Archive for the ‘Literatura’ Category

¡Larga vida a Periplo! (2)

Sábado, Octubre 17th, 2015

Las sesiones del miércoles se preocuparon por mostrar cómo se puede viajar con un niño, experiencia que expuso Osvaldo Renz al explicar con detalle sus periplos por el planeta acompañado de su mujer y de su hijo.

Tras la charla de Renz, el testigo lo recogió el periodista y escritor Javier Ruiz, quien habló de la dura realidad de los pueblos indígenas del Amazonas ecuatoriano y cerró la jornada una entrevista con el también periodista y escritor John Carlin, para el que el oficio del periodismo consiste en “acumular credibilidad pero sobre todo entregar el material a tiempo”.

John Carlin, que es autor entre otros libros de El factor humano, que fue llevado al cine con el título de Invictus, una película dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon, señaló que es “un viajero no por el mero placer, sino porque es mi trabajo, es con lo que vivo” y que está notablemente influenciado por la literatura en su manera de contar lo que ve.

De madre española y padre escocés, formado en lengua y literatura en Oxford, John Carlin habló también de Nelson Mandela, fútbol y sobre sus periplos por el mundo, donde ha conocido a toda clase de gente, muchos de ellas hombres y mujeres anónimos que resultan más interesantes y con cosas que decir que “muchos de los famosos a los que he entrevistado.”

El jueves, como dijo alguien, Periplo atravesó su meridiano. Las presentaciones y charlas comenzaron con Alicia Sornosa, quien explicó cómo es dar la vuelta al mundo en moto, aunque, a nuestro juicio, el protagonismo de la jornada lo asumió Román Morales, que sustituyó la intervención prevista de Antonio Lozano con el título de Al encuentro de Thomas Sankara.

Román Morales habló del viaje que realizó por Latinoamérica en kayak hace ya unos años y supo combinar en su exposición algo de espectáculo con espíritu aventurero mientras narraba tan extraño pero a la vez fascinante periplo con el apoyo de fotografías que mostraban algunos de los tramos fluviales que navegó antes de llegar a alcanzar el mar.

Si no nos equivocamos, y creemos no equivocarnos, la exposición de Román Morales fue de las que arrancó una de las ovaciones más prolongadas del Festival. Festival que ese mismo día cerró con el atractivo diálogo que el escritor y periodista Javier Reverte mantuvo con la escritora, periodista y editora Pilar Rubio sobre mujeres viajeras. La literatura de viajes escrita por mujeres continuaba siendo hasta hace unos pocos años un gran desconocido del género en España hasta que el esforzado trabajo de entusiastas como Rubio la han colocado en el lugar que se merecen.

(*) En la imagen el periodista y escritor John Carlin. La fotogarfía es de Juan García Cruz

Saludos, continuará, desde este lado del ordenador.

¡Larga vida a Periplo!, capítulo primero

Viernes, Octubre 16th, 2015

El despliegue de escritores y periodistas fue muy intenso la semana pasada en el Puerto de la Cruz. La ciudad acogía la tercera edición de Periplo, Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras del Puerto de la Cruz y durante una semana, la que fue del 5 al 11 de octubre, muchos pensaron que realmente estaban viviendo una odisea mientras compartían charla con periodistas y escritores que han hecho del viaje y la aventura auténtica literatura, y con amigos y desconocidos que se forjaron como lectores gracias a Stevenson, Conrad y Verne, entre otros autores que estuvieron muy presentes a lo largo de los días en ese Periplo que, visto la excelente presencia de público, es más cuestión de ida que de vuelta.

Lamentablemente, en la edición de este año no pudo estar presente por problemas de salud el escritor Antonio Lozano, que es uno de los espíritus en las sombras luminosas que alimenta este festival desde sus inicios. De todas formas y pese a que físicamente no estuvo ahí, sí que acompañó a todos los que hacen posible esta iniciativa… Una iniciativa que este año estuvo centrada en El gran viaje del periodismo, un oficio el de los periodistas que en palabras de Antonio Lozano –y que reproducimos del programa del Festival–: “ocupa en nuestros días el puesto de viajero y escritor.”

Así que de periodismo pero sobre todo de viaje se conversó durante una semana en la carpa habilitada en la explanada de la entrada del Museo Arqueológico, eje central de un encuentro con las letras que vertebró en otras zonas del Puerto de la Cruz actividades de arte en la calle –fascinante la iniciativa Puerto Street Art– expositivas, musicales, teatrales y cinematográficas.

En cuanto a charlas, presentaciones y conferencias, cinco fueron los pilares que se diseñaron para tratar a través de la palabra y la imagen las sesiones que se desarrollaron en la carpa habilitada en la entrada del Museo Arqueológico: Viajeros en red, charlas que protagonizaron bloggers especializados en viajes; Derribando murallas, presentaciones de obras para las que no existen las fronteras; Tan lejos, tan cerca, diálogos planteados como encuentros con mucho contraste; Nada que declarar. Mujer viajando sola y Conversaciones en La Ranilla, entrevistas con  algunos de los autores invitados en esta edición y que procuraron que resultasen y cercanas muy cercadas a los espectadores.

La fiesta comenzó el lunes 5 de octubre con la intervención del escritor y viajero Antonio Cordero, quien presentó sus excelentes relatos reunidos en La tortuga de Luang Prabang y otras historias de viaje (Baile del Sol Ediciones) y abrir a todos los que acudieron el apetito de lo que se avecinaría días después.

Antonio Cordero es uno de esos viajeros que se desplazan solos o escasamente acompañado por territorios que no pisaría demasiada gente salvo los locales. Le encanta, dijo en su intervención, sobre todo la selva, espacios que, sin embargo, no despiertan demasiada pasión a Paco Nadal, a quien le gusta más los desiertos reveló al nutrido público asistente a la última Conversación en La Ranilla que tuvo lugar el domingo 11 de octubre, clausura del Festival Periplo.

Los protagonistas de la sesión del martes 6 fueron los responsables del blog La gaveta voladora, Yolanda Afonso y Marcos Barrera, dos viajeros portuenses que cuentan sus viajes por el mundo en esta bitácora virtual; el escritor y editor Servando Rocha, quien habló de su último trabajo que lleva por título El ejército negro. Un bestiario oculto de América (La Felguera) y Miguel Nonay, quien además de habar de su blog A salto de mata dio lecciones de entusiasmo y espíritu aventurero como viajero en silla de ruedas y su labor de difusión a favor de la adaptabilidad o no de los destinos que visita.

Nos quedamos, entre otras frases de su intervención con: “Las limitaciones no están en las personas sino en los entornos”. Frase que tras un largo silencio fue rota por una gran ovación del público, que se lo pasó francamente bien a tenor de las risas y ocasionales carcajadas que interrumpieron la entrevista que desde el escenario se mantenía con Nonay.

(*) En la imagen el poeta y escritor Antonio Cordero durante su intervención en la tercera edición de Periplo. Firma la fotografía: Juan García Cruz

Saludos, continuará, desde este lado del ordenador.

Palabra de Pedro Juan Gutiérrez

Sábado, Septiembre 19th, 2015

INTRO

El viernes pasado, 18 de septiembre, tuvimos la oportunidad de presentar y entrevista al escritor Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, Cuba, 1950) para que nos hablara de su última novela, Fabián y el caos (Editorial Anagrama), en la librería Agapea en Santa Cruz de Tenerife. Reproducimos en este post algunas de las manifestaciones que hizo Pedro Juan y le agradecemos al autor de Trilogía sucia de La Habana y El rey de La Habana, entre otras obras, su confianza para conducir un acto que contó, afortunadamente, con la participación activa de muchos de los asistentes, quienes plantearon una serie de preguntas que, como suele ocurrir en estos casos, son siempre más atinadas e inteligentes que las que propone quien oficia de maestro de ceremonia.

SOBRE FABIÁN Y PEDRO JUAN

“Lo que cuento en Fabián y el caos sucedió realmente a finales de 1991 más o menos y novelo mi amistad con Fabián, que fue amigo mío desde que éramos adolescentes en la Secundaria. La novela está dedicada a él, a Fabio Hernández, un buen amigo a pesar de nuestras contradicciones porque había una admiración mutua entre los dos. Yo admiraba sus conocimientos de música, su educación en el arte y él mi fortaleza porque en aquellos años practicaba mucho deporte. Creo que cada uno quería tener lo que no tenía del otro hasta que ocurrió ese final y me pareció que allí había una novela. Además, me interesan los años sesenta y setenta en Cuba porque hubo mucho caldo de cultivo de lo que después se fue desarrollando desde el punto de vista político y social. De todas formas, estuve unos veinte años pensando si escribir esta novela o no por una cuestión de ética y porque soy muy moralista aunque se pueda pensar lo contrario. Y cuando digo fue un  problema de ética es porque al escribir la novela utilizaba a mi amigo aunque más tarde me di cuenta que no era así porque se trataba de una historia que tenía que ser contada, que quedara en la memoria de la literatura cubana pese a que no crea en la función de la literatura.”

FABIÁN, UN PERSONAJE CON LUCES Y SOMBRAS

“Cuando me preparó para escribir un libro dejo inconscientemente el concepto de héroe a un lado porque todos, en un momento determinado, tenemos zonas muy oscuras. Y esa mezcla entre oscuridad y luz es la forma que tienen de expresarse los seres humanos. En mi caso, conocí a fondo a Fabián y sé como era.”

CUBA EN LOS AÑOS 60 y 70

“En la época en la que se desarrolla la novela se crearon las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) en la que se reunían a todos los que no trabajaban, eran personas religiosas o fueran homosexuales. Fue así durante unos cuantos años. Hubo otros a los que no llevaron a estas unidades militares de trabajo pero sí que se les puso a trabajar en otras tareas que no estuvieran vinculadas a la cultura porque en cultura –eso decían– no podía haber homosexuales.”

VERSIÓN CINEMATOGRÁFICA DE EL REY DE LA HABANA

“Es una pena que no se pudiera rodar en Cuba porque el Icaic (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) no quiso implicarse, aunque se llevaron a los actores cubanos a rodar en la República Dominicana así que vamos a ver que tal funciona la película. Sé que se estrena el 16 de octubre. Yo por mi parte solo puedo decir que tengo muy claro que cine y literatura son dos cosas diferentes y que este filme es una historia que está basada en una de mis novelas.”

SOBRE SU ABUELO

“Mi abuelo era de Santa Úrsula, Tenerife, y lo recuerdo como una persona básicamente honrada y trabajadora.”

El escobillón.com agradece la imagen que ilustra este artículo, y que fue tomada y cedida por el escritor Javier Hernández Velázquez.

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador.

Agatha Christie cumple 125 años

Martes, Septiembre 15th, 2015

¿Quién no ha leído alguna novela de esta señora?

¿Sabían que terminó El msiterio del tren azul durante una estancia que pasó en el Puerto de la Cruz y que ambienta Una señorita de compañía en Gran Canaria?

¿Conocen el festival que en su honor se celebra con carácter bianual en esta ciudad turística de la costa norte de Tenerife?

¿Que sus novelas y cuentos han sido adaptados al cine en numerosas ocasiones?

¿Que Telón es la última novela que protagoniza su Hercules Poirot?

¿Que La Ratonera es una de las piezas con más representaciones de teatro brtiánico?

¿Que Agatha solo hay una?

¿Lo sabían?

Pues si no lo saben ya están tardando para hacerse con cualquiera de sus novelas.

y si sabe leer en inglés ¡bravo!

pero si no, a mi me encantan las que editó Molino.

Y entre todas las historias que escribió la reina del suspense:

Diez negritos.

Una obra redonda, perfecta y que encima acaba mal…

Cantad, cantad conmigo:

“Diez negritos se fueron a cenar;

uno se asfixió y quedaron nueve.

Nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde;

uno se quedó dormido y entonces quedaron ocho.

Ocho negritos viajaron por Devon;

uno dijo que se quedaría allí y quedaron siete.

Siete negritos cortaron leña;

uno se cortó en dos y quedaron seis.

Seis negritos jugaron con una colmena;

una abeja picó a uno de ellos y quedaron cinco.

Cinco negritos estudiaron Derecho;

uno se hizo magistrado y quedaron cuatro.

Cuatro negritos fueron al mar;

un arenque rojo se tragó a uno y quedaron tres.

Tres negritos pasearon por el zoo;

un gran oso atacó a uno y quedaron dos.

Dos negritos se sentaron al sol;

uno de ellos se tostó y sólo quedó uno.

Un negrito quedó sólo;

se ahorcó y no quedó… ¡ninguno!”

Saludos, preguntan por el señor Owen, desde este lado del ordenador.

Hombres sin mujer, una novela olvidada de Carlos Montenegro

Lunes, Septiembre 14th, 2015

“- ¿Por qué lo hiciste?

El corazón de Pascasio se agitó con inusitada fuerza al sentirse interrogado en aquel tono tan confidencial. En vez de hablar, hizo un esfuerzo vano por acallar los latidos que se le hacían perceptibles fuera de él, e imposibilitado por la emoción, no supo más que alzar los hombros y forzar una sonrisa.

- Yo lo sé- dijo el muchacho, mirándolo con fijeza.

Luego paseó la mirada a su alrededor. Con excepción del compañero suyo de ingresos, que precisamente en aquel instante los observaba, no vio a nadie más. Dudó un momento, pero decidiéndose, se acercó a Pascasio, y obligándolo a inclinarse, le dijo, uniendo casi sus labios a los del ranchero:

- Estás loco, pero…

No pudo terminar la frase; el brazo de Pascasio lo había envuelto y atraído hacia sí, confundiendo las dos bocas. Andrés no opuso resistencia alguna; cerró los ojos abandonándose, hasta que Pascasio, asombrado de lo que hacía, lo soltó.

Entonces el muchacho repitió lo que había comenzado a decirle:

- Estás loco, pero eres un hombre.”

(Hombres sin mujer, Carlos Montenegro, Editorial Verbum, 2014)

Hombres sin mujer de Carlos Montenegro está inspirado en las experiencias carcelarias que padeció su autor a la edad de diecinueve años, tras asesinar a puñaladas a un hombre en los muelles de La Habana.

Fue en la cárcel donde el escritor se aproximó a la literatura y más tarde al comunismo cuando conoció a un grupo de presos que estaban afiliados al partido, aunque no de  libros ni de presos políticos se habla en Hombres sin mujer, novela que se editó por primera vez a finales de los años treinta y que inexplicablemente ha permanecido olvidada desde ese entonces, pese a que se trate de un título casi de culto que reivindican unos pocos y tratarse de una novela de ambiente carcelario en la que su autor además de describir la intensa pulsión sexual que habita detrás de sus muros, también hace pedagogía social y denuncia el sistema penitenciario cubano de aquellos años.

Pasado el tiempo y cuando recuperó la libertad, la vida de Carlos Montenegro continuó dando bandazos aunque se sabe que combatió en la Guerra Civil Española junto a otros compatriotas cubanos como Pablo de la Torriente Brau, que murió en los campos de batalla de España; Rolando Masferrer, luego pistolero a sueldo del régimen de Fulgencio Batista y el excelente periodista y escritor Lino Novás Calvo. Montenegro abandonó la isla tras el triunfo de las tropas castristas en enero de 1959, iniciando a partir de ese momento una existencia igual de aventurera a la que se puso fin en 1981.

El maquis, el pistolero urbano, el asesino, el presidiario, el escritor dejó detrás de sí un puñado de obras y una novela inédita, aunque ocupo un puesto destacado en la república de las letras que se escribe en español por esa joya elaborada y con tan honda penetración psicológica que es Hombres sin mujer, una atractiva rareza que hoy puede entenderse como un título adelantado a su tiempo y uno de esos clásicos olvidados que necesitan de urgente recuperación porque no ha perdido para nada su bronco espíritu de ruptura y su demoledor espíritu provocador.

Hombres sin mujer es una novela sobre la violencia y sobre la homosexualidad en un espacio geográficamente acotado como es el de una cárcel. Este tipo de relaciones se describen como relaciones de poder, de sumisión del más débil al más fuerte, una especie de derecho de conquista que marca el territorio y es signo de normalidad ante los que se oponen y luchan porque no quieren forman parte de un sistema que saben viciado.

La novela relata el drama sentimental y sexual de uno de estos resistentes, el negro Pascasio Speek y describe cómo comienza a descomponerse su mundo cuando conoce a un preso recién llegado y apenas un adolescente que se llama Andrés. Andrés enciende en Pascasio una llama que hasta ese momento desconocía, y le hace olvidar la realidad miserable en la que habita. Sin embargo…

Las páginas más bellas de este libro tan negro son las que describen este flechazo, y todo ello sin caer en ningún momento en el sentimentalismo.

Carlos Montenegro expone con la minuciosidad de un cirujano las reacciones de sus personajes, y pone el acento en la de sus protagonistas, quienes se sienten atraídos en una relación trágica cuyo desenlace se anuncia ya desde el inicio de la novela.

Hombres sin mujer sitúa al lector en atmósferas empapadas de sudor, y lo hace partícipe de los chismes que corren por las galerías, así como de los celos que se desatan en unos y en otros. Lentamente, y con un lenguaje que en ocasiones se perfila cierto barroquismo tropical, detalla el proceso de bestialización que transforma a sus habitantes, tanto presos como guardianes, que obedecen a las leyes no escritas de un sistema penitenciario que no regenera sino que alienta al monstruo que llevamos dentro. Por eso, y cuando asoma una luz de humanidad en ese mundo de sombras, la presión del ambiente se encargará de triturar los anhelos de sus protagonistas porque nada bueno se puede sacar del sitio en el que están encerrados, en el que cumplen condena.

Para Carlos Montenegro, la prisión tal y como estaba concebida en los días que escribió esta novela, los treinta, no reformaba individuos. Y el encierro es tan demoledor, que este gradual proceso de hundimiento afecta también a los guardianes, que son igual de miserables y traicioneros que los presos que vigilan, aunque ellos llevan uniforme y se supone que trabajan del lado de la ley.

En la introducción de la novela, Carlos Montenegro advierte al lector que su objetivo con Hombres sin mujer fue el de denunciar “la crueldad de las condiciones de vida en el presidio”, un espacio al que sobrepasa la violencia. Una violencia no solo física sino también intelectual, y que el escritor revela a través del lenguaje.

La lectura de esta novela desconcertante duele, y es de esas que te agitan las tripas y no se cansa de golpearte la cara. Deja secuelas, para que nos entiendan, y hace pensar sin cursilería en el amor.

Ya lo cantó el poeta, el amor florece allí donde menos se le espera.

Imaginad una cárcel, hombres muy solos… Una luz.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

La noche, una novela sobre el mundo del boxeo de Andrés Bosch

Jueves, Agosto 20th, 2015

Desde que yo comencé a frecuentar el gimnasio de Calder y vi lo que Barba representaba allí, y cómo se portaba, las burlas de Pedros y los otros me parecían fruto de la ignorancia, como las risas que algunos ofrecen ante la vestidura de un visitante árabe. Y comprendí que cada uno es, en gran parte, según se le trate. Lo que le ocurría a Bernardo, seguramente les ocurría también a los demás boxeadores que frecuentaban el gimnasio. Aquella gente que en el gimnasio era bien considerada, que tenía deberes y responsabilidades, cuya personalidad era conocida y estudiada, que, en fin, eran individuos claramente determinados en su manera de ser, y de cuyos actos se derivaban consecuencias importantes, eran, todos ellos, obreros como Bernardo y como yo, gente que lavaba madejas en las granes bañeras, que cargaba paquetes en los camiones, que hacía trabajos que cualquier otro hubiera podido hacer.  ¿Qué importaba, en la fábrica, que el hombre que cargaba los paquetes a sus espaldas se llamara José Comellas o Jim Echevarría? Cualquiera podía hacer aquello, pero era necesario que alguien –cualquiera–  lo hiciese, y el que lo hacía no era José Comellas o Jim Echevarría, sino el-que-carga-los-paquetes.”

(La noche, Andrés Bosch. Colección: Autores Españoles Contemporáneos, Editorial Planeta, 1959)

La literatura en España cuenta con escasas novelas y cuentos dedicados al mundo del boxeo, un deporte que no goza de demasiada buena prensa en este país aunque exista legiones de aficionados que, como si miembros de una extraña hermandad se trataran, siguen con devoción los combates que se libran y a los boxeadores que a base de golpes han logrado hacerse una carrera o quedarse a medio camino de ella.

Recuerdo, entre otros, un excelente relato de Ignacio Aldecoa, Young Sánchez, que dio origen a la película del mismo título de Mario Camus (1963) y con el actor Julián Mateos como protagonista, o ese libro en el que el mismo autor mezcla el reportaje periodístico y la narración literaria que es Neutral Corner. Ricardo Tejeiro es el autor, por otro lado, de Audaz y tanguista, donde recrea la vida de su abuelo, el púgil Ángel Tejeiro Casteleiro en los años treinta y Andrés Bosch, el incomprensiblemente olvidado Andrés Bosch, La noche, novela que obtuvo el premio Plantea en 1959 y que transcurrido el siempre implacable paso del tiempo continúa disfrutando de una juventud envidiable que la convierte en un clásico no solo de la sospecho indigente literatura pugilística española sino de la literatura a secas que se ha escrito en este país.

Con suerte, y si visitan alguna librería de segunda mano o rastros, pueden todavía encontrarse con un ejemplar, por lo que les animo a que si tienen suerte no se lo piensen dos veces y se hagan con un libro que habla desde dentro de lo que significó dedicarse a este deporte en la década de los cincuenta en España y a estremecerse con un relato en el que además de contarnos la historia de un boxeador mediocre pero que cuenta con un golpe demoledor, se adentren en su grisácea vida familiar y sean uno más del universo de amigos y compañeros que lo rodean cuando comienza su carrera pugilística, trayectoria que lo llevará a convertirse en campeón.

Si se lee La noche se apreciará que Andrés Bosch, que fue también un notable traductor, conocía desde dentro las interioridades del boxeo ya que él mismo probó suerte con los guantes en el cuadrilátero. Su historia sabe por eso a verdad al describir un ambiente y una atmósfera que reconocemos los aficionados a través y sobre todo de la literatura y el cine, con las peculiaridades de la España de aquel tiempo. Una España que todavía arrastraba el hambre de la postguerra y en la que los boxeadores eran vistos como estrellas de un deporte que con todas sus luces y sombras proporcionaba catarsis a los habitantes de una nación que solía acostarse con el estómago medio vacío.

Pero sería injusto etiquetar La noche como una novela social. En todo caso, La noche es una novela sobre la individualidad y el anhelo por ser otro, de escapar de un trabajo limitado y de una familia, más que deseada, impuesta por las circunstancias.

Se trata del relato de un hombre que quiere ir a más no por ser reconocido entre los demás sino para escapar de una realidad que lo limita. Es también la historia de un hombre que quiere combatir en el ring, aguantar palizas y en el momento en que menos se lo espera lanzar su puñetazo de izquierda directo al hígado del contrincante.

La noche, novela que consta de tres partes, las dos primera narrada en tercera persona y la segunda, la más amplia y un epílogo en primera para dar voz a su protagonista, Luis Canales, describe el mundo del boxeo con notable pulso narrativo y a sus boxeadores, como deportistas que aman un deporte que los puede dejar sonados, como pasa con el mejor amigo de Canales, Bernardo Barba. Al mismo tiempo, Andrés Bosch refuerza el relato reflejando el ambiente del gimnasio y de la competición profesional.

Rodea a su protagonista unos actores secundarios en los que aparecen empresarios y promotores con pocos escrúpulos, entrenadores veteranos y otros púgiles que como Lázaro, Ramón Kutz, que “era de Tenerife y hablaba con acento dulce. Boxeaba muy bien pero se preocupaba más de la elegancia de sus movimientos que de pagar tortas o esquivarlas”; Jim Echevarría y el ya mencionado Bernardo Barba, cuya carrera va en declive paralelamente al ascenso de Canales, hacen que esta novela sea un título imprescindible no ya solo para conocer la realidad de este deporte visto en caliente y desde dentro, sino también para tener una idea de lo que había para sobrevivir en unos días marcados aún por la escasez y el hambre.

Andrés Bosch falleció por infarto a los 58 años de edad y como explica el también escritor Manuel Vázquez Montalbán en la esquela que publicó el diario El País el 15 de marzo de 1984, perteneció “a la promoción de los escritores vivenciales hispánicos, algo emparedados entre los neorrealistas y los otros, y propongo que se le relea un día de éstos y que los críticos digan, algo, aunque sean cuatro cosas, sobre un buen escritor que casi nunca estuvo de moda.”

Lo leo y espero que lo lean: “que casi nunca estuvo de moda”.

Igual es ahora el momento de recuperarlo.

La noche, de Andrés Bosch.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.