Archive for the ‘Literatura’ Category

American Noir. VV.AA.

Lunes, Enero 12th, 2015

Es raro encontrarse con antologías dedicadas exclusivamente a relatos policíacos, o negros y criminales o como quieran denominarlo. Por eso solo, todo aficionado al género recibe con una ovación la publicación en español de American Noir, edición en la que si bien Navona no ha puesto el mimo que demandaba (demasiados errores ortográficos, traducción un poquitín plana) sí que cuenta con excelentes relatos negros que garantiza lo que promete: inquietante evasión.

La edición original está al cuidado de James Ellroy y Otto Penzler y al parecer constaba del doble de autores y cuentos que la que ahora se publica en español, pero con todo, los escritores que aparecen en la de Navona son lo suficientemente conocidos y lo suficientemente impactantes para recomendar un volumen que debería de figurar en cualquier biblioteca particular de lectores seguidores de este tipo de literatura. Una literatura que se maneja muy bien en el relato corto cuando quienes la practican son reconocidos protagonistas de esta república de las letras que indaga no ya en la doble moral del alma humana sino también en sus pasiones y anhelos.

American noir se inicia con un relato de James M. Cain que, a mi juicio, no es de lo mejor del autor de novelas como El cartero siempre llama dos veces o Más allá del deshonor. Se titula Pastorale (1928) y, ambientada en una América rural muy pobre y poblada de garrulos, cuenta una historia tan próxima a Cain –de hecho tengo la sensación de que el escritor escribió casi siempre sobre lo mismo pero con distinta variaciones– en la que describe como una pareja de enamorados planifica y comete el asesinato del esposo de la protagonista porque, como escribe James M. Cain: “Lida era como mujer lo mismo que él era como hombre.”

La antología desciende un peldaño con ¡Muere!, dijo la dama (1953), que firma Mike Spillane, un escritor que demuestra que incluso en el cuento se movía por las mismas constantes que definieron su literatura: la venganza como acto de justicia, y una misoginia que leída hoy puede entenderse como bruto machismo. Nada nuevo bajo el sol, aunque American Noir comienza a moverse hacia delante con el tercer relato que compone esta antología, Un profesional (1953), de David Goodis.

Y no es por nuestra sospechosa devoción por Goodis, es que este relato es sencillamente magnífico. Y como las novelas que escribió el que quizá fue el más lírico de los escritores negros de la edad dorada, una contundente historia sobre humillación que proporciona el primer regusto amargo en la boca.

La cuarta historia de American Noir está firmada por otro de los grandes clásicos del género, Jim Thompson, un escritor que crece con el paso de los años por la crudeza de sus historias. En Para siempre jamás (1960) sorprende porque Thompson, el autor de El asesino dentro de mi o 1.280 almas transita no solo por la geografía de lo negro y criminal sino también en las complejas aguas de lo fantástico. La pieza, muy corta, se trata así de un feliz descubrimiento y obliga a demandar más Thompson aunque sea en versión reducida.

Era inevitable que en una antología de estas características también apareciera Patricia Highsmith y una de sus piezas más celebradas entre los que no dejan que pase un año sin recurrir a las febriles y hondamente psicológicas historias de la escritora. En este sentido, y como relato, Lenta, lentamente al viento (1979) cuenta con el sello inconfundible de quien fue madre del refinado psicópata Tom Ripley. El regusto amargo se mantiene por lo tanto en la boca, que a estas alturas del libro ya nos sabe como a regaliz.

La aportación de James Ellroy a American Noir probablemente decepcionará a los que no son seguidores de las crudas y violentas historias del hoy escritor que ubicó el género en la lista de los más vendidos, aunque Desde que no te tengo (1988) tiene que ser entendida más como un divertimento y una prolongación de su ya popular cuarteto de Los Ángeles, esas cuatro novelas que erigieron a su autor en referente de la literatura policíaca por su manera de indagar y mostrar la maldad y la corrupción que anida en el alma de sus protagonistas. Se trata, además, de una historia retro, que ubica a los personajes en unos años cuarenta y cincuenta marcadas por tenebrosas tinieblas.

El gran cuento, el gran relato de esta antología lo firma, a nuestro juicio, Jolyce Carol Oates con su gótico y negrísimo Infiel (1997). Una historia en lo que si algo importa no es la trama, la resolución de un hecho delictivo, sino cómo afecta a sus jóvenes protagonistas y al padre. Un triángulo que apenas se sostiene tras el presunto abandono de la madre.

Infiel no tiene desperdicio, y se absorbe y lee sin poder despegar los ojos de sus páginas. No sé si la señora Oates se merece el Nobel, pero con cuentos como éste no está de más afirmar que es uno de los más grandes escritores del género en la actualidad.

American Noir continúa yendo en sentido ascendente con el siguiente cuento. Lo firma otro clásico, Lawrence Block, y se titula Como un hueso en la garganta (1998), un durísimo relato sobre venganza que cuenta con un demoledor y sorprendente final que reflexiona sobre la pena de muerte dándole la vuelta al calcetín.

Las dos últimas historias de la antología son Quedarse sin perros (1999), de Dennis Lehane y Cuando las mujeres salen a bailar (2002), de Elmore Leonard.

El primero se trata, es un juicio huelga decir que muy particular, de un excelente retrato de personajes y circunstancias. La acción se desarrolla en un ambiente rural que da miedo y a través de una galería de convincentes y creíbles personajes que Lehane muestra a través de diálogos para plantar reflexiones con mucho calado en torno a la amistad y el amor. A nosotros nos dejó k.o. y acrecentó si cabía más el regusto amargo  de las historias que componen este libro. Es decir, que lo amargo supo apoderarse de nuestro ya creíamos domesticado sentido del gusto.

Lo mejor que se puede decir de Cuando las mujeres salen a bailar es que está firmado por Elmore Leonard y que sus protagonistas son dos mujeres muy Leonard. O dos personajes que se mueven más por instintos que por lo que les dicta su cabeza. Así que como sucede en la mayor parte de la literatura policíaca del autor, detrás de la sutil ironía se esconden agazapadas cargas de profundidad que terminan por explosionar en un final que no dejará indiferente a nadie.

¿Conclusiones?

Pues que la edición en español de American Noir, con todos los peros que impone esa sensación de que fue editado deprisa y corriendo, es un volumen necesario para completar la obra de los autores que se reúnen en el libro, y al mismo tiempo una antología necesaria para comprender cómo ha ido evolucionando el género en los Estados Unidos de Norteamérica desde el siglo XX al XXI aunque muchos de los temas se repitan, solo que están narrados bajo perspectivas muy diferentes.

Esto nos obliga a destacar que si usted es aficionado a lo negro y criminal no debería dejar escapar la oportunidad de leerlo. Y que si aún se trata de un novicio, ésta es una buena oportunidad para iniciarse en una literatura donde lo que importa, más que los hechos, es describir esa amarga y existencialista sensación de que, efectivamente, no somos nada.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

Dos hombres y un destino: Boileau-Narcejac

Lunes, Diciembre 15th, 2014

Ya dedicamos en su momento un comentario a los escritores que han hecho pareja literariamente. Es decir, a todos esos autores que firmaron, y generalmente con otro nombre, novelas escritas a cuatro manos.

Hay bastantes, y entre otros recordamos a Erckmann-Chatrian, uno de cuyos libros, Waterloo (continuación de Un quinto de 1813), fue traducido al español por Manuel Azaña; y los policíacos Wade Miller (también conocidos como Whit Masterson) y Boileau-Narcejac, quizá los autores más populares en la república de las letras si no añadimos a la lista a Douglas Preston y Lincoln Child y otros tantos que han apostado recientemente por la creación literaria como un trabajo de dos.

Vamos a ceñirnos en este comentario, sin embargo, al trabajo que resultó fruto de la unión de los talentos de Pierre Ayraud y Pierre Boileau, quienes ocupan un lugar destacado en la literatura de suspense como Boileau-Narcejac porque, a nuestro juicio,  son maestros del género policíaco por su inteligente combinación entre la novela  enigma y la negra gracias a una serie de truculentas historias que bordean lo fantástico y en la que se combina notablemente el miedo a uno mismo y también al otro. Ese otro no es otro que la pareja, la familia, los amigos que a veces no son lo que parecen.

Las novelas de Boileau-Narcejac transcurren generalmente en ambientes provincianos donde sus protagonistas están marcados por problemas emocionales. Víctimas, aunque al final se revele que era el asesino, de las circunstancias y de los personajes que los rodean.

Historias profundamente psicológicas que dan su interpretación sobre las debilidades humanas, los relatos de Boileau-Narcejac han envejecido muy bien con el paso de los años por lo que aún emocionan y capturan sin demasiadas complicaciones la atención del lector, un lector abrumado por una trama muy bien armada y con los pies sobre la tierra.

Boileau-Narcejac cultivó con cabeza la literatura de género y no se les caían los anillos de los dedos por publicar en colecciones de bolsillo, esa que tanto desprecian algunos y que esconde en numerosas ocasiones joyas que aún relumbran pese a estos tiempos de oscuridad en los que vivimos.

El cine sí que supo calibrar el talento que se escondía en muchas de las obras que firmaron. Baste recordar que, entre otras, se encuentra Entre los muertos, que inspiró Vértigo, de Alfred Hitchcock;  Las diabólicas de H. G. Clouzot y Los ojos sin rostro de Georges Franju, cintas que todavía sorprenden y, lo que es mejor, inquietan porque no dejan de tratarse de productos extraños y enfermizos. Retratos retorcidos y algo morbosos sobre la locura. Una locura atada a las pasiones humanas.

En mi biblioteca cuento con una provisión de Boileau-Narcejac para pasar el invierno. Soy consciente que leyendo sus historias uno se olvida de la realidad que le rodea mientras más que leer, devora unas historias donde lo que importa no es ya el hecho criminal sino las motivaciones que conducen al hecho criminal. Son novelas, además, que exploran con agudo olfato las relaciones que existen entre los habitantes de  pueblos y ciudades pequeñas, un retrato eficaz y nada saludable de esa aparente y apacible vida en provincias en la que la mayoría de la gente guarda demasiados cadáveres en los armarios.

Por todo esto y más, mucho más, ya es hora de reivindicar con la voz bien alta la producción literaria de unos autores cuyo trabajo se centra en la paranoia de sus protagonistas. En su acerado retrato sobre los fantasmas que alimentamos nosotros mismos y que en sus historias muchas veces termina por confundirse con la realidad.

Escritores que no renunciaron al carácter popular de su literatura y en concreto al folletín que fue su traducción en Francia, Boileau-Narcejac rescataron del olvido a un antihéroe tan exquisitamente francés como Arséne Lupin, ladrón de guante blanco y personaje creado por Maurice Leblanc como respuesta al materialismo policíaco del Sherlock Holmes de sir Arthur Conan Doyle e igual de apuesto y encantador que el Raffles de E. W. Hornung, cuñado, curiosamente del mismo Doyle, aunque Lupin resulte, a título personal, mucho más exquisito y oscuro.

Algún día y si el tiempo y las ganas están de nuestro lado, escribiremos un comentario sobre la fabulosa literatura policial y popular francesa, esa que debe su origen a la tradición del folletín solo que más elaborado y directo.

De momento, recomendamos las siniestras novelas de Boileau-Narcejac. Un paso adelante en un género que hoy, lamentablemente en Europa, no observa ni estudia como debiera la sobresaliente tradición que arrastra.

Error fatal.

Y autores y lectores, ya ven, con ojos sin rostro.

Saludos, ¿la nostalgia es un error?, anda ya, desde este lado del ordenador.

Una exposición en Tenerife rinde homenaje al rey del ‘pulp’ español: Pedro Víctor Debrigode

Viernes, Diciembre 5th, 2014

La tarde noche del jueves participo junto al escritor y músico Roberto Cabrera en una charla sobre el escritor Pedro Víctor Debrigode, uno de los maestros de la novela popular en España pese a que los despistados cuestionen el valor de la novela popular no ya de este país sino también de la de otros territorios más generosos e inteligentes con esta literatura creada y pensada para toda clase de públicos.

Llegué a Debrigode gracias a una publicación, El Vigía, que coordina Cabrera, y fue él quien me puso en contacto con la hija de este escritor, Victoria, que estuvo también en el encuentro del jueves y en el que se intentó con mejor o peor fortuna hacer justicia al autor, de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento y que vivió gran parte de su vida en Tenerife, que no paró de imaginar espectaculares novelas de aventuras en su máquina de escribir  y que, señaló Roberto Cabrera para dar más lustre a la leyenda, tecleaba de noche y con varios relojes en la muñeca para no equivocarse de los horarios cuando estaba metido en sus relatos de espionaje.

La Biblioteca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge una exposición sobre Debrigode en la que se encuentran además de muchas de las novelas de kiosco que escribió, fotografías y originales que rinden tributo a uno de esos grandes escritores que en otro país ocuparía el lugar que se merece. Desgraciadamente, Debrigode nació y trabajó en España, lo que explica que continúe siendo hoy prácticamente un desconocido para la mayoría.

Viajarán, si visitan la exposición, a un pasado no sé si más simple pero sí vestido con un encanto que respiraba aún una pátina de inocencia que el paso de los años ha disuelto en nuestra memoria.

Todavía me emociona contemplar las magníficas portadas ilustradas de esas  novelas de bolsillo que leían toda clase de lectores para transportarse a otros escenarios y evadirse de la dura realidad de la postguerra y pienso que muchos de aquellos lectores están en deuda con escritores como Debrigode porque a través de su literatura se olvidaron momentáneamente de la grisura que caracterizaron aquellos años de hambre.

Uno de los muchos personajes que creó Debrigode, quien escribía entre cuatro a seis novelas al mes, es El Pirata Negro, que se encuentra entre los protagonistas más populares de su producción y una de cuyas aventuras se desarrolla en la isla que lo acogió. Su título es Escala en Tenerife y la firma como Arnaldo Visconti. Huelga decir que espero leerla cuando la exposición clausure en enero.

Roberto Cabrera explicó durante su intervención que en esta aventura, el protagonista participa en una rebelión de los guanches contra quienes los esclavizan. Todo escrito en clave de pulp, de novela de kiosco, de aquellas que se vendían junto al pan, los periódicos y las golosinas. Me pregunto qué pensarían los lectores canarios de aquellos ya lejanos años al llegar a sus manos este librito que cuenta con una portada muy atractiva en la que se observa al pirata negro junto a una maga ataviada con el traje típico de la isla.

Tras las charla, parada con los escritores Jesús y Marcelino en una cafetería para tomar unos rones y hablar de la ciudad en la que vivimos y de mujeres de vida alegre. Cae la noche mientras tanto sobre una urbe en la que al menos ha dejado de llover aunque no termina de salir el sol por la mañana.

Recuerdo, a modo de punto y final, que hace años era corriente tropezarte por los barrancos de la capital con rebaños de cabras y pienso que me encuentro con los descendientes de esas mismas cabras todos los días, solo que ya no pastorean en los tajos sino en sus calles y avenidas.

Y escucho su balido. Ese balido que también es el mío.

Saludos, telón, desde este lado del ordenador.

Soy leyenda

Lunes, Octubre 27th, 2014

“Neville miró los nuevos habitantes de la tierra. No era como ellos. Semejante a los vampiros era un anatema, y un terror oscuro que debían destruir. Y de pronto, nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor.

Tosió atragantándose. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se metía las píldoras en la boca. Se cierra el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la forteleza del tiempo.

Soy leyenda. ”

(Soy leyenda, Richard Matheson. Minotauro, 1975. Traducción: Manuel Figuroa)

Saludos, lo leen, desde este lado del ordenador

La hormiga y el león

Martes, Octubre 21st, 2014

ESA HORMIGA odiaba a aquel león. Tardó diez mil años pero se lo comió todo, poco a poco, sin que él se diera cuenta.

(Crímenes ejemplares, Max Aub)

Saludos, bonus track, desde este lado del ordenador

¡No hay nada excepcional en su caso!

Domingo, Octubre 19th, 2014

“¡No hay nada excepcional en su caso! Que un padre intente matar a su hijo o librarse de él me parece por completo sintomático del trastorno en los valores  que estamos viviendo. Antaño, sucedía el fenómeno inverso: los hijos mataban a los padres para demostrarse que eran fuertes. Pero ahora ¿a quién atacar? Como huérfanos que somos, estamos condenados a perseguir un fantasma para conseguir un reconocimiento de paternidad. Y es imposible alcanzarlo. Siempre escurre el bulto. Qué cansancio. Muchacho, no sé si contarle cuánto he tenido que forzar la imaginación.”

(Los paseos de circunvalación. Trilogía de la ocupación, Patrick Modiano. Colección: Panorama de narrativas, Anagrama Traducción: María Teresa Gallego Urrutia)

Saludos, libertad, igualdad, fraternidad, desde este lado del ordenador.