Archive for the ‘Literatura’ Category

Nazis de libro

Lunes, Noviembre 23rd, 2015

“Cuando muere el soñador, el sueño muere con él, y muere para siempre. Lo que deja atrás, permanece también para siempre. No busques cambios, ni nada mejor; busca solo tu propia imagen en el espejo de los demás y reconoce al animal sin sueños para quien no hay solaz y del que no hay escapatoria. Lo que comenzó con el hombre como, ha terminado con el animal como hombre y ya no hay modo de cambiarlo.”

(La noche del Uro, Dalton Trumbo. Edición de Robert Kirsch. Traducción de Julio Roca Baena. Narrativas de hoy, Editorial Bruguera, 1980)

ACHTUNG!

La reciente publicación de La Zona de Interés, de Martin Amis, anima a escribir este artículo que solo quiere repasar algunas novelas protagonizadas por nazis hermosos, rubios e igual de amargos que la cerveza. Resaltar también que ninguno de los protagonistas de estos libros quiere ser consciente de que sirven al mal porque, razonan, cumplen, acatan órdenes.

Hemos obviado, para reducir la lista, novelas de corte negro y criminal como las protagonizadas por Bernie Gunther y Martin Bora, de Philip Kerr y Ben Pastor, respectivamente. Tampoco se hace eco de la excelente La noche de los generales, de Hans Helmut Kirst, ni de La hora estelar de los asesinos, de Pavel Kohout aunque admitimos que se pensó incluir –pero se desarrollan en la post-guerra– Los niños del Brasil, de Ira Levin y Odessa, de Frederick Forsyth, entre otras ficciones.

Claudicamos, no obstante, al filtrar Patria, la inquietante ucronía de Robert Harris, pero se descartó La bella bestia de Alberto Vázquez Figueroa, porque se inspira en un personaje real, Irma Grese, la celadora-supervisora de los campos de concentración de Auschwitz, Bergen-Belsen y Ravensbrück.

Pero… ¿pero que hemos sacado en claro de todas estas novelas?

Pues que existe el infierno en la tierra. Y que servir bajo sus órdenes cautiva la mayor parte de las veces. Cosas de Un imperio, un pueblo y un guía que convence a los suyos de lo profiláctico que resultan los asesinatos en masa si están científicamente planificados y de despertar en personas normales y corrientes al asesino natural o de escritorio que lleva dentro.

“El sueño de la razón produce monstruos.”

DOPPELGÄNGER

LA ZONA DE INTERÉS, de Martin Amis.- Martin Amis es el primer escritor que se atreve a contarnos el Holocausto desde una perspectiva inquietantemente normalizada por parte de los asesinos, hombres y mujeres que hacen su trabajo, un trabajo que sin gustarle demasiado lo hacen lo mejor que pueden. Desconcertante, precisamente por esta lectura, La Zona de Interés declina en varios caminos pero mantiene en todo momento un atenuado sentido de la ironía que suaviza el terrorífico relato que se narra a tres voces y que reflexiona sobre la rutina laboral, la mecánica y depresiva tarea de pensar cómo un matarife y que consiste, básicamente, en exterminar a miles de personas de la manera más económica posible. Amis tiene tiempo, además, de contar una historia de amor  y reflexionar sobre el horror.

LA NOCHE DEL URO, de Dalton Trumbo.-  El escritor y guionista norteamericano, uno de los hombres que formó parte de la lista conocida como los 10 de Hollywood por sus simpatías comunistas, dejó sin concluir esta novela en la que propone el relato en primera persona de Grieben, unos de los mandos del tristemente conocido campo de concentración de Auschwitz, que escribe sus memorias después de purgar –sin arrepentirse– una condena por actos de guerra. Novela inacabada, Trumbo quiso dar una explicación a la barbarie nazi a través de un personaje perturbador, de extraña moralidad, que encontró bajo el régimen nacionalsocialista un hueco –el de un exterminador–  en la sociedad alemana de aquel tiempo y en la corruptora jerarquía nacionalsocialista.

LAS BENÉVOLAS, de Jonathan Littell.- Ambicioso retrato de un oficial de las ss con protagonismo activo en las matanzas de inocentes que, desgraciadamente, se empequeñece literariamente –pese al horror de oficina que describe– a medida que se avanza en sus páginas. Su protagonista, Maximilian Aue, termina también por desubicarse al final de una novela que, conscientemente, no va a ninguna parte. Mientras tanto, se concluye que el horror y el mal son más que frutos del delirio, una orgía legal cuando se burocratiza el asesinato de millones de personas.

PATRIA, de Robert Harris.- 1964, hace casi veinte años que las potencias del Eje ganaron la II Guerra Mundial. Berlín se prepara para celebrar el 75 cumpleaños de Adolf Hitler mientras un oficial de las ss investiga la muerte de un jerarca del régimen y abre, involuntariamente, la puerta de un escándalo que podría tambalear al régimen. Este es en líneas muy generales la sinopsis de una de las mejores novelas de Robert Harris, hoy por hoy uno de los más interesantes escritores británicos de entretenimiento que, en Patria, describe y ambienta una brillante y creíble ucronía. Ucronía, ese qué pudo pasar si…, en la que insistieron también con estremecedora fortuna Philip K. Dick y Len Deighton con El hombre en el castillo y SS-GB, respectivamente.

LA OFENSA, de Ricardo Pérez Salmón.- La Ofensa cuenta la historia de Kurt Crüwell, un joven sastre alemán que tras el estallido de la II Guerra Mundial busca cobijo en la esvástica e inicia su paulatina  iniciación en el Mal.

EL CASTILLO EN EL BOSQUE, de Norman Mailer.- Elegido por Heinrich Himmler para investigar si uno de los abuelos de Adolf Hitler era judío, Dieter, agente de las ss, escribe una novela sobre los orígenes del führer. El castillo en el bosque es una novela, mucho me temo, que solo recomendable para aficionados a Mailer, un escritor que fue capaz de lo mejor como también de lo peor. En El castillo en el bosque intenta desacralizar a Hitler con un retrato de su infancia que escribe con trazo grueso y delirante. Para Mailer, nacer en el seno de una familia disfuncional explica el origen de un monstruo que sedujo y casi arrastró a su fin todo lo que entendemos es normal y corriente en este planeta.

LA REINA DE LA NOCHE, de Marc Behm.- Al escritor y guionista Marc Behm le iban los personajes femeninos notablemente retorcidos, y que arrastraban el peso de una extraña y enfermiza relación entre padre e hija. Esta novela es la cruda descripción de una mujer que termina sirviendo bajo las órdenes de la barbarie nazi, y para la que no existe la palabra perdón ni arrepentimiento. Es una pena que la obra de Behm, pequeña pero tremendamente imaginativa y feroz, no termine de reivindicarse como se merece.  ”Odio los muebles y los payasos”… Así comienza esta novela, una de las más desconcertantes que se hayan escrito sobre el nazismo y sus vinculaciones con la adolescencia, la manipulación y la sexualidad.

Saludos, seguro que hay más, desde este lado del ordenador.

La Palma acoge en 2016 el fallo del Premio de la Crítica

Jueves, Noviembre 12th, 2015

El Premio de la Crítica, en sus distintas modalidades, se fallará en La Palma el próximo 23 de abril de 2016, coincidiendo con el Día del Libro, y reunirá en la isla a los 21 miembros del jurado que concede este galardón literario, que cumple su 61 edición. Así lo anunció en rueda de prensa el presidente del Cabildo, Anselmo Pestana, acompañado por el consejero insular de Cultura, Primitivo Jerónimo, y por el presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios, Ángel Basanta.

El presidente del Cabildo destacó “la relevancia y el honor que supone para La Palma que los organizadores del Premio de la Crítica se hayan fijado en la isla para que ésta sea el lugar en el que se dé a conocer unos galardones de máximo prestigio para los escritores y escritoras de toda España”.

Los miembros de la Asociación Nacional de Críticos Españoles decidirán el Premio de la Crítica en ocho categorías: narrativa castellana y poesía castellana, así como narrativa y poesía en el resto de lenguas oficiales del Estado: catalán, gallego y euskara.

Creados en 1956, en su más de medio siglo de historia han sido galardonados en prosa autores tan reconocidos como Cela, Delibes, Matute, Torrente Ballester, Javier Marías, Muñoz Molina o Umbral, y en la nómina de poetas se encuentran, entre otros, Blas de Otero, Aleixandre, Rosales, Hierro o Caballero Bonald.

Saludos, enhorabuena, desde este lado del ordenador.

Suave caricia. Las muchas vidas de Amory Clay, una novela de William Boyd

Miércoles, Noviembre 11th, 2015

“Ahora que lo pienso, hubo un error el día que nací. Ahora no parece importante, pero el 7 de marzo de 1908 –hace mucho tiempo, casi setenta años atrás– mi madre se enfadó mucho. No obstante, fuera como fuese, yo nací y mi padre, siguiendo las estrictas órdenes de mi madre, insertó un anuncio en el Times. Yo era la primogénita, así

que el mundo –los lectores del Times de Londres– tenía que ser debidamente informado. «El 7 de marzo de 1908, Beverley y Wilfreda Clay tuvieron un hijo varón, Amory.»

¿Por qué puso «hijo varón»? ¿Para fastidiar a su esposa, mi madre? ¿O fue el perverso deseo de que yo no fuera una niña, el hecho de que no quisiera tener una hija?

Me pregunto si fue por eso que más tarde intentó matarme. Cuando me encontré ese recorte reseco y amarillento escondido en un álbum, hacía décadas que mi padre había muerto. Demasiado tarde para preguntarle. Otro error.”

(Suave caricia. Las muchas vidas de Amory Clay. William Boyd. Traducción: Damià Alou. Alfaguara, Penguin Random House Grupo Editorial, 2015)

A pesar de que me su mejor novela me sigue pareciendo Un buen hombre en África, obra en la que creí descubrir a un notable seguidor de Graham Greene solo que aliñado con gotas de divertido e inteligente humor británico, no suele decepcionarme las novelas y cuentos que he leído hasta la fecha de William Boyd. Y cuando se escribe decepción me refiero incluso a su colaboración en el universo literario de James Bond con Solo, su más que correcta aportación al universo literario creado por Ian Fleming.

El caso es que William Boyd, que se trata de un escritor clásico, que huye de experimentalismos y cuyas mejores historias suele ambientar en la primera y convulsa mitad del siglo XX, me sorprende con cada libro que presenta, aunque en algunos de ellos se aprecie que explota un territorio que ya ha sido explorado por el mismo autor, solo que con nuevas perspectivas.

Esa es la sensación que saco de Suave caricia: las muchas vidas de Amory Clay, historia en la que cuenta la vida de la fotógrafo documental Amory Clay, y que  incluye algunas de las imágenes que sacó a lo largo de su carrera. La gracia, o broma literaria si quieren, es que Amory Clay es fruto de la imaginación de William Boyd, y su vida, su buena vida, la feliz y la amarga crónica de una mujer durante gran parte del siglo XX ya que está presente con su cámara en algunas de las crisis y guerras que jalonaron su historia, pero también tomando el pulso a su familia y la recreación en la belleza de las pequeñas cosas que son, generalmente, los buenos momentos.

La novela toma forma a través de varios de los diarios que escribe Amory Clay en 1977 así como al tiempo presente de su personaje, lo que permite a Boyd narrar el día a día de Clay y definir a un personaje que en sus últimos días vive recluida en una cabaña aislada en una isla de las Hébridas, y en la que pasa el tiempo bebiendo demasiado whisky y socializando solamente con el médico y el hotelero de este reducido espacio geográfico.

Amory Clay es producto de una familia semi-aristocrática, fruto de un padre, Beverley, novelista fracasado y escritor de cuentos sobrenaturales al borde del colapso nervioso tras combatir en la Gran Guerra; su madre, Wilfreda, una mujer distanciada y solo preocupado porque los suyos no susciten escándalos, y dos hermanos. La existencia familiar de Amory Clay se quiebra cuando su padre intenta matarse con ella arrojando el coche que conduce a un lago, lo que genera que Amory Clay –al salir ilesa del accidente– termine por desconfiar de los hombres que ama.

Pese a esta sospecha, la novela describe las historias de amor que mantiene Clay con algunos hombres en esta novela. Todos ellos, personajes vulnerables, heridos. También muy egoístas pero tiernos cuando hacen el amor, la suave caricia que forma parte del itinerario sentimental de la protagonista.

La novela se lee de un tirón, pese a su generoso número de páginas, porque Amory Clay vive una vida en la que parece que no existe la palabra aburrimiento. En su vida adulta conoce el submundo de los clubes de striptease de Berlín de los años 20, es golpeada salvajemente durante los disturbios fascistas de Londres en los 30 por las hordas lideradas por Oswald Mosley y viaja hasta Francia en la Segunda Guerra Mundial y Vietnam en los años sesenta porque con sangre, sudor y lágrimas está consagrada a su oficio: la fotografía.

A lo largo de todo este itinerario, Clay conocerá a un puñado de hombres (un editor, un soldado, un escritor, un fotógrafo) a los que ama, forja amistades, se enfrenta a grandes cuestiones de fe y aprende a traicionar cuando siente que la traicionan.

Todas estas experiencias procura reflejarlas con su cámara y resultan creíbles al lector porque su personaje, que al principio solo es barro, se transforma en un cuerpo dotado de carne y alma. Además, y a diferencia de otros escritores contemporáneos, William Boyd sabe contar buenas historias con muy pocas pretensiones. Lo que es un valor en estos tiempos de egos tan revueltos.

En el libro, la voz narrativa de Amory Clay nunca flaquea. Y todo pese a que  a veces resulte complicada y contradictoria e impulsiva en otras. Estos rasgos de su carácter contribuyen sin embargo a armar su carácter, a que sea real porque está tallada con tan milimétricas imperfecciones.

Si se conocen otros trabajos de Boyd, Suave caricia: las muchas vidas de Amory Clay recordará el tono de Las nuevas confesiones y Las aventuras de un hombre cualquiera, títulos en los que proponía también autobiografías ficticias de un cineasta y de un novelista, ambos masculinos. Ahora, al narrar la vida de Amory Clay, escribe sobre un buen pedazo del siglo XX desde la perspectiva de una mujer cuyo relato resulta más fuerte y menos cínico que el que proponía del director de cine y del escritor.

De hecho, parece que su habitual mezcla de artificio y naturalismo ha llegado a un grado de perfección en Suave caricia que convierte este libro en uno de los mejores trabajos que su autor ha publicado hasta la fecha. Y remarca este efecto, nada gratuito, la inclusión en sus páginas de una serie de fotografías supuestamente tomadas por Amory Clay, y que funcionan como ilustraciones en las que, curiosamente, cuando aparece la protagonista, la imagen se hace borrosa, casi como si fuera voluntad de Boyd que sea el lector quien imagine a su formidable heroína.

No es capricho ni baladí, porque entre otros transfondo de la novela, William Boyd reflexiona sobre la capacidad de invención, la de reconstruir pero también deconstruir la realidad a través de la ficción. Incluso el título del libro está tomado de una novela inventada que fue escrita por uno de los amantes de Amory Clay:

Dure lo que dure vuestra estancia en este pequeño planeta, tanto da lo que ocurra en ella, lo más importante es sentir –de vez en cuando– la suave caricia de la vida.

Jean-Baptiste Charbonneau, Avis de passage (1957)

Suave caricia es, en definitiva, una novela con capas. O un fascinante juego de espejos sobre la vida.

Saludos, cantamos, desde este lado del ordenador.

Agatha Christie visita el Puerto de la Cruz

Miércoles, Noviembre 4th, 2015

Agatha Christie, junto a su hija Rosalind, se refugió en febrero de 1927 en Canarias con la intención de superar una crisis emocional. Un año antes, la escritora había desaparecido misteriosamente dejando tras de sí –y como única pista– un coche abandonado en las proximidades de Newland’s Corner, en Surrey. Tras una investigación policial y a que se especulase sobre lo que pudo haber sucedido, un paciente reconoció a la escritora semanas después en el hotel Hydrophtic, donde se había alojado como Nancy Neele –al parecer el nombre de la amante de su primer marido, el coronel Archibald Christie– aunque alegó entonces a los investigadores de la policía que había sufrido un ataque de amnesia…

No fue la amnesia sino la necesidad de sobreponerse a otra crisis emocional con baños de mar lo que la hizo llegar a las islas, primero a Tenerife –y concretamente el Puerto de la Cruz, donde se alojó en el Hotel Taoro– y más tarde en el Metropol de la capital grancanaria, para que su estancia resultase doblemente provechosa ya que además de tranquilizar sus pocos domesticados nervios, le sirvió para escribir algunas de sus obras como El hombre del mar y Una señorita de compañía.

El Puerto de la Cruz recuerda esta visita con un festival que lleva su nombre de periodicidad bianual y que organiza contra viento y marea el Centro de Iniciativas Turísticas (CIT).

El programa de la quinta edición, que se desarrollará del 9 al 15 de noviembre, cuenta con la presencia de Mathew Prichard, único nieto de Agatha Christie, que aportará una colección de fotografías de la escritora que ha sido expuestas en Londres y en Torquay su ciudad natal; la intervención de John Curran, quien hablará de Los Viajes de Agatha Christie por medio mundo, incluida su estancia en Tenerife y Los Planes del Crimen, conferencia en la que revelará los secretos e historias que se encontraron en los cuadernos de notas de la autora tras su muerte.

Dulce Xerach Pérez y Alexis Ravelo participarán el lunes 9 y el miércoles 11 de noviembre, respectivamente, en los Encuentros con los escritores del género, charlas en las que disertarán sobre cómo les influyó la lectura de los relatos de la Dama del Crimen  así como avanzarán los contenidos de los trabajos literarios que están desarrollando en la actualidad.

El festival incluye teatro, con la representación de la obra El Canto del Cisne, teatro en movimiento que asume La Pandilla y Cía., bajo la dirección de Antonia Jaster y la conferencia The British in Puerto de la Cruz, que impartirán John Lucas y John Reid. Se propondrá además Un Paseo con Agatha Christie, en el que se invita a los interesados a un recorrido por la ciudad que parte desde el Parque Taoro para finalizar en La Paz. En este trayecto, un guía informará que fue en el Hotel Taoro donde se hospedó la escritora durante en su estancia en Tenerife, y que La Paz se trata del lugar que le inspiró para escribir El hombre del mar.

El programa incluye otras actividades como El Misterio de las Estrellas, que ha sido diseñada para descubrir las estrellas en el punto más alto de España, el Teide; y sesiones de cine en versión original con subtítulos en español en las que se podrán ver películas que adaptan novelas de Agatha Christie como Cita con la muerte (Michael Winner, 1987) y Muerte en el Nilo (John Guillermin, 1978), protagonizadas por Peter Ustinov como el sagaz detective Hércules Poirot, y Agatha (Michael Apted, 1979). Se prevé también una exhibición de Surf en Playa Martiánez, un deporte que practicó la escritora y como complemento, habrá jornada de puertas abiertas en el Jardín Botánico y un Tea Time en el Jardín Sitio Litre y la Biblioteca Inglesa.

Se recibirá por último a los pasajeros de un crucero que tras partir de Southampton atracará en Tenerife para que muchos de los seguidores de la Dama del Crimen visiten el Puerto de la Cruz y participen de las actividades que se han organizado para recordar su estancia en el Puerto de la Cruz. La primera escala de unos días de descanso tras los cuales regresó a Inglaterra donde continuó su carrera ascendente en la literatura de misterio.

Saludos, ¡misterio!, desde este lado del ordenador.

‘Negro Juan’, una novela de Francisco Estupiñán

Lunes, Octubre 19th, 2015

“- Yo, gracias a Dios, no he sido esclavo. Llegué al mundo de los blancos como hombre libre y así en vivido en Lisboa, Sevilla y estas nuevas tierras. No creo que hubiera soportado la esclavitud, aunque he tenido que soportar muchas chanzas y desprecios por nuestro color, lo que me ha hecho hervir la sangre en más de una ocasión. He callado incluso con petimetres que no hubieran aguantado en pie mi primera acometida. Eso es lo bueno de la libertad, que he podido evitar a quien no me ha parecido una buena persona y he procurado la amistad de buenos cristianos.”

(Negro Juan, Francisco Estupiñán Bethencourt, M.A.E. Editor, 2015)

Francisco Estupiñán Bethencourt irrumpió en la república de las letras con una excelente novela histórica y de aventuras titulada El corsario de Lanzarote, título por el que obtuvo el premio Benito Pérez Armas en la edición de 2012, y libro en el que se detectaban algunas de sus preocupaciones literarias.

Estas tendencias se encuentran también en Negro Juan, probablemente porque ambas novelas son más o menos coincidentes cronológicamente y están inspiradas en hechos reales que el autor recrea aportando pinceladas de ficción.

Se tratan, además, de relatos en los que se revela la querencia que tiene Francisco Estupiñán por la conquista que emprendieron un mosaico de pueblos que todavía no se conocían como España en Canarias y las Américas, el Nuevo Mundo, así como por cultivar un estilo que respeta la espartana escritura que nos legaron los cronistas de aquel momento histórico y que Estupiñán imita con asombrosa pericia.

Y estos hallazgos que podrían haberse convertido a la postre en un lastre del que hubiera resultado difícil sacudirse, dan consistencia al diseño psicológico de los personajes y a un discurrir de la narración que, en el caso de Negro Juan, y al mostrarse tan respetuoso con los hechos históricos, pesan más sobre la aventura lo que repercute en la recreación biográfica aliñada de ficción sobre la vida del primer negro libre que pisó tierras americanas.

El libro cuenta con un inicio que captura la atención del lector, por flemático que este resulte, y que Estupiñán aprovecha para presentar a su protagonista y el entorno en el que se mueve: la populosa Sevilla del XVI, por aquel entonces “la ciudad europea con más esclavos negros”.

Pronto sabremos que entre las ambiciones de Juan Garrido –el negro Juan del título– se encuentra la de embarcarse para navegar a tierras americanas y conquistar fortuna, por lo que traba amistad con algunos de los hombres que hicieron posible aquel sueño allende los mares, como Ponce de León, hasta conseguir enrolarse en un navío que, tras hacer escala en las Canarias, continúa su ruta hacia el Nuevo Mundo.

Con notable pulso narrativo, Francisco Estupiñán narra las vicisitudes que atraviesa su héroe, entre otras la de ser un igual entre los hombres de armas con los que comparte batallas y tras regresar a Sevilla y volver a América, terminar sirviendo a las órdenes de Hernán Cortés en su conquista de la Nueva España, capítulos en los que conoce a un tal Bernal Díaz del Castillo que se muestra poco aliado del protagonista y soldado de existencia real que escribió uno de los relatos más apasionantes sobre la conquista de América y libro, presumo, de cabecera del mismo Estupiñán: Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.

Si hay una crítica que esgrimir contra Negro Juan es que para narrar esta aventura a Francisco Estupiñán le sirven solo unas 160 páginas, páginas que se interrumpen con un abrupto e inesperado final que quizá, sospecho, obedece más a emular las crónicas que pusieron por escrito aquellas gigantescas gestas.

Unas gestas que, ironías literarias, exige actualmente de más literatura de ficción. Novelas y relatos vistos desde la perspectiva del siglo XXI y sin apego entre los bandos que la protagonizaron: nativos y europeos.

La conquista de América fue un choque cruento de civilizaciones, pero también supuso, y es un hecho que resalta Estupiñán en el relato, una mezcla de culturas que se levantó “sobre la sangre de blancos, negros y naturales de aquellas tierras.”

En este nuevo mundo, Juan Garrido partirá en expedición a la busca de la Fuente de la Eterna Juventud e introducirá el trigo en América, tierra en la que conocerá el valor de la palabra libertad al observar el trato que reciben otros hermanos de raza pero también, y he aquí lo más importante, lo que significa ser un hombre libre pero de segunda clase cuando comprueba que pese a los esfuerzos realizados en los campos de batallas su recompensa es menor que la de otros camaradas de armas.

Ello supone, y así lo razona Garrido, que el acariciado sueño americano trufado de muertos entre los que se encuentra una esposa, hijos y amigos, se disuelva a medida que transcurre el tiempo y los cabellos de Negro Juan se tornan canos.

Dicho esto, solo cabe añadir que Negro Juan es una de esas novelas que tras finalizarlas el lector –ese al menos ha sido nuestro caso– demandaba más páginas para continuar ahondando en la existencia de  personaje tan fascinante, uno de los héroes que partieron a territorios americanos para convertirse en otra persona.

O en un hombre libre con todas sus letras.

¿Llega a cumplir ese sueño el protagonista de la historia?

Eso solo lo sabrán si leen esta adictiva novela que da la sensación de quedarse a medias…

Saludos, exploramos, desde este lado del ordenador.

¡Larga vida a Periplo! (y 3)

Domingo, Octubre 18th, 2015

África fue el gran protagonista de las sesiones del viernes. Aunque previamente se habló de turismo y de cine rodado en Canarias con Luis Roca y de periodismo y sobre el arte de la entrevista con el periodista y escritor portuense Juan Cruz.

El aliento africano vino dado con la charla a Boubacar Boris Diop, un escritor senegalés que tras haber escrito casi toda su vida en francés, hoy continúa con su actividad literaria pero en wolof. En wolof está escrita su novela más reciente, El libro de los secretos (Almuzara) que presentó en Periplo, mientras hablaba también sobre la importancia de la memoria y los vínculos entre generaciones.

Mamadou Dia habló también de África al día siguiente, sábado, aunque desde la perspectiva de quienes apostaron por buscar un mundo mejor en cayuco dejando atrás su hogar. Esta experiencia la recoge en el libro 3.052. Persiguiendo un sueño, donde relata cómo llegó a Canarias en una de estas embarcaciones  hasta que, tras muchas vicisitudes, se estableció en España y en la actualidad coordina una ONG en su país, Senegal.

Por la tarde, Javier Reverte y Paco Nadal sostuvieron un diálogo sobre sus viajes por África y se dio paso a la luz poética con  Antonio Hernández, Premio Nacional de Literatura y Nacional de la Crítica, quien habló pero sobre todo recitó poesía en la atractiva entrevista que sostuvo con su amigo Javier Reverte.

El mismo Reverte habló de uno de sus últimos libros de viaje, Canta Irlanda, en Periplo. Irlanda, dijo el autor de la novela El tiempo de los héroes, “es un país que me fascina”, y esta fascinación se refleja en una obra en la que geografía y paisaje humano, pero sobre todo literatura transita en cada una de sus páginas.

Finalmente, y en un sábado cargado de actividades viajeras, el periodista Nicolás Castellano habló sobre periodismo y migraciones forzadas en otra de las intervenciones que contaron con más que el aplauso, la ovación del público asistente.

Se creó como una atmósfera que invitaba a prestar atención al drama que desgranaba Castellano. En ocasiones con un lenguaje duro, que obligó a más de uno del público a levantarse y salir de la carpa porque la verdad en ocasiones duele. Y lo que narraba el periodista además de doler ponía la piel de gallina aunque estimulaba someterse a un baño de humildad y a que todos los presentes se tomaran muy en serio una tragedia que provoca tantos muertos en los mares que bañan las costas de los países del primer mundo.

El periplo de Periplo, el Festival Internacional de Viajes y Aventuras del Puerto de la Cruz tocó a su fin el domingo 11 de octubre con las intervenciones de Patricia Almarcegui y Paco Nadal.

Patricia Almarcegui, que es escritora y una viajera infatigable, aunque seamos conscientes que lo de “infatigable” levanta ronchas a Javier Reverte, habló sobre Las mujeres viajeras. Experiencia como viajera a Oriente. Acompañó su charla con una serie de imágenes tomadas en Irán, y se preocupó muy mucho por desmontar los vicios y prejuicios que en Occidente se ha generado en torno a este país del que, afortunadamente, cada vez se sabe más.

La intervención de Paco Nadal fue como ver uno de sus vídeos de viaje pero con su protagonista interpretarlo en carne y hueso.

Nadal es un hombre muy extrovertido, y como todo extrovertido tiene algo de oso polar. Y cuando se escribe lo de oso polar no se refiere solo al tono de su voz, un vozarrón que seguro que se escucha en las cuatro esquinas de los lugares que visita y que registra con su cámara y describe con palabras en su blog.

Por eso, y como comentó una señora del público cuando finalizó el acto, en distancias cortas es imposible “odiar” a Paco Nadal.

La tercera edición de Periplo finaliza con nota muy alta e imagino que con la mirada puesta en su cuarto capítulo que, si los dioses acompañan, tendrá lugar en septiembre u octubre del próximo año.

Atrás quedan siete días muy intensos y supongo que ocasionalmente frenéticos para la organización pero el Festival ha salido redondo lo que obliga a concluir esta crónica de urgencia del mismo modo como concluyó Antonio Lozano la edición del año pasado:

“¡Larga vida a Periplo!”

(*) En la imagen que ilustra este post el periodista y escritor Jav ier Reverte. La fotografía es de Juan García Cruz

Saludos, ¿nos vamos de viaje?, desde este lado del ordenador.