Archive for the ‘Libros’ Category

Los lenguas cortadas, una novela de Cirilo Leal

Martes, Noviembre 3rd, 2020

Hace dos años se publicó el trabajo Bereberes contra Roma. Insurrecciones indígenas en el norte de África y el poblamiento de las islas Canarias, un trabajo de Alicia García García y Antonio Tejera Gaspar que proponía una apasionante mirada sobre el arribo de los primeros pobladores al archipiélago y volumen que rendía homenaje a Juan Álvarez Delgado, uno de los primeros autores que escribió sobre el descubrimiento y poblamiento de Canarias.

El libro, como era de esperar, suscitó el interés necesario para que el debate sobre el pasado de las islas volviera a ponerse de actualidad aunque el asunto terminó por diluirse con el transcurrir de los años, reapareciendo de tanto en tanto con intermitencias porque es un asunto que despierta la curiosidad y contribuye a alimentar una identidad regional que no termina de configurarse en las islas.

Éste, sin embargo, no es el sitio ni el lugar para reflexionar cómo nos tomamos estos mensajes. La información que nos proporcionan volúmenes como el de García García y Tejera Gaspar ayudan en todo caso a que el debate reaparezca por muy poco que se mantenga en el tiempo lo que se agradece porque al menos está ahí aunque como se dijo sea con intermitencias.

Apoyándose en las teorías que planteaba Bereberes contra Roma se publica ahora Los lenguas cortadas, del escritor y dramaturgo Cirilo Leal, una novela que plantea una ficción sobre el probable poblamiento de Canarias por pueblos del norte de África sometidos al yugo romano con intenciones en las que nadie se pone todavía de acuerdo, barajándose distintas teorías que especulan sobre las razones que pudieron llevar al Imperio a dejar en las islas a hombres y mujeres que más tarde serían olvidados con el transcurso de los años y de los siglos.

Los lenguas cortadas
no se trata, pues, de un tratado de Historia en el sentido estricto de la palabra sino de una novela en la que actúan varios personajes en dos tramas temporales. Una se desarrolla en la actualidad y está protagonizada por un joven periodista que intenta escribir el guión de un documental sobre “nuestro pasado” y el otro se ambienta en la antigüedad, cuando Roma aplastaba a las tribus norteafricana que se habían puesto en pie de guerra contra ella. En esta sección destaca Libio y Cornelius, el líder norteafricano y el soldado romano, respectivamente. Este último tiene el objetivo de acabar con la guerrilla que ha humillado a Roma y de paso dar una lección a todos los que sobrevivieron de aquella guerra. Así, se explica que los supervivientes del contraataque romano fueron enviados a un archipiélago muy próximo a África pero con el paso de los meses y de los años se olvidaron de todos ellos.

Antes de ser embarcados a tierra desconocida, Cornelius ordena que se les corte la lengua a cada uno de los cautivos para que no puedan vanagloriarse de haber vencido en batalla a las por aquel entonces invencibles legiones romanas.

Los lenguajes cortadas
cuenta además con un interesante prólogo de Antonio Tejera Gaspar, en el que habla sobre los Manuscritos perdidos sobre la primera Historia de Canaria y un epílogo que firma el mismo Tejera bajo el título de Las gentes de las lenguas cortadas en el poblamiento de las Islas Canarias un atractivo y divulgativo ensayo en el que estudia quiénes fueron, si fueron, los lenguas cortadas.

La novela se complementa así con estos dos importantes pilares, pilares que respaldan a la ficción que plantea Cirilo Leal, escritor que aprovecha la primera parte, la que protagoniza la joven periodista que va detrás de un libro sin inicio ni fin que se encontraba –se dice– en la catedral de Santa Ana frente a la hostilidad de los productores que no terminan de ver los beneficios y resultados de un trabajo que solo pretende arrojar algo de luz sobre el pasado de Canarias.

“- ¿Qué tiene que ver la ley de memoria histórica con los guanches? ¿Quién se traga eso?

La cuestión es: ¿qué futuro pensamos dejar a nuestros antepasados –vibra el teléfono de mesa y el productor se sobresalta–. Mira, hablando del rey de Roma. –Ensayando un tono afable– Sí, dígame… Le escucho, le estoy escuchando, pero sería tan amable de decirle a la señora guionista qué coño es eso de la Fuente Madre –pasándole el teléfono a Paloma.”

Se introduce en esta parte otra historia. Se trata del relato de una maestra republicana que está basado en hechos reales y que pone los pelos de punta como ponen los pelos de punta todas las historias que abordan las tragedias de la Guerra Civil y de la Guerra Civil en Canarias.

El tono se vuelve aventurero cuando se descubre, ¿qué es lo que se descubre?, lo que se denomina Fuente Madre y la historia que narra en sus páginas. Se trata de un relato ficticio, fruto de la imaginación de Cirilo Leal como es la primera mitad, pero llena de acción trepidante en la que se narra la lucha de Libio y los suyos contra el poder de Roma, que encarna Cornelius y sus huestes.

Los lenguas cortadas
propone así dos historias que brotan de un mismo árbol y la cosa funciona pese al balbuceo que en ocasiones salpica el texto probablemente porque se trata de la primera novela que firma Cirilo Leal, quien ha escrito teatro y realizado una elogiable actividad periodística recogiendo la memoria de “nuestros” ancianos para mostrar un pasado contado en primera persona.

Los lenguas cortadas cuenta con imágenes de Miguel González Rodríguez (portada), Martín&Sicilia (interior) y Hugo Pitti (contraportada).

¿Conclusión? Pues que como todos los libros que edita Juan Francisco Delgado Gómez se trata de una edición cuidada y accesible que, se esté o no de acuerdo con lo que se aventura a proponer, sí que pone de manifiesto el afinado ojo comercial que tiene el editor para vender esta clase de productos literarios.

Saludos, aún lengua, desde este lado del ordenador

Agenda

Viernes, Octubre 30th, 2020

El teatro Príncipe Felipe, en Tegueste, acoge este sábado, 31 de octubre, la presentación de Amaro Pargo, Fe, Amor y Raíces, una novela de Alfredo López Pérez sobre la vida de Amaro Pargo. El acto comenzará a las 19 horas y la entrada será libre hasta completar aforo, limitado, para garantizar las medidas de seguridad e higiénico-sanitarias anti Covid-19.

Saludos, ná más, desde este lado del ordenador

Rotos, la mirada fragmentada de Don Winslow

Jueves, Octubre 29th, 2020

“Lou es muy de leer. Así es, por lo menos, como lo describe Angie, y quizá sea ese uno de los principales problemas de su relación. Las pocas veces que tiene un rato libre, prefiere sentarse a leer. A ella, en cambio, le gusta salir. Lou suele ceder y acaban saliendo, pero Angie nota su resentimiento y eso le provoca rencor a su vez”.

(Código 101, Rotos, Don Winslow. Traducción: Victoria Horrillo Ledesma. Harper Collins Ibérica, 2020)

Tras la publicación de las novelas que forman parte de su trilogía de la droga (El poder del perro, El Cartel y La Frontera) Don Winslow disfruta de una fama merecida en el género negro y criminal, como acuñaba el maestro, aunque no termina de ser reconocido como el autor que es entre los puristas del policíaco.

En este sentido, los lectores de Don Winslow no son necesariamente ortodoxos aficionados al género sino lectores que buscan puro y duro entretenimiento. Un entretenimiento que a veces produce carcajadas y en otros corta la respiración.
Junto al cada día más excesivo y, contradictoriamente, minimalista James Ellroy, Wilson que también pertenece a la hornada de escritores norteamericanos de la costa oeste, es uno de los grandes nombres de este tipo de literatura y un practicante entusiasta de contar historias contemporáneas ambientadas su mayoría en la soleada California, un estado que conoce como la palma de su mano, sobre todo muchos de sus rincones oscuros y una ciudad que aparece en los mapas y se menciona en varias películas, San Diego.

Rotos (Harper Collins, 2020) está formado por seis novelas cortas que basculan en los temas que ya son habituales en la literatura de Winslow. El primero y que da nombre al libro, Rotos, es de ambiente policial, submundo con sus propios códigos y reglas que nos mostró en la novela Corrupción policial que sigue siendo uno de los mejores libros de su carrera; reaparecen los protagonistas de Salvajes en Paraíso, surf, drogas y violencia esta vez en una pequeña isla del archipiélago de Hawái y muy cool –como el tributo a Steve McQueen que es– en Código 101 que puede interpretarse como una inteligente revisión de El caso de Thomas Crown sin olvidar el humor, un humor ligero muy a lo Elmore Leonard en El zoo de San Diego y la camaradería ciega en Ocaso así como la redención de la vieja Norteamérica en La última carrera, quizá el relato más politizado de los seis pero también uno de los mejores por su tono de western crepuscular, también por su aroma a No es país para viejos.

El escritor se permite además que el personaje de una de sus novelas más conocidas El invierno de Frankie Machine aparezca como secundario en uno de los cuentos donde el surf, la gran debilidad de Machine, es protagonista.
La frontera juega también un papel esencial en algunas de las historias de Rotos y que los escenarios ya reconocidos de sus libros anteriores sean los mismos en estas historias aunque las historias que en ellos se desarrollan son radicalmente diferentes
.
Hay mucho de humor en el libro pero también de tristeza. Los protagonistas de La última carrera, por ejemplo, se cuestionan en qué país están viviendo ya que encierra a los niños inmigrantes en “jaulas” y los separan de sus padres. Se preguntan también que va a ser de todos estos pequeños. De momento los tienen en “jaulas”, describe en un relato trepidante que no da descanso y que está más cerca del espíritu de la frontera que de la Norteamérica de nuestro tiempo, ese país que ha perdido la capacidad de mirarse así mismo, viene a decir el escritor.

El libro comienza con una cita de Stephen King que es toda una declaración de intenciones, de advertencia al lector de por donde se va a meter cuando comience a leer las novelas cortas que se reúnen en Rotos: “Si no tienes tiempo para leer, no tienes tiempo (ni herramientas) para escribir. Es así de sencillo”. Y Winslow, discípulo aventajado de King, demuestra que sí tiene éstas herramientas y de lo que es capaz de hacer con ellas.

Rotos es un ejemplo y como tal agrupa historias para todos los seguidores de su literatura manteniendo siempre un sentido del humor sumergido que emerge cuando tiene que emerger sin contar la violencia inherente del género y una crítica feroz a quien dirige en la actualidad la política de su país. Hay más elementos, muchos más, y todos ellos narrados en apenas una o dos frases y un sentido de la estructura narrativa que logra que en una página suceden tres acciones diferentes a la vez, lo que triplica la emoción.

Rotos es un libro muy recomendable para olvidar la realidad que nos ha tocado vivir, un viaje a un universo violento, sí, pero en el que se mueven hombres y mujeres con valores. Quizá estos valores por lo noble que son los hagan extravagantes pero es que los héroes deben ser extravagantes y los que se reúnen en Rotos lo son aunque hayan fracasado en sus vidas. La idea es que, como reflexiona uno de los protagonistas del libro, si bien “la mayoría de la gente hace lo correcto cuando no le cuesta gran cosa hacerlo, nadie hace lo correcto cuando se lo juega todo” solo que a veces “hay que jugárselo todo”.

Saludos, bang, bang, bang, desde este lado del ordenador

G21: nuevas novelistas canarias

Miércoles, Octubre 28th, 2020

El año próximo se cumplirán diez años de la publicación G21: nuevos novelistas canarios, un libro que significó un antes y un después en las letras del Archipiélago porque además de conocer a autores de varias islas que ya contaban con cuentos y novelas publicados en su vagón de equipaje, no habían trascendido las fronteras (a veces mucho más cerradas con las continentales) de sus respectivo territorios isleños y rodeados de agua.

El hombre que fue capaz de todo eso, entregando su tiempo y su trabajo a la causa, fue el también escritor y editor Ánghel Morales, el único responsable de haber conseguido el milagro de convocar a doce narradores que ya despuntaban cuando los invitó a participar en aquella iniciativa. Iniciativa que pronto derivó en una colección de libros que se caracterizaron por el color rojo chillón de sus portadas y que Morales anunció que cerraría cuando alcanzara los treinta volúmenes sin contar el primero, el recopilatorio, el que empezó todo esto y reunía a narradores y algún poeta colado de las islas. El libro sirvió además para que fuera una especie de guía de lo que deparaba, narrativamente hablando a los lectores, lo escrito por aquel grupo de narradores nacidos en los años 60.

Lectores, muchos de ellos, de la misma generación que los escritores que aparecían en la antología y libro que desvelaba nuevas tendencias y fórmulas expresivas, también temáticas diferentes a las acostumbradas en la tradición narrativa canaria como un abordaje sin complejo de la literatura de género hasta ese momento terreno insólito entre los autores nacidos a este lado del océano Atlántico.

Como todo en esta tierra, no tardaron en llegarles las críticas a Ánghel Morales, entre las más venenosas las que echaban en falta la participación de escritoras en el volumen original de lo que ahora se entiende como fenómeno, una ausencia que no fue intencionada sino impuesta por la realidad ya que, justificaba el editor, durante el proceso no encontró en aquellos tiempos narradoras nacidas en los 60 que tuvieran novelas publicadas como sí las tenían los doces narradores de G21.

La crítica no obstante quedó clavada como una espina en el corazón de Ánghel Morales, quien para sacársela se comprometió a cerrar la colección de novelas G21 con una antología que reuniera doce cuentos de doce escritoras. El libro ya es una realidad y circula en librerías. Tenía de hecho que haberse presentado esta misma semana pero la crisis desatada por la Covid-19 hizo imposible que el acto se celebrase en Santa Cruz de Tenerife lo que detiene de momento su presentación hasta que la situación mejore.

Generación 21: nuevas novelistas canarias reúne relatos de Felicidad Batista, Cristi Cruz Reyes, María Teresa de Vega, Cecilia Domínguez Luis, Pilar Escalona, Ana Joyanes Romo, Elizabeth López Caballero, Mayte Martín, Fátima Martín Rodríguez, Maca Martinón, María Candelaria Pérez Galván y Elena Puchalt Ruiz y como el volumen original, aquel que contó solo con cuentos firmados por hombres, incluye relatos interesantes y otros que no lo son tanto.

El libro agrupa historias que están trabajadas con paciencia de cartujo y otras dan la impresión de haber sido improvisadas para figurar en un libro que debería de tener más recorrido del que ha tenido al ser frenado –se insiste– por la pandemia que ha vuelto toda realidad conocida al revés.

Sí que se puede avistar en muchas de las historias temáticas y preocupaciones similares, en algún relato incluso notas de humor que elevan el contenido de un libro que sin dejar de tomarse en serio también quiere ser una celebración de la literatura, y no solo de la literatura escrita por mujeres.

El orden de distribución de los relatos está dispuesto por orden alfabético pero como todo libro de cuentos se puede comenzar por donde se desee. Cada historia que contiene son aventuras literarias distintas, en muchas destacan las descripciones y en otras se coincide por su carácter reivindicativo y el retrato más o menos realista de los personajes y el paisaje.

Con este volumen se pone fin a la colección G21, un proyecto muy personal de su editor y un buen muestrario para observar cuál fue el rumbo y las tendencias de los escritores y escritoras canarios, sean nacidos o residentes.

Es una pena sin embargo que no siga adelante este atractivo experimento editorial ya que supo diferenciarse por el catálogo de autores/as, algunos con novelas tan rabiosas y probablemente incomprendidas por eso mismo como Cucarachas con Chanel, de Dr. R (JRamallo) y 9 horas para morir de Ángel Vallecillo.

El editor, Ánghel Morales, cierra el círculo que inició hace diez años con la otra cara de la moneda que no es otra que mostrar los lados de esa desigual figura geométrica (afortunadamente) que dibujan las letras que se escriben a este lado del Atlántico. Unas letras que ya no se distinguen por su peculiar manera de expresarse sino por la vocación –con independencia de sexos– de contar historias. Eso me anima a recomendarle al editor a que se plantee un nuevo libro dentro de la colección a pesar de que Generación 21: nuevas escritoras canarias sea el título con el que pretende cerrar la propuesta, y es que se anime a publicar un volumen de cuentos donde escritoras y escritores estén en la misma sartén, en el mismo libro. Podían ser seis por sexo. No vaticino el resultado pero estoy seguro que en contenidos resultaría muy interesante.

John Reed, el insurgente

Viernes, Octubre 23rd, 2020

El pasado 19 de octubre se recordó al escritor y periodista John Reed (Portland, Oregón; 22 de octubre de 1887-Moscú, 19 de octubre de 1920) en el centenario de su muerte y ayer, jueves, hubiera sido el de su cumpleaños, una fecha para a tener en cuenta porque se trata de uno de los más extraordinarios reporteros de todos los tiempos que legó a su tiempo y al nuestro dos libros fundamentales para conocer desde dentro y en primera persona dos importantísimos procesos revolucionarios que todavía colean por mucho que algunos se empeñen en enterrarlos en los cementerios del olvido.

El primero de ellos se trata de México insurgente: La Revolución de 1910, un título imprescindible para comprender de que materia se forjó el gigantesco país centroamericano visto por la mirada –primero perpleja y más tarde llena de admiración– de un periodista que deja de ser objetivo absorbido por el entusiasmo de los hombres y mujeres que formaron el ejército irregular de Pancho Villa.

El libro se lee como una apasionante novela de aventuras solo que todo lo que cuenta Reed es verdad o al menos la verdad que recogió en primera línea para más tarde darle forma de libro. Un título imprescindible en la obra de un periodista que más que periodista fue cronista de sus agitados tiempos.

El segundo libro más conocido de John Reed es Diez días que conmovieron al mundo, su reflejo periodístico de la Revolución bolchevique y del ascenso al poder de su líder indiscutible: Lenin. Reed, que pertenecía al Partido Socialista de América, no terminó por ver cómo derivaba todo aquel fantástico proceso porque falleció a causa del tifus en Moscú, pero sigue siendo el único estadounidense que descansa el sueño eterno en el Kremlin, un honor que han alcanzado muy pocos hombres y mujeres aunque los que allí yacen no les importe demasiado saberlo.

Hace un puñado de años se reunieron sus artículos sobre la I Guerra Mundial en el frente oriental en un libro que, personalmente, tampoco tiene desperdicio si uno se quiere aproximar a los vientos de la Historia a través del testimonio y las reflexiones de alguien que los vivió en primera persona. El libro circuló en España, este país que se va al carajo, con el título de La guerra en Europa Oriental y aclara dudas y despeja las sombras que al menos quien ahora les escribe tenía sobre estos frentes de guerra. Ayuda también a comprender la caótica situación que hasta la actualidad se vive en Los Balcanes resultado de numerosas heridas abiertas que nunca han cicatrizado. De obligada lectura para los que se empeñan en levantar el cadáver podrido de la Guerra Civil española tanto por las derechas como por las izquierdas, quizá si leen esta obra se den cuenta esta legión de tontainas que la guerra no es un partido de tenis y que la crispación y el odio solo conducen a la derrota de las partes implicadas por mucho que alguna de ellas resulte ganadora.

La apasionante vida de John Reed se ha llevado en varias ocasiones a la pantalla aunque no termina de convencerme la que quizá sea más famosa por multimillonaria y estar plagada de estrellas del cine norteamericano como Warren Beatty, Diane Keaton y Jack Nicholson. Circuló en este país mío que se va al infierno como Rojos y pese a su aparatosidad a uno se le ocurre pensar una vez aparece el The End que este largo,larguísimo largometraje fue algo así como si los pájaros tiraran con escopeta.

Una advertencia a modo de final. Dejen lo que están haciendo y abran cualquier libro de Reed, aprenderán que todo es distinto a cómo no los contaron sí está escrito por un hombre que aprendió primero a contar hechos y más tarde a implicarse en esos mismo hechos que contaba.

Larga vida al rojo, larga vida a John Reed.

Saludos, negras tormentan agitan loss aires, desde este lado del ordenador

Reflicciones, cuentos de Agustín Gajate

Miércoles, Octubre 21st, 2020

Escritor preocupado por rescatar la lengua que hablaban los primeros habitantes de las islas Canarias, Agustín Gajate Barahona publicó hace unos años un poemario escrito en ese idioma bajo el título de Achicaxna xaxo agual, palabra de momia paria. 110 poemas y 9 grandes silencios en lengua guanche que, con toda la discusión que puede suscitar, no dejaba de resultar una rareza y un loable intento por armar una gramática rupestre para recordar a un pueblo que, como decía la canción, nació en la historia para vivir en la leyenda.

Escritor y periodista, Agustín Gajate Barahona continuó con una carrera literaria cuanto menos extraña en las letras que se escriben a este lado del Atlántico, casi como si pretendiera aportar su granito de arena a una batalla cultural que no termina de levantar cabeza en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses más por indiferencia social (lo que podría generar otro debate para reflexionar las razones que lo provocan) que por otra cosa aunque unos pocos insistan en que se debe a una conspiración organizada por poderes a los que se califican de coloniales.

Lo colonial no termina de convencer sin embargo a la mayoría de los habitantes de unas geografías que, como escribía H.P. Lovecraft, prefiere vivir de espaldas a la realidad y permanecer en unas islas de plácida ignorancia pero no es éste el momento ni el lugar para plantear si es necesario seguir alimentando de polémicas y discursos endebles a ese monstruo de siete cabezas que es la Cultura ni la de reivindicar un pasado aborigen que se difumina por lo contradictorio que resulta según las fuentes consultadas. Baste decir que el mérito de Agustín Gajate ha sido el de construir un armazón literario en el que su idea de lo pasado y presente se fusiona con la suficiente naturalidad para dar origen a un futuro en el que se observa con cierta nostalgia un tiempo que el viento se llevó, creando a su alrededor una geometría –circular me atrevería a decir– concebida con elementos que configuran un mundo literario personal y con señas de identidad. Otra cosa es que ese mundo guste o disguste a unos y a otros, en nuestro caso lo observamos con cierta atención, reconociendo el esfuerzo por elevar ese imaginario y su voluntad por darle coherencia.

Gran parte de todo esto lo vierte en la novela Los cimientos de Gomorra, título que iba a dar paso a otras historias más que, de momento, permanecen aparcadas. En esta historia, excesiva y ambiciosa, el escritor no terminaba de dominar el fresco cultural y antropológico al que aspiraba pero no dejaba de resultar un libro interesante por lo original de su propuesta y quiero entender que por su involuntario ánimo de polemizar.

Me sorprende por eso Reflicciones (Ediciones Aguere/Idea, 2019), volumen que reúne cuarenta cuentos de temática y estilos muy diferentes porque en la mayoría de ellos se aprecia el nervio como narrador de un escritor con una atractiva vocación realista que espolvorea con elementos oníricos para dar como resultado unas piezas que, en conjunto, revelan algunas de las obsesiones de su autor en el período comprendido entre 1982 y 2019.

Muchas de estas historias evocan además influencias que, posiblemente, no han marcado el itinerario como escritor de Gajate Barahona pero que a quien ahora les escribe le sugirieron por el cómo lo cuenta y los giros finales, marcados por autores como Wilde, O´Henry o Bierce. Si algo une estos relatos es, en este aspecto, su profunda vocación humanista así como un naturalismo feroz que disemina en las páginas de historias donde los menos favorecidos son los protagonistas.
Encuentro así solidaridad más que piedad en unos relatos que muestran a un escritor comprometido y preocupado por lo que pasa a su alrededor (pesa su vocación como periodista) y su objetivo por escribir cuentos que además de contar, calen en el corazón del atribulado lector.

En la contraportada de la edición se dice que al ser tantos los cuentos y al estar escritos en estilos tan diferentes alguno podría pensar que estas historias no han sido escritas por un solo autor pero pienso que se equivoca porque detrás de cada uno de los relatos se nota que ahí está respirando la misma persona. Sí es verdad, en todo caso, que el alto número de historias resienta la unidad del libro, esa unidad que resulta necesaria en esta clase de recopilatorios, pero todos los cuentos, absolutamente todos, son de un mismo autor.

A la espera de una nueva incursión en la ficción, se concluye que sin ser redondo, Reflicciones resulta un volumen interesante para conocer las constantes de su autor. Se puede disculpar así el tono irregular de los relatos por el arco temporal en el que fueron escritos, unos están más trabajados que otros, pero la mayoría coincide en sus preocupaciones ante lo que le rodea.

Saludos, de cara al mar, desde este lado del ordenador