Archive for the ‘Maldita televisión’ Category

Está pasando, lo están viendo

Miércoles, Diciembre 29th, 2010

Que 2011 va a resultar un año funesto pese a que aún sigamos nadando en las aguas de una opulencia falsa que ya es prácticamente inexistente, es algo que espero no se le escape a casi nadie.

Cosas de la crisis, el sistema se quita la careta del despilfarro para además de recortar derechos laborales que han costado sangre, sudor y lágrimas conseguir a lo largo de la historia, reconducir la situación hacia un amenazador fascismo con sabor a regaliz al que ahora suma a esa desquiciada (y censurable) política de prohibiciones varias, la de fundir a negro (en el caso que me toca) medios de comunicación que, como CNN+ , han sido irrepochables profesionalmente pero poco rentables desde el punto de vista empresarial.

Entre los aspectos más sangrantes y trágicamente cómicos –a mi juicio– del cierre de CNN+, tras once años emitiendo noticias en español salpicados de animados debates en los que la pluralidad era una de sus señas de identidad, es que su desprecio a los trabajadores que dejan en la calle y a esa audiencia minoritaria pero fiel -– su cuota de pantalla en noviembre se situaba en el 0,5 por ciento–  será sustituida ahora por la emisión en pruebas de Gran Hermano 24 horas.

Paradójico y cruel final para CCN+, que deja este hueco de noticias y debates para que su nueva audiencia ¿disfrute? de lo que hacen y dejan de hacer un grupo de escogidos papanatas que representa los más bajos instintos de este país que todavía me atrevo a llamar España.

No cuestiono, así son las reglas del juego, la durísima decisión empresarial que ha ordenado apagar definitivamente y con el mando a distancia la emisión de CNN+, pero no deja de conmoverme el mensaje final que el presentador de su último informativo, Benjamín López, pronunció en su discurso de despedida: “probablemente, todos pagamos ahora, los errores de otros”.

La negativa de PRISA Televisión a continuar produciendo el canal tras la fusión de Telecinco y Cuatro revela por donde iban los tiros de Benjamín López, y también a por donde irán en ese nuevo orden mundial que nos espera el próximo año. Tiempo en el que ya nadie entenderá de sueños ni de ilusiones pero sí “de cifras puras y duras”.

Tal y como está el panorama, con una televisión cada día más tonta, al espectador con algo de luces en la cabeza sólo le queda la opción de mandar al carajo este y mucho me temo que otros medios de comunicación para buscar refugio en otros territorios que aún no han sido contaminados por la rueda de la mediocridad informativa y cultural que nos aplasta.

No podemos así claudicar ante las grandes cadenas (por ejemplo, ese monstruo cuya fusión se hará efectiva en 2011 y que ha dado al traste con un canal donde aún se respiraba pluralidad) por una sencilla cuestión de higiene mental. Y sí animarnos, por el contrario, a rastrear oasis donde se hable y discuta en libertad.

Asumir, en definitiva, que somos las víctimas de lo que está pasando y que ha llegado el momento de decir basta.

Saludos, así están las cosas, desde este lado del ordenador.

Freaks

Miércoles, Diciembre 8th, 2010

En el hipotético caso que me propusieran escoger diez películas que salvara de la hecatombe nuclear tengo muy claro que dos de esos títulos serían King Kong (1933) y Freaks (1932) porque a mi juicio se tratan todavía de dos largometrajes que mantienen la misma capacidad de sorpresa que la primera vez que los vi.

Es probable que a alguno le sorprende en mi elección de filmes favoritos Freaks pero es que se trata de una cinta que no deja de remover sentimientos muy encontrados dentro de mi cabeza. Probablemente sea porque es una película que siempre me lleva a un sitio. También porque a medida que la veo descubro otras lecturas, lo que hace que cualquiera de sus revisiones me sepa siempre a nueva. 

Este largo puente he pensado mucho sobre este gran clásico del cine gracias al feliz hallazgo de una serie de televisión norteamericana que, al modo de Freaks, se desarrolla en una feria de monstruos en plenos años de la Depresión. Su título es Carnivale y cuenta con una sorprendente primera temporada que, la verdad sea dicha, va a menos en su segunda y última entrega.

No obstante, viendo Carnivale he vuelto a reafirmarme en la idea de que grande que es el cine y la televisión estadounidense por su capacidad para fusionar espectáculo y entretenimiento. Entretenimiento con sus trampas, vale, pero al que suele darle consistencia con una galería de personajes que despiertan tu amor y tu odio a partes iguales. 

Lo mejor de Carnivale es así –muy por encima de una historia que vuelve a incidir en la eterna lucha entre el bien y el mal con acento pseudo religioso desarmante– su envoltorio, su paisaje, el territorio donde se ubica un relato de corte fantástico que en ocasiones puede resultar muy inquietante. No es Freaks, naturalmente, ni siquiera aquel fascinante cómic de Bernie Wrightson que se desarrollaba en una feria de monstruos, pero sí que tiene algo de ambas Carnivale. Un algo que se te mete dentro y que independientemente de su trama confusa, repleta de vericuetos que abren caminos que al final no se resolverán, atrapa. Y atrapa porque como toda gran serie norteamericana de los últimos tiempos cuenta ese algo al que me refiero con un grado de seriedad que agradezco como espectador empantanado y sordo por las broncas canallas en directo que estallan en Sálvame, Enemigos íntimos o La noria (que son programas a su vez de freaks nacionales pavorosamente reales) o esa serie de romanos made in Spain que es Hispania. Producto que no deja de ser una simpática reactualización del peplum pero sin las ambiciones políticas y antropológicas de clásicos como Yo, Claudio o la deslumbrante Roma.

Carnivale, como las mejores series de ficción que hoy por hoy se están cociendo en la televisión norteamericana, es un producto de la HBO, cadena que se ha convertido en una especie de manantial que mana agua fresca en este desierto de naderías y chillidos en el que últimamente ha caído la televisión. Solo espero que algún productor inteligente español (porque haberlo los hay, supongo) recoja ese testigo y sea capaz pese a sus limitaciones presupuestarias de dar a conocer en nuestras televisiones productos tan brillantes e inteligentes como Carnivale sin renunciar a su propio acento. O a nuestra peculiar forma de ver las cosas.

Este post está escrito con el ánimo entusiasta de un espectador y aficionado que ha quedado cegado por la extraña magia que emana Carnivale. Por esa capacidad que tiene de ser un producto extraño, al margen, casi un freak en estos tiempos de vacío insultante en cuanto a entretenimiento televisivo se refiere.

Una serie, lo intuyo, que va camino de convertirse en apreciado objeto de culto entre los aficionados que nos hemos formado a base de miles de derrotas en la pequeña pantalla. 

Saludos, echándome el Tarot, desde este lado del ordenador.

A toda esa gente con muy poco yo

Lunes, Septiembre 6th, 2010

En aquellos tiempos donde sólo existía una cadena en televisión uno de los momentos más felices de mi infancia era cuando se emitían los dibujos animados de la Warner Bros. Ya saben, los protagonizados por Bugs Bunny, el pato Lucas, Sivestre, Elmer, Speedy González, el viejo Sam y el megavitaminado Demonio de Tasmania, entre otros.

No sé si contemplar aquellos deliciosos dibujos animados alteró la conciencia enfermiza de una generación de espectadores que tuvo también la oportunidad de asistir en riguroso directo a la muerte del dictador siendo aún niños, pero sí que estoy seguro que parte de su construcción del mundo se la deben a estas criaturas. Y  en especial a que se pusieran del lado –más que del malo– del perdedor en todas estas historietas animadas de ayer y hoy.

Continuo viendo los episodios clásicos de la Warner Brothers y como excelentes clásicos que son, me sorprendo por los actuales que todavía resultan en estos tiempos de siniestros dirigismos. Tanto, que últimamente reviso antiguos capítulos y les pongo cara de personajes de nuestra política nacional y autonómica para reírme un poco de lo desgraciada que está resultando su gestión. Será por aquello de que por muy mal que lo hagan siempre caen de pie. Aunque habrá, afortunadamente, un Silvestre, un pato Lucas, un Coyote de la vida detrás de todos ellos para recordarles que son mortales…

No era, sin embargo, de las ya míticas criaturas de la Warner de quien quería hablarles sino de la evolución de los dibujos animados y el alto grado de estupidez que ha alcanzado este formato antaño para toda clase de públicos. Así que viene a colación esta humilde reflexión por el premio que Pocoyó ha recibido en la Mostra de Venecia, donde ha recibido el galardón Kineo Diamanti al Cinema Italiano.

Admitiendo los valores desarmantes de Pocoyó (qué título: poco-yo) y su minimalismo robotizante, me pregunto todavía cómo esta serie extraterrestre ha logrado calar en los niños, aunque algo me hace sospechar que son precisamente los padres los que han obligado a sus hijos a caer mesmerizados por este producto que desde sus inicios despertó todas mis alertas.

No sé si será por el presunto carácter educativo que sus creadores dicen que tiene la serie o por el tono chachipiruli que afirman posee el  Pocoyó, pero me inquieta (como inquieta una cosa a la que llaman Hello Kitty) cuando casualmente me la meten en la vida. Debe ser, pienso ahora, porque cuando las veo quedo abducido por tan extravagantes tonterías. Pero esas cosas me pasan también con el anime y la mayoría de los dibujos animados que monopolizan esos canales especializados en los más jóvenes.

Probablemente es signo de que me hago viejo. Pero entre la violencia desatada de los dibujos animados de la Warner y su estrafalario canto a la desesperación del perdedor, Pocoyó y familia se me antojan como productos perfectamente diseñados para sosegar y uniformar a nuestras futuras masas.

A que sean eso precisamente: gente de muy poco yo.

Saludos, imaginando al Coyote devorando por fin las entrañas del Correcaminos, desde este lado del ordenador.

‘Vuelo IL 8714′

Martes, Agosto 31st, 2010

Mucho se ha escrito y me imagino que se continuará escribiendo sobre el polémico estreno (Telecinco anuncia que a partir de mañana, 1 de septiembre, a las 21 horas en las islas) de la serie Vuelo IL 8714, en la que se recrea la investigación posterior al trágico accidente de avión en el aeropuerto de Barajas y que costó la vida de 154 personas, hace ahora dos años.

Que muchas de sus víctimas fueran canarias ha hecho que el presidente del Gobierno regional, Paulino Rivero, saltara al escenario para mostrar su oposición inicial a que se juegara “con la sensibilidad de los familiares de los fallecidos” aunque más tarde consideró que la serie es un “reportaje técnico” y que existe “un compromiso por parte de los responsables de Telecinco, que en modo alguno se va a tocar ningún aspecto que pueda dañar la sensibilidad de las familias, es un reportaje exclusivamente técnico”. Paralelamente, y en diferentes redes sociales, se ha generado una plataforma en contra de la cadena que dirige el italiano Paolo Vasile, y que ya cuenta con miles de seguidores pidiendo respeto.

Al margen de la polémica y del recuerdo a los muertos, y a que algunos hayan opinado que la serie puede interferir en el desarrollo de la investigación que aún continúa abierta, cabe preguntarse las dudosas razones por las que Telecinco ha dado luz verde a este proyecto.

Es un asunto extremadamente delicado y aún fresco en nuestra memoria, y partiendo de la base que no la veré por razones que no vienen al caso, me pregunto qué nueva oleada de reacciones generará el primer episodio entre la opinión pública. También el por qué se reaviva tan amargo recuerdo apenas pasado dos años de la tragedia y por qué la cadena de Vasile no ha mostrado antes de su estreno el resultado final a los familiares de las víctimas que así lo solicitaron.

A nadie se le escapa que televisamente España es un país que apenas ha progresado en cuanto a series de ficción se refiere. Parece como si interesara más continuar explotando las posibilidades de un formato que muchos auguraban ya estaba agotado como es el de la prensa del corazón. En cuanto a los que los anglosajones denominan como tv movies, en este país se intenta imitar este modelo con resultados francamente irregulares. Quizá porque cadenas privadas como la misma Telecinco y Antena 3 han preferido apostar por recrear acontecimientos de nuestra historia reciente como la vida de Adolfo Suárez o la Duquesa de Alba, que arriesgarse a explorar otros territorios.

Soy consciente que no se puede comparar el alto grado de profesionalidad y riesgos que grandes cadenas estadounidenses han hecho con sus series, revolucionando este formato, pero ya va siendo horas de atreverse a ello, dejando de lado esta sospechosa moda de “basado en la vida real”. A mi me suena a falso. No las norteamericanas porque en ese país casi siempre han sabido hacer muy bien las cosas en cuanto a entretenimiento se refiere, sino a España y su unamuniano sentimiento trágico de la vida.

Telecinco anuncia que una vez emitido el primer episodio de la serie Vuelo IL 8714, presentará a continuación (22.15 hora canaria) el documental Las voces de la tragedia, que pretende “ayudar a conocer más sobre uno de los episodios más trágicos que ha sufrido la sociedad española en las últimas décadas.”

Veremos.

Mientras tanto me pregunto que otros dramas acarician ésta y otras cadenas para llevar a la pequeña pantalla. Casos hay muchos: los marineros secuestrados en el océano Índico, los manifestantes canarios apaleados en el Aaiún… Y llego a la conclusión que la vida de Cervantes y Santiago Ramón y Cajal, que la adaptación de La Regenta, Fortunata y Jacinta o el mismo Don Quijote, sin olvidar, claro está, ese pequeño clásico que ya es Juncal, sí que fue buena televisión con sabor español. O al menos buena televisión con sabor español con casi todas sus letras.

Saludos, dando las gracias a Carlos por la sugerencia, desde este lado del televisor.

Demasido ‘Perdidos’

Martes, Mayo 25th, 2010

“No estás al día” me grita un amigo cuando le informo que no pertenezco a los yonquis de la serie Perdidos.

Me echan también a patadas de de foros porque no tengo nada que aportar al polémico final de la serie y para colmo de males soy de los que se encogió de hombros cuando en uno de los capítulos de su sexta temporada apareció sobreimpreso en pantalla El Socorro, Tenerife pese a que a las legiones de seguidores que tiene en esta tierra su sola mención les llegara al corazón. Ya no sé si tanto a los fieles telespectadores de la isla que tenemos justo delante de las narices.

Admito, no obstante, que me pasé gran parte del día de hoy llamando a colegas iniciados en los secretos de Perdidos para que me aclarasen el puto final de una serie que tiene tantos adeptos. Y ninguno de los encuestados –padres y madres sensatos– supieron aclararme las cosas y mucho menos qué fue lo que les picó con este folletín del siglo XXI. Llegué así a la conclusión de que estaban un poco más perdidos que quien les escribe. Y no sólo porque la mayoría dice sentirse defraudado con un the end que no termina por asimilar en sus tripas.

Busqué en Internet y comprobé asustado que en vez de resolverse mis dudas –alimentadas, lo juro, por un interés meramente sociológico– éstas se han multiplicado por mil.

El consenso general es, no obstante, el de franca decepción. Tanta decepción como la que siente la hinchada cuando pierde su equipo de fútbol. O como cuando los que pedimos imaginación se nos presenta un “austero” programa para la XXII Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife. O cuando te criminalizan por no haberte quedado mesmerizado con esa cosa que llaman corto canario y responde al nombre de Benlaglos.

Reconozco que recabando información entre los fieles del culto Perdidos me he sentido como un ateo dentro del Vaticano. O una especie de unamoniano San Manuel bueno, mártir intentando repartir una fe en la que no creo entre sus feligreses.

Una de las ovejas del rebaño concluye mientras me mira de reojo porque no pertenezco a su ejército de muyaidines que, pese a todo, “la serie me ha ofrecido a lo largo de estos seis años excelente entretenimiento”.

Y ahí está la clave: “entretenimiento”. Un entretenimiento en el que dejé de creer cuando se inició su segunda temporada.

Pienso que debe ser porque soy de esas personas que desde pequeño detestó los puñeteros continuará… O esa fórmula de folletín con la cual enganchar al prójimo.

A mi me aburre. Ya me pasó con Twin Peaks. Y desde ese día, como Simon Wisenthal, clamo justicia, no venganza.

Saludos, desde unas islas en verdad muy, pero que muy perdidas, desde este lado del ordenador.

Más vale tarde que nunca…

Jueves, Abril 29th, 2010

El presidente de la Asociación Canaria de Empresas de Producción Audiovisual (Acepa), Eduardo Araujo, se pronunció hoy en Canarias Ahora Radio en contra de la actual gestión de la Televisión Canaria. En esta entrevista se mostró a favor de un proyecto –cabe recordar que cuesta sus buenos dineros a todos los habitantes de estas ínsulas salvajes– para que de una vez cumpla con la función de servicio público para el que fue creado originalmente.

Uno, que añora la breve pero intensa y modélica etapa en la que Francisco Moreno estuvo al frente de la Televisión Canaria, al proponer una televisión de calidad que apostara por informativos independientes y dejara espacio a la cultura pese a su raquítico presupuesto, no puede sino celebrar las palabras de Araujo. Palabras, no obstante, que vierte con varias horas de retraso aunque como me dijo en cierta ocasión un profesor de aspecto mussoliniano en mis años de universidad: más vale tarde que nunca.

Sin aceptar que la Acepa continúe insistiendo que representa a todo el sector de empresas audiovisuales de Canarias porque margina el estimable trabajo de productoras independientes abrumadas por los sospechosos desajustes que anidan en las (des)comisiones que el Gobierno de Canarias organiza para repartir los dineros en el sector, y que aún cuenta con miembros de Acepa formando parte de un club selecto en el que hoy carecen (pero sí ayer) de derecho a voto, nos parece estimable que Araujo en nombre de la esta asociación ponga ahora las cartas sobre la mesa para visualizar su malestar ante la patética situación en la que se encuentra la Televisión Canaria, causa por otra parte que desde hace un tiempo tenía que haber sido su caballo de batalla.

Todo ello nos obliga a recomendar al presidente de la Acepa a que intente al menos buscar la unidad de un sector al que todavía se toma a chirigota. 

Araujo afirma en la entrevista que la televisión pública canaria no puede aguantar más la situación en la que se encuentra, y que su asociación y los sindicatos han llegado a la conclusión que esto es fruto de una pésima gestión que “gasta un dineral” en un medio de comunicación público “que no sirve para lo que se creó”.

En unas declaraciones que me parecen contundentes, Araujo arremete además contra el Gobierno canario, a quien acusa de ir por un lado con el discurso y por otro con la acción. Y exige, entre otras medidas, que se ponga fin a la contratación a dedo y se dé un trato “igualitario” a las empresas de las Islas.

Merece la pena escuchar la entrevista, y observar cómo se están movilizando sindicatos y asociaciones para poner fin a un proyecto televisivo que cuando parecía que iba a leventar cabeza contra viento y marea (etapa de Francisco Moreno) hoy ha terminado reducido a una televisión escandalosa, amante del despilfarro y con una sonrojante programación a lo quiero ser como Pepe.  

Que los dioses repartan suerte.

Nosotros, desde esta modesta atalaya, sólo podemos decir que respaldamos casi al 90 por ciento las palabras de  Araujo.

Saludos, vagamente esperanzados, desde este lado del ordenador.