Archive for the ‘Libros’ Category

Viva el mal, viva el capital

Viernes, Julio 15th, 2022

Gorgorito se había despertado esa mañana medianamente feliz. Medianamente porque la jugarreta que había diseñado con su amiguito Poldito no había salido como ambos esperaban. Gorgorito, es lo suyo, hizo gárgaras antes de escupir el agua blanqueada por la pasta de dientes dentro del lavabo y luego intentó maquillarse pero sentía las manos torpes y notaba sobre todo muy en falta que nadie le llamara por teléfono.

“No puede ser verdad”, le comentaba a su propio reflejo, que el dineral que me exigía la bruja Ciriaca y que tan valientemente me negué a dar, no haya provocado una avalancha de aplausos, reconocimientos varios y numerosas llamadas de teléfono y correos electrónicos celebrando mi determinación… Pero, ay, Poldito, nadie, nadie me hace caso y desde aquí se escuchan las carcajadas malévolas de la bruja Ciriaca, que continuará saqueando a todo quisque sin que nadie le pare esas patas peludas que tiene…

Gorgorito temblaba escuchando las risas de la Ciriaca y se preguntaba qué pérfida operación judeo masónica preparaba para sisarle los 200.000 leuros, no 620.000 que decían por ahí, le tenía que adelantar por orden de la bruja al Buda contento. Pero no, ahí sí que no… ¿de dónde iba yo a sacar todo ese dinerito?, se dijo Gorgorito. Y menos a esa bruja Ciriaca que pese a que se haga pasar de izquierdas es prima hermana de la bruja Avería, así que desde que tomó poder no para de gritar viva el mal, viva el capital. Y así se está enriqueciendo él y su banda sin dejar que los otros, yo mismo, Gorgorito, nos convirtamos también en millonarios como ellos con el fin, eso tenlo presente, de evitar el pleito insular” porque, vaya, no lo he dicho, pero Gorgorito, Poldito, la bruja Ciriaca y su panda de ladrones digo asesores vive en un archipiélago pequeñito que flota en las aplacibles aguas del océano Melindroso…

Poldito quebró la corriente de pensamientos de Gorgorito anunciándole que ya estaba puesto el desayuno y que se lo tomara cuanto antes porque si no se ponía frío. La historia de siempre.

Gorgorito entró por fin en la cocina con el rostro todo blanqueado, se sentó y comenzó a desayunar mientras buscaba con los ojos su estaca porque estaba decidido a darle un par de estacazos a la Ciriaca… Bueno, él no sería quien le diera los estacazos, que para eso había otra gente. Le pidió a Poldito su teléfono que había dejado en la mesa de noche junto a la cama, ahora revuelta.

Escuchó los tonos hasta que escuchó una voz…

Gorgorito pronunció entonces la señal: Té, chocolate y café… Y esperó un rato a la contraseña, que no se hizo esperar: “sí, café, chocolate y té para los amiguitos”.

Mientras Gorgorito hablaba resonó la carcajada de la Ciriaca, que ahora volaba sobre una escoba con su mano derecha y una tropa de asesores cuyo sueldo por no hacer nada pone los pelos de punta a cualquiera que entienda de qué va esta historia…

Gorgorito colgó el teléfono, se llevó las manos a los oídos y dio un largo suspiro recordando cuando la Ciriaca y él tuvieron una larga semana de amoríos que marcó para siempre aquella relación condenada al fracaso. Ella, la Ciriaca, arramblaba con todo. Y a él, a Gorgorito, apenas le dejaba las migajas, lo que hizo que se enrocase y no quisiera salir de su casita de papel.

El desencuentro que desde entonces mantenían los dos había originado en todo el pueblo una corriente de especulaciones aunque más allá de su historia de amor hecha pedazos, como la nada esa, el caso es que su mundo se estaba viniendo abajo después de tanto indiscriminado saqueo. Saqueo de la Ciriaca y su pandilla de apandadores que ahora sobrevolaban la casita de papel donde vivía Gorgorito y su leal Poldito pero saqueo también del mismo Gorgorito y su leal Poldito en un largo y penoso historial de cómo cobrar un sueldo generoso con o sin mapas (por cierto, carísimo los putos mapas) como hoja de ruta hacia la nada.

Prudencia, la buena de Prudencia su vecina, lo dijo bien alto y claro a la bruja Ciriaca y sus acólitos como a Gorgorito y Poldito: dais asco. Lo de dais es porque Prudencia aunque nació en aquellas islas de infelices era de padre y madre peninsular. Godetes y celtíberos a mucha honra.

“Dais asco”.

Saludos, te, chocolate y café, desde este lado del ordenador

Larga vida al rock and roll

Miércoles, Julio 13th, 2022

A los cinéfilos de buena cuna les suelen gustar los libros que incluyen listas. Las listas pueden estar dedicadas a las, por ejemplo, cien mejores películas de todos los tiempos o las cien mejores películas de ciencia ficción y terror de la última década. El espectro que abarque la obra es cosa del autor, autor que por norma general suele ser un aficionado y experto que se ha pegado media vida contemplando cine. Cine que suele ser de género. O sea, ese del que huyen los espectadores que se dicen cultivados como aquellos que lo consumen a la misma velocidad con que devoran un plato de comida rápida.

Las 100 mejores películas del rock (Efe Eme, 2021) se viene a sumar a esta colección de libros que pretenden sintetizar en una cantidad limitada lo mejor y en ocasiones lo peor del cine de romanos, del espacio, romántico y, en el caso que nos ocupa, el musical en su versión más eléctrica, el rock. La obra, no obstante, incurre en algunas contradicciones de las que ya nos avisa el autor, Xavier Valiño, en el prólogo, ya que junto a cintas de rock, rock and roll, y pop de toda la vida, cuela otras que no pertenecen a esta familia como el jazz (Alrededor de la media noche, Bird); el blues y el soul. También el country western.

Como en todo libro que se precie de listas, el aficionado que se haga con un ejemplar encontrará algunas ausencias. Ausencias que serán graves o no según su criterio y sus gustos. Nosotros, por ejemplo, hemos notado en falta películas rock de cine español. Sobre todo una que considero esencial: Un, dos, tres… Al escondite inglés (Iván Zulueta, 1969) y Dame un poco de amor (José María Forqué, 1968), un filme éste que mezcla imagen real con dibujos animados. Al margen de que Valiño no contara con ellas, el libro reúne un centenar de películas que muchos aficionados habrán visto pero también descubrirán un puñado que no.

La obra está estructurada cronológicamente, así que comienza en los años 50 del pasado siglo XX con una ajustada y muy informativa reseña de Semilla de maldad (Richard Brooks, 1955), un largometraje que además de contar en su banda sonora con el ya legendario Rock Around the Clock, interpretado por Bill Haley and His Comets, inició sin querer un subgénero (el de profesor recién llegado a un instituto conflictivo) que cuenta en su haber con dramas y comedias.

Es inevitable que para quienes son iniciados en el mundo del cine y en todo el aparato que rodea a la industria, sobre todo la norteamericana, un libro de esta clase hace inevitable que la memoria refresque películas que vio en la noche de los tiempos y le entren ganas de revisitarlas si guarda de ellas buen recuerdo.

El trabajo que ha realizado Xavier Valiño es de chinos y es de agradecer que el tono que marca a toda la obra no sea el de un erudito que demuestra que tiene la lección bien aprendida sino la de un aficionado que sabe. Y saber, se nota mucho que sabe de lo que escribe.

En su recorrido sobre las relaciones entre el cine de ficción y el rock (y otras músicas) se agradece la reflexión con que habla de todas estas cintas y de muchas de sus canciones que marcaron la banda sonora de nuestra vida, así que la lectura también tiene algo de nostalgia y, al mismo tiempo, de hacerse a la idea de las distintas tendencias que destacaron en aquellas décadas. En los años 60, por ejemplo y tras el huracán The Beatles, filme que se caracterizaron por su mensaje libertario, como Easy Rider (Dennis Hooper, 1969) y en los 70 unas ganas de esparcimiento con la cual olvidar la realidad que se cernía en aquellos años y que se refleja en filmes como Fiebre del sábado noche (John Badham, 1977), extravagancias como The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975); álbumes conceptuales convertidos en películas como Tommy (Ken Russell, 1975) o la explotación del mito fáustico en clave rock en la estupenda El fantasma del paraíso (Brian de Palma, 1974) así como revisiones del pasado rockero a través de filmes biográficos sobre Elvis y Buddy Holly y musicales pacifistas como Hair (Milos Forman, 1979), entre otras.

Los 70 concluye en la selección que hace Xavier Valiño, con un gran clásico reciente: Granujas a todo ritmo (John Landis, 1980).Tras los 70, la década siguiente ofreció a los espectadores un filme revelación, El Muro (Alan Parker, 1982) donde se da vida con imágenes a un disco legendario de Pink Floyd. No era la primera vez, ahí está Tommy, que hizo lo mismo con un disco de The Who. En cuanto a retratos biográfico nos encontramos con Sid y Nancy (Alex Cox, 1986) con un Gary Oldman que se pone en la piel del batería de los Sex Pistols, Sid Vicious.

El mismo efecto me produce revisar los 90 y la primera década del siglo XXI, con títulos como The Commiments (Alan Parker, 1991) y Alta Fidelidad (Stephen Frears, 2000); Casi famosos (Cameron Crowe, 2000) y 24 hour party people (Michael Winterbotton, 2002), Ray (Taylor Hackford, 2004) y En la cuerda floja (James Mangold, 2005).

En la relación, el autor selecciona series de televisión vinculadas al mundo de la música como Vinly (creadores Martin Scorsese, Mike Jagger, Rich Cohen y Terence Winter, 2016) y Treme (creadores David Simmon y Erik Overmyer, 2010).

En definitiva, se trata de un libro que, pese a sus inevitables agujeros, me atrevería a recomendar a todos aquellos que una vez bailaron al ritmo del Be-Bop-A-Lula.

Saludos, larga vida al rock and roll, desde este lado del ordenador
Saludos,

Sueños rotos en la baja verde, una novela de Ana García-Ramos del Castillo

Martes, Julio 12th, 2022

Sueños rotos en la baja verde, de Ana García-Ramos del Castillo, forma con Tanto para nada y La vida en silencio una trilogía creo que involuntaria en la que la Historia, con H mayúscula, y la tragedia se dan la mano. Si Tanto para nada como La vida en silencio se basaban en experiencias familiares del pasado (ambas se desarrollan en las dos primeras décadas del siglo XX), Sueños rotos en la baja verde es una novela de ficción, de creación absoluta de personajes, que da un golpe de manivela al reloj del tiempo para centrar el relato en el naufragio de un barco de bandera francesa frente a las costa de Taganana, Tenerife. Será este dramático hundimiento el que condicione las distintas historia de los protagonistas que intervienen en el libro.

Como en los títulos anteriores, se trata de una novela de personajes, aunque el fondo histórico está notablemente descrito, lo que lo hace creíble. La escritora da consistencia al relato porque conoce la época de la que escribe, aunque es tanto el esfuerzo que en ocasiones lamento que la novela no duplique el número de páginas. Por una vez, me hubiera gustado seguir leyendo las vidas, alguna de ellas errantes, que recrea Ana García-Ramos en un libro que además de entretener, conmueve.

Tiene Sueños rotos en la baja verde el encanto de las obras de finales del XIX, un grupo de personajes, algunos con vidas dispersas, a bordo de un barco que los lleva a otro mundo en el que reconstruir sus vidas.
Estamos a finales del siglo XIX, y los ecos de la Historia retumban con la fuerza de un cañonazo que hace temblar Europa. En Tenerife, esperan otros que por los caprichos del destino, que no es otro que el que dicta su autora, conoceremos a personajes que cruzarán sus vidas con alguno de los pasajeros del barco.

La novela se lee en un momento, no llega a las 130 páginas, y en ella sucede todo tipo de cosas aunque me quede como lector con ganas de continuar para saber qué ocurrió con sus personajes. No sé si es intención de la escritora hacerlo, pero sugiero la posibilidad porque creo que en este libro hay mucho material que explotar.

Que Ana García-Ramos del Castillo ha crecido como autora lo pone de manifiesto a mi juicio el capítulo que dedica al hundimiento del vapor francés Flachat.

El retrato es vívido y sabe contaminar de angustia el ánimo del lector. Lo visualicé en mi cabeza y sentí la desesperación que transmiten las páginas que dedica al naufragio. La escena está planteada muy cinematográficamente. En cine se narraría en planos paralelos. El capítulo cuenta lo que pasa dentro del barco y en el otro cómo responden solidariamente los habitantes de Santa Cruz de Tenerife cuando se conoce el hundimiento y que algunos cadáveres están llegando a la costa. Más adelante sabremos que los cuerpos irreconocibles fueron enterrados bajo la arena de la playa.

Pero más allá de lo que sufrieron aquella espantosa tragedia, hubo también supervivientes entre los que se encuentran una de las protagonistas de la novela, la principal por encima de otros, y cuyo origen es armenio.

La novela está muy bien documentada, ese peso, el de reconstruir en nuestro imaginario escenarios conocidos, aguanta como un andamio su estructura aunque en los capítulos finales los hechos terminen por ahogar las alegrías y tristezas de sus protagonistas. Se tratan de momentos en los que el libro alcanza velocidades que sabe controlar la escritora, y en la que además de abundantes y excelentes descripciones, se detecta una enorme capacidad para reproducir los hechos narrados por los periódicos de la época.

Después de leer Sueños rotos en la bajada verde, me asalta un sueño, y es la esperanza de que esta línea que explora con tanto mimo Ana García-Ramos del Castillo se extienda a otros autores. Ayudan a comprender la historia de una isla y de sus habitantes que a veces sabe responder con la cabeza bien alta a los desafíos, vengan o no del mar.

Se trata en definitiva de una obra que llega al corazón, que sabe conmover y que se toma muy en serio no solo la terrible tragedia que cuenta, y que también describe en las páginas del libro, sino en consolidar el carácter de sus personajes, en dotarlos de psicología para que no se desvanezcan en el texto.

La novela tiene también el mérito de recrear con pulcritud y oficio una época, finales del siglo XIX e inicios del XX, con notable capacidad, luego hace creíble los distintos escenarios que por ella discurren, llamando la atención en los que como lector reconozco, como son cuando la acción se desarrolla en una capital tinerfeña que ya no tiene demasiado que ver con la que conocemos en la recién iniciada segunda década del XXI.

No sé si la intención de su autora fue la de cerrar con este título lo que podría ser una trilogía de carácter histórico en el que rendir homenaje a nuestro pasado pero si lo fuera o no es lo de menos porque estamos ante una escritora que sin entusiasmos experimentales (lo que se agradece) ni alardes estilísticos, maneja muy bien las herramientas literarias para que el lector que se acerque a su obra viaje en el tiempo a una realidad que no tiene ya mucho que ver con la nuestra pero que forma inevitablemente parte de una historia común y que como tal se hace necesario conocer.

Saludos, calor, desde este lado del ordenador

La Laguna acoge del 13 al 16 de octubre la Feria Provincial del Libro de Santa Cruz de Tenerife

Sábado, Julio 9th, 2022

Por fin hay fechas para la celebración de la Feria Provincial del Libro de Santa Cruz de Tenerife, actividad que muchos esperamos nos quite el mal sabor de boca que nos dejó la que hace unos meses visitamos en la capital tinerfela.

Como recordarán, desde el año pasado la Feria dejó de celebrarse en Santa Cruz, La Laguna asumió el compromiso de acogerla y se desarrolló en diciembre en la plaza del Adelantado. Ahora y mediante su página en Facebook, nos enteramos que anuncia nueva Feria Provincial del Libro de Santa Cruz de Tenerife del 13 al 16 de octubre en tres escenarios diferentes:

Plaza de la Concepción, Plaza de la Junta Suprema y Plaza de La Catedral.

Hasta ese entonces, habrá que ver el número de casetas que consigue reunir (se notó y mucho, la ausencia de varias librerías de la isla en 2021m entre ellas la de Lemus, que no suele acudir desde hace unos años a este encuentro por razones que un día explicaremos); los escritores y escritoras a los que se invitarán para que hablen y sobre todo firmen ejemplares de sus obras y el público que genera este encuentro tan necesario para el libro, los autores y sobre todo los lectores, su destinatario final.

Saludos, nos vemos, desde este lado del ordenador

Mil doscientos pasos, una novela de Juan Cruz

Viernes, Julio 8th, 2022

“Mi padre había estado en la guerra, por Zaragoza, como el maestro, y tenían muchas cosas que parecían comunes, incluido el tipo de armas que lucieron, pero no el bando al que habían pertenecido. Aunque de eso no se hablaba en casa, luego trascendió que el maestro había estado de parte del gobierno republicano, mientras que mi padre fue llevado voluntario; era así: te mandaban como voluntario, a luchar a favor de los insurrectos, aunque él nunca hubiera tenido esa preferencia, puesto que era un anarquista cuya madre le había obligado a lucir un uniforme que le duró lo que un suspiro”.

(Mil doscientos pasos, Juan Cruz Ruiz, Alfaguara, 2022)

Tengo la sensación cuando leo cualquier novela de Juan Cruz Ruiz que ya he leído ese libro. No sé si les pasará a otros lectores pero esto es lo primero que pienso cuando abro las tapas de Mil doscientos pasos, aunque más tarde, cuando la historia coge velocidad de crucero, me de cuenta al llegar a las páginas finales que estaba equivocado. No demasiado, seamos justos, pero sí que algo porque lo que sucede como una avalancha en su tramo último sí que no me hace evocar otras novelas del escritor y periodista.

Mil doscientos pasos es una novela que destila nostalgia por los cuatro costados. También de reconquista de la memoria. La literatura de Juan Cruz Ruiz es sobre todas las cosas una literatura que insiste casi siempre en el mismo asunto: la memoria reconquistada. Es decir, que estos libros adopten la forma que quieran, ahora una novela, están fuertemente atados al pasado que el escritor reconstruye. Un pasado muy subjetivo ya que no le hace ascos a la ficción.

Los protagonistas de esta historia resultan por eso mismo tan reconocibles e identificables para quien ya esté iniciado en los conflictos literarios de Juan Cruz. Que conozca, aunque sea meridianamente, las constantes de su literatura.

La novela retrotrae al pasado y al barrio en el que creció el escritor y periodista. Tuve hace unos años el privilegio de conocer aquella casa de la mano del propio Juan Cruz. Y sí, allí mismo comprobamos los que nos apuntamos a aquel singular viaje en busca del pasado del escritor que muchos de los elementos que circulan por sus novelas están basados en circunstancias reales. En situaciones que más tarde transformaría en literatura este hijo del Puerto de la Cruz. Con todo, y siguiéndole desde hace ya unos años, me pregunto como sería una novela, un cuento si quiera, salido de su imaginación sin explotar el formidable disco duro en el que deben de estar concentrados sus recuerdos.

Si algo me sorprende de la gente que conozco es su capacidad para recordar hechos del pasado, del pasado que han ido construyendo su historia. Y escribo que me sorprende porque me confieso absolutamente incapaz de evocar los acontecimientos menos graves que me sucedieron cuando tenía otra edad. Sí que están grabados los tristes y alguno alegre, pero no aquellos que no significaron nada en mi existencia. Leyendo a Juan Cruz como cuando hablo con un amigo que tiene esa misma capacidad de recordarlo todo con admirable precisión me pregunto hasta qué punto estimulan y hasta qué punto fabrican con ficción su inspiración. En el caso del amigo, tengo la respuesta: recrea su pasado como mejor le parece. No lo tengo tan claro cuando leo algún libro de Juan Cruz, libros que camufla como novelas, y mucho de novela tiene, claro, solo que como les decía al principio tengo siempre la sensación de que eso ya lo he leído en un libro anterior del mismo autor.

Curiosamente, el final de Mil doscientos pasos no me disgusta como sí me disgusta el de anteriores libros del autor. Creo, además, que lo mejor de esta novela se encuentra en sus páginas finales quizá porque tengo la sensación de que lo he leído en otra parte pero no en una novela de Juan Cruz. Reconozco también a un escritor más elástico con las expresiones que pronunciamos en esta tierra, y que repite varias veces pero sin abusar un insulto que en Canarias decimos de otra manera a cómo lo dicen en territorio peninsular. El sonoro pollaboba por el gillipollas mesetario. Hay otras palabras que compartimos aquí que ocupan su sitio en la novela, así que esta historia de un niño que está aprendiendo a crecer, su madre y el profesor republicano al que un falangista le perdona la vida entre otros personajes se convierte en un material literario diría incluso que inédito en la producción literaria de Cruz Ruiz.

La novela está dedicada, entre otros personajes, “A don Domingo Pérez Minik”, el crítico tinerfeño que nos enseñó hace años que Tenerife tuvo su propia facción surrealista y que para Juan Cruz es como un sabio venerable, rasgos que derrama sobre el maestro republicano que enseña pero tiene miedo, mucho miedo, de lo que puedan hacer con él los que han ganado la guerra. Al final… al final lo mejor es que se compren Mil doscientos pasos y descubran que cualquier tiempo pasado no tuvo que ser necesariamente mejor.

Saludos, agrupémonos todos, desde este lado del ordenador

Masones, ni tan secretos ni tan discretos

Miércoles, Julio 6th, 2022

La historia de la masonería forma parte indivisible de la historia de Europa y de los Estados Unidos de Norteamérica desde que se constituyó como sociedad secreta, aunque los masones prefieran decir discreta, en la primera mitad del siglo XVIII. Inspirada en el antiguo gremio de los albañiles y constructores de catedrales, entre las herramientas que se emplean en sus ritos se encuentran los útiles habituales de estos trabajadores, de quienes imitaron también su señas y toques para reconocerse.

Más de trescientos años forman parte del relato histórico de la masonería, y todavía resulta extremadamente difícil que quien investiga sobre ella no termine abducido ante las buenas acciones que marcan el camino de los miembros de estas organizaciones, organizaciones en la que la verdad y la leyenda se confunden. Quizá sea su carácter “secreto” la causa de que sus miembros hayan sido perseguidos a lo largo de todos estos años de singladura pero también, y así lo remarca John Dickie, autor de La Orden. Una historia global del poder de los masones (Debate, 2022), la causa de que aún sigan despertando tantas pasiones.

Tal y como indica su título, John Dickie no ha pretendido contar una historia de la masonería, que historias sobre su origen y desarrollo hay muchas, sino describir con sobresaliente pulso narrativo, los momentos más significativos de lo que llama La Orden. Para los especialistas en los estudios de la masonería es probable, sin embargo, que los contenidos que estructuran el libro no terminen de convencerlo, pero harían mal en rechazar una obra que lo que pretende es estudiar con cierto detenimiento aquellos episodios en los que la aparente discreción de la masonería y de los masones trascendió a lo público.

Dividido en diecisiete capítulos, Dickie repasa los “momentos estelares” de la masonería comenzando, no iba a ser menos, por su origen la primera mitad del siglo XVIII en algún lugar de Inglaterra. El lugar escogido para el parto fue una taberna, The Goosean and Gridiron, y allí se encontraban entre otros, algún pastor protestante que más tarde haría oficial aquella reunión con la redacción de unos preceptos que los masones reconocen desde ese entonces como su Constitución.

El autor del libro, que además de historiador es periodista, propone primero una reflexión sobre los misterios que “protegen” los miembros que pertenecen a La Orden para pasar en capítulos siguientes a su expansión por el planeta con el fin de promover la hermandad entre todos los seres humanos solo que, como cualquier sociedad que se precie, cuenta también con profundas contradicciones.

Escribe John Dickie que “el secretismo está triplemente encerrado en los grados que marcan el acceso de un hombre a una logia masónica: la existencia de los rituales es secreta; durante dichos rituales, se hacen varios aterradores juramentos de secretismo, y los propios secretos se esconden detrás de símbolos. La ceremonia del grado de maestro culmina cuando sale a la luz el secreto más profundo y terrible. Y el secreto último de la francmasonería es… que la muerte es algo muy serio y pone las cosas en perspectiva”.

Y eso es todo, en realidad, escribe John Dickie, quien intenta a lo largo del libro restar trascendencia a la masonería y a los masones, recordando que tal y como se revela cuando se asciende al ritual del segundo grado, la masonería es “nada más y nada menos que un sistema peculiar de moralidad envuelto en alegorías e ilustrado con símbolos”.

Me han parecido especialmente atractivos en el libro los capítulos que dedica a la masonería en los Estados Unidos de Norteamérica (Washington. Una logia para las virtudes), país en el que recuerda más adelante que estas sociedades están tan instaladas que han dado origen a todo tipo de grupos más o menos “secretos” y en otros casos a inspirar ritos a familias radicalmente diferentes como puede ser la iglesia mormona; así como el que estudia las sociedades secretas que se expandieron por toda Italia cuando intentaba nacer como nación.

Pero si tuviera que destacar solo un capítulo, recomendaría la lectura que se ocupa de la masonería de los hombres de raza negra, asunto que trata en Charleston. Los africanos fueron los creadores de esta misteriosa y bella orden. La realidad, dice Dickie, es que a los afroamericanos les costó ser aceptados en “la hermandad” y que cuando consiguieron constituirse en logias, tuvieron que hacerlo por separado porque no podían acceder a la de sus “hermanos” blancos por cuestiones raciales.

Como se decía, la historia de la masonería como la historia de cualquier grupo que se precie está trufada de divisiones que alejan más que aproximan círculos que aparentemente trabajan para lo mismo: la perfección del ser humano.

La Orden también estudia la persecución a la que fueron sometidos los masones en países como la Italia fascista, la Alemania nazi y la España de Franco. En el caso de la España franquista, bien informado, el autor cae no obstante en un error que, mucho me temo, siguen alimentando los propios masones como que Franco les declaró la guerra por resentimiento ya que no fue admitido a entrar en una de sus logias cuando servía como militar en Marruecos. La historia ha demostrado que esto es rotundamente falso, aunque su hermano Ramón sí que fue “hermano” hasta su muerte durante la Guerra Civil española.

En el libro, John Dickie habla también de otros garbanzos negros que salpican la historia global de la masonería cómo fue escándalo de la logia P2, vinculada a la extrema derecha italiana y también de las contradicciones que padece la masonería que se instaló en India, durante el imperio colonial británico, y que tuvo como miembro entre otros ilustres, al escritor Rudyard Kipling, autor de un emotivo poema dedicado a su logia. Esta masonería británica instalada en la joya de la corona si se caracterizó por algo fue por su racismo y, una vez superado, que persistiera su reticencia a admitir a indios entre sus miembros.

No se trata, como he leído por ahí, La Orden. Una historia global del poder de los masones, de una obra clave para entender y asumir su influencia, pero sí que aclara muchos de los méritos que, pese a su trayectoria irregular, conserva. No es, de todas formas, un libro sobre la masonería pero sí que es una obra que analiza la influencia que ha ido adquiriendo a lo largo de los siglos sobre todo en occidente.

La masonería cuenta en la actualidad con más de seis millones de miembros en todo el mundo, una cantidad significativa de hombres y también de mujeres que en su mayoría aspiran a convertirse en “mejores personas”.

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador