Archive for the ‘Libros’ Category

Alejandro Dumas y Robert Graves, una extraña pareja

Viernes, Julio 24th, 2020

No se imaginan las horas tan gratas que me han hecho pasar esta pareja de escritores que quiso la caprichosa diosa de la fortuna que nacieran el mismo día pero no el mismo año aunque sí que se especializaran en el mismo género literario. En este sentido, nunca este género, el histórico, disfrutó de tan sobresalientes narradores y nunca la Historia, y me refiero a la que se escribe con H mayúscula, contó con tan excelentes divulgadores, autores que supieron enseñar y a la vez entretener con independencia del periodo histórico en el que transcurrieran sus novelas.

Podría aceptar que no se conoce a Alexandre Dumas Davy de la Pailleterie (Villers-Cotterêts, 24 de julio de 1802-Puys, cerca de Dieppe, 5 de diciembre de 1870) pero NO a Alejandro Dumas y mucho menos sus novelas de aventuras Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, que quizá sean las más conocidas en la fecunda producción de un escritor que, se dice, llegó a recurrir a “negros” para no dejar de copar el mercado con apasionantes novedades literarias.

A Dumas se le puede considerar además como uno de los primeros escritores que recurrió a segundas y terceras partes para explotar el filón de algunas de sus más felices creaciones, Veinte años después y La mano del muerto deben de entenderse como entregas de sus exitosas novelas Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, pero oscurece el genio irresistible de un autor para el que el paso del tiempos se muestra impotente. Me encanta así el Dumas que jugó con el género fantástico (lean Capitán de Lobos y sabrán a qué me refiero) e incluso el que cultivó con tanto acierto la novela histórica en libros como Reina Margot y una biografía que, fuera o no escrita por él, sí que lleva su nombre como es la de Joseph Balsamo y en la que mezcla con vocación de entretenimiento ocultismo y espionaje, también romances y mucha de esa acción que ha pasado a denominarse de capa y espada.

Robert von Ranke Graves (Wimbledon, Londres, 24 de julio de 1895 – Deyá, España, 7 de diciembre de 1985) es otro de esos autores de cabecera a los que le debo mucho no solo como lector sino también como persona. Imagino que como algunos llegué a él gracias a una estupenda serie de televisión, Yo, Claudio, serie que me dio a conocer el trabajo literario de un escritor tan enamorado de las culturas latinas que fueron a fin de cuentas las que crearon y forjaron esta Europa que hoy dominan los helados países del norte.

Tras devorar literalmente los dos tomos de Yo, Claudio seguí a Graves con su autobiografía Adiós a todo eso y entre sus novelas históricas Rey Jesús, La hija de Homero, El vellocino de oro (que sigue siendo mi favorita, nunca tantos debieron tanto a Apolonio de Rodas), Las aventuras del sargento Lamb (que es otra de mis favoritas y libros que se desarrollan durante la guerra de independencia de las trece colonias) y El conde Belisario, que leí durante el confinamiento gracias a una entrevista en la que el guionista y dibujante de novelas gráficas, Paco Roca, informaba que estaba leyendo.

Robert Graves que fue un hijo del Mediterráneo pese a haber nacido por accidente en Wimblendon, vivió los últimos años de su vida en Mallorca, isla que se convirtió en su casa y en su patria, y cuyas puertas siempre estaban abiertas a sus amigos, entre otros Ava Gardner. Fue la hija de Graves, precisamente, la que traduciría al castellano las memorias de la actriz así que si tienen la enorme suerte de toparse con ellas háganse con el libro porque es Ava y no tanto Gardner la que encuentra uno en sus páginas.

Todavía me queda mucha obra que leer tanto de Dumas como de Graves, lo escribo porque sé que siempre, por una u otra razón, vuelvo a ellos cuando no hay nada que me satisfaga intelectualmente a mi alcance. Estos dos autores, uno dinámico y francés y el otro mediterráneo para la eternidad, me enseñaron, ya lo dije antes, que somos nosotros los que escribimos nuestro destino. El problema es que salvo unos pocos (y no sé yo si escogidos) se adelantan a la oscuridad para poner punto y final a este errático relato que es la vida. El resto, como quien ahora les escribe, nos pasamos el tiempo en busca de la Diosa Blanca.

Saludos, en fin, desde este lado del ordenador

Triste, solitario y final: Raymond Chandler

Jueves, Julio 23rd, 2020

Los tres grandes mosqueteros de la novela policíaca son Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Ross McDonald aunque el aficionado al género que llevo dentro tiene en su altar particular otros escritores que no se caracterizaron, precisamente, por crear un personajes que trascendiera las páginas de sus novelas como Sam Spade en el caso de Hammett, Philip Marlowe en el caso de Chandler y Lew Archer en el caso de McDonald, sino por contar historias de los que estaban al otro lado de la ley o de personajes que se enfrentan solo a un mundo y a una sociedad corrupta (James M. Cain, Horace McCoy, David Goodis, W. R. Burnett, Dorothy B. Hughes, Patricia Highsmith, Vera Caspary).

Si uno destaca de entre todos ellos por al calidad de su escritura sigue siendo ese extraño intelectual que fue Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo, 1959) quien elevó un escalón más este tipo de literatura tras ser intoxicado por el lenguaje bronco y cínico de Hammett. El impacto ante tal descubrimiento, lo dice el mismo Chandler, fue inmediato aunque su estilo resultase radicalmente diferente. De esas fuentes nace, de todas formas, el detective privado Philip Marlowe, ese caballero sin espada aficionado al gimlet, a las mujeres y a meterse en toda clase de líos. Pero dejemos que sea el propio Chandler quien describa a su investigador;

“Soy un investigador privado con licencia y llevo algún tiempo en este trabajo. Tengo algo de lobo solitario, no estoy casado, ya no soy un jovencito y carezco de dinero. He estado en la cárcel más de una vez y no me ocupo de casos de divorcio. Me gustan el whisky y las mujeres, el ajedrez y algunas cosas más. Los policías no me aprecian demasiado, pero hay un par con los que me llevo bien. Soy de California, nacido en Santa Rosa, padres muertos, ni hermanos ni hermanas y cuando acaben conmigo en un callejón oscuro, si es que sucede, como le puede ocurrir a cualquiera en mi oficio, y a otras muchas personas en cualquier oficio, o en ninguno, en los días que corren, nadie tendrá la sensación de que a su vida le falta de pronto el suelo”.

Como era inevitable, las novelas protagonizadas por Marlowe se llevaron al cine, donde fue interpretado por varios actores. Ya escribí cuál era mi favorito, Robert Mitchum, pueden encontrar este artículo en el blog El Escobillón, pero también le pusieron cara Humphrey Bogart (El sueño eterno); Robert Montgomery (La dama del lago), James Garner (Marlowe, detective muy privado) y Elliot Gould (El largo adiós), entre otros. Cuentan que ninguno de ellos convenció al escritor. El Marlowe que Chandler tenía en la cabeza era Cary Grant, pero como todo el mundo sabe Grant nunca interpretó al detective privado acostumbrado a que le partan la cabeza y el corazón.

En contra de Marllowe, la vida de Chandler no fue demasiado aventurera. Resulta más bien algo oscura. Eso podría explicar su afición al alcohol y su fatal experiencia en Hollywood, donde colaboró en guiones de películas como Perdición y Extraños en un tren. Cuentan una anécdota muy divertida sobre su relación con Howard Hawks durante el rodaje de El sueño eterno, en cuyo guión participaría por ciento un premio Nobel de Literatura, William Faulkner, pero les invito a que lo lean si navegan por la red no vaya a extenderme como pasa casi siempre. Dicho esto, solo puedo recomendarles que lean a un escritor que contribuyó a ubicar al género negro en el lugar que ocupa en la actualidad. Eso sí, los que nos iniciamos con los clásicos de este tipo de literatura siendo adolescentes hemos renunciado a encontrar hoy escritores del mismo calibre que Chandler, un tipo que cuenta desgraciadamente con demasiados imitadores, tantos como cucarachas tiene la ciudad en la que vivo… Así que hace ya tiempo tiré la toalla.

En fin, que no llega el momento de poner fin a estas líneas… ¿Cómo cerrar esta perorata? ¿Cómo despedirme de todos ustedes este 23 de julio en el que se celebra, puto Covid-19, un Día del Libro que no es del de San Jorge?

Ya está. Lo tengo tras dos lingotazos de bourbon seco:

Damas y caballeros “Decir adiós es morir un poco”, lo escribe Raymond Chandler en su obra maestra: El largo adiós.

Saludos, hijos del día y de la noche, desde este lado del ordenador

¿Por quién doblan las campanas, papá Hem?

Jueves, Julio 23rd, 2020

La primera novela que leí de Ernest Hemingway (Oak Park, Illinois; 21 de julio de 1899-Ketchum, Idaho; 2 de julio de 1961) fue Adiós a las armas y el flechazo fue inmediato. Luego devoré sus obras cubanas (El viejo y el mar e Islas en el golfo, también Tener y no tener, cuya versión cinematográfica, salvo los personajes, no tiene nada que ver con la novela original), los cuentos (el señor Hemingway fue un notable escritor de relatos cortos); sus novelas españolas (Por quién doblan las campanas, Fiesta, los cuentos que se desarrollan en nuestra Guerra Civil) y esa especie de autobiografía, aunque toda la producción literaria de Hem sea igual de autobiográfica, que es París era una fiesta, donde hace un retrato muy poético de su compañero de generación F. Scott Fitzgerald. Me queda alguna novela más y probablemente muchos de sus cuentos pero no demasiados. Tampoco las colaboraciones que realizó como periodista desde los diferentes campos de batalla que pisó a lo largo de una vida que, como muchos de ustedes saben, puso fin volándose la cabeza con una escopeta que, quién sabe, igual es la misma con la que aparece en esta fotografía.

El paso del tiempo intenta enterrar ahora la memoria de Hem porque sus libros son demasiado masculinos y por eso mismo políticamente incorrectos. Es una manera de verlo. A mi querida y admirada Patricia Highsmith le caía como una patada precisamente por eso: su machismo indomable. Machismo que no se cansaba de describir en sus obras y en representar en su vida personal mientras recorría las verdes colinas de África pero con todo sigue siendo para quien ahora les escribe uno de esos escritores que fue todo un descubrimiento. MI edición de Adiós a las armas está subrayada arriba y abajo, lo mismo pasa con los relatos que protagoniza Nick Adams y el viejo de El viejo y el mar que está, por cierto, inspirado en un pescador cubano de origen canario, Gregorio Fuentes. Todos estos mundos, todos estos personajes forman parte ya de mi selectiva memoria literaria y aunque nadie me lo haya preguntado diré, por otra parte, que la novela que sigue gustándome más del escritor es Islas en el golfo, y que llegué a ella gracias a la versión cinematográfica que dirigió Franklin J. Schaffner con George C. Scott de protagonista.

En su finca La Vigía, en La Habana, Cuba, descubrí que Hem solía escribir de pie y que su amor por la isla fue tan grande que regaló su medalla de Premio Nobel al país en señal de reconocimiento y respeto. En cuanto a España y además de correrse juergas que duraban hasta el amanecer y asistir a las plazas de toros, visitó a don Pío Baroja para rendirle homenaje. Lo que se dijeron no se sabe exactamente ya que las versiones al respecto son muy contradictorias aunque me gustaría que la escena hubiera sido la siguiente, y así la recogen algunos que la dan por auténtica:

PÍO BAROJA: ¿Qué coño hace éste aquí?

ERNEST HEMINGWAY: He venido a decirle que el Premio Nobel se lo merecía más usted que yo, incluso se lo merecían más Unamuno, Azorín o don Antonio Machado.

PÍO BAROJA: Bueno, basta, basta, que como siga usted. repartiendo el Premio así vamos a tocar a muy poco.

Hem le regaló al autor de El árbol de las ciencias una bufanda, unos calcetines y, cómo no, una botella de whiskie, y quiero pensar que horas más tarde, ya lejos de la casa de Baroja, se tomaría unos combinados en memoria de aquel representante de la generación del 98 en Chicote, uno de esos bares que convirtió en leyenda como El Floridita y La Bodeguita del Medio en su Habana del alma: “Mi mojito en La Bodeguita y mi daikiri en El Floridita”.

Hay muchas cosas que no me gustan de papá Hem pero me encantan sus novelas y cuentos. Recurro a ellas para abstraerme de la realidad que me rodea y como él siento igual emoción cuando recuerdo las calles de la capital cubana barridas por uno de esos potentísimos diluvios tropicales que limpian la atmósfera cuando sale de nuevo el sol.

Y así fue la vida del escritor, violentos diluvios que daban paso a días tremendamente soleados. ¿Por quién doblan las campanas, señor Hem? doblan por ti. Doblan por todos nosotros.

Gracias.

Saludos, se ha escrito, desde este lado del ordenador

Nicolás Melini: “El festival puede crecer pero no será este año”

Lunes, Julio 20th, 2020

La crisis de la Covid-19 ha dejado tocada pero no hundida la celebración de la tercera edición del Festival Hispanoamericano de Escritores. Nicolás Melini (Santa Cruz de La Palma, 1966) explica que la organización tuvo que reestructurar el plan inicial –estaba previsto que México fuera el país invitado este año– con otro festival que, pese a las circunstancias, reunirá a medio centenar de escritores, muchos de ellos hispanoamericanos que residen en la actualidad en Europa.

- La primera pregunta es obligada y más teniendo en cuenta que usted reside en Madrid, ¿cómo pasó el Estado de Alarma?, ¿qué tareas realizó esos días de confinamiento? ¿Comienza la capital de España a sacudirse el sopor de estos meses de aislamiento?

“Creo que lo he llevado bastante bien. No me he estresado en exceso, no he perdido el sueño, me he deprimido solo puntualmente, casi como de costumbre –los creadores solemos tener la idea de morirnos en cualquier momento bastante bien incorporada sin necesidad de pandemias y además solemos vivir en una rutina de cierto confinamiento–. Lo peor, la incertidumbre, no poder avanzar por no saber qué sucederá, ese estar que ni para adelante ni para atrás (por ejemplo con el festival), lo he asumido como lo que es: depende del virus, no de mí, así que me ocupa pero no lo combato. Al principio necesité escribir sobre ello para comprender y resituarme: tres artículos, uno cada una de las primeras tres semana de confinamiento. Tres piezas sobre ello y punto. Luego retomé un libro de cuentos que creía haber terminado pero no lo estaba del todo, y seguí con mis proyectos”.

- ¿Cómo ha afectado la crisis de la Covid-19 a la tercera edición del Festival Hispanoamericano de Escritores que se celebra en Los Llanos de Aridane?

“Teníamos previsto dedicar a México este festival, y antes de la pandemia habíamos invitado a 25 escritores mexicanos que venían desde su país. Como posiblemente no podrán viajar, hemos tenido que posponer este plan para 2021. Si no es por el virus, este año habríamos crecido mucho con bastante firmeza. El festival tiene posibilidades de crecimiento que no vamos a ver este año. Pero el mero hecho de conseguir celebrarlo es un logro. Esperemos que el virus no nos trastoque los planes en el último momento. Como sabemos, todo puede pasar. Estamos muy pendientes de la información y en contacto con la Alcaldía, el Cabildo y el Gobierno de Canarias para tomar cualquier decisión que debamos. Los actos serán al aire libre, con el aforo, el distanciamiento y resto de medidas que proceda”. 

- ¿Cuándo acordaron esta decisión?

“Esta decisión la hemos tenido que tomar hace tan solo unas semanas. Ha tocado rehacer la mitad de las invitaciones a escritores en un tiempo muy corto y con un plazo de antelación a la celebración del festival también muy corto. Pero no importa, lo hemos hecho. Normalmente invitamos en febrero para septiembre. En julio las agendas ya están un poco más complicadas para ese mes. Por otro lado, además, este año se ha concentrado en septiembre gran parte de lo que no se ha hecho durante el resto del año. Pero estas dificultades las hemos solventado bien: será un festival de mayor proximidad, por razones sanitarias, con autores hispanoamericanos que residen en España y más autores españoles de los que hubiesen venido siendo México país invitado. También habrá algún canario más que los que hubiese habido en el festival dedicado a México. Y la media de edad de los autores será inferior, lo cual no tiene porqué ser negativo en absoluto. Por supuesto, hemos mantenido la invitación a aquellos que no vienen de lejos y ya estaban invitados por ser México país invitado. Adaptaremos su participación a una programación en la que México no será el centro”.

- Si se celebrara, ¿qué peso tendrá la presencia de escritores canarios?

“Creo que el año pasado tuvimos unos diecinueve autores canarios, este año serán algunos menos. Nos alegra que tendremos a un poeta y ensayista canario como Andrés Sánchez Robayna, y también a una debutante en la novela, la jovencísima Andrea Abreu. Una de las razones del festival es que los autores canarios se asomen a un mundo —el de la literatura nacional e hispanoamericana, sus editoriales y autores— que normalmente les pilla lejos. Del mismo modo, los autores que vienen entran en contacto con escritores que normalmente desconocen. Que el número de canarios sea el adecuado es importante para que el festival les sirva”.

- ¿Y nacionales e hispanoamericanos?

“La proporción de hispanoamericanos será menor y la de españoles mayor que si hubiésemos podido hacer “México país invitado”. Contamos con hispanoamericanos que viven en España porque es muy posible que desde América no se pueda viajar. Tenemos que reducir el riesgo de que finalmente los autores no puedan desplazarse por cuestiones sanitarias. En realidad, tenemos que reducir lo más posible cualquier tipo de riesgo para que el festival que programemos no se pueda celebrar como hayamos previsto”.

- El Festival anuncia la creación de una residencia de escritores, ¿en qué consistirá?

“Charo González Palmero tenía el proyecto de poner en marcha unas residencias de artistas. El primer festival tuvimos como invitado al escritor francés Patrick Deville, que es Director de la Maison des écrivains. Yo mismo escribí mi última novela en una residencia de este tipo en Francia, me parece fundamental que esa posibilidad exista y quiero fomentar que esto se produzca en Canarias. Se lo comentamos al Ayuntamiento y la idea gustó. Patrick Deville estaba muy interesado también en que se pusiera en marcha. Nos dijo que el lugar era perfecto y que contáramos con él. Este año se celebrará la primera residencia de escritor. Será durante todo el mes de septiembre. Al escritor se le ofrece un sueldo modesto, alojamiento en un lugar agradable para la escritura, donde no tenga mayores preocupaciones que escribir. Durante el mes, el escritor tiene el compromiso de ofrecer una serie de conferencias o talleres, una o dos por semana. Tanto la municipalidad como el escritor se ven beneficiados sobradamente. Para ponerla en marcha, por ahora, solo hemos constituido un pequeño consejo —sin ningún tipo de remuneración, por supuesto— para la decisión entre todos de qué autoes podrían ser merecedores de la residencia y además qué escritores serán más beneficiosos para el proyecto de residencia. Las cuestiones prácticas las realiza la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane. Y el deseo de todos es que esto vaya bien y se institucionalice”.

-Dice que la mayoría de los actos serán al aire libre.

“Haremos más actos al aire libre. Incorporaremos algún escenario al aire libre que no hemos utilizado en las dos ediciones anteriores”.

- Tras estas dos ediciones ¿se han logrado generar dinámicas entre los escritores?

“Estamos todos mucho más en contacto que antes. Con la pandemia se ha hecho muy evidente. Se ha hecho bastante normal estar al tanto de lo que sucede en México, por ejemplo. Los escritores se escriben, se whatsapean, se relacionan en redes. Están al tanto de lo que publican escritores que antes, por la lejanía y el ámbito tan distinto de difusión, ni siquiera sabían que existían. Son lazos de conocimiento mutuo. Y de reconocimiento también. Con el tiempo esos lazos se podrán hacer profundos”.

- Si en 2021 se descubre por fin un remedio contra la Covid-19 y la situación se normaliza, ¿confirma que la cuarta edición estará dedicada a México?

“Ese es nuestro compromiso”.

- ¿Y por qué México?

“México es una potencia cultural y literaria de primera magnitud. Todo un ejemplo para nosotros. Cuando lees las informaciones sobre los escritores de allí comprendes que han podido dedicarse a su obra, tanto por el número de obras que han publicado como por la calidad de las publicaciones y la ambición de las obras. México adaptó el sistema francés. Para México, como para Francia, la cultura ha sido una prioridad de Estado. Por supuesto también y sobre todo hacia el exterior. La mayor feria del libro del ámbito de nuestra lengua es mexicana, la de Guadalajara, y, además, ha recibido el Premio Princesa de Asturias recientemente. Desde la primera edición hemos contado con el apoyo de la Fundación Universidad de Guadalajara, que hace esa Feria Internacional del Libro.”

- ¿Cuál es su visión de las nuevas literaturas hispanoamericanas? ¿Destacaría alguna de sus narrativas en particular?

“Destacaría autores, o libros concretos, porque la literatura, al final, es esa obra que te deslumbra. Por citar a algunos extraordinarios que hemos invitado pero aún no han podido venir por uno u otro motivo, gente más o menos de mi generación a la que leo con mucho placer, me acordaré de la argentina Samantha Schweblin, del guatemalteco Eduardo Halfon, del mexicano Yuri Herrera, del colombiano Juan Gabriel Vásquez. En fin. Leerlos no es en absoluto una pérdida de tiempo. Por otro lado, en España estamos muy bien servidos de escritores hispanoamericanos que leer con devoción, y además amigos, como el argentino Marcelo Luján, por ejemplo, o el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, o Juan Carlos Chirinos”. 

- ¿Y qué cree que deben de aprender los escritores de unas y otras orillas?

“No sé. El mundo se ha hecho muy pequeñito. Somos muy distintos y sin embargo nos parecemos demasiado. Tautológico pero cierto. Más aún cuando compartimos el idioma. Quizá debamos aventurarnos más en el otro. Ir. Que vengan. Cada vez lo haremos más. De eso se trata. Creo que el proceso de que el mundo se convierta en un pueblito, en una aldea, como se ha dicho, es irreversible salvo cataclismo universal. El virus no solo ha demostrado hasta qué punto ya lo somos, sino que ha acelerado el proceso”.

- ¿Qué le gustaría mejorar del Festival?

“No sería por mejorarlo, sino por desarrollarlo. Creo que hay posibilidades de que el Festival sea también un encuentro sectorial. Este año vendrán algunos editores, alguna traductora a otro idioma, algún agente… El festival puede ser un punto de encuentro, que venga a La Palma mucha gente por distintos motivos”.

- El apoyo de las instituciones ha sido fundamental para la consolidación del Festival. Creo que este año el respaldo del Gobierno de Canarias, entre otros, ha sido determinante.

“En este caso todas las voluntades políticas son indispensables, pero es cierto que el Gobierno de Canarias nos está ofreciendo este año un empuje casi moral. Coincidimos en que hay que hacer todo lo posible por celebrar este festival este año, porque el próximo año será muy complicado, y, si perdemos la continuidad tan pronto y dos años seguidos, luego podría ser bastante difícil retomarlo. Además, el festival puede ayudar, modestamente: podemos contribuir a que algunos proveedores de la isla lo pasen menos mal. Aunque los presupuestos para las cuestiones artísticas no son precisamente espectaculares, hay un tejido empresarial, en este caso no solo de la cultura, al que le llega algo de liquidez que en este momento puede significar aguantar en un momento muy malo. Financiación que en parte viene de fuera de la isla, financiación que, por poca que sea, ingresa en la isla. Por otro lado, creo que los escritores querrán hablar de todo lo que nos está pasando, podemos llenar el mundo de algunas palabras lúcidas que nos ayuden a comprender y a sobrellevar y a superar mejor la adversidad del virus, y este beneficio no es solo para la gente que acuda a los actos, también para la gente que asista por estreaming desde cualquier lugar o que vea luego los vídeos a través de la web del festival”

- ¿Cree que el festival forma parte ya del paisaje urbano y sentimental de Los Llanos de Aridane?

“Se demuestra que lo importante cuando programamos cultura no es ni siquiera la infraestructura cultural, sino las personas. Que podamos hacer este Festival es debido a que nos hemos juntado una serie de personas capaces de hacerlo, y luego la voluntad política. Se demuestra también que cuando ofreces cultura, y no sucedáneos, la gente responde. Al principio nos trasladaron muchas dudas de que el festival pudiera funcionar en Los Llanos de Aridane. Yo no tuve ninguna duda. Tampoco Armas Marcelo. Y luego Los Llanos ha sido un lugar muy acogedor con los escritores. Los escritores se sienten bien en Los Llanos, esto es también, otra vez, sobre todo por la gente. La gente se encuentra por la calle a los escritores, se para a tres metros de ellos y les grita: ‘¡Gracias!’ Es una maravilla”.

Novela y memoria sobre la guerra (in)civil en Canarias

Sábado, Julio 18th, 2020

NOTA: Este artículo actualiza el titulado en su día (6-VIII-2011) Novela y memoria sobre la Guerra (in)Civil en Canarias porque desde ese entonces se han publicado otras novelas y cuentos relacionados con este periodo de la Historia en las islas. En este aspecto y salvo las aportaciones que hacemos, el texto se mantiene prácticamente igual al que fue publicado en su día.

Canarias cuenta con una interesante producción literaria sobre la Guerra Civil en la que se mezcla ficción y memoria a partes iguales. Estas líneas solo pretenden orientar al lector sobre algunos títulos que considero, a mi juicio, recomendables para hacerse una idea de lo que podríamos llamar “nuestra peculiar literatura sobre aquel conflicto”, siendo conscientes que nos dejamos muchas obras en el tintero.

Se trata pues de un artículo que no nace con vocación investigadora ni de análisis, sino como guía de una serie de volúmenes que merecen ser recuperados por todos aquellos que estén interesados en conocer cómo desde los territorios de la imaginación y también del testimonio se nos ha contado con mejor o peor fortuna el drama de la Guerra Civil a este lado del Atlántico.

Para quien les escribe si hay tres títulos claves sobre este oscuro periodo de nuestra historia son El barranco, La prisión de Fyffes y Luchar por algo digno, de Nivaria Tejera, José Antonio Rial y Pedro Víctor Debrigode, respectivamente. No puedo olvidar Sima Jinámar del periodista y escritor José Luis Morales, entre otros.

El barranco de Nivaria Tejera es un emotivo y desolador relato a medio camino entre la ficción y la memoria. La acción se desarrolla en La Laguna a principios del alzamiento y está contada a través de los ojos de una niña que asiste a la detención de su padre por ser afín a la II República, lo que supone una fractura para su infancia así como para la familia.

El barranco es para el especialista Claude Couffon la primera novela en español sobre la Guerra Civil, una reflexión muy discutible ya que se publicó antes en francés (Lettres Nouvelles, 1958) que en castellano.

El exilio interior es una de las grandes constantes en la producción literaria de su autora. Mujer que tras abandonar las islas con su familia recaló en Cuba, donde abrazó en su juventud los principios de la revolución cubana liderada por Fidel Castro hasta que ésta se escoró –ya sin máscaras– hacia el socialismo.

En una entrevista que mantuvo con el autor de este artículo (1) Nivaria Tejera reveló que una de las causas que la motivaron a escribir El barranco fue “la necesidad de despejar ese mundo interior que está tan intrincado en mi personalidad. Sentía, además, la poesía que podía extraer de todo aquello. Mi intelecto ya estaba establecido y me pareció que era un elemento de trabajo intenso para que comenzara a escribir.”

Y añadía: “Afortunadamente nunca perdemos la infancia. Lo que sí me costó fue llevarla a una posible lectura, a una escritura, a un estilo porque ya entonces quería crear un estilo agarrándome a esa terrible memoria infantil.”

La prisión de Fyffes de José Antonio Rial narra el encarcelamiento del autor en la improvisada cárcel que antaño había sido empaquetadora de plátanos y que se encontraba en aquel entonces a las afueras de la capital tinerfeña.

Novela testimonio y de ambiente carcelario, Rial escribe que mientras estuvo preso en Fyffes fue como “vivir en una cloaca” ya que los presos republicanos estaban hacinados y sobre todos ellos pendía la sombra de la muerte. En esta improvisada cárcel, el poeta Domingo López Torres escribiría el poemario Lo imprevisto, que fue sacado clandestinamente días antes de que hicieran desaparecer al poeta.

Precisamente e inspirado por la desaparición del poeta durante la Guerra Civil, Juan-Manuel García Ramos ha escrito El delator, una nouvelle aún sin publicar en la que estudia no solo a Domingo López Torres y su momento, sino también las circunstancias que condujeron a su captura por el ejército rebelde los primeros días del Alzamiento Nacional.

José Antonio Rial (San Fernando, Cádiz, 1911-Caracas, Venezuela, 2009) se exilió a Venezuela donde continuó escribiendo y colaborando en distintos medios de comunicación de ese país. Algunos de sus libros son Venezuela Imán Reverón, Jezabel, Segundo naufragio, Tiempo de espera y Las nereidas del faro.

Admirado por numerosos lectores aficionados a la novela de capa y espada de a peseta, Pedro Víctor Debrigode emplea también la ficción y la memoria en su antológica Luchar por algo digno. Obra que consta de dos partes, el primer volumen se desarrolla prácticamente en Tenerife donde el estallido de la Guerra Civil coge al protagonista mientras cumple servicio militar.

Las descripciones más estremecedoras del libro son las que se desarrollan en los barcos prisión anclados en el puerto de Santa Cruz de Tenerife y en los que el protagonista cumple con la ordenanzas militares mientras contempla como día sí, día no, muchos de los cautivos salen en pequeñas embarcaciones a alta mar para no regresar jamás.

Escrita sin florituras estilísticas, Luchar por algo digno (la segunda parte se titula El espía inocente) se trata a mi juicio de la mejor novela escrita hasta la fecha sobre la Guerra Civil en Canarias. Quizá porque se trata de la historia de un hombre que sin ideologías solo quiso vivir y que lo dejaran en paz.

Otro de los títulos más conocidos sobre aquella contienda fratricida escritos en y desde Canarias es Sima Jinámar, de José Luis Morales.

Según explicó el autor en una entrevista publicada en el diario El País, la novela la comenzó a escribir en la cárcel por dos razones: “la primera, que allí tenía tiempo. Y luego, que en aquella ocasión la novela actuaba como salida y reflexión en un momento de crisis ideológica que yo sufría, era 1969, con toda la universidad española. Intentaba, por un lado, hablar de esa realidad que para mí era tan cercana, la de las islas, y por otro, dar a todo esto universalidad, romper el localismo. Porque, al final, los problemas no son exactamente locales, ¿no? Entonces ensayé con el lenguaje canario, rural y con sus ritmos. Te llamará la atención que hay mucha redundancia, que para mí es dialéctica. Y para romper el realismo elemental aparecían algunos personajes atemporales, míticos, que rompen el tiempo y universalizan la ficción.”

La novela, reeditada en 2015 por Turpin Editores, recopila una serie de atrocidades de las que se habla aún en susurros en Gran Canaria.

Según Domingo Martín Sima Jinámar es el relato de un hombre al que “el sistema va engullendo. Y, aunque una de las habilidades de Morales es la de inventar topónimos (Anuwania, las Siete Mil Islas o Banicado son algunos nombres), a esta Sima le respetó el nombre original para que no quedara duda. Los setenta metros de profundidad de este tubo volcánico sirvieron de tumba para disidentes durante la dictadura julita, en la que transcurre la trama de la novela. Con tanto cadáver gritando historias, ‘intentaron dinamitarla después de la guerra, pero entonces la abrieron más’, recuerda José Luis Morales. ‘Es imposible dinamitar algo que es como una catedral de grande’”.

La Guerra Civil también ha producido otras novelas como La infinita guerra, de Luis León Barreto, y ha servido de inspiración para moldear el carácter de algunos de los protagonistas de sus historias en distintos escritores de la que ya se conoce como Generación 21 como son Víctor Álamo de la Rosa (El año se la seca, Campiro que y Terramores); Al sueño polar de golondrinas, de Álvaro Marcos Arvelo y Los días de Mercurio. La iniquinidad II y Los milagros prohibidos de Alexis Ravelo.

Álamo de la Rosa se basó en un conocido político herreño, Manuel Hernández Quintero, para su Manuel el huido de Terramores. El año de la seca se ambienta en el periodo de postguerra en el territorio mítico de Isla Menor (El Hierro) mientra que en Campiro que da noticias de todas aquellas personas que al estallar la guerra buscaron refugio en cuevas y tubos volcánicos para no convertirse en víctimas de la represión militar.

Álvaro Marcos Arvelo parte de la fuga que emprendió el poeta gomero Pedro García Cabrera junto a otros presos políticos desde el campo de prisioneros de Villa Cisneros a Dakar, Senegal, en 1937, en Al sueño polar de golondrinas, novela que discurre en dos tiempos, los años 30 y los actuales cuando llega un barco chatarra a Puerto Santo, universo imaginario del escritor y cuyo reflejo podría ser Tenerife y en cuyas oscuras bodegas viajan 152 inmigrantes subsaharianos.

En el otro extremo de la balanza se sitúa Alexis Ravelo, quien se despoja de la influencia de su investigador, el marino retirado Eladio Monroy, para narrar en clave muy negra una historia de venganza en la mejor tradición del género en Los días de Mercurio. La iniquinidad II, en la que su protagonista, un hombre del bando de los derrotados descubre un secreto bien guardado por parte de otro del bando vencedor. Ravelo insistiría en la Guerra Civil en Los milagros prohibidos, novela que se desarrolla durante lo que se conoció como Semana Roja en La Palma, única isla que permaneció leal a la II República esos días hasta la entrada de las tropas rebeldes y la huida de los “rojos”, los enemigos del nuevo régimen, al monte y a la costa. Javier Hernández Velázquez retoma el pasado cainita que supuso el conflicto en El fondo de los charcos e insiste en el mismo, aunque en sus páginas finales, en Baraka.

La Guerra Civil y la represión en Canarias mueve, por otro lado, la acción de La lista, de Juan Bosco, quien no se arruga en señalar con el dedo quienes fueron los asesinos y sus víctimas en La Orotava durante aquellos años. Juan Ignacio Royo Iranzo propone algo parecido, aunque en Santa Cruz de Tenerife en su interesante El fulgor del barranco. La capital tinerfeña en aquel tórrido verano de 1936 también es la protagonista de La maleta y el obelisco, de Andrés Servando Llopis.

Otras obras a destacar son Mientras maduran las naranjas, de Cecilia Domínguez Luis, novela que recupera la memoria de la Guerra Civil en las islas a través de los recuerdos de Sara, una adolescente que vive el golpe de Estado cuando tiene solo diez años y novela que cuenta con una primera parte,Y tú serás el río. La escritora insistiría en este tema en La sorriba, de momento su última novela y libro que se desarrolla durante la Guerra Civil y en una tenebrosa postguerra en Canarias. Este periodo y también desde el punto de vista de una mujer, se refleja en La prestamista, de María del Mar Rodríguez, que se desarrolla en la isla de La Palma en un arco temporal amplio, 1850-1946, y en la que se reflejan las grandezas y miserias de sus protagonistas y Felisa en su mudanza, de María Candelaria Pérez Galván, en la que se recrea la vida de dos jóvenes canarias que viven en un pueblo perdido en las montañas de la isla que deciden ir a la ciudad para labrarse una vida mejor.

Por otro lado, La fiesta de los infiernos, de Juan José Delgado, que ofrece una visión sobre aquellos años escrita desde el esperpento y, de manera tangencial, El árbol del bien y del mal de Juan José Armas Marcelo, novela que junto a Las naves quemadas le sirvió para fundar su imaginario universo de Salbago.

Luis León Barreto recurrirá también a la isla-símbolo, en su caso Tamarán, para La infinita guerra, en la que profundiza en las imbricadas raíces que tejió el poder para justificar la represión a la que sometieron a la población de las Islas nada más declararse la Guerra Civil mientras que el periodista y escritor grancanario Alfonso O’Shanahan es autor de Solsticio de verano, una novela de espías ambientada en la segunda mitad de los años treinta en Canarias que ha sabido envejecer con el paso del tiempo.

A caballo entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria se desarrolla en las postrimerías de la Guerra Civil Inmerso en la duda, de Agustín Quevedo Martín; Francisco Estupiñán aborda también aquel conflicto y la posición de la España franquista durante la II Guerra Mundial en El águila de San Juan, asunto en el que también indaga Daniel Pérez Estévez con La paciencia del peregrino mientras Eugenio Suárez Galván narra en Balada de la guerra hermosa la historia de dos canarios enrolados como soldados del ejército nacional en los campos de batalla que destrozan las tierras de la España peninsular.

Interés y mucho tiene la novela Vagos y maleantes, de Ismael Lozano, quien describe las dolorosas condiciones en las que vivían los presos (la mayoría de ellos homosexuales) en Tefía, Fuerteventura. Centro que mantuvo abierta sus puertas hasta inicio de los años sesenta.

Por otro lado, Agustín Carlos Barruz se preocupa en reflejar la represión y sus secuelas en Memoria de una isla sin memoria, que trascurre en Sacura, anagrama de Arucas, Gran Canaria mientras que la escritora Elia Barceló desarrolla la primera parte de El color del silencio en julio de 1936 en Canarias y Alberto Vázquez Figueroa retrata la feroz represión de los rebeldes en las islas en su novela Bajamar. Muy de refilón, Gererardo Pérez Sánchez sitúa uno de los capítulos de Historia desconocida de mis antepasados en este trágico periodo, concretamente en Güímar, localidad del sur de Tenerife.

También son de destacar El faro y la noche, de Selena Millares, en la que se cuenta el hallazgo las memorias de un oscuro poeta y profesor represaliado tras la guerra civil española

Otros títulos que pueden sumarse a esta relación son Episodios de la Guerra Civil y otros relatos, de Francisco Rodríguez Medina, autor también de El paseo de la muerte; Pedro Padilla Quintana y su En el azul y muy tangencialmente Jonathan Allen en la iniciática El conocimiento.

Novelas sobre los primeros años de la postguerra son Los amores perdidos, de Miguel de León y Guad, de Alfonso García-Ramos, sin olvidar La isla y los demonios, de Carmen Laforet y que transcurre en la capital grancanaria en los años 40.

En cuanto a libros de memorias destacan Añoranzas prisioneras, del anarquista Antonio Rodríguez Bethencourt, libro en el que se narra las aventuras de su compañero de presidio Antonio Tejera Afonso Antoñé; Memorias de un hijo del siglo, del socialista Juan Rodríguez Doreste; Once cárceles y un destierro, de Diógenes Díaz Cabrera; …Empieza a amanecer, de Constantino Aznar de Acevedo; Tránsito,de Elba García, memorias del escultor y empresario Bernardino García; Sin rencor. Memorias de un republicano, de Mauro Martín Peña; Semilla de memoria, de Francisco González Tejera; Cecilio Segura, alcalde y maestro replesaliado en la Guerra Civil, de Francisco Suárez Moreno y La luz infinita, de Amílcar Morera Bravo, título en el que este escritor y médico natural de La Palma incluye varios relatos sobre su experiencia como sanitario del ejército nacional en diferentes frentes de la península y De Gran Canarias a Dakar, memorias de Eduardo Suárez Socorro, quien describe en su primera parte el asesinato de su padre, diputado comunista durante la II República, en la capital grancanaria los primeros meses de la Guerra Civil.

También de un palmero es Con los parias de la tierra,memorias de quien fuera fundador de las Juventudes Comunistas de La Palma y destacado dirigente político durante la II República, Florisel Mendoza. Merece la pena citar también aunque no se trate de un libro de memorias Negrín y Canarias durante la Guerra Civil española, del especialista Sergio Millares Cantero y también una biografía sobre Guillermo Ascanio Moreno, miembro del partido comunista y uno de los organizadores del batallón Canarias así como de su periódico, Canarias libre, escrito por Jacinto Barrios Capilla.

(1) El Perseguidor (Diario de Avisos), número 23. Entrevista con Nivaria Tejera, “Ya no me siento exiliada en ninguna parte“.

FOTOS

1) Almuerzo de los militares golpistas en La Esperanza (Tenerife), dìas antes del golpe de Estado

2) Francisco Franco desfila junto al alcalde republicano José Carlos Schwartz y el gobernador civil Manuel Vázquez Moro

3) Presos republicanos hacinados en el Lazareto de Gando

Saludos, ¿eran otros tiempos?, desde este lado del ordenador

El mundo de la Cultura, divido ante el cese del Director Insular de Cultura

Viernes, Julio 17th, 2020

El mundo de la Cultura ha recibido de manera desigual el anuncio de la destitución de Leopoldo Santos Elorrieta al frente de la Dirección Insular de Cultura. Como publicamos el miércoles pasado, el Consejo de Gobierno del Cabildo de Tenerife aprobó su cese fuera del orden del día. La prensa local se hace eco hoy, viernes, de lo que publicamos el pasado miércoles pero olvida como pasa siempre citar la fuente, o al menos el artículo que les sirvió de guía, para informar sobre el despido de Santos Elorrieta.

Tras sondear el ambiente cultural que se genera en las islas las impresiones son de momento ambiguas. Por un lado, tal y como se dijo, la reacción es de franco estupor. “Fue el primer director con el que hablé de tú a tú”, comenta una artista. “Por fin parecía que se iba a producir un cambio”, añade.

Por el otro lado y en la periferia, es decir que más que artistas se tratan de gestores, organizadores de festivales no relacionados con la música y toda esa burocracia que rodea a la cultura, el alivio es manifiesto. “Lo han fulminado porque no sabía relacionarse con los de arriba”, dice uno de ellos. No sé cómo interpretar la declaración ya que se produce vía telefónica pero aprecio cierta ironía en un sector, el de los gestores públicos de cultura y organizadores de festivales, que se muestra bastante satisfecho porque “por fin haya rodado su cabeza”.

Esto se expllica porque Leopoldo Santos Elorrieta sometió a un estricto control joyas de la corona de la Institución Insular como el TEA Tenerife Espacio de las Artes, un monumental espacio que antes y después de la crisis de la Covid-19 duerme en los laureles.

Los que defienden la labor desarrollada por el cesado Director de Cultura, que no llega al año al frente de tan compleja como complicada área, lo percibían como “un señor que no se quería apropiar de un puesto sino que quería cambiar las cosas”, y definen su cese de “político”. De “político” a un técnico que no quiso bajar nunca “a la arena de la política barata”.

La cabeza de Leopoldo Santos Elorrieta iba a rodar tarde o temprano, comentan los que en petit comité celebran su cese. Se quejan estos de su ánimo fiscalizador y de controlarlo todo, también de haberse encastillado en su despacho las últimas semanas cuando comenzó a propagarse con más insistencia que iban a por él.

La prensa local publica que la gota que colmó el vaso fue una reflexión, más que noticia, que publicamos en este mismo su blog El Escobillón en la que nos preguntábamos el destino de la Librería del Cabildo de Tenerife, ubicada en uno de los lados de la fachada del antiguo Teatro Baudet, en la capital tinerfeña. Esta reflexión inspiró a un columnista local que no contento con fusilar aquel texto no cita (ya es una constumbre) de dónde cogió la noticia para escribir prácticamente lo mismo que ya escribimos nosotros en su momento pero en fin, así se las gastan en esta tierra: A unos le pagan por reescribir lo que otros antes han publicado por amor al arte.

El Cabildo de Tenerife mientras tanto no ha nombrado todavía Director Insular de Cultura por lo que el peso de área tan compleja descansa en la consejera Educación, Universidades, Museos, Cultura y Deportes, Concepción María Rivero Rodríguez, de Ciudadanos. A la espera de un nuevo nombramiento… O no, lo que está claro es que el Cabildo de Tenerife no levanta cabeza en cuanto a políticas culturales se refiere, ni por acertar en designar a profesionales para que organicen un patio demasiado revuelto y con tantos y tantos reinos de Taifa.

La pregunta que plantean los que defendían y aún defienden la labor (bastante raquítica porque no tuvo tiempo para hacer demasiadas cosas) de Leopoldo Santos Elorrieta es qué pasará con los proyectos que negociaron con él. ¿Seguirán adelante? ¿O solo fueron fruto de un espejismo?

El próximo año, y pese a la crisis sanitaria y económica que padecemos, está cargado de propuestas muy interesantes que contaban hasta esta semana con el visto bueno de Leopoldo Santos Elorrieta, ese Director Insular de Cultura que pasará a la Historia por la brevedad de su mandadto y por estar solo (así lo quiso) ante el peligro.

Saludos, a la espera de que fusilen también este post, desde este lado del ordenador