Archive for the ‘Libros’ Category

Un archipiélago mestizo

Miércoles, Marzo 10th, 2021

Tras la conquista, qué palabra, la Historia de Canarias es la de un intenso proceso de mestizaje en el que se mezcla en un todo los primeros pobladores de las islas con las gentes que cruzaron el mar para construir una nueva vida en estos peñascos diseminados a este lado del océano Atlántico.

La literatura que se escribe en el archipiélago no ha explotado todavía con la fuerza que se merece cómo se transformó la sociedad canaria tras ser sometida por los europeos, aunque hay algunos ejemplos significativos que han ahondado con mejor y también con peor fortuna en lo que implicó esa mutación. El mestizaje entre las gentes que venían del mar con los que vivían en las islas a través de los años y los siglos.

Lo interesante de estas obras es, a nuestro juicio, la reflexión por poco profunda que resulte, que se plantean los autores entre los primeros pobladores de Canarias con los que llegaron después, con la espada en una mano y la cruz en la otra, con el fin de ser los embriones de lo que más tarde serán los canarios, resultado en la actualidad de aquella mezcla tan característica y habitual en los territorios de frontera.

Pese a su atractivo, no ha sido un tema que haya generado mucha literatura quizá porque aún desconcierta la verdad de donde procedemos: una sociedad en constante evolución, mezclada, con sangre castellana, andaluza, indígena, flamenca, portuguesa, africana, entre otras, que da una idea de la mixtura de un pueblo que aún vive de espaldas a su origen. Un origen que no procede precisamente de los primeros pobladores, aquella raza que según la canción “nació en la Historia para vivir en la leyenda”, sino de los que llegaron más tarde, se mezclaron y buscaron un sitio en el que establecerse antes de que el sueño americano llamara a su puerta.

Nos hemos centrado pues en este recorrido en las novelas y cuentos que desde la perspectiva del siglo XX y XXI han desarrollado sus historias después de la conquista hasta el siglo XVII, aprovechando la reciente publicación de Llevadme a ver el mar, de Jorge Fonte, que se desarrolla en una La Laguna que todavía puede ser reconocida en algunas de sus calles y plazas. Omitimos, aunque el arco temporal en el que ubicamos estas obras sea una constante temporal en los thriller de Mariano Gambín, un puñado de obras por desconocimiento pero los títulos que se comentan están aquí porque, a nuestro juicio, encarnan lo más representativo de una literatura que si tuvo alguna pretensión fue la de mostrar a sus lectores cómo era Canarias en unos tiempos donde comenzaba a tomar conciencia de sí misma.

Se menciona como antecedente el canario que forma parte de la expedición de Pedro de Ursúa y en la que se encuentra Lope de Aguirre, y que la pluma de Ramón J. Sender describe en La aventura equinoccial de Lope de Aguirre como un personaje “taimado y peligroso”.

Entre los primeros títulos que imaginaron cómo pudo ser aquella Canarias de frontera, un territorio dado al mestizaje y última escala antes de navegar por el Atlántico rumbo a las Américas, se destacaría por su singularidad Benartemi o El último de los canarios, de Agustín Millares Torres, novela notablemente influenciada por El último mohicano de J. Fenimore Cooper. La obra transcurre en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria una decena de años después de la conquista con una buena parte de la población aborigen reducida a la esclavitud. Algunos rebeldes canarios se han refugiado en los montes y atacan de cuando en cuando la ciudad, si bien es cierto que cada vez son menos y mucho más esporádicas sus incursiones. El jefe de todos los rebeldes es Benartemi, al que el pueblo ha convertido en un mito y los castellanos en el mismo diablo, aquel al que debe darse muerte.

Islas afortunadas. Retablo pintoresco de vida colonial (J. García de Vegueta, Ediciones Aymá, 1944) propone un recorrido de ambientación histórica precisamente en los siglos que nos ocupan, comenzando su recorrido por Tenerife para finalizar en la legendaria San Borondón. El autor explica en el prefacio de la obra que su libro recoge leyendas en contadas ocasiones y que su objetivo era fijar la atención en la Historia del pueblo que habita las islas si bien reconoce que “no es tarea fácil dar nueva vida a los personajes que yacen olvidados en los archivos. La historia de los antiguos Purpurista o Hespérides es una intrincada maraña, y hemos tenido que abrir una brecha para encontrar a nuestra gentecilla”.

El libro Islas afortunadas… ofrece así un interesante recorrido a medio camino entre la realidad y la ficción de un archipiélago que comenzaba a adaptarse a la civilización europea.

Si tiene un pero este libro es que está escrito con el español de su tiempo, lo que puede lastrar su lectura a los lectores actuales siempre caracterizados por las prisas y la impaciencia.

Esa misma Canarias que comenzaba a españolizarse marca la época en las que se desarrolla La pluma del arcángel, de Carlos Álvarez, y obra por la que obtuvo el premio Benito Pérez Armas. Álvarez, soriano de nacimiento pero isleño de corazón, insistiría años más tarde en la novela histórica con La señora. Doña Beatriz, señora de Gomera y Fierro, centrada en la vida de Beatriz de Bobadilla en La Gomera pero no ahondaremos en ella porque se salta la línea temporal que hemos establecido de relatos que se ocupan de las Canarias después de ser conquistadas aunque eso no le resta mérito a una obra en la que el escritor y guionista pretende dar otra visión de quién fue la señora de La Gomera y El Hierro muy alejada de la visión insultante y descalificadora que hasta la fecha habían acuñado muchos historiadores sobre doña Beatriz.

La pluma del arcángel sin embargo sí que se adecua a las intenciones de este artículo ya que el escritor ubica la acción a inicios del siglo XVI, cuando el inquisidor Fernán Ximénez llega a Canaria, “rincón del Imperio donde las costumbres se han relajado bastante, dispuesto a imponer su viejo rigor toledano”. Su llegada, sin embargo, no es celebrada por casi nadie en este pequeño microcosmo de la sociedad colonizadora, y que encarnan en el libro el gobernador Diego de Herrera, hombre pragmático que teme que los excesos de la Iglesia hagan de su isla un lugar inevitable; el mujeriego teniente Múxica, brazo derecho del gobernador; el pescador y visionario Antón Carreño; Martín Toscano, rico comerciante y judío converso; Nemesio Quiroga, pregonero, recadero y hombre para todo del teniente Múxica; o la vieja Farfana, prostituta y hechicera.

La novela, prácticamente inencontrable en papel, se puede descargar en la página web de Hora Antes Editorial por el módico precio de tres euros.

Premio Benito Pérez Armas también por El corsario de Lanzarote, Francisco Estupiñán narra en esta novela las peripecias de una poderosa familia canaria del siglo XVI y de paso reflexionar sobre “cómo fue la construcción de Canarias y cómo es hoy Canarias a través de esta construcción”.

La obra se centra en un personaje real de la Historia del Archipiélago, Agustín de Herrera y Rojas, marqués de Lanzarote, mestizo por el que corría en sus venas sangre de nobles castellanos con la de los conquistadores normandos y los primeros pobladores del archipiélago en unos años en los que comenzaban a instalarse los primeros cimientos de la sociedad canaria.

El libro reincide en las correrías que tanto los naturales de las islas más orientales del archipiélago como los africanos que tenían como vecinos hacían unos con otros con el fin de intercambiar rehenes, hacer pillaje y cualquier otro trabajo con el que sacar algo de dinero. A mal tiempo, buena cara.

Francisco Estupiñán insistiría en la misma época en Negro Juan, donde noveliza la vida de Juan Garrido, el único hombre de raza negra y condición libre del que existe constancia documental, muy escasa, sobre su participación en la conquista y colonización de América.

Juan-Manuel García Ramos se ocupa también de este periodo en El guanche en Venecia, novela que transcurre durante el verano de 1496, una vez culminada la conquista de Tenerife, cuando siete de los derrotados menceyes guanches, uno de ellos Bencomo de Taoro, son conducidos ante la Corte de los Reyes Católicos por el capitán-conquistador Alonso Fernández de Lugo. La historia, sin embargo, se desarrolla más en la Venecia del título que en la isla de Tenerife aunque la primera y última parte sí que se desarrolla en la isla.

Ni el siglo XV ni en el XVI sino en el XVII se ambienta La sombra y la tortuga, de Alberto Omar, interesante retrato de la sociedad tinerfeña de frontera donde lo religioso y pagano se mezcla sin estridencias, dando verosimilitud a un relato que se desarrolla en su mayor extensión en la ciudad de La Laguna, ahondado en las diferencias sociales y las fisonomías de los grupos cerrados que existían entonces en la ciudad.

Otras novelas que se han ocupado de este periodo son Ponte en mi piel, de Emma Lira, que se desarrolla en Tenerife durante el siglo XVI y que explica la historia de Petrus Gonsalvus, un personaje que existió y que recorrió las cortes europeas por su abundante vello y El baúl de los cangrejos, de Javier González y novela en la que propone un viaje a través de los siglos de una familia que se establece en el Puerto de la Cruz desde el XVI hasta nuestros días.

Historias de complicado andamiaje, El baúl de los cangrejos como bien explica en el prólogo el escritor y periodista tinerfeño Juan Cruz Ruiz coincide con las intenciones con las que abordamos este artículo ya que “los herederos de esos conquistadores, en su inmensa mayoría luego fueron considerados como canarios, porque lo eran, mezclaron sus sentimientos de dependencia y su reticencia ante los conquistadores y no lograron zafarse de esas ataduras morales o económicas y optaron más por magnificar las leyendas que por rebuscar en los hechos de la historia”.

La literatura sobre piratería ha dado también origen a varios libros que se desarrollan de manera indirecta la mayor parte de las veces en Canarias. Destacaríamos al ceñirse a nuestro corsé temporal novelas como Alí, el canario. Un corsario berberisco, de Moisés Morán Vega y que se desarrolla en el siglo XVII y que recrea la vida de Simón Romero, nacido en el año 1639 en la calle Triana de Las Palmas de Gran Canaria y que a los 16 años fue capturado por un corsario argelino cuando pescaba en las costas de berbería, en África. No obstante, la literatura de piratas se desarrolla mayoritariamente en el XVIII y XIX, siglos en los que aparecen dos mercenarios de origen canario cuya leyenda se confunde con la realidad como Amaro Pargo y Ángel García, Cabeza de perro, este último más mito que otra cosa en opinión del catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel de Paz, quien afirma que es un personaje literario que aparece en la novela Sor Milagros o secretos de Cuba: novela histórica contemporánea ilustrada, escrita por Aurelio Pérez Zamora en 1895 y publicada en 1897.

Es muy probable que haya algún título más que se desarrolle en estos dos siglos de Historia de Canarias, periodo que, quién sabe, despertó la imaginación de un escritor con independencia de su sexo con el objetivo de corregir algunos de los conflictos que seguimos arrastrando de “nuestro pasado común”. Defiendo que, pese a sus atractivos, continúa tratándose de un periodo no demasiado frecuentado en la literatura que se escribe en Canarias. Sin embargo, y como dijo el poeta, la esperanza me mantiene.

Saludos, leer, leer, leer, ¿esa es la cuestión?, desde este lado del ordenador

Llevadme a ver el mar, una novela de Jorge Fonte

Martes, Marzo 9th, 2021

La aparición en la república de las letras de Jorge Fonte es relativamente reciente. Si no se equivocan sus perfiles biográficos, irrumpe en 2017 con un libro de cuentos de carácter erótico titulado Natalia y otros relatos solo para adultos, volumen al que, tres años después, añadiría una continuación con Milena Velba y más relatos solo para adultos. En 2018 presentó su primera novela, Una isla a la deriva, en la que se sirve de un hecho fantástico para promover una reflexión sobre el archipiélago y en concreto El Hierro, a la que se siente fuertemente atado por lazos familiares.

Jorge Fonte era conocido, no obstante, mucho tiempo antes por una serie de trabajos críticos sobre el cine y sobre algunos cineastas. En concreto, resultan muy interesantes las aproximaciones que realiza al universo imaginativo de Walt Disney, como creador y como fabricante de sueños; Woody Allen, al que ha dedicado varias obras que se ocupan, entre otras particularidades que definen la filmografía del director de Manhattan, sus abundantes referencias cinéfilas y musicales que aparecen en sus películas así como sendos estudios sobre Robert Zemeckis, Russ Meyer, Oliver Stone y Steven Spielberg, entre otros.

El escritor regresa ahora con Llevadme a ver el mar (Ediciones Idea, 2021) al territorio de la literatura de ficción con una novela que no tiene nada que ver con la primera (Una isla a la deriva), lo que revela a un autor inquieto que es capaz de escribir un texto con tintes extraordinarios a volcarse ahora con otro que no tiene nada que ver con el anterior, ya que se costriñe a los límites –en fondo y forma– que impone la novela histórica.

Llevadme a ver el mar se desarrolla en la ciudad de La Laguna a mediados del siglo XVII y está inspirada en un hecho real: la historia de amor que se tejió entre el noble Jerónimo de Grimón y Rojas con la monja sor Úrsula de San Pedro.
Se sitúa la acción en el año de “nuestro Señor” de 1651 y la ciudad, la isla, el archipiélago canario comienza a moverse con lentitud en dirección a un futuro incierto mientras su población permanece atada a viejas tradiciones y lealtades familiares que el paso de los años no ha disuelto en el aire. Y tradición que parece que se ha enquistado –de generación en generación– en la sociedad lagunera.

La novela está notablemente ambientada, por lo que las situaciones que plantea Fonte resultan muy creíbles. El escritor, a modo de guiño, da apellidos de amigos y conocidos a algunos de los protagonistas “no reales” de la historia pero que están ahí para facilitar lo que tiene de ficción un relato que procura en todo momento (y suele conseguirlo) respetar el hecho histórico que lo inspira.

El libro cuenta además con un índice de personajes (reales y no reales) para que el lector no se pierda con ellos ya que son casi medio centenar entre principales y secundarios. Se agradece esta guía porque resulta natural que a medida que se avanza en la historia (dividida en tres partes) uno se pierda con ellos. La mayoría, de todas formas, son fundamentales para sostener una narración que más que reflejar la armonía de la época, la ciudad de La Laguna como núcleo urbano que empieza a crecer y que cuenta con una estructura social claramente definida, se decanta por la pasión amorosa.

La novela, de todas formas, se desarrolla en el escalón más alto de la pirámide social: la nobleza, algunos de los cuales son nietos y bisnietos de los conquistadores que acompañaron a Alonso Fernández de Lugo, el hidalgo castellano que fue responsable de la incorporación definitiva de las islas Canarias a la Corona de Castilla en el siglo XV.

Llevadme a ver el mar cuenta con algunos peros… Entre otros destacaríamos el estilo que ha escogido Jorge Fonte para narrar esta historia, una imitación más irregular que regular de cómo se hablaba en aquel entonces en una islas ya sometidas. A mi juicio, más que situar al lector en la época que describe lo aparta de la misma por el tono solemne del lenguaje que mantiene a lo largo de toda la novela. Entiendo que se hizo así para dar credibilidad a su relato pero no termina de convencer una escritura que, por vicios de donde procede, peca la mayor parte de las veces de pomposidad. No termina tampoco de asumirse el número de páginas, más de trescientas, ya que la convierte en una obra demasiado extensa para narrar una historia de amor que no cuenta con demasiados matices. Sí que se agradece, por otro lado, el ánimo que tiene Fonte para informar de algunos hechos claves en la Historia de La Laguna, notas necesarias porque mucho de lo que se cuenta en el libro pudo pasar en verdad. No se nota, o al menos no escandaliza, que el escritor se haya arrogado la autoridad de “inventar” algunos neologismos porque “aportan buen ritmo y elegancia al texto”.

En conjunto, Llevadme a ver el mar cumple las expectativas. Se agradece el cuidado y la meticulosidad con la que Jorge Fonte cuenta esta historia de amores prohibidos en una ciudad de La Laguna que más que mirar a España y el nuevo mundo, se fija atolondradamente en sí misma al margen de los cambios que se producen a un lado y al otro del océano. Esas transformaciones que traen y se llevan los vientos de la Historia son detalladas también por el escritor para dotar de autenticidad el momento histórico en el que se desarrolla una ficción que bebe de la fuente de un hecho real que marcó a la antigua capital de Canarias.

El libro cuenta con una amplia bibliografía en la que se detallan las obras a las que recurrió Fonte para dar coherencia histórica a este relato de amores imposibles que se desarrolla en una ciudad que crece y que domina una pequeña nobleza con apellidos (muchos de los cuales han llegados hasta la actualidad); una iglesia que dirige la vida espiritual de sus habitantes y una clases populares en la que se mezcla lo mejor y lo peor de eso que llaman pueblo. Un pueblo mestizo que anda con esclavos de raza negra y mulatos que augura el futuro de un archipiélago atlántico que vive demasiado dentro y embobado de sí mismo.

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador

Manuel Hernández: “El campesino blanco cubano era de origen ‘canario’ a inicios del XIX”

Lunes, Marzo 8th, 2021

Venezuela, Cuba y República Dominicana forman el grueso de las investigaciones del catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel Hernández González, historiador que presenta estos días un nuevo y voluminoso trabajo, Resistencia y adaptación. La pugna del campesinado guajiro isleño del occidente de Cuba contra la sacarocracia (1670-1817), muy revelador para conocer no solo la importancia de los isleños que se establecieron a lo largo de ese período en la mayor de las Antillas sino también para estudiar sus relaciones con el poder que se había desarrollado en Cuba. El volumen está publicado en Ediciones Idea (2021).

- Estudia la resistencia y adaptación del campesinado isleño en Cuba de 1670 a1817.

“A partir de 1670 se desarrolla una creciente migración familiar hacia Cuba. Tiene sus raíces en la grave crisis que sufre la economía canaria como consecuencia de la emancipación portuguesa, que repercute especialmente en comarcas que dependían de la exportación de viñedos a las colonias portuguesas. Puso fin a siglo y medio de crecimiento demográfico. Al mismo tiempo en Cuba estas familias que se instalan allí comienzan a cultivar tabaco en áreas próximas a La Habana en tierras generalmente arrendadas a los grandes propietarios.

-¿Cómo se expande este campesinado?

“Ese campesinado se expande gracias a la agricultura de exportación de alta calidad y para abastecer a la ciudad de alimentos aunque ve obstaculizado su progreso por la no disponibilidad de tierras al estar concentradas en manos de la oligarquía habanera y por la política de la Monarquía que controlar en su provecho ese recurso a través del monopolio del tabaco. Ello derivará por un lado en una pugna por establecer jurisdicciones y ayuntamientos independientes en el extrarradio habanero, al que se opone la alianza de intereses entre esa clase dirigente que quiere acaparar esas tierras para imponer una economía de plantación azucarera basada en la trata esclavista y las autoridades, en especial los capitanes generales”.

- ¿Y cómo se refleja esa pugna?

“La pugna se demuestra en la búsqueda de jurisdicciones independientes en Santiago de las Vegas, Guanabacoa o Los Güines y en su batalla contra los señoríos que se trataron de imponer en la región como Santa María del Rosario, San Felipe y Santiago de Bejucal, San Antonio de las Vegas o Jaruco. En la otra perspectiva las rebeliones contra el monopolio del tabaco, que fueron duramente reprimidas, especialmente la tercera asonada, que mostraron su capacidad de resistencia y que obligaron al estado a importar batallones para su represión. El proceso finalizó en 1817 cuando las clases dirigentes cubanas lograron de la Corona todos sus objetivos como la liberalización de la trata en 1789, el freno a las jurisdicciones independientes como demostró la batalla de Güines, la legalización de las tierras en su provecho, la expansión de la plantación azucarera monopolizada por ella, el libre comercio con el extranjero y finalmente la abolición de la factoría de tabaco que monopolizaba su exportación desde 1760 y que ahora deja en manos de la burguesía cubana la creación de fábricas”.

- La obra estudia estos movimientos en el occidente de la isla pero no en el oriente.

“El occidente de la isla concentraba la inmensa mayoría de la población. Su peso en esta época fue decisivo en la economía tabaquera primera y azucarera después. El peso del resto de la isla fue menor. A ella se dirigió durante este período el grueso de la migración canaria, lo que no quiere decir que no hubiera migración en la región central y en el oriente, pero ese no era el objetivo de nuestro trabajo. Tras esta época una significativa parte de la migración isleña se dirigió hacia el oriente de la isla y más tarde hacia la región central”.

-Se habla mucho de la presencia canaria en Cuba pero hasta que punto es determinante en la formación de su campesinado.

“El periódico habanero El Canario publica en 1811 que toda la población blanca del campo cubano era de ascendencia canaria. El análisis demográfico a través de censos, testamentos, libros sacramentales reafirma fehacientemente esa idea. Al ser una migración con un importante componente familiar, explica su arraigo en las manifestaciones culturales de toda índole desde el habla, la alimentación, las labores campesinas. Hay que tener en cuenta que en Cuba hasta 1776 el campesinado blanco era el sector mayoritario de la población. Aunque la trata masiva expandió el peso de la esclavitud, nunca descendió del 45% de la población para superar el 50% desde mediados del siglo XIX. Eso no se dio en ninguna otra región de la América española colonial”.

- Escribe en el libro que hubo una elevada presencia de mujeres isleñas que marcharon a Cuba.

“Es una tradición que se remonta hasta 1670. Las mujeres forman parte de los contingentes porque se va en familias. Además hay numerosas mujeres solteras con hijos que se marchan para superar la nula consideración social y los prejuicios que sufren en las islas. Los maridos incluso traen a sus mujeres e hijas con ellos o cuando ya están consolidados. Emigran también muchas mujeres para la prostitución, que tendrán una presencia en los burdeles en el siglo XIX. Reproduzco una carta sobre el traslado a La Habana en 1790 de 28 procedentes de Santa Cruz de Tenerife. La pobreza y la exclusión social explican su elevado peso en la migración canaria”.

- Además del campesinado, ¿hasta qué punto cree que fue importante la presencia canaria en las zonas urbanas de Cuba?

“Frente a los tópicos tradicionales que afirman que el artesanado era exclusivamente de mulatos y negros, hubo muchos canarios dedicados a él en zapaterías, herrerías, etc. No es objeto de mi trabajo, pero tengo numerosos testamentos de isleños dedicados a esos oficios. Lo mismo cabe decir de los pulperos, los taberneros, los lecheros o los pequeños mercaderes”.

-Se dice que fueron tinerfeños y gomeros los que marcharon a Venezuela mientras que grancanarios y palmeros fueron mayoritariamente a Cuba, ¿es cierto?

“Eso depende de las épocas, la migración a Cuba, como a Venezuela es una constante histórica de las islas. En esta época la tinerfeña era la más numerosa porque Tenerife tenía más población que el resto de las islas juntas. No obstante, fue importante la palmera, la grancanaria e incluso, pese a su escasa población la herreña. Lo curioso es el comportamiento de Tenerife dentro de las conexiones con Cuba y Venezuela. La Isla Baja, el valle de La Orotava y el sur emigró mucho más a Venezuela, mientras que Tacoronte, Acentejo y el entorno lagunero lo hizo más hacia Cuba”.

- ¿Por qué se produce en Cuba el tránsito de la producción tabaquera en favor de la del azúcar?

“Por diversos factores, uno las condiciones naturales óptimas, la existencia de capitales como consecuencia del auge tabaquero, la trata esclavista libre que abarató el precio del esclavo y el fin de la competencia del Santo Domingo francés con la rebelión de sus esclavos, que convirtió a Cuba en el mayor productor de azúcar del mundo y obligó a Napoleón a buscar su alternativa en una nueva tecnología que transformó la remolacha en azúcar”.

-¿Qué características definen a los miembros de la sacarocracia? ¿Hubo canarios que pertenecieran a esa “élite”?

“La sacarocracia se caracterizó en el último tercio del siglo XVIII por su apuesta decisiva por la inversión en la economía de plantación azucarera. Se había enriquecido con la comercialización del tabaco a través de sus molinos y había acaparado enormes extensiones de tierras gracias a su control del ayuntamiento habanero. Hubo algunas familias que procedían en el siglo XVI de Canarias como los palmeros Beltrán de Santa Cruz, condes de Jaruco y marqueses de Santa Cruz de Mopox y en el siglo XVIII hubo algunas familias de hacendados comerciantes de ese origen como los Alfonso, Madan o Diego Antonio Marrero, pero, a diferencia de Venezuela, donde fueron un factor significativo de las élites mantuanas, su peso fue mucho menor, porque estuvo dominada por familias terratenientes peninsulares que acapararon tierras y poder político en los siglos XVII y XVIII”.

- ¿Estas pugnas además de políticas fueron también violentas?

“Las élites dirigentes quisieron desarrollar señoríos y para ello tenían que constituir ciudades. Para crearlas se necesitaban familias de cultivadores. Ahí entraban los canarios y sus hijos que compusieron un elevado número de los fundadores de Santa María del Rosario o Bejucal. A los hacendados les interesaba porque cultivaban tabaco para ellos en tierras arrendadas y podían controlar el poder político. La batalla fue violenta en las asonadas como la de los vegueros, o represiva como las que sufrían los cultivadores de Pinar del Río, pero también políticas fundamentalmente ante la Corona, porque los capitanes generales estaban al servicio de la sacarocracia y defendían sus puntos de vista, incluso recibían gratificaciones en ingenios como acaeció en San Julián de los Güines con De las Casas, los O´Reilly, Arango y el intendente Valiente. Su gran victoria fue Santiago de las Vegas, pero desde entonces los hacendados movilizaron toda su capacidad para paralizarlas como demostró Güines y Guanabacoa, esta última con una jurisdicción surrealista, que solo valía para las tierras que no pertenecían a habaneros”.

- ¿Cómo eran las relaciones del campesinado isleño con España?

“Con la Península eran escasas, pero sí muy elevadas con los familiares insulares como se puede apreciar por la correspondencia. Eran la punta de lanza para traer nuevas personas, atraídas por esa ayuda que suponía el parentesco y el paisanaje. Hay que tenerlo en cuenta incluso en los esclavos canarios, a los que dedico una parte del trabajo y en los numerosos sacerdotes y frailes que emigraron y se establecieron en el mundo rural habanero estrechando esas alianzas sociales, de identidad y de cultura”.

- ¿Cómo observan los campesinos que no eran de origen canario al guajiro isleño?

“En esta época el resto del campesinado que no era de origen canario se podía decir que eran los esclavos porque el mundo rural de esa época fue colonizado por ellos, salvo un mínimo porcentaje de población local y un muy reducido número de peninsulares como se puede ver por el censo de 1787. Para la sacarocracia era un obstáculo para su proyecto de economía de plantación esclavista. De ahí que fuera mirada por ella con profundo desprecio. Ha llegado a nuestros días un dicho que los define con esa carga peyorativa “eres tan bruto como un isleño”.

- En la introducción resalta que “la sacarocracia optó por la continuidad del dominio español?

“El miedo a un Haití español se tradujo en un apoyo a la estabilidad, pero al mismo tiempo la proyectó en una alianza con la Corona. Fernando VII les proporcionó muchas de sus reivindicaciones y una “autonomía pactada”, pero todo cambió con “la revolución burguesa” en el reinado de Isabel II. Desde esa perspectiva el guajiro sufrió un proceso de expulsión de sus tierras, que le condujo a emigrar hacia otras áreas para buscarse la vida, como se puede apreciar en los cambios demográficos en las áreas expansivas de la plantación, donde fueron reemplazados por esclavos, como ejemplifica Los Güines”.

Saludos, nos fuimos pero volvimos, desde este lado del ordenador

Aviso a lectores y espectadores: Libreros de Nueva York

Miércoles, Marzo 3rd, 2021

Los Multicines Tenerife, que como la aldea de los galos resiste la embestida que está padeciendo el sector de las salas por la pandemia, exhibe mañana, jueves 4 de marzo y a las 19 horas, Libreros de Nueva York (D.W. Young, 2019) un documental que refleja e indaga en el fabuloso universo de las librerías de libro antiguo y usado que son esos establecimientos estrafalarios y caóticos, en la mayor parte de los casos, en los que entras por adicción con la esperanza de escontrar una rareza que despierte algo nuevo.

El documental narra cómo a finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo pasado, en las manzanas que comprendían la Cuarta Avenida, Astor Place, Broadway y Union Square en Manhattan llegaron a existir unas 50 librerías.

La zona se llamaba The Book Row y se trataban de tiendas, sobre todo, de libro antiguo y de segunda mano.

La entrada ya está disponible en taquilla o en este enlace.

Esta sesión cuenta con el patrocinio de: Cultura La Laguna. Organizan el Aula de Cine de la ULL y Charlas de Cine con la colaboración de Multicines Tenerife, TumbaAbierta.com, Días de Radio, Noches de Cine, Asociación Isla Calavera, Juan Antonio Ribas Ediciones Digitales, Limbo Kids, Coca-Cola, Ksa Mario, Amigos de La Recova.

Saludos, nam, nam, nam, desde este lado del ordenador

Una leyenda del ‘underground’ canario

Lunes, Marzo 1st, 2021

Casi en la sombra, siempre rebuscando en la trastienda de lo que se conserva del underground canario, trabaja incansable al desaliento Jonathan Delgado, Yotti, con la editorial y también sello discográfico Los 80 pasan factura, que se ha especializado en recuperar materiales de aquella década prodigiosa con mucho oficio y cariño profesional, dignificando lo que en aquellos años un puñado de locos (no me entra en la cabeza otro calificativo para definirlos) puso en marcha por amor al arte.

Visto con perspectiva y en contra de lo que pudiera parecer, los años 80 fueron bastante productivos musicalmente y en torno a la música, igual de productivos en cuanto a prensa alternativa se refiere. Ese tipo de publicaciones elaboradas por aficionados informados que se editaban a fotocopias y se vendían en tiendas especializadas y garitos de la noche a precios que no enojaban y en el que los colaboradores daban cumplida información de lo que no se hacía eco la prensa convencional de aquel entonces.

Estas revistas caseras pero muy bien informadas en la mayoría de los casos vivió en aquella década su edad de oro ya que casi todo el mundo, por no escribir todo el mundo, editaba su propio fanzine — que así se denomina– en este territorio atlántico.

Los fanzines podían ser de todo pelaje aunque en las islas y en concreto en la de Tenerife se propagaron los especializados en contenidos musicales de dentro como de fuera, siempre que los estilos estuvieran vinculados al rock y su parentela como el punk, muy predominante aquellos años, y su versión moderada que encarnaban los que iban de siniestros y modernos.

En aquellos tiempos se editaron también publicaciones de andar por casa de rockeros, mods y otras tribus adscritas a estilos musicales que en la mayoría de las ocasiones no llegaban a uno o dos números; ejemplares cotizados en la actualidad por buscadores y coleccionistas de aquellas rarezas que, leídas hoy, resultan sorprendentemente contestatarias y con un aliento juvenil que no marchita el paso de los años.

Entre los fanzines que hicieron historia se encuentra Cirrosis, autoproclamado órgano oficial de grupos punks, skins “y demás malformaciones congénitas urbanas de nuestra muy odiada ciudad de La Laguna” que cuenta con contenidos que intepretados hoy continúan chisporroteando por su carga ácida y demoledora acerca de la realidad que vivían en aquel entonces estos colectivos y otros no necesariamente radicales en la ciudad de los Adelantados como en otros núcleos urbanos de la isla, islas por extensión.

La revista fue fundada “en plena borrachera” por lo que, ellos mismo lo decían, “es imposible determinar la fecha de origen” de este fanzine que supo mantener a lo largo de sus once números un mensaje sin mordaza en el que se daba cumplida información no solo del movimiento musical que en aquel entonces se movía en Tenerife sino también de lo que opinaban sus colaboradores de la política que se cocinaba en Canarias aquellos años.

Los 80 pasan factura ha reunido los once números que sacaron adelante en un solo volumen (1983-1987) para sorpresa de los que vivieron aquellos tiempos y formaron parte de aquella prensa de trinchera como para las nuevas y robotizadas generaciones que no despegan la nariz de la pantalla del ordenador. Estoy seguro que tanto para nostálgicos como para no iniciados la lectura de los artículos y el vistazo a las historietas que publicaba Cirrosis será como beber de un manantial de aguas frescas en unos tiempos donde ya nada es lo que parece y en los que me temo ha triunfado más el cinismo como mecanismo de defensa que la polémica para denunciar lo que hoy no puede ser denunciado. Leyendo esta recopilación de Cirrosis me doy cuenta de hecho que más que avanzar mentalmente lo que hemos hecho como sociedad ha sido retroceder.

El recopilatorio incluye, además de la reproducción de los once números de Cirrosis, una introducción de Josetxu López-Molina Adell, en la que explica el origen “incierto” de la revista; los temas que trataba y el equipo que colaboró para hacerla posible, entre otros asuntos.

Escribe López-Molina Adell: “Cirrosis quiso convertirse en un medio que posibilitara la expresión de opiniones e ideas que, en no pocos casos, no compartíamos quienes lo coordinábamos”, una tendencia que mantuvo la publicación a lo largo de todos los números en forma de artículos, cómics o collages y que, según Josetxu López-Molina, “añadía una sencilla pregunta o comentario, demoledoras críticas o llamamientos sobre el hastío que se comía por entonces a la juventud”.

Los 80 pasan factura ha mimado la edición de este recopilatorio que no debería ser el último que rescate las revistas alternativa que aparecieron aquellos años ya que su lectura sirve para hacerse una idea “no oficial” de Tenerife y Canarias durante esa década. Repasar estos números invita a pensar que no todo está perdido y que es posible despertar de este sueño sin conciencia en el que nos han sumido. Más en un siglo como el XXI que no pinta nada bien para el futuro de la humanidad y del planeta.

Saludos, entonces fuimos jóvenes, desde este lado del ordenador

Ezequiel Pérez Plasencia, diez años de silencio en su propia tierra

Miércoles, Febrero 24th, 2021

Hace ahora diez años que falleció el escritor tinerfeño Ezequiel Pérez Plasencia (1953-2011). Dijo adiós al mundo en circunstancias traumáticas y dejó más huérfano si cabe a quienes lo conocieron y querían ese día aciago, un 24 de febrero que todavía retumba en la memoria de quien les escribe.

Ezequiel Pérez Plasencia tuvo no obstante una buena vida. Una buena vida salpicada de encuentros y desencuentros. También de persecuciones, algunas buscadas y otras no.

Como suele suceder, tras conocerse la noticia de su muerte casi todas las voces coincidieron en señalar notas sobre su vida y su obra que no hubieran hecho públicas en vida del escritor pero así son las cosas en este valle de lágrimas. Por eso, si existe algún cielo, Ezequiel tiene que estar observando con una mueca burlona cómo se las gastan los que siguen aquí abajo. En especial los compañeros/as escritores/as y periodistas que conoció a lo largo de su vida.

Como señaló en una entrevista que mantuvo conmigo: “el periodismo es bueno sin sabes abandonarlo a tiempo”. Ezequiel supo hacerlo pero por desgracia quien ahora les escribe no. Así que resuena en mis oídos su carcajada.

Ezequiel Pérez Plasencia que sigue siendo un absoluto desconocido no solo en las letras que se escriben en Canarias sino también en español, dejó una obra consistente tras su marcha aunque por desgracia todavía tenía muchas cosas que contar.

Me dijeron en su día que en su ordenador quedaban cuentos y alguna novela sin publicar y se hizo el intento de recuperar todo ese material para que fuera publicado en unas obras completas que nunca llegaron a buen puerto, por lo que su presencia en la actualidad literaria sigue siendo un interrogante mayúsculo.

Ezequiel sigue siendo en este sentido no un maldito, que así al menos se le recordaría como se recuerda al poeta y escritor Félix Francisco Casanova y Eugenio Millet, sino un desconocido.

Escritor que se movía como pez en el agua por el territorio de los cuentos, a Ezequiel le debemos también una sobresaliente novela (su primera y última novela) que con el nombre de El orden del día retrata a una generación de periodistas de provincias y cómo se las gasta (y sigue gastando) los periódicos de provincias.

La novela por fortuna va más allá del retrato satírico y profundiza en las interioridades de su protagonista. Un personaje al que solo salva de su mediocre realidad la lectura de libros. Muchos libros.

No he vuelto a tropezarme desde que se fue con un tipo que salpicara con tantas citas lo que hablaba. Fuera el tema que fuera. No lo hacía porque fuera un enterado sino porque le salía del alma. Su erudición no provocaba por eso ronchas y daban ganas de conocer al autor que mencionaba con el objeto de reforzar un argumento, una idea que esgrimiera.

En cuanto a su producción como cuentista y articulista por fortuna nos dejó unos cuantos libros para los que no pasa el tiempo. Se tratan de obras que van camino de convertirse en clásicos por mucho que se empeñen algunos en que se olvide su nombre y su trabajo. Yo recomendaría, especialmente y porque viví su parto sin apenas agonía, El regreso de Calvert Casey, un atípico libro de viajes, una reflexión profunda sobre isla y literatura y un fantástico viaje interior por la isla de Cuba cuando aún la gobernaba Fidel. Destacaría también La ilusión de los perdidos y Los caminadelado, este último volumen recopila sus columnas en prensa. Artículos medidos que se ocupan la mayor parte de las veces de literatura. Libros que leía y autores por los que sentía devoción (Camus y Fonseca, entre otros) escritos con la tensión del día a día que impone el oficio de informar aunque Ezequiel Pérez Plasencia más que informador hizo de redactor de cierre limpiando de errores los textos que le entregaban personajes que iban de periodistas por la vida.

No recuerdo la última ves que hablé con él pero sí el día, tal día como hoy, en que su hermana me llamó para comunicarme la noticia de su muerte. Estaba con un amigo tomando algo en el antiguo kiosco de la plaza Militar, en Santa Cruz de Tenerife, y me puse a llorar.

En fin, esas cosas pasan.

Ezequiel llevaba un tiempo fuera de las islas, estas mismas islas que lo botaron a patadas y en la que casi todo el mundo conspiró para hacerle la vida un poco más infeliz, y allí, en Cartagena, encontró la paz y nuevas amistades. Quiero creer que algo tuvo que ver el Mediterráneo, que es un mar y no un océano como el Atlántico, cuyas aguas bañan la tierra en la que nació pero en la que no aprendió a ser libre.

Hace diez años que murió Ezequiel Pérez Plasencia y hace diez años que, ya ven, lo sigo echando mucho de menos.