Archive for the ‘Libros’ Category

Y si Nelson hubiera vencido…

Miércoles, Octubre 16th, 2019

Si algo hay que reconocer en Félix Díaz González es su constancia y lealtad a un género como el de la ciencia ficción escrito con acento canario.

A semejanza del gaditano Tomás Felipe, que centra sus cuatro novelas publicadas en distintos escenarios de las islas (Gran Canaria, Tenerife y El Hierro) en clave de anticipación y fantástico, Díaz González se ha mantenido más fiel a las constantes de un género que gana seguidores dentro y fuera del archipiélago, y al que ahora se suman escritores veteranos como novatos. Entre los veteranos se encuentran Víctor Conde, pseudónimo de Afredo Moreno Santana, y Leandro Pinto, éste último más escorado hacia los fantástico y terrorífico que lo estrictamente de ciencia ficción.

Hay numerosos subgéneros en el proceloso río de la anticipación. También una legión de escritores a los que en su momento elogió un fantástico escritor fantástico como fue Jorge Luis Borges al prologar la edición en español de Fahrenheit 451. El problema surge cuando el purista del género, que los tiene como cualquier género, pone el grito en el cielo al no creer que Ray Bradbury sea un autor de ciencia ficción por muy futuristas y distópicas que sean algunas de sus obras. Quien les escribe tampoco considera demasiado de ciencia ficción un escritor como Bradbury pero lo mismo le pasa con otros grandes clásicos del género.

En ciencia ficción es posible encontrarse con historias de aventuras espaciales, de telépatas, de contacto con inteligencias extraterrestres, de invasiones alienígenas y de viajes a través del tiempo, entre otros temas.

Kronos. Viajes por el tiempo y por el espacio, la nueva novela de Félix Díaz González se apunta a este último subgénero, dando como resultado una obra curiosa e ingeniosa en muchas de sus partes.

El libro no llega a las doscientas páginas y en él se intercalan varios capítulos sobre diferentes visitas al pasado que protagonizan los tripulantes de Kronos, una nave de pasajeros entre los que se encuentra un canario, natural del Puerto de la Cruz. Los viajes en el tiempo siempre han estado de moda dentro de la literatura de ciencia ficción, H.G. Wells fue uno de los pioneros en dar con una máquina original que transportara a sus ocupantes al futuro. Un futuro bastante triste el que retrata Wells, y en el que presenta como alegoría dos razas humanas: las de los eloi, que viven en un mundo aparentemente feliz, y los morlocks, que moran bajo tierra donde trabajan “aparentemente” para los eloi.

Mark Twain había jugado también con el viaje en el tiempo, solo que al pasado, en su divertidísima Un yanqui en la corte del rey Arturo y Poul Anderson estableció las bases de un equipo de policía que velara porque lo que conocemos siguiera siendo eso, lo que conocemos de nuestra Historia en La patrulla del tiempo, novela que inspiró la serie de televisión El ministerio del tiempo.

En la novela de Félix Díaz el viaje en el tiempo es resultado de un accidente, accidente que hace que la Kronos salte de época en época provocando turbulencias y cambios radicales en la historia tal y como la conocemos.

El episodio más interesante del libro hace retroceder y avanzar a sus protagonistas. Se tropiezan así con guanches y con la marina británica que navega para atacar la bahía de Santa Cruz de Tenerife.

En este último episodio, alguien hace entrega a los británicos de los planos correctos de la plaza con el fin de que el ataque sea un éxito ese verano de 1789.

Y resulta un éxito por una serie de motivos que invitan a leer la novela.

En otros capítulos, los protagonistas y de su mano el lector, viajará a una capital de provincias que se llama Kingston, antes Santa Cruz de Tenerife. No profundiza sin embargo el escritor en esta realidad alternativa aunque hace un esbozo creíble de algo que no pasó.
El libro contiene otros saltos temporales y cuenta con una misteriosa maleta que sirve a modo de interesante anticipo de un relato original que se bifurca.

Kronos se lee con sumo interés y se agradece que detrás haya un escritor que disemina ideas a medida que avanzan las distintas historias que lo vertebran. La novela se lee con agrado y si tiene alguna pretensión es la siempre agradecida voluntad de entretener.

Saludos, aquí, asándonos al calor de Venus, desde este lado del ordenador

Antonio López Ortega: “La ideología siempre ha comprometido la libertad de creación”

Martes, Octubre 15th, 2019

La segunda versión (poesía reunida) del poeta y escritor venezolano Guillermo Sucre se trata de un libro recientemente editado por Pre-Textos en su colección La cruz del sur. La edición está al cuidado del escritor Antonio López Ortega, quien trabajo estrechamente junto al poeta en un libro que recupera la voz de uno de los representantes más destacadas de la conocida como generación del 58.

- ¿Cómo fue trabajar con Guillermo Sucre?, ¿qué criterios emplearon en su trabajo en común?

“Aparte de un par de entrevistas hechas al comienzo del trabajo, tuvimos que comunicarnos por correo electrónico. En los proyectos literarios venezolanos de hoy estamos acostumbrados a incluir el factor distancia: no hay otra manera con el país quebrado que tenemos. Afortunadamente, pude contar con un manuscrito que él llegó a revisar. Todos sus libros de poesía estaban agotados; por lo tanto tuvimos que transcribirlos, lo que siempre es delicado porque amplía el margen de erratas. Guillermo hizo leves ajustes en su libro Mientras suceden los días (1962) y eliminó algunos poemas en Serpiente breve (1977), por sentirlos un poco vanidosos. Yo no estuve muy de acuerdo con esto último, porque es uno de sus libros más extraños, y por lo mismo interesante, pero al final privó su criterio. Aparte de esto, el libro que publicamos recoge toda su obra poética”.

- Sucre pertenece, junto a otros poetas venezolanos, a la Generación del 58. ¿Cuáles son las constantes de este grupo y qué papel tiene dentro de ella Guillermo Sucre?

“La Generación del 58 fue esencialmente renovadora. Hay que tomar en cuenta de que su surgimiento coincide con la recuperación democrática del país. Eran momentos de reafirmación y de franca apertura. En el campo literario, surgieron al menos tres importantes agrupaciones: Sardio, El Techo de la Ballena y Tabla Redonda, unas más extremas que otras. Al primero de estos grupos perteneció Guillermo Sucre, junto con Salvador Garmendia, Elisa Lerner, Ramón Palomares, Luis García Morales y otros más. Esta Generación logró una puesta al día de la literatura venezolana. Es decir, a partir de allí no hubo desfases con ninguna corriente o influencia de la literatura occidental. Los escritores del momento eran muy exigentes con los otros y consigo mismos. La crítica, como ejercicio, formaba parte del dispositivo necesario para escribir. Por tradición histórica y cultural, Octavio Paz llegó a decir que la literatura hispanoamericana era una literatura sin crítica. Pues bien, yo creo que esos fueron años en que el ejercicio crítico era consustancial al propio acto de creación.
Guillermo Sucre fue la figura inspiradora de Sardio, quizás porque ya para entonces era un gran pensador de los procesos literarios. Destacaba ya como un gran ensayista, aunque en paralelo escribía poesía. Desde Sardio también defendió la refundación democrática del país, sin dejarse cautivar por los influjos de la Revolución cubana, que ya cautivaba la mente de muchos jóvenes. Todo lo que fuera “literatura comprometida” ya alertaba a los “sardianos”, quizás porque la ideología siempre ha comprometido la libertad de creación.

- Qué características definen la poesía de Guillermo Sucre?

“Es una poesía de la observación profunda de la realidad, es una poesía que desentraña la materia a fuerza de analogías: esto es aquello. No es una poesía subjetiva (el yo brilla por su ausencia) sino una poesía de la inmanencia, del ser. Sí hay una consciencia del paso del tiempo, que definitivamente va acumulando ruina. El poeta esgrime una imagen que me impresiona: habla de las “escamas del tiempo”, dando a entender que el eterno conteo es tanto físico como metafísico. Somos peces que nadamos en un mundo abisal, perdiendo las escamas en cada uno de los tropiezos que tenemos. También es una poesía que ha buscado siempre la transparencia, como punto opuesto a la condición humana, que es siempre misteriosa y oscura. Por transparencia debemos entender un ascenso, una elevación. En la tradición aristotélica, el yo está atrapado por el pensamiento: no somos lo que somos, sino lo que pensamos. Por lo que apostar al ser, así sea por tanteos, nos acerca más a la revelación”.

- ¿Y qué características piensa que lo define como persona?

“Es una persona recatada, reservada. No se presta a la figuración y es opuesto a cualquier signo de vanidad. Se ha volcado a la docencia desde muy temprana edad, y también a grandes empresas culturales. Su opinión fue definitiva cuando se creó Monte Ávila Editores, en 1967; y también cuando se fundó el Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Simón Bolívar de Caracas, hacia 1975. Coordinó las obras completas de Mariano Picón Salas y también el equipo de investigadores que editó la Antología de la Poesía Hispanoamericana Moderna. En los últimos años se le han rendido homenajes y conferido doctorados Honoris Causa, que el maestro ha recibido más por deferencia que por convicción. El país ha respondido tarde ante una de sus grandes figuras literarias, pero al menos ha respondido. Su tenacidad, capacidad de trabajo, nivel de exigencia y compromiso moral lo ha rodeado de discípulos y seguidores, que hasta en años recientes han asistido a sus seminarios”.

- ¿Sigue siendo un poeta de culto?

“Se ha convertido en un poeta de culto, en parte, porque ha publicado poco y sus obras no se han reeditado: hablamos de seis títulos con pie de imprenta en los años 1961, 1970, 1976, 1977, 1988 y 1990, y además en ciudades distintas: Caracas, Buenos Aires, París, Sevilla y México. El hecho de que fuera un notable ensayista y crítico, reconocido a nivel hispanoamericano, volvía a su poesía más misteriosa, porque casi nadie la podía leer. Así que la compilación que hemos preparado de toda su obra poética bajo el título La segunda versión (Pre-Textos, 2019) viene a saldar una deuda importante. Sucre era un autor que, bibliográficamente, no existía, y ahora hemos recuperado su obra para el lector iberoamericano”.

– ¿Qué cree que encontrará el lector en la poesía de Guillermo Sucre?

“Va a encontrar a un gran poeta, y en gran medida desconocido. Va a encontrar una voz singular, pura, que no duda en ir a fondo para luego subir a la superficie. En el marco de la venezolana Generación del 58, la obra de Sucre, aunque breve, debe equipararse con la de Cadenas, Palomares o Montejo. Y en el ámbito más hispanoamericano, también puede ser una revelación. El hondo tratamiento del lenguaje, la pulsión metafísica, la lucha contra el ocaso del tiempo, la conciencia de que las palabras son talismanes, la musicalidad de sus versos escalonados, el amor que vive al descampado y llega a unir cuerpos con árboles, son algunas de las señales que esta poesía va marcando, o quizás absorbiendo.Un poema como “A la intemperie”, por ejemplo, logra una sorprendente fusión entre lo que se escribe (fondo) con cómo lo escribe (forma), coronando en una imagen única: “Dejas caer tus párpados/ y por un instante/ en el trasfuego/ del día/ cae la sombra/ sobre tu rostro/ mientras cae/ la mano de la lámpara/ sobre/ el papel que escribo/ buscándose/ y buscando/ en la caligrafía oscura/ la transparencia”.

- Además de su producción poética, Guillermo Sucre es un reconocido ensayista. ¿Qué destacaría de ensayos como Borges, el poeta y La máscara, la transparencia?

“De Borges se valoró siempre su narrativa, y no tanto su poesía, que el argentino consideraba esencial para entender todo lo demás. Pues me parece que Sucre, con su ensayo publicado en 1964, inicia el reconocimiento de su obra poética. Luego vendrían otros estudios importantes, que reforzarán la misma tesis. Borges es el enorme narrador que es porque en los inicios fue y siguió siendo un gran poeta. Todos sus juegos con el tiempo, todas sus espirales y jardines, todas las inquietudes filosóficas que advertimos en sus relatos, ya estaban presentes en su poesía. Sucre no sólo recuerda eso, sino que también refleja las relaciones de la poesía borgeana con la tradición poética hispanoamericana. El caso de La máscara, la transparencia es aún más admirable, quizás porque el desafío que se propone es mayor. Su estudio fue elogiado, entre otros, por Octavio Paz, y en gran medida por mostrarnos un diagrama de las influencias recíprocas que operaban en la moderna poesía hispanoamericana. Quizás hasta entonces no veíamos ese cuerpo como un mapa, sino como un archipiélago. Si algo logra Sucre es cambiar nuestra lectura del conjunto y hacernos entender que se trata de una sola trama, en la que podemos ver múltiples relaciones. Hay una continuidad y una ilación; ningún poeta o ninguna obra poética se pueden explicar por sí mismos, sino en función de una tradición, y me parece que ese punto de vista sigue vigente hasta hoy: la poesía hispanoamericana es una sola”.

- Y qué protagonismo juega en la critica literaria y qué señalaría de Guillermo Sucre como crítico y ensayista?

“Como crítico siempre ha sido agudo, consistente y exigente. Consideraba también que toda creación debe llevar su componente crítico, pues este es un legado de la modernidad. Desde muy joven, ya ejercía la crítica en reseñas y artículos, y no era nada complaciente. Digamos que siempre decía lo que pensaba, en un medio cultural acostumbrado al elogio fácil. Sucre instauraba un cierto rigor, que a la vez era una exigencia: el creador debía dar lo mejor de sí mismo, debía buscar la autenticidad. Como ensayista, su prosa era elegante, reflexiva, sustanciosa. Desplegaba un método discursivo que siempre iba interrogando, como quien aclara dudas. En su estilo reflejaba un hábito pedagógico: ir despejando la maraña significante hasta lograr nociones o respuestas claras, diáfanas. Quizás el manejo de la poesía le permitía recurrir a las metáforas para aclarar las dudas. Si el razonamiento se agotaba in extremis, una imagen poética podía surgir para arrojar luz sobre la materia oscura”.

- ¿Qué significa la Generación del 58 a los integrantes, como usted, de la Generación del 78?

“Para mi generación, los del 58 eran como nuestros mayores, nuestros padres. Eran los que nos antecedían, y los teníamos muy cerca. Se trataba de una generación prodigiosa, como pocas en el siglo, y nosotros fuimos los primeros en acoger ese legado. Los poetas eran extraordinarios: Cadenas, Montejo, Palomares, Silva Estrada, Sucre, Calzadilla, Pérez Perdomo, García Morales, Barroeta; pero los narradores no se quedaban atrás: Garmendia, González León, Lerner. Con todos ellos nos relacionamos, y a todos ellos les debemos mucho. A ellos les tocó adelantar las manecillas de nuestro reloj y ponerlas en horario planetario. A partir de ellos nuestro conocimiento de la literatura universal no podía permitirse lagunas”.

- En Venezuela las relaciones entre generaciones ha sido siempre generosa y abierta. No es el caso en otros países, donde lo habitual suele ser matar al padre. ¿Por qué ocurre esto?

“Volviendo a la Generación del 58, a través de sus plataformas grupales o de sus publicaciones se generaban polémicas interesantes. Todavía en los años 80 vimos algunos intercambios sonoros entre agrupaciones. Pero hasta allí. Estas últimas cuatro décadas han sido de convivencia entre promociones: los jóvenes respetan a los mayores, y los mayores reconocen a los jóvenes. No creo que en el pasado nos haya caracterizado la virulencia o la confrontación, al menos no en el plano cultural. En eso nuestra tradición se diferencia de la mexicana o argentina, donde las guerras llegan a ser fratricidas. Creo que en los años que van de este siglo, la armonía ha sido aún mayor: no tiene sentido forzar divorcios cuando el país se sumerge en la desgracia. La actitud de los escritores ha sido unirse, sumando voluntades y hallando causas comunes. Todo el mundo responde al más ínfimo de los llamados”.

- ¿Venezuela es tierra de poetas o de narradores?

“Es una pregunta que siempre nos hacen, y que es difícil de contestar. Creo que al cierre del siglo XX podemos percatarnos de que la nuestra ha sido una gran poesía, con maestros indiscutibles en todas las décadas. Una deuda importante sería cómo proyectar ese cuerpo plural a otras audiencias, porque la poesía venezolana merece una relectura iberoamericana, para dar cuenta de que ese corpus no tiene nada que envidiarle a las grandes del continente. El caso de la narrativa es más complejo, porque deberíamos separar novela de cuento. El cuento en Venezuela alcanza un gran nivel desde los años 40, y lo sostiene hasta este comienzo de siglo, con piezas memorables y narradores que sólo se han abocado al llamado género menor. La tradición es fuerte y los cuentistas se suceden año tras año. El cultivo de la novela, en cambio, requeriría mayor análisis, porque es indudable que contamos con grandes novelas, desde Gallegos hasta Balza, pero no con una producción estable. Hemos tenido décadas muy significativas y otras que no lo han sido tanto. A la luz de estas variaciones, deberíamos aprovechar el cierre del siglo XX para hacer un buen balance crítico de la novela venezolana y alcanzar unas conclusiones que aún no tenemos”.

- Una de las líneas de investigación de Antonio López Ortega es la poesía pero, sin embargo, no es autor de poemas, ¿por qué?

“No escribo poesía porque nunca me he considerado poeta, pero sí la leo y la valoro mucho. Para mí es el género literario por excelencia: no hay como un poema bien logrado para entender el hondo valor de la literatura y de la lengua. Al no poder escribirla, pero sí leerla, de manera natural se me ha abierto toda una línea de ensayos, investigaciones y compilaciones que dura hasta hoy. El acento lo he puesto en la poesía venezolana, compilando las obras reunidas de Alejandro Oliveros, Yolanda Pantin, Igor Barreto, Guillermo Sucre y, hacia el fin de año, Eugenio Montejo. Esto sin contar un reciente trabajo que he editado junto a mis colegas Miguel Gomes y Gina Saraceni: la antología Rasgos comunes, que es una compilación de poesía venezolana del siglo XX. En tiempos pasados, junto a las poetas Yolanda Pantin y Blanca Strepponi, mantuvimos una hermosa aventura editorial llamada “Pequeña Venecia”, que en la década de los años 90 llegó a publicar cien títulos de poesía. Allí no sólo incluimos a venezolanos e hispanoamericanos, sino que también acogimos un significativo número de traducciones, algunas de poetas que hasta entonces no se conocían bien en castellano: Delmore Swartz, Sylvia Plath, e. e. cummings, Sharon Olds, Gottfried Benn, entre muchos otros”.

FIRMA FOTO: Sergio Méndez

Saludos, ¿captan?, desde este lado del ordenador

El síndrome de Ulises

Lunes, Octubre 14th, 2019

Canarias ha sido objeto de innumerables relatos de viajes que ofrecían su visión, a veces peculiar, de las islas. Existe, de hecho, una atractiva bibliografía sobre el archipiélago que encuentra en el siglo XIX y XX algunas de sus mejores notas, sobre todo las que firmaron viajeros británicos y algún francés, tendencia que ha ido cambiando con los años, encontrándonos ahora con escritores nacidos en las islas que escriben sobre sus experiencias en otros países o proponen una mirada sobre su territorio con espíritu de viajero, de asombro ante lo visto y por ver, literatura que se adentra tanto en el periplo físico de saltar de isla en isla cómo en la transformación interior del protagonista, que quizá sea el viaje más interesante de todos.

Eduardo Montelongo se planteaba esta pregunta en Cuaderno afortunado, un viaje por las siete islas Canarias un poco al modo de Jack Kerouac por las carreteras de los Estados Unidos de Norteamérica… Un itinerario donde el viajero es el protagonista porque se hace preguntas universales mientras conoce gente y deambula por ciudades y pueblos al amanecer y cuando llega el crepúsculo.

José L. González-Ruano
plantea en El archipiélago nómada. Un viaje libre y salvaje por las islas Canarias (Azulia, 2018) un argumento parecido al de Cuaderno afortunado de Eduardo Montelongo solo que en donde este último buscaba una identidad común, para González-Ruano se trata de un viaje interior donde las islas y el mar que las rodea adquieren el poder de las metáforas.

El escritor sufre el síndrome de Ulises, así que plantea la obra como una búsqueda de Ítaca por las siete islas Canarias para encontrarse a sí mismo. La aventura, porque este viaje es una aventura, está escrita con palabras que cobran en ocasiones un destacable lirismo y sumerge al lector en un trayecto atractivo, que huye de la postal turística y que quiere ser, además de literario, divulgador de un territorio que desconocen sus habitantes.

Esta es las sensación que se tiene cuando se lee el libro y el atractivo que tiene por cuanto muestra otros aspectoos de las islas, ese lado natural y en estado salvaje que todavía conserva en muchos de sus rincones.

Escritor que siente confesa debilidad por las islas, por todas las islas, es autor también de Donde anidan los albatros, en el que proponía otro itinerario por islas, solo que por esas islas que están repartidas por el mundo, esas peñas en medio del mar donde anidan los albatros.

Ahora en El archipiélago nómada hace lo mismo pero mostrando una tierra real, volcánica que cruje cuando se camina sobre ella. También de desembarcos en una tierra escarpada que casi fue un naufragio, un naufragio espiritual para el escritor.

En todo este trayecto, en la soledad de la Isla de Lobos o de cualquier otro reducto salvaje de Canarias, el viajero que es González-Ruano lee, lee sobre todo poesía mientras cae la noche.

Crónica de viaje interior más que exterior, del que describe geografías que están dentro, El archipiélago nómada es un “viaje geopoético” por las islas Canarias originales que lleva al escritor desde La Alegranza al Faro de Orchilla, encontrándose por el camino con gente sencilla y un paisaje cambiante y por eso mismo tan fascinante.

Para contar todo esto, José L. González-Ruano reúne unas pocas herramientas, las suficientes para contagiar al lector de sus sensaciones y de cómo alcanza a ver ese archipiélago original que lo transforma como hombre y viajero. Una mirada feliz pero teñida también de melancolía sobre una isla(s) salvaje(s) que se resisten a desaparecer aunque apenas tengamos memorias de ellas.

Saludos, en busca de Ítaca, desde este lado del ordenador

Los crímenes de Agustín Espinosa, según Alexis Ravelo

Jueves, Octubre 10th, 2019

Cualquier día de la semana es bueno para acercarse al Puerto de la Cruz pero este viernes, 11 de octubre, cuenta además con la presencia de un ciudadano que no tiene pelos ni en la cabeza ni en la lengua llamado Alexis Ravelo.

Algunos lo conocerán por sus novelas negras y criminales aunque no solo de escribir estas historias vive el buen hombre.

Este viernes, decíamos, Alexis Ravelo inaugura a partir de las 19.30 horas el curso del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias 2019-2020 con una lección en la que hablará de Los crímenes de Agustín Espinosa, escritor nacido un 23 de marzo de 1897 en el Puerto de la Cruz, y referente del grupo surrealista de Tenerife, ese mismo que se aglutinó en torno a la revista Gaceta de arte.

Alexis Ravelo es un apasionado de Crimen, la novela de Agustín Espinosa, y leo que ultima una nueva edición de la misma en la colección Libros del tiempo, de la editorial Siruela. Espero con impaciencia su aparición no ya solo para releer uno de los textos más subversivos escritos en estas siete, u ocho que ya no lo sé muy bien, islas, sino por las impresiones que sobre ella nos ofrecerá Alexis Ravelo, un tipo que además de meterte al lector en el bolsillo resulta ser mejor persona.

El IEHC incluye en este acto de homenaje a los hermanos Espinosa con la intervención del pianista portuense Ismael Perera, quien interpretará obras de José Espinosa tras haber rescatado las partituras originales.

Saludos, abre los ojos, desde este lado del ordenador

Hotel Graybar, cuentos desde la prisión de Curtis Dawkins

Miércoles, Octubre 9th, 2019

La república de las letras cuanta con bastantes escritores delincuentes que se pasaron a la literatura como vía de escape, también a modo de terapia para exorcizar sus demonios.

Delincuentes y escritores fueron Edward Bunker, Jean Genet, Chester Himes y Jack Black, entre otros. Escritores que se hicieron un hueco en la sociedad cuando comenzaron a publicar sus novelas, todas ellas inspiradas en su pasado como ladrones y en algunos casos incluso como asesinos.

A esta lista se suma ahora Curtis Dawkins, quien cumple cadena perpetua por haber matado a un hombre en una cárcel norteamericana tras una vida desordenada en la que mezcló el alcohol con las drogas.

Su primer libro, recibido con parabienes por las crítica norteamericana, lleva el título de Hotel Graybar (Seix Barral, traducción: Inga Pellisa, 2019) que hace referencia al término al que recurren algunos hombres avergonzados de admitir ante amigos y familiares su paso por la cárcel, y reúne varias historias, catorce en total, que transcurren en ambientes carcelarios o fuera de ellos.

Una advertencia, defraudará al lector que acuda al libro buscando morbo, un escenario cerrado en el que se mueven hombres salvajes solos ante el peligro.

Llama poderosamente la atención el tono pausado de estas narraciones, algunas de ellas insólitas por el lirismo que respiran. Estos cuentos, muchos de ellos bastante cortos, reflejan escenas cotidianas entre rejas y apenas muestra la violencia desatada a la que nos ha acostumbrado el cine de temática carcelaria ya que el autor se preocupa por enseñar en estos cuentos el hastío que devora a sus protagonistas, sumergidos en una monotonía bastante peculiar. Se tratan de hombres que cumplen condena, un período de tiempo entre rejas en el que intentan vivir y dejar vivir. Se molestan en no molestar al compañero de al lado y procuran hacer su estancia lo más cómoda posible pese a la privación de libertad.

En cada una de estas historias se percibe el gran escritor que está detrás, un tipo que describe con sencillez situaciones muy complejas en las que da prioridad a lo que piensan y sienten sus personajes. Los cuentos que reúne en este volumen ponen de manifiesto que su literatura, que huye de barroquismos, está escrita con aplastante sinceridad, esa verdad que se nota tanto en falta en la literatura actual, cuyos productos la mayor parte de la veces son objetos prefabricados, sin vida y diseñados para vender.

Quizá sea por esto último por lo que sorprende un libro como éste. El universo en el que se mueven sus protagonistas es un universo que conoce a la perfección el escritor, por lo que su realismo es creíble aunque en algunas ocasiones los relatos se dejen arrastrar por un halo poético que propone otra mirada sobre la realidad que presenta en este puñado de historias.

No todos los cuentos que se incluyen en el libro tratan el tema carcelario, la vida de hombres encerrados en prisión, sino que también abarcan situaciones de la vida exterior, la que se desarrolla fuera de los muros de una prisión, escenarios en los que el autor construye su mundo literario basado algunas veces en hechos reales.

Estas historias de fuera no descarrilan la calidad de las otras, las que narran la aburrida vida cotidiana entre rejas, pero adquieren precisamente por su carácter de rareza en una obra de estas características otra dimensión ya que funcionan como ventanas a través de las cuales el autor asoma la cabeza a lo que era vivir en la calle, en libertad. Otro tipo de aburrimiento cotidiano solo que sin rejas.
No sé si se trata de la aparición de un nuevo gran escritor norteamericano, pero Curtis Dawkins consigue con este puñado de relatos el latido de un escritor de la vieja escuela literaria estadounidense. Esa en la que hombres y mujeres se dedicaron a contar su historia y no a fabular las historias de otros. Esa que contiene el indiscutible y personal sello de la verdad, esa literatura necesaria en tiempos tan extraños como los que se viven en la actualidad.

De momento, Hotel Graybar ha sido recibido con alborozo por la crítica norteamericana deseosa de descubrir nuevos talentos, y mucho más cuando estos salen de entre la mugre, el barro y la escoria.

No se trata de un libro crudamente violento, ni siquiera se posiciona del lado de los presos aunque sean ellos los protagonistas de la mayoría de unos relatos que a veces ponen los pelos de punta por el subtexto que yace más allá de lo que narra.

La pérdida de la libertad se hace notar así en la mayoría de los cuentos que contiene un libro que está destinado a ser leído sin prejuicios en la cabeza y sí la firme convicción de entender y asumir que los otros, los hombres y mujeres que cumplen condena, son también seres humanos. Por sus faltas están encerrados en un ecosistema que tiene sus reglas.

Pese a todo, estos hombres y mujeres intentan no perder un gramo de su independencia y humanidad durante el encierro, aunque la cárcel impone nuevos tipos de relación en los que está vedado hablar demasiado de uno mismo.

La procesión se lleva por dentro mientras se buscan rutas alternativas para olvidar las rutinas del encierro, la privación de la libertad.
Una palabra, libertad, que a tenor de los relatos que se reúnen en este libro tiene un espeso pero agradable sabor a miel.

Saludos, maratonianos, desde este lado del ordenador

Rayco Pulido prepara un cómic sobre José de Viera y Clavijo

Martes, Octubre 8th, 2019

El dibujante y guionista Rayco Pulido prepara una novela gráfica sobre José de Viera y Clavijo. Se trata de un trabajo de encargo que entregará a medios del 2020.

Rayco Pulido impartió un taller en la pasada edición del Festival Índice en el que explicó las claves de su proceso creativo, cómo se debe escribir un guión y los procedimientos que suele emplear cuando se enfrenta a una obra.

Premio Nacional de Cómic en 2017 por Lamia, Rayco Pulido es autor de otras novelas gráficas como Nela, una adaptación de la novela Marianela de Benito Pérez Galdós y Sordo, con guión de David Muñoz y cómic en el que se basó la película del mismo título dirigida por Alfonso Cortés-Cavanillas.

Para Pulido es necesario leer mucho y ver mucho cine y series de televisión para manejar trucos que enseñen a darle la vuelta a una historia. No le atrae, dice, el mercado norteamericano para el que trabaja su hermano Javier porque no maneja la historia ni los derechos de autor de la obra y admite que su vocación le vino desde pequeño al crecer en el negocio de sus padres, la librería papelería Colores, en Telde, Gran Canaria.

Esto hizo que no fuera de los que gastaban la paga del fin de semana en cómics porque “tenía de todo en la librería: El Víbora, Creepy, Astérix, Spirou… Este aprendizaje le sirvió para que a la hora de leer una historia se fijase en la manera en cómo se ha contado.

En este aspecto, cree más en el dibujo funcional. “Es idóneo para que la narración visual sea fluida”. Es partidario de un dibujo agradable y con buen acabado para que la historia fluya. “No hace falta una gran cantidad de diálogos. En los cómics lo más importante es la parte dibujada. Quiero que mis cómics presten atención a lo visual”, explica.

Lector de papel antes que de pantalla, le gusta cuidar el proyecto en el que trabaja. Considera además que la pantalla en España “no es negocio. El papel gana de momento la batalla a lo digital”.

Sobre la versión cinematográfica de Sordo, Rayco Pulido dice que cine y cómics son lenguajes diferentes. “La versión cinematográfica ha cogido el punto de partida pero nuestro personaje es distinto. El filme tiene un punto épico que no tiene nada que ver con el del cómic”, destaca el dibujante canario que utiliza tonos del expresionismo alemán para contar esta historia que transcurre en plena postguerra española.

Rayco Pulido es uno de los pocos canarios en contar con un Premio Nacional en cualquiera de sus disciplinas, y si bien admite que el factor suerte fue importante en la decisión para que le dieran el premio, el premio le ha dado un empujón a la obra ganadora, Lamia, pese a que las autoridades públicas no tengan idea de que existen los cómics. Pese a todo, ahora “te llaman para un encargo”.

Más dado al blanco y negro que al color, entre las novelas gráficas del autor se encuentra Nela y Lamia. Adaptar a Galdós fue un proyecto creativo que le surgió en la cabeza cuando en una de sus clases se dio cuenta que los alumnos leían Marianela, novela que “había leído también por obligación veinte años antes pero de la que no me acordaba de nada. La volví a leer y aluciné, se me ocurrían soluciones visuales cuando pasaba las páginas del libro porque Galdós es un escritor que emplea un lenguaje muy visual. Eso me llevó a presentar otro proyecto para adaptar Doctor Centeno, Tormento y La de Bringas, pero no me hicieron caso”, lamenta Rayco Pulido, sobre todo si se tiene en cuenta que en 2019 y el 2020 se celebra un año galdosiano que está pasando con más pena que gloria.

En cuanto a Lamia, que fue la novela gráfica que consagró al guionista y dibujante al obtener el Premio Nacional del Cómic, explica que la idea comenzó a rondarle cuando estaba metido en Nela, ya que quería hacer otra cosa con un nuevo personaje femenino. “Un personaje radicalmente diferente al de Nela”, dice.

Durante esos días, Rayco Pulido se encontraba en Inglaterra buscándose la vida mientras desempeñaba distintos trabajos “que no hacen los ingleses”. No fue una buena época, recuerda, aunque escapaba de esa gris realidad imaginado a un personaje femenino que se fue armando a medida que pasaban los días y que tomó forma de novela negra aunque, precisa, “más que de novela negra es un híbrido. Su estructura –añade– es muy rara pero funciona”.

Rayco Pulido simultanea su trabajo con los cómics impartiendo clases, encargos de ilustración y diseño gráfico.

En los raros momentos de descanso lee libros y colorines o tebeos, o chistes o como quieran llamar a los cómics, y ve series de televisión donde revela que es un clásico ya que es más de Mad Men que de Juego de tronos. Ahora trabaja en la vida del José de Viera y Clavijo, el pensador canario.

Saludos, colorín colorado…, desde este lado del ordenador