suicidio, un libro de Marc Caellas:

“El suicidio es un a perfomance de la que su artista desaparece, dejando a los que siguen vivos la tarea de limpiar las ruinas, resolver los conflictos, gestionar los trámites. El cuerpo, el entierro y la culpa caen sobre los demás, que se ven forzados a cerrar la representación tras la salida de escena repentina del causante de todo el show”.

Escrito así solo cabe pensar que como muy bien cantó La Lupe la vida es, decididamente, puro teatro.

Telón.

Saludos, a los que fuimos educados en la violencia y en la muerte, desde este lado del ordenador

Los 100 mejores documentales del rock, según Xavier Valiño

Miércoles, Agosto 3rd, 2022

Si hace unas semanas comentábamos en estas mismas páginas la aparición de Las 100 mejores películas del rock (Efe Eme, 2022), hoy hacemos lo mismo con Los 100 mejores documentales del rock (Efe Eme, 2022), ambas obras del crítico y especialista Xavier Valiño y libros que se complementan.

Ya destacamos en la ocasión anterior que se prodigan sobre todo en el mercado especializado español los volúmenes que tratan de recoger en sus páginas lo mejor y también lo peor del rock, el jazz, la literatura, y si es de género mejor, porque acotan la inabarcable cantidad de cintas, discos, obras de artes, libros que se han escrito a lo largo de la Historia. Estos trabajos tienen de hecho el objetivo de sintetizar un conocimiento que solo es terreno abonado para sabios y completistas, pero también para aficionados con una idea fija en la cabeza, ser conscientes que han visto o leído o escuchado hasta la fecha lo que sus aficiones le han proporcionado a lo largo de una existencia de total entrega.

Escrito así suena un poco complejo pero el lector, el público potencial al que van dirigidos estos libros trata, precisamente, de satisfacer su consumismo de aficionado sediento con trabajos en los que se parcela según los criterios de su autor lo mejor y lo peor de cada casa. Son, en este sentido, guías que nacen, precisamente, para orientar a los aficionados en la densa selva de la música clásica, el jazz, el rock así como el cine en toda su rica variedad de géneros como sucede en el terreno literario.

No sé que libro publicó primero la editorial Efe Eme, si este de Los 100 mejores documentales de rock o el dedicado a las películas en clave de ficción pero en el prólogo del primero se explican algunas dudas que planteamos cuando comentamos Las 100 mejores películas de rock, y era nuestra sorpresa de que su autor no hubiera incluido ninguna película española pese a que el género, sin disfrutar de grandes filmes, sí que cuenta con atractivos y a su manera revolucionarios trabajos.

La razón que esgrime el autor del texto es que no se encuentran demasiados filmes que se hayan ocupado en el cine español por reflejar no solo en clave de ficción sino también en el género del documental la posible historia de este género musical en un país que hasta el día de ayer no salía de la copla ni el pasodoble. Por otro, el autor de este compendio, de esta especie de vademecum cinematográfico y rockero, sí que mezcla géneros y tendencias como hizo en el libro anterior aunque ahora eso es una aplastante verdad ya que da prioridad a largometrajes documentales que se ocupan sobre todo de la música rock, que la relación es amplísima por lo que este proceso de selección, de escoger lo que estima mejor en un campo excesivamente amplio, logra como consiguió con el título anterior que uno note en falta títulos y descubra por otra parte otros que desconocía. Y es que ésta y no otra es la función de estos libros con espíritu completista, la de hacer que el lector especializado, o no, conozca trabajos que hasta ese momento desconocía.

El libro comienza en la década de los años 60 y finaliza con un amplio puñado de documentales que se han realizado y estrenado entre 2011 y 2021. El primer largometraje documental del que se hace eco es The T.A.M.I. Show y el último The Velvet Underground. La obra ofrece además un recorrido apasionado en ocasiones sobre este centenar de trabajos que contribuyeron a potenciar el aura de leyenda que arrastra la música rock y, capítulo a capítulo, cronológicamente, el interesado se puede hacer una idea de las modas, los gustos y las apetencias que década tras década ha ido transformando un género musical aunque, curiosamente, en el periodo que va de 2011 a 2021 muchos de estos documentales han mirado atrás para contar y en otros casos recontar la historia de grupos y bandas no necesariamente reconocidas.

Los 100 mejores documentales de rock incluye en sus páginas desde historias en la que se cuenta el ascenso y descenso de conjuntos que marcaron época así como grabaciones en directo que por su manera de estar realizados han pasado a la historia como Stop Making Sense, un filme dirigido por Jonathan Demme y con Talking Heads como protagonistas y clásicos indiscutibles del cine documental rockero: El último vals, de Martin Scorsese, un cineasta que ha vuelto a este mismo género en otras ocasiones.

En el libro aparecen documentales que ha recogido la vida y los conciertos de muchas de las bandas que han hecho historia en la música rock como The Beatles, Rolling Stones, Jimi Hendrix, David Bowie, The Doors, Joy Division, The Clash y Bob Marley, entre otros pero se dejan también muchos solistas y grupos que, como es mi caso, hubiera añadido quitando otros que sí comenta Valiño en este catálogo. Cuestión de gustos, inevitable en volúmenes de esta clase, listas que como ya se dijo no suelen dejar contentos a casi nadie.

Entre los filmes que aparecen se hace mención por razones obvias a los documentales que registraron conciertos que han entrado en la leyenda como Woodstock y Monterrey. También ese potentísimo recital que fue Concierto para Bangla Desh, una iniciativa de George Harrison y el primer gran concierto que se organizó en favor de una buena causa.

Saludos, rockanlodeando, desde este lado del ordenado

Mentira robada, una novela de Juan Ruiz Correa

Martes, Agosto 2nd, 2022

Juan Ruiz Correa ha tardado unos siete años en publicar su segunda novela tras irrumpir en el panorama literario con Los hijos de Marta. Su nuevo trabajo lleva el título de Mentira robada y después de su lectura descubro a un escritor que ha sabido evolucionar. Madurar que dirían otros.

Hay fondo e historias en esta novela de aventuras que mezcla de manera innata y por eso mismo no se notan las costuras, géneros diversos como el suspense, la investigación periodística y la tragicomedia que dan forma a un relato que cuenta, como otros tantos relatos, una historia de iniciación, de aprendizaje.

Leyendo el libro y conociendo al autor es inevitable que algunos pasajes, sobre todo al principio de la novela, resulten llamativamente autobiográficos. En el mismo, se nos cuenta la historia de un joven periodista aprendiz que entra a hacer prácticas de verano en La Tribuna, un periódico de provincias, con todas las ilusiones que uno lleva encima cuando estrena un episódico puesto de trabajo. Y más si ese puesto de trabajo es en un periódico. No sé quien lo dijo, pero si lo dijo debía de estar bastante ido de la cabeza cuando afirmó que el periodismo es el oficio más bello del mundo porque si algo lo caracteriza como oficio es su negrura.

Y así, con sus negritudes, lo describe Juan Ruiz Correa para explicar como el trabajo real, el día a día, el pasar y reproducir comunicados de prensa es la condena a la que se entrega su joven protagonista que ha terminado ahí, en esa redacción donde parece que todo el mundo tiene mal genio hasta que le encargan que escriba sobre el aterrizaje de emergencia de un avión en el aeropuerto de Fuerteventura.

Aficionado a la aeronáutica y con un padre con experiencia en este campo, Juan, que así se llama el protagonista, curiosamente como el mismo autor de la novela, le propone a Matilde, una cámara de televisión que vive en la isla majorera una serie documental sobre los aeropuertos más peligrosos del planeta sin olvidar la investigación sobre el aterrizaje de emergencia en la isla oriental y otros problemas que irán complicando la trama.

Novela viajera, la segunda mitad de Mentira robada es un atractivo muestrario de aeropuertos extremos que el equipo que forman Juan y Matilde va rodando a medida que se avanza en la acción. El autor de la novela se mueve, en este sentido, muy bien en el territorio de los diálogos, de hecho es a través de lo que se dicen los personajes donde salen a relucir las grandezas y miserias de cada uno de ellos. Por un lado la del protagonista, Juan, un joven que aún cree en la capacidad redentora de un oficio que, desgraciadamente, la perdió hace ya unos años, nos referimos a su voluntad por informar, denunciar y, sobre todas las cosas, fiscalizar lo que ejecutan los poderes públicos y privados para que todos ellos sigan el camino recto que marca la Ley; y un estilo heredero de su oficio –el periodismo otra vez– que sin detenerse en copiosas y literarias descripciones prefiere ir directo al grano, evitando los meandros en los que habría caído cualquier otro para contar un relato o mejor varios relatos que al final terminan convergiendo porque detrás hay un escritor con oficio de narrador y no de periodista aunque la profesión la lleve por dentro el escritor y a mucha honra.

Mentira robada me parece por esto y otras razones una novela mucho más pulida que la primera de Juan Correa, Los hijos de Marta, aunque en ambas se aprecia que detrás se encuentra el latido de un escritor que se toma muy en serio porque toma muy en serio a los lectores. Es decir, que no se trata Mentira robada de una novela perdida en sí mismo sino de un relato que está concienzudamente trabajado para que llegue a un amplio número de lectores. Solo cabe esperar que Mentira robada (y si leen el libro entenderán el por qué del título) tenga el éxito que se merece porque cumple con los diez mandamientos que el cineasta Howard Hawks explotaba en sus estupendas películas: “Tengo diez mandamientos. Los nueve primero dicen: ¡no debes aburrir!”

Y Juan Correa no aburre con Mentira robada. Consigue enganchar el interés del lector (ese al menos fue nuestro caso) y que éste se deje llevar por una historia que funciona dentro siempre de los territorios de la ficción. El libro respira, informa (ahora sé cosas que desconocía del mundo de la aviación); explora las relaciones sentimentales a partir de un personaje marcado por su pasado, que no está muy seguro del territorio que pisa y de una mujer a la que la vida no ha golpeado dos veces sino demasiadas, y unas historias paralelas: la del reportaje sobre los aeropuertos más complicados para aterrizar y despegar del planeta y el accidentado aterrizaje de un avión en la isla de Fuerteventura del que brotan otros relatos que dan forma y fondo a una novela que cuando se llega al final deja buen sabor, acaso también amargo, en la boca.

Saludos, regresa el calor, desde este lado del ordenador

Doble crista, una ¿novela? de Nicolás Dorta

Lunes, Julio 25th, 2022



Nicolás Dorta
debutó en la república de las letras tras la publicación de Las zonas comunes (Franz Ediciones, 2020), un libro que reunía una serie de relatos que revelaban a un escritor que miraba hacia su pasado para reinterpretarlo con algunas claves de ficción.

Periodista antes que escritor y escritor antes que profesor de Filosofía pero sobre todas las cosas batería de jazz, la literatura de Nicolás Dorta se vuelve ahora más musical que nunca en Doble cristal (Diego Pun Ediciones, 2022), musical en el sentido que algunas de las narraciones que se incluyen en el libro resultan improvisaciones que parecen más ejercicios de estilo, de dejarse llevar por lo que se le ocurre, de volar sin motor, que otra cosa. No son, a mi juicio, estas piezas de bronca poesía narrativa de lo mejor del libro pero sí pequeños entremeses que dan paso a otro grupo de relatos donde el autor que conocimos en Las zonas comunes asoma la cabeza para decirnos que sigue siendo el mismo solo que más adulto, casi con las ideas meridianamente claras sobre lo que pretende con sus historias.

Porque Doble cristal es un libro que parece que sabe a donde va, una reunión de historias con sabor autobiográfico en la que se muestra un narrador que sabe manejar muy bien los temas y de paso despertar el interés en el lector. En estos cuentos se palpan las emociones porque Nicolás Dorta apela a que se sienta desde lo más profundo las fotografías que describe con palabras de una serie de momentos que sin demasiada trascendencia en mucho de los casos, marcaron la vida del protagonista y del grupo de amigos que lo rodea. El recuerdo de un pasado donde todo lo que vibraba a nuestro alrededor estaba de alguna forma moldeando nuestro carácter como persona.

No entiendo así Doble cristal como una novela pero sí como un libro en el que los protagonistas reinciden en todas las historias. Algunas de ellas tan desarmantes, tan intensas que como la que da título a este libro rompen el corazón. Y lo rompen no porque Nicolás Dorta apele a nuestros sentimientos, a que estruje con recursos facilones y cursis el corazón que llevamos dentro, sino por la aparente frialdad nunca indiferencia con la que va desgranando historias, historias que dejan hilos sueltos que probablemente podían ser el origen de otras y otras historias.

Divido en dos partes, Uno y Dos, la primera reúne los cuentos titulados Siete errores en cadena, Fin del mundo, El incendio, El muro, El anillo, La pequeña Sammy y Principio; la segunda entrega los relatos Líbranos del mal y Doble cristal. Todos lo cuentos están narrados en primera persona y en muchos de ellos se reitera en un yoísmo que a veces confunde los sexos.

Resulta curioso la aparición en los últimos tiempos de libros de cuentos escritos por autores/as residentes en las islas. El género está viviendo no sé si una edad de oro pero sí al menos una avalancha de títulos donde con mayor o menor pericia salen a relucir libros de todas clases. Desde cuentos que solo tienen el objetivo de contar una historias ajustadas a los límites que impone el género, a otros que ensayan otro tipo de propuestas. Ya serán los de siempre los que valoren este fenómeno, vamos a llamarlo así, de lo que Nicolás Dorta se hace eco en este libro que afirma en la contraportada tiene la intención de ser “una novela con nueve piezas conectadas con una estructura circular” pero no lo veo. No veo al libro como una novela aunque pueda reconocer esa estructura circular que menciona.

Sí que se trata Doble cristal en todo caso de una “cartografía emocional de la memoria”, una memoria que nos ubica en un entorno que sin localizar liga lo urbano con lo rural. La mutación que se produce entre lo pastoril y el cemento es un atractivo que explota el escritor con, quiero creer, una inocencia que da más valor si cabe a las historias que no se dejan llevar por la improvisación, de escribir por el simple hecho de escribir. Este puñado de cuentos reafirma el talento que tiene Nicolás Dorta, un narrador que si sigue insistiendo en el terreno literario deja avistar a un escritor al que se debe comenzar a tomar en serio.

Los dos libros que tiene publicados hasta la fecha así lo expresan, o esa es la interpretación de un lector que, como le sucedió hace dos años con Las zonas comunes, avistó la capacidad que tiene para describir situaciones, manejar con contención los diálogos y retrotraernos de paso a nuestra adolescencia que es, como casi todo el mundo sabe, la etapa más libre y salvaje que podemos vivir. También una de las más oscuras si uno se deja llevar por las sombras siempre acechante de la depresión.

De momento y a la espera de su próximo libro, Nicolás Dorta es un autor que más que preocuparse por publicar prefiere trabajarlo con paciencia, afinando no solo un estilo en el que asoma su pasado como periodista sino la voluntad férrea de tomarse en serio la literatura. Su literatura. Una literatura que por ahora bebe de las mismas fuentes: los recuerdos, la memoria siempre cambiante y dispersa.

Saludos, calima, calor, sol, desde este lado del ordenador

Aniquilación, una novela de Michel Houellebecq

Jueves, Julio 21st, 2022

El éxito de un escritor como Michel Houellebecq es típicamente francés. Solo en Francia se entiende que irrumpa en la arena literaria un autor como él. En España, y por mucho que se esfuercen, ya se hubiera tirado por un barranco a un autor de esta clase. La causa, probablemente, porque su literatura con sus idas y venidas te sacude por dentro y, lo que me parece más atractivo, al menos en nuestro caso genera preguntas y en otras, si no respuestas, una reflexión sobre muchas cosas pero sobre todo de nuestro tiempo que deja literalmente sin aliento.

Se trata además de un escritor que en todas sus novelas, en las mejores y en las peores, que haberlas las tiene, sabe emocionar. Y conmover también. En otras incluso mirar con cierta amarga distancia el futuro que nos espera como especie. Hay, en este aspecto, algo de animal sin domesticar en los libros de Houellebecq. Un pensamiento que rompe con lo establecido sin necesidad de violencias. La franqueza de su escritura, muy acentuada en Aniquilación, sigue resultando por ello anonadante aunque no se trata Aniquilación, ni de lejos, de lo mejor que ha escrito hasta la fecha.

Entre los inconvenientes de la novela es que da la sensación de que queda todo en el aire. Que las tramas, alta política, una conspiración terrorista en clave ¿satánica?, atentados varios; la relación que mantiene su protagonista con su mujer y la familia, se dispersa y abandona en las casi seiscientas páginas de un libro que, como otras obras generosas en páginas escritas por Houellebecq, se queda en nada. De hecho, se nota que la descripción de los sueños que tiene su protagonista están escritos para llenar páginas. Son cápsulas independientes y afirmaría que innecesarias dentro de una novela que fluctúa, que no hace equilibrio, que se pierde en sí misma capítulo tras capítulo. Se aprecia, no obstante, que ahí late el talento del escritor pero no brilla ni resplandece como sí lo hace al principio y al final de la novela. En estos tramos, se encuentra uno con el escritor que lo sorprendió la primera vez que leyó algo suyo. Digamos que Las partículas elementales e incluso Ampliación del campo de batalla
.
Pero estamos ante otro Houellebecq, escritor que inició una nueva ruta narrativa en Serotonina y que prosigue ahora en Aniquilación. Es decir, la mirada despiadada sigue siendo la misma pero sin la amargura ni la desesperación que venía arrastrando en sus obras anteriores, libros en la mayoría donde además de escribir sobre la soledad, reflexionaba sobre la muerte. Temas, por otro lado, que están presentes en Aniquilación pero sin el barniz escéptico de entonces. Es como si el escritor mirara ahora el vaso medio lleno y no medio vacío.

Este optimismo que describe el pulso de un hombre que al final está aprendiendo a vivir consigo mismo y sobre todo con los demás, carece de estridencias y por supuesto de ningún asomo de sentimentalismo, por lo que creo que si sigue ahondando en esta vida, aunque ya no sea el niño terrible de las letras francesas, Michel Houellebecq no se traiciona así mismo como he leído, sino más bien al contrario, sigue siendo uno de los mejores cronistas de nuestro tiempo de las clases medias acomodadas no solo francesas sino también de la Europa comunitaria a la que han metido en una guerra.

Cuando se publicó Aniquilación en Francia la única guerra que existe en la novela es la de ese grupo terrorista que se disuelve en las páginas, pero sí que se explica que en el año en el que se desarrolla, 2027, Francia ya no será la nación que fue ayer. El sistema se mantiene pero casi por inercia. Estamos, aunque no profundice en ello, en la antesala de un nuevo orden, de una nueva realidad que está muy por encima de nosotros.

Estructurada en seis partes, la mitad, la que empieza desde la segunda y termina en la quinta, es una sucesión de rellenos que se leen, eso sí, bastante bien pero que no aportan demasiado a la historia. Son momentos de una vida, la de Paul Raison, asesor del ministro de Economía y Finanzas, Bruno Jorge; con el señor ministro así como con su familia y su mujer.

Este itinerario existencial por una vida rutinaria pero acomodada no satisface al protagonista, quien se deja llevar por la corriente hasta que de pronto todo parece que se viene abajo salvo el sexo. El sexo como nexo de una existencia que se le va en un parpadeo como, paradójicamente se nos va de los dedos al resto de los mortales. La conclusión es que la vida, como dice el título de la novela, es un proceso continuo de aniquilación.

Todo esto contando con demasiados puntos muertos en casi seiscientas páginas. Más próxima a la caótica propuesta de La posibilidad de una isla por su extensión que de otras obras de un escritor que incluso ahora que está reconciliado con su entorno, cuando muerde, muerde de verdad.

Saludos, calor, desde este lado del ordenador

España es ¿diferente?

Martes, Julio 19th, 2022

Están proliferando los libros de Historia de España escritos por historiadores y especialistas españoles que intentan contar otro relato que el que aprendimos de la construcción de este país. La leyenda negra y que los españoles solo servimos para bailar flamenco, beber vino y dormir la siesta tiene con estos libros el objetivo de rebatir esa idea con hechos y personajes que hasta hace muy poco eran poco o nada conocidos.

Tampoco el protagonismo que jugó España en la lucha por la independencia de Norteamérica del yugo británico, entre otros momentos estelares de la Historia, en principio gracias a la labor por divulgarla con atractivo pulso periodístico historiadores como Fernando García de Cortázar, que falleció hace unas semanas; escritores como Juan Eslava Galán y en los últimos tiempos historiadoras como María Elvira Roca Barea, quien plantea una revisión del protagonismo de España en la Historia a veces con resultados un tanto extremos.

El caso es que el asunto está calando, tanto, que incluso ha generado una corriente de novela histórica con la que se mira al pasado sin miedo ni desconfianza, aunque de tanto en tanto se cuele algún exaltado que, como Pío Moa, sobre todo en torno a nuestra Guerra Civil, plantee trabajos revisionistas que huelen a podrido. El mismo olor, por otra parte, que emana de las obras que el británico Paul Preston ha dedicado a contarnos su versión de la II República, la Guerra Civil y la Postguerra.

Que esta nueva mirada sobre el pasado de España sigue disfrutando en la actualidad de un cierto reconocimiento es la aparición cada cierto tiempo de nuevos libros donde se proponen interrogantes y soluciones a esas mismas preguntas sobre el pasado de un país que no fue tan catastrófico como han querido pintarnos. Tampoco, aunque la mayoría de estas obras no lo reconocen, tan notable como ahora quieren hacernos creer… El debate ha suscitado así voces a favor como en contra, también libros cuya base es este mismo planteamiento solo que, como el caso de la obra que vamos a comentar, tratan de explicar como otros, los otros, se han empeñado no solo en la literatura sino también el cine de propagar la formidable campaña propagandística que desde hace tiempo irradian países como Gran Bretaña y Norteamérica, donde lo español sigue siendo sinónimo de vago y bruto y seguidor de la malvada inquisición, por mencionar solo unos pocos topicazos con los que se sigue alimentando al monstruo de lo Spanish is different, como si les costara asumir las pocas o muchas virtudes del legado español.

Hollywood contra España (Espasa, 2022) es un libro de Esteban Vicente Boisseau que cuenta como subtítulo Cien años perpetuando la Leyenda Negra y en el que relata cómo suele ser representado lo español en largometrajes y series británicas como norteamericanas.

Cuesta y mucho hacerles entender que lo que nos han transmitido a través de estos productos culturales es una mentira, defiende Boisseau en este libro que estructura en torno a doce capítulos donde estudia los métodos que se utilizaron y se utilizan para continuar con esta presunta falacia.

El libro sin embargo no termina de casar bien con las tesis que saca a colación y a veces parece que la Historia devora a lo cinematográfico a medida que se va avanzando en su lectura.

Gracias, no obstante, a Hollywood contra España me entero que oficialmente el cine bélico surgió en 1898 con aquella guerra que “Estados Unidos provocó contra España” y que supuso el fin de lo que antaño fue el imperio donde nunca se puso el sol. No hacía falta, medio mundo conocido lo regía entonces reyes de estirpe extranjera que gobernaban desde España esos vastísimos territorios.

Entre los capítulos más interesantes del libro están aquellos en los que su autor reflexiona sobre la relación del cine norteamericano con la guerra de Cuba, en el que además de suministrar información sobre aquel conflicto, detalla como los norteamericanos no contentos con acabar con una España que ya estaba en las últimas, despreció también a los independentistas cubanos cuando se metieron en la guerra tras la sospechosa voladura del buque de guerra estadounidense Maine en el puerto de La Habana.

La bola se ha hecho tan grande que resulta en este sentido muy enojoso ver en una miniserie de televisión sobre los Rough Riders (los jinetes rudos) al mando de Teddy Roosevelt conquistar, tras sufrir numerosas bajas, la colina de San Juan, defendida por un pequeño grupo de soldados españoles casi hasta el fin. En la serie, su guionista y director, John Milius, reproduce la mirada que el cine norteamericano tiene sobre lo español y lo hispanoamericano, mostrando a aquellos héroes desharrapados y sin munición como un pelotón de vagos y maleantes, gente, estos españoles, poco de fiar por su insólito fanatismo.

Pero Milius no es el único que reproduce estos estereotipos, advierte el autor del libro, ya que con otras películas deshilvana lo que fue un sueño para unos como pesadilla para otros aunque poco a poco vayan apareciendo propuestas que quieren dar la vuelta a esa leyenda negra presentando al español como un héroe de capa y espada (El Zorro) o un valiente que como don Quijote aprende a luchar contra gigantes. Recuerda Esteban Vicente Boisseau los “españoles” que aparecen en Los inmortales y La princesa prometida, papeles que interpretaron en la primera Sean Connery y en la segunda Mandin Patinkin.

En conjunto, creo que el libro agradará relativamente más a los aficionados a la Historia que al Cine. La mayor parte de las películas que menciona no se destripan sino que se citan, y resultan pocas las que desmenuza para respaldar las tesis que sostiene todo el andamiaje de esta obra y que no es otro que entender este rechazo a lo español y latino como resultado de una leyenda, la Leyenda Negra, que se “inventó” para propagar por Europa a finales del siglo XVI y principios del XVII que España, definitivamente, era diferente.

Saludos, el hombre grita por las calles, desde este lado del ordenador