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El pato mexicano, una novela de James Crumley

Jueves, Marzo 28th, 2013

No creo que a estas alturas los iniciados discutan que James Crumley fue uno de los mejores escritores de novela negra de todos los tiempos. Es una pena, no obstante, que haya sido publicado con tantas reservas en este país, probablemente porque Crumley fue un salvaje del género:  un oso gigante que entró por el cada día más estirado departamento negrocriminal para transformarse en una de sus voces más radikales (con k) y por ello más auténtica y necesaria.

Un tipo, el Crumley, que entre tanta violencia desordenada supo revelarnos un corazón tierno, necesitado de empaparse de alcohol y otras sustancias prohibidas precisamente para que no le hicieran más daño a su lado inevitablemente sentimental.

La colección Serie Negra de Ediciones RBA acaba de poner a la venta otra novela de Crumley, El pato mexicano, título que se suma a la lírica El último buen beso.

Para rastreadores, advertir que hay dos novelas más de James Crumley publicadas en nuestro idioma; esa obra maestra que es Un caso equivocado (colección Etiqueta negra, ediciones Júcar, 1990) y Uno que marque el paso (Gran etiqueta, ediciones Júcar, 1990), ambas traducidas por Roger Wolfe, y dos novelas radicalmente distintas.

La primera, Un caso equivocado, está protagonizada por el detective privado Milodragovitch, alcohólico crónico que nada más aparecer una clienta por la puerta de su despacho piensa: “Decidí que esta mujer me gustaba. Quizá más de lo que debería, a tan corto plazo. Cualquiera que fuera su problema me propuse consolarla hasta que se diera cuenta de que no podía hacer gran cosa por ella” claro que “como la mayoría de los hombres que beben demasiado, me había pasado la mayor parte de mi vida considerando mi sombrío futuro.”

Uno que marque el paso es, por el contrario, una novela de marcado sesgo autobiográfico, un título inspirado por muchas de sus experiencias como combatiente en Vietnam, aunque gran parte de la acción se desarrolla en una base estadounidense en Filipinas donde un grupo de soldados espera ser enviado al matadero mientras se emborracha y se va curtiendo en la amarga escuela del cinismo.

Uno que marque el paso es un punto y aparte en la carrera de Crumley como escritor, un escritor tejano de nacimiento aunque hijo adoptivo de Montana que prescindió de su notable y ácido sentido del humor para transformarse en un narrador oscuro, que sacó a pasear sus demonios más ocultos con descarnada sinceridad en esta novela de urgente relectura.

Llegué a Crumley sin embargo hace tres años con la estupenda El último buen beso (1), novela que nos cuenta en primera persona C. W. Sughrue, ex oficial del Ejército, como Crumley, alcohólico y mujeriego como el mismo Crumley.

Al margen del caso que debe de resolver, lo mejor de esta novela es la mirada escéptica pero teñida de divertida y resignada ironía con la que Sughrue contempla su existencia así como la de quienes le rodean.

Y todo ello sin perder un aliento épico pero también dolorosamente inevitable de que los perdedores serán siempre perdedores aunque alguien pudiera pensar lo contrario.

Novela de carreteras, El último buen beso es además un brutal corte de mangas a una sociedad podrida desde sus cimientos, lo que no quita de estrafalaria poética su retrato sobre el fracaso. Un fracaso que expresa con cruda verdad, evitando mentiras morales y ajustes de cuentas.

No, en Crumley el fracaso debe interpretarse en todo caso como una liberación con tonos crepusculares en la que su protagonista, cada vez más alcoholizado, nunca pierde sin embargo la noción de sí mismo.

En una de las decisiones más acertadas de la colección Serie Negra de RBA, se recupera ahora otro título protagonizado por Sughrue del gran Crumley. Y escribo bien lo de acertada decisión porque cualquiera de las novelas de este escritor resulta radicalmente diferente a las que hoy por hoy se publican en ese género tan maleable como es el policiaco.

Sughrue no es ninguno de los detectives privados y mucho menos un policía con problemas de conciencia que hoy salpica la literatura negra, una forma de hacer literatura que ha terminado por domesticarse a los dictados del mercado o bien por imitar, y mal, a sus venerables clásicos.

El pato mexicano (2) es otra novela de carreteras, investigación que emprende un politoxicómano Sughrue para encontrar a la supuesta madre de un motero traficante de drogas.

Por el camino conocerá el amor, por el camino volverá a reencontrarse con camaradas de esa guerra olvidada que fue la de Vietnam, y por el camino no tendrá más remedio que hacer extrañas alianzas con personajes que dan mucho miedo.

Y todo ello narrado con la peculiar voz de un hombre, C. W. Sughrue, que observa su alrededor con mirada irónica, mezcla de una explosiva combinación de maría jamaicana, cocaína colombiana y ríos de alcohol.

Delante y detrás, agentes del FBI, de la DEA, narcotraficantes mexicanos y carreteras que se transforman en una metáfora errática de la vida.

Mientras las ruedas de la furgoneta pisan el asfalto, Sughrue da repaso a su existencia. En ningún momento duda en dejar el volante sino que a medida que nos acercamos al final del relato lo pisa más fuerte, casi como si quisiera mandar todo a la mierda.

Un nihilismo que no deja de resultarme atractivo en unos tiempos donde todo se desmorona y hay que mantener la sonrisa aunque el filo del cuchillo roce tu tembloroso cuello…

Así que leo a James Crumley y despierto.

“- ¿Y recuerdas las reglas?

- Si lo ensucias, lo limpias. Si lo rompes, lo arreglas. Si la cagas, te largas.- recitó Jimmy.”

Palabra de James Crumley, el amo.

(1) Traducción de Marta Pérez Sánchez.

(2) Traducción de Antonio Iriarte. 

Saludos, “no llamó nadie, no entró nadie, no pasó nada, a nadie le importaba que me muriera o me fuera a El Paso.” (La ventana alta, Raymond Chandler), desde este lado del ordenador.

Las miserias de la guerra según Pío Baroja

Miércoles, Marzo 27th, 2013

Es Miserias de la guerra de Pío Baroja –volumen reeditado recientemente por Alianza Editorial en su colección de bolsillo a un precio asequible en unos tiempos donde los libros ya no tienen precio asequible– un ensayo de novela cuya lectura provocará incomodidad en el lector.

De hecho, es un libro que parece que fue diseñado para perturbar a los defensores de la memoria histórica así como a las novelas y relatos que nos dejó escrito el maestro Baroja ya que la mirada que arroja sobre nuestra Guerra Civil, y concretamente sobre el Madrid de aquella Guerra incivil antes, durante y después de la contienda fratricida, es la visión de un hombre tremendamente individualista que no quiso casarse ideológicamente con nadie; aunque estas Miserias de la guerra, subtitulada Satunarles, sean más una colección de estampas que tiran a dar en la línea de flotación de una II República aún idealizada por unos y detestada por otros, cuyo gobierno fue incapaz –son palabras de Baroja– de poner orden para evitar la debacle que finalmente se cernió sobre las tierras de España.

Escrita con la convicción de que este país no tiene remedio, Miserias de la guerra es un libro con aparente desorden pero escrito como la mayoría de los libros de Baroja, con una sencillez y una improvisación que desarma.

El autor se camufla tras dos protagonistas para narrar una serie de hechos que, inevitablemente, ponen de manifiesto el caos republicano, y así da voz a Carlos Evans, militar y diplomático inglés; y Bernabé Williams, chófer de la misma embajada, con la pretensión de que sean testigos neutrales de la tragedia española.

Describe Baroja a Evans como un hombre de “carácter desapasionado y tranquilo, y la indiferencia fingida con que escuchaba las opiniones que más pudieran herir su sensibilidad, le permitían ocultar sus intimidades de una manera perfecta. Al miso tiempo, sabía enterarse con prudencia de cuanto le interesaba, todo ello sin llamar la atención y sin escandalizar a nadie.” Mientras que el dibujo que propone de Williams es el de un joven nacido en Río Tinto, “hijo de inglés y de andaluza, hablaba los idiomas de sus padres desde la infancia.”

A través de estos dos personajes “neutrales”, Baroja escribe el relato de una guerra que no vivió, ya que se encontraba en el exilio, pero se preocupa en despojar de heroísmo la resistencia de la capital de España a la que dibuja como una ciudad tomada por bandos extremos, bandas de pistoleros e injusticias que sin llegar al lírico dramatismo de derechas de Agustín de Foxá en su Madrid, de corte a checa, sí que refleja el ambiente de descomposición y terror que dominó la villa durante los primeros meses de la guerra.

El escritor vasco no desea posicionarse con nadie, aunque carga las tintas sobre los grupos de anarquistas y comunistas que aplicaron su peculiar sentido de la justicia social por las calles madrileñas mientras el gobierno era incapaz de serenar los ánimos. De poner orden entre tantas ganas de revancha.

Pese a su discurso pro nacional, Miserias de la guerra fue un título que permaneció durmiendo por culpa de la censura franquista hasta 2006, fecha en la que la novela fuera recuperada e injustamente relegada al ser considerada una obra menor del autor de Zalacaín el aventurero, así como un título que pese a su neutralidad se escora inevitablemente hacia el lado de los vencedores. Ello podría explicar que su resonancia apenas trascendiera en aquel entonces, y que su publicación ahora en edición de bolsillo pase desapercibida para muchos lectores aficionados a leer novelas ambientadas en uno de los peores periodos de la historia de España.

Nada más comenzar la novela, Baroja hace preguntarse a Carlos Evans: “¿Quién triunfará? No lo sé. Dependerá de las fuerzas de unos y de otros, y de la actitud del extranjero. Falangismo y comunismo son entelequias que no tienen gran valor práctico, pero son banderas que llevarán las fuerzas a un lado o al otro.”

Más adelante, le hace decir: “La verdad es que el español es terco en estas cuestiones de política. Es terco y feroz y disimulado cuando le conviene.”

Respecto a la clase política concluye por boca de su personaje: “Estos políticos españoles que pasan por hábiles, son torpes y hasta cándidos. Sin son revolucionarios, yo creo que son como niños, unas veces cándidos y otras veces brutos, pero nunca hábiles. Un francés o un italiano les dan cien vueltas.” Y añade más adelante: “Parece que se han abierto los parques y se han dado armas de fuego a todos los que la pedían. Es un disparate, porque es entregarse al capricho de la masa popular que procede por impulsos del momento.”

España, resalta Evans, “ya no tiene, desde hace muchos años, genialidad ninguna. Resulta un país pesado, turbio, sin gracia. Hasta los toreros se han vuelto patosos como dicen aquí.”

Miserias de la guerra está trufada de otras tantas reflexiones patibularias, donde el noventayochista escritor que fue Baroja pone de manifiesto su dolor por España con marcado acento desesperado.

Los iniciados en la literatura barojiana se han apresurado en asegurar que no se trata Miserias de la guerra de uno de los mejores títulos de su producción, pero como novela desordenada sí, pero como novela donde vuelca su escepticismo al carácter que nos define como nación, Miserias de la guerra es un título que funciona como referente para estudiar desde el punto literario lo que significó la gran tragedia española. Tan grande, escribo, porque todavía continúa dividiendo en dos mitades este país que parece que no perdona aunque olvide con tan pasmosa facilidad la razón de que no perdone.

Que no busque nadie entonces en Miserias de la guerra aliento épico en los derrotados ni en los vencedores. Sino brutalidad extrema la que ejercieron con aplastante igualdad ambos bandos enfrentados. Baroja concluye, amargado, que al final las víctimas son las de siempre, y los que se salvan los que al margen de ideologías nacieron con un fuerte sentido de la oportunidad.

Las críticas más encanalladas de Baroja van dirigidas a la clase política republicana y a los hombres y mujeres que formaron las improvisadas partidas anarquistas y comunistas que se dedicaron los primeros años de la guerra a limpiar las calles de Madrid de elementos indeseables, los famosos fachas. Muchos de los cuales, recalca Baroja, eran hombres y mujeres inocentes a los que el rencor cainita les sentenció a muerte nada más estallar el conflicto.

No, no resulta para nada cómoda la lectura de Miserias de la guerra, una novela en la que, entre otros personajes mal parados, se encuentra Agapito García Atadell, gángster de izquierdas que se dedicó a dar paseos y desvalijar con la tristemente célebre Brigada del Amanecer las casas de los ricos para aumentar su patrimonio personal y que sería detenido por los nacionales cuando el barco en el que huía hizo escala en el puerto de Santa Cruz de La Palma; y Guillermo Ascanio, militante del Partido Comunista de origen gomero a quien describe como persona de gatillo fácil.

Sean o no ciertas estas denuncias que pone en boca de sus dos protagonistas, Carlos Evans y Bernabé Williams, Miserias de la guerra es un libro de obligada lectura siempre y cuando queramos entender hasta donde puede llegar el desatado carácter español.

Un pueblo ciego, más cercano a los dos hombres que esperan molerse a palos que inmortalizó en cuadro Francisco de Goya, que a apostar por la educación  y la cultura, a democratizar sus siempre encendidos sentimientos.

Uno concluye, pese a que haya arrugado más de una vez el entrecejo leyendo esta novela, que efectivamente España es un país que nunca tuvo remedio.

Saludos, entramos en Santa Semana, desde este lado del ordenador.

Charla sobre Guad, de Alfonso García-Ramos

Jueves, Marzo 21st, 2013

Escrita a finales de los años sesenta y premio Benito Pérez Armas en 1970, Guad del periodista y escritor Alfonso García-Ramos continúa siendo una de las mejores novelas de la literatura canaria y un título a reivindicar en estos tiempos aciagos que nos ha tocado vivir porque pese a que su acción se desarrolle en Tenerife en los años cuarenta, y describe con crudo realismo el trabajo que cabuqueros y carretilleros realizaban en las galerías para extraer de la roca el líquido elemento, tiene otras lecturas inquietantemente coincidente con los tiempos actuales.

En torno a Guad, y en torno a los personajes que se mueven en esta novela coral que ha sabido resistir el paso del tiempo como los mejores vinos, versará la última conferencia del III Ciclo de Conferencias de la Fundación Emmasa, que tendrá lugar este viernes, 22 de marzo y a las 18.30, en la sede de la Empresa Mixta de Aguas de Santa Cruz de Tenerife (Emmasa) en la capital tinerfeña, frente de la Casa de la Cultura y al parque La Granja.

El habitual editor de este blog será quien imparta esta charla, en la que además se proyectará el documental Islas de Tenerife (Rafael Gil, 1941), con el objeto de contextualizar el momento histórico en el que se desarrolla la novela de Alfonso García-Ramos.

Este III Ciclo de Conferencias forma parte de los actos que Emmasa desarrolla con motivo del Día Mundial del Agua, que se celebrará el sábado, 23 de marzo.

El ciclo comenzó el miércoles pasado, 19 de marzo, con la ponencia El agua en el mundo de los aborígenes de Tenerife, que expuso el profesor del departamento de Prehistoria, Antropología e Historia Antigua de la Universidad de La Laguna, Miguel Ángel Clavijo Redondo; y continuó el jueves, 20 de marzo, con la intervención del jefe de Explotación de Sadyt, empresa especializada al diseño, construcción, investigación, mantenimiento y explotación de sistemas de tratamiento de aguas, integrada en el grupo Sacyr-Vallehermoso, José Luis Pérez Talavera, quien habló de Los procesos de desalación de agua marina.

Saludos, espero verlos, desde este lado del ordenador.

Palabra de Ezequiel: Los caminadelado

Domingo, Febrero 24th, 2013

El término lo sugirió El Farola, un parado, un pibe ya no tan pibe de mi barrio: “Estos políticos caminan de lado, parece que van enfilados a lo que prometen pero siempre se tuercen para defender lo suyo, no lo nuestro.”  A diestra y siniestra los caminadelado andan tiesos y con paso firme, sin dilación en pos de una fugaz eternidad otorgada por los poderosos. Son hombres y mujeres de corazón pequeño, hipócritas que aborrecen la sinceridad. Ignoran altaneros el odio de los desposeídos y sonríen lacayunos ante la envidia lastimera de las clases medias. Algunos pertenecen a la estirpe de los “cobardes felices” y otros han regresado al hogar burgués después de haber coqueteado con el pueblo y aprendido su discurso. Su meta es alcanzar el grado de sub-bufones, en expresión de Albert Cohen.

Para afrontar las contiendas electorales, los caminadelado se gastan miles de millones de pesetas que no tienen. Hablan muchísimo de ética porque es lo que les falta para mitigar su decadencia, firmemente sustentada en un terraplén de indignidad y mediocridad. No obstante, poseen una elevada idea de sí mismos. Los caminadelado son vanidosos y aduladores, solemnes y serviles, oportunistas y rutinarios, pero inteligentes. Graham Greene lo dejó escrito en El factor humano: “Nuestros enemigos no son los ignorantes ni los simples, por crueles que éstos sean; nuestros enemigos son los inteligentes y corruptos.” Un desbocado compromiso con el dinero y la celebridad convierte a los caminadelado y sus voceros en falsos profetas, a la manera de los “prestamistas que ven el futuro y quieren comprarlo por menos de lo que vale.”

Por lo demás, Farola, vamos a dejarnos de literatura. En ese gesto irrelevante solo hay ganas de sobrevivir: yo no les voto a esos individuos.

(8-5-93)

La fotografía es de JM Rodríguez.

El artículo está recogido del volumen Los caminadelado, editorial Benchomo, 1995).

Ezequiel Pérez Plasencia, 7 de abril de 1957, Santa Cruz de Tenerife-24 de febrero de 2011, Cartagena.

Saludos, amigo, desde este lado del ordenador.

Palabra de Jebediah Leland (2)

Viernes, Febrero 22nd, 2013

* Este domingo, 24 de febrero, los que aún lo recordamos libaremos en recuerdo del escritor tinerfeño Ezequiel Pérez Plasencia, fallecido hace dos años y por una de esas extrañas jugarretas del destino tal día como ése en Cartagena, ciudad en la que vivió hasta su repentina muerte. Aprovechamos para preguntarnos desde esta humilde bitácora ¿qué pasó con aquel afortunado proyecto de editar su obra completa?

* La escritora tinerferña Felicidad Batista  ha resultado distinguida con la Mención de Honor por su relato Tiempo de mar en la décima edición del Concurso Literario Gonzalo Rojas Pizarro.

Al concurso, que lleva el nombre del profesor y poeta chileno perteneciente a la denominada generación de 1938 y premio Cervantes 2003, se presentaron casi doscientos trabajos de los que el jurado estimó como ganador El huerto del tío Jacinto, de Alejandro Plá Alfonso (España), y mención de honor al título de Felicidad Batista así como Presagio, de Maia L. Blanck (Israel).

Este certamen de carácter internacional está organizado por El Club de Amigos de la Biblioteca Pública Municipal de Lebu, y patrocinado por el Gobierno Regional de Bio Bio en Chile.

Felicidad Batista ha sido invitada por la organización a la ceremonia de entrega de los galardones, que tendrá el lugar el jueves, 28 de febrero en la ciudad chilena de Lebu.

Cabe destacar que la escritora tinerfeña recibió el año pasado Mención Especial en el I Concurso de Microcuentos Lebu en Pocas Palabras con la narración breve Pensaré en Lebu.

Batista ha publicado en revistas y libros colectivos, digitales y en papel, de España, Venezuela, Chile, Argentina y Perú. Y es responsable del blog Buenos Aires 1929 Café Literario.

Tiempo de mar es un relato que se inicia cuando al amanecer Mar, una mujer de mediana edad y relojera, descubre que el mar que la rodea se ha retirado. El acontecimiento perturba las vidas de los habitantes de Bórcor y la suya propia. Al atardecer las mareas vivas regresarán pero entre tanto se desata el conflicto con Martín, su marido. Y las manecillas de su reloj vital girarán en otra dirección.

* La obra del arquitecto canario Fernando Menis, la Iglesia del Santísimo Redentor, está ya presente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York [MOMA], en su colección permanente, donde también los visitantes pueden disfrutar de piezas de los artistas canarios Manolo Millares y Óscar Domínguez.

De este proyecto, cuya maqueta y dibujos ya se encuentran en Nueva York, Berry Bergdoll [Philip Johnson Chief Curator de Arquitectura y Diseño del MOMA] ha destacado la capacidad del arquitecto español para, a través de su dominio de la luz, la forma y los espacios, dar un sentido espiritual “incluso a una pequeña iglesia parroquial, en los límites de crecimiento de la ciudad, en un barrio de construcciones residenciales convencionales”.

Bergdoll explica también cómo “el interior evoca el origen de las islas mediante la erupción volcánica”, y liga a Menis con una capacidad innata par interpretar el paisaje que le rodea”.

* Recibimos los últimos trabajos literarios de los escritores grancanarios José Luis Correa y Alexis Ravelo, Blue Christmas y La estrategia del pequinés, novelas que espero reseñar en breve. Terminamos, días antes, la lectura de la que quizá sea una de las mejores historias escritas por John Le Carré, Nuestro juego, título con el que nos encontramos hace unas semanas y de forma casual en el Rastro de la capital tinerfeña.

Quién aún insista en demostrar que Le Carré solo es un escritor de género debería de leerse esta formidable historia que toca todos los lados de nuestras maltratadas conciencias. No dejo mientras tanto de preguntarme lo curioso que ha sido reencontrarme con este potentísimo narrador en una etapa de mi vida que los cursis podían calificar como tiernamente otoñal.

Saludos, asomado a la ventana, desde este lado del ordenador.

Palabra de Jedediah Leland

Jueves, Febrero 14th, 2013

* Cinemabandit es una web del cineasta Javier Fernández Caldas en la que además de proporcionar información sobre sus cortos, documentales y  La isla del infierno, su primer largometraje, ofrece también amplia información sobre los servicios que presta su productora y los proyectos que el director y guionista guarda en la nevera. Merece la pena explorar esta página, muy bien diseñada y que cuenta además con bastante material audiovisual y gráfico.

* Al parecer, problemas con su distribuidor actual, ha hecho imposible que los últimos títulos de la editorial Anagrama lleguen a las librerías canarias. Se rumora así que será Planeta quien asuma a partir de ahora la distribución en las islas de sus títulos. 

* El hombre que ama a Gene Tierney, del escritor Daniel María, y título por el que resultó accécit de edición del Premio de Novela Benito Pérez Armas, ha sido editado por La Página en su colección Synodos, narrativa. Se trata de un título en el que el autor mezcla variedad de géneros –narración, guión cinematográfico– y en el que se revela a un escritor profundo conocedor de las letras canarias. 

* La librería del Cabildo de Tenerife permanece cerrada no por el carnaval sino por inventario. Despejamos pues la duda de su posible cierre tras leer el comentario que una lengua maliciosa y anónima, of course, nos envió recientemente a este su blog.

* Las novelas de tres escritores canarios que publican en editoriales del lejanísimo territorio penísular coinciden en el mercado. Si en enero José Luis Correa nos presentó Blue Christmas (Alba Editorial), sexta entrega de su peculiar detective privado Ricardo Blanco, y en febrero el también grancanario Alexis Ravelo hará lo mismo con su esperada La estrategia del pequinés (Al revés), título en el que deja a un lado a su personaje de Eladio Monroy pero no el género negrocriminal, hay que sumar ahora el nombre de Pablo Martín Carbajal, de quien Ediciones Irreverentes publicará en marzo su tercera novela, La felicidad amarga.

Saludos, en cursiva, desde este lado del ordenador.