Cine con rabia de vivir cien por cien canario
Martes, Septiembre 8th, 2009No creo equivocarme si afirmo (no digo) que Wansy Navarro es uno de los cineastas más auténticos y creyentes en esto de contar historias con imágenes de cuantos han nacido en estas islas abandonadas de la mano de los dioses. Con un entusiasmo a prueba de bombas, y casi siempre sin contar con apoyos institucionales, reacios al cine venenoso y rabioso de su autor –porque se trata de un autor con todas sus letras–, Navarro ha sacado su colección de cortometrajes y ahora su primer largo por la puta cara, lo que no deja de sorprender en un archipiélago donde los cineastas artistas se han acostumbrado a vivir del pesebre de las subvenciones, ajenos a la aventura que significa sacar tu obra pese a los No, No y No de las presuntas e iluminadas comisiones que deciden los proyectos de esto que llaman cine canario.
El cine de Wansy Navarro es un cine áspero, sin escuela, mamado directamente del cine de barrio o del vídeo club de la esquina que son la mejor escuela para aprender cine. Y además, es un cine extraño, que va contracorriente en la aburrida moda en la que han caído la mayoría de los cineastas del archipiélago, muy dados a descafeinadas miradas de ombligo y a masturbaciones intelectuales mientras se alejan de lo que entendemos como entretenimiento. O contarnos una historia: las que tienen su inicio, su nudo y su desenlace.
El cine de Wansy Navarro es, además, directo. Vitriólico, repugnante en ocasiones y muy, pero que muy salvaje. Salvaje por sus historias, la mayoría de ellas aliñadas con mucha sangre y vísceras que me recuerdan al mejor cine patrio de terror. Sí, me refiero a esos clásicos de Jacinto Molina, Carlos Aured, Javier Aguirre y otros locos por un género que nunca ha contado con el respaldo sesudo de la crítica, aunque sí del espectador sin traumas imbéciles en la cabeza.
Las películas de Wansy Navarro son así de una tosquedad abrumadora pero también de una desarmante efectividad que te toca. Y te toca por incómodas, casi como si te mordieran. Es un cineasta gore, probablemente el primer cineasta realmente gore canario que muestra nuestras pesadillas pequeño burguesas tal y como son. Y con acento de aquí.
Para muchos Navarro es un intruso en esa especie de aristocracia provinciana a la quieren convertir el cine en Canarias, ciegos esos ojos a que apuestas por valores de este tonelaje abre nuevas espitas para contarnos las cosas de otra manera; sin ridículas vaguedades ni miedo a coger al toro por los cuernos. Pueblo somos y pueblo seremos hasta que no aprendamos a quitarnos la venda y aprender a MIRAR.
Y mirar es lo que propone la desarmante y extravagante cinematografía de Navarro: Mirar con bizarría a los barrios, a la miseria del extrarradio, al odio de los que no tienen nada. Y todo teñido de sangre, navajazos, diálogos cortantes, personajes fieros, esa canarias canalla real que forma parte de nuestra vida.
La X Semana de Cine Fantástico de Estepona cierra el 11 de septiembre (qué fecha, ni aposta para proyectar una película de este cineasta mezcla de George A. Romero y Dario Argento, de Ruggero Deodato y Lucio Fulci) su sección informativa con la proyección de su primer largometraje Dispersión mortal, cuyo enlace les invito a consultar para que disfruten del tráiler de su prometedora ensalada de crímenes violentos. Con ecos a una Matanza de Texas pero en Telde, Taganana o Chipude… Financiar este trabajo, cómo no, ha salido prácticamente de su bolsillo. Una serie Z a coste de 8.000 euros. Cine indie con todas sus letras, vamos, para que nos entendamos.
La película se proyectó hace unos meses en Telde, ahora le toca Estepona y mañana espero que al resto de España y al mundo mundial. Wansy no es Pasolini, pero su visión estremecedora de contarnos la realidad me recuerda mucho a la del cineasta italiano en su incomprendida obra maestra Salo o los 120 días de Sodoma.
He dicho, que decimos los hijos de la viuda.
Así que…
¡Saludos al maestro desde este lado del ordenador!
