Archive for the ‘Literatura’ Category

El club de la lucha

Lunes, Julio 11th, 2016

“Está escrito que hay cuatro tipos de hombres. El primero dice: ‘Lo mío es mío y lo tuyo es tuyo’. Es la tribu de las clases medias, Sodoma, según la llaman algunos. El  segundo grupo, formado por la gente vulgar y humilde, dice: ‘Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío’. Un tercer grupo, los piadosos, dicen: ‘Lo mío es tuyo y lo tuyo también es tuyo’. Por último, otros dicen: ‘Lo mío es mío y lo tuyo también es mío’; son los  malvados. Así está escrito. Los eruditos dicen que el primer hombre del grupo de lo mío-mío y lo tuyo-tuyo fue Caín, que mató a su hermano Abel y fundó la primera ciudad. Por tanto, aunque esta visión es muy común en nuestros días, se la rechaza y se la considera propia de Sodoma. La tercera opinión, la de los piadosos, también es rechazada, porque aquellos que no poseen bienes terrenales entregan lo poco que tienen para demostrar que sólo persiguen la virtud. Es una singular forma de hipocresía que podríamos denominar ‘la  arrogancia de los débiles’ y que, por sobre todas las cosas, es estúpida. La cuarta modalidad, que corresponde a los grandes terratenientes y usureros, es abominable y detestada. Sólo queda la segunda, ‘lo tuyo es mío y lo mío es tuyo’, que es la nuestra.”

(Espartaco, Arthur Koestler. Traducción de María Eugenia Ciocchini e introducción de Manuel Vázquez Montalbán. Círculo de Lectores)

Existen novelas que deberían de leer, o releer según lo casos, los que defienden ideas maravillosas que se enferman por estúpida ortodoxia.  Una de ellas es Los Gladiadores o Espartaco (según las traducciones), de Arthur Koestler, intelectual comunista que en la década de los treinta renunció a la idea porque el fantasma que recorría Europa tenía la cara de Satín, un tipo que pensaba que la muerte de un millón de personas era solo una estadística.

Primera novela de una trilogía que posteriormente aglutinaría El cero y el infinito y Llegada y salida, para Koestler la historia es una máquina y el individuo un engranaje.

En la novela, ese individuo son los gladiadores, rebeldes que han hecho de la muerte un oficio y que encabezan una rebelión de esclavos que choca con Roma, ciudad con la que libran batallas contra sus legiones.

Entre los esclavos aparece un tracio, Espartaco, y frente a él Graco, un senador romano corrupto y especulador.

Espartaco es la ética revolucionaria. Ética que se pudre cuando dirije sus esfuerzos en construir el Estado del Sol entre un grupo dividido y heterogéneo de tribus.

El Estado del Sol es una sociedad basada en la justicia y la buena voluntad, les dice Espartaco, aunque muchos no se acostumbran o no entienden porque hay que dar la vida por lo que predica

Espartaco, que cuenta también con otra novela escrita por Howard Fast y que inspiró la película dirigida por Stanley Kubrick, narra las contradicciones que confunden al líder. Actúa a veces como tirano “por el bien de todos”, aunque todos no sean los que lo siguen ciegamente.

Paralelamente, Koestler describe un atractivo y realista retrato de Roma, una sociedad satisfecha y corrupta que sus castas mantienen gracias a una inhumana explotación en la que lo esclavos ocupan el último peldaño.

No son ciudadanos.

Los protagonistas romanos de la novela hacen negocios en las letrinas, y los poderosos (Craso y Pompeyo) compran ejércitos para engrandecer e intervenir en las fronteras de una república que todavía no sospecha lo que llegará a ser cuando se convierta en imperio.

Mientras tanto, y tras frustrarse la creación del Estado del Sol, Espartaco recorre la península italiana en dirección al norte con la esperanza de penetrar en los territorios salvajes, libres aún del yugo romano.

Esta larga marcha, como ironiza Manuel Vázquez Montalbán en el prólogo, es difícil no solo por el hostigamiento al que es sometido por las legiones sino por las divisiones internas que desangran a los hombres y mujeres de Espartaco, y lo que hace éste para cauterizar la herida.

Narrada con estilo directo y en ocasiones demoledor, Espartaco es una notable y necesaria novela para los tiempos que corren. Contiene crítica, a veces ruda y otra vez sutil; alecciona y está perfectamente articulada para ilustrar nuestro presente.

Un presente en el que supuestamente no existe la esclavitud aunque el sistema avanza y retrocede porque su maquinaria se mueve. ¿Pero quién la mueve?, ¿quién forma parte de ese ejército de personas que sostiene una sociedad satisfecha, corrupta y caprichosa?

Saludos, un, dos, tres, desde este lado del ordenador.

Jerónimo Cabrera, ¿nuevo gerente de TEA?

Miércoles, Junio 22nd, 2016

Tras una convocatoria que ha demorado el fallo tras presentarse varias alegaciones, alegaciones que esperamos publicar un día de estos, Jerónimo Cabrera Romero podría ser el nuevo gerente de TEA Tenerife Espacio de las Artes si firma el contrato –con una duración de dos años– y pide excedencia de su actual puesto de trabajo.

TEA, a partir de ahora solo TEA, es una de las joyas de la corona de los espacios culturales del archipiélago pero también de la delirante arquitectura de una ciudad de frontera.

Esperamos, si Jerónimo Cabrera firma finalmente un compromiso ya anunciado, que consiga y medie para que TEA recupere otro esplendor.

Por ahora ha sido muy difícil convencer a la ciudadanía que TEA es algo más que una biblioteca que abre las 24 horas y se llena porque es una formidable sala de estudios. Esto se explica porque los públicos que visitan los mundos de TEA (museo contemporáneo Instituto Óscar Domínguez, el Centro de Fotografía Isla de Tenerife y la Biblioteca Municipal Central) son diferentes.

El que está abajo no suele subir y el que está arriba tampoco suele bajar porque TEA funciona como islotes culturales (algunos de ellos con propuestas interesantes y atractivas) pero que no han sabido tender puentes. Este vacío se puede entender porque tras el sonado abandono de Javier González de Durana como director artístico, la organización se ha dividido en una tricefalia con forma de dirección colegiada entre Isidro Hernández, Yolanda Peralta Sierra y Antonio Vela de la Torre, que proponen pero también acatan las directrices del responsable de Cultura, Educación y Unidades Artísticas del Cabildo de Tenerife, que asume en la actualidad José Luis Rivero Plasencia.

Consta que no es un trabajo fácil, pero confíamos que Jerónimo Cabrera al menos lo intente con la idea de que TEA reclame, precisamente, ser un Tenerife Espacio de las Artes.

Y Artes hay muchas.

El espacio que ocupa TEA fue antaño una barriada de chabolas cuyos habitantes tienen muchas cosas que contar pero me temo que no hayan escritores que sean capaces de transformarse en sus voces para describir cómo fue aquella vida y de qué manera fueron obligados a marcharse del amplio solar que ocupaban.

Muy próximo al edificio, que es obra de los arquitectos Jacques Herzog, Pierre de Meuron y Virgilio Gutiérrez, se encuentra el Mercado de Nuestra Señora de África aunque todos por aquí lo conocemos como La Recova, y los domingos se instala por toda la zona un Rastro que a mi, particularmente, me hace muy feliz porque por ahí anda toda una isla y turistas en pantalones cortos calzando cholas con calcetines mientras negocian con los ambulantes.

Hay vida.

Si Jerónimo Cabrea firma el contrato asumirá dedicación plena a su nueva responsabilidad.Otra cosa es que tenga las manos libres cuando asuma el reto de gestionar el todavía joven centro que inició su andadura a finales de 2008 no recuerdo ya si como Instituto Óscar Domínguez de Arte y Cultura Conremporánea o como TEA Tenerife Espacio de las Artes.

Es un hecho que Jerónimo Cabrera realizó bien su trabajo como director gerente del Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife al contar con el respaldo de la entonces concejal de Cultura Clara Segura… Se apostó entonces por explotar ideas y trasladar algunas de esas ideas a la calle. Acciones de las que deberían tomar buena nota el actual equipo responsable de Cultura de la Corporación santacrucera…

Pero esto es un enigma, como un enigma son los planes que tiene ahora en la cabeza Jerónimo Cabrera.

Si al final se decide y el bolígrafo no le tiembal entre los dedos para rubricar el contrato con TEA, esperamos que sea con el objetivo de dar un violento golpe de timón a la nave como capitán, y no gerente, de ese buque fantasma que la gente reconoce en la calle como TEA y no como TEA Tenerife Espacio de las Artes.

(*) La imagen que ilustra este post está tomada de la edición digital de La Opinión de Tenerife. Se accede al enlace de la información si pincha donde se escribe ya anunciado.

Saludos, buenos días y buena suerte, desde este lado del ordenador.

Cuando Dalton Trumbo empuñó su fusil

Martes, Marzo 22nd, 2016

El estreno de una película sobre Dalton Trumbo y el protagonismo que tuvo durante la tristemente célebre caza de brujas, y que interpreta el actor Bryan Cranston (Walter White en la estupenda serie Breaking Bad) ha animado a la gente de Navona a publicar en español la biografía que el periodista y escritor Bruce Cook logró presentar al público en 1977, y libro en el que además de seguir paso a paso la vida del escritor y guionista, recoge testimonios del mismo Trumbo, quien falleció en 1976, así como de cineastas, actores, productores y guionistas que lo conocieron, muchos de ellos víctimas también de la lista negra, de los famosos diez de Hollywood como fueron, entre otros, Ring Lardner Jr. y Alvah Bessie.

No se trata, sin embargo, esta biografía de un libro recomendable solo a cinéfilos de viejo cuño sino también de los lectores que disfrutan leyendo sobre la vida de los demás, esos demás que han hecho algo (y Dalton Trumbo hizo mucho, dedicó gran parte de su existencia a que él y el resto de compañeros de la lista a negra ocupase un espacio privilegiado en esa geografía que conocemos como tierra Dignidad), así como a los que les encanta evadirse con el relato de un escritor que se forjó a sí mismo, y la lucha constante por defender su condición de hombre libre que marcó buena parte de su vida porque Trumbo, Dalton Trumbo fue miembro del Partido Comunista Norteamericano y un escritor que dejó detrás un buen puñado de guiones que terminarían convirtiéndose en clásicos del cine (Espartaco, Papillón y Éxodo, también El último atardecer) y una novela cuya adaptación a la gran pantalla la escribió y dirigió él mismo: Johnny cogió su fusil, aunque el traductor de esta biografía, José Luis Piquero, traduce el título como Johnny empuñó su fusil.

Desgraciadamente, y como ocurre con otros libros que publica Navona, da la sensación de que la obra se ha publicado con prisas. Noto ese antipático desequilibrio en una edición que merecía mucho más mimo que el que ha recibido en su acabado final. Una pena, más si tenemos en cuenta que poco se hace para promocionar los valores de un libro que es el relato de un hombre que parece que no conoció el sentido de la palabra desaliento, ya que incluso en la peor etapa de su vida y tras sufrir casi un año de cárcel por negarse a delatar a compañeros, tuvo que trabajar como negro y escribir guiones que firmaban otros a modo de tapadera.

El negocio se vino abajo, aunque también significó la primera grieta que atravesó el muro de paranoia anticomunista que desató el Comité de Actividades Antiamericanas en Hollywood, tras obtener uno de sus libretos, The Brave, el Oscar al mejor Guión Original de ese año, lo que produjo una situación extraña cuando al sonar el nombre del ganador –un tal Robert Rich– nadie salió a recogerlo.

Es verdad que el Dalton Trumbo que presenta Bruce Cook es un hombre que casi parece que transita más allá del bien y del mal, pero no esto no desdibuja el retrato de un escritor que tras hacerse un nombre como guionista, no pierde la razón cuando su propio país le vuelve la espalda al acusarlo de comunista en los años cincuenta, una década en la que ser rojo en Norteamérica era algo así como llevar una letra escarlata grabada en la frente. Y estigma que además de padecer como individuo también sufrió su familia.

La biografía de Cook intenta hacer justicia y describe con cierta distancia periodística el  mal que vivió Trumbo y los suyos, náufragos que habitaron un país –tras un frustrado exilio a Méjico– dominado por la esquizofrenia y enfermo de recelo pero también es la historia de cómo enfrentarte al mundo con constancia y fe en uno mismo.

Se trata, en definitiva, del retrato de un hombre que, y así lo destaca Cook en su libro, actuó con honor. Que fue un hombre justo incluso cuando no que le quedó otro remedio que coger su fusil.

Saludos, en plano americano, desde este lado del ordenador.

La historia de amor que dio origen a ‘El guardián entre el centeno’

Martes, Marzo 8th, 2016

“El desgaste psíquico del soldado de infantería Jerry Salinger no se curará nunca, esa angustia no desaparece. No hay remedio para el post-traumatic stress disorder. El suicidio de Seymour Glass en Un día perfecto para el pez plátano es sin duda el suyo. A partir de mayo de 1945, Jerry, que desde ese momento se hará llamar J.D., se ha convertido en un muerto viviente. Mejor dicho, como lo describen a menudo los soldados afectados por el síndrome del veterano: no está muerto, pero ya no pertenece al mundo de los vivos. Su reclusión empieza ahí.”

(Oona y Salinger, Frédéric Beigbeder. Traducción: Francesc Rovira. Colección: Contraseñas, Editorial Anagrama, 2016)

Los que seguimos el rastro literario de Frédéric Beigbeder nos hemos llevado una grata sorpresa con su última novela. Novela que, es probable, moleste también a iniciados porque en Oona y Salinger Beigbeder cambia de registro aunque el relato conserva aún señas de identidad, elementos a través de los cuales ha construido su universo, profundamente personal si lo analizamos con risueña bondad y radicalmente ególatra si se estudia con espíritu crítico, y constante de las que ya pretendía distanciarse en la que,  a nuestro juicio, continúa siendo uno de sus mejores libros: Windows of the World, su peculiar y sentido homenaje a las víctimas del brutal atentado de las Torres Gemelas, e historia en la que el autor cortésmente cede espacios y contenidos a un hipotético padre y sus dos hijos atrapados en uno de los rascacielos antes, durante y después de producirse la tragedia.

Beigbeder vuelve a ocultarse en la oscuridad, aunque mejor es decir que casi se oculta en la oscuridad, en Oona y Salinger, libro en el que noveliza la historia de amor que mantuvo el celebrado y misántropo autor de El guardián entre el centeno con la hermosa hija del dramaturgo Eugene O’Neil, y mujer que más tarde se desposaría con Charles Chaplin, lo que según el escritor francés le rompió el corazón a Jerome Salinger ya que, entre otras cosas, el genial cineasta y actor podía haber sido el abuelo de Oona aunque, según escribe Frédéric Beigbeder, fue un matrimonio feliz, fruto del cual nacieron ocho hijos, uno de ellos Geraldine Chaplin, musa y esposa durante unos años del cineasta Carlos Saura.

Fascinante retrato de una época y una ciudad, el Nueva York de los años cuarenta, una urbe volcada en el hedonismo, el Salinger de Beigbeder es un muchacho larguirucho de apenas veinte pocos años y Oona, una chica de armas tomar, una it girl, de quince, que se conocen y se enamoran como dos adolescentes. En su historia de amor planea los desengaños y parece que se posa la sombra de la polémica pero ya se sabe que es en la polémica donde se mueve admirablemente bien Beigbeder, un escritor al que no le gusta permanecer al margen y que hace un tiempo dejó de ser el  niño terrible y mimado de las letras francesas para convertirse en el escritor preocupado, y si me apuran, obsesionado con el amor de hoy día.

Su admiración por la obra de Salinger es patente, así que la descripción en unas cuantas frases sueltas del espíritu festivo que se vivía en la ciudad de los rascacielos antes de que los Estados Unidos de Norteamérica entraran en la II Guerra Mundial resulta admirable. Más cuando todos los protagonistas de esta historia son personajes que existieron realmente. Ahí está compartiendo mesa y mantel, y también numerosos vodkas, Truman Capote, a quien Beigbeder dibuja como una reina con acento venenoso: Y Ernst Hemingway, bronco y paternal que no se cansa de dar consejos literarios a un joven Salinger que no volverá a ser el mismo tras su experiencia en el frente y origen de su única y brillante novela, de ese clásico de mitad del siglo XX que es El guardián entre el centeno, un libro de cabecera para los espíritus libres, todos aquellos que han renunciado a la dulce condena de servir al sistema…

Pero hay más asuntos en torno a los que Beigbeder reflexiona en esta novela. Propone un excéntrico ensayo sobre la relación entre adultos y menores, así como el proceso de creación literaria y la verdad y la mentira del amor por encima de todas las cosas. Ese amor que sirve como catarsis y que nos enseña a continuar en esta tragicomedia que es la vida.

Como en otros títulos del autor, Oona y Salinger está preñado de frases desconcertantes, de ideas que estimulan a coger lápiz y subrayarlas porque Beigbeder, y así lo deja caer con continuada insistencia, es un escritor que no reniega de la influencia de J. D. Salinger, ese inmenso cronista de la soledad que aparece y desaparece cuando el mismo Beigbeder irrumpe en el relato para narrarnos su intento fallido de entrevistar al escritor y de cómo conoció a Oona Chaplin, así como a la compañera sentimental que en los últimos años comparte su vida. Una vida, resume el escritor, en la que lo más importante es amar.

Saludos, llovía…, desde este lado del ordenador.

“Los ‘jumpers’ no son depresivos, sino seres razonables”

Viernes, Febrero 26th, 2016

“Me he preguntado a menudo por qué la gente salta al vacío cuando hay un incendio. Es porque saben que van a morir. Ya no les queda aire, se ahogan, se queman. Si hay que morir, mejor que sea deprisa y limpiamente. Los jumpers no son depresivos, sino seres razonables. Sopesan los pros y los contras. Prefieren una caída vertiginosa a ennegrecerse como un merguez en una habitación llena de humo. Eligen el salto del ángel, la despedida vertical. No se hacen ilusiones, aunque algunos intenten utilizar la camisa como paracaídas improvisado. Prueban suerte. Escapan. Son humanos, porque prefieren elegir cómo van a morir antes que dejarse quemar. Una última demostración de dignidad: deciden su final en lugar de esperarlo con resignación. Nunca la expresión caída libre ha tenido más sentido.”

(Windows on the World, Frédéric Beigbeder. Traducción de Encarna Castejón. Colección Panorama de narrativas, Anagrama, 2004)

Saludos, leer, leer, leer, desde este lado del ordenador

El complot mongol, una novela de Rafael Bernal

Lunes, Febrero 22nd, 2016

“Fue a la recámara, tomó su sombrero y volvió a la sala. Marta lo abrazó y lo besó en la boca. El beso fue más largo. ¡Ora sí que me creció! Yo haciéndole al maje, al muy paternal, hasta que ella tuvo que decírmelo. Como maricón. ¡Ay, no me diga eso que me pongo colorado! ¡Maricón, pinche maricón! Si me tiene bien chiveado. Y los rusos viéndolo y oyéndolo todo. Y yo de muy paternal y ella con ganas de entrarle. ¡Y el pinche del Valle! Cuando ya se me estaba haciendo. ¡Y luego que nunca se me ha hecho con una china! Y luego que me trae medio jodido, no como las otras. Capaz y todas las chinas son así. O capaz que ando fuera de mi manada. ¡El gringo, el ruso y Martita! Todos de otra manada. Muy profesionales, de mucha Mongolia Exterior y de a mucha intriga internacional. Y yo que no soy más que industrial, fabricante de muertos pinches. Y Martita. ¡Jíjole! Ora sé que hasta los de huarache me taconean. Y yo sin agarrar la onda. Como que ya no entiendo nada de lo que pasa. Me lo tienen que decir todo bien clarito. ¡Éntrele viejo pendejo, no se ande con puras palabritas! Pero luego, tanto amor de Martita como que huele a gato encerrado. ¡Pinche Martita! Me hace hacer cada pendejada…”

(El complot mongol, Rafael Bernal. Libros del Asteroide, 2013)

Rafael Bernal fue diplomático, maestro, historiador, poeta y escritor. Entre sus libros destaca una novela que los mejicanos consideran como pionera del género policíaco en su país, El complot mongol, título que por suerte recuperó para el mercado de habla española la editorial Libros del Asteroide hace tres años en una cuidada edición que cuenta con un prólogo de Yuri Herrera y un epílogo que firma Elmer Mendoza, ambos dos escritores de novela policiaca, y ambos dos rendidos admiradores de la obra de Bernal, y en concreto de esta deliciosa y muy mejicana El complot mongol, título que revela la excelente cintura que tuvo su autor para moverse en las movedizas aguas de un género que hoy, desgraciadamente, cultiva cualquiera.

La acción de la novela se desarrolla en el D.F. en los años sesenta y está protagonizada por un detective privado de gatillo fácil que responde al nombre de Filiberto García, quien junto a un agente de la CIA y otro de la KGB, debe evitar el atentado al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica durante una visita a Méjico. Manejan los hilos en la sombra los chinos aunque como en toda novela policiaca que se precie, nada es lo que parece.

Uno de los hallazgos de esta novela tan mejicana, y cuando reiteramos lo de mejicano es porque se trata de una novela tremendamente mejicana no ya por su protagonista sino por la forma en cómo está escrita –pinche los gringos–, muy mejicana, es su personaje protagonista, Filiberto García, un investigador de sesenta años que se describe a sí mismo como “un fabricante de muertos” y que ocasionalmente trabaja para la policía encargándose de los asuntos sucios, esos que manchan las manos.

La vida de Filiberto García, no iba ser menos, es una vida triste, de hombre solitario, que está cuajada de recuerdos amargos que revelan al lector el carácter de un profesional que está acostumbrado a exclamar pinche porque la vida que lleva es la que es, y parece que se siente cómodo en ella hasta que irrumpe en su violenta existencia una chinita de nombre Martita que le enciende una de esas luces que permanecían apagadas en su corazón.

Porque Filiberto García además de conocer muy bien las calles del D.F., se mueve como pez en el agua en ese barrio chino en el que asiáticos que pronuncian la r como l trapichean con opio mientras pierden el tiempo jugando, pongamos por caso, al dominó.

Desconcierta, y probablemente perturbará a algunos, las voces a las que recurrió Rafael Bernal parea contar este relato que no carece de humor. Voces en las que se mezcla con notable pericia narrativa la primera y la tercera persona mientras las páginas se van llenando poco a poco de cadáveres a medida que el investigador privado se acerca al final.

Como en toda novela policíaca que se precie, la conclusión no puede ser más amarga. Y no vamos a revelar, obviamente, el por qué, aunque sí que diremos que el complot va mucho más allá del intento de asesinar al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica como de Méjico, cuando la trama se complica con luchas de poder en la sombra. Manos en la sombra que utilizan a Filiberto García como una marioneta para la consecución de sus fines solo que ignoran que este personaje es mucho personaje. Y que las vidas que ha segado y los difuntos que acumula en su memoria son demasiados cadáveres como para no tomárselo en serio.

La burla del diablo es que los que manejan los hilos piensan que García es solo un ejecutor, y que como ejecutor no tiene nada en la cabeza. Allá ellos, porque este filósofo de la calle, este hombre que se acostumbró a matar a sus semejantes y a vivir de espaldas al amor, además de un profesional del crimen también lo es para resolver un caso tan aparentemente complejo como en el que termina enredándose.

Vale, está bien que no pueda ser comparado con el frío racionalismo de Sherlock Holmes ni con el alado romanticismo de Marlowe, pero ni falta que le hace porque el Filiberto García que diseña Rafael Bernal sabe estar en el sitio que ocupa uno y otro.

Empezamos por lo tanto con un gratísimo descubrimiento recién iniciado este 2016, aunque lástima conocer que el autor de tan explosiva como sorprenden te criatura no volviera a insistir con personaje tan atractivo por singular. Tan especial por… –¿se nos permitirá decirlo?–  pinche mejicano.

Saludos, todo fluye…, desde este lado del ordenador.